{"id":24639,"date":"2011-05-16T07:41:36","date_gmt":"2011-05-16T05:41:36","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/los-que-sostienen-el-mundo\/"},"modified":"2011-05-16T07:41:36","modified_gmt":"2011-05-16T05:41:36","slug":"los-que-sostienen-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-que-sostienen-el-mundo\/","title":{"rendered":"Los que sostienen el mundo"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En el mito cristiano del g\u00e9nesis, Dios crea el mundo de la nada mediante la enunciaci\u00f3n de ciertas palabras: fiat lux, h\u00e1gase la luz, y la luz se hizo. As\u00ed con la tierra y las plantas y los animales y las monta\u00f1as. S\u00f3lo al hombre Dios tuvo que hacerlo con las manos, a partir de un material preexistente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El hombre es por tanto una obra y no un milagro.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En las cosmogon\u00edas preisl\u00e1micas, Dios crea el mundo con una mirada intensa y no con una palabra m\u00e1gica, pero su obra, en realidad, tiene menos que ver con el soplo divino que con el trabajoso esfuerzo de la ingenier\u00eda. O, mejor dicho, del bricolaje. En el principio de los tiempos, los siete cielos y las siete tierras no se sosten\u00edan bien, de manera que Dios, como quien asegura la pata coja de una mesa, puso debajo un gran diamante para calzar el mundo. Pero los siete cielos y las siete tierras -ay- segu\u00edan siendo muy inestables. Dios orden\u00f3 entonces a uno de sus \u00e1ngeles que cargase este peso inmenso sobre sus espaldas. El \u00e1ngel se puso debajo del diamante -en el que se apoyaban tierras y cielos- y lo carg\u00f3 sobre sus hombros. El fr\u00e1gil amontonamiento de criaturas mal encajadas, sin embargo, segu\u00eda inseguro, tembloroso, tambaleante. As\u00ed que Dios mand\u00f3 un toro para que el \u00e1ngel -en el que se apoyaba el diamante sobre el que reposaban cielos y tierras- afirmase sus pies. Tampoco fue suficiente: la torre se escoraba y vibraba y con ella la tierra, las monta\u00f1as, las casas, los hombres que all\u00ed viv\u00edan. Finalmente Dios recurri\u00f3 a Hut, la gran ballena, a quien encomend\u00f3 sujetar todo el andamio con su enorme corpach\u00f3n: toro, \u00e1ngel, diamante, las siete tierras y los siete cielos. El mundo repos\u00f3 al fin sobre sus cimientos.<\/p>\n<p>Cuenta el mito -o as\u00ed lo recuerdo yo- que un d\u00eda el demonio, transformado en mula, se meti\u00f3 en la nariz de Hut, produci\u00e9ndole un dolor tan intenso que la enorme ballena descarg\u00f3 un instintivo coletazo. Un gran movimiento s\u00edsmico, de arriba abajo, recorri\u00f3 la fr\u00e1gil torre. Los \u00e1rboles cayeron, las monta\u00f1as se desplomaron, los hombres aullaron de terror. Dios tuvo que intervenir de nuevo, liberar a Hut de la causa de su sufrimiento y prometerle mayor atenci\u00f3n y vigilancia. En todo caso Hut, abrumada por este doble peso, el del mundo y el de la responsabilidad, pidi\u00f3 tambi\u00e9n que le concediera unas vacaciones de vez en cuando. Desde entonces, un d\u00eda cada mil a\u00f1os, Hut descansa y el mundo entero percibe con emoci\u00f3n y angustia que est\u00e1 fr\u00e1gilmente asentado en la cima de una chapucera construcci\u00f3n de pedestales irregulares y esfuerzos tit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>El hombre es de barro y el mundo es una fr\u00e1gil torre de palillos. Para sobrevivir es necesario olvidarlo la mayor parte del tiempo, pero para sobrevivir es necesario recordarlo de tanto en tanto. Es a eso -a ese recuerdo- a lo que llamamos propiamente \u00abfilosofar\u00bb y cuando es un pueblo entero el que filosofa el producto se llama \u00abmito\u00bb. Y si filosofa con el cuerpo, en obra y no en esp\u00edritu, se llama \u201crevoluci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Filosofar es volverse sobre uno mismo, como cuando se dobla una ca\u00f1a para hacer un arco. Debilita: nos da la medida de nuestra debilidad. \u00bfEs bueno eso? \u00bfPara qu\u00e9 sirve? Para comprender que necesitamos compa\u00f1eros. Reflexionar es comprender que vivimos en una torre de