{"id":25881,"date":"2012-01-23T16:09:35","date_gmt":"2012-01-23T14:09:35","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/mi-pobre-america-1\/"},"modified":"2012-01-23T16:09:35","modified_gmt":"2012-01-23T14:09:35","slug":"mi-pobre-america-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/mi-pobre-america-1\/","title":{"rendered":"Mi pobre Am\u00e9rica (1)"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><em>Este art\u00edculo escrito por la periodista y escritora alemana y nieta de Christa Wolf, Jana Simon, \u00abMein armes America.\u00bb, Mi pobre Am\u00e9rica, que hoy presento traducido, lo le\u00ed hace poco en el Der Spiegel alem\u00e1n. Debo confesar que me impresion\u00f3. Los Estados Unidos siempre fueron el lugar so\u00f1ado de Jana Simon, hasta que el \u00faltimo invierno se mud\u00f3 all\u00ed por unos meses largos: <\/em><\/p>\n<p>\u00abLo primero que llama la atenci\u00f3n en Los \u00c1ngeles es su pobreza: Las casas diminutas y torcidas se asemejan a las dachas, descoloridos los paneles de anuncios, cables de corriente y alumbrado colgando\u00a0 de los tejados como lianas en la selva, en las carreteras grietas en el asfalto. Los baches y agujeros en el Wilshire Bouleward son tan profundos que al circular por \u00e9l uno siente miedo de romper el eje del veh\u00edculo. Parece como si desde a\u00f1os el gran terremoto largamente anunciado jugara con la ciudad enviando a pocos su mensaje, que va dejando surcos y ranuras en casas y calles. Ese sustento y fondo quebrado y roto es alegor\u00eda y s\u00edmbolo del \u00e1nimo que por el momento reina en esta ciudad, en este pa\u00eds. <\/p>\n<p> Los \u00c1ngeles es un lugar del que cada uno tiene un concepto, y siempre uno agradable. Hemos visto Los \u00c1ngeles en cientos de pel\u00edculas. Surfistas, patinadores (Skater), actores., creemos conocer bien la cultura vital californiana. Nuestra imagen de Los \u00c1ngeles est\u00e1 marcada por Hollywood: sol, estrellas, belleza. El mundo occidental lo ha elegido como meta de sus anhelos. La ciudad de la esperanza, que puede ofrecer gloria, renombre e inmortalidad. Quiz\u00e1 es la m\u00e1s americana de todas las ciudades porque aqu\u00ed el sue\u00f1o americano es donde m\u00e1s se ans\u00eda, donde con m\u00e1s intensidad se percibe. Y cada uno tiene la sensaci\u00f3n de que puede intervenir y decir algo sobre Los \u00c1ngeles aunque nunca haya estado all\u00ed. Los \u00c1ngeles es la desconocida conocida. <\/p>\n<p> Tambi\u00e9n yo interioric\u00e9 esa idea de lujo y glamour y vine a vivir, escribir y trabajar\u00a0 durante siete meses a Los \u00c1ngeles, a USA, con mi marido y mi hija. <\/p>\n<p> El primer d\u00eda en Los \u00c1ngeles llueve tan fuerte que bajan riachuelos por la colina de delante de nuestro piso en Silver Lake. \u00c1rboles arrancados y tumbados, casas arrastradas ladera abajo. Una primera demostraci\u00f3n de la potencia y el poder de la naturaleza aqu\u00ed. Nuestros vecinos podr\u00edan ser el resultado de un casting para una serie de televisi\u00f3n: un actor joven de Italia que espera su irrupci\u00f3n y se ha afeitado el pecho, un negro que ha combatido en el Vietnam, un se\u00f1or mayor a quien desde hace a\u00f1os los dem\u00e1s no le ven. Se habla de que es muy t\u00edmido. Los \u00fanicos indicios de su existencia son las plantas de la terraza que probablemente las cuida por la noche. <\/p>\n<p> Abajo, en la casa, cuelga un letrero indicando que vivimos sobre un escorial qu\u00edmico y