{"id":25769,"date":"2012-01-03T11:29:21","date_gmt":"2012-01-03T09:29:21","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/manifiesto-de-donostia-7-enero-1814\/"},"modified":"2012-01-03T11:29:21","modified_gmt":"2012-01-03T09:29:21","slug":"manifiesto-de-donostia-7-enero-1814","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/manifiesto-de-donostia-7-enero-1814\/","title":{"rendered":"Manifiesto de Donostia 7 enero 1814"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<h3>Donostia 1813-2013<\/h3>\n<p><strong>1\u00ba Manifiesto del ayuntamiento constitucional de Donostia 7 enero 1814 (firmas cortadas):<\/strong><\/p>\n<p>1.- Manifiesto (7-1-1814) que el ayuntamiento constitucional, cabildo eclesiastico, ilustre consulado y vecinos de la ciudad de San Sebasti\u00e1n presentan a la naci\u00f3n sobre la conducta de las tropas britanicas y portuguesas en dicha plaza el 31 de Agosto de 1813 y d\u00edas sucesivos\u201d, San Sebasti\u00e1n 7 de enero de 1814. Historia de la reconstrucci\u00f3n de San Sebasti\u00e1n, Miguel Artola, 1963. Aparece la referencia al general Casta\u00f1os y est\u00e1n cortadas del documento las firmas. (A. M. Sec E. Neg. 5, Ser. III, lib. 2, exp. 2). P\u00e1gina 77 dice textualmente:<\/p>\n<p>\u201c\u2026Pero fue extraordinaria la tristeza de todos los habitantes cuando en el asalto del 25 de Julio fueron rechazados los aliados y vieron entrar prisioneros ingleses y portugueses (c). (Este ataque, se dice, fue prematuro, pero muy considerado para atribuir a los habitantes de San Sebasti\u00e1n de que hab\u00edan tomado partido con los francese, para con\u00e9ste y otros pretextos que urdieron cometiesen los excesos cometidos y premeditados de muy all\u00e1, como lo aseguraban los mismos ingleses y portugueses, de que San Sebasti\u00e1n hab\u00eda de ser arrasado y muertos todos sus habitantes, que as\u00ed lo ten\u00eda mandado el Sr. Casta\u00f1os).<\/p>\n<p><strong>1\u00ba Manifiesto 7 de enero de 1814.<\/strong><\/p>\n<p>\u201cLa ciudad de San Sebasti\u00e1n conocida en toda Europa y Am\u00e9rica por sus relaciones comerciales y tan distinguida en la monarqu\u00eda espa\u00f1ola por los grandes servicios que en todos los tiempos ha prestado al Estado, por su fidelidad y amor a los soberanos leg\u00edtimos y \u00faltimamente por su adhesi\u00f3n a la causa que actualmente sostiene la naci\u00f3n, no existe ya por haber siso destru\u00edda del modo m\u00e1sespantoso, no por los enemigos de la naci\u00f3n espa\u00f1ola, sino por sus propios aliados y amigos.<\/p>\n<p>No hay ejemplar en la historia de cat\u00e1strofe semejante, pues aunque los \u00fanicos que pueden compararse con la destrucci\u00f3n de San Sebasti\u00e1n son la Troya por los griegos y la Jerusal\u00e9n por los romanos, no tienen la circunstancia casi incre\u00edble de haber causado la de San Sebasti\u00e1n los que se llaman amigos y aliados de una Naci\u00f3n a la que pertenec\u00eda esta ciudad desgraciada, digna por cierto de mejor suerte.<\/p>\n<p>El 28 de junio (1813) aparecieron algunas partidas de los batallones de Guip\u00fazcoa con su jefe D. Gaspar Jauregui (alias el Pastor) en el alto de San Bartolom\u00e9 a cosa de las dos de la tarde y en seguida los dem\u00e1s batallones comandados por el se\u00f1or Ugartemendia causando su vista una alegr\u00eda inexplicable a todos los habitantes de la ciudad, y no bien empezaron a hacer fuego sobre la guardia que los franceses ten\u00edan en aquel monasterio, cuando inmediatamente \u00e9stos dieron fuego uno por uno a todos los edificios extramurales del barrio de San Mart\u00edn y de Santa Catalina y dado principio a tomar otras disposiciones para la defensa de la plaza. Dicho d\u00eda 28 y el 29 algunos vecinos huyeron de ella y cuando quisieron fugar (se) todos, se les prohibi\u00f3 por el general franc\u00e9s Rey, que pocos d\u00edas antes vino a mandar la plaza y qued\u00f3 dentro de ella la mayor parte del vecindario y todos sus caudales, alhajas, muebles y efectos de comercio y otros que tampoco permiti\u00f3 sacer ni a\u00fan antes lo permit\u00edan pues era un crimen tratar de extraerlos fuera de la ciudad.<\/p>\n<p>Los batallones de Gup\u00fazcoa y Vizcaya que vinieron al sitio de la plaza fueron relevados por tropas brit\u00e1nicas y portuguesas de las divisiones que mandaba el teniente general Sir Thomas Grahan, y empezaron primero a batir con ca\u00f1ones al amonasterio de San Bartolom\u00e9 donde pusieron una gran guardia avanzada los franceses y despu\u00e9s de destru\u00eddo, as\u00ed el convento como la iglesis por su frontis, atacaron de firme y con bastante p\u00e9rdida de una y otra parte, se apoderaron los aliados e inmediatamente formaron una nueva formidable bater\u00eda en el camposanto, pegante a la huerta de aquel monasterio para batir a la muralla del frente, el particular el fuerte de entre el juego de pelota y la Zurriola.<\/p>\n<p>En los arenales de San Francisco pusieron tambi\u00e9n otra bater\u00eda de ca\u00f1ones y morteros u obuses para batir en brecha la muralla de la Zurriola, desde la casa de Lardizabal hasta dicho fuerte de la Zurriola y cuando se empez\u00f3 a batir se not\u00f3 que los aliados no ten\u00edan ning\u00fan miramiento por la ciudad, pues que disparaban granadas sobre los edificios de modo que el 25 de julio ard\u00edan dos calles. Se suspendi\u00f3 la prosecuci\u00f3n del sitio por la entrada que hizo el general Soult en Navarra y durante esta suspensi\u00f3n pudo atajarse el fuego por los vecinos ayudados de los franceses mismos.