{"id":23862,"date":"2011-01-10T08:47:19","date_gmt":"2011-01-10T06:47:19","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-rey-sebastian-no-quiere-volver\/"},"modified":"2011-01-10T08:47:19","modified_gmt":"2011-01-10T06:47:19","slug":"el-rey-sebastian-no-quiere-volver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-rey-sebastian-no-quiere-volver\/","title":{"rendered":"El rey Sebasti\u00e1n no quiere volver"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Como la mayor\u00eda de las ciudades portuguesas del interior, Covilh\u00e3 se sienta en una loma. Su casco antiguo est\u00e1 en lo alto, vigilando que los almohades no crucen el r\u00edo Tajo y que los castellanos se queden quietos en Ciudad Rodrigo. La tensi\u00f3n interior la manten\u00eda erguida. Cuando esa tensi\u00f3n subi\u00f3 a bordo de una carabela, circunval\u00f3 el globo y fund\u00f3 un imperio de navegantes, cart\u00f3grafos y comerciantes de sedas y especies -m\u00e1s que de recios conquistadores tierra adentro-, la m\u00e1s laboriosa ciudad de la Beira portuguesa comenz\u00f3 a deslizarse por la loma.<\/p>\n<p>Covilh\u00e3 fue desparram\u00e1ndose ladera abajo y con la fuerza hidr\u00e1ulica de la sierra de Estrella logr\u00f3 convertirse en emporio textil. La revoluci\u00f3n industrial pas\u00f3 por Covilh\u00e3 y la llen\u00f3 de f\u00e1bricas, a menos de cien kil\u00f3metros de las dehesas de Salamanca y Extremadura; de la inmovilidad agraria del Oeste espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Portugal funciona con otra l\u00f3gica. Fernando Pessoa dec\u00eda que una naci\u00f3n es un mundo en s\u00ed mismo. Un idioma. Una geograf\u00eda. Una historia. Y una demograf\u00eda. Una casa para el alma, unos lindes y un determinado n\u00famero de gente dispuesto a compartir ese lugar en el mundo. Despu\u00e9s de Ciudad Rodrigo, el paisaje cambia. La infinitud de la meseta se detiene y el ocre invernal de los campos se oscurece a medida que van apareciendo las serran\u00edas: sol y niebla, sol y niebla; laderas con todos los marrones y rojos del invierno, y dep\u00f3sitos de algod\u00f3n en el fondo de los valles: la niebla de la que un d\u00eda regresar\u00e1 el rey Sebasti\u00e1n para devolver el buen gobierno.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que visitar Covilh\u00e3, donde vive y trabaja Gabriel Magalh\u00e3es, buen amigo. Hijo de un ge\u00f3logo que recorri\u00f3 toda la Pen\u00ednsula despu\u00e9s del servicio militar en Angola, Magalh\u00e3es se cri\u00f3 en el Pa\u00eds Vasco, en Zarautz y en la periferia de Bilbao. Conoce, por tanto, todos los matices del verde y todas las fibras minerales del car\u00e1cter vasco. Sabe por qu\u00e9 raz\u00f3n algunos de sus compa\u00f1eros de escuela de apellido castellano acabaron siendo m\u00e1s radicales que los abertzales de caser\u00edo. Despu\u00e9s estudi\u00f3 literatura en Salamanca. Y tuvo noticia de Castilla. Conoci\u00f3 la grandeza de su paisaje y ese dispositivo psicol\u00f3gico que coloca tantas veces el car\u00e1cter castellano a la defensiva. Cuanto m\u00e1s ancho es el horizonte, cuanto m\u00e1s puede volar la imaginaci\u00f3n, mayor deseo de reserva, de contenci\u00f3n y de control. Cuanta m\u00e1s infinitud, m\u00e1s temor de que una oveja escape del reba\u00f1o. En Salamanca, el hijo del ge\u00f3logo aprendi\u00f3 a ser portugu\u00e9s. Y en Alba de Tormes intuy\u00f3 que hab\u00eda un puente invisible entre la m\u00edstica castellana -el Uno- y la metaf\u00edsica del poeta Pessoa -el Uno que es varios-.<\/p>\n<p>Magalh\u00e3es es profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Beira Interior, escribe una vez al mes en La Vanguardia y acaba de publicar su segunda novela, Plan\u00edcie de espelhos (Planicie de espejos), que gira alrededor de un suceso real en una carretera del Alentejo. De noche, un coche se cruza con un joven que hace autostop con un libro voluminoso apretado en el pecho. El coche no se detiene y pasados unos kil\u00f3metros, se vuelve a encontrar con el mismo joven haciendo bol\u00e9ia (autostop en portugu\u00e9s). Cabe una explicaci\u00f3n racional a ese juego de espejos: otro autom\u00f3vil ha recogido al joven, ofreci\u00e9ndole la posibilidad de llevarlo hasta el pr\u00f3ximo cruce, donde quiz\u00e1s tenga m\u00e1s suerte. El joven acepta. El segundo coche acelera, adelanta al primero y deja al autostopista convertido en un fantasma ante los ojos del sorprendido conductor que no lo quiso recoger.<\/p>\n<p>La velocidad construye espejos inquietantes. Y el alma portuguesa siente una irrenunciable fascinaci\u00f3n por todo lo que puede estar en varios sitios a la vez. El rey Sebasti\u00e1n I, que muri\u00f3 y desapareci\u00f3 en la batalla de Alcazarquivir (1578) -fallido intento de colonizar el norte de Marruecos-, y que un d\u00eda regresar\u00e1 de entre la niebla para reponer el buen gobierno. Pessoa, sebastianista convencido, que fue uno y muchos a la vez (Bernardo Soares, \u00c1lvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro\u2026). El dictador Oliveira Salazar, que cre\u00f3 una doble realidad: austeridad espartana y servil en la metr\u00f3poli, inversiones fuertes en Angola y Mozambique para retener el imperio. El Portugal de la revoluci\u00f3n de 1974, entre el prusianismo comunista de los j\u00f3venes oficiales y el riesgo de intervenci\u00f3n militar norteamericana (Kissinger ya lo ten\u00eda decidido). El Portugal de despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, un desarrollismo europeo tutelado por alemanes y franceses, sin burbuja inmobiliaria, pero con mucha dependencia de la inversi\u00f3n exterior. El Portugal de ayer mismo, entre el empuje desbordante de la Espa\u00f1a inmobiliaria y el retorno a Brasil y \u00c1frica. Y el Portugal de hoy, primer trimestre del 2011, entre el fatalismo ante los severos dictados del Directorio Europeo y el rebrote del orgullo nacional.<\/p>\n<p>Magalh\u00e3es me muestra las viejas f\u00e1bricas de Covilh\u00e3, transformadas en facultades y residencias universitarias: \u201cF\u00edjese bien, es extraordinario; las f\u00e1bricas desaparecieron -s\u00f3lo ha quedado una- y Covilh\u00e3 se convirti\u00f3 en una ciudad humanista. Es tan asombrosamente europeo que temo estar viviendo en el interior de una pompa de jab\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Bajo la loma, la niebla. Y el rey Sebasti\u00e1n, que no quiere volver.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\/\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como la mayor\u00eda de las ciudades portuguesas del interior, Covilh\u00e3 se sienta en una loma. Su casco antiguo est\u00e1 en lo alto, vigilando que los almohades no crucen el r\u00edo Tajo y que los castellanos se queden quietos en Ciudad Rodrigo. La tensi\u00f3n interior la manten\u00eda erguida. 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