el due\u00f1o no sale garante de los da\u00f1os que ello nos pudieran causar en la salud. Algo que no parece molestar a nuestros vecinos. Quien vive en una ciudad, que cualquier d\u00eda puede ser destruida por un terremoto, por el fuego o la sequ\u00eda, que tiene la transitoriedad ante los ojos a diario, no presta atenci\u00f3n a estas \u00f1o\u00f1er\u00edas. Esta sensaci\u00f3n en un principio difusa se vuelve m\u00e1s consciente y marcada con el paso de los meses: En Los \u00c1ngeles se vive el momento. Pasado y futuro son categor\u00edas de las que deben preocuparse otros. <\/p>\n<p> Nuestro barrio, Silver Lake, es una mezcla del\u00a0 distrito berlin\u00e9s Prenzlauer Berg y Kreuzberg, de alternativos y gente ya establecida. En cada casita hay alguien que escribe un gui\u00f3n de pel\u00edcula o tiene intenci\u00f3n de hacerlo. Son figuras trasnochadoras, vestidas de negro, los leotardos (leggins) est\u00e1n de moda en hombres y mujeres. Tambi\u00e9n por primera vez veo aqu\u00ed la pobreza de los sin techo (homeless), los se\u00f1ores de la calle en Los \u00c1ngeles en continuo movimiento, empujando sus carritos de la compra colina arriba colina abajo. Esperan que les dejemos libre el acceso al garaje para inspeccionar nuestra basura y recoger lo aprovechable. <\/p>\n<p> \u00bfPor qu\u00e9 estamos aqu\u00ed? El culpable es el Sr. Schindler, mi maestro de geograf\u00eda en la escuela del Dr. Richard Sorge, ubicada en el Berl\u00edn Este de los a\u00f1os 80. En la novena clase tratamos USA, observamos mapas en los que se dibujaban las riquezas del subsuelo. El Sr. Schindler nos mostr\u00f3 d\u00edas de New York. Qued\u00e9 entusiasmado con los rascacielos. No s\u00e9 si el se\u00f1or Schindler pretend\u00eda horrorizarnos y presentarnos aquellas torres como burdos s\u00edmbolos del imperialismo. M\u00e1s bien creo que sent\u00eda algo parecido a lo que yo sent\u00ed. Llor\u00e9 de emoci\u00f3n y sent\u00ed un nudo en el est\u00f3mago. Transcurri\u00f3 el d\u00eda. Me hab\u00eda enamorado\u00a0 del enemigo en clase. <\/p>\n<p> Por desgracia\u00a0 el amor\u00a0 no fue atendido en un primer momento. New York y USA se ubicaban en un lugar equivocado del mundo, all\u00ed donde me estaba prohibido ir y al que tal vez pudiera viajar una vez jubilada. Y me convert\u00ed desde la distancia en una fan de la cultura americana sin tener la m\u00e1s remota idea de ella: de la calle Sesam por pel\u00edculas como Beat Street y Fame, de libros como Franny y Zooey y Tom Sawyer, de Madonna y Michael Jackson.\u00a0 El pa\u00eds me parec\u00eda libertino, relajado, fresco. Lo contrario de lo que me ocurr\u00eda. <\/p>\n<p> Mi primer gran viaje a New York lo hice tras la ca\u00edda del muro, en 1991. Acababa de cumplir 18 a\u00f1os. En modo alguno entusiasm\u00f3 l idea a mi madre, todav\u00eda yo no pod\u00eda beber legalmente alcohol. Viv\u00ed sola en la Upper West Side en un piso de amigos y march\u00e9, tambi\u00e9n sola, a un concierto en el Central Park. New York era la suma del nuevo mundo, de la nueva libertad, de mi nueva vida. Estaba entusiasmada. <\/p>\n<p> Dos a\u00f1os despu\u00e9s viaj\u00e9 con quien m\u00e1s tarde ser\u00eda mi marido en un Mitsubishi Colt ro\u00f1oso por todo el pa\u00eds. En la costa Este fue dif\u00edcil pedir algo que no fuera hamburguesas, en Texas hab\u00eda terrones de petr\u00f3leo en la playa, en Santa Cruz vivimos un tiroteo en nuestro hotel. Hab\u00eda pobreza, diferencias sociales\u00a0 extraordinarias, criminalidad, pero tambi\u00e9n un incre\u00edble optimismo, una fe ingenua en el futuro. