{"id":23255,"date":"2010-09-10T07:45:45","date_gmt":"2010-09-10T05:45:45","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/economia-la-soledad-y-sus-objetos\/"},"modified":"2010-09-10T07:45:45","modified_gmt":"2010-09-10T05:45:45","slug":"economia-la-soledad-y-sus-objetos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/economia-la-soledad-y-sus-objetos\/","title":{"rendered":"Econom\u00eda: la soledad y sus objetos"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Un padre y un hijo, despu\u00e9s de un vago cataclismo nuclear, arrastran un carrito de supermercado, cargado con un pu\u00f1ado de enseres, por las carreteras borrosas de un mundo en el que todos los colores -cielo, aire, tierra- se han fundido en una espuma de leche sucia. Todas las relaciones, todos los v\u00ednculos, todos los c\u00e1lculos, el conjunto de proyectos y razones que garantizan la continuidad social, se han reducido a unos cuantos objetos supervivientes y a dos o tres impulsos inmediatos. Es mejor evitar a los otros seres humanos, fuente s\u00f3lo de amenaza, y es una suerte encontrar restos de comida o de menaje entre los escombros. Cada hallazgo -la varilla de un paraguas, un par de pilas, una manta- prolongan unos d\u00edas una vida que por eso mismo es absurdo conservar. Para conservarla, en todo caso, es necesario vigilar, cuidar, administrar, racionar las propiedades. En definitiva, hacer permanentemente <em>econom\u00edas<\/em>.<\/p>\n<p>En la extraordinaria novela de Cormac McCarthy impresiona esta reaparici\u00f3n de las cosas, anuladas en el mercado por su propio exceso, tras la cat\u00e1strofe. Pero en este sentido, como en tantos otros, <st1:personname productid=\"La Carretera\" w:st=\"on\"><em>La Carretera<\/em><\/st1:personname> recuerda al <em>Robinson Crusoe<\/em> de Defoe, del que es al mismo tiempo una interpretaci\u00f3n y una prolongaci\u00f3n. Las semejanzas son patentes: en ambos casos los supervivientes parasitan sin cesar los pecios de un mundo destruido para reproducir una existencia solitaria, con un <em>ni\u00f1o<\/em> -real o figurado- como toda compa\u00f1\u00eda o contrapunto, convertidos sus propios cuerpos en \u201crestos\u201d comestibles, objeto de la codicia antrop\u00f3faga de c\u00e1lculos humanos paralelos. Es verdad que media un abismo mental entre la atm\u00f3sfera colonial de Defoe, solar y prometeica, en la que el macho blanco, como la ara\u00f1a su tela, es capaz de extraer de s\u00ed mismo <em>civilizaci\u00f3n <\/em>en las condiciones m\u00e1s adversas, y -por otra parte- la extrema languidez apocal\u00edptica de McCarthy, aferrado a un v\u00ednculo postrero y a la esperanza remota de \u201crestos\u201d tambi\u00e9n de bondad entre los escombros; pero podemos decir que ambas novelas describen un mundo pre o post-social estricta -desnudamente- <em>econ\u00f3mico<\/em>: marcado, es decir, por la gesti\u00f3n individual de recursos escasos, por la administraci\u00f3n cicatera y ego\u00edsta de la escasez.<\/p>\n<p>La econom\u00eda, \u00bfes el arte de administrar los restos de un naufragio? Como es sabido, el punto de partida de Marx fue el de criticar justamente la visi\u00f3n fraudulenta de este horizonte catastr\u00f3fico en el que emerg\u00eda, como m\u00f3nada natural, un individuo puro, emprendedor, capaz de construir por s\u00ed solo, contra la naturaleza y contra los otros hombres, un mundo parad\u00f3jicamente habitable para todos. Es lo que \u00e9l llamaba las \u201crobinsonadas\u201d de Smith y Ricardo, el mito fundador de un capitalismo que, al contrario, \u201chab\u00eda desarrollado las relaciones sociales al m\u00e1s alto grado\u201d y en el que el individuo aislado no constitu\u00eda \u201cel comienzo de la historia\u201d sino su \u201cresultado\u201d. El hombre, dice Marx, es en sentido literal un <em>zoon politikon<\/em>, \u201cno solamente un animal social sino un animal que s\u00f3lo puede individualizarse en la sociedad\u201d. Robinson no encarnaba la nostalgia por la vida natural, el retorno al ser humano original sino, a la inversa, el anticipo del \u201chombre nuevo\u201d que se preparaba desde el siglo XVI y que alcanza su expresi\u00f3n m\u00e1s depurada en el siglo XX, tras la segunda guerra mundial: Robinson Crusoe aislado en medio de la abundancia del mercado.