<\/p>\n<p>Los vecinos que se hallaban fuera de la ciudad, habiendo notado que las tropas aliadas no hac\u00edan el sitio como era de esperar de parte de los amigos y aliados, recurrieron el 4 de agosto al Excmo. Sr. Lord Wellington, duque de Ciudad Rodrigo por medio del memorial n\u00fam. 1 que dirigieron al cuartel general de Lesaca a manos del mariscal de campo de los ej\u00e9rcitos nacionales D. Miguel de Alava y mereci\u00f3 la contestaci\u00f3n n\u00ba 2. A pesar de esta respuesta fueronen diputaci\u00f3n a Lesaca D. Jos\u00e9 mar\u00eda de Leizaur y D. Joaqu\u00edn Gregorio de Goycoa, vecinos de San Sebasti\u00e1n (que se hallaban fuera de ella) a representar al se\u00f1or Alava lo mismo y de paso le indicaron un proyecto(a). (El proyecto indicado fue el plan que ten\u00eda dispuesto el comandante Ugartemendia, de ampararse(sic. por apoderarse) de la plaza de San Sebasti\u00e1n con solo los tres batallones de Gup\u00fazcoa y los de Vizcaya sostenidos por loa aliados y lo hubiera verificado con muy poca p\u00e9rdida de gente, desde el Castillo, pus ampar\u00e1ndos de esta fortaleza ya la plza estaba rendida; el sitio detr\u00e1s del Castillo y el tiempo lo convidaban) para apoderarse del castillo al mismo tiempo que la plza.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Alava insisti\u00f3 en lo que dijo por escrito, repitiendo que el Lord era noticioso de los sentimientos patri\u00f3ticos que animaban a los ciudadanos de San Sebasti\u00e1n en cuyo favor ten\u00eda expedidas las m\u00e1s estrechas \u00f3rdenes y el mismo Se\u00f1or Alava elogi\u00f3 altamente a la ciudad y la recomend\u00f3 eficazmente al Exmo. Se\u00f1or D. Manuel Freire que a la saz\u00f3n se hallaba presente.<\/p>\n<p>Los vecinos que se hallaban dentro de la plaza sufr\u00edan entretanto de parte de la guarnici\u00f3n francesa demandas extraordinarias con amenazas de muerte y llegaron a causar tantos recelos a los franceses que el 7 de julio fueron obligados a entregar las cuerdas, escaleras, picos, palas, azadones y toda remienta (sic. por herramienta de carpinter\u00eda) y cuantas armas tuviesen en sus casas, pena de ejecuci\u00f3n militar, como lo hicieron sin dejarles ni el espad\u00edn m\u00e1s in\u00fatil. No se les permiti\u00f3 tampoco pasar una diputaci\u00f3n como pretend\u00edan al general sitiador a fin de que no tirasen granadas sobre los edificios (b) (Parece que as\u00ed como hicieron sus recursos los comisionados y vecinos de San Sebasti\u00e1n que se hallaban fuera de la ciudad, sus habitantes tambi\u00e9n quisieron hacer sus ruegos a los sitiadores, mas los franceses no les permitieron). No obstantes los vecinos sufr\u00edan tantos trabajos con la esperanza de que ver\u00edan pronto dentro de la plaza a los que llamaban sus libertadores y amigos.<\/p>\n<p>Pero fue extraordinaria la tristeza de todos los habitantes cuando en el asalto del 25 de Julio fueron rechazados los aliados y vieron entrar prisioneros ingleses y portugueses (c). (Este ataque, se dice, fue prematuro, pero muy considerado para atribuir a los habitantes de San Sebasti\u00e1n de que hab\u00edan tomado partido con los franceses, para con \u00e9ste y otros pretextos que urdieron cometiesen los excesos cometidos y premeditados de muy all\u00e1, como lo aseguraban los mismos ingleses y portugueses, de que San Sebasti\u00e1n hab\u00eda de ser arrasado y muertos todos sus habitantes, que as\u00ed lo ten\u00eda mandado el Sr. Casta\u00f1os).<\/p>\n<p>La ciudad al instante los socorri\u00f3 con vino, chocolate camisas, camas y otros auxilios. Los heridos ingleses que fueron colocados en la parroquia de San Vicente eran cuidados por el doctor D. Luis de Gainza, p\u00e1rroco que era a la saz\u00f3n, con tanto esmero que \u00e9l mismo apoyados en los brazos los sacaba a orearse y pasear al atrio, recibiendo tambi\u00e9n iguales auxilios de parte del presb\u00edtero y beneficiado D. Joaqu\u00edn Santiago de Larreandi los prisioneros que se pusieron en el local de la c\u00e1rcel que era el colegio que fue de los ex-jesu\u00edtas. Adem\u00e1s todos los habitantes seg\u00fan sus posibles socorr\u00edan con limosnas (pecuniarias, buen caldo y otras cosas (a) estos prisioneros y habiendo causado celos de los franceses esta asistencia y las visitas que se hac\u00edan a los tres oficiales prisioneros los pusieron tambi\u00e9n a \u00e9stos en dicha c\u00e1rcel y despu\u00e9s los subieron al Castillo (d). (Ya hubo un complot de hacer tomar las armas y ampararse en el Castillo en el ardor del ataque que diesesn los aliados, mas se presume fuese descubierto, pues la noche anterior al d\u00eda del ataque los subieron al Castillo a los prisioneros). Podr\u00e1n declarar esta verdad los oficiales y prisioneros ingleses y portugueses (e). (Los mismos aliados prisioneros intercedieron y defendieron a varios de los habitantes que los tra\u00edan a mal andar, los otros aliados que entraron por asalto).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber rechazado a Soult, reforzaron las bater\u00edas del Arenal de San Francisco y San Bartolom\u00e9, aumentaron otras y tambi\u00e9n en Ul\u00eda, Santa Catalina y Santa Clara hicieron varios caminos cubiertos desde Amara y Misericordia hasta muy cerca de los fosos a medio tiro de pistola, por la parte de hacia San Mart\u00edn y hasta la Zurriola por la de Santa Catalina. Conten\u00edan todas la bater\u00edas cerca de 80 ca\u00f1ones de grueso calibre incluso 3 \u00f3 4 morteros y otros tantos obuses, con los que batieron la muralla principal y cubo para hacer perder sus fuegos como lo consiguieron en la mayor parte; por la parte de Ul\u00eda y arenales bat\u00edan las murallas de la Zurriola, basti\u00f3n de hacia el juego de pelota, mirador y Castillo, donde consegu\u00edan de vez en cuando prender algunos repuestos de p\u00f3lvora y tambi\u00e9n una casita de p\u00f3lvora, desmoronaron pues la muralla de hacia la Zurriola, incluso el basti\u00f3n de hacia el juego de pelota, mas no abrieron brecha en medio de tanta bala crecidad con que sacud\u00edan la muralla, causando bastante da\u00f1o en los edificioa de la calle San Juan, Atocha, Lorencio, Vildosola y a\u00fan la Zurriola hast la casa de Izquierdo exclusive, que existe tras la sacrist\u00eda de San Vicente, de modo que hasta el segundo asalto, que fue el d\u00eda 31 de agosto, se contaban por aquella parte 63 casas quemadas y destru\u00eddas las m\u00e1s de ellas por el fuego de las bater\u00edas de los aliados, pues algunas pocas la quemaron o destruyeron los franceses para poner en descubierto la Brecha y hacer paredones y otros embarazos de defensa como lo hicieron frente a ella para oponerse el d\u00eda del asalto.