{"id":23988,"date":"2011-02-03T08:26:46","date_gmt":"2011-02-03T06:26:46","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/haiti-con-esperanza\/"},"modified":"2011-02-03T08:26:46","modified_gmt":"2011-02-03T06:26:46","slug":"haiti-con-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/haiti-con-esperanza\/","title":{"rendered":"Hait\u00ed, con esperanza"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El terremoto que asol\u00f3 la capital de Hait\u00ed y caus\u00f3 m\u00e1s de 250.000 muertos constituye un acontecimiento global de gran importancia que asombra a una \u00e9poca acostumbrada a percibir ese pa\u00eds como el escenario donde se repite una tragedia humana escrita desde hace m\u00e1s de dos siglos. S\u00f3lo se comprender\u00e1n todas las lecciones del se\u00edsmo cuando la onda de choque provocada en las conciencias por ese fen\u00f3meno extraordinario haya cesado en sus efectos emocionales m\u00e1s intensos. Entonces podremos pensar sobre las inflexiones que pone de manifiesto la cat\u00e1strofe en diferentes aspectos.<\/p>\n<p>Proponemos un an\u00e1lisis en dos planos para considerar a un tiempo los deslizamientos puestos al descubierto por el se\u00edsmo en las relaciones internacionales y lo que revela acerca de los fundamentos de la naci\u00f3n haitiana, nacida de una revoluci\u00f3n de esclavos en 1804.<\/p>\n<p>Es importante recordar que la cultura haitiana es fruto de una mezcla parad\u00f3jica, de una dial\u00e9ctica cr\u00edtica entre las ra\u00edces africanas y europeas, arraigadas en el mismo terreno pero que extraen en diferentes capas del suelo los jugos necesarios para su desarrollo. Una vez conquistada la independencia, los haitianos se vieron separados de sus or\u00edgenes, con la necesidad de un enraizamiento in situ, sin posibilidad de repliegue hacia un ambiente m\u00e1s clemente. La independencia no fue reconocida por ninguna de las potencias de la \u00e9poca, ni siquiera por las rep\u00fablicas sudamericanas a las que, sin embargo, la patria de Dessalines y P\u00e9tion hab\u00eda ayudado a librarse del yugo de la esclavitud y la colonizaci\u00f3n. En ausencia de apoyos, los dirigentes del pa\u00eds aceptaron pagar, adem\u00e1s de la sangre derramada, una indemnizaci\u00f3n a los antiguos colonos. Ese doble pago encaden\u00f3 el pa\u00eds al cepo del subdesarrollo, y la pauperizaci\u00f3n que sigui\u00f3 no perdon\u00f3 a las fuerzas vivas de la naci\u00f3n. Empobrecido, sometido a la presi\u00f3n permanente de las potencias coloniales que amenazaban sin tregua con invadirlo, el pa\u00eds vivi\u00f3 en una posici\u00f3n de virgen asediada, intentando preservar su virtud frente a los apetitos delirantes de vecinos m\u00e1s poderosos, movidos por intenciones no siempre confesables.<\/p>\n<p>Dos siglos m\u00e1s tarde, Hait\u00ed sigue siendo el s\u00edmbolo de una voluntad pugnaz de vivir libre y pobre en la dignidad y en el respeto debido a la sangre derramada por sus ilustres h\u00e9roes. Esta misi\u00f3n prof\u00e9tica de heraldo de la libertad de los pueblos oprimidos le granjea hoy ese resurgir de simpat\u00eda de los pueblos que asisten impotentes, pero no indiferentes, a su decadencia. Ahora bien, el fracaso de Hait\u00ed tendr\u00eda repercusiones negativas, no s\u00f3lo sobre los pa\u00edses vecinos, pero tambi\u00e9n y sobre todo sobre la moral de los condenados de la tierra, que agradecen al pa\u00eds caribe\u00f1o haber permanecido rebelde y vibrante de creatividad cultural. Y as\u00ed hay que interpretar los deslizamientos que se producen en la percepci\u00f3n de la naci\u00f3n haitiana.