{"id":25708,"date":"2011-12-19T08:44:04","date_gmt":"2011-12-19T06:44:04","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-molesto-factor-humano\/"},"modified":"2011-12-19T08:44:04","modified_gmt":"2011-12-19T06:44:04","slug":"el-molesto-factor-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-molesto-factor-humano\/","title":{"rendered":"El molesto factor humano"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En la primavera pasada o\u00ed una conversaci\u00f3n en un\u00a0<em>pub<\/em> londinense que me ayud\u00f3 a comprender lo que est\u00e1 ocurriendo en la actualidad mucho m\u00e1s que las herm\u00e9ticas p\u00e1ginas econ\u00f3micas de los peri\u00f3dicos o los confusos discursos de tantos pol\u00edticos. Era un\u00a0<em>pub<\/em> situado en la City, a dos pasos del T\u00e1mesis, y la animada conversaci\u00f3n ten\u00eda como protagonistas a tres j\u00f3venes ejecutivos, de no m\u00e1s de 30 a\u00f1os, que consum\u00edan cervezas sentados en taburetes improvisadamente colocados en la acera, sin duda con el \u00e1nimo de gozar de la calidez inusual de la tarde.<\/p>\n<p>Como hablaban alto era f\u00e1cil escuchar lo que dec\u00edan con un tono desenfadado y alegre. Cuando yo prest\u00e9 atenci\u00f3n estaba languideciendo el tema de las mujeres, vinculado al inmediato fin de semana, y se introduc\u00eda la cuesti\u00f3n del f\u00fatbol, con dos seguidores del Chelsea y otro del Arsenal. En cualquier caso, los tres j\u00f3venes estaban m\u00e1s interesados por los negocios del f\u00fatbol que por el juego propiamente dicho, y el nombre de Rom\u00e1n Abram\u00f3vich, o el de un eventual comprador del Arsenal que no logr\u00e9 descifrar, eclipsaban a los de los futbolistas.<\/p>\n<p>Luego, sin abandonar el tono festivo, hablaron de cosas serias: del pasado y del presente, dado que el futuro parec\u00eda importarles m\u00e1s bien poco, al menos aquel d\u00eda. Era claro que los tres contertulios se consideraban aspirantes a due\u00f1os del mundo y, en consecuencia, trataban al mundo como si fuera el jard\u00edn de su casa, con libertad absoluta para arrancar o plantar \u00e1rboles donde les diera la gana. Era curioso estar al lado de estos propietarios del mundo, disfrutando, como ellos, de las cervezas y el c\u00e1lido atardecer.<\/p>\n<p>No se necesitaba mucha imaginaci\u00f3n para entender que el poder que se otorgaban aquellos hombres no era fruto ni de ej\u00e9rcitos ni de grandes empresas imperiales -algo indispensable para sus abuelos- sino de la audacia, un poco alocada, y de la especulaci\u00f3n. Ten\u00edan ideas muy claras y las expresaban con gran nitidez discursiva, lo que, con posterioridad, me facilit\u00f3 la reconstrucci\u00f3n de los argumentos que aquellos tres bebedores de cerveza se hab\u00edan comunicado, sin demasiadas disensiones y con una gran complicidad.<\/p>\n<p>Para decirlo brevemente mis compa\u00f1eros de\u00a0<em>pub<\/em> aspiraban a una existencia en la que la ley del m\u00e1s fuerte se pudiera desarrollar sin trabas. No obstante, todo se produc\u00eda pulcramente, civilizadamente. A diferencia de \u00e9pocas remotas en que era necesario saquear ciudades o masacrar comunidades enteras, en la nuestra, afortunadamente, no deb\u00eda realizarse un esfuerzo tan colosal. De hecho, en un momento determinado, uno de los tres bebedores se refiri\u00f3 displicentemente a su padre, que hab\u00eda heredado una gran empresa en Manchester y que hab\u00eda malgastado su vida tratando de conservarla y luego, en plena quiebra, pactando una y otra vez con aquellos obreros a los que, finalmente, debi\u00f3 despedir entre huelgas y malas maneras. Este desgraciado empresario de Manchester, y sus desgraciados trabajadores, eran, en definitiva, los ejemplos de lo que deb\u00eda evitarse a toda costa.<\/p>\n<p>En sentido contrario, seg\u00fan cre\u00ed comprender, el verdadero emprendedor de nuestros d\u00edas es aquel que concibe su negocio sin el lastre de tener una empresa y, ya no digamos, unos trabajadores que quieran contratos y derecho de huelga, y a los que se debe echar entre desagradables malos modos. El emprendedor actual es un ser et\u00e9reo y casi invisible que anhela la pureza absoluta del beneficio sin ataduras de ning\u00fan tipo: sin una empresa repleta de in\u00fatiles trabajadores, sin patria que reclame bondades nacionales, sin religi\u00f3n que apele a inservibles comuniones, sin moral que proclame trasnochados imperativos. A ese negociante que pasea sus \u00e1vidos ojos por el planeta le basta con manejar a su antojo el sism\u00f3grafo de los beneficios y de las p\u00e9rdidas. Ni siquiera debe pecar porque no debe darse por enterado de las consecuencias de sus acciones, sean estas el cierre de no s\u00e9 cu\u00e1ntas f\u00e1bricas o el desencadenamiento de no s\u00e9 cu\u00e1ntas guerras.