<\/p>\n<p>Leg\u00f3 por fin el d\u00eda 31 de agosto, d\u00eda deseado por los habitantes de San Sebasti\u00e1n, pero fatal y desgraciado por los horrores que experimentaron de parte de sus amigos y aliados (f) (Es de advertir que este d\u00eda 25 y el 31 de agosto fueron intimados, a son de caja y voz de preg\u00f3n, los habitantes para que se mantuvieran dentro de sus casas a puertas y ventanas cerradas. \u00bfY c\u00f3mo pudieron los habitantes ir a la Brecha contra los aliados, que con tanta ansia los deseaban ver dentro de la plaza como a sus redentores?). La plaza fue asaltada por la parte de Zurriola (figurado tambi\u00e9n un desembarco por detr\u00e1s del Castillo a cuyo fin en unas 60 \u00f3 70 lanchas vino la tropa inglesa, a tiro de ca\u00f1on de ella, con 3 ca\u00f1oneras y 2 bombarderas que contribuyeron por parte de la Zurriola con sus fuegos) a las 11 de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Los capituladores y vecinos notables que exist\u00edan en la plaza se hallaban congregados en las salas consistoriales para salir al encuentro de los aliados, despreciando el peligro de tanta bala, granada y bomba que cruzaba por las calles y casas de ella y todos sus habitantes dentro de las mismas estaban orando, cual Mois\u00e9s en el monte, por el feliz resultado de nuestras armas. (Desde las 11 hasta la 1 estuvo indecisa la suerte porque los aliados ten\u00edan que trepar mucho la muralla desmoronada y hallaban formidable resistencia en los franceses que defend\u00edan aquella parte, hasta que a \u00e9stos les prendi\u00f3 fuego el repuesto de granadas que ten\u00edan en la muralla y acab\u00f3 con muchos, en particular con los que ven\u00edan con repuestos de cartuchos y otros incendiarios y creyendo en aquel acaloramiento que ser\u00eda alguna mina que prend\u00eda se trstornaron y fugaron y dejaron expedita la entrada por aquella parte a los aliados quienes perdieron m\u00e1s de 2.000 hombres en la jarana.<\/p>\n<p>Un batall\u00f3n portugu\u00e9s mientras el fuego, pas\u00f3 toda la Zurriola en agua hasta medio cuerpo y penetr\u00f3 por la Brecha o abertura que ten\u00edan conseguida las bater\u00edas del arenal de San Francisco al par del callej\u00f3n de entre el convento de San Telmo y herrer\u00eda de Zornoza y entr\u00f3 en la plaza. Mientras el asalto jugaban todas las bater\u00edas con bala, metralla, bombas y granadas, como tambi\u00e9n desde la Zurriola las tres ca\u00f1oneras y dos bombarderas).<\/p>\n<p>No bien sintieron tiros dentro de las calles, ven correr a los franceses y que en su seguimiento entraban los ingleses y portugueses y aunque los m\u00e1s prudentes se mantuvieron dentro de sus casas, cerradas las ventanas, la mayor parte de los habitantes no pudieron contener la efusi\u00f3n de sus coraz\u00f3n se asomaron a balcones y ventanas, unos gritando a los aliados para que avanzasen con toda seguridad, pues que se hab\u00edan hu\u00eddo los franceses hacia el Castillo (g) (porque los franceses en todas las bocacalles ten\u00edan trincheras y zanjas y en el cementerio de Santa Mar\u00eda colocados dos ca\u00f1ones, uno hacia la calle Mayor y otro a la de Trinidad con los que hicieron poca resistencia y tem\u00edan sin duda los aliados encontrar alguna m\u00e1s resistencia en las calles y cada vez que llegaban a las esquinas acechaban y los animaban los habitantes con la ya dicha noticia), otros con pa\u00f1uelos que tremolaban y voces desconcertadas que daban de gozo, vitoreando a los aliados.<\/p>\n<p>Mas \u00e9stos olvid\u00e1ndose de perseguir a los franceses, de la disciplina militar y de que ven\u00edan en clase de amigos y aliados, conviertieron las armas contra los generosos habitantes y fueron muchos de ellos v\u00edctimas de aquella gozosa demostraci\u00f3n, tales fueron el anciano y respetable presv\u00edtero y beneficiado jubilado D. Domingo Goicoechea y otras much\u00edsimas personas de ambos sexos.<\/p>\n<p>Al instante que penetraron en la plaza y antes de desocuparla los franceses, empezaron los aliados a forzar puertas y saquear las casas como lo verificaron y a sacar luego lo mejor que encontraban fuera de las puertas, hacia los caser\u00edos y convento del Antiguo.<\/p>\n<p>Luego que se present\u00f3 una columna de los aliados en la plaza Nueva, bajaron a la Sala Consistorial los alcaldes, abrazaron al comandante y le ofrecieron cuantos auxilios estaban en sus manos. Preguntaron por el general y pasaron inmediatamente para la Brecha por entre cad\u00e1veres, pero antes de llegar a la Brecha y averiguar d\u00f3nde se hallaba el general, fue insultado y amenazado con sable por el capit\u00e1n ingl\u00e9s de la guardia de la puerta de Tierra uno de los alcaldes, quienes luego fueron bien recibidos por el general que estaba en la Brecha y les dio una guardia respetable para la Casa Consistorial, pero al mismo tiempo -como se ha dicho- se entreg\u00f3 la tropa al saqueo y a los mayores horrores y atrocidades.<\/p>\n<p>Al caer la noche, cuando se crey\u00f3 que por hallarse el enemigo a\u00fan al pie del castillo en el extremo de la ciudad, se contendr\u00eda al soldado por su propia seguridad y por no perder el fruto del asalto (h) (tengo o\u00eddo a los que existieron dentro de la plaza que el jefe del estado mayor franc\u00e9s en vista del desorden de los ingleses, quiso bajar del Castillo a castigarles con 1.000 hombres y que hubiera recuperado la plaza a no haberle embarazado el general Rey y otros jefes, pretextando hallarse demasiado fatigada la tropa francesa. Si se hubiera verificado la idea de aquel jefe \u00bfen qu\u00e9 palestra se hubieran visto los habitantes de San Sebast\u00e1n?).