{"id":24380,"date":"2011-04-04T07:56:05","date_gmt":"2011-04-04T05:56:05","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/ultima-carga-de-la-caballeria-cosaca\/"},"modified":"2011-04-04T07:56:05","modified_gmt":"2011-04-04T05:56:05","slug":"ultima-carga-de-la-caballeria-cosaca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/ultima-carga-de-la-caballeria-cosaca\/","title":{"rendered":"Ultima carga de la caballer\u00eda cosaca"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Dif\u00edcil que en el a\u00f1o 1957 llegaran ejemplares de Il Corriere de Trieste al caf\u00e9 de cada pueblo perdido en las monta\u00f1as de la regi\u00f3n. Pero cuando Il Corriere anunci\u00f3 el 13 de agosto de 1957 que tres funcionarios alemanes se hab\u00edan apersonado en el camposanto de Villa Santina, con un permiso para exhumar un cad\u00e1ver de una tumba sin nombre y trasladarlo a otro cementerio en Garda, donde yac\u00edan los soldados y oficiales muertos en Italia peleando por el Reich, los parroquianos de cada caf\u00e9 de pueblo de las monta\u00f1as de Carnia sab\u00edan perfectamente de qui\u00e9n se trataba (o, mejor dicho, de qui\u00e9n no se trataba). No necesitaron leer que el cad\u00e1ver llevaba doce a\u00f1os enterrado y que entre los restos hab\u00eda, adem\u00e1s de huesos, un par de espuelas cosacas, un sable con la hoja rota y un reloj de bolsillo. No necesitaron leer que en la tapa de ese reloj estaba grabado el nombre del general Piotr Krasnov, para saber que ese cad\u00e1ver no era el del gran atam\u00e1n de los cosacos del Don que, durante unos pocos meses de 1945, se hab\u00eda establecido con sus hombres en aquella regi\u00f3n perdida de la frontera entre Italia, Austria y Eslovenia, para crear all\u00ed, con permiso de las SS, un territorio aut\u00f3nomo que llevar\u00eda el nombre de Kosakia.<\/p>\n<p> Generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, los parroquianos de esos inmemoriales caf\u00e9s de pueblo repiten a los m\u00e1s j\u00f3venes la historia. Cuando los nazis encararon la invasi\u00f3n de Rusia, reclutaron al general Krasnov para que sumara un regimiento de cosacos a las fuerzas del Reich. Krasnov, que hab\u00eda tomado el camino del exilio luego de la derrota del Ej\u00e9rcito Blanco contra los bolcheviques y llevaba veinte a\u00f1os de exilio escribiendo con moderado \u00e9xito novelitas t\u00e1rtaras de caballer\u00eda, parti\u00f3 en el acto a convencer a obreros de la Renault en Billancourt, porteros de hotel en Berl\u00edn, choferes de Zurich y acr\u00f3batas de a caballo de circos transhumantes, de que s\u00f3lo ellos, los viejos cosacos del Zar, pod\u00edan derrotar a los ej\u00e9rcitos de Stalin. Lleg\u00f3 a juntar cincuenta mil hombres, que aceptaron a Hitler como comandante supremo de las fuerzas cosacas y partieron al frente oriental a cambio de la promesa del Reich de que se les otorgar\u00eda un territorio en Ucrania, para crear all\u00ed su patria.<\/p>\n<p> Los cosacos hab\u00edan defendido hist\u00f3ricamente de los t\u00e1rtaros los territorios del Zar, aunque ten\u00edan mucho m\u00e1s que ver con los t\u00e1rtaros que con el Zar (de hecho, se jactaban de ser los \u00fanicos en Rusia que lo desobedec\u00edan cuando quer\u00edan). Algunos llegaron a pelear junto a Lenin en el \u201917, creyendo que sin zares volver\u00edan los buenos tiempos de la autonom\u00eda an\u00e1rquica, pero cuando comprendieron que los bolcheviques no los ve\u00edan como otra cosa que perros de guerra, se pasaron sin prurito al Ej\u00e9rcito Blanco, y cuando los blancos fueron derrotados ofrecieron crear un \u201cEstado cosaco-sovi\u00e9tico\u201d donde no mandaran los comunistas. Desde entonces vegetaban en el exilio esperando cualquier oportunidad que les permitiera volver a Rusia, volver a guerrear. Recibieron con los brazos abiertos el llamado a filas del atam\u00e1n Krasnov.