palillos, ca\u00f1as pensantes nosotros mismos, y que necesitamos por ello compa\u00f1eros. Todo filosofar que no imponga un grito de socorro es pura palabrer\u00eda: todo reflexionar que no busque una mano es puro sofisma. Todo reflexionar es, pues, un reflexionar -si se quiere- sobre la muerte. Vivimos en una torre de palillos sostenidos por una ballena expuesta a un resfriado. Pero algunos hombres viven m\u00e1s expuestos que otros al derrumbamiento. Entre los pa\u00edses pobres y los pa\u00edses ricos hay una diferencia de 30 a\u00f1os en la media de vida y en los propios EEUU la longevidad media ha descendido seis a\u00f1os en la \u00faltima d\u00e9cada.<\/p>\n<p>Bajo el capitalismo todo est\u00e1 socialmente concebido y ordenado para que no pensemos nunca en la muerte y para que no tengamos compa\u00f1eros. Sustraerse al abrazo de la muerte es imposible; pero luchar a favor de la vida -de la estabilidad de la torre chapucera- s\u00f3lo es posible en compa\u00f1\u00eda. Eso se llama pol\u00edtica. La pol\u00edtica no es m\u00e1s que una reflexi\u00f3n colectiva sobre las estrategias para sostener el mundo en pie a partir del principio de la rec\u00edproca dependencia entre los hombres. Los mitos sectoriales -de una clase o un estrato social- se llaman \u201cideolog\u00eda\u00bb. El mito del capitalismo es el de la voluntad individual como fuente de toda riqueza y todo poder y se basa en dos principios simult\u00e1neos e indisociables: la confianza en uno mismo y la desconfianza en los dem\u00e1s. En un libro muy desigual, El contrato de desconfianza, la investigadora francesa Michela Marzano nos recuerda el proceso hist\u00f3rico en virtud del cual el \u00abliberalismo\u00bbha ido minando todos los v\u00ednculos fiduciarios que nos un\u00edan a los dem\u00e1s para convertir la autoconfianza del individuo aislado en \u00e9l \u00fanico e ilusorio sost\u00e9n del mundo. Cada uno lo puede todo contra todos los dem\u00e1s. Tenemos que confiar en nosotros mismos; tenemos que desconfiar de los dem\u00e1s. Este principio rector se ejemplifica cotidianamente en la mansedumbre satisfecha con la que permitimos que se nos cachee, escanee y registre en los aeropuertos a condici\u00f3n de que los dem\u00e1s sufran la misma prueba, en una suspensi\u00f3n de hecho de la presunci\u00f3n de inocencia: nuestra autoconfianza -nuestra seguridad- depende del hecho de aceptar que todos desconf\u00eden de m\u00ed tal y como yo desconf\u00edo de todos.<\/p>\n<p>Reparemos en esta paradoja. El capitalismo no se ocupa de asegurar -calzar, apuntalar- la torre fr\u00e1gil del mundo sino de debilitarla con su delirante producci\u00f3n de mercanc\u00edas; y derrocha tanto dinero y tanto esfuerzo en destruir la naturaleza como en impedirnos pensar en ello. Pero se ocupa de asegurar, en cambio, la autoconfianza aislada de los individuos. El gran negocio del capitalismo a principios del siglo XXI es el de la llamada \u00abseguridad\u00bb: alarmas, esc\u00e1ners, v\u00eddeoc\u00e1maras, vigilancia privada, ej\u00e9rcitos mercenarios, etc. La sospecha generalizada, que nos ayuda a olvidar la fuente original de todas las amenazas y nos impide unirnos para pensar colectivamente, se ha convertido en el veh\u00edculo rector y reproductor del capitalismo y en la fricci\u00f3n permanente que debilita a\u00fan m\u00e1s la torre de palillos que nos sostiene.<\/p>\n<p>Abajo no hay un toro y ning\u00fan dios vigila sus resfriados. Somos nosotros y estamos solos. Salvo que nos unamos a pensar colectivamente para iluminar nuestra debilidad y producir un orden de rec\u00edproca dependencia: un mito nuevo y una nueva revoluci\u00f3n<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\">Rebeli\u00f3n<\/a> ha publicado este art\u00edculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>La Calle del Medio 34<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el mito cristiano del g\u00e9nesis, Dios crea el mundo de la nada mediante la enunciaci\u00f3n de ciertas palabras: fiat lux, h\u00e1gase la luz, y la luz se hizo. As\u00ed con la tierra y las plantas y los animales y las monta\u00f1as. 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