{"id":24308,"date":"2011-03-24T09:06:14","date_gmt":"2011-03-24T07:06:14","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/malas-companias\/"},"modified":"2011-03-24T09:06:14","modified_gmt":"2011-03-24T07:06:14","slug":"malas-companias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/malas-companias\/","title":{"rendered":"Malas compa\u00f1\u00edas"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la supresi\u00f3n de personajes en las fotograf\u00edas no fue patrimonio exclusivo de los totalitarismos. El m\u00e9todo es antiguo pero ya no es practicable: Internet es un archivo permanentemente abierto.<\/p>\n<p>En los tiempos de Stalin era m\u00e1s f\u00e1cil: se quitaba a Trotski de la foto y Lenin pod\u00eda arengar a las masas sin la molesta presencia del traidor. Hasta la ca\u00edda de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica los rusos no tuvieron idea del enga\u00f1o al que hab\u00edan estado sometidos durante d\u00e9cadas, y nunca sospecharon que en la famosa foto estaba el espectro de Trotski, invisible a sus miradas pero bien visible a las de los occidentales que, gracias al trabajo de los historiadores, hab\u00edan constatado la reaparici\u00f3n del l\u00edder bolchevique en la escena original. No era un caso \u00fanico. Miles de fotos fueron trucadas por el estalinismo en la medida que era necesario eliminar las malas compa\u00f1\u00edas parar purificar la representaci\u00f3n. Ahora desaparec\u00eda Trotski, ahora Bujarin, y as\u00ed sucesivamente, hasta adaptar la memoria visual -y por supuesto la escrita- a las purgas. El totalitarismo necesita que la realidad se adapte a su argumento. En Alemania el nazismo actu\u00f3 de manera semejante y, tras la  Noche de los Cuchillos Largos, muchos de los asesinados fueron eliminados de las fotos en las que aparec\u00edan en los cortejos de Hitler.<\/p>\n<p>Pero la pr\u00e1ctica de la mutilaci\u00f3n fotogr\u00e1fica no fue patrimonio exclusivo de los totalitarismos. A veces actuaba en direcci\u00f3n contraria, cuando futuros liberales se esforzaban por borrar las huellas de sus encantadas connivencias con los dictadores. La talentosa Leni Riefenstahl, que, con o sin raz\u00f3n, ha pasado a la historia como \u201cla cineasta de Hitler\u201d, siempre apelaba a las hemerotecas al ser acusada por sus detractores. Quer\u00eda que los periodistas comprobaran los sorprendentes invitados europeos y americanos que frecuentaban los foros nacionalsocialistas, antes del estallido de la guerra, y que luego, en pleno conflicto, y no digamos despu\u00e9s de la ca\u00edda de Alemania, intentaron hundir en la bruma su participaci\u00f3n, a veces, seg\u00fan Riefenstahl, llegando a comprar la desaparici\u00f3n de su imagen por el sencillo procedimiento de destruir los negativos fotogr\u00e1ficos o cinematogr\u00e1ficos. El m\u00e9todo es antiguo: en el Renacimiento algunos condottiere obligaban a repintar los cuadros, con a\u00f1adido o evaporizaci\u00f3n de figuras, de acuerdo con sus necesidades pol\u00edticas, y de la aparici\u00f3n de nuevos amigos y enemigos.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo es antiguo pero en nuestros d\u00edas ya no es practicable pues, dejando aparte los archivos tradicionales de fotograf\u00eda, cine y televisi\u00f3n, Internet ofrece un archivo permanentemente abierto en el que millones de ojos pueden consultar lo que desean sin que se interfiera mediador alguno entre el objeto de su curiosidad y la retina. No hay archiveros, no hay bur\u00f3cratas y, lo que es m\u00e1s revolucionario, no hay censores, salvo en el caso de los apagones generalizados provocados por el Estado, como sucede a menudo en China. Internet es un archivo transparente y casi ilimitado. Eso tiene, desde luego, su lado oscuro, cuando el archivo se convierte en el almac\u00e9n de la calumnia, de la injuria, de la impunidad. Todos estamos indefensos ante los vertidos t\u00f3xicos que el gran archivo puede desparramar sobre nuestro honor o nuestra inocencia. Sin embargo, el aspecto luminoso de la informaci\u00f3n universal es la destrucci\u00f3n t\u00e1cita de la censura, y la imposibilidad de que el Cal\u00edgula de turno lance sus legiones contra el mar y luego diga que todo fue un sue\u00f1o p\u00e9rfido de Poseid\u00f3n. La locura de Cal\u00edgula queda impregnada en una imagen perenne, que ya no puede ser destruida. Parad\u00f3jicamente, nuestra \u00e9poca, que practica una suerte de amnesia permanente y es olvidadiza con el pasado, incluso el inmediato, se ha dotado, con el archivo transparente de Internet, de un instrumento de recuperaci\u00f3n instant\u00e1nea de la memoria que no tiene precedentes. En medio de este poder \u00fanico las im\u00e1genes, por supuesto, pueden ser \u201censuciadas\u201d injustamente pero no pueden ser \u201clavadas\u201d arbitrariamente.