{"id":24981,"date":"2011-07-20T04:51:38","date_gmt":"2011-07-20T02:51:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/sarajevo-1\/"},"modified":"2011-07-20T04:51:38","modified_gmt":"2011-07-20T02:51:38","slug":"sarajevo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/sarajevo-1\/","title":{"rendered":"Sarajevo, 1"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El visitante, antes de entrar en el centro hist\u00f3rico de la ciudad, se detiene un momento en la avenida que llamaron \u00abde los francotiradores\u00bb. Es una avenida ancha, un poco desolada y sin ninguna gracia especial, y por el centro pasa un tranv\u00eda que tiene fama -eso dicen los vecinos- de ser el primer tranv\u00eda el\u00e9ctrico de Europa. No s\u00e9 si es cierto, pero es un orgullo local. De este tranv\u00eda urbano, hab\u00eda hace pocos a\u00f1os los esqueletos quemados en medio de la avenida. Aqu\u00ed mismo, quien quer\u00eda cruzar la calle corr\u00eda el riesgo cert\u00edsimo de recibir un tiro disparado desde alguna de las colinas cercanas, desde alguna de aquellas casetas pac\u00edficas que se ven all\u00e1 arriba, entre el verdor de los \u00e1rboles y los prados. Cuesta creer, contemplando este paisaje una ma\u00f1ana c\u00e1lida de finales de primavera. Cuesta creer, pero fue as\u00ed, as\u00ed durante m\u00e1s de tres a\u00f1os, y el mundo entero miraba. Bombardear una ciudad indefensa, desde el aire o desde la distancia de los ca\u00f1ones, parece un horror al que ya estamos acostumbrados. Matar a sus habitantes inocentes uno a uno, apuntando con un rifle de precisi\u00f3n, tal vez es otro tipo de maldad humana, no tan destructiva como un bombardeo pero a\u00fan m\u00e1s perversa. Si las v\u00edctimas son de tu propio pa\u00eds y ciudad, quiz\u00e1 nacidas en tu propio barrio, en tu calle, en la casa de al lado, personas con las que fuiste a la escuela y jugaste de peque\u00f1o, la maldad s\u00f3lo se explica por la perversi\u00f3n horrible de las ideas: los matamos porque son de otro sector, o de otro partido, o de otra religi\u00f3n, o porque tienen un proyecto diferente de pa\u00eds, o porque nos han dicho que ahora son enemigos que hay que destruir, y nosotros hemos cre\u00eddo esta doctrina infame. El visitante, por otra parte, viene de un pa\u00eds donde en tiempo de sus padres, hace setenta y pocos a\u00f1os, tambi\u00e9n hubo miles de asesinos que mataron decenas de miles de inocentes, uno a uno, de un disparo en la cabeza o fusilados, y muchos eran tambi\u00e9n vecinos y conocidos, pero de otra idea, clase social o partido. El visitante no es nadie para declarar que este es un pa\u00eds de b\u00e1rbaros criminales y el suyo es un pa\u00eds civilizado donde cosas como \u00e9sta no pueden pasar nunca. Han pasado, y no hace tanto tiempo. Ya dentro de la ciudad, a orillas del r\u00edo Bosna, la c\u00e9lebre biblioteca est\u00e1 cubierta de andamios donde trabajan en la reconstrucci\u00f3n: el edificio volver\u00e1 a ser como era, pero los miles de libros valiosos, los cientos de manuscritos \u00fanicos, no volver\u00e1n nunca a la vida desde las cenizas. Los atacantes sab\u00edan muy bien qu\u00e9 hab\u00eda en esta biblioteca: lo sab\u00edan, y por eso la quemaron. Al lado mismo, en las vitrinas exteriores del museo de la ciudad, hay grandes fotograf\u00edas antiguas que muestran el asesinato del Kronprinz, el archiduque Francisco Fernando, que el verano de 1914 hizo estallar la Gran Guerra: aqu\u00ed, en este mismo lugar, y por obra de un joven estudiante t\u00edsico, Gavrilo Prinzip, partidario fan\u00e1tico de la  Gran Serbia. En 1918 le pusieron su nombre al puente cercano, como h\u00e9roe de la patria. La historia es la que es, y no cambia: las interpretaciones, s\u00ed.<\/p>\n<p>Pocos minutos despu\u00e9s, el visitante se encuentra en un barrio de casas peque\u00f1as de piedra y de madera, de aire perfectamente oriental, y no falsas sino antiguas y aut\u00e9nticas. Lo que queda de la vieja ciudad turca, capital regional y gran centro de mercadeo, ahora son sobre todo tiendas abiertas al comercio cl\u00e1sico de este tipo de barrios-bazar en cualquier ciudad del mundo \u00e1rabe o isl\u00e1mico, con artesan\u00eda barata que pretende ser oriental, y con las baratijas universales venidas de China. En el centro del barrio est\u00e1 la mezquita m\u00e1s grande de Sarajevo, con el gran patio, y al lado la madrasa, donde a lo largo de cuatro o cinco siglos los ni\u00f1os han aprendido (y aprenden a\u00fan, en la nueva escuela adjunta) la santa doctrina cor\u00e1nica. Muy cerca de all\u00ed, el patio bell\u00edsimo de un antiguo hostal de mercaderes es ahora un lugar de descanso, una especie de bar con sillones muy c\u00f3modos, donde mujeres j\u00f3venes, hermosas, modernas, se sientan separadas de los hombres, bebiendo zumos y cocacola, y cubiertas desde la cabeza hasta los tobillos. La noche anterior, por el contrario, en una fiesta de fin de bachillerato que se celebraba en nuestro hotel, las adolescentes de la ciudad mostraban alegremente pechuga y muslo. Probablemente eran tambi\u00e9n musulmanas, vista la actual composici\u00f3n religiosa de la ciudad, y eso me reconforta un poco. Qui\u00e9n sabe si es una muestra de lo que un d\u00eda podr\u00eda ser Europa. En todo caso, al lado del barrio turco, de la gran mezquita y de las se\u00f1oritas tapadas, tocando al bazar de aire oriental, hay una peque\u00f1a ciudad de la Europa m\u00e1s cl\u00e1sica, una ciudad de provincias de la  Austria de siglo XIX.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<p> <\/p>\n<h5>Publicado por El Temps-ek  argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El visitante, antes de entrar en el centro hist\u00f3rico de la ciudad, se detiene un momento en la avenida que llamaron \u00abde los francotiradores\u00bb. 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