{"id":24968,"date":"2011-07-18T08:00:49","date_gmt":"2011-07-18T06:00:49","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-terremoto-de-lisboa\/"},"modified":"2011-07-18T08:00:49","modified_gmt":"2011-07-18T06:00:49","slug":"el-terremoto-de-lisboa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-terremoto-de-lisboa\/","title":{"rendered":"El terremoto de Lisboa"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 1 de noviembre de 1755, un terremoto de fuerza descomunal destroz\u00f3 Lisboa. Nueve grados de la escala de Richter, con epicentro en alg\u00fan lugar del Atl\u00e1ntico a unos trescientos kil\u00f3metros de la costa. Cinco minutos de temblor. Cayeron casas, palacios e iglesias, surgieron incendios por doquier, y cuando el Infierno estaba al completo, una sucesi\u00f3n de olas gigantes culmin\u00f3 la destrucci\u00f3n. Murieron 90.000 de los 275.000 habitantes censados. Se registraron grandes da\u00f1os en Marruecos, en muchos lugares de Espa\u00f1a -mil muertos en Ayamonte- y maremotos de leyenda hasta en la  Martinica. Europa qued\u00f3 consternada y el fil\u00f3sofo Voltaire pregunt\u00f3: \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba Dios?\u201d Cinco d\u00e9cadas despu\u00e9s, la guillotina trabajaba a destajo en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Un sordo temblor vuelve a sacudir los cimientos de Lisboa y el se\u00f1or Luis Bordalo me atiende con la sonrisa de siempre en su quiosco, a cuatro pasos de la plaza Cam\u00f5es. La sonrisa de siempre, con una tenue, muy tenue, advertencia en la mirada. Uno de esos brillos que te dicen: \u201cYa s\u00e9 lo que est\u00e1s pensando, pero no quiero que te compadezcas de m\u00ed\u201d. El se\u00f1or Bordalo me saluda amablemente y me dice que piensa resistir el terremoto. \u201cBien, bien, estamos bien. Usted ya sabe. Vamos a aguantarlo. Hemos de trabajar sin esperar milagros. Lo importante es no esperar milagros. Poco a poco quiz\u00e1s la situaci\u00f3n mejore\u201d. Me explica que est\u00e1n haciendo obras en la peque\u00f1a papeler\u00eda que su esposa regenta en el Largo de Calh\u00e1riz -tambi\u00e9n a cuatro pasos de Cam\u00f5es- y que una vez hayan concluido pondr\u00e1n una banderola en la puerta de la tienda con un cuaderno azul portugu\u00e9s. Sonr\u00ede: \u201cHay que innovar\u201d.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Bordalo y su esposa venden los m\u00e1s genuinos cuadernos azules portugueses. Las libretas de tapa dura con una etiqueta en el centro con las que Paul Auster construy\u00f3 el argumento central de La noche del or\u00e1culo. El protagonista de la novela, reci\u00e9n salido de una enfermedad, no logra inspirarse si no tiene a mano un cuaderno portugu\u00e9s. Son \u00fanicos. Ninguno tiene el mismo n\u00famero de p\u00e1ginas, el lomo del papel a veces est\u00e1 tintado y la etiqueta, pegada a mano, suele presentar una ligera inclinaci\u00f3n; ora a la izquierda, ora a la derecha. Su belleza reside en la imperfecci\u00f3n. La bendita imperfecci\u00f3n de las cosas no premeditadas.<\/p>\n<p>Se pueden encontrar en muchas tiendas de Portugal, pero el se\u00f1or Bordalo y su esposa, advertidos de la resonancia literaria, pidieron al fabricante que les suministrara una serie exclusiva sin c\u00f3digo de barras en la etiqueta. Para competir con los cuadernos de moda en media Europa -todos perfectamente iguales, el\u00e1sticos y posmodernos-, los venden con una cinta de goma de quita y pon. Los hay de varios tama\u00f1os.<\/p>\n<p>Portugal es hoy un cuaderno azul de formato largo. Un viejo cuaderno de contabilidad.