<\/p>\n<p>En las relaciones internacionales, ante todo, se produce un singular desplazamiento de l\u00edneas en el que se observan los elementos liminares de una nueva forma del ejercicio del poder: la intervenci\u00f3n humanitaria unilateral, masiva, edificante. Semejante esquema est\u00e1 llamado a repetirse en los pr\u00f3ximos a\u00f1os habida cuenta de la recurrencia de las cat\u00e1strofes naturales y de la incapacidad de los pa\u00edses m\u00e1s pobres para enfrentarse a los nuevos desaf\u00edos planteados por los desbarajustes clim\u00e1ticos en curso. Estados Unidos ha sido tildado de exhibir una actitud arrogante, sobre todo desde Francia, por haber enviado a Hait\u00ed un batall\u00f3n de m\u00e1s de 20.000 hombres, entre los m\u00e1s preparados del ej\u00e9rcito estadounidense, y por haberlos instalado frente al palacio nacional.<\/p>\n<p>En realidad, el Gobierno estadounidense, preocupado por no repetir el mismo error cometido con ocasi\u00f3n del hurac\u00e1n Katrina que devast\u00f3 Nueva Orleans en el 2005, reaccion\u00f3 con una celeridad y una determinaci\u00f3n que habr\u00edan parecido normales de tratarse de socorrer a civiles estadounidenses en su propio territorio. El mundo consider\u00f3 que la diligencia estadounidense era excesiva, invasora, y, por lo tanto, sospechosa. A pesar de la magnitud del desastre, se alzaron en el propio Hait\u00ed voces que vieron en la operaci\u00f3n de ayuda una nueva ocupaci\u00f3n como la de 1915. Se\u00f1al de que la imagen negativa dejada por los contingentes estadounidenses en esa parte del Caribe sigue viva en la mente de todos y de que, aunque vayan pertrechados de camillas, los marines inspiran miedo.<\/p>\n<p>No obstante, dejando de lado la existencia o no develeidades imperialistas por parte estadounidense, sigue en el aire la cuesti\u00f3n de saber a qu\u00e9 autoridad corresponde, de modo leg\u00edtimo, socorrer a las poblaciones m\u00e1s desfavorecidas afectadas por todo tipo de cat\u00e1strofes cuando los estados d\u00e9biles, fr\u00e1giles o fallidos se muestran incapaces de organizar la ayuda. \u00bfDebe asistir el planeta entero como espectador pasivo a su insoportable agon\u00eda a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Resulta importante destacar que la Rep\u00fablica Dominicana, pa\u00eds que comparte la isla con Hait\u00ed y con el cual las relaciones no han sido siempre armoniosas, fue el primero en acudir en socorro de los desesperados haitianos: los\u00a0 primeros auxilios a las v\u00edctimas, la primera visita de un jefe de Estado extranjero, llegaron de Santo Domingo. Para los dos pa\u00edses es la ocasi\u00f3n de demostrar que, m\u00e1s all\u00e1 de las tensiones habituales entre las dos capitales, una insularidad compartida hace solidarios a ambos pueblos, para lo mejor y para lo peor.<\/p>\n<p>Resulta as\u00ed que socorrer a los siniestrados es un atributo del poder, que distingue a los pa\u00edses m\u00e1s grandes. La no disimulada irritaci\u00f3n de Francia, que no pudo desembarcar en Puerto Pr\u00edncipe a sus anchas a causa del control estadounidense del aeropuerto Toussaint Louverture, ilustra a la perfecci\u00f3n la ofensa que supone la presencia estadounidense para las otras potencias. Ese apresuramiento s\u00fabito de los pa\u00edses amigos constituye un viraje en la percepci\u00f3n de Hait\u00ed, visto hasta entonces como un agujero negro en la galaxia de las relaciones internacionales. Sin embargo, ilustra tambi\u00e9n que la intervenci\u00f3n humanitaria es la ocasi\u00f3n para una puesta en escena del poder con medios diferentes de las armas; medios m\u00e9dicos y medi\u00e1ticos, sin duda, pero igualmente eficaces para forjar respecto a un pa\u00eds una imagen de fuerza y confianza en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>A diferencia de los territorios con un inter\u00e9s geogr\u00e1fico o econ\u00f3mico propio que les confiere un valor estrat\u00e9gico claro hasta el punto de estar dispuestas las potencias a recurrir a la guerra para ser las primeras en instalarse y mantenerse en ellos, Hait\u00ed no tiene nada que atraiga por su