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes de las malas compa\u00f1\u00edas, por ejemplo. Estos d\u00edas, a ra\u00edz de los acontecimientos de Libia, un payaso sangriento como Gadafi es llamado as\u00ed, \u201cpayaso sangriento\u201d, y se pone de relieve todo acerca de sus payasadas y de su brutalidad: la jaima en la que se alojaba fuera donde fuera, las vestimentas, los estiramientos faciales, el te\u00f1ido de los cabellos, la \u201copulenta\u201d enfermera ucrania que cuidaba de su salud, la cohorte de v\u00edrgenes que le custodiaban, los hijos corruptos, las mazmorras, las c\u00e1maras de tortura, los pat\u00edbulos, los asesinatos en masa. Un monstruo, en suma.<\/p>\n<p>Sin embargo, preguntemos al archivo universal qu\u00e9 ha ocurrido con el monstruo durante esos cuarenta y pico de a\u00f1os en que se ha dedicado a sus monstruosidades. Es asombrosa la galer\u00eda de estatuas por la que deambula Gadafi con sus vistosos movimientos de t\u00fanica que tanto le gustan: es el joven favorito de los no alineados, de los panarabistas, de los sovi\u00e9ticos, de los anticolonialistas de toda ralea; paralelamente, es un malvado para los norteamericanos a los que, en un acto terrorista, derriba un avi\u00f3n comercial, y quienes, en otra acci\u00f3n de terror, bombardean Tr\u00edpoli, destruy\u00e9ndole varios palacios y mat\u00e1ndole una hija. Gadafi parece perdido, pero el \u201cpayaso sangriento\u201d, el tirano loco, tiene un sexto sentido para la supervivencia y, aprovechando las guerras del Golfo y la sed universal de petr\u00f3leo libio, inicia un lento viraje hacia Occidente. Secretamente empieza a ser tomado en serio como aliado.<\/p>\n<p>El archivo transparente nos informa puntualmente y nos llevamos la sorpresa de que en agosto de 2008 George Bush -\u00a1George Bush nada menos!, el martillo de las fuerzas del mal- felicita p\u00fablicamente a Gadafi por, textualmente, \u201csu contribuci\u00f3n a la paz del mundo\u201d. El dictador ha dejado de ser un terrorista y el embajador norteamericano, sonriente, posa junto a \u00e9l en esa galer\u00eda de estatuas imborrable (sencillamente porque nadie podr\u00e1 ya borrar). Se ha abierto la veda y Gadafi, triunfal, pasea su jaima por el mundo de los sedientos de gas y petr\u00f3leo. Como no pod\u00eda ser de otra manera, Berlusconi le recibe con los brazos abiertos: una gran pareja de baile. En Par\u00eds, Sarkozy averg\u00fcenza a la Asamblea Nacional mientras rinde pleites\u00eda al complacido d\u00e9spota. Tambi\u00e9n en Tr\u00edpoli se hacen preparativos para recibir a los clientes. Gadafi fija el ceremonial: todos los mandatarios, como pr\u00f3logo, tienen que visitar el palacio que le destruy\u00f3 Reagan en un acto de homenaje imprescindible. El archivo vomita puntualmente estas im\u00e1genes.<\/p>\n<p>Y, entre los sucesivos visitantes, vemos tambi\u00e9n a los nuestros, y el bochorno aumenta. En enero de 2009 -\u00a1hace solo dos a\u00f1os!- podemos contemplar al rey Juan Carlos, acompa\u00f1ado del \u201cpayaso sangriento\u201d, recorriendo las ruinas del palacio destruido de Baab Azizia. Firma en el libro de visitas, y el archivo nos muestra lo que escribe: \u201cmuy contento de estar por primera vez en Libia\u201d. Tambi\u00e9n vemos a un satisfecho Zapatero en 2010, hace \u00fanicamente un a\u00f1o. Est\u00e1 en otro palacio de Tr\u00edpoli, mientras el \u201cpayaso sangriento\u201d le pone la mano sobre el brazo con un gesto de gran familiaridad. A quien m\u00e1s vemos es a Aznar, vanguardista en la frecuentaci\u00f3n del tirano, al que elogia por \u201crecorrer el camino contrario al de Cuba\u201d, elogio que extiende a su buen amigo, el tunecino Ben Ali, a quien, con grandes dotes prof\u00e9ticas, augura un gran futuro.<\/p>\n<p>Ya sabemos que todos los personajes citados visitaron a Gadafi para velar por nuestros intereses. \u00bfQui\u00e9n lo dudar\u00eda? Pero, en consonancia con la sangre y los tiempos que corren, qu\u00e9 no dar\u00edan para borrar al \u201cpayaso sangriento\u201d de la foto o, a\u00fan mejor, borrarse ellos, hu\u00e9spedes y anfitriones que nunca existieron. No pueden. El archivo transparente impide deshacerse de esas malas compa\u00f1\u00edas que uno jam\u00e1s debi\u00f3 tener.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Rafael Argullol es escritor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\">El Pa\u00eds<\/a>-k argitaratua<\/h5>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La pr\u00e1ctica de la supresi\u00f3n de personajes en las fotograf\u00edas no fue patrimonio exclusivo de los totalitarismos. El m\u00e9todo es antiguo pero ya no es practicable: Internet es un archivo permanentemente abierto. 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