{"id":24716,"date":"2011-05-30T07:46:09","date_gmt":"2011-05-30T05:46:09","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-cuchara-que-revuelve-el-pasado\/"},"modified":"2011-05-30T07:46:09","modified_gmt":"2011-05-30T05:46:09","slug":"la-cuchara-que-revuelve-el-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-cuchara-que-revuelve-el-pasado\/","title":{"rendered":"La cuchara que revuelve el pasado"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Hab\u00eda en Alemania durante la Segunda Guerra un escritor que se llamaba Kasack y otro que se llamaba Nosack. Se llevaban s\u00f3lo seis a\u00f1os pero el menor (Nosack) era una suerte de disc\u00edpulo distante del mayor. Kasack viv\u00eda en Potsdam, Nosack en Hamburgo. Ambos pertenec\u00edan al \u201cexilio interior\u201d: ni simpatizaban con los nazis ni eran perseguidos por ellos. A fines de 1942, cuando el dominio del Reich en Europa parec\u00eda incontenible, Kasack le envi\u00f3 a Nosack una carta con treinta p\u00e1ginas de un cuento inconcluso que no se animaba a mostrarle a nadie m\u00e1s. Nosack le contest\u00f3 dici\u00e9ndole que \u00e9l estaba escribiendo sobre el mismo tema. El tema era la destrucci\u00f3n de Alemania, la vida en las ruinas.<\/p>\n<p>\u201cEn todos los ataques a\u00e9reos tengo el mismo deseo: ojal\u00e1 \u00e9ste sea realmente malo\u201d, dice Nosack en su carta de respuesta a Kasack. \u201cCasi podr\u00eda decir que grito ese deseo al cielo. No es valor sino curiosidad por ver si mi deseo se cumple, lo que hace que no baje al s\u00f3tano con los dem\u00e1s y me quede mirando hipnotizado la ciudad desde la ventana de mi departamento.\u201d Kasack propuso entonces a Nosack un pacto secreto que comprometiera a ambos a terminar sus relatos: ya que no pod\u00edan mostrar esos cuentos a nadie m\u00e1s, cada uno ser\u00eda el \u00fanico lector del texto del otro. Las misivas, por supuesto, no iban por correo; esperaban hasta encontrar una persona de confianza que viajara entre una ciudad y otra.<\/p>\n<p>La destrucci\u00f3n cayendo del cielo pronto se har\u00eda realidad: en julio de 1943, Nosack contempl\u00f3, desde la ribera del r\u00edo en las afueras de Hamburgo donde hab\u00eda ido a pasar la noche en carpa, c\u00f3mo ca\u00edan sobre la ciudad 2300 toneladas de bombas aliadas e incineraban la ciudad. Poco despu\u00e9s iba a ocurrir lo mismo en Dresde y Halberstadt y otras ciudades alemanas. Luego vendr\u00eda la rendici\u00f3n y los primeros testimonios de los cronistas aliados que entraron en la Alemania arrasada. El sueco Stig Dagerman escribe en 1945 que los trenes alemanes viajan llenos pero nadie mira por las ventanas el paisaje arrasado: \u00e9l es reconocido como extranjero precisamente por mirar, at\u00f3nito, hacia afuera y hacia adentro del vag\u00f3n. El ingl\u00e9s Victor Gollancz describe la gente que vaga por los caminos, de una ciudad a otra, supuestamente buscando parientes que hayan sobrevivido, pero en realidad v\u00edctimas de un estupor que les impide quedarse quietos en ninguna parte. En una librer\u00eda de Colonia, la norteamericana Janet Flanner ve c\u00f3mo se manosean a escondidas fotos de cad\u00e1veres despu\u00e9s de la tormenta de fuego, \u201ccon la mirada perdida del consumidor de pornograf\u00eda\u201d. El suizo Max Frisch, sorprendido por la rapidez con que la hierba empieza a cubrir las ruinas (ya es la primavera de 1946), dice: \u201cVerde, debajo escombros, debajo restos humanos sepultados y, por encima de nuestras cabezas, las estrellas. En el teatro, Ifigenia\u201d. A su regreso a Berl\u00edn, Bertolt Brecht dice: \u201cEl ser humano aprende de la desgracia tanto como el cobayo aprende de biolog\u00eda en su jaula de laboratorio\u201d. Desde su exilio en Am\u00e9rica, Theodor Adorno agrega: \u201cEl paso del duelo al consuelo no es el m\u00e1s grande sino el m\u00e1s peque\u00f1o\u201d. Para evitar tal paso, G\u00fcnter Grass y Heinrich B\u00f6ll se pasaron las siguientes d\u00e9cadas record\u00e1ndoles inc\u00f3modamente a los alemanes: \u201cEn el principio de este Estado hab\u00eda un pueblo que buscaba su comida en la basura\u201d (B\u00f6ll) y \u201cUn escritor, hijo, es alguien a quien le gusta el tufo y en este pa\u00eds todav\u00eda huelen los cad\u00e1veres en el s\u00f3tano\u201d (Grass).