{"id":25843,"date":"2012-01-16T16:18:53","date_gmt":"2012-01-16T14:18:53","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/turismo-siniestro\/"},"modified":"2012-01-16T16:18:53","modified_gmt":"2012-01-16T14:18:53","slug":"turismo-siniestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/turismo-siniestro\/","title":{"rendered":"Turismo siniestro"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Quienes conozcan la obra de Michel Foucault sabr\u00e1n de la importancia que el pensador atribu\u00eda a la llamada penitenciar\u00eda del Estado de Pensilvania (Filadelfia), construida en 1829 por el arquitecto John Haviland como paradigma de c\u00e1rcel moderna, con pretensiones de reforma moral de los reclusos y seg\u00fan un modelo que ser\u00eda imitado en todo el mundo. All\u00ed se documentaron Dickens o Tocqueville y, entre otros hu\u00e9spedes ilustres, Al Capone vivi\u00f3 entre sus g\u00f3ticas paredes. Aunque se basaba en el sistema de aislamiento (debido a la creencia en que, obligados a convivir \u00fanicamente consigo mismos, los condenados reflexionar\u00edan sobre su pecaminoso pasado y se convertir\u00edan en honrados feligreses), en lo que hoy queda de ella puede verse a\u00fan, algo desvencijada y ruinosa, la en otro tiempo amenazadora torre central que permit\u00eda a los centinelas tener bajo vigilancia visual todo el entorno de la prisi\u00f3n: su alargada sombra nos lleva a pensar inmediatamente en el Pan\u00f3ptico, esa invenci\u00f3n genial de Jeremy Bentham en la que Foucault vio el emblema de unas sociedades, las modernas, caracterizadas por un ejercicio del poder pol\u00edtico apoyado en un an\u00e1lisis sistem\u00e1tico y exhaustivo de los espacios urbanos controlables. Los inabordables muros del edificio y las gruesas paredes de las celdas, con su despiadada rigidez separadora, obedecer\u00edan, seg\u00fan Foucault, al mismo principio que durante los siglos XIX y XX, \u00abanaliz\u00f3\u00bb el espacio interior de las viviendas populares, creando habitaciones diferenciadas -el cuarto de los ni\u00f1os, la alcoba conyugal, el ba\u00f1o, la cocina, el comedor, la sala de estar- donde hasta entonces no hab\u00eda m\u00e1s que un espacio \u00fanico en el que coexist\u00edan todas las tareas, personas y funciones del hogar. Esta misma maciza solidez anal\u00edtica habr\u00eda organizado los dem\u00e1s \u00abespacios\u00bb de la ciudad moderna: hospitales, escuelas, f\u00e1bricas o cuarteles, seg\u00fan un r\u00e9gimen ideal de visibilidad y divisibilidad que garantizar\u00eda la eficacia de las operaciones, la claridad y distinci\u00f3n de las instituciones y la sumisi\u00f3n de los individuos a sus leyes.<\/p>\n<p>Mucho podr\u00eda decirse, sin duda, de la siempre excesiva distancia que separa los ideales de sus realizaciones, pero quiz\u00e1 ser\u00eda vano hacerlo ahora, cuando de los unos y de las otras quedan solo los escombros. El caso es que la prisi\u00f3n de Filadelfia, obsoleta entre otras cosas debido a la superpoblaci\u00f3n de encarcelados, cerr\u00f3 sus puertas en 1971, como anunciando la llegada de otros tiempos, y hoy es algo parecido a un museo. Si se recorre en un d\u00eda apropiadamente nublado de noviembre -como yo tuve no s\u00e9 si la suerte o la desgracia de hacerlo- es posible a\u00fan sentir alg\u00fan escalofr\u00edo al pasar por las celdas de castigo, por el corredor de la muerte (la expresi\u00f3n inglesa, Death row -los que hacen cola para ser ejecutados- siempre me ha parecido m\u00e1s precisa y horrible) o por la barber\u00eda, pero las h\u00famedas y desconchadas galer\u00edas son ahora frecuentadas por unas multitudes bien distintas, las que practican eso que ha dado en llamarse turismo siniestro y que son la otra cara de las que llenan la Capilla Sixtina