<\/p>\n<p>Se not\u00f3 que se aumentaba espantosamente el desorden; horrorizaban los ayes y alaridos de las mujeres y ni\u00f1as de tierna edad que eran violadas; las mujeres eran forzadas delante de sus maridos y las hijas a los ojos de sus padres; no hubo persona que no fuese maltratada o muerta, sin que nadie pueda dar raz\u00f3n cu\u00e1ntos y qui\u00e9nes fueron los que experimentaron esta \u00faltima suerte, porque se encontraron familias enteras muertas dentro de sus propias casas, otras ya en los tr\u00e1nsitos o puertas de casa, otras en las calles, las enfermas o imposibilitadas o heridas perecieron por falta de auxilio en los incendios de las casas (i).<\/p>\n<p>(En una posada de Hernani me cont\u00f3 su patr\u00f3n que un brigadero (sic) portugu\u00e9s joven entr\u00f3 el d\u00eda 1\u00ba de septiembre en una casa de la ciudad y encontr\u00f3 dentro conco mujeres muertas y en medio de ellas una criatura viva, que compadecido agarr\u00f3 a la criatura, la envolvi\u00f3 en un trapo y la sac\u00f3 fuera de la ciudad, entregando a una mujer que le encontr\u00f3 y que despu\u00e9s de vuelto a la ciudad se encontr\u00f3 con una mujer vieja imposibilitada y la sac\u00f3 fuera al hombro).<\/p>\n<p>Se vieron por las calles muchos vecinos en cueros y en camisa, despojados de sus vestidos huyendo de la muerte que les quer\u00edan dar los soldados, porque \u00e9stos en tropel entraban en las casas y les intimidaban diciendo: dinero o te mato.Daban a ellos lo que ten\u00edan entre manos o les quitaban por fuerza dinero, relojes, hebillas, pendientes y colgajos de cuello con violencia hasta romper la parte baja de las orejas de donde les colgaban y otras alhajas y ropa que encontraban.<\/p>\n<p>Sal\u00edan unos soldados y volv\u00edan a hacer igual operaci\u00f3n y tornaban otros y otros, de modo que por no tener para todos experimentaban todas las vejaciones ya dichas, teni\u00e9ndose por feliz el que escapaba con vida de sus manos. Muchas personas y especialmente mujeres de todas clases, salvaron sus vidas meti\u00e9ndose en los comunes y dem\u00e1s escondrijos de las casas, otros huyendo a los tejados en donde pasaron la noche que hac\u00edan m\u00e1s horrorosa los continuos espesos aguaceros que cayeron desde el anochecer y el l\u00fagubre resplandor de las llamas a que fue entragada la ciudad por varias partes, dando principio por la casa de la viuda de Soto, que era una de las cuatro esquinas de la calle Mayor.<\/p>\n<p>No se o\u00edan aquella noche m\u00e1s que lamentos, gritos y tiros de fusil que disparaban los soldados dentro de las casas a los infelices habitantes (y). (A una mujer viudad que auxiliaba a morir (y muri\u00f3) a su madre, a resultas de las heridas que le dieron, por salir a defender aq aquella su hija, experiment\u00f3 sobre la misma madre difunta su violaci\u00f3n, a otras despu\u00e9s de violarlas las mataron. A otra se le vi\u00f3 muerta en cueros y amarrada a una barrica a las cuatro esquinas del arco de San Jer\u00f3nimo atravesada uan bayoneta por la matadura, cuyos tristes alaridos antes de expirar estremec\u00edan hasta el cielo, ya este tenor otras mil maldades).<\/p>\n<p>Amaneci\u00f3 el d\u00eda 1\u00ba de septiembre y a\u00fan segu\u00edan los horrores y el incendio, de modo que despavoridos los habitantes se presentaron al general y alcaldes para que les permitiesen su salida, salieron pues cuantos pudieron de la ciudad y presentaba la vsita de ellos el espect\u00e1culo m\u00e1s triste y espantoso; all\u00ed se ve\u00edan personas acaudaladas, se\u00f1oritas delicadas medio desnudas, otras en camisa y muchas heridas. Uno de los alcaldes pidi\u00f3 al general auxilio para cortar el fuego y habi\u00e9ndole dado una partida de portugueses se excusaron a trabajar a pretexto de no tener \u00fatiles y herramientas. Al anochecer se hizo otra tentativa al mismo efecto, lo mismo al siguiente dia 2 por la ma\u00f1ana en que una partida de portugueses trabaj\u00f3 tambi\u00e9n en apagar el incendio algunas horas, pero la abandonaron a cosa de las 9 de la ma\u00f1ana. Desde entonces no se cuid\u00f3 el incendio, que fue en aumento sin que disparasen un tiro los franceses del Castillo. El saqueo sigui\u00f3 no s\u00f3lo por las tropas que entraron por asalto, sino por otras muchas que sin fusiles bajaron de los campamentos inmediatos desde Astigarraga, que dista una legua y a\u00fan por los empleados en las brigadas que ven\u00edan con sus mulas a cargarlas de efectos (j).<\/p>\n<p>(Hay quienes vieron repartir lo robado en la caser\u00eda de Ayete donde estaba alojado el general Grahan y tambi\u00e9n en otras casas de dentro y fuera de la ciudad dar sus partijas (sic, por particiones?) de dinero y a escoger las mejores alhajas y efectos a los oficiales por sus sirvientes y criados.<\/p>\n<p>A\u00fan las tripulaciones de los transportes ingleses surtos en el puerto de Pasajes entraron a saquear y dur\u00f3 el saqueo haste que hubo efectos que robar, que fue el 7 de septiembre, de modo que dur\u00f3 7 y 1\/2 d\u00edas. Los vecinos que quer\u00edan entrar a sacar algunos efectos lograron muy pocos y con grandes recomendaciones el poder entrar en la plaza ya al tiempo de sacar algunos, parte de sus efectos eran robados en las inmediaciones por ingleses y portugueses y estos mismos insultos experimentaban los habitantes emigrados que se acercaban al camino real de San Bartolom\u00e9 a ver y socorre (a) sus deudos o amigos que sal\u00edan de la plaza y tambi\u00e9n los mismos compradores de efectos saqueados, pues andaban a bandadas los soldados robando, sin que hubiese una patrulla que los contuviese.