{"id":23334,"date":"2010-09-25T07:25:49","date_gmt":"2010-09-25T05:25:49","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/los-nuestros\/"},"modified":"2010-09-25T07:25:49","modified_gmt":"2010-09-25T05:25:49","slug":"los-nuestros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-nuestros\/","title":{"rendered":"Los nuestros"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><strong><span><a title=\"Blog Memoria, I\u00f1aki Ega\u00f1a\" href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/memoria\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-20507\" title=\"Blog I\u00f1aki Ega\u00f1a\" alt=\"Memoria_bloga\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/Memoria_bloga.jpg\" height=\"180\" width=\"240\" \/><\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span><\/span><\/strong>Pasan por la pantalla de mi vida recuerdos agolpados de escenas y situaciones que se recrean en ellas mismas, sorbos dulces de aquellas y aquellos que dejaron entre mis escasas pertenencias la huella de su existencia. Corren, como caballos al galope, las figuras difuminadas de sus sombras sin destino final, a lo mejor como dec\u00eda la canci\u00f3n, hacia el para\u00edso de los hijos de la libertad. Cierro la ventana de mi cuarto para refugiarme en la melancol\u00eda y recostarme con las ilusiones de los m\u00edos, a los que jam\u00e1s conoc\u00ed pero los siento en mis entra\u00f1as como parte de algo que a duras penas logro explicar.<\/p>\n<p>Me abrasa su ausencia. La vida es apenas un suspiro, quiz\u00e1s sue\u00f1o como nos dej\u00f3 grabado aquel barroco escritor. Que el vivir s\u00f3lo es so\u00f1ar. Tambi\u00e9n impulso, entusiasmo. Hace poco le le\u00ed a Punset en una frase redonda: \u201csi la vida fuera eterna no pondr\u00edamos en ella la misma intensidad\u201d. Siempre he pensado, como Baroja, a quien tengo por respaldo en estos primeros d\u00edas oto\u00f1ales cuando los vientos atizan las hojas m\u00e1s avezadas, que la vida es una lucha o quiz\u00e1s, al rev\u00e9s, qu\u00e9 m\u00e1s da, que la lucha es por la vida.<\/p>\n<p>He nacido en una tierra que me ha seducido sin casi percibirlo, a la que siento respirar desde las primeras horas de la ma\u00f1ana, bien es cierto que en ocasiones con dificultad. Una tierra rojiza y verde, p\u00e1lida y negra, martilleada por los embates marinos antes de que las cuentas existieran, corro\u00edda por vientos g\u00e9lidos, erosionada por la huella intangible de las abarcas de mis antepasados, las herraduras de los caballos, las ruedas traqueteantes de los carruajes de los mercaderes y, tambi\u00e9n, por las orugas de los carros de combate y las trincheras.<\/p>\n<p>Una tierra que ha acogido a miles de hombres y mujeres a los que no ver\u00e9 jam\u00e1s. Ni siquiera a trav\u00e9s de la leve melod\u00eda que proviene del eco de sus traves\u00edas. M\u00e1s lejos quedar\u00e1n a\u00fan aquellos que no llegaron a mi generaci\u00f3n. Ni\u00f1os, ancianos, adolescentes, adultos a los que, a pesar del abismo, me une ese certificado extendido y a la vez comprimido que ensanchan los rincones y las sendas de mi pa\u00eds.<\/p>\n<p>Me emociona sentir su c\u00e1lida presencia a mi alrededor, desbrozando mis dudas y compartiendo ese barranco que se estira cada ma\u00f1ana. Me emociona dirigirme a mis hijos y hacerles part\u00edcipes de esos mismos hijos e hijas de la libertad que eligieron la lucha, al modo que la cantaba Mercedes Sosa. Sin m\u00e1s complicaciones que el compromiso de un camino lleno de penalidades. La vida misma. Y siento, con angustia, que aquello que vali\u00f3 tanto la pena, depende de esa transmisi\u00f3n. De que nosotros y quienes nos preceden sigamos llenando el cuenco del destino.