{"id":24042,"date":"2011-02-14T09:16:37","date_gmt":"2011-02-14T07:16:37","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/tahrir-el-giro-de-la-historia\/"},"modified":"2011-02-14T09:16:37","modified_gmt":"2011-02-14T07:16:37","slug":"tahrir-el-giro-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/tahrir-el-giro-de-la-historia\/","title":{"rendered":"Tahrir: el giro de la historia"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Luego de estar en Irlanda del Norte y vivir los d\u00edas posteriores a la revoluci\u00f3n portuguesa, llegu\u00e9 a Medio Oriente en junio de 1976 y me instal\u00e9 en El Cairo con el encargo de cubrir una de las interminables negociaciones para poner fin a la guerra civil en L\u00edbano. Pero luego de comer vegetales sin lavar en un restaurante local me dio gastroenteritis \u2013fiebre ent\u00e9rica es una frase tallada en muchas l\u00e1pidas de Raj\u2013 y pas\u00e9 noche tras noche con ratas en el est\u00f3mago y chorreando sudor en el lino de la cama. La primera vez que me aventur\u00e9 a la calle me desmay\u00e9 sobre una banca de concreto de una parada de autobuses, entre un paso a desnivel y una plaza con pasos elevados de hierro quemante, repletos de egipcios que vociferaban.<\/p>\n<p>All\u00ed estuve inconsciente durante cinco horas. Nadie acudi\u00f3 en mi auxilio. Despert\u00e9 adolorido, seguro de que el mundo \u00e1rabe deb\u00eda ser un lugar duro y cruel. Hasta escrib\u00ed mi renuncia al puesto de corresponsal del <em>Times<\/em> en Medio Oriente\u2026 luego de una semana de haber sido contratado. La mugre de la estaci\u00f3n de autobuses, el olor a orines, el caliente estalinismo de concreto del edificio Mugama a mis espaldas \u2013monstruosidad <em>estajanovista<\/em> donde d\u00eda tras d\u00eda buscaba la extensi\u00f3n de mi visa\u2013 me convencieron de que no pod\u00eda trabajar en la f\u00e9tida dictadura de Anuar Sadat. Mi enfermedad era l\u00e1stima de m\u00ed mismo. La plaza se llamaba Tahrir. Casi 36 a\u00f1os despu\u00e9s, he merodeado por este sitio como si fuera mi hogar, con sus decenas de miles de valerosos dem\u00f3cratas exigiendo un Egipto que ni yo ni ellos lleg\u00e1bamos siquiera a so\u00f1ar. De hecho, muchos de los j\u00f3venes hombres y mujeres que se acercaban a todo extranjero gritando \u00a1Viva Egipto! no hab\u00edan nacido cuando yo yac\u00eda en esa banca de concreto. La estaci\u00f3n es hoy el edificio de un nuevo hotel \u2013que ha servido de ba\u00f1o com\u00fan en las pasadas tres semanas, el olor a orines a\u00fan est\u00e1 all\u00ed\u2013; el Mugama, tan terrible como siempre, est\u00e1 vac\u00edo, pues sus legiones de bur\u00f3cratas han sido impedidos de entrar a la plaza por los revolucionarios del nuevo Egipto.<\/p>\n<p>La historia ha llegado en grandes sorbos, a veces sangrientos, casi siempre valerosos, inspiradores, terribles. He descrito un c\u00edrculo completo. Gracias al cielo nunca envi\u00e9 esa renuncia al <em>Times<\/em>. Supongo que los reporteros, al igual que las naciones, crecen; la perspectiva es un raro instinto. Lo que hace tres d\u00e9cadas y media eran notas para un peri\u00f3dico \u2013la dictadura de Sadat pronto fue sucedida por la todav\u00eda m\u00e1s deprimente de Mubarak\u2013 se convirti\u00f3 esta semana en una epopeya en pantalla ancha, con un elenco de millones: una historia imperecedera de libertad contra la represi\u00f3n del Estado.<\/p>\n<p>Resulta extra\u00f1o c\u00f3mo el mundo del cine logra capturar la realidad. En <em>El tercer hombre<\/em> hay un momento maravilloso en el que dos oficiales brit\u00e1nicos esperan junto a una pared en la Viena de posguerra con la esperanza de atrapar al multiasesino Harry Lime. De las sombras no surge Lime, sino una extra\u00f1a criatura con unos globos en la mano, que pregunta en voz baja a los soldados si quieren comprar uno. Hace un par de semanas me abr\u00eda paso boqueando por la calle Champollion, frente a la plaza Tahrir, con Cecilia Udden, de la televisi\u00f3n sueca. Ambos ten\u00edamos n\u00e1useas por los vapores del gas lacrim\u00f3geno, el lugar vibraba con los disparos de pistolas aturdidoras de la polic\u00eda de seguridad del Estado, y entonces una figura ataviada con una t\u00fanica sali\u00f3 de una calle lateral y se nos acerc\u00f3 entre el humo, agitando algo en la mano. \u00bfPapiro?, pregunt\u00f3 en tono lastimero. \u00bfUna imagen de Rams\u00e9s Segundo?