{"id":24028,"date":"2011-02-11T08:37:18","date_gmt":"2011-02-11T06:37:18","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/suenos-de-nubes\/"},"modified":"2011-02-11T08:37:18","modified_gmt":"2011-02-11T06:37:18","slug":"suenos-de-nubes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/suenos-de-nubes\/","title":{"rendered":"\u201cSue\u00f1os de nubes\u201d"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>No existe ninguna ciudad que est\u00e9 m\u00e1s \u00edntimamente ligada a los libros que Par\u00eds. Si Giraudoux tiene raz\u00f3n cuando dice que el sentimiento de libertad humano m\u00e1s acabado es el de seguir el curso de un r\u00edo caminando lentamente, entonces aqu\u00ed el ocio m\u00e1s perfecto, es decir, la libertad m\u00e1s dichosa, conduce al libro y se sumerge en \u00e9l. Pues hace siglos que la hiedra de hojas sabias se prendi\u00f3 de los muelles despojados del Sena: Par\u00eds es un gran sal\u00f3n de biblioteca atravesado por el r\u00edo.<\/p>\n<p>No hay monumento alguno en esta ciudad que no haya servido de inspiraci\u00f3n a una obra maestra de la poes\u00eda. N\u00f4tre Dame \u2013pensamos en la novela de Victor Hugo\u2013; la Torre Eiffel \u2013Los novios de la Torre Eiffel de Cocteau, y, con Plegaria en la Torre Eiffel, de Giraudoux, llegamos a la altura vertiginosa de la literatura m\u00e1s moderna\u2013; la Opera \u2013con la famosa novela policial de Leroux El fantasma de la Opera, llegamos al s\u00f3tano del edificio y al de la literatura\u2013. El Arco de Triunfo se extiende alrededor de la tierra con Le Tombeau sous l\u2019Arc de Triomphe, de Raynal. Esta ciudad se inscribi\u00f3 indeleble en la literatura porque tiene un esp\u00edritu af\u00edn a los libros. \u00bfNo fue ella quien proyect\u00f3 desde hace tiempo, cual un novelista versado, los cautivantes argumentos de su construcci\u00f3n? Ah\u00ed est\u00e1n las anchas avenidas militares, cuya funci\u00f3n, antiguamente, era asegurarles a las tropas el acceso a Par\u00eds desde Porte Maillot, Porte de Vincennes, Porte de Versailles. Y un d\u00eda, de la noche a la ma\u00f1ana, Par\u00eds tuvo las mejores autopistas de todas las ciudades de Europa. Est\u00e1, por ejemplo, la Torre Eiffel \u2013un monumento puro y libre de la tecnolog\u00eda construido con esp\u00edritu deportivo\u2013 convertido un d\u00eda, de la noche a la ma\u00f1ana, en una estaci\u00f3n de radio europea. Y los inmensos espacios vac\u00edos: \u00bfno son hojas festivas, l\u00e1minas en los tomos de la historia universal? En n\u00fameros rojos brilla el a\u00f1o 1789 en la Place de Gr\u00e8ves. En la Place des Vosges, rodeado de techos angulares, donde \u00e9l hall\u00f3 la muerte: Enrique II. Con rasgos borroneados, una letra indescifrable en aquella Place Maubert, antiguamente el acceso al Par\u00eds tenebroso. En el intercambio entre ciudad y libro existe una de estas plazas que encontr\u00f3 su lugar en las bibliotecas: las famosas ediciones de Didot del siglo pasado llevan como marca de imprenta la Place du Panth\u00e9on.<\/p>\n<p>La ciudad se refleja en miles de ojos, en miles de objetivos. Porque no s\u00f3lo el cielo y el ambiente, sino tambi\u00e9n las propagandas luminosas en los bulevares nocturnos hicieron de Par\u00eds la Ville Lumi\u00e8re. Par\u00eds es la ciudad-espejo: liso como un espejo, el asfalto de sus calles. Vidrieras delante de todos los bistrots: aqu\u00ed las mujeres se miran m\u00e1s que en otras partes. De estos espejos surgi\u00f3 la belleza de la mujer parisina. Antes de que la vea el hombre, ya la juzgaron diez espejos. Tambi\u00e9n al hombre lo envuelve un exceso de espejos, especialmente en los caf\u00e9s (para parecer m\u00e1s luminosos y dar aspecto de agradable amplitud a todos los \u00ednfimos recintos y espacios