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica a las \u201crobinsonadas\u201d ten\u00eda, en todo caso, una larga historia. Ibn Jaldun, antepasado \u00e1rabe de Marx y Maquiavelo, ya hab\u00eda dejado claro a finales del siglo XIV en su <em>Al-Mugaddimah<\/em> que \u201clas diferencias que se aprecian en las condiciones y las instituciones de los diversos pueblos dependen de la manera en que cada uno de ellos procura su subsistencia: los hombres no se han reunido en sociedad sino para ayudarse a lograr los medios de vivir\u201d, y ello porque \u201cel poder de un individuo aislado no ser\u00eda suficiente para obtener lo necesario ni podr\u00eda por s\u00ed solo procurarse lo que hace falta para el mantenimiento de la vida\u201d.<\/p>\n<p>Mucho antes, por supuesto, el fil\u00f3sofo Arist\u00f3teles, al que hab\u00edan le\u00eddo Ibn Jaldun y Marx y al que \u00e9ste \u00faltimo toma prestada la expresi\u00f3n <em>zoon politikon<\/em>, hab\u00eda establecido para siempre la necesidad de comprender al ser humano individual a partir de la colectividad de la que forma parte y no al rev\u00e9s: \u201cLa ciudad es una de las cosas naturales (para el hombre), y el hombre es por naturaleza un animal social; y el que es insocial por naturaleza y no por azar o es un mal hombre o es m\u00e1s que hombre\u201d.<\/p>\n<p>Y sin embargo, \u00bfno hay algo te\u00f3ricamente fecundo en mantener a la vista la idea de \u201cnaufragio\u201d o \u201ccat\u00e1strofe\u201d como fuente, y no colapso, de la sociabilidad? \u00bfComo garant\u00eda de racionalidad? Y en cuanto a la imagen del <em>hombre a solas con sus cosas<\/em>, \u00bfno encarna precisamente la triste victoria de la condici\u00f3n econ\u00f3mica sobre la condici\u00f3n pol\u00edtica o social? \u00bfEl gancho biol\u00f3gico por encima del cual no ha logrado elevarse ninguna sociedad humana hasta la fecha, salvo desigual e injustamente? Aquellos a los que no se deja llegar a ser hombres, aquellos que est\u00e1n por encima del hombre, son <em>insociales e impol\u00edticos <\/em>por igual<em> <\/em>y lo son justamente porque est\u00e1n atrapados, porque siguen atrapados, en <st1:personname productid=\"la Econom\u00eda.\" w:st=\"on\">la Econom\u00eda.<\/st1:personname><\/p>\n<p>Que Arist\u00f3teles se ocupe de la econom\u00eda en su <em>Pol\u00edtica<\/em> es muy revelador. Como es sabido, en su sentido original, \u201ceconom\u00eda\u201d remite a la \u201cadministraci\u00f3n o gesti\u00f3n de la casa\u201d, pero la casa, para un griego libre, era al mismo tiempo parte integrante y negaci\u00f3n de la <em>polis<\/em>. La casa es la \u201cfamilia\u201d, con todo lo que ello implica de jer\u00e1rquico e intestinal: t\u00e9rmino derivado del lat\u00edn \u201cfamulus\u201d, \u201cservidor\u201d, describe el conjunto de mujeres, hijos, esclavos y objetos propiedad de un solo amo. En su calidad de amo, <em>en familia<\/em>, el var\u00f3n ateniense es un <em>individuo a solas con las cosas<\/em> y no es todav\u00eda, por tanto, un <em>zoon politikon<\/em>, un ciudadano, el <em>hombre<\/em> que uno llega a ser cuando sale de casa para reunirse -no con objetos y propiedades- sino con <em>iguales<\/em>. \u201cEl hombre es acci\u00f3n, no producci\u00f3n\u201d, dice Arist\u00f3teles y la econom\u00eda, que se ocupa de la producci\u00f3n y utilizaci\u00f3n de los bienes, se ci\u00f1e al espacio dom\u00e9stico de las cosas sujetas, animadas o inanimadas. La econom\u00eda es una <em>tekn\u00e9<\/em> para amos solitarios, forzados a administrar su islote, que deben aprender a tratar a las mujeres y a los esclavos no menos que a hacer cuentas y a conseguir el mejor trigo o el aceite m\u00e1s barato. Por eso mismo, Arist\u00f3teles se niega a ver ninguna continuidad entre el \u201cgobierno del amo\u201d y el \u201cgobierno de la ciudad\u201d, pues uno -dice- se ejerce sobre cosas y el otro sobre hombres: \u201cel gobierno dom\u00e9stico es una monarqu\u00eda (ya que toda casa es gobernada por uno solo) mientras que el gobierno pol\u00edtico es de libres e iguales\u201d. El amo, como Robinson, se yergue solitario en el centro de una peque\u00f1a colecci\u00f3n de enseres rescatados -con mucho trabajo, aunque sea ajeno- del naufragio general.