{"id":23805,"date":"2010-12-24T10:46:02","date_gmt":"2010-12-24T08:46:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-anti-cuento-de-navidad\/"},"modified":"2010-12-24T10:46:02","modified_gmt":"2010-12-24T08:46:02","slug":"el-anti-cuento-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-anti-cuento-de-navidad\/","title":{"rendered":"El anti cuento de Navidad"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<div>\n<div>\n<p><strong><span><a title=\"Blog Memoria, I\u00f1aki Ega\u00f1a\" href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/memoria\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-20507\" title=\"Blog I\u00f1aki Ega\u00f1a\" alt=\"Memoria_bloga\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/Memoria_bloga.jpg\" height=\"180\" width=\"240\" \/><\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<\/p><\/div>\n<div>\n<p>El medio es tan agobiante que resulta casi imposible  obviarlo. Las costumbres impuestas por la apisonadora cristiana, en sus  diversas ramas, encontraron un aliado necesario en el capitalismo que  nos invita, para elevar ganancias, a un derroche consumista de corto  recorrido: mucho en poco tiempo. Olentzero, reyes de Oriente, Papa Noel,  luces de ne\u00f3n, loter\u00eda, inocentes, m\u00fasica celestial&#8230; Parafernalias  sin sentido para alimentar lo que no somos.<\/p>\n<p>En tiempos pasados, las costumbres, a las que apelaban entonces los  dirigentes eclesi\u00e1sticos, animaban a poner un pobre en la mesa del rico  y, de esa forma, hacer m\u00e1s humana la Navidad. Quiz\u00e1s por eso de que los  pobres lo eran de solemnidad, las ayudas sociales no exist\u00edan y la  fuente actual de la marginalidad, la emigraci\u00f3n, a\u00fan estaba por llegar,  la propuesta se extend\u00eda a todo aquel que tuviera un aparador m\u00e1s o  menos repleto para la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Ponga un pobre en su mesa!, habr\u00eda dicho el eslogan, y aplaque de  esa manera, a\u00f1adir\u00edamos los cr\u00edticos, su mala conciencia cristiana.<\/p>\n<p>Y de paso haga frente a las teor\u00edas izquierdistas igualitarias.  Caridad, no justicia. Porque, como bien sabr\u00e1n, la caridad y la justicia  son conceptos antag\u00f3nicos. Una frente a otra. Pero los tiempos han  cambiado.<\/p>\n<p>Nunca tuvimos un pobre en nuestra mesa, quiz\u00e1s porque \u00e9ramos malos  cristianos, quiz\u00e1s porque nuestra familia era muy grande y hab\u00eda que  recibir a sus miembros de muchas esquinas y las sillas se ocupaban  pronto, quiz\u00e1s porque siempre faltaba alguien, lo que redundaba en el  desasosiego, quiz\u00e1s porque tambi\u00e9n \u00e9ramos pobres. O al menos no nos  sobraba m\u00e1s all\u00e1 de lo que se repart\u00eda para la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy, los ricos ya no invitan a su mesa a los m\u00e1s  pobres. Para ello est\u00e1n los comedores sociales que dar\u00e1n una copita de  vino dulce a los pobres de solemnidad. Para ello est\u00e1n las c\u00e1rceles que  acoger\u00e1n en el Estado espa\u00f1ol a m\u00e1s de 70.000 delincuentes y presuntos  delincuentes a los que, tras la cena, enchufar\u00e1n la televisi\u00f3n para que  asistan a la perorata del \u00faltimo Borb\u00f3n.<\/p>\n<p>En estos tiempos, los ricos hacen m\u00e1s ostentaci\u00f3n que nunca. Como  jam\u00e1s lo hicieron. Alardean de sus yates, se regocijan en televisi\u00f3n en  esos programas apolog\u00e9ticos de las villas kilom\u00e9tricas en las que viven,  acaparan las portadas de las revistas con sus conquistas sentimentales.  Tambi\u00e9n se pavonean con sus \u00faltimas adquisiciones, con coches de lujo y  chaquetas de lino austral.<\/p>\n<p>Y ellos, precisamente, se han encargado de subrayar la tendencia: la  justicia es una quimera, y la caridad de mal gusto. Los pobres sobran,  escoria. \u00bfQu\u00e9 puede hacer un pobre? Ese gran escritor que es Rubem  Fonseca escribi\u00f3 un cuento a cuenta: \u00abEl \u00fanico bien que poseo es mi  propia vida, y la \u00fanica manera de ganar la partida es matar a un rico y  seguir vivo\u00bb. No siempre es posible. Pero cuando sucede, nadie se rasga  las vestiduras.<\/p>\n<p>En la cercan\u00eda ya no literaria, recuerdo vagamente a mi madre y a  alguna de mis hermanas encerradas en la cocina preparando la cena de  autos, entre prisas, y fogones. Y tambi\u00e9n, en esa interminable noche de  humo y mazap\u00e1n, los susurros por los que faltaban, las conversaciones  que nos hurtaban a los m\u00e1s peque\u00f1os y, en alguna ocasi\u00f3n, esa llamada de  tel\u00e9fono para el abuelo, desde alg\u00fan lugar desconocido que s\u00f3lo los  mayores compart\u00edan.<\/p>\n<p>Los ausentes han sido, en nuestra tradici\u00f3n, los grandes  protagonistas de estas fiestas sin sentido. Quiz\u00e1s sea una gran  paradoja, una de nuestras locuras colectivas, pero tengo una impresi\u00f3n  bastante anclada en mis convencimientos, que muchas de las celebraciones  de estos d\u00edas, sobre todo la de la v\u00edspera navide\u00f1a, la formalizamos  para aquellos que no pueden asistir. Nos resistimos a romper el hilo  fino de nuestra existencia colectiva. Y no me refiero a los difuntos.