{"id":25325,"date":"2011-10-03T08:01:38","date_gmt":"2011-10-03T06:01:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/urbanofilia\/"},"modified":"2011-10-03T08:01:38","modified_gmt":"2011-10-03T06:01:38","slug":"urbanofilia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/urbanofilia\/","title":{"rendered":"Urbanofilia"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Edward Glaeser realiza un canto a la ciudad en un docto y a la vez \u00e1gil tratado de urbanismo y urbanidad<\/em><\/p>\n<p align=\"center\"><em>\u00abAyudemos a los pobres, no a las ciudades pobres\u00bb, reza una de sus frecuentes expresiones de lapidaria sencillez<\/em><\/p>\n<p>No acabamos de decidirnos a favor ni en contra de la vida urbana. Desde el mismo momento de la invenci\u00f3n de la ciudad sus moradores las han venerado, sin que faltaran quienes las aborrec\u00edan. Las maldiciones b\u00edblicas contra Babilonia, la Gran Ramera, no son precisamente de ayer mismo. Poseemos en Europa una extraordinaria literatura sobre las ciudades, nunca libre del todo de esta inclinaci\u00f3n a la desmesurada admiraci\u00f3n o a la m\u00e1s abierta condena.<\/p>\n<p>Fray Antonio de Guevara sab\u00eda bastante de esto cuando en 1539 dio a la imprenta su <em>Menosprecio de corte y alabanza de aldea,<\/em> sin decidirse demasiado ni por la una ni por la otra. En su siglo, el se\u00f1or alcalde de Burdeos, Michel de Montaigne, amigo grande de la vida rural, nunca se distanci\u00f3 de la capital gascona ni dej\u00f3 de sentir por Par\u00eds cari\u00f1o y lealtad pol\u00edtica. Las cosas se ir\u00edan agriando, sin embargo, a medida que la ciudad se convert\u00eda en un pozo de vicios, o de tumulto revolucionario, como lo vio Thomas Hobbes en su poco le\u00eddo <em>Behemoth, <\/em>nombre de un monstruo b\u00edblico, dedicado a un Londres levantisco. (Aunque el otro monstruo, el <em>Leviat\u00e1n,<\/em> ya abarcaba seg\u00fan \u00e9l a toda la sociedad humana, campesinos inclusos). Para los buenos puritanos, la \u00fanica ciudad buena era la Jerusal\u00e9n prometida: las otras s\u00f3lo acopiaban vicios. Tanta maldici\u00f3n culminar\u00eda con la idealizaci\u00f3n del campo y de la vida rural propia del mayor error rom\u00e1ntico. A menudo se esconde bajo el llamado \u00abdescubrimiento de la naturaleza\u00bb desencadenado por el arte y en la filosof\u00eda por las enso\u00f1aciones de Rousseau. A los rom\u00e1nticos, tan amigos del desafuero, no se les ocurrir\u00eda otra cosa que condenar las ciudades, sobre todo a medida que avanzaba el mundo industrial y el humo, el holl\u00edn y la miseria proletaria las invad\u00eda. Friedrich Engels perge\u00f1\u00f3 el cl\u00e1sico de la urbanofobia en su inmortal ensayo sobre Manchester, de 1844. Los bolcheviques, que no en vano hicieron la revoluci\u00f3n con sus ideas, pensaron que en el mundo del comunismo del futuro deber\u00edan desaparecer las ciudades -por mor de eliminar la \u00abcontradicci\u00f3n entre la ciudad y el campo\u00bb- y ello explica que los primeros urbanistas sovi\u00e9ticos propusieran la desurbanizaci\u00f3n sistem\u00e1tica. No era idea descabellada: la Ciudad Lineal madrile\u00f1a o las New Towns inglesas son hoy ecos de un esfuerzo parejo. Como los son hoy no pocos suburbios ajardinados, dependientes del autom\u00f3vil, en incontables ciudades americanas, pero tambi\u00e9n europeas.