<\/p>\n<p>El nuevo gobierno de Pedro Passos Coelho ha implantado un impuesto extraordinario que requisar\u00e1 el 50% de la paga de Navidad y las calles de Lisboa no se han llenado de indignados. Hubo, es cierto, importantes protestas antes de las elecciones legislativas del 5 de junio. De hecho, los indignados nacieron en Portugal. Una convocatoria trenzada en internet sac\u00f3 a la calle a la  Gera\u00e7\u00e3o a rasca el Zapatero portugu\u00e9s estuvo a punto de convencer a mucha gente de que las cosas no estaban tan mal y que, con habilidad, el milagro era posible. El milagro. Una idea grata en una sociedad cuya gran fantas\u00eda sigue siendo el regreso del rey Sebasti\u00e1n, misteriosamente desaparecido en 1578 en la batalla de Alcazarquivir por el control del norte de \u00c1frica. El rey Sebasti\u00e1n volver\u00e1 un d\u00eda de entre la niebla y con \u00e9l regresar\u00e1 el orden positivo. Finalmente, las elecciones de junio las gan\u00f3 la otra pulsi\u00f3n portuguesa: el apego a lo concreto y el instinto de supervivencia. El se\u00f1or Bordalo. Gan\u00f3 el partido de la contabilidad.<\/p>\n<p>El sebastianismo es imprescindible para entender el alma portuguesa. La  Revoluci\u00f3n de Abril de 1974 tuvo aires sebastianistas: los j\u00f3venes capitanes, hartos de la guerra colonial, salieron de entre la niebla para devolver la esperanza al pueblo y la libertad a las colonias (de inmediato despedazadas, sobre todo la rica Angola, por la lucha de bloques). Una fracci\u00f3n del Movimiento de las Fuerzas Armadas sinti\u00f3 la tentaci\u00f3n del bonapartismo de izquierda, desbordando al Partido Comunista, que no quer\u00eda ir tan r\u00e1pido ni tan lejos. El teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho, jefe del comando de vigilancia revolucionaria, intent\u00f3 implantar el sebastianismo-leninismo (gobierno militar directamente conectado con las asambleas de f\u00e1brica, de barrio y de universidad) y por poco la cosa no acaba a tiros.<\/p>\n<p>Portugal estuvo en 1975 al borde de la guerra civil. Henry Kissinger, reci\u00e9n acabada la faena de Chile, quer\u00eda proceder a la invasi\u00f3n, con el apoyo de la Divisi\u00f3n Acorazada Brunete que, desde Badajoz, atacar\u00eda por la espalda. Le fren\u00f3 el embajador norteamericano en Lisboa, Frank Carlucci, que lleg\u00f3 de R\u00edo de Janeiro con una tropa de ex agentes del servicio secreto brasile\u00f1o. Pidi\u00f3 un mes a Kissinger para frenar a los bonapartistas. Su apuesta pasaba por Bonn y Roma. Una sutil alianza entre el l\u00edder socialista Mario Soares (protegido por la socialdemocracia alemana) y la Iglesia cat\u00f3lica (con un arraigo muy fuerte en el norte del pa\u00eds), desplazar\u00eda el eje revolucionario hacia un socialismo lusitano con ribetes suecos. En el horizonte: el ingreso en la Comunidad  Econ\u00f3mica Europea, el bienestar material y el consumo, bajo un Estado protector. Portugal ha vivido desde entonces una sucesi\u00f3n de rectificaciones. Hasta el terremoto financiero del 2011. Hasta la reaparici\u00f3n del cuaderno azul como instrumento de gobierno. Hasta el impuesto del 50% sobre la paga de Navidad. Hasta el intento desesperado de recaudar 1.025 millones de euros para estabililizar las cuentas del Estado y alejar Portugal de las costas de Grecia. Hasta el pu\u00f1etazo en el est\u00f3mago de la agencia Moody\u00b4s, hace una semana, calificando de bono basura la deuda portuguesa.<\/p>\n<p>Gabriel Magalh\u00e3es lo ve de la siguiente manera: \u201cEn Europa no habr\u00edamos tenido tanto Estado del bienestar sin la amenaza del colectivismo sovi\u00e9tico. La  URSS decay\u00f3 porque estrangulaba la libertad y Occidente le dio la puntilla con el capitalismo popular de los a\u00f1os ochenta. Consumo a cr\u00e9dito. Ahora, atrapados por las deudas, China nos devuelve la pelota con el comunismo capitalista: una fuerza de trabajo descomunal, con disciplina, t\u00e9cnica y salarios bajos. Creo que estamos ante la \u00faltima gran paradoja del comunismo: llegamos a tener buena seguridad social por la alargada sombra de la URSS y la veremos adelgazar por la presi\u00f3n de la China  Popular\u201d.