{"id":25105,"date":"2011-08-23T07:23:55","date_gmt":"2011-08-23T05:23:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/500-anos-del-descubridor-del-amazonas\/"},"modified":"2011-08-23T07:23:55","modified_gmt":"2011-08-23T05:23:55","slug":"500-anos-del-descubridor-del-amazonas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/500-anos-del-descubridor-del-amazonas\/","title":{"rendered":"500 a\u00f1os del descubridor del Amazonas"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<h3>El gran r\u00edo de los mitos<\/h3>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En las novelas que transcurren en el Amazonas la tierra no es paisaje, sino el personaje m\u00e1s poderoso. A los 500 a\u00f1os del nacimiento de Francisco de Orellana, su descubridor, recorremos su cuenca como inspiraci\u00f3n para escritores, pintores, m\u00fasicos y cineastas<\/p>\n<p>La literatura del mundo amaz\u00f3nico ha sido en cinco siglos un largo di\u00e1logo de mitolog\u00edas. Las que concibieron en centenares de lenguas los diez millones de nativos que habitaban sus orillas a la llegada de los europeos, y las que aportaron el espa\u00f1ol y el portugu\u00e9s, que se consolidaban entonces y que con la aventura americana se convirtieron en grandes lenguas planetarias. Hay que leer <em>El hablador,<\/em> de Mario Vargas Llosa, o <em>Macuna\u00edma<\/em>, de Mario de Andrade, para sentir la complejidad de los mitos ind\u00edgenas y el modo libre, audaz y conmovedor como la sensibilidad mestiza los interroga y los transforma en inquietantes par\u00e1bolas de la modernidad. \u00abUna lengua\u00bb, escribi\u00f3 Jorge Luis Borges, \u00abes una tradici\u00f3n, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de s\u00edmbolos\u00bb. Los mayores idiomas nativos de la regi\u00f3n son el ticuna, el shipibo-conibo, el guahibo y el warao, pero, aunque decrecientes en t\u00e9rminos demogr\u00e1ficos, ah\u00ed est\u00e1n el tup\u00ed-guaran\u00ed, el mby\u00e1, el kaiw\u00e1, el pai tavytera, el chirip\u00e1, el omagua, el \u00f1engat\u00fa, las lenguas boras como el muinane y el mira\u00f1a, y las huitoto como el ocaina, el nipode, el meneca, el murui, el nonuya y el coixoma.<\/p>\n<p>\u00abLas poblaciones y lenguas del r\u00edo llegaron del mar. Lo narran los distintos pueblos en el mito compartido de las grandes anacondas\u00bb<\/p>\n<p>Innumerables son las recopilaciones que se han hecho de tradiciones, relatos, mitos y sue\u00f1os ind\u00edgenas, pero podemos mencionar <em>Los piros,<\/em> relatos recopilados en el Per\u00fa por el sacerdote espa\u00f1ol Ricardo \u00c1lvarez en 1960; los <em>Mitos e historias aguarunas,<\/em> recopilados por Jos\u00e9 Jordana Laguna en 1974; <em>La verdadera biblia de los cashinahuas,<\/em> cuentos recopilados por el antrop\u00f3logo franc\u00e9s Andr\u00e9 Marcel d&#8217;Ans en 1975, que ha sido llamada <em>\u00abLas mil y una noches<\/em> del mundo ind\u00edgena amaz\u00f3nico\u00bb; <em>El universo sagrado,<\/em> recopilado y reelaborado por Luis Urteaga Cabrera, de Cajamarca, quien convivi\u00f3 diez a\u00f1os con los ind\u00edgenas shipibos; y las recopilaciones <em>Yaunchuck<\/em> I y II que recoge la literatura oral de los j\u00edbaros huambisa, publicadas en 1994.<\/p>\n<p>En la regi\u00f3n brasile\u00f1a y venezolana, el etn\u00f3grafo alem\u00e1n Koch-Gruneberg recogi\u00f3 las leyendas e historias de los ind\u00edgenas taulipangues y arecun\u00e1s, que dieron a conocer un mundo rico de imaginaci\u00f3n y de conocimientos e inspiraron en Brasil a Mario de Andrade, en una semana inolvidable de 1928, su novela <em>Macuna\u00edma.