m\u00ednimos en que se dividen los bares de Par\u00eds). Los espejos son el elemento espiritual de esta ciudad, su escudo, en el que todav\u00eda se inscriben los emblemas de todas las escuelas literaria<\/p>\n<p>As\u00ed como los espejos devuelven todos los reflejos de inmediato pero invertidos en su simetr\u00eda, lo mismo sucede con la t\u00e9cnica de la oratoria de las comedias de Marivaux: as\u00ed como a un Hugo o a un Vigny les gustaba atrapar ambientes y darles a sus relatos un \u201ctrasfondo hist\u00f3rico\u201d, los espejos traen el exterior animado, la calle, hacia el interior del caf\u00e9.<\/p>\n<p>Los espejos que cuelgan, opacos y descuidados, en las tabernas son el s\u00edmbolo del naturalismo de Zola; reflej\u00e1ndose unos a otros en una hilera interminable, son un equivalente del infinito recuerdo del recuerdo en el que se convirti\u00f3 la vida de Marcel Proust bajo su propia pluma. Aquella reciente colecci\u00f3n de fotos \u201cPar\u00eds\u201d cierra con la imagen del Sena. El es el gran espejo siempre despierto de Par\u00eds. D\u00eda a d\u00eda, la ciudad arroja como im\u00e1genes sus edificios s\u00f3lidos y sus sue\u00f1os de nubes a este r\u00edo, que acepta las ofrendas con misericordia y, como signo de su benevolencia, las quiebra en mil pedazos.<\/p>\n<p><strong>De rosa los jorobados<\/strong><\/p>\n<p>Marsella. Dentadura amarilla y cariada de lobo marino, a la que el agua salada le chorrea entre los dientes. Y cuando su garganta se apodera de los cuerpos negros y morenos de los proletarios con que las compa\u00f1\u00edas navieras la alimentan respetando su horario, exhala olores de aceite, de orina y de tinta de impresi\u00f3n que vienen del sarro que se le pega a los maxilares impetuosos: quioscos de diario, ba\u00f1os y puestos de mariscos. Los habitantes del puerto parecen un cultivo de bacilos; changarines y prostitutas, productos de la podredumbre que semejan hombres. Pero el paladar es rosado. Aqu\u00ed el rosado es el color de la deshonra, de la miseria. De rosa se visten los jorobados y las mendigas. Y las mujeres deste\u00f1idas de la rue Bouterie dan ese \u00fanico color a su \u00fanico atuendo: camisas rosadas.<\/p>\n<p><strong>Peque\u00f1os martillos<\/strong><\/p>\n<p>San Gimignano, Italia. Qu\u00e9 dif\u00edcil puede llegar a ser encontrar las palabras para lo que se tiene ante la vista. Pero cuando finalmente se encuentran, golpean contra lo real con sus peque\u00f1os martillos hasta que repujan la imagen como si la realidad fuera una planchuela de cobre. \u201cA la noche las mujeres se re\u00fanen en la fuente ante la puerta de la ciudad para buscar agua en grandes c\u00e1ntaros\u201d: reci\u00e9n cuando encontr\u00e9 estas palabras surgi\u00f3 el cuadro con elevaciones duras y sombras profundas de entre las vivencias que me hab\u00edan deslumbrado. \u00bfQu\u00e9 sab\u00eda yo antes de los prados blanco chispeante que montan guardia a la tarde con sus peque\u00f1as llamas ante el muro de la ciudad? En qu\u00e9 estrechez deb\u00edan arregl\u00e1rselas antes las trece torres y con qu\u00e9 circunspecci\u00f3n ocup\u00f3 cada una su sitio desde entonces. Y entre ellas todav\u00eda quedaba mucho espacio.<\/p>\n<p>Si se viene de lejos, la ciudad da la sensaci\u00f3n de haber entrado al paisaje de pronto, imperceptiblemente, como a trav\u00e9s de una puerta. No parece que uno pudiera llegar a acerc\u00e1rsele jam\u00e1s. Pero una vez que esto se logra, uno cae en su regazo y no puede encontrarse a s\u00ed mismo entre tanto canto de grillos y griter\u00edo de ni\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>Caf\u00e9 cr\u00e8me<\/strong><\/p>\n<p>Quien se haga traer el desayuno a la habitaci\u00f3n de su hotel de Par\u00eds en bandeja de plata, acompa\u00f1ado por bolitas