<\/p>\n<p>Somos un pueblo que no ha dejado jam\u00e1s de tener presos en los \u00faltimos  cien a\u00f1os. Me dir\u00e1n que eso no es nuevo. Desde las mazmorras medievales  y tal y como nos los cont\u00f3 Foucault, reprimir y castigar es la primera  tarea del poder. A\u00f1ado. Somos un pueblo que en los \u00faltimos cien a\u00f1os no  ha dejado de tener presos&#8230; pol\u00edticos. Y, tambi\u00e9n y en consecuencia,  aquellos que lograron escapar de jueces y agentes, los que conforman el  exilio. Es decir, presos y exiliados. Pol\u00edticos.<\/p>\n<p>En la actualidad, y seg\u00fan las cifras ofrecidas por  los grupos de asistencia penitenciaria, tenemos los vascos un preso por  cada 3.500 habitantes. Un exiliado por cada 1.500 habitantes. No conozco  semejante proporci\u00f3n en la Europa civilizada, aquella garante de la  democracia y la tolerancia, construida, por cierto, para deleite de sus  \u00e9lites, los ricos de siempre, puro, anteojo y barriga descomunal.<\/p>\n<p>Estos ausentes han conformado, en la tradici\u00f3n que he podido vivir  desde ni\u00f1o, la referencia de la noche que alguna marca de cava ha  designado con el apelativo grotesco de \u00abm\u00e1gica\u00bb. Tengo demasiadas dudas  en algunos aspectos de la vida, no as\u00ed en otros. Este \u00faltimo es de los  s\u00f3lidos. En muchos hogares vascos la celebraci\u00f3n no lo es por el  aniversario de aquel ni\u00f1o jud\u00edo que naci\u00f3 en un corral y sirvi\u00f3 de marca  para una religi\u00f3n, por la vuelta a casa del emigrante o estudiante que  saluda a los suyos, ni siquiera por la reproducci\u00f3n bondadosa de ese  carbonero que entrando por la chimenea cortaba el pescuezo a los ni\u00f1os  que hab\u00edan sido traviesos.<\/p>\n<p>La falta, la lejan\u00eda nos permite pocos espacios. Aprovechamos los  escasos que tenemos. Y como hace decenas de a\u00f1os, cuando la noche se  extend\u00eda al \u00faltimo recodo de nuestra tierra diurna, guardamos lo que m\u00e1s  queremos para la intimidad. Y no existe mayor intimidad que la que  extraemos en nuestras fuentes solidarias y emocionales. En soledad o  acompa\u00f1ados.<\/p>\n<p>Hace ahora un a\u00f1o de la \u00faltima Navidad, de esas celebraciones a las  que aludo. En esos d\u00edas, por primera vez, uno de los nuestros, el mayor,  estaba ausente. Por razones de peso. Un juez espa\u00f1ol le hab\u00eda internado  en prisi\u00f3n en una razia que comenz\u00f3 entonces y a\u00fan hoy est\u00e1 inacabada.  Vivimos esas fiestas navide\u00f1as y estos comentarios anteriores en primera  persona.<\/p>\n<p>S\u00e9 que en otros hogares, y lo siento como el m\u00edo, la ausencia se  remonta a cinco, diez, veinte, treinta a\u00f1os. Joxe Mari Sagardui y Jon  Agiriano son quiz\u00e1s los m\u00e1s notorios. Pero medio centenar de presos  vascos han cumplido ya m\u00e1s de 20 a\u00f1os en prisi\u00f3n. Son los solsticios de  invierno, adornados con luces extra\u00f1as, ajenas, para los suyos. Cientos,  miles de kil\u00f3metros de distancia separan el olor a la le\u00f1a quemada, el  sabor de la manzana asada, el tono de la voz de los mayores, el eco del  hogar.<\/p>\n<p>Cientos, miles de kil\u00f3metros separan la incertidumbre, la ausencia de  noticias, la habitaci\u00f3n de un color que se repite una y otra vez sin  posibilidad de repuesto. Cientos, miles de kil\u00f3metros de angustias e  interpretaciones porque, ante el silencio, s\u00f3lo nos queda adaptar una  versi\u00f3n. La cercana, la m\u00e1s entusiasta. Esa llama de la esperanza que  nunca vamos a dejar que se apague.<\/p>\n<p>De aquella primera navidad con esa ausencia tan  cercana, la del hijo, descubr\u00ed lo que intu\u00eda. Que tenemos un pueblo  extraordinario, que nuestros amigos no son de connivencia sino de  fidelidad y, sobre todo, que nuestros familias son la sal de la vida.  Alguien nos dir\u00e1 que nos hemos quedado desfasados, que las relaciones  del futuro pasan por otras coordenadas. Le regalo ese futuro.<\/p>\n<p>Recuerdo de hace un a\u00f1o el dolor de la ausencia, pero tambi\u00e9n la  alegr\u00eda de los compa\u00f1eros, de las compa\u00f1eras, de hermanos, hijos,  primos&#8230; esa red tan tupida que nos ha permitido sobrevivir en los  tiempos m\u00e1s duros, en especial, a los que se les niega la luz matutina.  Recuerdo selectivamente tantas cosas que, en estas fiestas de la  hipocres\u00eda, lo \u00fanico que vale la pena es, precisamente, el apego a los  m\u00edos, a esos que, a pesar de la distancia, ocupan en mi mesa ese lugar  que con orgullo me atrevo a pregonar.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/p><\/div>\n<p> <\/p>\n<h3><a title=\"Gara\" href=\"http:\/\/www.gara.net\">Gara<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El medio es tan agobiante que resulta casi imposible obviarlo. 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