{"id":25285,"date":"2011-09-26T08:21:02","date_gmt":"2011-09-26T06:21:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/i-believe-in-you\/"},"modified":"2011-09-26T08:21:02","modified_gmt":"2011-09-26T06:21:02","slug":"i-believe-in-you","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/i-believe-in-you\/","title":{"rendered":"I believe in you"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<div>\n<p><strong><span><a title=\"Blog Memoria, I\u00f1aki Ega\u00f1a\" href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/memoria\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" title=\"Blog I\u00f1aki Ega\u00f1a\" alt=\"Memoria_bloga\" src=\"http:\/\/www.nabarralde.com\/images\/stories\/irudiak\/Memoria_bloga.jpg\" height=\"180\" width=\"240\" \/><\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<\/p><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<p>Hay un pueblo al norte de Garazi en el que brota un arroyo que tiene nombre de valle, Harana. Las madrugadas son estrelladas cuando en verano suspira el viento del sur y desde las lomas del Baigura, en las noches m\u00e1s claras, los brazos de Centauro y Perseo de la V\u00eda L\u00e1ctea abrazan las sombras del Pirineo. Desde el oto\u00f1o, la humedad se pega a la hierba mientras los helechos cubren las cunas de la vida m\u00e1s diminuta, hasta que en primavera salen las mariposas de su letargo. Esas mismas mariposas cuyo nombre en euskara, pinpilinpauxa, fue elegido el m\u00e1s hermoso entre miles.<\/p>\n<p>Maddi naci\u00f3 en ese pueblo al norte de Garazi, Heleta, el mismo d\u00eda que una rumana llamada Nadia, gimnasta a\u00f1os depsu\u00e9s, y una americana de nombre Michaela a quien el futuro le deparar\u00eda convertirse en una refutada violonista. Maddi creci\u00f3 con la sonrisa en sus labios, rodeada de amigos de juegos y algo m\u00e1s. Nadie supo de ella, no tocaba el viol\u00edn, ni se colgaba de una barra, hasta que, con 24 a\u00f1os, se fug\u00f3 de la c\u00e1rcel de Pau, en compa\u00f1\u00eda de Gabi. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, detenida por los gendarmes, perd\u00eda su preciosa vida arrollada por el tren. No s\u00e9 que fue de Nadia, ni de los acordes de Michaela, pero guardo el recuerdo de Maddi envuelto entre los brazos de Centauro y Perseo con permiso de la lluvia compa\u00f1era.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed estamos en un trozo de tierra, sin m\u00e1s defensas que las trincheras naturales de los nuestros, con la esperanza de la llama que arde, ya que m\u00e1s vale ser rescoldo que marchitarse. Aqu\u00ed estamos, sintiendo los \u00faltimos h\u00e1litos de Mertxe Mart\u00edn, refugiada en un falso refugio porque dej\u00f3 de serlo. \u201cVamos a ver juntos donde se hace el Sol\u201d, recit\u00f3 Gabiela Mistral. En Astigarraga. Mertxe, 16 a\u00f1os apenas, enturbiada por la niebla matutina antes de ser recuerdo en nuestro recuerdo, mirada con brillo. Rematada por miserables con apellido fascista.<\/p>\n<p>Supe por aquel hijo que no tuvo, que de sobrevivir habr\u00eda concluido en una mazmorra lejana, cubierta la sangre con arena, como en una plaza de toros, y quiz\u00e1s, mancillada por funcionarios de gorra de plato. Supe por aquella hija a la que no lleg\u00f3 siquiera a so\u00f1ar que, parca en palabras, no tuvo reparo en coger un fusil y subir hasta el parapeto m\u00e1s intrincado y, por tanto, m\u00e1s inseguro. Y supe, por ellos, que su sangre de ni\u00f1a se desliz\u00f3 entre los caminos hollados por adultos.