<\/p>\n<p> Los regimientos cosacos sufrieron una derrota tras otra junto al ej\u00e9rcito nazi. La retirada los fue empujando desde Bielorrusia hasta el noreste de Italia, pero no les import\u00f3 porque la promesa del Reich se manten\u00eda, s\u00f3lo que el territorio ofrecido fue cambiando a medida que los nazis perd\u00edan dominios. Y, a fines de 1944, lo \u00fanico que les quedaba para ofrecer a los cosacos eran las monta\u00f1as de Carnia. All\u00ed convergieron, en la nieve, los regimientos de Krasnov, 17 grupos ling\u00fc\u00edsticos diferentes, llegados a caballo o en camello o en carromatos indescriptibles, rebasando de mujeres y ni\u00f1os tan salvajes como sus due\u00f1os. Hab\u00eda tantos generales como soldados (se dec\u00eda que en aquella tropa era m\u00e1s f\u00e1cil ponerse galones que ensillar un caballo robado). S\u00f3lo el atam\u00e1n Krasnov se privaba de su montura, por sufrir de gota; se mov\u00eda en un peque\u00f1o Fiat con chofer, custodiado por una guardia de 24 cosacos armados hasta los dientes.<\/p>\n<p> En ese Fiat emprendi\u00f3 la retirada cuando las fuerzas aliadas y los partisanos de la Brigada Garibaldi ocuparon Trieste. Los cosacos retrocedieron hasta la frontera austr\u00edaca con el prop\u00f3sito de hacerse fuertes all\u00ed y recuperar su territorio (se dec\u00eda que hab\u00edan dejado enterrado un tesoro en las monta\u00f1as: el fruto de sus saqueos por Europa). Pero al entrar en Austria se toparon con la desbandada nazi y supieron que su aventura hab\u00eda terminado. Krasnov negoci\u00f3 con los ingleses que se rendir\u00edan con una sola condici\u00f3n: no ser entregados a los sovi\u00e9ticos. Los ingleses incumplieron su promesa. Ten\u00edan a los cosacos en un campo de detenci\u00f3n rodeado en tres de sus lados por alambre de p\u00faas y en el lado restante por las aguas heladas del r\u00edo Drau. Una madrugada, cumpliendo los pactos secretos de Yalta entre Churchill y Stalin, los ingleses entraron en el campo con camiones, para cargar a los prisioneros y entregarlos al Ej\u00e9rcito Rojo. Los cosacos no lo permitieron. Ataron a sus monturas bolsas llenas de piedras y, con sus mujeres y beb\u00e9s en brazos, se fueron arrojando en masa a las turbulentas aguas del Drau. Unos pocos hac\u00edan frente a los brit\u00e1nicos, mientras el resto se inmolaba de esa manera. Los ingleses s\u00f3lo lograron entregar a los sovi\u00e9ticos una d\u00e9cima parte de aquellos cincuenta mil (que terminaron ejecutados o en Siberia); el resto dej\u00f3 su vida aquella madrugada en las aguas del Drau.<\/p>\n<p> Ese tr\u00e1gico suicidio colectivo redefini\u00f3 para siempre lo que pensaban los campesinos de Carnia acerca de los cosacos de Krasnov. Cada noche, cuando hablan de ellos en el caf\u00e9, no rememoran las penurias que pasaron por su culpa ni el p\u00e1nico que los embarg\u00f3 al enterarse de que los nazis les hab\u00edan dado derecho a saqueo y que eso ven\u00edan de hacer por aldeas de media Europa. S\u00f3lo recuerdan aquel gigantesco campamento en la nieve donde conviv\u00edan caballos, camellos y humanos que hablaban diecisiete lenguas diferentes. Y son capaces de describir como si la hubieran visto con sus propios ojos aquella \u00faltima carga desesperada, suicida, a las aguas negras del Drau. Claudio Magris recorri\u00f3 esos pueblos de monta\u00f1a, pas\u00f3 largas horas en aquellos caf\u00e9s escuchando a sus parroquianos y escribi\u00f3 una novela emocionante con esa historia, que titul\u00f3 Conjeturas sobre un sable. Pero no logr\u00f3 convencer a aquellos parroquianos de que Krasnov no se suicid\u00f3 junto a sus hombres, sino que fue entregado por los ingleses a Mosc\u00fa, donde fue juzgado por alta traici\u00f3n y ahorcado en 1947.<\/p>\n<p> Los campesinos de Carnia descreen de todo lo que llega de las grandes ciudades. Eso incluye a Magris, a aquellos alemanes que cre\u00edan haber hallado la tumba de Krasnov y a los oportunistas que aparecen cada tanto, buscando el tesoro perdido de los cosacos. En Carnia, Krasnov y sus huestes y el tesoro enterrado y nunca hallado pertenecen al mismo orden: as\u00ed como pasaron por este mundo lo abandonaron despu\u00e9s, con el mismo estruendo y furor, dejando detr\u00e1s lo \u00fanico que eran capaces de dejar, lo \u00fanico que supieron tener en vida, lo \u00fanico en lo que eran capaces de creer, su leyenda, su sorda y ciega y espeluznante leyenda.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5>Publicado por P\u00e1gina 12-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dif\u00edcil que en el a\u00f1o 1957 llegaran ejemplares de Il Corriere de Trieste al caf\u00e9 de cada pueblo perdido en las monta\u00f1as de la regi\u00f3n. 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