{"id":25643,"date":"2011-11-28T09:24:42","date_gmt":"2011-11-28T07:24:42","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/"},"modified":"2011-11-28T09:24:42","modified_gmt":"2011-11-28T07:24:42","slug":"historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/","title":{"rendered":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><strong>Umberto Eco en \u201cDebolsillo\u201d<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Alojado en una Residencia de Madrid, a un andaluz retra\u00eddo, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, le llega por el patio una armoniosa a la par que estridente risa. R\u00ede en cascabeleo Zenobia Camprub\u00ed. Seg\u00fan una cr\u00f3nica impresa y fr\u00eda, al vate le irritan esas carcajadas porque le impiden concentrarse, trabajar, leer y dormir. Se queja.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tuve, empero, acceso directo a un testimonio m\u00e1s contempor\u00e1neo y novelesco del hecho, el cual afirma que el hipersensible y enamoradizo, quiz\u00e1s sediento de ternura Juan Ram\u00f3n, tanto que tuvo que alojarse durante un a\u00f1o en los sanatorios de Bouscat, Francia (manicomio, dir\u00eda con precisi\u00f3n Leopoldo M. Panero), m\u00e1s tarde en otro &#8216;pr\u00f3ximo a Madrid&#8217;, qued\u00f3 prendado, tras la ira refleja, del gorjeo oculto. Sin siquiera haber visto a la joven. Buenas vibraciones.<\/p>\n<p>Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El gran problema de la belleza que nos horripila es que no hay solo un alma gemela que se nos ofrezca mediante v\u00eda est\u00e9tica humana de lo humano, sino varias. Un libro curioso, \u00abNot silent, if dead&#8230;.\u00bb habita mis estantes. Es obra de un esp\u00edritu, un ectoplasma o &#8216;elemental&#8217; ; obra que, en los 1920 ingleses tan amigos de lo que llamaban ps\u00edquico, le fue comunicando el \u00e1nima a una m\u00e9dium que firma &#8216;Parma&#8217;. Describe el fantasma c\u00f3mo es su vida en el m\u00e1s all\u00e1 y nos consuela con lo antes indicado. Almas gemelas a manta. Limitadas, para mayor sosiego.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De la curiosidad<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el a\u00f1o que viene, dec\u00eda, o dentro de un mes, tenga que volver a escrutar y autocriticar lo aqu\u00ed dicho. Entre otras cosas, para desmentirme de algo incorrecto que en este texto aparezca y para rebuscar por mis circunstancias mutantes -como las suyas de usted si se asoma a sus p\u00e1ginas y, de seguro, se engancha- d\u00f3nde y cu\u00e1ndo he sido prejudicial y arbitrario. Toda asunci\u00f3n de lo bello y lo feo absoluto siempre ser\u00e1 caprichosa, il\u00f3gica, tornadiza. El cortejo parte de desentra\u00f1ar, y casi siempre, percibir, c\u00f3mo nos alcanza en la zona diafragm\u00e1tica, segundo cerebro, el de los placebos, esa hermosura que nos horripila.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ese escalofr\u00edo c\u00e1lido. Deber\u00edamos fijarnos, ante todo, en las dimensiones perfectas a fuer de armoniosas, en la contemplaci\u00f3n \u00e1urea o fibonacciana de las formas. Lo hermoso y lo feo, o el mestizaje de ambos, s\u00f3lo se introyecta a trav\u00e9s de un instinto poco aprovechado: la curiosidad. As\u00ed, Se pilla una revista &#8216;de-lo-que-se-lleva&#8217; y se oculta uno en lo reba\u00f1ego. La adolescencia lo ha hecho siempre, usted tambi\u00e9n, y por otros cauces de imitaci\u00f3n; que las canas no nos vuelvan hier\u00e1ticos. F\u00edjense, durante el inminente carnaval, eso s\u00ed, en la resistencia a ser Pierrot solitario, envuelto en m\u00e1scara de dise\u00f1o propio. Se prefiere, constaten, un uniforme com\u00fan, de pandilla, al uniforme para cada uno de otras d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>M\u00e1s que novelista-bestseller, Eco el semi\u00f3logo practica aqu\u00ed una rara, pero no extinta, aprehensi\u00f3n est\u00e9tica. Diferencia con cuidado extremo la comprensi\u00f3n de la explicaci\u00f3n del hecho a tratar. En todos los detalles de su discurso. Aquello que constituye un mecanismo mutuo transmisible puede reducirse al modelo en el sentido utilizado por quienes cultivan la F\u00edsica, qu\u00edmica o biol\u00f3gica. Incluso cu\u00e1ntica. O espectacular, vistosa m\u00e1s que viva: volvemos al &#8216;glamour&#8217; y a la pasarela. Porque no hay nada m\u00e1s alejado del hechizo que un desfile de perfecciones a alcanzar. Algo dimana de Misses y M\u00edsteres que los mecaniza como a \u00abLa Venus Mec\u00e1nica\u00bb de Samuel Ros. O a las amantes hinchables que fingen orgasmos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Duda especular<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Gozamos, f\u00edjense desde ya, de dos espejos. El uno, para maquillarse, untarse jalbegues diversos, lavarse la cara y manos o afeitarse, nos defrauda bajo la luz hoy recomendada, la fluorescente. Te trasladas a otro, de cornucopia, al que hiere la luz natural a 90\u00ba del anterior, y te ves (relativamente) m\u00e1s aceptable. La neblina en que se refleja nuestra figura en un tercer espejo, la ventanilla del metro, oculta esas arrugas faciales que tant\u00edsimo trabajo nos cost\u00f3 tatuarnos. Anoten que casi a diario escuchamos ese esl\u00f3gan tan F\u00e1ustico de \u00abantiedad\u00bb. Eco le dedica un cap\u00edtulo a lo f\u00e1ustico en la es\u00f3pica transtemporal. Lo del tatuaje y el p\u00edrsin, por asimilaci\u00f3n fr\u00edvola a la aventura, al hampa y a alg\u00fan cupl\u00e9, hay a quienes pone y a quienes no. No es aderezo, como el lunar, que realce o corrija la hermosura-fealdad. En franc\u00e9s, lunar es &#8216;grain de beaut\u00e9&#8217;. En cuanto a mirarnos, buscamos el \u00e1ngulo de eclipse en fl\u00fa que todo fot\u00f3grafo conoce y que, sin photoshop, desarrolla en distribuciones de sombras sobre los rasgos. Paraguas, focos e incluso una simple cuartilla. El problema de la Esfinge consiste en \u00bfqui\u00e9n de todas esas figuras especulares es Yo?