{"id":23633,"date":"2010-11-22T08:47:06","date_gmt":"2010-11-22T06:47:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/basta-de-llamarme-asi\/"},"modified":"2010-11-22T08:47:06","modified_gmt":"2010-11-22T06:47:06","slug":"basta-de-llamarme-asi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/basta-de-llamarme-asi\/","title":{"rendered":"Basta de llamarme as\u00ed"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En el Renacimiento, uno pod\u00eda quedar viudo y llegar a cardenal antes de cumplir los veinte a\u00f1os. Es el caso de Luis de Arag\u00f3n, quien supo brillar en Roma no por su devoci\u00f3n religiosa sino por su tren de vida, s\u00f3lo comparable al de su compinche preferido, Giuliano de M\u00e9dici, hermano menor del papa Le\u00f3n X. La muerte prematura de Giuliano, en 1515, dej\u00f3 desorientado a nuestro cardenal, que busc\u00f3 sin mucho tino nuevas amistades, termin\u00f3 por verse envuelto en una conjura contra el Papa y debi\u00f3 salir de raje de Roma y peregrinar por las cortes de Europa hasta que fuese seguro retornar a la ciudad papal. Luis viajaba con su secretario, el cl\u00e9rigo Antonio DeBeatis, quien llev\u00f3 un diario de las actividades y tribulaciones de su patr\u00f3n en ese exilio, raz\u00f3n por la cual sabemos hoy que Luis eleg\u00eda qu\u00e9 cortes visitar de acuerdo con las obras maestras que hubiese en ellas (el arte era lo \u00fanico que lo distra\u00eda de sus lamentos) y que, al pasar por el valle del Loire, y enterarse de que en el castillo de Amboise pasaba sus \u00faltimos a\u00f1os Leonardo Da Vinci, bajo la protecci\u00f3n del rey de Francia, se present\u00f3 a rendir sus respetos y conocer al artista.<\/p>\n<p>A causa de su vida loca, Luis hab\u00eda perdido la oportunidad de tratar a Leonardo cuando \u00e9ste vivi\u00f3 en Roma, convocado precisamente por Giuliano para que \u201ccreara libremente bajo su protecci\u00f3n\u201d y expulsado por el Papa cuando supo de las investigaciones anat\u00f3micas que Leonardo realizaba con cad\u00e1veres. La cuesti\u00f3n es que Luis logra un encuentro con el viejo Leonardo en Amboise, la conversaci\u00f3n vira r\u00e1pidamente al recuerdo del amigo muerto y tan querido, y Leonardo decide mostrar a sus visitas un cuadro que tiene casi terminado. Se trata de un retrato de una hermosa dama semisonriente. Leonardo explica que fue el encargo m\u00e1s personal que le hizo Giuliano y que se trataba de una dama \u201cmuy importante para \u00e9l, aunque no era su esposa\u201d. El secretario DeBeatis anota que ni su patr\u00f3n ni \u00e9l reconocen a la beldad, sospechan que ha de haber sido uno de los tantos secretos del legendario Giuliano y ah\u00ed queda la cosa hasta que, casi quinientos a\u00f1os despu\u00e9s, un loco lindo entre los estudiosos del Renacimiento, el italiano Roberto Zapperi, autoridad total y exc\u00e9ntrico \u00eddem, rescata esas palabras de Leonardo obedientemente registradas por DeBeatis y perdidas despu\u00e9s durante cinco siglos en el purgatorio de los incunables, y anuncia al mundo que tenemos un problema: el retrato m\u00e1s famoso de la historia, ese que el orbe entero conoce con el nombre de La Gioconda, o Mona Lisa, no podr\u00e1 llamarse m\u00e1s as\u00ed en el futuro porque la retratada no se llamaba Lisa ni estaba casada con ning\u00fan Giocondo.<\/p>\n<p>La versi\u00f3n can\u00f3nicamente aceptada hasta ahora es la que se cuenta en la Vida de Leonardo escrita por Vasari treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte del genio, con testimonios de disc\u00edpulos, colegas y dem\u00e1s personas que lo hab\u00edan tratado. Vasari dice all\u00ed que, en 1503, en tiempos de estrechez, Da Vinci acept\u00f3 un encargo del prestamista Francesco del Giocondo para que pintara a su mujer, Lisa Gherardini (\u201cMona\u201d era la manera en que se refer\u00eda a las mujeres casadas en la \u00e9poca), y que Leonardo dej\u00f3 el retrato sin terminar y sin entregar hasta que, en sus \u00faltimos a\u00f1os, en la corte del rey de Francia, lo retom\u00f3 y lo concluy\u00f3. El cuadro le gust\u00f3 tanto al rey que se lo qued\u00f3 a la muerte de Leonardo y lo colg\u00f3 en el pabell\u00f3n de ba\u00f1os del palacio de Fontainebleau (seg\u00fan la leyenda, aquellos ba\u00f1os son el antecedente directo del Louvre: los invitados que iban a aliviarse ten\u00edan oportunidad de contemplar a gusto los exquisitos cuadros ah\u00ed colgados que, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s, merecer\u00edan museo propio).