<\/p>\n<p>La ciencia social no ha sido nunca ajena a estas preocupaciones urbanas. A ella debemos algunas de las mejores reflexiones y propuestas. El ensayo de Fustel de Coulanges sobre la ciudad antigua, de 1864, una de las mayores reflexiones sobre la naturaleza de la ciudad, podr\u00eda ser le\u00eddo con provecho por m\u00e1s de un arquitecto o urbanista atolondrado, y no digamos <em>La  Metr\u00f3polis<\/em><em> y la vida del esp\u00edritu <\/em>de Georg Simmel, de 1903, o los escritos sobre la ciudad de Max Weber, junto a <em>La ciudad en la historia<\/em>, de 1961, posiblemente el mejor tratado sobre el asunto, que vali\u00f3 a su autor, Lewis Mumford, hombre de letras, la pertenencia a las asociaciones de arquitectos m\u00e1s selectas e incluso a los grandes premios de su arte.<\/p>\n<p>Junto a esos cl\u00e1sicos sigue habiendo buenas razones para recomendar a nuestros planificadores un conocimiento somero de lo que aport\u00f3 la Escuela de Chicago a la sociolog\u00eda urbana. De una cr\u00edtica a aquel esfuerzo, fruto del progresismo norteamericano anterior a la II Guerra Mundial, se ha alimentado buena parte del pensamiento urbano posterior, con resultados desiguales. La lucha contra el peligro de la formaci\u00f3n de guetos, la excesiva segregaci\u00f3n por clases sociales o razas, los procesos de degeneraci\u00f3n de barriadas enteras y la aparici\u00f3n de reductos para ricos en la ciudad capitalista moderna han encontrado mucha munici\u00f3n v\u00eda Chicago. (Algunos han querido criticar la c\u00e9lebre escuela aduciendo que olvida los \u00abmovimientos sociales urbanos\u00bb, que es lo que presuntamente importa. Como si hubiera en el mundo moderno movimientos que no lo fueran. Cierto es, la guerrilla montaraz tuvo su momento -en Cuba por ejemplo- pero hoy, en todo el mundo musulm\u00e1n, toda revuelta es urbana, por definici\u00f3n. Y los indignados, hoy tambi\u00e9n, han ocupado los n\u00facleos emblem\u00e1ticos de las ciudades espa\u00f1olas).<\/p>\n<p>La lucha contra los males end\u00e9micos de la ciudad ha marcado por mucho tiempo una tendencia esencial en el mundo del urbanismo. Muchos pensaron que la soluci\u00f3n era la intervenci\u00f3n en la ordenaci\u00f3n del territorio urbano, y as\u00ed consegu\u00edan que actuaran las autoridades. Hoy la regulaci\u00f3n, la zonificaci\u00f3n, la calificaci\u00f3n y recalificaci\u00f3n est\u00e1n por doquier a la orden del d\u00eda. Cuando aciertan, el resultado puede ser beneficioso para los moradores. Cuando no, los da\u00f1os son dif\u00edciles de calcular. Las tendencias sociales -migraciones, huida de las ciudades de los grupos m\u00e1s din\u00e1micos, la formaci\u00f3n de n\u00facleos favorables a la delincuencia- pueden ser bastante catastr\u00f3ficas.<\/p>\n<p>Los fracasos han sido aleccionadores. As\u00ed, no hace mucho que los urbanistas han redescubierto las virtudes de la ciudad densa y castiza, la que otrora se quer\u00eda ruralizar, esponjar, o dotar de grandes espacios, con avenidas imponentes, plazas m\u00e1s o menos \u00abduras\u00bb, parques inmensos, y vivienda asequible en grandes bloques de pisos rodeados de verdura. Esa idea ha gozado de buen predicamento entre arquitectos de la Europa meridional que han redescubierto los encantos y la calidad de vida de la ciudad mediterr\u00e1nea, de la \u00abciudad compacta\u00bb. Ahora resulta que ni G\u00e9nova, ni Atenas, ni Valencia est\u00e1n tan mal. Y ahora con <em>El triunfo de la ciudad<\/em>, del urban\u00f3logo norteamericano Edward Glaeser, profesor de econom\u00eda en Harvard, este redescubrimiento encuentra una curiosa s\u00edntesis, que quiere solucionar los problemas que plantea el exceso de planificaci\u00f3n cuando derrota las tendencias espont\u00e1neas de la poblaci\u00f3n, sin por ello caer (del todo) en una suerte de neoanarquismo urbano.