<\/p>\n<p>Magalh\u00e3es, profesor de literatura en Covilh\u00e3, en el Portugal fronterizo con Castilla, colaborador de La Vanguardia y buen observador de Espa\u00f1a (conoce el pa\u00f1o: se cri\u00f3 en el Pa\u00eds Vasco y se form\u00f3 en Salamanca), me explica Lisboa como no me la hab\u00edan contado nunca. Me la cuenta desde una distancia portuguesa. \u201cEsta ciudad tiene la ventaja de que nunca has de ir al grano. Es lenta, formal, ceremoniosa y con unos interesantes movimientos internos. Un profesor, un funcionario, un m\u00e9dico, un diputado\u2026 llega de provincias y se instala en un barrio alejado, con la esperanza de acabar residiendo en el centro, que es donde est\u00e1 el Poder. Lisboa vive de estos continuos movimientos de aproximaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Estamos en la gran plaza de Comercio, contemplando el estuario, cuyas olas lamen una l\u00e1nguida escalinata e invitan a seguir el paseo por encima de las aguas, prodigio evang\u00e9lico acaso reservado al rey Sebasti\u00e1n, que en esta misma balaustrada fue filmado en el 2004 por el gran Manuel de Oliveira. O Quinto imp\u00e9rio se llama la pel\u00edcula. La tarde es brumosa y la agudeza de Magalh\u00e3es invita a pensar, a ir m\u00e1s all\u00e1. Al\u00e9m. Al\u00e9m. Quiz\u00e1s estamos ante el fin de un ciclo que se inici\u00f3 precisamente en Portugal, en 1974. La ola democratizadora del sur de Europa -parecida a la que ahora est\u00e1 surgiendo en el norte de \u00c1frica- puso en riesgo el statu quo mundial cuando Estados Unidos comenzaba a vencer la guerra fr\u00eda. En aquel momento fuimos el centro del mundo. Los riesgos de desestabilizaci\u00f3n del flanco sur de la OTAN fueron contrarrestados con una muy buena oferta: democracia, liberalidad en las costumbres, ingreso en el Mercado Com\u00fan y consumo a cr\u00e9dito. Hubo, al menos, dos condiciones: no molestar demasiado a la agricultura francesa y desmantelar la industria obsoleta. La industria de punta era asunto de los alemanes y, en menor medida, del norte de Italia. Luego vino la especulaci\u00f3n inmobiliaria, el dinero a raudales, los delirios de grandeza -sobre todo en Espa\u00f1a-, los trenes de alta velocidad entre Toledo y Albacete, y, ahora, estamos donde estamos. En vez de entregarnos a la jeremiada sobre los mercados -\u00bfen qu\u00e9 momento de la historia la econom\u00eda no ha condicionado la pol\u00edtica?, \u00bfen qu\u00e9 momento?-, el pensamiento cr\u00edtico sobre lo que est\u00e1 ocurriendo deber\u00eda contemplar todo el arco 1974-2011. Hay que reexaminarlo.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a no es Portugal, se dice a modo de conjuro. No, no. Controlemos el miedo. Espa\u00f1a s\u00ed es Portugal. En Portugal empez\u00f3 la ola democratizadora del sur de Europa -gracias a la perseverancia democr\u00e1tica de Italia desde 1948, todo sea dicho- y de nuestros hermanos portugueses podr\u00edamos aprender la modestia, sin la cual el futuro espa\u00f1ol puede ser un infierno. La modestia del se\u00f1or Bordalo -\u201dvamos a trabajar sin esperar milagros\u201d-, que muestra un cuaderno azul con los ribetes de la etiqueta algo movidos. Una bella libreta imperfecta.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\">La Vanguardia<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ma\u00f1ana del 1 de noviembre de 1755, un terremoto de fuerza descomunal destroz\u00f3 Lisboa. 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