valor mercantil. El vac\u00edo creado por la inexistencia de un estado estructurado da paso a un sustituto de autoridad cuyo lugar ocupan en tiempo de crisis los pa\u00edses extranjeros: desde el a\u00f1o 2004 la fuerza de interposici\u00f3n de la ONU, la Minustah, compuesta por unos 9.000 hombres, garantiza la seguridad y la estabilizaci\u00f3n econ\u00f3mica y social de Hait\u00ed. Sin embargo, en el d\u00eda a d\u00eda, la ausencia de Estado se deja sentir cruelmente. Banco de pruebas de una nueva forma de gobernanza internacional, el pa\u00eds no deja de estar asistido por una escolta de expertos y especialistas que reflexionan desde hace a\u00f1os sobre la forma de sacarlo de la pobreza: m\u00e1s de 800 oeneg\u00e9s operan en el pa\u00eds, cada una con responsabilidades fragmentadas que dan una sensaci\u00f3n de atomizaci\u00f3n del cuerpo social. Esta pol\u00edtica desemboca con frecuencia en la disoluci\u00f3n de las responsabilidades en una especie de par\u00e1lisis mutua de los servicios dependientes de instancias de decisi\u00f3n diferentes que, si bien no act\u00faan siempre contradictoriamente, s\u00ed que lo hacen a menudo sin plan ni concertaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ninguna de las grandes potencias alberga el deseo de instalarse de forma prolongada, pero todas han sentido la necesidad de quedar representadas. M\u00e1s all\u00e1 de la emoci\u00f3n planetaria suscitada por la magnitud de los estragos y el n\u00famero de v\u00edctimas, est\u00e1 en juego la capacidad de un pa\u00eds de proyectarse en las representaciones colectivas como una naci\u00f3n civilizada, generosa y animada por intenciones pac\u00edficas. Por no hablar m\u00e1s trivialmente de las esperanzas de repercusiones tras la cat\u00e1strofe en t\u00e9rminos de contratos de reconstrucci\u00f3n, equipamientos y recuperaci\u00f3n de la econom\u00eda. No cabe duda de que China, Brasil, Venezuela, Cuba e incluso Corea del Norte han querido hacerse presentes en suelo haitiano, a s\u00f3lo 900 kil\u00f3metros de las costas estadounidenses, por esp\u00edritu de solidaridad con un pueblo orgulloso, pero tambi\u00e9n es un modo espectacular de recordar a los estadounidenses que no tienen el monopolio de la generosidad. No obstante, esta crisis es sobre todo la ocasi\u00f3n para Estados Unidos de exhibir los atributos del poder y, de modo accesorio, mostrar la utilidad civil del presupuesto militar considerablemente abultado de un Estado en guerra.<\/p>\n<p>Otras inflexiones, econ\u00f3micas y sociales, son consecuencia de una crisis estructural m\u00e1s prolongada que el azar tect\u00f3nico hace patente al recordar la vulnerabilidad global de la naci\u00f3n haitiana. Esta parece construida, como la ciudad, sobre una l\u00ednea de falla social por la que se enfrentan, desde la independencia, dos l\u00f3gicas antag\u00f3nicas. Una insiste en querer rehabilitar las antiguas plantaciones y retomar la producci\u00f3n para mantener los ingresos de la primera colonia azucarera del Nuevo Mundo. La otra consiste en el aprendizaje de la libertad por parte de los descendientes de los africanos liberados al precio de una guerra que se cobr\u00f3 m\u00e1s de 100.000 v\u00edctimas: \u00bfqu\u00e9 significa ser libre, despu\u00e9s de haber sido esclavo? \u00bfC\u00f3mo ganarse la vida sin alienar la propia libertad?<\/p>\n<p>La reconstrucci\u00f3n de la capital haitiana necesita una remodelaci\u00f3n total del ordenamiento urbano guiada por la urgencia de realojar con seguridad al mayor n\u00famero de personas; pero inspirada por la voluntad de reforzar, al mismo tiempo que los muros derribados por el se\u00edsmo, los lazos sociales deteriorados por dos siglos de decadencia econ\u00f3mica y cimarronismo social.