<\/p>\n<p>Y el otro d\u00eda, que homenajeamos en Donostia a las mujeres que hab\u00edan sufrido la represi\u00f3n franquista, not\u00e9 como, a pesar de la costumbre, se me entrecortaba la voz al traer al escenario a una adolescente de 16 a\u00f1os, Mertxe Mart\u00edn, que en un parapeto en Astigarraga, cargada de un fusil que pesaba m\u00e1s que ella, perdi\u00f3 su vida por una bala traicionera cuando ese fascismo que no se ha ido, acosaba las puertas de la capital. La muerte azul que cantaba Ferm\u00edn Valencia cuando nos tra\u00eda el amargo eco de la violaci\u00f3n y muerte de Maravillas.<\/p>\n<p>Un recuerdo me trae el siguiente, el de aquel joven, quiz\u00e1s un a\u00f1o o dos mayor que Mertxe, atrapado en el caser\u00edo Antsuategi, en Elgeta, con un l\u00e1piz como todo bagaje de m\u00e1s de 60 a\u00f1os de desamparo, bajo toneladas de tierra. Un joven del que entonces ni hoy sabemos su nombre y cuya \u00fanica traza en la vida fue la de ese l\u00e1piz que nos acerca a sus sue\u00f1os destartalados. Y siento, a pesar de no tener m\u00e1s noci\u00f3n de su existencia que la textura de su carboncillo, que ese joven de Antsuategi es uno m\u00e1s de mi familia, de esa familia cuyos l\u00edmites nunca he sabido manejar.<\/p>\n<p>De otros, tambi\u00e9n, desconozco si sus cabellos eran del color del oro, ni siquiera del carb\u00f3n. La \u00e9pica \u00fanicamente existe en los libros de colores. Antonio Ymaz, de Lazkao, y Juli\u00e1n Irizar, de Ormaiztegi, dejaron sus \u00faltimos suspiros en las cercan\u00edas de Estella, defendiendo la causa de un pretendiente extra\u00f1o, cuya promesa de no vender nuestro pa\u00eds fue suficiente para seguirlo. Como dir\u00edan Etxamendi y Larralde, en su memorable <em>Otxagabia<\/em>, sus flores adornaron los cementerios del futuro.<\/p>\n<p>El recuerdo se convierte en pesadilla en un instante, cuando desde el fondo del horizonte me llega el rumor de una tonadilla que advierto de inmediato. <em>El Partisano<\/em>, de Leonard Cohen. La historia de un guerrillero an\u00f3nimo, ubicado por el autor canadiense en la Francia ocupada: \u201cCuando atravesaron la frontera me advirtieron para que me rindiera, pero no pod\u00eda hacerlo\u201d. Es la historia de Francisco Etxeberria, el \u00faltimo de nuestros maquis, natural de Etxarri Aranatz, que prefiri\u00f3 poner fin a su vida antes que caer en manos de la Guardia Civil que cercaba en Oiartzun el caser\u00edo que le ocultaba. \u201cTienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. Con el alma de charol vienen por la carretera\u201d, escribi\u00f3 de los agentes Garc\u00eda Lorca.<\/p>\n<p>Cohen cantaba al guerrillero que dejaba atr\u00e1s a su mujer y a sus hijos, como Ken Zazpi a los oprimidos y no deja de producirme una extra\u00f1a sensaci\u00f3n de que la vida es un plus a algo que sigo sin entender. \u201cDime, <em>laztana<\/em>, que todo va a cambiar y que ma\u00f1ana estar\u00e1s conmigo\u201d,\u00a0 escucho a Ken Zazpi y siento una terrible opresi\u00f3n con la evocaci\u00f3n de Enrique <em>Korta<\/em>, que no lleg\u00f3 a conocer a su hijo, o de Fernando Barrio, que lo conoci\u00f3, o de Justo Elizaran, a quien mataron unos mercenarios pagados por los que sabemos y cuyos, hijos, a\u00f1os despu\u00e9s, fueron encarcelados tras esos mismos barrotes que atenazan nuestro pasado y presente.