<\/p>\n<p>(Sigue)<\/p>\n<p>Historia de San Sebastian. Miguel Artola.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/books.google.es\/books?id=3FpqJXJQRsoC&amp;printsec=frontcover#v=onepage&amp;q&amp;f=false\">http:\/\/books.google.es\/books?id=3FpqJXJQRsoC&amp;printsec=frontcover#v=onepage&amp;q&amp;f=false<\/a><\/p>\n<p><strong>2\u00ba MANIFIESTO QUE EL AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL, CABILDO ECLESIASTICO, ILUSTRE CONSULADO Y VECINOS DE LA CIUDAD DE SAN SEBASTIAN, PRESENTARON A LA NACION, SOBRE LA CONDUCTA DE LAS TROPAS BRITANICAS Y PORTUGUESAS EN DICHA PLAZA, EL 31 DE AGOSTO DE 1813 Y DIAS. SIGUIENTES.<\/strong><\/p>\n<p>La ciudad de San Sebasti\u00e1n ha sido abrasada por las tropas aijadas que la sitiaron, despues de haber sufrido sus habitantes un saqueo horroroso y el tratamiento m\u00e1s atroz de que hay memoria en la Europa civilizada. He aqui la relaci\u00f3n sencilla y fiel de este espantoso suceso:<br \/> Despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de opresi\u00f3n y de calamidades, los desgraciados habitantes de esta infeliz ciudad, aguardaban ansiosos el momento de su libertad y bienestar, que lo creyeron tan pr\u00f3ximo como seguro, cuando en 28 de Junio \u00faltimo vieron con inexplicable j\u00fabilo aparecer en el alto de San Bartolom\u00e9 los tres batallones de Guip\u00fazcoa al mando del coronel D. Juan Jos\u00e9 de Ugartemend\u00eda. Aquel dia y el siguiente salieron apresurados muchos vecinos; ya con el anhelo de abrazar a sus libertadores, ya tambi\u00e9n para huir de los peligros a que les exponia un sitio, que hacian inevitables las disposiciones de defensa que vieron tomar a los franceses, quienes empezaron a quemar los barrios extramurales de Santa Catalina y San Mart\u00edn. Aunque el encendido patriotismo de los habitantes de la ciudad les persuad\u00eda, que en breves d\u00edas ser\u00edan due\u00f1os de ella los aliados, sin embargo iban a dejarla casi desierta; pero el general franc\u00e9s Rey, que la mandaba, les prohibi\u00f3 la salida, y la mayor parte del vecindario con todos sus muebles y efectos (que tampoco se les permitieron sacar) hubo de quedar encerrado.<br \/> Los d\u00edas de aflicci\u00f3n y llanto que pasaron estas \u00ednfel\u00edces familias desde que el bloqueo de la plaza se convirti\u00f3 en asedio con la aproximac\u00ed\u00f3n de las tropas inglesas y portuguesas que al mando del teniente general Sir Thomas Oraham relevaron a las espa\u00f1olas, no es necesario explicarlos. Solo pudieron hallar algunas treguas a su dolor en procurar auxilios a los prisioneros ingleses y portugueses. La ciudad los socorri\u00f3 al instante con vino, chocolate, camisas, camas y otros efectos. Los heridos fueron colocados en la parroquia de San Vicente y socorridos por su p\u00e1rroco.<br \/> Era entre tanto mayor el c\u00famulo de males, pues desde el 23 de julio hasta el 29 se quemaron y destruyeron por las bater\u00edas de los aliados 63 casas en el barrio cercano a la brecha; pero este fuego se cort\u00f3 y extingui\u00f3 enteramente el 27 de julio por las activas disposiciones del ayuntamiento, y no hubo despu\u00e9s fuego alguno en el cuerpo de la ciudad hasta la tardeada del 31 de Agosto, despu\u00e9s que entraron los aliados.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 por fin dicho d\u00eda 31, d\u00eda que se crey\u00f3 deb\u00eda ponerles t\u00e9rmino, y por lo tanto deseado como el de su salvaci\u00f3n por los habitantes de San Sebasti\u00e1n.<br \/> Se arrecia el tiroteo; se ven correr los enemigos azorados \u00e1 la brecha: todo indica un asalto; por cuyo feliz resultado se dirig\u00edan al Alt\u00edsimo las m\u00e1s fervorosas oraciones. Son escuchados estos ruegos; vencen las armas aliadas, y ya se sienten los tiros dentro de las mismas calles.<br \/> Huyen los franceses despavoridos arrojados de la brecha sin hacer casi resistencia en las calles; corren al castillo en el mayor desorden, y triunfa la buena causa, siendo due\u00f1os los aliados de toda la ciudad a las dos y media de la tarde.<br \/> El patriotismo de los leales habitantes de San Sebasti\u00e1n, comprimido largo tiempo por la severidad enemiga, prorrumpe en vivas, vitores y voces de alegr\u00eda y no sabe contenerse.<br \/> Los pa\u00f1uelos que se tremolaban en ventanas y balcones, al propio tiempo que se asomaban las gentes a solenmizar el triunfo eran claras muestras del afecto con que se recib\u00eda a los aliados: pero insensibles estos a tan tiernas y decididas demostraciones corresponden con fusilazos a las mismas ventanas y balcones de donde les gritaban, y en que perecieron muchos, victimas de su amor a la patria. \u00a1Terrible presagio de lo que iba a suceder!<br \/> Desde las 11 de la ma\u00f1ana, a cuya hora se di\u00f3 el asalto, se hallaban congregados en la sala Consistorial los capitulares y vecinos mas distinguidos con el intento de salir al encuentro de los aliados. Apenas se present\u00f3 una columna suya en la plaza nueva, cuando bajaron apresurados los alcaldes, abrazaron al comandante, y le ofrecieron cuantos auxilios se hallaban a su disposici\u00f3n.<br \/> Preguntaron por el general, y fueron inmediatamente a buscarle a la brecha caminando por medio de cad\u00e1veres; pero antes de llegar a ella y averiguar en donde se hallaba el general, fu\u00e9 insultado y amenazado con el sable por el capit\u00e1n ingl\u00e9s de la guardia de la puerta, uno de los alcaldes.<br \/> En fin, pasaron ambos a la brecha y encontraron en ella al mayor General Hay, por quien fueron bien recibidos, y aun les di\u00f3 una guardia respetable para la casa consistorial, de lo que quedaron muy reconocidos.<br \/> Pero poco aprovech\u00f3 esto; pues no impidi\u00f3 que la tropa se entregase al saqueo mas completo y a las mas horrorosas atrocidades, al propio tiempo que se vi\u00f3 no solo dar cuartel, sino tambi\u00e9n recibir con demostraciones de benevolencia a los franceses cogidos con las armas en la mano.