{"id":23856,"date":"2011-01-10T08:32:57","date_gmt":"2011-01-10T06:32:57","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/idonde-ocurren-las-cosas\/"},"modified":"2011-01-10T08:32:57","modified_gmt":"2011-01-10T06:32:57","slug":"idonde-ocurren-las-cosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/idonde-ocurren-las-cosas\/","title":{"rendered":"\u00bfD\u00f3nde ocurren las cosas?"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Volv\u00eda a leer hace unos d\u00edas \u00abEl Gran Meaulnes\u00bb, la bell\u00edsima novela de Alain Fournier en la que el personaje del t\u00edtulo, perdido en el bosque como consecuencia de una travesura, encuentra el lugar -por as\u00ed decirlo- donde ocurren realmente las cosas. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 hasta \u00e9l? Meaulnes no lo sabe y nunca lo sabr\u00e1. Hallado por casualidad, el joven no puede volver al recinto festivo de los farolillos de papel y se pasa la vida -mientras repite gestos ahora vac\u00edos en espacios secos- tratando de reconstruir el itinerario, examinando mapas, emprendiendo y enseguida abandonando un camino extraviado para siempre. Su \u00fanico impulso es ya la nostalgia, el deseo doloroso de regresar all\u00ed donde le ocurri\u00f3 la gran aventura de su adolescencia, all\u00ed donde su existencia sigue discurriendo sin \u00e9l, esa extra\u00f1a aldea donde conoci\u00f3 a Yvonne y respecto de la cual ni amigos ni juegos ni propiedades -ni valles ni monta\u00f1as ni ciudades- tienen suficiente espesor para retenerlo y tranquilizarlo. Cuando sobreviene el amor, uno se enamora al mismo tiempo del cuerpo, del espacio y de la hora, sin acertar a saber cu\u00e1l es la ra\u00edz primera o verdadera; y extirpadas las tres, ya no nos puede volver a ocurrir nada, salvo porque esa \u00abnada\u00bb est\u00e1 ocurriendo precisamente aqu\u00ed, en este pecho, en esta habitaci\u00f3n, en este minuto doloros\u00edsimo que no acaba nunca de acabar.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde ocurren las cosas? Para los pueblos llamados \u00abprimitivos\u00bb, las cosas s\u00f3lo ocurren una vez, en el illo tempore de los mitos, y s\u00f3lo les ocurren a los antepasados. Para Freud, ocurren en el dormitorio de nuestros padres, de donde estamos excluidos desde el principio y para siempre. Para la ciencia, ocurren en las leyes que los sabios a\u00edslan en f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas y laboratorios, donde s\u00f3lo podemos penetrar con el esp\u00edritu. Parte de la tragedia y la grandeza de la condici\u00f3n humana tiene que ver, en cualquier caso, con esta certidumbre dolorosa de que hay un sitio privilegiado, casi siempre inaccesible, en el que se forma el Destino y restalla el Acontecimiento. \u00abDe nada me sirve existir\u00bb, escrib\u00eda el poeta franc\u00e9s Ren\u00e9 Char; \u00abs\u00f3lo te haces presente all\u00ed de donde yo desaparezco\u00bb. Y la maldici\u00f3n de Fausto, fuente de altos conocimientos y angustias infernales, se expresa en su incapacidad para alcanzar una experiencia tan completa, tan placentera, tan definitiva, que no haga falta ya continuar la b\u00fasqueda: \u00abDetente, oh instante, \u00a1eres tan hermoso!\u00bb. El gran Meaulnes la encuentra de forma inesperada e intenta retenerla, pero el instante no se detiene -no se detiene- y por eso, porque no la puede repetir, tiene que ponerse a narrar la historia.<\/p>\n<p>Pues bien, el capitalismo ha convertido esta tragedia en un negocio: el negocio -digamos- de la felicidad. \u00bfD\u00f3nde ocurren ahora las cosas? Ni en los mitos ni en el dormitorio de los padres ni en las f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas: en el mercado, en la televisi\u00f3n, en internet. \u00bfD\u00f3nde ocurren las cosas? No en un recinto en el bosque ni en un templo en la monta\u00f1a ni en el cuerpo distante de la amada (a la que le sigue creciendo, ay, el pelo en Singapur): la combinaci\u00f3n de renovaci\u00f3n mercantil y nuevas tecnolog\u00edas, con su follaje de informaci\u00f3n audiovisual, determina que el lugar del Acontecimiento, multiplicado al infinito, sea hoy accesible en cualquier momento y la experiencia misma repetible a voluntad. \u00abLa felicidad, en Australia\u00bb, escrib\u00eda el poeta Pessoa, pero ahora no importa mucho, pues Australia est\u00e1 a la distancia de un giro de mu\u00f1eca o una presi\u00f3n del dedo; por as\u00ed decirlo, en la pantalla \u00abtodo es Australia\u00bb y las verdaderas ant\u00edpodas, las ant\u00edpodas de \u00abtodo\u00bb, son m\u00e1s bien mis vecinos, mis flores y mi cocina. \u00bfD\u00f3nde ocurren las cosas? En todos los lugares del mundo menos aqu\u00ed, en todos los instantes futuros menos ahora; volcados en infinitos ramales sobre la cosm\u00f3polis del Acontecimiento Ininterrumpido, lo \u00fanico que nos sobra -c\u00e1scara muerta, desecho fr\u00edo, obst\u00e1culo sin vida- es nuestro cuerpo, nuestra casa, nuestra calle, este interminable minuto que nos retiene en nuestras piernas. Nada m\u00e1s parad\u00f3jico que el hecho de que una sociedad de consumo basada en el principio de \u00abtodo aqu\u00ed y todo ahora\u00bb, que