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lo que debemos percibir divagando en sistema Peripato, y si no divagamos no hallaremos jam\u00e1s la ra\u00edz enjundiosa de ninguna obra maestra; lo que debemos intuir sumergidos en estos dos tomos, cerrados o abiertos, ni j\u00e1nicos ni ant\u00edpodas, es que gozamos de un cerebro externo o exteriorizado como apariencia, mejor dicho, aparici\u00f3n, que nos conecta a trav\u00e9s de seis sentidos, o m\u00e1s, con aquellos con quienes tratamos. Para bien o para mal. En cuanto a las esculturas vivas, es evidente que el Renacimiento regresa. Las leyendas de alcoba, la cinematograf\u00eda, los seriales, nos ofrecen esa obligatoriedad de los seis abdominales rectos, masculinos, de surfista o de asiduo al polideportivo. Los cl\u00e1sicos y los renacentistas, al disfrutar de aquellas anatom\u00edas exactas, tan distintas de sus propias carnazas dionisiacas, tragaldabas y triclinio-potatoes, borrachuzos ellas y ellos, no imitaban a la piedra o al bronce. Delegaban en lo ic\u00f3nico la actual obligatoriedad de la musculaci\u00f3n. Son diosas y semidioses: joderse. Se corre hoy el riesgo, as\u00ed, del clon masculino; y asimismo en las piernas largu\u00edsimas, de \u00e9cuy\u00e8re de circo y fieras, de las j\u00f3venes; metamorfosis que intriga, porque no son trasplantadas m\u00e1s que por la mente deseosa de estar al d\u00eda, o cumplir con el catecismo de los encantos. O por la pulsi\u00f3n de metamorfosis que describe Bergson: \u00abEl ser humano tiene ojos por su voluntad de ver\u00bb. Esos ojos que, posteriormente, lanzar\u00e1n fucilazos para embrujar. Pero, ay, el burka occidental, las enormes gafas negras, gafas de mosca cuya utilidad dermo-profil\u00e1ctica no alcanzo a comprender, nos privan de mucho sexapil en forma de l\u00e1ser ocular, de intercambio franco de miradas c\u00f3mplices. Las voces m\u00e1s maliciosas me insin\u00faan que radica, el misterio de esos antifaces, en poder mirar con desfachatez sin ser vistas. Tambi\u00e9n, facultan a quienes las usan para saber qui\u00e9n las mira, c\u00f3mo las mira, mirando al que no puede distinguir a la persona en su completa identidad. Ocurre a veces que una chavala despampanante nos sonr\u00ede, saluda e incluso nos aprieta el brazo, y es la hija de alg\u00fan conocido que ha dado el estir\u00f3n, torso incluido, que usa adem\u00e1s plataformas. Adi\u00f3s al subid\u00f3n del ego.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Amor ciego<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00ed, voy por ah\u00ed, de la belleza-fealdad se disparan, como catapultas, amor\u00edos inimaginables. Tambi\u00e9n mediante el braille. Una vez mi abuela ciega, al conocerme por primera vez, me palp\u00f3 la cara y me describi\u00f3 por el tacto. Me reconoc\u00ed, sin sorprenderme demasiado. Luego se puso al piano y la emprendi\u00f3 con una sonata de Schumman. Al estilo alem\u00e1n: dedos verticales. Le sol\u00eda decir a mi t\u00eda, y apunto que mi abuela paterna era ma\u00f1a de Daroca: \u00abHija m\u00eda, aprende piano como yo, que eres fea y las feas no se casan\u00bb. Sin circunloquios. Cas\u00f3 mi t\u00eda, sin embargo, con un jurisconsulto muy solicitado de Granada. Un llamado Artacho. Que, bien mirado, era infinitamente m\u00e1s feo que ella. Eso s\u00ed: armado de un cerebrito cari\u00f1oso y, para colmo, capaz de levantarse ping\u00fces minutas. Vean que el amor es ciego, incluso en la ic\u00f3nica de sus alegor\u00edas. Esto me lo matizar\u00eda una tarde Tete Montoli\u00fa: \u00abYo no soy ciego, lo que pasa es que no veo\u00bb. A la pasi\u00f3n le ocurre lo mismo. En alg\u00fan sitio escrib\u00ed que, m\u00e1s all\u00e1 de lo infinitesimal, nadie es sim\u00e9trico y que, sin embargo, a lo largo de la historia, se rehuye a los tuertos y bizcos porque, por folklore, transmiten el mal fario, el meigallo. N\u00f3tese que en euskara la palabra &#8216;begizko&#8217;, o mal de ojo, castellaniz\u00f3 el t\u00e9rmino de bizco. Lo cual me conduce, por encadenamiento de ideas, al atractivo letal de las personas con alg\u00fan defecto que las disimetriza y distingue, en el sentido de lo distinguido, de las dem\u00e1s. Las destaca de las hermosuras inanes, de portada de cuch\u00e9, y en el tejemaneje que se traen con las exclusivas. Ello, pese a que cuando se recibe ese papiro firmado por S.M., se haya dejado claro que la informaci\u00f3n, lo de veraz es una mandanga, jam\u00e1s se paga ni cobra. Se solicita y concede. O no. Y ese no, tambi\u00e9n es no.