{"id":23964,"date":"2011-01-31T07:14:37","date_gmt":"2011-01-31T05:14:37","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-biblioteca-que-escapo-del-fuego\/"},"modified":"2011-01-31T07:14:37","modified_gmt":"2011-01-31T05:14:37","slug":"la-biblioteca-que-escapo-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-biblioteca-que-escapo-del-fuego\/","title":{"rendered":"La biblioteca que escap\u00f3 del fuego"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El 12 de diciembre de 1933, dos barcos de vapor, el Hermia y el Jessica, remontaron el r\u00edo Elba con un cargamento de 531 cajas. Abandonaban el puerto de Hamburgo con el prop\u00f3sito de dirigirse a los muelles del T\u00e1mesis, en Londres. En las cajas, adem\u00e1s de miles de fotograf\u00edas y diapositivas, estaban depositados 60.000 libros. En principio, se trataba de un pr\u00e9stamo que deb\u00eda prolongarse a lo largo de tres a\u00f1os. La realidad es que los libros ya no emprendieron el viaje de regreso a su lugar de origen, consum\u00e1ndose, as\u00ed, el traslado definitivo, desde Alemania a Inglaterra, de la Biblioteca Warburg, una de las empresas culturales m\u00e1s fascinantes del siglo pasado y quiz\u00e1 la que resulta m\u00e1s enigm\u00e1tica desde un punto de vista bibli\u00f3filo.<\/p>\n<p>Como estamos mucho m\u00e1s habituados a las im\u00e1genes de libros en las hogueras, resulta dif\u00edcil de imaginar el proceso contrario: la salvaci\u00f3n de una gran biblioteca del acecho de las llamas. La de Alejandr\u00eda fue incendiada varias veces, y tenemos abundantes noticias sobre quema de libros en cualquier \u00e9poca sometida al fanatismo, hasta el pasado m\u00e1s reciente. Por eso llama la atenci\u00f3n lo ocurrido con la Biblioteca Warburg. Curiosamente, todo fue muy r\u00e1pido, pese a que las negociaciones secretas entre los alemanes y brit\u00e1nicos implicados en el plan de salvaci\u00f3n de la biblioteca fueron largas y laboriosas. A principios de 1933, Hitler alcanz\u00f3 el poder, y a finales de ese mismo a\u00f1o los vol\u00famenes que Aby Warburg hab\u00eda reunido en el transcurso de cuatro d\u00e9cadas ya se encontraban en su nueva morada londinense. Los acontecimientos se precipitaron, sometidos al v\u00e9rtigo sin precedentes de un periodo que culminar\u00eda en el mayor desastre de la historia. Los continuadores de la obra de Aby Warburg -pues este hab\u00eda fallecido un lustro antes- pronto advierten que ser\u00e1 imposible proseguir con su labor bajo la vigilancia nazi. En consecuencia, empiezan los contactos destinados al traslado. Primero se piensa en la Universidad de Leiden, en los Pa\u00edses Bajos, donde escasean los fondos para el futuro mantenimiento. Despu\u00e9s, en Italia, el lugar m\u00e1s adecuado de acuerdo con el contenido de la biblioteca, pero el menos fiable tras el largo Gobierno de Mussolini. Finalmente, se impone la opci\u00f3n brit\u00e1nica. Eric M. Warburg, hermano de Aby, escribi\u00f3 una cr\u00f3nica pormenorizada de las negociaciones que, como ap\u00e9ndice, se incluye en el reci\u00e9n publicado texto de Salvatore Settis Warburg Continuatus. Descripci\u00f3n de una biblioteca (Ediciones de la Central y Museo Reina Sof\u00eda). El relato nos introduce en una trama de alta intriga.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 era tan singular la Biblioteca Warburg? Es dif\u00edcil obtener una respuesta un\u00edvoca. De la lectura del libro de Salvatore Settis, as\u00ed como de la del tambi\u00e9n reciente y muy recomendable ensayo de J. F. Yvars Im\u00e1genes cifradas (Elba), se desprende una suerte de paisaje de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos seg\u00fan el cual la misteriosa personalidad de Aby Warburg abrazar\u00eda la estructura de su biblioteca, del mismo modo en que los hilos de la telara\u00f1a no pueden comprenderse sin el instinto constructor del propio insecto. Tambi\u00e9n las explicaciones, ya cl\u00e1sicas, de Fritz Saxl, Ernst Cassirer, Erwin Panofsky o E. H. Gombrich sobre el maestro de Hamburgo apuntan en la misma direcci\u00f3n. Lo que podr\u00edamos denominar el caso Warburg se refiere a un hombre que dedic\u00f3 su vida a la formaci\u00f3n de una biblioteca que, con el tiempo, ser\u00eda muchos mundos al un\u00edsono: un edificio, construido en Hamburgo por el arquitecto Fritz Schumacher, que deb\u00eda inspirarse en la elipse orbital de Kepler; un laberinto que atrapaba al visitante, seg\u00fan Cassirer; una colecci\u00f3n organizada de acuerdo con criterios sutiles y completamente heterodoxos, todav\u00eda no enteramente dilucidados; un polo espiritual que magnetizaba a cuantos se acercaban y que dar\u00eda lugar, primero en Alemania y luego -p\u00f3stumamente respecto al fundador- en Reino Unido, a la m\u00e1s prestigiosa tradici\u00f3n contempor\u00e1nea en el territorio de la Historia del Arte.