<\/em> Es una rapsodia que mezcla el esp\u00edritu de los romances medievales y la atm\u00f3sfera de las ciudades fant\u00e1sticas con el ritmo de la novela picaresca para producir una de las grandes fusiones literarias contempor\u00e1neas. Su decurso es ejemplar por los rumbos que abre para la imaginaci\u00f3n: el h\u00e9roe Macuna\u00edma, de la tribu de los tapanhumas, vence a C\u00ed, la reina de las amazonas, la convierte en su esposa, y se apodera de la  Muiraquit\u00e1, la piedra en forma de caim\u00e1n que da la felicidad. Un traficante de S\u00e3o Paulo, Venceslau Pietro Pietra (que es en realidad el monstruoso gigante Piaim\u00e1), roba el talism\u00e1n y hace que Macuna\u00edma y sus hermanos Maanepe y Jiqu\u00e9 vayan a la ciudad a buscarlo y all\u00ed lo derroten. El h\u00e9roe recupera el talism\u00e1n, pero al volver no encuentra ya su aldea, que ha sido devastada. Le cuenta toda su historia a un papagayo, antes de convertirse en una de las estrellas de la  Osa Mayor, y el narrador confiesa al final que es aquel papagayo quien se la ha contado.<\/p>\n<p>Ya el nombre del Amazonas logra ser testimonio suficiente de esa tradici\u00f3n de desplazamientos m\u00edticos. Que unas mujeres guerreras de Tracia o de Mitilene, que lucharon con Aquiles y con los centauros, hayan terminado dando su nombre al otro lado del mar al mayor r\u00edo del planeta es indicio suficiente de c\u00f3mo desde hace cinco siglos se funden nuestros s\u00edmbolos, de c\u00f3mo se condensan en nuevos relatos y met\u00e1foras las memorias de dos hemisferios incomunicados por treinta mil a\u00f1os.<\/p>\n<p>La selva es un laberinto insondable, pero el r\u00edo es un camino abierto, una inmensa v\u00eda de comunicaci\u00f3n que uni\u00f3 desde siempre a los pueblos de la cuenca, y comunic\u00f3 al mundo del Caribe con las regiones andinas. Las poblaciones y las lenguas del r\u00edo llegaron del mar, y as\u00ed lo narran los distintos pueblos en el mito compartido de las grandes anacondas que entraron por la desembocadura y remontaron los cauces de agua.<\/p>\n<p>Esta inmensa cuenca que hoy se reparten ocho pa\u00edses es un gran pa\u00eds en s\u00ed misma, el mayor sistema de aguas dulces del planeta, y es comprensible que en el Amazonas todo sea superlativo: sus mil tributarios, su extensi\u00f3n, su caudal, el territorio que abarca y la selva que nutre. La cantidad de agua que mueve es una suerte de oc\u00e9ano circulante; porque es una d\u00e9cima parte del mundo que contiene sin embargo la mitad de su patrimonio biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Grandes hechos de la historia suelen ser inesperados y pasar casi inadvertidos. Fray Gaspar de Carvajal no se habr\u00eda atrevido a compararse con los altos autores del Siglo de Oro espa\u00f1ol, pero es hoy el s\u00edmbolo de la curiosidad con que la lengua espa\u00f1ola registr\u00f3 el descubrimiento del r\u00edo m\u00e1s largo y caudaloso del mundo y de la selva que lo ci\u00f1e. Fray Gaspar no era un literato; s\u00f3lo su afici\u00f3n a registrar todo lo que ocurr\u00eda lo convirti\u00f3 en cronista accidental de una expedici\u00f3n fabulosa, la de Gonzalo Pizarro en busca del Pa\u00eds de la Canela m\u00e1s all\u00e1 de los montes nevados de Quito. Los infinitos caneleros no exist\u00edan, y en vez de un bosque rojo de una sola especie los viajeros encontraron la selva amaz\u00f3nica, la mayor variedad de plantas del mundo, pero en aquellos tiempos esa no era una buena noticia: necesitaban oro, met\u00e1lico o vegetal, y lo necesitaban enseguida.<\/p>\n<p>Orellana fue desde entonces uno de los personajes de la literatura amaz\u00f3nica, y su car\u00e1cter ha oscilado en las letras entre el h\u00e9roe abnegado y sutil, conocedor de lenguas y gran caudillo de hombres del relato de Carvajal, hasta el villano que premeditadamente traiciona a Pizarro y huye con el barco de la expedici\u00f3n llev\u00e1ndose cien mil pesos de oro, la paga de los soldados, y las piedras preciosas que hab\u00edan obtenido por las monta\u00f1as, en cr\u00f3nicas como la <em>Historia<\/em><em> del reino de Quito<\/em> de Juan de Velasco.