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Culto a Pr\u00edapo<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Concurre aqu\u00ed el efecto\/Barbie avejentada de las novias de Frankenstein que cambian la camilla con brasero por el plat\u00f3. Cuya voz de botox y tabacazo parece emerger de una tragaperras. La bruja, el embrujo, suele pintarse en tonos de repulsi\u00f3n hasta que llegan el sapo y el lic\u00e1ntropo y las transforman en bellezas que enloquecen. Relatos que suelen traer su miga. Lo cultivan, en las casas de masajes y afeites. Ser \u00abbien parecido\u00bb, \u00aboto\u00f1al result\u00f3n con gancho\u201d exigen eso que dan en llamar cosm\u00e9tica. Voz que procede del griego kosmos. El Cosmos es un universo ideal y perfecto donde nada chirr\u00eda o disuena; es lo Arm\u00f3nico -en teor\u00eda- por oposici\u00f3n a lo Ca\u00f3tico. Pueden verse pornop\u00e1ginas donde se indica el interminable apartado \u00abNatural tits\u00bb. No pasadas por quir\u00f3fano, vaya.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Un amigo escultor lo defini\u00f3, el tratamiento \u00bfest\u00e9tico? del pecho, como un contrasentido, ya que lo que m\u00e1s mola son los senos \u00abca\u00eddos hacia arriba\u00bb. Estas pornop\u00e1ginas las patrocinan, en cuanto al var\u00f3n y en los m\u00e1rgenes, sustancias asimilables a los crecepelos que aseveran su facultad de engrosar los penes hasta la mamarrachada. La foto-antes\/despu\u00e9s mueve a la carcajada. Un fallido regreso al culto a Pr\u00edapo, si nos ponemos cultos. Nos revent\u00f3 de risa llorona en \u00abLos cuentos de Canterbury\u00bb. Porque otro conocido, meditando en torno a las partes pudendas masculinas, me defini\u00f3 que los test\u00edculos han de ser \u00abpeque\u00f1itos y apretados al culo, como los tigres\u00bb. Se identifican, pues, ambos atributos, con los de los diab\u00f3licos diantres de los capiteles del Camino de Santiago. Ah, y con esos tacones, en piernas zangolotinas ya aludidas, que vaticinan un espinazo femenino en peligro de mutar. As\u00ed, la clonaci\u00f3n sin crisol, lo trendi-gregario, es el mayor de los riesgos que acechan a la personalidad de la persona, en la actualidad. Valga de ejemplo, pongamos, un Disc\u00f3bolo de Mir\u00f3n absolutamente bidimensional en trigonometr\u00eda, y que se dir\u00eda medido por Pit\u00e1goras a partir de dimensione \u00e1ureas y geometr\u00eda m\u00e1s descriptiva que proyectiva. Para realce de fuerzas herc\u00faleas, resulta poco convincente que se disponga a lanzar uno de aquellos LP de vinilo, y no un disco reglamentario y ol\u00edmpico.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El coito y lo divino<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Otras muchas esculturas heroicas, mitol\u00f3gicas, castrenses, conmemorativas, siguen el mismo patr\u00f3n de antes. O excesivamente guapos o excesivamente repulsivos cuando, como en p\u00f3rticos o capiteles rom\u00e1nicos, sobre todo los lujuriosos en versi\u00f3n caricaturesca, se desmesuran sus atributos y se les animaliza. Luego me centro en esto. Se intenta, por parte del Clero arquitect\u00f3nico rom\u00e1nico, que nos reflejemos en esas posturas grotescas del coito visto desde fuera, hace falta ser morboso. Olvidando que esa disposici\u00f3n de dos cuerpos, supuestamente soez, les dio la vida. Constituye una definici\u00f3n, o sea, un reniego, de lo aut\u00e9ntico, de lo que exalta la fisonom\u00eda: la fisiolog\u00eda. El enfermo, el leproso, el agote, el vaqueiro de alzada y su bocio, provocan el &#8216;apartheid&#8217; de lo, por desconocido y deforme, arriscado. Siglos atr\u00e1s, y hasta hace poco, deb\u00edan anunciar su paso con una carraca o una campanilla para que sus cong\u00e9neres -otro t\u00e9rmino a subrayar- huyeran al o\u00edrlo. O les lanzaran piedras. \u00bfEra por el contagio o porque les ofend\u00eda la vista y la moral? Lo padecieron, y lo siguen padeciendo, los enfermos de sida. Quieren llegar a Marte, luego a Venus, excelente pareja aristocr\u00e1tica, para que en ausencia de gravedad se pueda desinfectar dentro de 200 a\u00f1os la pandemia de un mundo hambriento que se consuela de ello gracias a la relaci\u00f3n sexual poco cauta, pero reparadora. Y me remonto al presente, no a los d\u00edas en que quienes sufr\u00edan alta viruela, la s\u00edfilis que aquejaba a la pareja de soberanos. Aqu\u00e9lla hac\u00eda estragos y afeaba armi\u00f1os y diademas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Zoomaquias y zoopsias<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las g\u00e1rgolas de edificios sacros, que suelen servir de ca\u00f1os de desag\u00fce en las iglesias g\u00f3ticas, escamosas y malformadas, imitan cocodrilos deformes, ranas de cola de pez; cochinos reptilinos. Y es que poco nos diferencia de lo animal -a ello ir\u00e9 en detalle &#8216;ut infra&#8217;- por la sencilla raz\u00f3n de que somos animales. El mundo del comic, el propio Disney de papel, no el de la bella Naturaleza con Bambi en ella, ni el de los relatos crueles y sadomasocas reconvertidos en fascinaci\u00f3n de celuloide, nos indica la costumbre adquirida desde anta\u00f1o de hacer befa de las personas compar\u00e1ndolas con bestias. Es la zoomaquia ladina de la cobra que entrega la manzana en \u00abParadise Lost\u00bb, de Milton. Presente en varias parrafadas de don Umberto. El cual incluye el tama\u00f1o exacto y como Dios manda, de un pecho femenino renacentista, y olvid\u00e9monos de mi escultor, el de antes. Su volumen debe coincidir con la dimensi\u00f3n