<\/p>\n<p>En el centro de la telara\u00f1a, el hombre, Aby Warburg, contin\u00faa siendo un misterio, alguien mucho m\u00e1s evocado que le\u00eddo, a pesar de que \u00faltimamente crece la edici\u00f3n de sus escritos, incluido su crucial Atlas Mnemosyne (Editorial Akal), comparado, con raz\u00f3n, por Yvars con el Libro de los pasajes de Walter Benjamin. De Aby Warburg siempre se recuerdan dos circunstancias que acotan su trayectoria vital. De sus \u00faltimos a\u00f1os se saca a colaci\u00f3n la enfermedad nerviosa que motiv\u00f3 su internamiento en un sanatorio y, en el otro extremo de su biograf\u00eda, se alude al adolescente que, en un gesto b\u00edblico, renunci\u00f3 a su primogenitura en el seno de una familia de la gran burgues\u00eda hamburguesa a condici\u00f3n de que, en el futuro, siempre dispusiera de los fondos necesarios para adquirir cuantos libros quisiera. A los 13 a\u00f1os, la edad en que se produjo esa renuncia, Aby parec\u00eda haber adivinado ya sus dos pasiones futuras: coleccionar libros y organizar de manera revolucionaria su colecci\u00f3n. El resultado fue, sobre todo despu\u00e9s de la construcci\u00f3n del edificio que obedec\u00eda a sus innovadores criterios, una biblioteca radicalmente distinta a las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Las estanter\u00edas de la Biblioteca Warburg reun\u00edan vol\u00famenes que guardaban entre s\u00ed \u00abafinidades electivas\u00bb, lo cual supon\u00eda extra\u00f1os alineamientos de arte, medicina, filosof\u00eda, astrolog\u00eda o ciencias naturales alrededor de unas im\u00e1genes simb\u00f3licas que, aisladas en cada especialidad, perd\u00edan su fuerza geneal\u00f3gica. As\u00ed, por ejemplo, y para horror de los historiadores ortodoxos, en los paneles del Atlas Mnemosyne Warburg juntaba motivos aleg\u00f3ricos, fragmentos de cuadros, emblemas esot\u00e9ricos, f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas o grabados sobre la circulaci\u00f3n sangu\u00ednea en un solo plano de m\u00faltiples relaciones. Gracias a esas \u00abafinidades electivas\u00bb, el historiador pod\u00eda excavar el pasado a trav\u00e9s de m\u00faltiples t\u00faneles que se iban entrecruzando en el subsuelo de la memoria (Mnemosyne era el frontispicio que presid\u00eda la  Biblioteca Warburg). Esta idea, susceptible de ser aplicada a toda la historia de la cultura, era particularmente importante al tratar de identificar las fuentes antiguas del arte renacentista, como demostr\u00f3 el mismo Aby Warburg con sus extraordinarias radiograf\u00edas de El nacimiento de Venus y La Primavera de Botticelli. Sus disc\u00edpulos experimentaron pronto que su biblioteca, lejos de ser un archivo inerte, era un organismo vivo que trasladaba a la imaginaci\u00f3n por las diversas islas del conocimiento.<\/p>\n<p>Lo que los dos barcos de vapor transportaban aquella g\u00e9lida ma\u00f1ana de diciembre de 1933 no eran solo miles de libros cuidadosamente escogidos a lo largo de d\u00e9cadas, sino la semilla de una sabidur\u00eda singular que dar\u00eda frutos magn\u00edficos. Parece que la decisi\u00f3n del municipio de Hamburgo de prestar por tres a\u00f1os la Biblioteca Warburg irrit\u00f3 sobremanera a la  Canciller\u00eda del Reich en Berl\u00edn. Empezaban las hogueras por todas partes y, desde luego, era escandaloso que se hubieran escapado sigilosamente 60.000 posibles v\u00edctimas.<\/p>\n<p> <\/p>\n<h5>Publicado por <a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\">El Pa\u00eds<\/a>-k argitaratua<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 12 de diciembre de 1933, dos barcos de vapor, el Hermia y el Jessica, remontaron el r\u00edo Elba con un cargamento de 531 cajas. Abandonaban el puerto de Hamburgo con el prop\u00f3sito de dirigirse a los muelles del T\u00e1mesis, en Londres. 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