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os despu\u00e9s del viaje de Orellana vino la expedici\u00f3n al Amazonas de Pedro de Urs\u00faa, que dio origen al ciclo literario de Lope de Aguirre. El navarro Urs\u00faa, quien hab\u00eda guerreado diez a\u00f1os en tierras de lo que hoy es Colombia, intent\u00f3 en 1561 repetir la aventura de Orellana y buscar el pa\u00eds del hombre de oro, pero cometi\u00f3 dos errores, llevarse en su expedici\u00f3n a la mujer m\u00e1s bella del Per\u00fa, la mestiza In\u00e9s de Atienza, con sus doncellas, y reclutar, entre otros villanos, a Lope de Aguirre, quien encabez\u00f3 la sublevaci\u00f3n que dio muerte a los dos amantes, se apoder\u00f3 de la expedici\u00f3n, hizo un viaje sanguinario, y provoc\u00f3 libros como <em>La aventura equinoccial<\/em> <em>de Lope de Aguirre,<\/em> de Ram\u00f3n J. Sender; <em>Lope de Aguirre, pr\u00edncipe de la libertad,<\/em> de Miguel Otero Silva; <em>El camino de El Dorado<\/em>, de Arturo Uslar Pietri; <em>Los mara\u00f1ones de Ciro Bayo,<\/em> y pel\u00edculas como <em>Aguirre, la c\u00f3lera de Dios,<\/em> de Werner Herzog, o <em>El Dorado,<\/em> de Carlos Saura. Urs\u00faa y Aguirre tuvieron sus cronistas: Francisco V\u00e1squez, Pedrarias de Almesto, Toribio de Ortiguera, Custodio Hern\u00e1ndez, Pedro de Mungu\u00eda y Gonzalo de Z\u00fa\u00f1iga, quien tambi\u00e9n escribi\u00f3 un poema, <em>La jornada del Mara\u00f1\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Algunos de estos episodios fueron versificados temprano en el poema m\u00e1s extenso de la lengua espa\u00f1ola, <em>Eleg\u00edas de varones<\/em> <em>ilustres de Indias,<\/em> de Juan de Castellanos, la m\u00e1s vasta y ambiciosa cr\u00f3nica de la conquista americana, el poema que descubri\u00f3 Am\u00e9rica para la poes\u00eda, y una de las obras m\u00e1s singulares de la literatura universal. De este gran poema se han nutrido por siglos cronistas e historiadores como fray Pedro Sim\u00f3n en sus <em>Noticias historiales,<\/em> y fray Pedro de Aguado, cuya reconstrucci\u00f3n del ciclo de Urs\u00faa y Aguirre ocupa cuatrocientas p\u00e1ginas de su <em>Recopilaci\u00f3n historial.<\/em> Existe tambi\u00e9n la obra in\u00e9dita <em>El Mara\u00f1\u00f3n,<\/em> de Diego de Aguilar y C\u00f3rdoba, 1578, y el <em>Nuevo descubrimiento del Amazonas,<\/em> 1641, de Crist\u00f3bal de Acu\u00f1a.<\/p>\n<p>Los ocho pa\u00edses de la cuenca tienen cada uno una notable literatura amaz\u00f3nica. Baste mencionar la novela <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em> (1929) de R\u00f3mulo Gallegos, cuyo tema no es la selva y el r\u00edo, pero s\u00ed la lucha entre la fuerza incontrolable de la naturaleza y el esfuerzo humano por someterla a sus leyes. No es extra\u00f1o que en su personaje central se sienta vagamente volver la leyenda de la amazona, dominadora de hombres. Un lugar destacado ocupa la novela <em>La vor\u00e1gine<\/em> (1924), de Jos\u00e9 Eustasio Rivera, cuyo escenario s\u00ed es la selva, pero cuyo infierno son menos los laberintos vegetales que el horror de las caucher\u00edas donde las fuerzas del progreso masacraron a centenares de miles de ind\u00edgenas. Larga es la lista de novelas, relatos y poemas que giran sobre el poder de la selva, pero el tema volvi\u00f3 renovado en <em>La casa verde,<\/em> de Mario Vargas Llosa, cuya prosa densa, abigarrada, cambiante, es como esa mara\u00f1a en la que ocurren intempestivamente las cosas; donde formas, colores, temperaturas, aromas, seres, gestos y pensamientos se organizan y fluyen haciendo del lenguaje un tejido poderoso y org\u00e1nico. Hay en esta obra un esfuerzo evidente por lograr que la realidad de la selva se apodere del lenguaje, y all\u00ed, en vigoroso contrapunto, el r\u00edo y la selva son lo sucesivo y lo simult\u00e1neo, lo uno y lo m\u00faltiple, lo homog\u00e9neo y lo diverso, lo que avanza hacia un fin y lo que siempre se repite, camino y laberinto, historia y mito.