de una manzana reineta, la que quepa en la mano anhelante y la l\u00edbido desenfrenada; o sea, del tama\u00f1o de la tentaci\u00f3n. La del Ed\u00e9n, la de la Bella  Durmiente. Por seguir con la zoomaquia, a veces zoopsia, a quienes vean en P\u00edo Baroja un metaforista austero se lo desmentir\u00e1 el escritor de Itzea con un personaje al que define, en la trilog\u00eda madrile\u00f1a \u00abLa lucha por la vida\u00bb, como \u00abcon cara de tapir\u00bb. Pero retrocedamos en el tiempo. Vayamos a las s\u00e1tiras de Don Francesillo de Z\u00fa\u00f1iga, buf\u00f3n de Carlos V y no se sabe si vizcaino o navarro, Eran, los vascos, los payasos m\u00e1s codiciados por sus dicharaches y su castellano al rev\u00e9s. Los &#8216;graciosos&#8217; de los dramones del Siglo de Oro, tienen nombre de vizcain\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c9l, Francesillo, se autodefine como \u00abcriado privado, bienquisto y predicador del Emperador Carlos V\u00bb y a Su Majestad dedica sus f\u00e1bulas mordaces. Su majestad casta\u00f1eteaba la mand\u00edbula prognata al escuchar las met\u00e1foras feroces de sus cortesanos expresadas por Don Francesillo. No dej\u00f3 este, en la  Corte, t\u00edtere con cabeza. Procedente de Nabarra o de Gipuzkoa, en su d\u00eda aunadas, se dice circuncidado. O sea, jud\u00edo, casta muy arraigada en estos pagos, y as\u00ed lo confiesa de refil\u00f3n. Hagamos una antolog\u00eda breve de sus met\u00e1foras burlescas. \u00ab&#8230; don Juan de Acu\u00f1a, se\u00f1or de Xemas, natural de Zamora, hijo de galga y de roc\u00edn de albarda&#8230;\u00bb; \u00ab&#8230;don Alvar, marqu\u00e9s de Astorga, que paresc\u00eda mona regocijada en d\u00eda de Navidad\u00bb; \u00abEste conde de Haro paresc\u00eda de casta de alcotanes o sobrino de garzota blanca\u00bb; \u00ab&#8230;el adelantado de Murcia, que paresc\u00eda ac\u00e9mila del embajador de Florencia..\u00bb; \u00ab&#8230;paresc\u00eda este don Juan ri\u00f1\u00f3n de buey viejo&#8230;\u00bb; \u00abGalindo, letrado de Contadores, porque le pareci\u00f3 a este cronista mochuelo que se ha mordido la cola\u00bb. Etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Fij\u00e1ndonos en el rom\u00e1nico obsceno, las figurillas er\u00f3ticas est\u00e1n ah\u00ed para dar pie a que, por zafios, los monigotes indecentes realcen la dualidad m\u00edtica-m\u00edstica, la m\u00edstica exquisita y atildada hasta la n\u00e1usea. Resultan ser, empero, los idolillos lascivos, entidades malformadas que, por ant\u00edtesis, elevan a belleza suprema a las sagradas concepciones sin romperse ni mancharse. Estas presiden la ermita o bas\u00edlica: iconos que, pese a su condici\u00f3n chaparra, y en el G\u00f3tico tan hermosas, virginales, ext\u00e1ticas y purificadas del pecado, destaquen como el colmo de lo anafrod\u00edtico.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>V\u00edrgenes negras versus peponas<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Umbilicales, los caucasianos o raza blanca olvidan que hace 7.000 a\u00f1os todos \u00e9ramos negros y que la expansi\u00f3n no tuvo lugar de \u00c1frica a Europa, en vertical, sino en \u00e1ngulo de mestizaje con zonas de Mongolia. Lo digo porque m\u00e1s de un beneficiado con barragana se sinti\u00f3 ofendido ante las V\u00edrgenes Negras, tan abundantes, que no eran sino deidades paganas que templarios y cruzados se tra\u00edan de Palestina para confirmar, por encargo, que Tierra Santa, Palestina, era la del Evangelio. Han sido decapitadas, falseadas o blanqueadas con mofletes ruborosos. Peponas de juguete. Se rebusca la belleza de lo feo en la terminolog\u00eda, tambi\u00e9n. \u00a1Qu\u00e9 simp\u00e1ticos eran los mongolitos hace escasos a\u00f1os! De inmediato corrigieron el insulto, a los ni\u00f1os y a los habitantes de Mongolia. Lo mejoraron a peor: pacientes del s\u00edndrome de Down.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Constituye este d\u00edptico de Eco un vadem\u00e9cum para la sensibilidad, una orquesta de sinapsis sinf\u00f3nicas, dodecaf\u00f3nicas y, en ocasiones, caleidosc\u00f3picas. Porque hay p\u00e1ginas que, como la hondura de una mirada, de unas pupilas electr\u00f3nicas, emiten salmos amatorios. La maquetaci\u00f3n, el montaje, la elecci\u00f3n de l\u00e1minas y distribuci\u00f3n de m\u00f3dulos me resultan a modo de partitura que cada virtuoso, usted, sin ir m\u00e1s lejos, interpreta. Con su toque de gregoriano en los mitos, los unicornios, las genios, los duendes, las hadas, los trasgos. O las lamias, irresistibles seductoras pese a su pie de oca o de chivo en alusi\u00f3n a que la deformidad o hibridaci\u00f3n conceden en s\u00ed otra forma de curiosidad, a veces obscena. Como la flauta f\u00e1lica de los faunos cabrunos. Ejerce esta publicaci\u00f3n doble, dual, el espejismo que, llegados a \u00e9l, no se desvanece. Y de sus aguas beneficiosas bebemos. Y lo acoplamos a la memoria y al mapa del tesoro. Y a \u00e9l retornamos. Ambos tomos dejan el ojo perplejo en continua fuga del texto escrito a las minuciosas citas y despieces.