se reivindica a s\u00ed misma como de gozo inmediato e inaplazable, no pueda en realidad reproducirse sin desvalorizar radicalmente -totalmente- el espacio y el tiempo: el lugar que piso, la hora en que te espero, est\u00e1n fuera de la vida. La humanidad capitalista vive ininterrumpidamente pendiente de algo que est\u00e1 ocurriendo en otra parte (\u00a1la boda real, la  Copa del Mundo, el foro virtual!) y de algo que a\u00fan no ha ocurrido (\u00a1el nuevo Ipad de Sony!). Por eso, dicho sea de paso, el ecologismo libra una batalla tan dif\u00edcil: porque tiene que luchar contra multinacionales y gobiernos, s\u00ed, pero tambi\u00e9n contra esta convicci\u00f3n subjetiva de un mundo material que est\u00e1 ya muerto, desactivado, que carece completamente de inter\u00e9s o de luz -por oposici\u00f3n al mundo real de las mercanc\u00edas y las im\u00e1genes.<\/p>\n<p>As\u00ed es m\u00e1s o menos la condici\u00f3n humana: la imposibilidad del acontecimiento produce la necesidad del conocimiento; la imposibilidad de la repetici\u00f3n produce la necesidad de la narraci\u00f3n. Pero resulta que Acontecimiento y Repetici\u00f3n son la regla del consumo capitalista: \u00a1la felicidad por fin al alcance de todos y sin interrupci\u00f3n! En el siglo XVIII la Ilustraci\u00f3n -y las revoluciones estadounidense y francesa a ella aparejadas- reivindicaron por primera vez el \u00abderecho de los pueblos a la felicidad\u00bb. Dos siglos y medio despu\u00e9s la casa Coca-Cola, mort\u00edfera envenenadora de suelos y conciencias, ha abierto en Espa\u00f1a el primero Instituto de la Felicidad del mundo, dedicado a registrar las vibraciones s\u00edsmicas de la felicidad en el planeta y a orientar a sus habitantes, mediante consejos e instrucciones, para alcanzarla en su m\u00e1xima intensidad. Es sin duda indicativo el hecho de que sea una multinacional fabricante de refrescos (y no el Parlamento o el Ministerio de Sanidad o la  Biblioteca Nacional) la que se interese por la felicidad de los europeos; como lo es tambi\u00e9n el que la mayor parte de los encuestados se declaren felices o muy felices, y entre ellos, por encima de la media de Europa, destaquen los espa\u00f1oles (89%). Espa\u00f1a es sin duda uno de los pa\u00edses de la UE m\u00e1s afectados por la crisis; con m\u00e1s de 4 millones de desempleados (20%), la tasa de pobreza infantil m\u00e1s alta del continente (17,5%) y un creciente retroceso en derechos pol\u00edticos y laborales, su poblaci\u00f3n se declara sin embargo contenta y satisfecha. \u00bfEs que los espa\u00f1oles mienten o se enga\u00f1an? Yo dir\u00eda m\u00e1s bien que el marco referencial definido por la casa Coca-Cola (es decir, el del consumo o, si se prefiere, el del Acontecimiento y la  Repetici\u00f3n generalizados) ejerce una enorme presi\u00f3n psicosocial sobre los encuestados; es vergonzoso, si no culpable, sentirse descontento o insatisfecho y nadie se atrever\u00eda a declararlo en voz alta. El Acontecimiento y la  Repetici\u00f3n se han vuelto hasta tal punto obligatorios que no ser felices indica ya una falla individual, una falta ignominiosa, una especie de pecado original cuya responsabilidad no puede atribuirse sino al desdichado. En las sociedades capitalistas avanzadas hay una relaci\u00f3n de directa proporcionalidad entre la criminalizaci\u00f3n creciente de la pol\u00edtica y la criminalizaci\u00f3n creciente de la infelicidad. La infelicidad es ya molesta, importuna, provocativa, subversiva. Hemos prohibido la infelicidad privada como hemos prohibido la disidencia p\u00fablica y m\u00e1s o menos por las mismas razones: porque denuncian, acusan, revelan la verdad de nuestro mundo.<\/p>\n<p>Para los fil\u00f3sofos ilustrados el derecho a la felicidad se defin\u00eda como el derecho a las condiciones sociales necesarias para que los individuos pudiesen buscarla cada uno a su manera (o la despreciasen si acaso prefer\u00edan la infelicidad). Pero al dejar la felicidad en manos del capitalismo hemos acabado por generar una situaci\u00f3n social peligros\u00edsima en la que la poblaci\u00f3n (1) se cree con derecho individual a la felicidad, (2) est\u00e1 socialmente obligada a ser feliz y (3) es objetivamente despojada de las condiciones que le permitir\u00edan serlo. De esta combinaci\u00f3n, como ya han adelantado algunos analistas, lo \u00fanico que puede surgir en una Europa en crisis es alguna forma de fascismo.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde ocurren en realidad las cosas? Donde podemos conocerlas y narrarlas; donde podemos amarlas; donde podemos, adem\u00e1s, cambiarlas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"Gara\" href=\"http:\/\/www.gara.net\">Gara<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volv\u00eda a leer hace unos d\u00edas \u00abEl Gran Meaulnes\u00bb, la bell\u00edsima novela de Alain Fournier en la que el personaje del t\u00edtulo, perdido en el bosque como consecuencia de una travesura, encuentra el lugar -por as\u00ed decirlo- donde ocurren realmente las cosas. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 hasta \u00e9l? 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