{"id":26003,"date":"2012-02-14T16:22:56","date_gmt":"2012-02-14T14:22:56","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-acertijo-del-asesino-en-la-puerta\/"},"modified":"2012-02-14T16:22:56","modified_gmt":"2012-02-14T14:22:56","slug":"el-acertijo-del-asesino-en-la-puerta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-acertijo-del-asesino-en-la-puerta\/","title":{"rendered":"El acertijo del asesino en la puerta"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p>Hace no mucho tiempo, siguiendo las huellas de Jonathan Swift y su panfleto The Art of Political Lying, publicado en 1712, escrib\u00ed acerca de los grandes mentirosos y mencion\u00e9 la vieja disputa entre moderados y rigoristas. Los primeros conceden que, en \u00faltima instancia, es aceptable decir algunas mentiras (por ejemplo, en aras de la diplomacia o la cortes\u00eda), en tanto que el segundo grupo siempre ha mantenido que no se debe mentir: ni siquiera para salvar la vida de una persona.<\/p>\n<p>El cl\u00e1sico acertijo del \u201casesino en la puerta\u201d fue planteado por San Agust\u00edn, quien era un rigorista: un pobre hombre busca refugio en tu casa, y t\u00fa accedes a ocultarlo en tu hogar. Al cabo de un rato el asesino llega y pregunta acerca del paradero del hombre que est\u00e1 buscando. \u00bfQu\u00e9 es lo que haces? El sentido com\u00fan nos dice que debemos mentir y decirle al asesino que ignoramos el paradero del otro hombre, o que lo vimos encaminarse hacia otra parte. Pero el rigorista te dir\u00e1 que, dado que no debemos mentir bajo ninguna circunstancia, debes confesar al asesino que el hombre est\u00e1 oculto en tu propia casa.<\/p>\n<p>Naturalmente, con el tiempo han cambiado las convenciones al respecto, y este acertijo parece menos severo hoy en d\u00eda: una persona puede simplemente abstenerse de dar la informaci\u00f3n al asesino, sin mentir abiertamente. No obstante, en general los rigoristas nunca han abandonado su completa oposici\u00f3n a mentir.<\/p>\n<p>Esto nos lleva a Immanuel Kant, uno de los m\u00e1s renombrados defensores de la posici\u00f3n rigorista. Kant, quisiera se\u00f1alar, fue tambi\u00e9n una de las grandes mentes en la historia de la filosof\u00eda. Pero en ocasiones emit\u00eda declaraciones que, como Homero, nos dejan desconcertados todav\u00eda hoy en d\u00eda. Una de las m\u00e1s conocidas fue su condena de la m\u00fasica como una forma inferior de arte, en The Critique of Judgement (1790). Seg\u00fan escribi\u00f3 entonces, la m\u00fasica no es m\u00e1s que un arte \u201cagradable\u201d porque \u201cs\u00f3lo juega con las sensaciones\u201d \u2013a diferencia de las artes \u201cformativas\u201d, como la pintura, la escultura y la arquitectura, que dejan una \u201cimpresi\u00f3n m\u00e1s duradera\u201d\u2013. Tambi\u00e9n se\u00f1al\u00f3 que la m\u00fasica altera a aquellos que no desean escucharla: la compar\u00f3 con el pa\u00f1uelo perfumado que los hombres acostumbraban llevar en los bolsillos y sacaban de vez en cuando, forzando a otros a inhalar involuntariamente su aroma.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el tema del asesino que pregunta si el hombre que pretende convertir en su v\u00edctima est\u00e1 en tu casa, Kant ofreci\u00f3 un argumento extraordinario. En ese ensayo titulado On a Supposed Right to Lie From Altruistic Motives (1797), escribi\u00f3: \u201cSi por decir una mentira has prevenido un asesinato, te has hecho legalmente responsable de todas las consecuencias; pero si te has atenido rigurosamente a la verdad, la justicia no puede castigarte en modo alguno, cualesquiera que sean las consecuencias imprevistas. Despu\u00e9s de contestar honestamente la pregunta del asesino acerca de si su v\u00edctima potencial est\u00e1 en casa, puede suceder que esta haya huido de la casa para no toparse con el asesino, y en consecuencia el asesinato no se comete. Pero si hubieras mentido y dicho que no estaba en casa cuando realmente se hab\u00eda escapado sin que t\u00fa lo supieras, y si el asesino se lo hubiera encontrado al salir y lo hubiera matado, t\u00fa podr\u00edas ser acusado justamente de su muerte. Porque si hubieras dicho la verdad tal como la conoc\u00edas, quiz\u00e1 el asesino hubiera sido aprehendido por los vecinos mientras buscaba en la casa y, en consecuencia, el crimen se hubiera prevenido. Por tanto, quien diga una mentira, por m\u00e1s bien intencionada que esta pueda ser, debe responder por las consecuencias, por m\u00e1s imprevisibles que estas sean, y cumplir la condena por ellas incluso ante un tribunal civil\u201d.<\/p>\n<p>Espero que el bueno de Kant nunca haya sido castigado por mentir debido a \u201cmotivos altruistas\u201d. En cuanto a su fe en esos hipot\u00e9ticos vecinos, si tuvieran el mismo valor que Kant, entonces la v\u00edctima potencial estar\u00eda condenada.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 estoy narrando nuevamente esta historia, que hubiera sido generoso (para el legado de Kant) olvidar? Siempre me siento fascinado por la estupidez, pero cuando expresiones de estupidez aparecen en los escritos de hombres verdaderamente grandes, es como ser sacudido por una visi\u00f3n redentora: el hecho de que incluso los genios pueden decir tonter\u00edas es una fuente de gran consuelo.<\/p>\n<p>Umberto Eco. Escritor y fil\u00f3sofo italiano experto en Semi\u00f3tica.<\/p>\n<p><strong>P\u00fablico<\/strong><\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace no mucho tiempo, siguiendo las huellas de Jonathan Swift y su panfleto The Art of Political Lying, publicado en 1712, escrib\u00ed acerca de los grandes mentirosos y mencion\u00e9 la vieja disputa entre moderados y rigoristas. 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