<\/p>\n<p>Lo mismo puede decirse de la obra monumental de Euclides da Cunha, <em>Los sertones,<\/em> de 1902. Libros donde la tierra no es paisaje sino un personaje m\u00e1s poderoso que los otros, una fuerza que invade la lengua y le da su textura y su poder, de modo que lo que ocurre no puede separarse jam\u00e1s de c\u00f3mo ocurre. Novelas mestizas y mulatas como las de Faulkner, novelas r\u00edo llenas de savia y sangre, de la vegetaci\u00f3n macerada y los enigmas de la tierra fecunda, donde casi no alcanzan los tropos literarios de la tradici\u00f3n para dar cuenta de un mundo inabarcable, de fecundidad destructora.<\/p>\n<p><em>Los sertones<\/em> es la historia de c\u00f3mo treinta mil hombres asediados por la sequ\u00eda, maltratados por la pobreza y humillados por los se\u00f1ores, se atrincheraron en la regi\u00f3n de Canudos y vivieron en comunidad esperando el fin del mundo bajo los sermones inspirados del predicador campesino Antonio Conselheiro, y fueron masacrados por el ej\u00e9rcito de la joven rep\u00fablica acusados de pretender restaurar la monarqu\u00eda, cuando no eran m\u00e1s que pobres exaltados y m\u00edsticos excluidos por una sociedad despiadada. Este mismo tema de la aventura de Conselheiro fue recreado en <em>La guerra del fin del mundo,<\/em> de Mario Vargas Llosa.<\/p>\n<p>Ya el Amazonas no es s\u00f3lo tema de historias locales sino escenario de una gran literatura mundial. Desde los primeros cronistas del siglo XVI, pasando por los misioneros del XVII, exploradores del XVIII y el XIX como Alejandro de Humboldt, que combinaron la curiosidad de la Ilustraci\u00f3n con la pasi\u00f3n del Romanticismo, novelistas como Julio Verne, Ram\u00f3n J. Sender y Hartzell Spence, hasta antrop\u00f3logos, etn\u00f3logos, ge\u00f3grafos y bot\u00e1nicos del siglo XX, como Wade Davis, autor de la monumental obra <em>El r\u00edo,<\/em> el mundo amaz\u00f3nico se ha convertido en un gran tema de estudio y reflexi\u00f3n a medida que la degradaci\u00f3n de la naturaleza planetaria y el cambio clim\u00e1tico lo se\u00f1alan como la gran reserva de respuestas para los desaf\u00edos de la \u00e9poca.<\/p>\n<h3>La Amazonia<\/h3>\n<p>&#8211; La cuenca se expande por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana francesa, Per\u00fa, Suriname y Venezuela.<\/p>\n<p>&#8211; Es el r\u00edo m\u00e1s largo del mundo (6.800 kil\u00f3metros) -seg\u00fan las \u00faltimas mediciones- y m\u00e1s caudaloso (230.000 metros c\u00fabicos por segundo).<\/p>\n<p>&#8211; Proporciona la quinta parte de toda el agua dulce mundial, m\u00e1s que las del Misisipi, el Nilo y el Yangtze juntos. Cuenta con 1.100 r\u00edos tributarios de importancia.<\/p>\n<p>&#8211; Su \u00e1rea es de aproximadamente 7.989.000 kil\u00f3metros cuadrados, un 40% de la extensi\u00f3n de Sudam\u00e9rica.<\/p>\n<p>&#8211; Alberga la d\u00e9cima parte de todos los bosques del planeta.<\/p>\n<p><em>Diario de la  Amazon\u00eda. Roger Casement. Edici\u00f3n de Angus Mitchell y traducci\u00f3n de Sonia Fern\u00e1ndez (Ediciones del Viento). Diario del Amazonas.<\/em> Roger Casement. Traducci\u00f3n de Cristina O\u00f1oro y Stella Ramos (Funambulista). <strong>William Ospina<\/strong> (Padua, Colombia-1954) gan\u00f3 en 2009 el premio R\u00f3mulo Gallegos con<em> El Pa\u00eds de la Canela<\/em> (Belacqua, 2009), segundo tomo de su trilog\u00eda sobre los viajes en el Amazonas del siglo XVI, que abri\u00f3 con <em>Urs\u00faa<\/em> y se completar\u00e1 con <em>La serpiente sin ojos<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\">El Pa\u00eds<\/a>-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gran r\u00edo de los mitos \u00a0 En las novelas que transcurren en el Amazonas la tierra no es paisaje, sino el personaje m\u00e1s poderoso. 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