o el Museo del Louvre; si estas \u00faltimas buscan la belleza (o la foto autentificadora que, como dec\u00eda Walter Benjamin, tritura el aura sagrada que en otros tiempos recubr\u00eda a las obras de arte multiplicando su imagen y difundi\u00e9ndola hasta el infinito), es dif\u00edcil saber lo que buscan las primeras (\u00bfLa foto grotesca de la fealdad? \u00bfEl alimento de la buena conciencia dici\u00e9ndose lo brutales que eran nuestros antepasados frente a nuestro refinado humanismo?). Si uno tiene menos suerte, la visita puede coincidir con alguna instalaci\u00f3n art\u00edstica (pues la vieja c\u00e1rcel tambi\u00e9n es una galer\u00eda de arte: sobre esta curiosa convergencia se puede leer la novela de Fernando S\u00e1nchez Pintado Performance, en Ed. Barataria); y, si es Halloween, hay un espect\u00e1culo llamado Terror tras los muros que, supongo, hace las delicias de los m\u00e1s j\u00f3venes, habituados a jugar a asustarse como los turistas siniestros y, tambi\u00e9n como ellos, a convertir el pasado hist\u00f3rico en ocio programado. En cualquier caso, el asunto mueve a preguntarse si hay que ver en un cambio de esta clase -ruina, \u00abcultura\u00bb y diversi\u00f3n donde antes hubo disciplina, miedo y poder- un signo sintom\u00e1tico de nuestra \u00e9poca, en la que, como advert\u00edan Marx y Engels y hoy remacha el soci\u00f3logo Zygmunt Bauman, todo lo s\u00f3lido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana y todo lo r\u00edgido se derrite, igual que en otro tiempo se fund\u00edan las vajillas met\u00e1licas del Imperio Austro-H\u00fangaro para alimentar la producci\u00f3n de ca\u00f1ones b\u00e9licos, aunque hoy d\u00eda se trate m\u00e1s bien de los ca\u00f1ones de proyecci\u00f3n para ordenadores con Power Point, cuya imagen l\u00edquida devora todo lo que alguna vez fue visi\u00f3n o palabra y lo regurgita incansablemente como hacen los monos en el Zool\u00f3gico con las cortezas que mastican, seg\u00fan la imagen que Josef Winkler suele utilizar para designar el \u00ablenguaje universitario\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00eda, en verdad, absurdo y miserable experimentar nostalgia ante una modernidad s\u00f3lida que a menudo se forj\u00f3 con las cadenas de un infernal encierro, como el que sufr\u00edan los reclusos sometidos al aislamiento; pero ser\u00eda igualmente pretencioso e ingenuo creer, como creen los turistas de lo siniestro, que la levedad y la fluidez de nuestra vida social actual es m\u00e1s civilizada o m\u00e1s humana que la de nuestros padres o abuelos. Los Dickens y los Tocquevilles que hoy est\u00e1n en ciernes, sin duda, ya se deben estar documentando en otras clases de infiernos propios de nuestro tiempo, que ha elevado la comunicaci\u00f3n al mismo nivel de superstici\u00f3n salvadora que tuvo ayer el aislamiento (como si las virtudes ciudadanas emanasen de la fibra \u00f3ptica), y que va poco a poco sustituyendo la antigua vigilancia de los poderes p\u00fablicos -hoy tan erosionados como la torre de Filadelfia- por la penetraci\u00f3n de los privados. Pues si hay una violencia en la \u00abseparaci\u00f3n\u00bb de espacios y habitaciones que constituyen las viviendas, no es menos angustioso el modo como las nuevas casas, las verdaderamente adaptadas a nuestro tiempo, prescinden de paredes, muros y distinciones r\u00edgidas, dejando al inquilino en la indefinici\u00f3n de un espacio tan completamente descualificado y abstracto como el dinero en el que se cuenta su valor y, como \u00e9l, perfectamente intercambiable por cualquier otro espacio. La privatizaci\u00f3n, la despolitizaci\u00f3n, la miniaturizaci\u00f3n, la deslocalizaci\u00f3n, la flexibilizaci\u00f3n o la impermanencia que definen los nuevos estilos de vida que se van