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El proyecto \u201cDebolsillo\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se hipnotizan, sobre todo, merced a unas Artes Gr\u00e1ficas de las que Debolsillo disfruta porque esta editorial identifica el Libro como proyecto y objetivo en auge frente a dos inutilidades: el esnobismo plastificado y la decoraci\u00f3n de interiores. C\u00f3mo fardan los lomos de incunables junto al sof\u00e1. Solo son \u00fatiles, se me confirma, los ciber-vol\u00famenes, para archivar en ellos tesis, agendas, listados, proyectos, fotos, v\u00eddeos. El ordenador de que nos valemos, desordena: al menos el m\u00edo. Esos otros artefactos, producto de la ley-lo-que-se-lleva, antes se\u00f1alada, son m\u00e1s eficientes, puede; pero denterosos. Hay zonas pr\u00f3ximas de la Gran V\u00eda de Madrid, cerca de Callao, donde la tribu urbana poco conocida y examinada de los adictos a la baquelita y los bafles y amplis, eternizan, \u00bffealdad viva y sin nostalgias? ese defecto de leves crujidos de rayadura. Tambi\u00e9n, la &#8216;torre&#8217; del tocata como alternativa a lo nanoforme. Es innegable, que Debolsillo ha sabido mimar el detalle: autoexigencia de m\u00e9dium para todo editor honesto. Responsabilidad que tanto agota. La traducci\u00f3n, a cargo de Mar\u00eda Pons Irazaz\u00e1bal, es perfecta. No he tropezado con errata alguna.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se estructuran estas colecciones, adrede, flexibles de cuerpo y por ello duraderas. Lo no encuadernado, por ausencia de rigidez, no se desencuaderna. Resulta, adem\u00e1s, mullido. Permiten absorberse en trenes y metros. En campas y remansos con arroyuelo. En el Paseo del Recuerdo de El Retiro y otros similares de este mundo. En alta mar. En presidio. En el banco p\u00fablico cantado por Brassens: nada m\u00e1s confortable si no llueve. En ese caso, bajo unos soportales, o locales sin tele, o con \u00e9sta encendida pero sin sonido. No es libro de cama, sino de tumbona o c\u00e9sped en soledad deseada. En suma, hablamos de una feliz coyunda entre la obra escrita y la presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sensibilidad e inteligencia<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para fijar el &#8216;glamour&#8217; hay que ahondar en un conflicto doloroso para los amantes, plat\u00f3nicos o no: todo ligue presupone un zarandeo entre la sensibilidad y la inteligencia. (Instinto versus raz\u00f3n). Yo lo salpimentar\u00eda con el misterio, d\u00e9dalo cuya salida no se vislumbra hasta que la caza de la belleza, el encanto, emergen, florecen; o esa raz\u00f3n, tan impura, nos los aborta. Juan Ram\u00f3n, insistamos en el paradigma, tras conocer a Rub\u00e9n Dar\u00edo, se libra de los despojos de lo rom\u00e1ntico y sus livideces. No era apuesto, pero, gracias a V\u00e1zquez D\u00edaz y a su insistencia pict\u00f3rica en los rasgos del numen concentrado en la nariz aguile\u00f1a, de baupr\u00e9s, resulta result\u00f3n. Esta cualidad, de segundo premio, que he repetido quiz\u00e1s demasiado, nariz como estoque de defensa, deber\u00eda constituir alternativa a ambos polos, lo feo y lo bello. En bastantes cap\u00edtulos y citas, Eco sabe promiscuar ambas calificaciones, siempre arbitrarias dependiendo del siglo en que nos toca existir. De la norma, de la moda, de lo pragm\u00e1tico. Regresando a Zenobia, y vista la iconograf\u00eda -son paradigmas escogidos al azar, t\u00e9nganlo en cuenta- encarna el s\u00edmbolo del foxtrot iluminista. Bella por su vitalidad y sus aderezos. Pero el poeta se enamora por (no &#8216;de&#8217;) la risa que d\u00edas atr\u00e1s le exasperara y por el tono profundo, mezzo, de la voz. Como hoy lo hacemos v\u00eda sat\u00e9lite o tel\u00e9fono m\u00f3vil. Ajenos, por supuesto, al exhibicionismo de los medios ciber-aglutinantes. Sin caer en el laconismo con acn\u00e9 del chat. Se involucra, pues, Zenobia Camprub\u00ed, sin prejuicios, y no por esnobismo, sino por impulso irrefrenable, all\u00e1 donde puede hacerlo sin que la disuadan los cantos de harp\u00eda que, emergiendo como gorgonas del peric\u00f3n, la insultan en silencio. Mientras ellas prefieren ser adversas a su propia sumisi\u00f3n, la inminente novia de Juan Ram\u00f3n, hoy dir\u00edamos pareja espont\u00e1nea, o esa horterada de &#8216;compa\u00f1era&#8217;, era m\u00e1s de sarao de\u00bbFemmes savantes\u00bb y de dar la cara sin que \u00e9sta jam\u00e1s se agriase.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Feos emparejados<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>He estado observando, por encima del libro abierto, a las muchas parejas de feos que pueblan el planeta. Las terrazas, los pretiles sobre la r\u00eda, son puntos perfectos para el pase de palomas y gaviotas. Un amigo que si no sab\u00eda que su presencia dejaba mucho que desear, deber\u00eda haber meditado antes sus bufonadas, le coloc\u00f3 el remoquete de \u00abLos Simpson\u00bb a un matrimonio feliz. \u00bfFeo? Algo habr\u00edan hallado el uno en la otra, la otra en el otro, que los imantaba. Conste que lo miscible, la belleza-en-fealdad y feldad-en belleza, abunda en leyendas vivas, cosmog\u00f3nicas. Donde ninfas impecables y quimeras p\u00fatridas, a la par, seducen a mitos apol\u00edneos de aspecto de maniqu\u00edes desnudos en escaparates. Trasladable, el fen\u00f3meno, a la existencia real. Lo cual viene a corroborar que el cerebro exterior funciona tanto en los mam\u00edferos de lujo, dir\u00eda Pitigrilli, como en otros de la misma especie, aunque no resulten vistosos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El paleoenc\u00e9falo<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfLigar? La