{"id":24912,"date":"2011-07-04T07:27:44","date_gmt":"2011-07-04T05:27:44","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/pensar-la-ciudad\/"},"modified":"2011-07-04T07:27:44","modified_gmt":"2011-07-04T05:27:44","slug":"pensar-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pensar-la-ciudad\/","title":{"rendered":"Pensar la ciudad"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>LOS esfuerzos por demarcar un campo te\u00f3rico para la ciudad parecen estar condenados al fracaso, como as\u00ed lo han mostrado tanto los cr\u00edticos de Wirth (1938) como los de Castells (1972). La teor\u00eda de Wirth es dif\u00edcil de defender. Para empezar, la especificidad de algo llamado urbano, entendido como la cultura de la ciudad, nunca fue defendida por la Escuela de Chicago en su conjunto. Park, por ejemplo, nunca concibi\u00f3 la ciudad como un objeto te\u00f3rico, sino m\u00e1s bien como un <em>laboratorio<\/em> para el estudio de procesos sociales. Por otro lado, lo urbano solamente puede ser identificado por oposici\u00f3n a algo llamado rural y en este sentido no podemos olvidar los comentarios de Pahl respecto a que parece haber muy poca evidencia emp\u00edrica que sostenga la afirmaci\u00f3n de que el continuo rural-urbano pueda relacionarse significativamente con variaciones consistentes en la organizaci\u00f3n social o en las funciones econ\u00f3micas. Raymond Williams argumenta de forma similar. Y Herbert Gans sostiene que factores extra-urbanos como la clase social o la etnicidad tiene mayor importancia anal\u00edtica que los factores puramente ecol\u00f3gicos en los procesos de construcci\u00f3n comunitaria. La evidencia mostrada por los analistas de redes sociales respecto a la idea de que los patrones de interacci\u00f3n social y los patrones de residencia no son subsumibles, se a\u00f1ade a la lista de posturas cr\u00edticas sobre la especificidad de lo urbano.<\/p>\n<p>Por otro lado, los especialistas en econom\u00eda pol\u00edtica urbana han demostrado que es la destrucci\u00f3n creativa del capitalismo (y no los supuestos rasgos distintivos del urbanismo) la que explica una buena parte de la organizaci\u00f3n socio-espacial de la ciudad y su cambio incesante. Dicho de otro modo, las ciudades no ser\u00edan contextos productivos, sino m\u00e1s bien meros reflejos &#8211; o \u00abexpresiones\u00bb, tal y como lo describe Castells- de fuerzas sociales m\u00e1s amplias. La econom\u00eda pol\u00edtica prest\u00f3 atenci\u00f3n a las ciudades solamente como ejemplos a trav\u00e9s de los cuales una teor\u00eda que no es urbana en origen (el marxismo) pudiera reivindicarse.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, el programa de investigaci\u00f3n sobre ciudades de la econom\u00eda pol\u00edtica abandon\u00f3 una teor\u00eda de la ciudad como arena espec\u00edfica para el an\u00e1lisis sociol\u00f3gico, por tres razones. Primero, los economistas pol\u00edticos aceptaron la cr\u00edtica que Castells hizo a Wirth y a la Escuela de Chicago y, por extensi\u00f3n, al paradigma ecol\u00f3gico. Visto retrospectivamente, la principal lecci\u00f3n hist\u00f3rica del paradigma econ\u00f3mico-pol\u00edtico es que las ciudades no pueden explicarse satisfactoriamente aisladas de fuerzas sociales m\u00e1s amplias. Segundo, la mayor\u00eda de los proponentes de un enfoque econ\u00f3mico-pol\u00edtico no estaban de acuerdo con la noci\u00f3n de ciudad como unidad de consumo colectivo en el capitalismo, que es la propuesta personal de Castells tras su cr\u00edtica a Wirth. La propuesta <em>castellsiana<\/em> fue rechazada gradualmente como fundamento te\u00f3rico del concepto de ciudad por ser reduccionista y no espec\u00edficamente aplicable a las