<\/p>\n<p>De dar cr\u00e9dito a lo que o\u00ed en el\u00a0<em>pub<\/em> de la City, el emprendedor ideal de nuestra \u00e9poca es, casi, un habitante del mundo de las ideas plat\u00f3nico: encarna la idea del beneficio sin l\u00edmites, del utilitarismo sin concesiones, de la eficacia sin la coacci\u00f3n de una moral, y en especial de aquella rancia moral burguesa en la que los empresarios simulaban estar preocupados por el bien com\u00fan de las naciones y por el destino de sus trabajadores.<\/p>\n<p>Para aquellos tres alegres bebedores de cerveza, la crudeza, e incluso la g\u00e9lida belleza, del beneficio puro exclu\u00eda cualquier atenci\u00f3n al factor humano. No deber\u00eda negarse la posibilidad de que aquellos tres antiguos alumnos de una buena escuela de negocios hubieran coronado la fantas\u00eda de suponer que en el mundo de los grandes n\u00fameros los hombres hab\u00edan acabado siendo una sombra superflua.<\/p>\n<p>Todo eso podr\u00eda parecer exagerado, las palabras un poco ebrias de tres j\u00f3venes ejecutivos ambiciosos y sin demasiados miramientos, si no fuera porque la molestia que supone el factor humano parece anidar en la mayor\u00eda de las declaraciones a las que hemos asistido \u00faltimamente. Los hombres, con sus dolores y placeres, han desaparecido de la escena, y en su lugar han aparecido las cifras, acompa\u00f1adas por un lenguaje esot\u00e9rico, a menudo incomprensible para los propios que lo utilizan, que siempre tiene como objetivo justificar la sustituci\u00f3n de los seres humanos por los n\u00fameros. Los destinos individuales se desvanecen para dar paso a la eclosi\u00f3n de las magnitudes. Y naturalmente han surgido por todos lados profetas de las magnitudes, tipos que nos informan de lo que es eficiente y \u00fatil, y simult\u00e1neamente nos amenazan con el advenimiento de cat\u00e1strofes apocal\u00edpticas, causadas siempre, no por la codicia y la especulaci\u00f3n, sino por un abuso exagerado del factor humano por parte de individuos que cometieron el error de considerarse individuos en lugar de componentes de una cifra. Que los profetas de las magnitudes -o los catedr\u00e1ticos de Econom\u00eda- act\u00faen en esta direcci\u00f3n puede formar parte del espect\u00e1culo al que nuestra \u00e9poca es tan aficionada; m\u00e1s grave es que los denominados representantes del pueblo se hagan eco de sus profec\u00edas.<\/p>\n<p>Y eso es exactamente lo que sucede. No pasa d\u00eda sin que nuestros pol\u00edticos, de cualquier \u00e1mbito, fustiguen nuestros vicios mientras alaban las virtudes de la eficiencia universal que se encarnan en el todopoderoso y endiosado mercado. Tenemos que arrepentirnos porque estamos al borde del precipicio. Puede ser cierto. Pero los s\u00fabditos del mercado que de tanto en tanto aspiramos a ser ciudadanos a\u00fan esperamos una explicaci\u00f3n democr\u00e1tica de por qu\u00e9 somos o seremos precipitados al abismo.<\/p>\n<p>Es verdad que, como nos aseguran, somos culpables de haber querido vivir demasiado bien, sin que el mundo est\u00e9 hecho para esos lujos, pero quisi\u00e9ramos que se nos hablara asimismo de la inmensa codicia, corrupci\u00f3n y torpeza que nos ha llevado adonde estamos. Los que deber\u00edan hablar callan porque no est\u00e1n en condiciones de decir la verdad que les hundir\u00eda. En este sentido, prefiero a los tres alegres bebedores del\u00a0<em>pub<\/em> de Londres porque eran perfectamente sinceros a la hora de proclamar su falta de escr\u00fapulos.<\/p>\n<p>* El Pa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la primavera pasada o\u00ed una conversaci\u00f3n en un\u00a0pub londinense que me ayud\u00f3 a comprender lo que est\u00e1 ocurriendo en la actualidad mucho m\u00e1s que las herm\u00e9ticas p\u00e1ginas econ\u00f3micas de los peri\u00f3dicos o los confusos discursos de tantos pol\u00edticos. 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