imponiendo entre la resignaci\u00f3n y el entusiasmo, \u00bfson en verdad procesos ilimitados? \u00bfHasta qu\u00e9 punto es posible externalizar los servicios de una empresa o de una familia sin que deje de ser una empresa o una familia? \u00bfHasta qu\u00e9 punto se pueden reducir las dimensiones de un empleo sin que deje de ser un empleo? \u00bfHasta qu\u00e9 punto puede un Estado ceder su soberan\u00eda a terceros sin dejar de ser un Estado soberano? \u00bfO bien no hay l\u00edmite alguno, y ni siquiera la injusticia, el sufrimiento o la muerte pueden poner obst\u00e1culos a este proceso mundial de fluidificaci\u00f3n? Es posible que llegue un d\u00eda en el que unos grupos de turistas morbosos recorran las ruinas de nuestras ciudades desurbanizadas como hoy recorremos nosotros la penitenciar\u00eda de Pennsylvania, sintiendo una mezcla de compasi\u00f3n por quienes viv\u00edamos en ellas y de satisfacci\u00f3n porque ellos ya no tendr\u00e1n que hacerlo.<\/p>\n<p>Mientras esperamos ese momento, dejemos que los ni\u00f1os sean los \u00fanicos que se crean que el terror est\u00e1 solamente al otro lado del muro, y aprendamos a mirar a nuestra \u00e9poca con m\u00e1s piedad por nuestros semejantes -los que nos acompa\u00f1an en el viaje sin que quede una isla del diablo en donde depositar a los que sobran-, con menos complacencia antropol\u00f3gica, porque no se trata de adaptarnos a las circunstancias a cualquier precio y de cantar las alabanzas de cada novedad como si fuese una tierra prometida, a veces las circunstancias son inmundas y tenemos el deber de decirlo y de intentar cambiarlas; y con mayor exigencia cr\u00edtica, con mayor atenci\u00f3n a los nuevos miedos y las nuevas penas generadas por la ausencia de rigidez y la flexibilidad. Porque, as\u00ed como ahora nos parece incre\u00edble que se viera en aquellas c\u00e1rceles decimon\u00f3nicas un monumento a la virtud, quienes m\u00e1s rid\u00edculos resultar\u00e1n para los futuros turistas de lo siniestro ser\u00e1n los que hoy ven en la fluidez ilimitada la salvaci\u00f3n de todos los males, empezando por aquellos que son radicalmente irremediables.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis Pardo es fil\u00f3sofo. Su \u00faltimo libro es El cuerpo sin \u00f3rganos. Presentaci\u00f3n de Gilles Deleuze (Pre-Textos).<\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quienes conozcan la obra de Michel Foucault sabr\u00e1n de la importancia que el pensador atribu\u00eda a la llamada penitenciar\u00eda del Estado de Pensilvania (Filadelfia), construida en 1829 por el arquitecto John Haviland como paradigma de c\u00e1rcel moderna, con pretensiones de reforma moral de los reclusos y seg\u00fan un modelo que ser\u00eda imitado en todo el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[79],"tags":[],"class_list":["post-25843","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nabarmena"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.6 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Turismo siniestro - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Mientras esperamos ese momento, dejemos que los ni\u00f1os sean los \u00fanicos que se crean que el terror est\u00e1 solamente al otro lado del muro, y aprendamos a mirar a nuestra \u00e9poca con m\u00e1s piedad por nuestros semejantes -los que nos acompa\u00f1an en el viaje sin que quede una isla del diablo en donde depositar a los que sobran-, con menos complacencia antropol\u00f3gica, porque no se trata de adaptarnos a las circunstancias a cualquier precio y de cantar las alabanzas de cada novedad como si fuese una tierra prometida, a veces las circunstancias son inmundas y tenemos el deber de decirlo y de intentar cambiarlas; 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