{"id":24531,"date":"2011-04-29T10:25:19","date_gmt":"2011-04-29T08:25:19","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/mitos\/"},"modified":"2011-04-29T10:25:19","modified_gmt":"2011-04-29T08:25:19","slug":"mitos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/mitos\/","title":{"rendered":"Mitos"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Los mitos, como la gran literatura, se construyen con incertidumbres. Poca importancia tiene confirmar hoy que Mois\u00e9s era tartamudo y, si lo era, porque guiada su mano por un \u00e1ngel habr\u00eda elegido el fuego antes que el oro en la mesa del Fara\u00f3n, o que a Julio C\u00e9sar le advirtieron, sin que \u00e9l diera cr\u00e9dito a esos fieles consejos, que se cuidara muy bien de los Idus de marzo. Ninguna relevancia, para mujeres y hombres de nuestra tierra, y especialmente para los m\u00e1s j\u00f3venes, que Evita tuviese el pelo verdaderamente negro o falsamente rubio o que antes de ser quien fue disputara cartel con actrices de primer orden, perdiendo casi siempre.<\/p>\n<p>La lenta, involuntaria construcci\u00f3n del mito requiere de esas incongruencias; mejor a\u00fan, ellas parecen su m\u00e1s s\u00f3lido cemento. La memoria de grandes acontecimientos lo perpet\u00faa, y los peque\u00f1os son, siempre y misteriosamente, elementos que luego lo engrandecen. De una manera il\u00f3gica y casi demon\u00edaca, todo obra en su favor. Por eso, los testimonios personales carecen casi de inter\u00e9s, y hasta uno mismo duda si lo que vivi\u00f3 fue bien vivido, si no se equivoc\u00f3 al juzgar, si la propia experiencia (que suele ser principio de autoridad y de verdad en otros casos) no traicion\u00f3, con su palpable y cruda reciedumbre, la m\u00e1s profunda validez de la leyenda.<\/p>\n<p>En mi modesto caso, la vida me hab\u00eda preparado para rechazar los mitos de la \u00e9poca. C\u00f3mo no obturarlos si nac\u00ed oyendo las voces, s\u00ed que crispadas, de un l\u00edder llamando a saltar las tranqueras, a romper las alambradas; si le\u00ed obligado en la escuela La raz\u00f3n de mi vida; si vi, un invierno del \u201952, amparado tras las cortinas del living de mi acomodada casa paterna, en un anochecer y un desfile fantasmales, c\u00f3mo lloraban solo las despose\u00eddas, los pobres de mi pueblo natal.<\/p>\n<p>No llegu\u00e9 a olvidar tampoco que una ma\u00f1ana de a\u00f1os antes, casi reci\u00e9n venido, hab\u00eda despertado y llegado a la galer\u00eda cubierta y que mi abuelo ten\u00eda entre sus manos un diario de grandes dimensiones o que, acaso para mi humilde estatura, yo ve\u00eda tan grande. Ha terminado la guerra, dijo alguien que no recuerdo qui\u00e9n, pero recuerdo indeleblemente que lo dijo. Vi que todos lloraban y que alzaban las copas y cantaban. Hab\u00edan salvado sus vidas, nos hab\u00edan salvado.<\/p>\n<p>S\u00e9 pues, cuando muy ni\u00f1o, algo de lo que fue la guerra en Europa y la matanza de jud\u00edos. Soy apenas un chiquit\u00edn, pero ya s\u00e9 (en fin, creo saber) qui\u00e9n fue Hitler y qui\u00e9nes Roosevelt y Montgomery. Y los por entonces gloriosos Charles de Gaulle y Winston Churchill, y hasta Stalin. S\u00e9 (ya que todav\u00eda lo voceaban mis hermanos mayores) que Miaja s\u00ed y Franco no. S\u00e9 tambi\u00e9n, porque alcanc\u00e9 a deletrearlo sobre unos volantitos adheridos quiz\u00e1 provocativamente en las puertas del negocio familiar, que \u201cBraden o Per\u00f3n\u201d (\u00bfo fueron mis hermanos quienes lo deletrearon para cont\u00e1rmelo despu\u00e9s?). S\u00e9 de la guerra, s\u00e9 de los buenos y de los malos, s\u00e9 de la patria y de la antipatria. S\u00e9 de tantas cosas que un ni\u00f1o, en un pa\u00eds y un mundo corrientes, no debiera, corrientemente, todav\u00eda saber&#8230;<\/p>\n<p>Hay muchas vivencias que se agolpan, pero no podr\u00eda asegurar a ciencia cierta si se trata verdaderamente de vivencias o de recuerdos de otros que se introducen en ellas haciendo que sus vidas, anteriores, formen parte de la m\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed, los temblores ascend\u00edan y se multiplicaban a nuestro alrededor, y uno iba educ\u00e1ndose entre ellos y en medio de esa historia que, cada vez m\u00e1s, formaba parte de nuestra temprana intimidad. Ibamos creciendo, y tambi\u00e9n la historia iba creciendo de un modo abarcador.<\/p>\n<p>En nuestra imaginaci\u00f3n, en el mundo simb\u00f3lico de nuestra comunidad, lo que hab\u00eda sucedido del otro lado del mar podr\u00eda estar reproduci\u00e9ndose en estas latitudes, con ingredientes ciertamente originales y contradictorios, pero tambi\u00e9n con un trasfondo de discursos, de lemas, de actitudes y de personajes locales que, para unos cuantos, tra\u00edan resonancias casi insoportables. Inocultablemente, el miedo se infiltraba en nuestras venas e iba creando un espacio de clamores y temores que gobernar\u00eda la existencia. Esta, adem\u00e1s, no signada por ninguna religi\u00f3n ni creencia, iba a orientarse sin embargo desde la juventud (y un poco parad\u00f3jicamente) por las sabias palabras del evangelista: \u201cHijitos, guard\u00e1os de los \u00eddolos\u201d (primera ep\u00edstola de San Juan, 521).