de manteca y mermelada, no sabr\u00e1 nada de \u00e9l. El desayuno tiene que tomarse en el bistr\u00f3, donde, entre los espejos, el petit d\u00e9jeuner es \u00e9l mismo un espejo c\u00f3ncavo entre espejos, que refleja la imagen en miniatura de esta ciudad. En ninguna comida los ritmos son tan diferentes, desde el gesto mec\u00e1nico del empleado que toma su vaso de caf\u00e9 con leche de un solo trago en el mostrador hasta el placer contemplativo con que un viajero vac\u00eda lentamente su taza en el intervalo entre dos trenes. Y t\u00fa mismo, tal vez, te sientes a su lado, a la misma mesa, en el mismo banco y, sin embargo, est\u00e1s lejos y solo. Sacrificas tu ayuno matinal para tomar o comer algo. Y junto con el caf\u00e9 tomas qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas cosas: tomas toda la ma\u00f1ana, la ma\u00f1ana de ese d\u00eda y a veces tambi\u00e9n la ma\u00f1ana perdida de la vida. Si de ni\u00f1o te hubieras sentado a esta mesa, cu\u00e1ntos barcos habr\u00edan cruzado el mar de hielo de la losa de m\u00e1rmol. Habr\u00edas sabido c\u00f3mo es el mar de M\u00e1rmara. Mirando un iceberg o un velero, habr\u00edas tomado un trago para pap\u00e1 y otro para el t\u00edo y otro para tu hermano hasta el borde grueso de tu taza, precordillera ancha sobre la que reposaban los labios; la nata se habr\u00eda acercado flotando. Qu\u00e9 d\u00e9bil se ha vuelto tu asco. Qu\u00e9 higi\u00e9nico y r\u00e1pido es todo ahora: bebes; no remojas el pan en el caf\u00e9, no lo desmigas. Dormido, tomas la madelaine de la panera, la partes y ni siquiera te das cuenta cu\u00e1n triste te pone no poder compartirla.<\/p>\n<p><strong>La memoria, la azada<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed como la tierra es el medio en el que yacen enterradas las viejas ciudades, la memoria es el medio de lo vivido. Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Ante todo, no debe temer volver una y otra vez a la misma circunstancia, esparcirla como se esparce la tierra, revolverla como se revuelve la tierra. Porque las \u201ccircunstancias\u201d no son m\u00e1s que capas que s\u00f3lo despu\u00e9s de una investigaci\u00f3n minuciosa dan a luz aquello que hace que la excavaci\u00f3n valga la pena, es decir, las im\u00e1genes que, arrancadas de todos sus contextos anteriores, aparecen como objetos de valor en los aposentos sobrios de nuestra comprensi\u00f3n tard\u00eda, como torsos en la galer\u00eda del coleccionista. Sin lugar a dudas, es \u00fatil usar planos en las excavaciones. Pero tambi\u00e9n es indispensable la incursi\u00f3n de la azada, cautelosa y a tientas, en la tierra oscura. Quien s\u00f3lo haga el inventario de sus hallazgos sin poder se\u00f1alar en qu\u00e9 lugar del suelo actual conserva sus recuerdos, se perder\u00e1 lo mejor. Por eso los aut\u00e9nticos recuerdos no deber\u00e1n exponerse en forma de relato, sino se\u00f1alando con exactitud el lugar en que el investigador logr\u00f3 atraparlos. Epico y raps\u00f3dico en sentido estricto, el recuerdo verdadero deber\u00e1 proporcionar, por lo tanto, al mismo tiempo una imagen de quien recuerda, as\u00ed como un buen informe arqueol\u00f3gico debe indicar no s\u00f3lo de qu\u00e9 capa provienen los hallazgos sino, ante todo, qu\u00e9 capas hubo que atravesar para encontrarlos.