belleza, el cerebro exterior que lanzamos a modo de antena o cuerno de caracol tras acicalarnos, debe provocar sinton\u00eda con el interno para proyectar hermosura, que no es lo mismo que belleza. Dicho cerebro interno, o visceral, guarda estrecha relaci\u00f3n, en otra ocasi\u00f3n lo he se\u00f1alado, con ese mundo que Sartre denomina m\u00e1gico. La actividad sensitiva de ese paleoenc\u00e9falo, y llamo en mi apoyo a Krestchmer, es aqu\u00e9l que nos mantiene, en onda corta, identificados con el de los pueblos primitivos, concretamente en el &#8216;arquipallium&#8217;. No quiero decir una madurez retrasada, ojo. Me refiero a los horizontes e invenciones, hijas de la observaci\u00f3n meditada, que d\u00eda a d\u00eda, a\u00f1os a a\u00f1o, vamos descubriendo o ingeniando. Eco oferta un apartado a la belleza de la m\u00e1quina y ello me rebota a algunos puentes de carretera, al tren costanero con sus traqueteos y bocinas; a la estupidez bobalicona de los sem\u00e1foros. A los sat\u00e9lites artificiales, a los d\u00edas del artd\u00e9co, a las m\u00e1quinas de coser y la equ\u00edvoca atracci\u00f3n letal de las armas. Es propio de todo ser viviente, vayamos a otras deidades vivas, en cuanto a la percepci\u00f3n de lo bello y lo feo en lo ajeno, en lo pr\u00f3jimo, que es lo pr\u00f3ximo. Y en s\u00ed mismo. Conste que nos suceder\u00e1n inn\u00fameras generaciones, no solo nietos o biznietos. Somos el Neanderthal de dentro de veinte mil a\u00f1os. Un parpadeo en el Cosmos. El mism\u00edsimo Zeus ten\u00eda que disfrazarse de bicharraco para poder seducir, aun siendo omnipotente, a destacadas bellezas de su \u00e9poca infinita en lo temporal y lo er\u00f3tico. As\u00ed reflexionando, me he parado a meditar como Hamlet cuando, en Palacio, cierra el libro, lo deja sobre el poyo y cavila en voz alta el c\u00e9lebre mon\u00f3logo. No con el cr\u00e1neo pelado en la mano, eso es un error garrafal de gentes mal enculturadas: la calavera de Jorick, el buf\u00f3n grotesco, aparece en el cementerio, acto V, escena I. Y el mon\u00f3logo nos viene al pelo: \u00ab\u00a1Ah, pobre Yorick&#8230; Yo le conoc\u00ed, Horacio, era un muchacho de un gracejo inagotable y de una fantas\u00eda portentosa. Mil veces me llev\u00f3 a cuestas y ahora \u00a1qu\u00e9 asco y qu\u00e9 horror siento al recordarlo!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lo macabro, circunstancia que en el tomo de \u00abHistoria de la fealdad\u00bb Umberto Eco profundiza, hiede y atrae. Las osamentas en los osarios son lugares para el ensimismamiento acerca de lo ef\u00edmero de la existencia. Suscita reflexiones: \u00bfser\u00e1 cierto o no que solo fallecen, o desfallecen, los dem\u00e1s? Esa inmortalidad neur\u00f3tica nos ayuda a tirar hacia delante, ya inventar\u00e1n algo, vamos a vivir una media de m\u00e1s de 100 a\u00f1os. Qu\u00e9 co\u00f1azo, disimulamos. Y despide ptoma\u00ednas, la lipsanoteca, como los dos libros de Eco en muchas de sus estancias. Son estancias, las suyas, adosadas a miniaciones admirables.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El Doncel de Sig\u00fcenza<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Estancias similares en distribuci\u00f3n a las de Teresa de Cepeda: no cap\u00edtulos. Estancias donde palpitan, ocultos, los \u00edncubos ardientes y l\u00fabricos. Lo viejo (no lo veterano) se pudre, por muchos epitafios, ninfas, faunos y cari\u00e1tides p\u00e9treos que le coloquen en torno. Como al bulto de Ram\u00f3n y Cajal del condicho Retiro madrile\u00f1o. All\u00ed, el sabio hist\u00f3logo, redivivo en granito, en postura del Doncel de Sig\u00fcenza, patr\u00f3n de los lectores impenitentes, luce pecho que se nos antoja velludo y que asoma por la t\u00fanica socr\u00e1tica de esmerados pliegues. Cuanto m\u00e1s se acerca uno, o una, al sepulcro, decae: de ah\u00ed decadencia, o su pr\u00f3tesis, el atractivo, otro matiz -como lo result\u00f3n- que se balancea entre la belleza fea y la hermosura no euclidea que nos imanta, implacable, esquiva e imposible de esquivar. De la que que pretendemos huir al tiempo que, imprudentes natos, citamos a la vaquilla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Belleza bastarda<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Seg\u00fan una teor\u00eda transformada en axioma, los bufones se eleg\u00edan para provocar esa ant\u00edtesis de lo bello y lo feo que enmascara la presupuesta y falsa belleza falsa de la sangre azul. Empe\u00f1o imposible, por mucho fhotoshop que el escultor de tumbas funerarias le metiese, al vaiv\u00e9n de la contrata. Los reyes, la nobleza, jam\u00e1s fueron agraciados. Sus genes son un amasijo de degeneraciones. Adem\u00e1s, resultan torpes, tardos, cansos. No hay novela sin su bastardo guapo, en\u00e9rgico, decidido. Carlos II tuvo un hermano, de distinta madre, perfecto en audacia y cacumen heroico; capacitado, buen orador y l\u00edder: Juan Jos\u00e9 de Austria. El \u00abHechizado\u00bb era un producto caduco, terminal, por lo promiscuo y end\u00f3gamo de sus antecedentes. El bastardo s\u00f3lo tuvo ocasi\u00f3n, limitada, de conspirar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No hay artista \u00e1ulico, o contempor\u00e1neo nuestro, que no se haya empe\u00f1ado en embellecer de alg\u00fan modo, sin desvirtuarlo, al monstruo \u00abHechizado\u00bb, tambi\u00e9n definido como &#8216;portento&#8217; por don Umberto, que tuvo que reinar porque no hay mejor sistema de latrocinio oficial, de manipulaciones y de prosperidades de validos que servir a un monarca enfermo y enfermizo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito, todo se me encadena como cerezas, mientras le\u00eda ambos tomos los libros aqu\u00ed rese\u00f1ados, me ha surgido el recuerdo de una playa mediterr\u00e1nea, o de la misma donde me encontraba, cant\u00e1brica, poblada de adoradores y, sobre todo, vestales del Sol. Debe saber, la legi\u00f3n de heli\u00f3latras de hoy en d\u00eda, que lo sublime, en sus ancestras con t\u00edtulo e hidalgu\u00eda, derivaba de una dermis tan n\u00edtida que bajo su blancura alabastrina asomaban las arterias, azulencas, y que de ah\u00ed lo de sangre azul. Los generosos escotes, que tambi\u00e9n regresaron hace unos a\u00f1os, mir\u00e1melos pero no me los mires, ofrec\u00edan entramados de circulaci\u00f3n interna. En cambio, la tez de las lugare\u00f1as, mozas y maritornes estaban tostadas. De lo obscuro de la piel, como sabemos hoy, destacaban otras lindezas: ojos claros, oscuros o avellanados, de moscatel, que eyectaban a los caballeros de sus palacios para entregarse a ellos. En cuanto a est\u00e9tica humana, hace un siglo a\u00fan, quienes no faenaban de sol a sol estaban, a la fuerza, morenos. Hoy, bronceados. A base de rayos UVA o de menjurjes &#8216;prodigio&#8217;. O de ese sol que siempre nos dicen que mata. Y lo hace, por defecto, en lugares hiperb\u00f3reos con una hora de luminosidad al d\u00eda: se suicidan tras leer a Ibsen.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No se es nunca bello, por falta de hibridaci\u00f3n, cuando se nace de buena cuna, la de los monarcas, cardenales y condeduques, y Umberto Eco trata ampliamente acerca de lo grotesco y de la caricatura inmersa en reyes, princesas y duques; marquesonas y grandes damas, y la purria. Una plebe que, por efecto solisombra, seguimos en ello, realzaba artificialmente los tejidos, joyas, gargantillas, corazas. Y las pelucas donde anida la liendre, como la de un Louis XIV que, si alg\u00fan d\u00eda se ba\u00f1aba, una o dos veces al a\u00f1o, lo hac\u00eda por prescripci\u00f3n facultativa. Rey de Oros y Rey Sol cuyas amantes se cuentan por decenas. Estas querindongas versallescas cerraban los ojos, y la nariz, pensando en futuras haciendas y honores.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Carre\u00f1o de Miranda<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por otra parte, el ingenio de los cuentacuentos, su \u00abgracejo\u00bb subrayado por Shakespeare, compensaba una llam\u00e9mosla deformidad: sin eludir que nada es deforme si est\u00e1 dotado de ingenio, de talento, de esa simpat\u00eda que acalambra. Mis novillos de prep\u00faber me conduc\u00edan a galer\u00edas de arte, a museos, y una de mis fijaciones, adem\u00e1s de los primitivos flamencos de El Prado, era la Monstrua Desnuda, del inmenso Carre\u00f1o de Miranda. Mi pintor favorito. Meditaba yo por qu\u00e9 aquella carne, en la Desnuda, carec\u00eda por fuero de proporciones, de atractivo. Algunos cuadros hablan; otro, como estos, no. Se ve a la chica, la bufona, cortada y obligada a posar. Hoy en d\u00eda, la Enana Vestida y la Enana Desnuda, de Carre\u00f1o, son anatema social por decreto-ley y desd\u00e9n discriminatorio de los flacos y flacas hacia unos obesos a quienes llaman &#8216;m\u00f3rbidos&#8217;. Siempre seremos racistas ante la otredad del Otro. De la Otra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En cuanto al \u00faltimo recurso del obligatoriamente feo, consiste en el s\u00edndrome de Fantasma de la \u00d3pera. Se aprende a ta\u00f1er un instrumento. La stratocaster o el arpa de B\u00e9cquer. Se compensa lo que a la vista repugna con lo que, est\u00e1 comprobado, transfigura: una ma\u00f1a l\u00edrica, compensatoria que, esto es muy importante, prolonga al feo en pr\u00f3tesis excelsa e impalpable. Pavarotti es buen ejemplo de c\u00f3mo una voz perfecta embellece al maniqu\u00ed rollizo, indispensable condici\u00f3n en el tenor para canalizar los l\u00e1es sobreagudos -digamos lo mismo de la Caball\u00e9- ergo fuera del canon-Treblinka cuyo paradigma es la esposa del pr\u00edncipe Felipe. Dispongo de una foto-aut\u00f3grafo de Betty Grable. Esta actriz fue la rival directa de Marilyn Monroe. Sus senos eran m\u00e1s agresivos y sus piernas estaban aseguradas en un mill\u00f3n de los a\u00f1orados d\u00f3lares USA. La pierde el peinado, arcaico. Marilyn, con sabia astucia, se lo dejaba volandero, como de reci\u00e9n despierta y con resaca despu\u00e9s de dormir con r\u00edmmel y pesta\u00f1as postizas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Un bikini del siglo V<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El primer sujetador documentado en arte gr\u00e1fico puede hallarse en un mosaico siciliano del siglo V o IV. Protege, la prenda, un protobikini, el pecho de una atleta esbelta, de melena rubia al viento, que hace jogging sin auriculares ni cola de caballo. Ni gafas de anonimato. No perdamos, empero, la tesitura, insisto, que preside esta rese\u00f1a err\u00e1tica. No destripo libros \u2013ni pel\u00edculas\u2013 a nadie. Mis sentimientos y percepciones son intransferibles. Las de quien esto lea, tambi\u00e9n. Dejo