ciudades. Factores de producci\u00f3n y de circulaci\u00f3n de capital son funciones que las ciudades cumplen tambi\u00e9n en las sociedades capitalistas. La provisi\u00f3n de servicios de consumo colectivo afecta a \u00e1reas no urbanas tanto como a las urbanas (como han se\u00f1alado, entre otros, Enzo Mingione y Ray Pahl). Emp\u00edricamente, la teor\u00eda castellsiana del consumo colectivo es \u00fatil, aunque ciertamente ha perdido poder anal\u00edtico por causa de la crisis del Estado de bienestar en Occidente. Tercero, ninguno de los cr\u00edticos de Castells pareci\u00f3 interesado en sugerir alternativas viables para una fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica del objeto de estudio. La consecuencia m\u00e1s aparente fue la disoluci\u00f3n te\u00f3rica del campo de estudios urbanos, incapaz de encontrar un referente te\u00f3rico adecuado que fundamentara la noci\u00f3n de ciudad.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, los urbanistas insistimos en convertir en objeto directo de estudio lo que otros cient\u00edficos sociales consideran meramente una fuente tem\u00e1tica. Como bien nos recuerda Giddens, las preocupaciones fundamentales de la ciencia social surgen de procesos que tienen lugar en ciudades.<\/p>\n<p>As\u00ed, se estudian las ciudades individualmente y en contextos comparativos, se recoge informaci\u00f3n emp\u00edrica sobre ellas, y continuamente se proponen teor\u00edas de la ciudad. Si la noci\u00f3n de ciudad sobrevive frente a objeciones l\u00f3gicas y emp\u00edricas, puede ser en parte porque el peso de los argumentos l\u00f3gicos y emp\u00edricos ha sido cuestionado por parte de la comunidad de cient\u00edficos sociales, y con conciencia te\u00f3rica de ello desde que Lakatos introdujera sus propuestas sobre programas de investigaci\u00f3n. M\u00e1s recientemente, la llamada \u00abdesorganizaci\u00f3n\u00bb del capitalismo ha sido acompa\u00f1ada por un intento por rehabilitar marcos representacionales como enfoques epistemol\u00f3gicos en varios campos de estudio. El post-estructuralismo y el posmodernismo, en todas sus variantes, son adalides de esta idea, que ha <em>invadido<\/em> tambi\u00e9n los estudios urbanos.<\/p>\n<p>Desafortunadamente, esta creciente preocupaci\u00f3n por las representaciones ha llevado con demasiada frecuencia a muchos analistas urbanos hacia un terreno de empiricismo descriptivo en el que la \u00abexcavaci\u00f3n arqueol\u00f3gica\u00bb sustituye a las alternativas s\u00f3lidas al estudio de la ciudad (v\u00e9ase la demoledora cr\u00edtica de Harvey al posmodernismo en <em>La condici\u00f3n de la posmodernidad<\/em>). El bagaje te\u00f3rico del posmodernismo es m\u00e1s bien pobre, debido quiz\u00e1s a su rechazo frontal de las grandes narrativas (\u00a1excepto la suya propia!). Y sin embargo, a pesar de todas las propuestas de <em>diff\u00e9rence<\/em>, subjetivismo, relativismo moral y rotura epistemol\u00f3gica de los posmodernistas, la t\u00e1ctica representacional que persiguen tiene el potencial de recentrar la ciudad como objeto de estudio. As\u00ed, las ciudades <em>recobran<\/em> su existencia como objeto de representaciones. Es todav\u00eda significativo hablar de \u00abla ciudad\u00bb porque es posible representar tal cosa (visual y discursivamente), y tambi\u00e9n imaginarla. Incluso virtualmente, sobre la pantalla de un ordenador, las ciudades pueden exhibir su totalidad como objetos de representaci\u00f3n tecnol\u00f3gicamente mediada.