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s se me borrar\u00e1 de la memoria la sonrisa de Maddi Heguy como tampoco la de Luzia Urigoitia, ambas desaparecidas, a un lado y al otro de la muga,\u00a0 bajo circunstancias tan extra\u00f1as que se hicieron oficiales d\u00e1ndonos a atender de inmediato que lo gubernativo, por definici\u00f3n, acoge autom\u00e1ticamente a la duda y al descr\u00e9dito. La tierra est\u00e1 sorda, nos recordaba hace poco Enrique Villarreal, cantante de Barricada.<\/p>\n<p>Y en este recorrido alterado por la turbaci\u00f3n de los recuerdos no puedo menos que estremecerme con aquella \u00faltima reflexi\u00f3n de un chaval de Zalamea de la Serena llegado a Zarautz en la ruta del hambre: \u201cma\u00f1ana cuando yo muera no me veng\u00e1is a llorar, nunca estar\u00e9 bajo tierra, soy viento de libertad\u201d. Aquel joven de pelo ensortijado y pantalones vaqueros, con una camiseta del Che Guevara. Ese Che universal que, en melod\u00eda de Pablo Milanes, \u201cmataba canallas con su ca\u00f1\u00f3n de futuro\u201d.<\/p>\n<p>Ten\u00eda 17 a\u00f1os cuando lapidaron a <em>Txiki<\/em> y a Otaegi y no me olvidar\u00e9 jam\u00e1s ni del lugar, ni de la hora, ni de quien me transmiti\u00f3 la noticia. Desgraciadamente me ha sucedido en decenas de ocasiones, con otras tantas malas noticias. El otro d\u00eda, bajaba de Mandubia hacia Azpeitia y despu\u00e9s de Matxinbenta par\u00e9 el coche en Nuarbe. No soy cristiano, pero sent\u00ed una llamada, como las que relataba Jack London. La llamada de los m\u00edos, de los nuestros. Y me acerqu\u00e9 al cementerio a dejarle a \u00c1ngel unas pocas flores que arranqu\u00e9 de un prado cercano.<\/p>\n<p>\u201cPuedo escribir los versos m\u00e1s tristes esta noche\u201d comenz\u00f3 en una ocasi\u00f3n Pablo Neruda. Y s\u00e9 que puedo hacerlo porque el desasosiego ahonda entre la soledad y los recodos de la memoria. Cientos de nombres, de inquietudes, de golpes de aire, anidan en los pliegues m\u00e1s hondos de nuestra piel. Puedo hacerlo pero no quiero.<\/p>\n<p>La mochila de mi vida, escasa y con cuatro trapos, un par de libros y miles de recuerdos propios y, sobre todo, ajenos, est\u00e1 forrada de rojo y, en su exterior, ba\u00f1ada en el verde de la esperanza. Llegamos donde estamos, gracias al compromiso de una avalancha de, a veces, an\u00f3nimos amigos y, otras, cercanos colegas, que nos dejaron en ese avenida de contiendas y luchas.<\/p>\n<p>Una avenida por un mundo mejor, no por la eternidad como entienden los fan\u00e1ticos religiosos. Por un mundo libre de tiranos, de especuladores, etc. La lista ser\u00eda tan larga que m\u00e1s de uno de esos, de los nuestros, esbozar\u00eda una sonrisa de complacencia. S\u00ed, efectivamente, existen tantos motivos que no merece la pena enumerarlos. Un d\u00eda, probablemente, seremos libres. De cualquiera de las maneras habr\u00e1 valido la pena.<\/p>\n<h3>Nabarralde-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pasan por la pantalla de mi vida recuerdos agolpados de escenas y situaciones que se recrean en ellas mismas, sorbos dulces de aquellas y aquellos que dejaron entre mis escasas pertenencias la huella de su existencia. 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