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 c\u00f3mo nosotros con los padres de una amiga en St. Pauls, Carolina Norte, nos sentamos en el suelo, a nuestra espalda el frigor\u00edfico metiendo ruido. El padre de nuestra amiga nos present\u00f3\u00a0 los cubitos de hielo fabricados por el frigor\u00edfico y nos mostr\u00f3 el cebo para pescar, de un pl\u00e1stico reluciente, que acaba de comprar. La imagen qued\u00f3 grabada en mi mente: Una clase media contenta, disfrutando del consumo. Aun cuando yo no encontraba todo bello y con sentido, qued\u00e9 impresionada por la numerosa oferta de objetos, de bienestar. Pens\u00e9, un pa\u00eds que florece. <\/p>\n<p> Tambi\u00e9n estuvimos entonces en Los \u00c1ngeles. Vivimos cerca de la playa, la arquitectura me entusiasm\u00f3, una casa que se semejaba a unos prism\u00e1ticos qued\u00f3 en mi retina. Todo me parec\u00eda tan nuevo, tan moderno. Escrib\u00ed en mi dietario: \u00abEn ninguna ciudad me siento tan a gusto como viviendo aqu\u00ed\u00bb <\/p>\n<p> De esto hace ya 20 a\u00f1os. Desde entonces han sucedido muchas cosas. He estado muchas veces en USA. El sue\u00f1o de vivir all\u00ed durante un tiempo ha seguido en pie. Sigue siendo a\u00fan el pa\u00eds m\u00e1s occidental del mundo occidental. Su centro. No pod\u00eda ir m\u00e1s lejos desde el antiguo Berl\u00edn Este. \u00bfY que ha sido de mi sue\u00f1o? <\/p>\n<p> Tras una semana en Los \u00c1ngeles buscamos un nuevo piso, el nuestro es demasiado peque\u00f1o y muy sucio, no funciona nada. Imposible encontrar un apartamento cuyos muebles no tengan la pinta de deshechos. Los \u00c1ngeles es una ciudad de los advenedizos. Todo el mundo lleg\u00f3 alg\u00fan d\u00eda de alguna parte, la mayor parte huyendo de algo: de la familia, del amado, de la ley, de la desesperaci\u00f3n. Y esto ocurre en toda Am\u00e9rica, pero Los \u00c1ngeles es la capital de los desenraizados, desarraigados. Quien\u00a0 no lo consigue se marcha. Lo tengo claro: Pisos, casaso muebles que no son de uno son tratados con desprecio. Se cuida s\u00f3lo lo que es de uno. Todo lo dem\u00e1s es intercambiable, sin valor. Los \u00c1ngeles es la ciudad en tr\u00e1nsito. Nada est\u00e1 planeado para permanecer: ninguna de las casitas de madera, ning\u00fan trabajo, ninguna relaci\u00f3n. <\/p>\n<p> Encontramos un piso en Downtown desamueblado. Nadie se muda a aqu\u00ed. Amigos a los que conocemos de antes nos miran admirados: \u00ab\u00bfAh\u00ed quer\u00e9is ir?\u00bb Pero todos vienen de visita por curiosidad. <\/p>\n<p> Cuando en 1993 estuve por primera vez en Los \u00c1ngeles vine a Downtown a la b\u00fasqueda de un centro. Entonces las calles\u00a0 estaban desiertas, muchas casas y tiendas abandonadas, yo era la \u00fanica blanca. Downtown fue dominada por el crack, sucumbi\u00f3 totalmente a la droga. <\/p>\n<p> Desde hace un par de a\u00f1os se desarrolla el proyecto de la revitalizaci\u00f3n del casco viejo. Las viviendas, los antiguos bancos han sido renovados y transformados en residencias. Se han abierto restaurantes, bares, clubs. Downtown parece como\u00a0 la plaza para estar, por lo menos en una primera vista pasajera. Cada d\u00eda se abre un nuevo caf\u00e9 y se pueden\u00a0 alquilar antiguas inmensas estancias acorazadas. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed hay mucho vac\u00edo, la crisis financiera e inmobiliaria ha herido el coraz\u00f3n de la ciudad y propiciado un final a los bellos proyectos antiguos. El Broadway, la en otros tiempos gran avenida, se estira por Downtown como una culebra muerta, colorista y barata, se extingui\u00f3 el viejo esplendor. En los grandiosos cines de la \u00e9poca del cine mudo se han instalado tiendas de baratillo mejicanas e Iglesias que ofrecen expulsiones de demonios. <\/p>\n<p> Nosotros alquilamos un piso en el noveno del antiguo Banco de Am\u00e9rica. El d\u00eda de la entrada me sorprende un completo equipamiento de piso en la basura. En los meses siguientes experimento a menudo c\u00f3mo mis vecinos\u00a0 tiran a menudo sus mubles. Lo denomino cambio total de domicilio. Cuando uno se marcha lo tira sencillamente todo. To start all over again, para comenzar en alg\u00fan sitio de nuevo. Los sof\u00e1s, mesas y camas dejadas se asemejan a vidas evacuadas. Se olvida, se elimina, se extingue lo que se deja atr\u00e1s. Me estremece la falta de respeto por el propio pasado, por la propia vida. <\/p>\n<p> Nuestra administradora Andrea pregunta siempre por nuestra credit history. Hemos presentado extractos de cuentas corrientes, contratos de trabajo y pagos de salarios, pero no tenemos deudas y desde el punto de vista americano no somos fiables. S\u00f3lo quienes pueden mostrar que pagan sus deudas regularmente son buenos inquilinos. Nosotros somos peores que malos deudores. Sin cr\u00e9dito no somos nada, hojas en blanco. Por tanto tenemos que pagar 100 d\u00f3lares m\u00e1s\u00a0 al mes de alquiler y\u00a0 depositar la mayor fianza posible. No es posible\u00a0 girar el alquiler, ni tampoco pagar en mano, Andrea no puede recibir dinero en efectivo. Es decir, cada mes una semana antes del vencimiento tenemos que comenzar a sacar dinero del autom\u00e1tico hasta juntar la suma necesaria para canjear el dinero en la liquor store (tienda de vinos) m\u00e1s cercana por un money order\u00a0 (giro postal), una especie de cheque, que finalmente entrego a Andrea metido en un sobre. Y parecido ocurre con la cuenta del tel\u00e9fono, con Internet y los gastos de guarder\u00eda de mi hija. El pago de gas debo abonar cada dos meses personalmente\u00a0 en Gas and Power Building en la Hope Street. All\u00ed aguardo en la cola con un mont\u00f3n de latinos y pago en efectivo. Me siento como en un siglo del pasado. No encuentro al USA descrito como el para\u00edso de las prestaciones de servicios, al contrario, todo dura much\u00edsimo y es extraordinariamente complicado. <\/p>\n<p> Recuerdo el entusiasmo de mis primeros viajes a USA, entonces los Estados Unidos me parec\u00edan\u00a0 acaudalados y progresistas, por delante de los europeos en casi todos los campos. Ahora vivo un sistema bancario construido sobre un servicio de pagos con cheques inc\u00f3modo, en los que, si quiero hacer efectivo, tengo que dejar mi huella digital despu\u00e9s de haber mostrado ya dos documentos distintos de identificaci\u00f3n. Veo que es un sistema que le obliga a uno a tener deudas para ser tratado como un miembro de pleno derecho de la sociedad. Veo en la casa de enfrente de nuestro piso a los mejicanos del ma\u00f1ana planchar y coser desde las siete de la\u00a0 ma\u00f1ana hasta las diez de la noche. Veo muchas tiendas con letreros en las ventanas en los que se dice: \u00abAceptamos tambi\u00e9n marcas de alimentos\u00bb. Y cuando llueve mucho se va la luz. Hay bastantes cosas que me recuerdan m\u00e1s a un pa\u00eds del tercer mundo que al Estado m\u00e1s poderosos de la tierra. <\/p>\n<p> Cuando voy al parque de detr\u00e1s de casa apenas si puedo respirar, tal es hedor existente, los perros de nuestros vecinos y los sin techo utilizan las callejuelas como w\u00e1teres. Puedo ver a gente cagando en la calle, bailando medio idos por la zona y vagando en sillones de ruedas. De noches llegan las voces dementes hasta el piso noveno, a veces hay alguien que grita durante toda una hora repetidamente: \u00abGod, help me!