<\/p>\n<p>Su bestia negra son las pol\u00edticas p\u00fablicas urbanas que van contra aquellas corrientes m\u00e1s o menos inexorables. \u00bfPor qu\u00e9 salvar Detroit o Liverpool de su decadencia? \u00bfPor qu\u00e9 inyectar dinero y recursos contra lo inexorable? Cuando el hurac\u00e1n Katrina destruy\u00f3 Nueva Orleans, \u00bfqu\u00e9 sentido ten\u00eda reconstruirla tal cual, gastando billones de d\u00f3lares? \u00bfNo era mejor subvencionar a las v\u00edctimas, generosamente, para que se marcharan a donde les pluguiera? Seguramente ir\u00edan a engrosar otras ciudades, a dinamizarlas con savia nueva, piensa Glaeser.<\/p>\n<p>Las ciudades, con sus centros urbanos -plagados de rascacielos en Toronto, M\u00e9xico, Nueva York, Buenos Aires, Chicago- algo ca\u00f3ticos, vibrantes, intensos son la soluci\u00f3n, y no el problema. Engendran calidad de vida de incontables ciudadanos. Las calles y barrios circundantes, tambi\u00e9n. \u00bfPor qu\u00e9 dispersar, suburbanizar? \u00bfPor qu\u00e9 no atraer talento, o promover pol\u00edticas p\u00fablicas para incrementar su vitalidad? La m\u00e1s importante -y en esto la faz progresista y claramente distanciada de todo anarquismo aparece en los argumentos de Glaeser- es la educaci\u00f3n, las escuelas. Unas buenas escuelas primarias y secundarias en los centros urbanos atraen a clases profesionales j\u00f3venes que buscan, ante todo, una escolarizaci\u00f3n decente para sus hijos. A su vez, el flujo de las clases medias profesionales y ambiciosas a la ciudad revitaliza los barrios en que se instalan y mejoran el transporte p\u00fablico, que es el que importa.<\/p>\n<p>Este canto a la ciudad como tal -el t\u00edtulo es el de <em>El triunfo de la ciudad,<\/em> no \u00abde las ciudades\u00bb como reza el de la versi\u00f3n castellana- insiste en la importancia de potenciar la vida de sus gentes, no la de la ciudad misma. \u00abAyudemos a los pobres, no a las ciudades pobres\u00bb, reza una de sus frecuentes expresiones de lapidaria sencillez. El encanto de este docto y a la vez \u00e1gil tratado de urbanismo es que tambi\u00e9n lo es de urbanidad. Vinculado por un lado con la actitud tradicional de la izquierda -y contra las fuerzas del ego\u00edsmo que no quieren para su barrio servicios molestos que es menester instalar en alg\u00fan lugar- se mantiene fascinado por la tendencia de las gentes a hacer su vida y montar su hogar como les place y donde les place. Tal vez no haya resuelto esta imposible y vieja contradicci\u00f3n. Pero es imposible salir indiferente, ni llenos de est\u00edmulos, de una reivindicaci\u00f3n tan feliz del modo urbano de convivir.<\/p>\n<p><em>El triunfo de las ciudades. C\u00f3mo nuestra gran creaci\u00f3n nos hace m\u00e1s ricos, m\u00e1s listos, m\u00e1s sostenibles, m\u00e1s sanos y m\u00e1s felices. Edward Glaeser. Traducci\u00f3n de F. Corriente Bas\u00fas. Taurus. Madrid, 2011. 494 p\u00e1ginas. 22 euros.<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/portada\/Urbanofilia\/elpepuculbab\/20111001elpbabpor_15\/Tes\">http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/portada\/Urbanofilia\/elpepuculbab\/20111001elpbabpor_15\/Tes<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edward Glaeser realiza un canto a la ciudad en un docto y a la vez \u00e1gil tratado de urbanismo y urbanidad \u00abAyudemos a los pobres, no a las ciudades pobres\u00bb, reza una de sus frecuentes expresiones de lapidaria sencillez No acabamos de decidirnos a favor ni en contra de la vida urbana. 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