<br \/> Ya los dem\u00e1s se hab\u00edan retirado al castillo, contiguo a la ciudad; ya no se trataba de perseguirlos ni de hacerles fuego: y ya los infelices habitantes fueron el objeto exclusivo delfuror del soldado.<\/p>\n<p>Queda antes indicada la barbarie de corresponder con fusilazos a los victores, ya este preludio fueron consiguientes otros muchos actos de horror, cuya sola memoria extremece.<br \/> \u00a1Oh d\u00eda desventurado! \u00a1Oh noche cruel en todo semejante a aquella en que Troya fu\u00e9 abrasada! Se descuidaron hasta las precauciones que al parecer exig\u00edan la prudencia y arte militar en una plaza a cuya extremidad se hallaban los enemigos al pi\u00e9 del castillo, para entregarse a excesos inauditos, que repugna describirlos a pluma.<\/p>\n<p>El saqueo, el asesinato, la violaci\u00f3n, llegaron a un t\u00e9rmino increible, y el fuego que por primera vez se descubri\u00f3 hacia el anochecer, horas despues que los franceses s\u00e9 hab\u00edan retirado al castillo, vino a poner el complemento a estas escenas de horror. Resonaban por todas partes los ayes lastimosos, los penetrantes alaridos de mujeres de todas edades que eran violadas sin exceptuar ni la tierna ni\u00f1ez, ni la respetable ancianidad.<br \/> Las esposas eran forzadas a la vista de sus afligidos maridos, las hijas a los ojos de sus desgraciados padres y madres; hubo algunas que se pod\u00edan creer libres de este insulto por su edad, y que sin embargo fueron el ludibrio del desenfreno de los soldados.<br \/> Una desgraciada joven ve a su madre muerta violentamente y sobre aquel amado cad\u00e1ver sufre \u00a1increible exceso! los l\u00fabricos insultos de una vestida fiera en figura humana.<br \/> Otra desgraciada muchacha cuyos lastimosos gritos se sintieron hacia la madrugada del 1\u00b0 de Septiembre en la esquina de la calle de San Geronimo, fu\u00e9 vista cuando ray\u00f3 el d\u00eda rodeada de soldados, muerta; atada a una barrica, enteramente desnuda, ensangrentada y\u2026 (suprimimos el resto del relato por respeto a nuestros lectores).<\/p>\n<p>En fin, nada de cuanto la imaginaci\u00f3n pueda sugerir de m\u00e1s horrendo, dej\u00f3 de practicarse. Corramos el velo a este lamentable cuadro, pero se nos presenta otro no menos espantoso.<br \/> Veremos urna porci\u00f3n de ciudadanos no solo inocentes, sino aun benem\u00e9ritos, muertos violentamente por aquellas mismas manos que no solo perdonaron, sino que abrazaron a los comunes enemigos cogidos con las armas en las suyas.<br \/> Don Domingo de Goicoechea, eclesi\u00e1stico anciano y respetable, D. Javier de Artola, D. Jos\u00e9 Miguel de Mayora, y otras muchas personas que por evitar prolijidad no se nombran, fueron asesinadas. El infeliz Jos\u00e9 de Larra\u00f1aga, que despues de haber sido robado quena salvar su vida y la de su hijo de tierna edad que llevaba en sus brazos, fu\u00e9 muerto teniendo en ellos a este ni\u00f1o infeliz; y a resultas de los golpes, heridas y sustos mueren diariamente infinidad de personas, y entre ellas el presbitero beneficiado D. Jos\u00e9 de Mayora, D. Jos\u00e9 Ignacio de Aspide y D. felipe Ventuta de Moro. Si dirigimos nuestras miradas a las personas que han sobrevivido a sus heridas, o que las han tenido leves, se presentar\u00e1 a nuestros ojos un grandisimo n\u00famero de ellas.<br \/> Tales son el tesorero de la ciudad D. Pedro Ignacio de Ola\u00f1eta, don Pedro Jos\u00e9 de Beldarrain, D. Oabriel de Bigas, D. Angel Llanos y otros muchos.<br \/> A los que no fueron muertos ni heridos no les falt\u00f3 que padecer de mil maneras. Sujetos hubo, y entre ellos eclesi\u00e1sticos respetables, que fueron despojados de toda la ropa que ten\u00edan puesta, sin excepci\u00f3n ni siquiera de la camisa.<\/p>\n<p>En aquella noche de horror se veian correr\u2019despavoridos por las calles muchos habitantes huyendo de la muerte con que les amenazaban los soldados. Desnudos enteramente unos, con sola la camisa otros, ofrecian el espect\u00e1culo m\u00e1s misero y hacian tener por feliz la suerte de algunas personas (sobre todo del sexo femenino) que ya subi\u00e9ndose a los tejados o ya encenag\u00e1ndose en las cloacas hallaban un moment\u00e1neo asilo, \u00bfCu\u00e1l podria ser este, cuando unos continuos y copiosos aguaceros vinieron a aumentar las desdichas de estas gentes, y cuando ardi\u00f3 la ciudad, habi\u00e9ndola pegado fuego los aliados por la casa de Soto en la calle Mayor, casi en el centro de la poblaci\u00f3n en un parage en que ya no podia conducir a ning\u00fan suceso militar?<br \/> \u00bfCu\u00e1ntas otras casas fueron incendiadas igualmente por los mismos?<\/p>\n<p>Solo este complemento de desdichas y de sastres faltaba a los habitantes de San Sebasti\u00e1n, que ya saqueados, privados aun de la ropa puesta, los que menos maltratados, otros mal heridos y algunos muertos, se creia haber apurado el c\u00e1liz de los tormentos.<br \/> En esta noche infernal, en que a la obscuridad protectora de los cr\u00edmenes, a los aguaceros que el cielo descargaba y al l\u00fagubre resplandor de las llamas, se a\u00f1ad\u00eda cuanto los hombres en su perversidad puedan imaginar de m\u00e1s diab\u00f3lico, se oian tiros dentro de las mismas casas, haciendo unas funestas interrupciones a los lamentos que por todas partes llenaban el aire.<\/p>\n<p>Vino la aurora del primero de Septiembre a iluminar esta funesta escena, y los habitantes, aunque aterrados y semivivos, pudieron presentarse al general y alcaldes suplicando les permitiese la salida.<br \/> Lograda esta licencia huyeron casi cuantos se hallaban en disposici\u00f3n; pero en tal abatimiento y en tan extra\u00f1as figuras, que arrancaron l\u00e1grimas de compasi\u00f3n de cuantos vieron tan triste espect\u00e1culo.