<\/p>\n<p><strong>Lo cort\u00e9s<\/strong><\/p>\n<p>Se sabe que las aut\u00e9nticas exigencias de la \u00e9tica, la sinceridad, la humildad, el amor al pr\u00f3jimo, la compasi\u00f3n y muchas otras quedan relegadas a un segundo plano en la lucha cotidiana de intereses. De ah\u00ed que resulte tanto m\u00e1s sorprendente que se haya reflexionado tan pocas veces acerca de la mediaci\u00f3n que el hombre busc\u00f3 y encontr\u00f3 a ese conflicto hace milenios. Es la cortes\u00eda el verdadero punto medio, el resultado entre esos dos componentes contradictorios: la \u00e9tica y la lucha por la existencia. La cortes\u00eda no es ni lo uno ni lo otro: ni exigencia moral ni arma en la lucha y, sin embargo, es ambas cosas. Con otras palabras: no es nada y lo es todo, seg\u00fan de qu\u00e9 lado se la mire. No es nada en cuanto es s\u00f3lo una apariencia bella, una forma dispuesta a hacer olvidar la crueldad de la pelea que se disputa entre las partes. Y as\u00ed como no llega a ser una norma moral estricta (sino s\u00f3lo la representaci\u00f3n de la norma que dej\u00f3 de estar vigente), as\u00ed tambi\u00e9n su valor para la lucha por la existencia (representaci\u00f3n de su irresoluci\u00f3n) es ficticio. Sin embargo, la cortes\u00eda lo es todo, all\u00ed donde libera de la convenci\u00f3n tanto a la situaci\u00f3n como a s\u00ed misma. Si la habitaci\u00f3n donde se delibera est\u00e1 rodeada por las barreras de la convenci\u00f3n como por vallas, la verdadera cortes\u00eda actuar\u00e1 derribando esas barreras, es decir, extendiendo la lucha hasta lo ilimitado, llamando en su ayuda a todas aquellas fuerzas e instancias que la lucha exclu\u00eda, ya sea para la mediaci\u00f3n o para la reconciliaci\u00f3n. Quien se deje dominar por el cuadro abstracto de la situaci\u00f3n en que se encuentra con su interlocutor, s\u00f3lo podr\u00e1 intentar triunfar en esta lucha mediante la violencia y, probablemente, quede como el descort\u00e9s. La alta escuela de la cortes\u00eda requiere, en cambio, un sentido vigilante para detectar lo extremo, lo c\u00f3mico, lo privado o lo sorprendente de la situaci\u00f3n. Quien se valga de ese sentido vigilante podr\u00e1 adue\u00f1arse de la negociaci\u00f3n y, al final, tambi\u00e9n de los intereses; y ser\u00e1 \u00e9l, finalmente, quien, ante los ojos asombrados de su interlocutor, lograr\u00e1 cambiar de sitio los elementos contradictorios de la situaci\u00f3n como si se tratara de los naipes de un solitario. Sin lugar a dudas, la paciencia es el ingrediente esencial de la cortes\u00eda y, tal vez, la \u00fanica virtud que \u00e9sta toma sin transformarla. Pero la cortes\u00eda, que es la musa del t\u00e9rmino medio, ya les ha dado lo que les corresponde a las dem\u00e1s virtudes, de las que una convenci\u00f3n maldita supone que s\u00f3lo pueden ser satisfechas en un \u201cconflicto de obligaciones\u201d: le ha dado la pr\u00f3xima oportunidad al derrotado.<\/p>\n<p><strong>Buen consejo<\/strong><\/p>\n<p>Cuando a uno se le pide consejo, har\u00e1 bien en averiguar en primer lugar la opini\u00f3n de quien lo pide, para corroborarla luego. Nadie se convence f\u00e1cilmente de la mayor inteligencia del otro y casi nadie pedir\u00eda consejo si la intenci\u00f3n fuera hacerle caso a un extra\u00f1o. Es m\u00e1s bien la propia decisi\u00f3n, ya tomada en el fuero \u00edntimo, la que se quiere volver a escuchar una vez m\u00e1s, por as\u00ed decirlo, del rev\u00e9s, en forma de \u201cconsejo\u201d. Lo que se espera de quien aconseja es justamente esta repetici\u00f3n de la propia idea y quienes piden consejo tienen raz\u00f3n. Porque lo m\u00e1s peligroso es concretar lo que se decidi\u00f3 solo, sin someterlo al intercambio de palabras como a un filtro. Por eso, quien pide un consejo ya resolvi\u00f3 la mitad del asunto y si se propusiera algo equivocado, ser\u00e1 mejor ratificar su opini\u00f3n con cierto escepticismo que contradecirlo con convicci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Ese silbido<\/strong><\/p>\n<p>Seg\u00fan Goethe, la primera de todas las cualidades es la atenci\u00f3n. Sin embargo, comparte su primac\u00eda con la costumbre, que le disputa el terreno desde el primer d\u00eda. Toda atenci\u00f3n debe