\u00bb (Dios, ay\u00fadame). A esto hay que a\u00f1adir las sirenas y ruidos de los helic\u00f3pteros. Ver la miseria humana a diario me resulta como un mazazo. Mi hija llama ahora a todo se\u00f1or mayor: \u00abpobre hombre viejo\u00bb. <\/p>\n<p> A dos bloques de nuestra casa comienza el homeless country, el pa\u00eds de los sin techo. Viven cientos, miles de personas en distintos estadios de miseria en tiendas\u00a0 de campa\u00f1a, en la calle: enfermos, locos o por temas de droga incapaces de llevar una vida normal. Si nos movemos por las ma\u00f1anas por el barrio en coche podemos observar c\u00f3mo literalmente se levanta una ciudad desde el asfalto. A veces hay gente tumbada en las aceras sin estar claro si todav\u00eda siguen vivas. Pero nadie llama al 911. <\/p>\n<p> A menudo he visitado USA y muchos pa\u00edses pobres de este mundo. Pero esta vez es distinto, m\u00e1s existencial. Y cuando cuento a los americanos conocidos lo afectada que estoy por la pobreza en uno de los pa\u00edses m\u00e1s ricos del mundo, en el que resulta casi comprensible que las familias tengan dos coches grandes, me miran como si les contase algo indecoroso. El tema es desagradable, no apto para hablar sobre \u00e9l. Responden a menudo, es t\u00edpico de nuestro Downtown. En otras partes los sin techo no son tan perceptibles, no est\u00e1n tan a la vista. Pero no es verdad, est\u00e1n por doquier, hasta en la misma Beverly Hills y en la playa. Amigos sostienen que muchos sin techo quieren vivir en la calle, que viven as\u00ed por propia decisi\u00f3n. Algo que me resulta\u00a0 como\u00a0 un pu\u00f1etazo en el cerebro. Al principio port\u00e9 tambi\u00e9n los carteles de Feeding America, la mayor organizaci\u00f3n nacional para combatir el hambre, en pro de una acci\u00f3n cultural\u00a0 o una exposici\u00f3n hist\u00f3rica. Hasta que vi claro que: El dise\u00f1o-de-los-a\u00f1os-20 tiene que centrarse en un problema muy actual: que cada seis americanos uno pasa realmente hambre. <\/p>\n<p> En enero viaj\u00e9 a Tucson, en Arizona, para informar sobre el atentado de la diputada dem\u00f3crata al Congreso Gabrielle Gifford. Muchas cosas en Tucson me recuerdan al St. Paul de entonces, en Carolina Norte, una ciudad\u00a0 de clase media. S\u00f3lo que ahora no me presentar\u00eda mi tertuliano orgulloso su cebo de pesca sino que hablar\u00edamos sobre lo mucho que han perdido, lo mal que les va a ellos y al pa\u00eds y lo malo que les espera todav\u00eda. A su ojos los culpables son los otros: los emigrantes, los d\u00e9biles sociales, el enemigo pol\u00edtico, el gobierno (fin de la primera parte). <\/p>\n<p> Traducido por Mikel Arizaleta<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo escrito por la periodista y escritora alemana y nieta de Christa Wolf, Jana Simon, \u00abMein armes America.\u00bb, Mi pobre Am\u00e9rica, que hoy presento traducido, lo le\u00ed hace poco en el Der Spiegel alem\u00e1n. Debo confesar que me impresion\u00f3. 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