caer que la edici\u00f3n logra fascinar por la paradoja que preside nuestras emociones cotidianas: el hecho de que en la lucha de clases influya, tambi\u00e9n, lo que en las ofertas de trabajo se sol\u00eda llamar con cruel recoveco la \u201cBuena Presencia\u201d. En fin, \u00abHistoria de la  Belleza\/\u00bbHistoria de la Fealdad\u00bb, de Umberto Eco, de esmerada factura en Debolsillo me tendr\u00eda especulando muchos meses. La crisis no existe, es una a\u00f1agaza que olvida que los tenderos, librer\u00edas incluidas, tambi\u00e9n compran. Aunque siempre queda una alternativa, si la bolsa flaquea de verdad. No es lo mismo, mucho cuidado, que exigir que sean gratuitos, como hace la basca pija que no vacila en hermosearse en tiendas de ropa de marca. Esa alternativa, es sirlarlos. O sea, comprarlos sin pagar. No se les ocurra, despu\u00e9s del hurto, prestarlos. Toda la basca bibli\u00f3fila, ese amigo \u00edntimo suyo el que m\u00e1s, siempre esconder\u00e1, M. Hyde dentro de Jekyll, a un clept\u00f3mano. Incurable y contumaz.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Rebeli\u00f3n ha publicado este art\u00edculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=140176\"> http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=140176<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Umberto Eco en \u201cDebolsillo\u201d \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Alojado en una Residencia de Madrid, a un andaluz retra\u00eddo, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, le llega por el patio una armoniosa a la par que estridente risa. R\u00ede en cascabeleo Zenobia Camprub\u00ed. Seg\u00fan una cr\u00f3nica impresa y fr\u00eda, al vate le irritan esas carcajadas porque le impiden concentrarse, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-25643","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2011-11-28T07:24:42+00:00\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Rafael Castellano\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"30 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Nabarralde\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"headline\":\"\u201cHistoria de la Belleza\\\/Historia de la Fealdad\u201d\",\"datePublished\":\"2011-11-28T07:24:42+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/\"},\"wordCount\":5984,\"commentCount\":0,\"articleSection\":[\"Bitxia\"],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/\",\"name\":\"\u201cHistoria de la Belleza\\\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2011-11-28T07:24:42+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"description\":\"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cHistoria de la Belleza\\\/Historia de la Fealdad\u201d\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/\",\"name\":\"Nabarralde\",\"description\":\"Kultur Ekimenak eta Sustapenak\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\",\"name\":\"Nabarralde\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Nabarralde\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/author\\\/nagusia\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde","description":"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde","og_description":"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.","og_url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/","og_site_name":"Nabarralde","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa","article_published_time":"2011-11-28T07:24:42+00:00","author":"Nabarralde","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@Nabarralde","twitter_site":"@Nabarralde","twitter_misc":{"Escrito por":"Rafael Castellano","Tiempo de lectura":"30 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/"},"author":{"name":"Nabarralde","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"headline":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d","datePublished":"2011-11-28T07:24:42+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/"},"wordCount":5984,"commentCount":0,"articleSection":["Bitxia"],"inLanguage":"es"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/","name":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d - Nabarralde","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website"},"datePublished":"2011-11-28T07:24:42+00:00","author":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"description":"Lo que siga en vagabundeo de ideas no va a ser, ya que ello resulta absolutamente irrealizable y re\u00f1ido con la duraci\u00f3n de una vida, una biopsia dictatorial -l\u00e9ase cr\u00edtica- de los dos imprescindibles vol\u00famenes en los que me he embebido, no enfrascado. Son conceptos eternos, con sus variables, que nos vienen dados como c\u00e1nones para elegir pareja, o parejas.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-de-la-bellezahistoria-de-la-fealdad\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cHistoria de la Belleza\/Historia de la Fealdad\u201d"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25643","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25643"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25643\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25643"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25643"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25643"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}