{"id":25023,"date":"2011-08-08T07:24:04","date_gmt":"2011-08-08T05:24:04","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/9-de-agosto-de-1936-12-horas-entre-la-vida-y-una-muerte-injusta\/"},"modified":"2011-08-08T07:24:04","modified_gmt":"2011-08-08T05:24:04","slug":"9-de-agosto-de-1936-12-horas-entre-la-vida-y-una-muerte-injusta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/9-de-agosto-de-1936-12-horas-entre-la-vida-y-una-muerte-injusta\/","title":{"rendered":"9 de agosto de 1936: 12 horas entre la vida y una muerte injusta"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><span>\u00abO<\/span>CURRI\u00d3 en menos de 12         horas del segundo domingo de agosto de aquel verano <em>calient<\/em><strong>e <\/strong>del 36, hace 75 a\u00f1os, en la Llanada alavesa y Urbasa.<\/p>\n<p>Al p\u00e1rroco de Zalduendo y Galarreta (\u00c1lava), <em>exiliado <\/em>en          Cegama (Gipuzkoa) por aquello de que los bandos estaban sin         definir, le correspond\u00eda celebrar la misa dominical en ambos         pueblos, y como no las ten\u00eda todas consigo respecto a la forma         en que ser\u00eda recibido, <em>solicit\u00f3<\/em> ayuda. A la ma\u00f1ana         apareci\u00f3 acompa\u00f1ado de 26 requet\u00e9s armados; mientras uno         celebraba misa, sus acompa\u00f1antes encerraban en el Ayuntamiento         de Zalduendo a 18 personas, entre otras al maestro Miguel Gil;         faltaban todas las que, intuyendo lo que se avecinaba, hab\u00edan         huido al monte.<\/p>\n<p>El p\u00e1nico se extiende a Galarreta (2 km de Zalduendo), y por lo         que pueda pasar, yo tambi\u00e9n decido<em> exiliarme<\/em> en mi         huerta. Pronto varios requet\u00e9s armados llegan a casa preguntando         por m\u00ed. Mi esposa, de com\u00fan acuerdo, dice no saber d\u00f3nde estoy,         pero el infortunio hace que r\u00e1pidamente los tenga delante         enca\u00f1on\u00e1ndome con sus fusiles y encerrado en la escuela, en         donde ya estaban asustados y muy preocupados mi amigo y maestro         Bernardino Domingo y otras 3 personas m\u00e1s.<\/p>\n<p>Por si fu\u00e9ramos pocos, por la misma puerta apareci\u00f3 el maestro         de Gordoa y tambi\u00e9n amigo Mauricio Rodr\u00edguez. Sin saber los         motivos y sin atrevernos a preguntarlos, los dos maestros y yo         nos vemos en un cami\u00f3n rumbo a Zalduendo, en cuyo Ayuntamiento         pasamos a ser 22 los que estamos en una situaci\u00f3n no muy         envidiable. Aqu\u00ed, sin tan siquiera preguntarnos el nombre o         tomarnos declaraci\u00f3n alguna, recibimos algunas inesperadas e         inquietantes visitas de los alcaldes de la zona, que incrementan         nuestras preocupaciones y malestar, rematadas por la del         p\u00e1rroco, que aparentemente asustado e impresionado, nos dej\u00f3         peor de lo que ya est\u00e1bamos al decirnos que nos iban a matar a         todos, pero que han intervenido los m\u00e9dicos, alcaldes y \u00e9l         mismo, y que parece que s\u00f3lo matar\u00e1n a algunos. Que a \u00e9l no le         culpe nunca, que se ha puesto de rodillas pidiendo por nosotros         y que \u00e9l es el primero que lo lamenta.<\/p>\n<p>La tarde transcurre muy lentamente hasta que nos comunican que         a los maestros de Gordoa, Galarrreta y Zalduendo y a m\u00ed nos van         a llevar a Vitoria; pareciera ser que alguien hab\u00eda puesto en         marcha una macabra selecci\u00f3n; m\u00e1s tensi\u00f3n, angustia, zozobra,         miedo&#8230; Zalduendo, Narvaja, Aspuru, Larrea, el Patio, y a las 8         de la tarde estamos esposados en el Centro Navarro de Vitoria,         que hac\u00eda pocos d\u00edas hab\u00edan abierto los falangistas y requet\u00e9s         navarros para castigar con m\u00e1s dureza, pues se quejaban de que         los alaveses no lo hac\u00edan bien. El hombre de la guada\u00f1a parec\u00eda         aproximarse sin tiempo de asimilar nada.