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed a Maite desde que estudiaba en el colegio de monjas, que luego abandon\u00f3. Cuando tocaba la guitarra y el piano, y se instru\u00eda en el instituto de Txurdinaga. Conoc\u00ed sus inquietudes, sus ansias de correr hasta la meta en el menor tiempo posible. Sus ganas de cerrar siglos de ingnominias y su fe en sus compa\u00f1eros. Fiel a ellos, a s\u00ed misma. Hasta que, junto a Rafa, perdi\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>Su admiraci\u00f3n por el euskara que aprendi\u00f3 como tantas otras. Su respeto por los suyos, tal y como recitaba Maialen Lujanbio: \u201cGogoratzen naiz lehengo amonen zapi gaineko gobaraz. Gogoratzen naiz lehengo amonaz gaurko amaz ta alabaz\u201d, Amerria, la patria de la madre. Y tal como cantaba Maialen, un d\u00eda, al estilo de las brujas de Zugarramurdi o quiz\u00e1s de las de Anboto, las veremos llegar, \u201cEuskal Herriko lau ertzetara itzuliko gara gabaz\u201d.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, la madre de \u00c1ngel, recibi\u00f3 de su hijo el calor imposible, la intranquilidad eterna unas horas antes de que fuera ejecutado aquel 27 de setiembre de hace ahora demasiados a\u00f1os para llorar, apenas unos cuantos para olvidar. La otra Mar\u00eda, la madre de Jon, no viaj\u00f3 a Barcelona antes de que matar\u00e1n a su hijo ese mismo d\u00eda, aunque record\u00f3, con detalle, los meses en el que lo arrop\u00f3 en su vientre. Ambas se conocieron en la espera y en la despedida. \u201cDeja que cure el dolor de la oscuridad\u201d, cantaba Mercedes Sosa.<\/p>\n<p>Rosi y Marisol, como las madres de \u00c1ngel y Jon, se unieron por el dolor. O mejor. O peor, sus familias se unieron por el dolor. Murieron al reventarles la bomba destinada al INEM, en Sestao. Rosi, de Barakaldo, Marisol de Ermua. En la lista de la precariedad, en las colas de los desamparados, trabajo, sudor y l\u00e1grimas. El hierro, el acero que forjaron hombres\u2026 y mujeres que desaparecieron de los libros y reaparicieron en las luchas, siempre con modestia.<\/p>\n<p>\u201cNo s\u00e9 c\u00f3mo irme ni c\u00f3mo llegar \u2013le dir\u00e9 cada vez que intento cruzar un espejo- el mundo del otro lado me dice que es demasiado tarde\u201d, versaba Ana Wajszczuk de su amada Varsovia. Y me surge la duda, en la calidez de mis escondites y plagada de vientos que llegan desde el Serantes, si entre las ruinas de Euskalduna, o entre las lumbres de siderita de Gallarta no habr\u00e1 miles de espejos con los rostros de Rosi y Marisol, reptiendo hasta el infinito su deseo de terminar con tanto canalla. Y la duda me anima a seguir adelante.<\/p>\n<p>Dime Bakartxo que sigues esperando a la cita, nerviosa, alterada por el retraso. Dime que todo lo que pas\u00f3 despu\u00e9s es un mal sue\u00f1o. Porque quiero recordar tu sonrisa junto a la brisa que entra desde Monp\u00e1s e invade todo ese barrio al que dieron el nombre de un empresario taurino, como si sus credenciales econ\u00f3micas fueran suficientes para dejar huella en la piedra.