<br \/> Personas acaudaladas que hab\u00edan perdido todos sus haberes, no pudieron salvar ni sus calzones; se\u00f1oritas delicadas, medio desnudas, o en camisa o heridas y maltrechas; en fin, gentes de todas clases que experimentaron cuantos males son imaginables, sal\u00edan de esta infel\u00edz ciudad que estaba ardiendo, sin que los carpinteros que se empe\u00f1aron en apagar el fuego de algunas casas, pudiesen lograr su intento; pues en lugar de ser escoltados como se mand\u00f3 a instancias de los alcaldes, fueron maltratados, obligados a ense\u00f1ar casas en que robar, y forzados a huir.<br \/> Entre tanto se iba propagando el incendio y aunque los franceses no disparaban al cuerpo de la plaza ni un solo tiro desde el castillo, no se cuid\u00f3 de atajarlo, antes bien se notaron en los soldados muestras de placer y alegr\u00eda, pues hubo quienes despues de haber incendiado a las tres de la madrugada del 1\u00b0 de Septiembre una casa de la calle Mayor, bailaron a la luz de las llamas.<\/p>\n<p>Mientras la ciudad ardia por varias partes, todas aquellas casas a que no llegaban las llamas, sufr\u00edan un saqueo total.<br \/> No solo saqueaban las tropas que entraron por asalto, no solo las que sin fusiles vinieron del campamento de Astigarraga, distante una legua, sino que los empleados en las brigadas acud\u00edan con sus mulos a cargarlos de efectos, y aun tripulaciones de transportes ingleses, surtos en el puerto de Pasajes, tuv\u00ederon parte en la rapi\u00f1a, durando este desorden varios d\u00edas despues del asalto, sin que se hubiese visto ninguna providencia para impedirlo, ni para contener a los soldados, que con la mayor impiedad, inhumanidad y barbarie robaban o despojaban fuera de la plaza hasta de sus vestiduras a los ha bitantes que huian despavoridos de ella; lo que al parecer comprueba que estos excesos los autorizaban los jefes, siendo tambi\u00e9n de notarse que los efectos robados o saqueados dentro de la ciudad y a las avanzadas, se vendian poni\u00e9ndolos de manifiesto al p\u00fablico a la vista e inmediaciones del mismo cuartel general del ej\u00e9rcito sitiador por ingleses y portugueses.<br \/> Uno de esta \u00faltima naci\u00f3n traia de venta el cop\u00f3n de la parroquia de San Vicente que encerraba muchas fortunas consagradas, sin que se sepa que paradero tuvo su precios\u00edsimo contenido.<br \/> La plata del servicio de la parroquia de Santa Mar\u00eda, que se hallaba guardada en un parage secreto de la b\u00f3veda de la misma, fu\u00e9 vendida por los portugueses despues de la rendici\u00f3n del castillo.<br \/> Cuando se crey\u00f3 concluida la expoliaci\u00f3n, pareci\u00f3 demasiado lento el progreso de las llamas, y adem\u00e1s de los medios ordinarios para pegar fuego que antes practicaron los aliados, hicieron uso de unos mixtos que se habian visto preparar en la calle de Narrica en unas cazuelas y calderas grandes, desde las cuales se vaciaban en unos cartuchos largos.<br \/> De estos se valian para incendiar las casas con una prontitud asombrosa, y se propagaba el fuego con una explosi\u00f3n instant\u00e1nea. Al ver estos destructores artificios, al experimentar in\u00fatiles todos los esfuerzos hechos para salvar las casas (despues de perdidos todos los muebles, efectos y alhajas), varias personas que habian permanecido en la ciudad con dicho objeto, tuvieron que abandonarla, mirando con dolor la extraordinaria rapidez con que las llamas devoraban tantos y tan hermosos edificios.<br \/> De este modo ha perecido la ciudad de San Sebasti\u00e1n. De 600 y mas casas que contaba dentro de sus murallas, solo existen 36, con la particularidad de que casi todas las que se han salvado est\u00e1n contiguas al castillo que ocupaban los enem\u00edgos, habi\u00e9ndose retirado a \u00e9l todos mucho antes que principiase el incendio.<br \/> Tampoco se comunic\u00f3 \u00e9ste a las dos parroquias, pues que servian de hospitales y cuarteles a los conquistadores, teniendo igual destino y el de alojamientos la hilera de casas preservadas seg\u00fan se ha expresado en la calle de la Trinidad al pi\u00e9 del Castillo. Todo lo dem\u00e1s ha sido devorado por las llamas. Las mas de las casas que compon\u00edan esta desdichada ciudad, eran de tres y cuatro altos pisos, muchas suntuos\u00edsimas y cas\u00ed todas muy costosas.<br \/> La consistorial era magn\u00edfica, lind\u00edsima la Plaza nueva, y ahora causa horror su vista. No menos lastimoso espect\u00e1culo presenta el resto de la ciudad. Ruinas, escombros, balcones que cuelgan, piedras que se desencajan, paredes al desplomarse, he aqu\u00ed lo que resta de una plaza de comercio que vivificaba a todo el pais comarcano, de una poblaci\u00f3n agradable que atraia a los forasteros.<br \/> El saqueo y los dem\u00e1s excesos r\u00e1pidamente mencionados, aunque tan horrorosos, no hubieran llevado al colmo la desesperaci\u00f3n, si el incendio no hubiera completado los males, dejando a mas de 1.500 familias sin asilo, sin subsistencia, y arrastrando una vida tan miserable que casi fuera preferible la muerte.<br \/> Los artesanos se ven sin pan, los comerciantes arruinados, los propietarios perdidos. Todo se rob\u00f3 o se quem\u00f3, todo pereci\u00f3 para ellos. Efectos, alhajas, muebles, mercaderias, almacenes riquisimos, tiendas bien surtidas fueron presa o de una rapacidad insaciable o de la violencia de las llamas.<br \/> En fin, nada se ha salvado, pues aun los edificios se han destruido. San Seb\u00e1sti\u00e1n, tan conocida por sus relaciones comerciales en ambos hemisferios, San Sebasti\u00e1n, que era el alma de esta provincia, ya no existe. Excede de 100 millones de reales el valor de las p\u00e9rdidas que han sufrido sus habitantes, y este golpe funesto se har\u00e1 sentir en toda la monarquia espa\u00f1ola e influir\u00e1 en el comercio con otros paises.