<\/p>\n<p>2 horas pasamos en esta dif\u00edcil y complicada tesitura hasta         que, a las 10 de la noche, vuelta a los mismos coches negros en         que nos hab\u00edan tra\u00eddo. Por fin salimos en direcci\u00f3n a Navarra.         Ingenuidad la nuestra que por un momento cre\u00edmos que nos         llevaban de regreso a casa, cuando, sin saberlo, nuestra         sentencia ya estaba echada. Pregunt\u00e9 al ch\u00f3fer sobre nuestro         destino, y me contest\u00f3 que primero a Olazagut\u00eda y que despu\u00e9s no         sab\u00eda. El ambiente se hac\u00eda cada vez m\u00e1s irrespirable y el t\u00fanel         m\u00e1s negro, por lo que decido que, al pasar por Salvatierra,         saltar\u00e9 del coche en marcha y huir\u00e9 a la zona republicana que         por aquellos d\u00edas estaba cerca. Imposible.<\/p>\n<p>Olazagut\u00eda, cambio de escolta a excepci\u00f3n del jefe, el ch\u00f3fer         entrante pregunta al saliente: \u00bfA d\u00f3nde llevamos a \u00e9stos? Dice         el nombre de alg\u00fan monte, los nervios se alteran, salimos y         enseguida dejamos la carretera a Pamplona para iniciar la         ascensi\u00f3n a Urbasa, ya no hay ninguna duda, nos van a matar\u2026         Pienso otra vez en arrojarme del coche, imposible.<\/p>\n<p>Llegamos a Urbasa, forcejeo y golpes ya que no queremos salir         de los coches negros, uno me apunta con su fusil y otro le         aconseja: \u00abno le tires hasta que salga que va a llenar el coche         de sangre, acu\u00e9rdate de lo que paso ayer\u00bb. A unos metros est\u00e1n         los maestros de pie, primero Mauricio, segundo Miguel, tercero         Bernardino y yo, detr\u00e1s 10 hombres con viejos fusiles a 2         metros.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo instante intento sobornarles ofreci\u00e9ndoles los         bienes que ten\u00eda. Respuesta: \u00abBuena falta les har\u00e1 a su mujer e         hijas\u00bb y en voz alta da la orden de fuego.<\/p>\n<p>En ese preciso momento empujo al jefe de los requet\u00e9s, que cae         y salgo corriendo en la oscuridad. Me disparan, Mauricio grita:         \u00abcorran ustedes que yo no puedo, que me maten aqu\u00ed\u00bb. Tropiezo,         caigo al suelo, la oscuridad y algunas rocas me protegen, pero         las balas silban, me dan por muerto. Desde mi escondite veo         desplomarse a Bernardino dando un fuerte berrido de muerte,         enseguida otro y otro de Miguel y Mauricio. Salgo corriendo y         a\u00fan puedo escuchar los tiros de gracia, intentan hacer lo mismo         conmigo pero no me encuentran.<\/p>\n<p>Es noche de luna llena y tres cuerpos quedan tendidos, sin         vida, en Urbasa. Mientras, yo, perdido, asustado, tembloroso,         herido, roto\u2026 solo en la inmensidad de la sierra de Urbasa y         sabiendo que los lobos volver\u00e1n a por m\u00ed, como as\u00ed fue, y sin         saber qu\u00e9 hacer. Son las once menos veinte de la noche\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Todo lo anterior es solo una parte resumida de las memorias que         Pedro Salinas Arregui, la persona que consigui\u00f3 escapar,         escribi\u00f3 en 1955 (1887 Galarreta\/1962 Alsasua, diputado foral de         \u00c1lava).<\/p>\n<p>Esa noche 3 maestros perdieron sus vidas, y la justicia que les         pudiera corresponder qued\u00f3 enterrada en la sima de Otxaportillo         para siempre, simplemente por ser maestros republicanos. Ellos         no volver\u00e1n, justicia dif\u00edcilmente se les har\u00e1, pero que por lo         menos quede su ejemplo, entre otras cosas para que no vuelva a         suceder.<\/p>\n<p> <\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"Noticias de Navarra\" href=\"http:\/\/www.noticiasdenavarra.com\/\">Noticias de Navarra<\/a>-ek  argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abOCURRI\u00d3 en menos de 12 horas del segundo domingo de agosto de aquel verano caliente del 36, hace 75 a\u00f1os, en la Llanada alavesa y Urbasa. 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