<\/p>\n<p><strong>Vivir libres o morir<\/strong><\/p>\n<p>Frente a este inmenso duelo he tomado la decisi\u00f3n de volver a vivir en Hait\u00ed tras vivir m\u00e1s de treinta a\u00f1os en Francia. Mi compromiso con la ense\u00f1anza superior en la \u00c9cole Normale Sup\u00e9rieure, como profesor, en la  Agence Universitaire de la Francophonie, como director de la delegaci\u00f3n caribe\u00f1a desde abril del 2010, es tanto una respuesta personal al desamparo familiar (la casa de mi familia se derrumb\u00f3 literalmente sobre mi madre, que pudo salir viva de los escombros) como una respuesta solemne a un problema que supera los simples intereses individuales.<\/p>\n<p>Pertenezco a una generaci\u00f3n que, tras sufrir los horrores de la dictadura de los Duvalier, crey\u00f3 en la posibilidad de un renacer de nuestra patria. Sufrimos los sobresaltos de la democratizaci\u00f3n y los ajustes estructurales necesarios para la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica&#8230; en vano. Dos misiones de la ONU en veinte a\u00f1os no han logrado encarrilar de nuevo el pa\u00eds. \u00bfSignifica esto que hemos perdido definitivamente el tren y que este pa\u00eds est\u00e1 condenado a seguir siendo pobre, inestable y peligroso? Quiero creer que todav\u00eda existen dentro y fuera de \u00e9l personas capaces de retomar el desaf\u00edo lanzado por una banda de antiguos esclavos al rostro del mundo libre y civilizado: vivir libresomorir. Este pa\u00eds no quiere morir; por lo tanto, tiene que asumir ahora su parte de libertad.<\/p>\n<p>Es hoy esencialmente en el arte donde esta libertad es m\u00e1s evidente, pero el arte s\u00f3lo es la expresi\u00f3n avanzada de una vitalidad m\u00e1s profunda que da fe de la resiliencia de un pueblo generoso y valiente que siempre ha dado muestras de inventiva e imaginaci\u00f3n frente a la adversidad. Ser\u00eda interesante ver aquello de lo que son capaces los haitianos cuando se re\u00fanan las condiciones materiales, medioambientales, sociales y culturales de un esfuerzo sereno y continuado. El hecho de que Dany Laferri\u00e8re y Edwige Danticat sean conocidos en el extranjero y considerados como los dos mayores escritores haitianos vivos no debe ocultar en ning\u00fan caso la extraordinaria creatividad del panorama haitiano, uno de los m\u00e1s activos del Caribe y que animan con cierto fervor escritores como Yanick Lahens, Frank\u00e9tienne, Lyonel Trouillot o Gary Victor.<\/p>\n<p>Ya se trate de la m\u00fasica popular de los trovadores, de la m\u00e1s culta para mel\u00f3manos y aficionados a las canciones (con Wooly Saint-Louis, Badji), de la poes\u00eda (James No\u00ebl) o de las artes pl\u00e1sticas (Pasko, Pascal Smart, Mario Benjamin, Serge Jolimeau), el pa\u00eds no carece de talentos que no esperan la soluci\u00f3n de la situaci\u00f3n pol\u00edtica o el arranque de la econom\u00eda. Las exportaciones de obras de arte casi igualan ya las exportaciones de caf\u00e9, anta\u00f1o el producto m\u00e1s exportado del pa\u00eds. Los cuadros haitianos, las esculturas de hierro recortado y los libros producidos en Hait\u00ed o por haitianos residentes en el extranjero se venden a precio de oro. Si Hait\u00ed fuera una caravana, sus artistas ser\u00edan los portaestandartes, atravesando una \u00e9poca de duda que espera su edad de oro. Ojal\u00e1 que sus esfuerzos no sean vanos y que un d\u00eda el nombre de esta tierra se escriba con letras vivas en la memoria de las naciones agradecidas.<\/p>\n<p>________<\/p>\n<p>TRADUCCI\u00d3N: JUAN GABRIEL L\u00d3PEZ GUIX<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El terremoto que asol\u00f3 la capital de Hait\u00ed y caus\u00f3 m\u00e1s de 250.000 muertos constituye un acontecimiento global de gran importancia que asombra a una \u00e9poca acostumbrada a percibir ese pa\u00eds como el escenario donde se repite una tragedia humana escrita desde hace m\u00e1s de dos siglos. 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