desembocar en costumbre para no hacer estallar al hombre, toda costumbre debe ser alterada por la atenci\u00f3n para no paralizarlo. La atenci\u00f3n y el acostumbramiento, el escandalizarse y el aceptar, son la cresta y el valle de la ola en el mar del esp\u00edritu. Pero este mar tiene sus momentos de calma. No cabe duda de que alguien que se concentra totalmente en un pensamiento tortuoso, en un dolor y sus puntadas, puede caer en manos de un sonido d\u00e9bil, de un murmullo, del vuelo de un insecto que un o\u00eddo m\u00e1s atento y m\u00e1s fino tal vez ni siquiera habr\u00eda percibido. El esp\u00edritu, as\u00ed se cree, se deja distraer m\u00e1s f\u00e1cilmente cuanto m\u00e1s concentrado est\u00e9. Pero esta escucha atenta, \u00bfno es m\u00e1s bien el despliegue extremo de la atenci\u00f3n y no su p\u00e9rdida, no es el momento en que del seno de la atenci\u00f3n parte la costumbre? Ese silbido o zumbido es un umbral y, sin que nos demos cuenta, el esp\u00edritu lo ha atravesado. Y pareciera que ahora no quiere volver nunca m\u00e1s al mundo habitual, ahora vive en uno nuevo, donde el dolor lo alberga. La atenci\u00f3n y el dolor se complementan. Pero tambi\u00e9n la costumbre tiene un complemento, cuyo umbral atravesamos en el sue\u00f1o. Porque lo que nos pasa en sue\u00f1os es un descubrimiento nuevo y singular que surge del seno de la costumbre. Las vivencias cotidianas, los discursos triviales, el sedimento que nos qued\u00f3 en la vista, el latido de nuestra propia sangre, eso que antes no not\u00e1bamos, convierte al material, distorsionado y extremadamente n\u00edtido, en sue\u00f1o. No hay asombro en el sue\u00f1o ni olvido en el dolor porque ambos ya llevan su contrario en s\u00ed, igual como la cresta y el valle de la ola se funden en los momentos de calma.<\/p>\n<p><strong>El olvido feliz<\/strong><\/p>\n<p>El ni\u00f1o est\u00e1 enfermo. La madre lo acuesta y se sienta a su lado. Y despu\u00e9s comienza a contarle cuentos. \u00bfC\u00f3mo se explica esto? Lo present\u00ed cuando N. me cont\u00f3 de la extraordinaria virtud curativa que hab\u00edan tenido las manos de su mujer. De esas manos dec\u00eda: \u201cSus movimientos eran muy expresivos. Pero no habr\u00eda sido posible describir su expresi\u00f3n. Era como si estuvieran contando un cuento\u201d. Los Conjuros de Merseburg ya nos hablan de la curaci\u00f3n mediante la narraci\u00f3n. No es que s\u00f3lo repitan la f\u00f3rmula de Odin, sino que narran el contexto en el cual \u00e9ste us\u00f3 la f\u00f3rmula por primera vez. Tambi\u00e9n se sabe que el relato que el enfermo hace al m\u00e9dico al iniciar el tratamiento puede convertirse en el comienzo de un proceso de curaci\u00f3n. Se plantea entonces la pregunta si no ser\u00e1 la narraci\u00f3n la atm\u00f3sfera propicia y la condici\u00f3n m\u00e1s favorable para muchas curaciones. S\u00ed, \u00bfno podr\u00eda curarse incluso cualquier enfermedad si se la dejara fluir lo suficiente hasta la desembocadura sobre la corriente de la narraci\u00f3n? Si se considera que el dolor es un dique que se opone a esta corriente, se ve claramente que este dique ser\u00e1 desbordado cuando la corriente sea lo suficientemente fuerte como para conducir al mar del olvido feliz todo lo que encuentre en su camino. Las caricias le dibujan un lecho a esa corriente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* Fragmentos de Denkbilder, epifan\u00edas en viajes, que se publicar\u00e1 a principios de marzo (ed. El Cuenco de Plata).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por P\u00e1gina 12-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No existe ninguna ciudad que est\u00e9 m\u00e1s \u00edntimamente ligada a los libros que Par\u00eds. 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