<\/p>\n<p>Dime Bakartxo que ni Luis Mari, ni <em>Satza<\/em> acudieron a la cita, que todo aquello no es sino el eco de otros tiempos de guerra, el olor \u00e1spero de la p\u00f3lvora, el sonido insoportable del traquetear de la pistola. Dime que sigues tomando ese caf\u00e9 cargado con unas gotas de leche fr\u00eda y que al abrir las ventanas de tu casa te emocionas a\u00fan con los cantos infantiles de las ni\u00f1as de la ikastola vecina. Dime que esa ventana no se ha cerrado jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Y cuando me lo digas, te contar\u00e9 los sue\u00f1os de Lutxi, los m\u00edos. El espanto de la tragedia que asol\u00f3 su peque\u00f1o pueblo al borde de los desagues de Urrunaga, cuando decenas de ni\u00f1as de otra escuela como las que Bakartxo admiraba, dejaron de ser ni\u00f1as para convertirse en pesadilla. Bombas sin nombre, pero con el apellido de insignes familias fascistas.<\/p>\n<p>Te contar\u00e9 los sue\u00f1os que me trajo Lutxi de Nicaragua, de su revoluci\u00f3n sandinista, de sus mujeres, del color del ma\u00edz y del sabor del maracuy\u00e1, de las grietas en las mansiones centenarias y de las iguanas subiendo por las paredes de la tienda de campa\u00f1a. Te contar\u00e9 los sue\u00f1os de amor de Lutxi, de amor por su pueblo, y recitaremos juntos aquellos versos de Gioconda Belli: \u201c\u00bfTe acord\u00e1s de la \u00faltima vez que cre\u00edmos poder iluminar la noche?\u201d. Lutxi, que cay\u00f3 en Trintxerpe.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, con los sue\u00f1os de Lutxi, desde la ventana abierta de Bakartxo, escribiremos letras de amor, de recuerdo y de esperanza. Recitaremos poemas de Maya Angelou, Anais Nin, Alice Walker, Madeleine Jauregiberri o Itxaro Borda. Y como escribi\u00f3 Sorne Unzueta, nacida con el XIX en Abando: \u201cZer dauko gau honetan, neure herriak? Ikusten dot inoiz baino argiagoa\u201d. \u00bfQu\u00e9 sucede en mi pueblo al que veo m\u00e1s l\u00facido que nunca?<\/p>\n<p>Hay un pueblo al sur, al este, al norte y al oeste de Garazi, en el que brotan decenas de arroyos con nombre de mujer. Cuando las noches son claras, y el viento se desliza por los valles m\u00e1s bajos, el cielo se despeja y en su negritud, nos ense\u00f1a los c\u00famulos, las galaxias, las constelaciones\u2026 repletas de estrellas con nombre femenino, Andr\u00f3meda, Vega, Casiopea, Hadar\u2026 Estrellas a las que una vez, con atrevimiento, pusimos los ep\u00edgrafes de nuestra tierra, desde que Mertxe subi\u00f3 a aquella trinchera destartalada, olvind\u00e1ndonos de nomenclaturas acad\u00e9micas.<\/p>\n<p>Hay un pueblo al sur del Adur, al norte del Ebro, viejo y arrugado, joven y activo, sostenido por manos de mujer y por brazos de madre. Que se apega a un trozo de tierra y que canta en una lengua milenaria. Que, a pesar de que se ha vuelto descreido, sigue una senda ya trazada. \u201cZugan sinesten dut\u201d, dec\u00eda el poeta, \u201cI believe in you\u201d, entonaba una cantante australiana. Me resisto a pronunciarlo en castellano, \u201cCreo en ti\u201d, porque resuena como si viniese de un valle b\u00edblico. Aunque fuese Elah, donde David venci\u00f3 a Goliat, prefiero el nuestro, como el del arroyo de Heleta, Harana, donde un gesto de Maddi fue suficiente para convencernos hasta la eternidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Gara\" href=\"http:\/\/www.gara.net\/paperezkoa\/20110924\/292681\/en\/I-believe-in-you\">http:\/\/www.gara.net\/paperezkoa\/20110924\/292681\/en\/I-believe-in-you<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay un pueblo al norte de Garazi en el que brota un arroyo que tiene nombre de valle, Harana. 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