<\/p>\n<p>Grandes son los contrastes de la historia, y no siempre c\u00f3modos. Mi colega Don Macintyre (quien se parece a Jack Hawkings en el papel del general Allenby en <em>Lawrence de Arabia<\/em>) entrevist\u00f3 a una pareja de brit\u00e1nicos que se iba de Egipto, en el aeropuerto de El Cairo. Cuando les pidi\u00f3 sus nombres, ella se neg\u00f3 porque, dijo, trabajaba en un departamento del gobierno en Gran Breta\u00f1a. En la plaza Tahrir, egipcios que corr\u00edan peligro de ser arrestados al instante por los esbirros de Mubarak nos daban con orgullo su nombre completo, ansiosos por demostrar su fe en la libertad y su desprecio por la polic\u00eda. \u00bfQu\u00e9 nos dice esto sobre nosotros? El Egipto antimubarakita nos ense\u00f1a una cosa; la Gran Breta\u00f1a cameronita, otra muy distinta.<\/p>\n<p>Y luego est\u00e1 el hombre que quer\u00eda ser rey, Omar Suleiman, charlando con periodistas de la televisi\u00f3n egipcia, confiado, amistoso, paternalista. Luego, de pronto, advirti\u00f3 a los reporteros que murci\u00e9lagos salidos de la noche est\u00e1n aterrorizando al pueblo egipcio. \u00bfEstar\u00eda en sus cabales? All\u00e1 por la d\u00e9cada de 1930, mi padre, subtesorero en el municipio de Birkenhead, descubri\u00f3 que un amigo hab\u00eda sido encerrado en lo que entonces se llamaba un asilo para lun\u00e1ticos. Fisk al rescate. Bill se present\u00f3 en el asilo, escuch\u00f3 la racional explicaci\u00f3n de su amigo de que se hab\u00eda cometido un terrible error, y se ofreci\u00f3 de inmediato a llevarlo a las autoridades de salud para que se enmendara el entuerto. Pero no puedo irme, anunci\u00f3 de pronto el amigo, metiendo los dedos en un enchufe el\u00e9ctrico. Mira, soy un foco; si me llevas, todas las luces del asilo se apagar\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 Omar Suleiman un foco? Qu\u00e9 occidental me muestro al preguntar eso. En la poes\u00eda \u00e1rabe, donde la met\u00e1fora es tan distintiva como lo era en la poes\u00eda brit\u00e1nica de principios del siglo XVII, la expresi\u00f3n murci\u00e9lagos de la noche casi siempre se refiere a una criatura espantosa que surge s\u00f3lo en la oscuridad, con una ciega capacidad de infundir terror. Suleiman hablaba casi de seguro de los ladrones e incendiarios que han atacado los hogares egipcios en las noches \u2013muchos de esos murci\u00e9lagos, pero no todos, han sido polic\u00edas vestidos de civil, una distinci\u00f3n que Suleiman sin duda no hizo\u2013, y de este modo la tradici\u00f3n literaria \u00e1rabe se fundi\u00f3 con la ret\u00f3rica de una dictadura agonizante.<\/p>\n<p>\u00bfEn verdad agonizaba?, nos preguntamos durante las pasadas tres semanas. La misma pregunta se hac\u00edan los manifestantes de la plaza Tahrir, porque las revoluciones, los levantamientos, <em>intifadas<\/em>, las explosiones pol\u00edticas, no tienen reglas ni calendarios. Como en toda p\u00e1gina en la historia, al mirar al espejo tenemos que esperar con paciencia el valor, la sangre y la traici\u00f3n. La noche del jueves esper\u00e1bamos que Mubarak se fuera, pero el anciano se volvi\u00f3 a su pueblo con un discurso de tal narcisismo y autoenga\u00f1o que nos quit\u00f3 el aliento. \u00c9l era el aut\u00e9ntico foco, el verdadero murci\u00e9lago salido de la noche. La noche del viernes, el murci\u00e9lago vol\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a9 <em>The Independent<\/em><\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2011\/02\/12\/index.php?section=opinion&amp;article=023a1mun%3Ci%20\/%3E\" target=\"_blank\">http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2011\/02\/12\/index.php?section=opinion&amp;article=023a1mun<\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luego de estar en Irlanda del Norte y vivir los d\u00edas posteriores a la revoluci\u00f3n portuguesa, llegu\u00e9 a Medio Oriente en junio de 1976 y me instal\u00e9 en El Cairo con el encargo de cubrir una de las interminables negociaciones para poner fin a la guerra civil en L\u00edbano. 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