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero ni Grass ni B\u00f6ll hab\u00edan llegado a\u00fan a la literatura alemana cuando, en 1947, Kasack y Nosack lograron publicar sus relatos sobre las urbes arrasadas y la vida en las ruinas. El libro de Nosack termin\u00f3 siendo un escueto pero escalofriante informe del bombardeo de Hamburgo y los d\u00edas posteriores, que titul\u00f3 Entrevista con la muerte y que pas\u00f3 completamente inadvertido (la peque\u00f1a editorial que lo public\u00f3 quebr\u00f3 a los pocos meses). El de Kasack termin\u00f3 siendo una novela, se llam\u00f3 La ciudad detr\u00e1s del r\u00edo, recibi\u00f3 el consagratorio Premio Fontane y los alemanes se apresuraron a considerarlo el ajuste de cuentas colectivo que hac\u00eda falta con la locura del r\u00e9gimen nacional-socialista. Es interesante se\u00f1alar que Kasack no le da nombre ni nacionalidad a la ciudad de su libro arrasada por las bombas. Un sabio llamado Magus recibe el encargo de ir a esa ciudad y hacer un informe de la situaci\u00f3n para un consejo de ilustres: estamos en esa comarca de la literatura alemana que WG Sebald define con asco como \u201csimb\u00f3lico-pedag\u00f3gica\u201d. El sabio de Kasack habr\u00e1 de concluir al final del libro que es imposible hacer tal informe. Nosack (que s\u00ed cre\u00eda que pod\u00eda y deb\u00eda hacerse tal informe) recibi\u00f3 en estos t\u00e9rminos el libro de Kasack: \u201cMediante un solo libro volvi\u00f3 a haber literatura alemana de categor\u00eda, y surgida aqu\u00ed, de nuestros escombros\u201d. Poco antes de morir, en 1978, Nosack segu\u00eda pensando que Kasack hab\u00eda elegido el camino correcto y que \u00e9l se hab\u00eda equivocado: \u201cEn un pa\u00eds que ten\u00eda que prohibirse mirar atr\u00e1s para economizar las energ\u00edas vitales que le quedaban, recordar como recordaba yo era un esc\u00e1ndalo\u201d.<\/p>\n<p>Una de las reflexiones m\u00e1s desafortunadas que Kasack pone en boca de su sabio lo lleva a preguntarse si no debieron morir millones \u201cpara dejar sitio a los reencarnados que surjan\u201d. Y agrega que esos millones de muertos actuar\u00edan \u201ccomo semilla\u201d. Cabe recordar que el Plan Morgenthau de reconstrucci\u00f3n de Alemania suger\u00eda, entre otras cosas, tirar semilla sobre los escombros porque era la manera m\u00e1s r\u00e1pida de ocultarlos. Sebald, que naci\u00f3 despu\u00e9s de los bombardeos de Hamburgo y Dresde pero antes del fin de la guerra, dice que se pas\u00f3 la infancia y la adolescencia con el sentimiento de que se le ocultaba algo, no s\u00f3lo en la casa y en la escuela sino tambi\u00e9n en la literatura alemana. Sebald agrega que, sin el aporte \u201cintruso\u201d de los escritores jud\u00edos como Peter Weiss y Wolfgang Hildesheimer (que volvi\u00f3 de Palestina para trabajar como traductor en los juicios de Nuremberg), no habr\u00eda surgido gran cosa del proceso llamado \u201crecuperaci\u00f3n del pasado\u201d. Y refiere una historia que le cont\u00f3 el propio Hildesheimer: en una peque\u00f1a ciudad de la nueva Alemania, llena como todas las dem\u00e1s de personas que cometieron durante la guerra delitos que han prescripto y que llevan una existencia imperturbada rodeados de hijos y nietos, alguien empieza a llamar por tel\u00e9fono, en medio de la noche, a ciudadanos respetables elegidos al azar. La voz s\u00f3lo dice, en un susurro: \u201cHan descubierto lo que hiciste\u201d. Cada uno de los que recibe el llamado reacciona igual: deja de apuro su casa con las valijas sin cerrar y se pierde furtivamente en el horizonte antes de que asome el sol. Hasta que una noche suena el tel\u00e9fono en casa de quien hac\u00eda esos llamados y una voz an\u00f3nima le susurra con satisfacci\u00f3n al intruso: \u201cHan descubierto lo que hiciste\u201d.<\/p>\n<p> <\/p>\n<h5>Publicado por<em> <\/em>P\u00e1gina 12-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda en Alemania durante la Segunda Guerra un escritor que se llamaba Kasack y otro que se llamaba Nosack. Se llevaban s\u00f3lo seis a\u00f1os pero el menor (Nosack) era una suerte de disc\u00edpulo distante del mayor. Kasack viv\u00eda en Potsdam, Nosack en Hamburgo. 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