<\/p>\n<p>Mas no es esto todo. No solo se han perdido todas las existencias sino que padecer\u00e1n a\u00fan los tristes residuos de las fortunas de los comerciantes y propietarios con la quema de sus papeles y documentos.<br \/> Todos los registros p\u00fablicos, escrituras y documentos que encerraban las diez numeiras de la ciudad, los que se custodiaban en su antiguo y precioso archivo y el del ilustre Consulado, cuantos contenian los de los particulares, los libros y papeles de los Comerciantes los libros parroqu!ales, todo, todo se ha reducido a cenizas; y \u00bfqui\u00e9n, puede calcular las consecuencias funestas que puede producir una cosa as\u00ed.<br \/> \u00a1Victimas inocentes dignas de suerte menos lastimosa! \u00a1V\u00edctimas antes de la tiran\u00eda francesa y ahora de una rapacidad sin par! \u00a1Rapacidad que no contenta con la expoliaci\u00f3n total que se ha indicado, revolvia los escombros todavia calientes, para ver si algo encontraba entre ellos! \u00a1Rapacidad que no ha perdonado a efectos desenterrados, y que a los 24 d\u00edas despues del asalto se ejerc\u00eda en materias poco aprec\u00edables!<br \/> Infelic\u00edsima ciudad, lustre y honor de la Guip\u00fazcoa, madre fecunda de hitos esclarecidos en las armas y en las letras, que has producido tantos defensores, que has hecho tantos servicios a la patria \u00bfPod\u00edas esperar tan cruel y espantosa destrucci\u00f3n en el momento mismo en el que creiste ver asegurada tu dicha y prosperidad?<\/p>\n<p>\u00bfEn este instante que con increible constancia y con extraordinaria fidelidad lo miraste siempre como t\u00e9rmino de tus males, y de cuya llegada nunca dudaste a pesar de tu situaci\u00f3n geogr\u00e1fica y a pesar tambi\u00e9n de todas las tramas de nuestros implacables enemigos? \u00bfTu que distes muestras p\u00fablicas, nada equ\u00edvocas y sin duda imprudentes de tu exaltado amor a tu rey y de tu alto desprec\u00edo al intruso, cuando en 8 de Julio de 1808 pase\u00f3 \u00e9ste sus calles y se aposent\u00f3 en tu recinto: muestras tales que obligaron al sufrido Jos\u00e9 a manifestar a uno de los alcaldes la sorpresa que le hab\u00eda c\u00e1usado, pudiste pensar que al cabo de cinco a\u00f1os de opresi\u00f3n, vejaciones y penas, ser\u00edas destruida por aquellas mismas manos que esperabas rompiesen tus cadenas?<\/p>\n<p>Cuan pesadas hayan sido estas no hay que ponderarlo, cuando con aquellas primeras demostraciones diste a los franceses pretexto para agravarlas m\u00e1s y m\u00e1s y cuando con tu constante adhesi\u00f3n a la justisima causa nacional manifestada a pesar de las bayonetas que te oprim\u00edan, ocasionaste que fuesen castigados con contribuciones extraordinarias, con prisiones y deportaciones a Francia muchos de tus vecinos. \u00bfY pod\u00edas esperar que el premio de tan acrisolada fidelidad ser\u00eda tu destrucci\u00f3n?<\/p>\n<p>Pero ni esto ha bastado para entibiar en lo mas minimo tu entusiasmo. Entre esas humeantes ruinas, sobre esos escombros has proclamado con j\u00fabilo, has jurado con ansia la inestimable Constituci\u00f3n politica de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola, concurriendo tus m\u00e1s principales vecinos, dispersos en var\u00edos pueblos a tan solenmes actos.<\/p>\n<p>\u00a1Espect\u00e1culo \u00fanico en el mundo, que suspendiendo el curso de las l\u00e1grimas amargas que arrancaba la vista de tantos lastimosos objetos, daba lugar en aquellos patri\u00f3ticos corazones a impresiones m\u00e1s halag\u00fce\u00f1as, haciendo formar en un obscuro porvenir esperanzas que sirven de lenitivo a sus males! Tus ciudadanos se unen m\u00e1s \u00edntimamente a la gran masa nacional, y se felic\u00edtan de haber sal\u00eddo de la opresi\u00f3n enemiga aunque sea de una manera tan dolorosa. Ellos en su pr\u00edmera representaci\u00f3n a los duques de Ciudad Rodrigo han dicho estas memorables palabras:<br \/> \u00abSi nuevos sacr\u00edficios fuesen posibles y necesarios no se vacilar\u00eda un momento en resignarse a ellos. Finalmente, si la combinaci\u00f3n de las operaciones mil\u00edtares, o la seguridad del territor\u00edo espa\u00f1ol lo exigiese, que renunci\u00e1semos por alg\u00fan tiempo o para siempre a la dulce esperanza de ver reedificada y restablecida nuestra ciudad, nuestra conformidad ser\u00eda un\u00e1nime; mayormente, si como es justo, nuestras p\u00e9rdidas fuesen soportadas a prorrata entre todos nuestros compatriotas de la pen\u00ednsula y Ultramar\u00bb.<br \/> Inclita naci\u00f3n espa\u00f1ola, a la que nos gloriamos de pertenecer, he aqui cuales han sido siempre y cuales son ahora nuestros sentimientos; y he aqu\u00ed tambi\u00e9n una relaci\u00f3n fiel de todas las ocurrencias de nuestra desgraciada ciudad.<br \/> CUANTAS ASEVERACIONES VAN ESTAMPADAS SON CONFORMES A LA MAS EXACTA VERDAD Y DE ELLAS RESPONDEMOS CON NUESTRAS CABEZAS TODOS LOS VECINOS DE SAN SEBASTI\u00c1N QUE ABAJO FIRMAMOS.<br \/> Enero 16 de mil ochocientos y catorce,<br \/> y vienen las firmas y nombres de un centenar de notables locales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Donostia 1813-2013 1\u00ba Manifiesto del ayuntamiento constitucional de Donostia 7 enero 1814 (firmas cortadas): 1.- Manifiesto (7-1-1814) que el ayuntamiento constitucional, cabildo eclesiastico, ilustre consulado y vecinos de la ciudad de San Sebasti\u00e1n presentan a la naci\u00f3n sobre la conducta de las tropas britanicas y portuguesas en dicha plaza el 31 de Agosto de 1813 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[79],"tags":[],"class_list":["post-25769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nabarmena"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Manifiesto de Donostia 7 enero 1814 - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Manifiesto 1814. 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