<\/p>\n<p>Como enfoque culturalista, las representaciones son epistemolog\u00edas hol\u00edsticas, no procedimientos anal\u00edticos causales. Las representaciones impl\u00edcitamente presuponen una idea com\u00fan sobre el objeto representado, la ciudad en este caso: la idea de que tal objeto tiene referencia emp\u00edrica. La representaci\u00f3n, por tanto, presupone la existencia de un punto focal espacial y centrado-en-un-lugar para la identificaci\u00f3n colectiva en el discurso. Es precisamente el estatus ontol\u00f3gico de las ciudades lo que nos permite representarlas en primer lugar. En este sentido, es preciso matizar las afirmaciones de aqu\u00e9llos que proponen que la idea de la representaci\u00f3n de la ciudad excluye epistemol\u00f3gicamente la posibilidad de concebir la realidad ontol\u00f3gica de la propia ciudad.<\/p>\n<p>Las ciudades han sido desde siempre el objeto de representaciones discursivas en obras literarias y de representaciones visuales en mapas y obras de arte. Dentro de los estudios urbanos, las utop\u00edas urbanas de Lewis Mumford y Frank Lloyd Wright no hubieran sido posibles sin una visi\u00f3n hol\u00edstica y representacional de la ciudad anim\u00e1ndolas. De forma similar, Yi-Fu Tuan representa la ciudad como un \u00abuniverso moral\u00bb y como un \u00aborden moral c\u00f3smico\u00bb. Joseph Rickwert explica los fundamentos hist\u00f3ricos de las ciudades romanas como la acci\u00f3n humana de un designio divino. Gerald Suttles discute la idea de una \u00abtextura acumulativa de la cultura local\u00bb en parecidos t\u00e9rminos. Este es tambi\u00e9n el caso en <em>The City of Collective Memory<\/em> (La ciudad de la memoria colectiva) de Christine Boyer y en <em>The Power of Place<\/em> (El poder del lugar), de Dolores Hayden. Algo similar puede decirse del enfoque de Sharon Zukin sobre la \u00abm\u00edstica\u00bb de las culturas urbanas. Todos estos trabajos recentran la ciudad mediante un \u00e9nfasis en el potencial normativo de las representaciones para llegar m\u00e1s all\u00e1 de las historias fragmentarias y las ciudades que desaparecen.<\/p>\n<p>As\u00ed, todas estas obras contribuyen a la b\u00fasqueda de una \u00abcultura p\u00fablica\u00bb urbana como punto de convergencia representacional y normativo. La esencia de la ciudad (si nos vemos obligados a se\u00f1alar una) es, pues, la idea de lo p\u00fablico.<\/p>\n<p>Las ciudades son realidades espaciales e hist\u00f3ricas duras de roer, o resistentes (resilient), que existen en la realidad social. Son medioambientes construidos en lugares concretos. Tienen incluso presencia corp\u00f3rea. La materialidad de la ciudad surge del hecho mismo de su <em>lugaridad<\/em>, podr\u00edamos decir, y esta caracter\u00edstica no puede disolverse en el espacio por mucho que insistamos en causaciones mentales o subjetivas.<\/p>\n<p>Walter Benjamin, frecuentemente citado por muchos urbanistas contempor\u00e1neos, impl\u00edcitamente apoya la idea de la resistencia material de la ciudad al sugerir que las ciudades no pueden reproducirse mec\u00e1nicamente, contrariamente a otros artefactos culturales. Y, as\u00ed, las representaciones urbanas no pueden dejar de lado el car\u00e1cter esencialmente material de la ciudad, que deriva de su naturaleza tect\u00f3nica. Como bien afirma Kenneth Frampton, \u00abconstruir, contrariamente a las bellas artes, es tanto una experiencia cotidiana como es una representaci\u00f3n y lo constru\u00eddo es una cosa material m\u00e1s que un signo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"Deia\" href=\"http:\/\/www.deia.com\">Deia<\/a>-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS esfuerzos por demarcar un campo te\u00f3rico para la ciudad parecen estar condenados al fracaso, como as\u00ed lo han mostrado tanto los cr\u00edticos de Wirth (1938) como los de Castells (1972). La teor\u00eda de Wirth es dif\u00edcil de defender. 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