<\/p>\n<p>Zapperi simpatiza de coraz\u00f3n con la idea del rey de Francia. Con lo que no est\u00e1 nada de acuerdo, desde que lo ley\u00f3 de jovencito, es con el libro de Vasari. Ya entonces le parec\u00eda muy improbable (y los avances tecnol\u00f3gicos terminaron d\u00e1ndole raz\u00f3n) que la Mona Lisa hubiese sido pintada no de una vez (como demuestra la manera en que los pigmentos fraguaron en la tela) sino en etapas. Pero lo que le parec\u00eda m\u00e1s imposible es que Leonardo realizara el mejor retrato de su vida para un oscuro usurero, usando como modelo a una mujer de la que nada se sabe (de una beldad as\u00ed se habr\u00eda escrito algo; eso era lo que suced\u00eda con todas las bellezas de la \u00e9poca que eran objeto de retratos o poemas, pero de la Gioconda de carne y hueso no ha quedado ni una l\u00ednea). Bas\u00e1ndose, en cambio, en aquellas palabras de Leonardo a Luis de Arag\u00f3n sobre el encargo de Giuliano, Zapperi nos ofrece una historia extraordinaria, que si no es cierta merecer\u00eda serlo.<\/p>\n<p>Aunque Giuliano fue ante todo un tarambana, al llegar a Roma a darse la gran vida como hermano del Papa llev\u00f3 consigo a un hijo natural al que hab\u00eda dado el nombre de Ippolito. Ya desde beb\u00e9 era tan vivaz la criatura que hasta el amargo pont\u00edfice Le\u00f3n X ped\u00eda que se lo llevaran de visita. Ippolitino creci\u00f3 y, cuando empez\u00f3 a hablar, lo primero que pregunt\u00f3 a Giuliano fue por su mamma. Esto ocurri\u00f3 cuando el Papa, harto de las correr\u00edas de su hermano, le arregl\u00f3 casamiento con una Saboya. Giuliano partir\u00eda al norte y volver\u00eda casado. Para que Ippolitino no se sintiera demasiado desplazado, Leonardo deb\u00eda pintar un retrato de la madre para la nueva rec\u00e1mara del ni\u00f1o. El problema es que la madre hab\u00eda muerto al dar a luz y no se conservaba de ella ninguna imagen (ni siquiera hab\u00eda m\u00e1scara mortuoria, ya que se trataba de una mujer \u201cmuerta en pecado\u201d). De manera que Leonardo deb\u00eda crear de la nada el retrato de una mujer que, seg\u00fan Giuliano, deb\u00eda parecerle a Ippolitino presente de tan v\u00edvida y a la vez inalcanzable por estar muerta.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el gran Ernst Gombrich, La Gioconda produce exactamente ese efecto por el sfumato con que fue pintado su rostro: de ah\u00ed la inmortal reverberaci\u00f3n en los ojos y en la boca (\u00bfmira en nuestra direcci\u00f3n o no?, \u00bfsonr\u00ede o no?). Para lograr acabadamente ese efecto, Leonardo demor\u00f3, como siempre, demasiado. Su disc\u00edpulo Salai (que significa \u201cdiablillo\u201d) termin\u00f3 de armar el enredo: fue quien dio los \u00faltimos retoques al cuadro y quien se lo vendi\u00f3 al rey de Francia. Tambi\u00e9n fue el que bautiz\u00f3 a la dama \u201cLa Joconda\u201d, usando la palabra dilecta de su jefe: todo lo que contagiaba ganas de vivir era \u201cjocundo\u201d para Leonardo. Y eso es lo que produc\u00eda el rostro de esa dama sonriente a todos aquellos que lo ve\u00edan. Nada que ver con el signore Giocondo, ni con su esposa Lisa, ni con los viejos tiempos de Leonardo en Florencia, mal que les pese a todos los que vienen repitiendo las palabras de Vasari desde entonces.<\/p>\n<p>Zapperi necesit\u00f3 treinta a\u00f1os cotejando infinitas fuentes para confirmar su corazonada. Su proeza final es demostrarlo en apenas 120 p\u00e1ginas, en su libro Adi\u00f3s, Mona Lisa. Todo cobra vida y ocurre delante de nuestros ojos en su formidable alegato, hasta que llegamos al final y descubrimos de golpe que Zapperi nos lo ha revelado todo menos c\u00f3mo llamar desde ahora al retrato m\u00e1s famoso del mundo. Ese es nuestro premio y nuestra funci\u00f3n: poder mirar esta vez con ojos nuevos la imagen m\u00e1s vista de la historia del arte y decidir c\u00f3mo habremos de llamarla de aqu\u00ed en m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Publicado por P\u00e1gina 12-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Renacimiento, uno pod\u00eda quedar viudo y llegar a cardenal antes de cumplir los veinte a\u00f1os. 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