<\/p>\n<p>Pero, como bien advert\u00eda Georges Dumezil, maestro eminente del Coll\u00e8ge de France, quien consagr\u00f3 buena parte de sus 88 a\u00f1os al estudio de los aspectos ling\u00fc\u00edsticos y luego mitol\u00f3gicos de las civilizaciones indoeuropeas: \u201cEl pa\u00eds que ya no tenga leyendas, dice el poeta, est\u00e1 condenado a morir de fr\u00edo. Es harto posible. Pero el pueblo que no tuviera mitos estar\u00eda ya muerto. La funci\u00f3n de la clase particular de leyendas que son los mitos es, en efecto, expresar dram\u00e1ticamente la ideolog\u00eda de que vive la sociedad, mantener ante su conciencia no solamente los valores que reconoce y los ideales que persigue de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, sino ante todo su ser y su estructura mismos, los elementos, los v\u00ednculos, los equilibrios, las tensiones que la constituyen; justificar, en fin, las reglas y las pr\u00e1cticas tradicionales sin las cuales todo lo suyo se dispersar\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo entender, as\u00ed, c\u00f3mo revisitar desde tales impresiones y tales escalofr\u00edos lo que entonces pas\u00f3, los nombres que poblaron esos d\u00edas y ese tiempo, esos sue\u00f1os, esas visitas angustiantes de las figuras de la noche? \u00bfY c\u00f3mo medir la grandeza de los contempor\u00e1neos desde una visi\u00f3n tan personal, tan reducida?<\/p>\n<p>Entre las improbables respuestas que he buscado a lo largo de a\u00f1os hay una, y solo una, que apenas m\u00e1s me satisface un tanto. Lo dir\u00e9 r\u00e1pidamente y \u201ccon todas las letras\u201d: la de la literatura. Solo desde el lenguaje po\u00e9tico puede, me parece, rozarse, reconstituirse esa realidad y, lo que es m\u00e1s importante, comprenderse. Bien dice Maryse Renaud, colega y amiga francesa (aunque antillana, nacida en La Martinica, es decir, en el mundo colonial), que \u201ces del desprestigio del cl\u00e1sico concepto de Historia, de la comprobaci\u00f3n de la imposible fiabilidad del discurso oficial, de donde nace la integraci\u00f3n, incluso la celebraci\u00f3n de la palabra popular\u201d.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que aceptar que fue esa palabra popular la que edific\u00f3 nuestra verdadera historia, tal vez al lado de la que nosotros vivimos parcialmente o no vivimos bien o no alcanzamos a ver en sus enteras dimensiones. La pasi\u00f3n de una mujer que no se resign\u00f3 a ser solo la esposa de un l\u00edder pol\u00edtico y que, desesperada, profundamente herida por las clases poseedoras, sorprendida hasta el final por el poder que el destino hab\u00eda puesto en sus manos, se inmol\u00f3, literalmente se quem\u00f3, en una lucha desigual.<\/p>\n<p>Es de esa disparidad, de esa sorpresa, de esa falta de discernimiento de los hombres y la historia (y de los hombres en la historia) que la literatura trata de dar cuenta, con los mismos titubeos y contradicciones que cualquier otro discurso social, pero con la certeza de que, por ser la \u00fanica ficci\u00f3n que no niega su car\u00e1cter, puede rodear, puede abarcar, puede arrojar nuevas luces (a\u00fan entre nuevas dudas) sobre los fen\u00f3menos colectivos. All\u00ed est\u00e1n, pugnantes, presentes, siempre vivos, los textos de Rodolfo Walsh, los de Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez, los de David Vi\u00f1as, los de Jos\u00e9 Pablo Feinmann, Eduardo Mignona, Copi, N\u00e9stor Perlongher, Osvaldo y Le\u00f3nidas Lamborghini&#8230;<\/p>\n<p>Intentos, claro est\u00e1, porque se trata de territorios y de lenguajes bien distintos, pero, al emprenderlos, se internan ya en un magma y, a pesar de todo, van obteniendo variaciones y reflejos de una verdad que, para siempre, seguir\u00e1 siendo inalcanzable.<\/p>\n<p>Justamente, ese car\u00e1cter de inaccesibilidad es el que le asegura resistencia y persistencia. Lo m\u00edtico del mito es que no puede cerc\u00e1rselo, que no se acaba, que siempre contin\u00faa interrog\u00e1ndonos, m\u00e1s all\u00e1 de toda raz\u00f3n, de toda l\u00f3gica, de toda experiencia material, como la poes\u00eda.<\/p>\n<p><em>* Escritor, docente universitario<\/em><\/p>\n<p> <em><br clear=\"all\" \/> <\/em> <\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por<em> <\/em>P\u00e1gina 12-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los mitos, como la gran literatura, se construyen con incertidumbres. 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