<\/p>\n<p>La extensi\u00f3n de la econom\u00eda al conjunto de la <em>polis<\/em> se llama \u201ctiran\u00eda\u201d. La <em>polis<\/em>, sometida a la voluntad de un solo hombre, es reducida a la \u201ccondici\u00f3n dom\u00e9stica\u201d y sus ciudadanos tratados como \u201cfamuli\u201d, como esclavos, mujeres y ni\u00f1os; es decir, como objetos administrados por el tirano. La casa ahora tiene los l\u00edmites de la ciudad, la familia delimita las fronteras del Estado; todo es, dig\u00e1moslo as\u00ed, \u201ceconom\u00eda\u201d. Pero esta extensi\u00f3n de la vida dom\u00e9stica al conjunto de la <em>polis<\/em>, la conversi\u00f3n del amo en tirano, la privatizaci\u00f3n de la vida p\u00fablica, tiene que ver con el paso de la \u201ceconom\u00eda\u201d a la \u201ccremat\u00edstica\u201d, seg\u00fan la distinci\u00f3n que hace el propio Arist\u00f3teles. La econom\u00eda, por as\u00ed decirlo, define el marco de los bienes de consumo que podemos <em>utilizar<\/em> personalmente y sus l\u00edmites coinciden con la satisfacci\u00f3n de necesidades materiales finitas; la riqueza propiamente \u201cecon\u00f3mica\u201d es tan limitada como los objetos en los que est\u00e1 contenido su valor y los cuerpos que acometen su producci\u00f3n y su disfrute. Todo lo contrario ocurre con la \u201ccremat\u00edstica\u201d. Econom\u00eda pervertida, econom\u00eda \u201cdesmedida\u201d, la cremat\u00edstica no conoce l\u00edmites, se impone a s\u00ed misma precisamente la negaci\u00f3n de los l\u00edmites, y esto porque su prop\u00f3sito no es el \u201cuso\u201d sino la adquisici\u00f3n de riquezas, mediante el comercio o la guerra, como puros medios para adquirir nuevas -y nuevas- riquezas; es decir, la utilizaci\u00f3n de las riquezas -sobre todo bajo la forma \u201cdinero\u201d- para negarles <em>toda utilidad<\/em>. \u201cUna extra\u00f1a riqueza\u201d, dice Arist\u00f3teles, \u201cque no impide que el que la posee en abundancia se muera de hambre\u201d. Lo que asemeja a los subhombres y a los sobrehombres -insociales e impol\u00edticos- es que no pueden saciar jam\u00e1s su apetito.<\/p>\n<p>El paso de la econom\u00eda a la cremat\u00edstica, su extensi\u00f3n cancerosa al gobierno de la ciudad, entra\u00f1a <em>la despolitizaci\u00f3n de la polis<\/em>. La relaci\u00f3n casi org\u00e1nica entre cremat\u00edstica y tiran\u00eda queda claramente expuesta en los <em>Econ\u00f3micos<\/em>, obra probablemente ap\u00f3crifa pero de inspiraci\u00f3n muy aristot\u00e9lica, en cuyo segundo libro se nos dan ejemplos hist\u00f3ricos de \u201cadquisici\u00f3n de riqueza\u201d, la mayor parte de los cuales revelan el fraude o la violencia de renombrados tiranos de la antig\u00fcedad: Hipias, Mausolo, L\u00edgdamis y, por supuesto, Dionisio de Siracusa. De este \u00faltimo, el Pseudoarist\u00f3teles cuenta la an\u00e9cdota muy reveladora -anticipo de la violencia oculta en los mercados monetarios de nuestros d\u00edas- de c\u00f3mo el tirano mand\u00f3 acu\u00f1ar moneda de esta\u00f1o e hizo luego jurar a los ciudadanos reunidos en asamblea, bajo pena de muerte, que eran <em>de plata<\/em>. \u201cLos hombres\u201d, dec\u00eda el fil\u00f3sofo en <st1:personname productid=\"la Pol\u00edtica\" w:st=\"on\">la <em>Pol\u00edtica<\/em><\/st1:personname>, \u201cno se hacen tiranos para no pasar fr\u00edo\u201d. Es la pulsi\u00f3n <em>apeiron &#8211;<\/em>sin l\u00edmites ni medida- de la cremat\u00edstica, es la <em>hybris<\/em> que busca la equiparaci\u00f3n con los dioses, la que transforma a un ciudadano en un amo de sus iguales, a un <em>zoon politikon <\/em>en un Robinson de sus cong\u00e9neres. \u201cLos mayores delitos tienen por causa los excesos, no la necesidad\u201d; y por eso, a\u00f1ade Arist\u00f3teles, \u201clos mayores honores se conceden al que mata, no a un ladr\u00f3n, sino a un tirano\u201d.<\/p>\n<p>No deja de ser curioso y significativo que haya que esperar a la consolidaci\u00f3n del capitalismo para que el t\u00e9rmino \u201ceconom\u00eda\u201d pierda su v\u00ednculo original con el \u00e1mbito dom\u00e9stico sin perder, sin embargo, su sello de clase: el propietario individual aislado con sus cosas, animadas e inanimadas, sigue erguido como <em>zoon ekonomikon<\/em>, pero ahora fuera del hogar, en el centro de la escena. El capitalismo es una cremat\u00edstica; es decir, la extensi\u00f3n y emancipaci\u00f3n, a partir del suelo \u201cfamiliar\u201d, zozobrante y limitado, de la econom\u00eda dom\u00e9stica. Durante <st1:personname productid=\"la Edad Media\" w:st=\"on\">la Edad Media<\/st1:personname> y el Renacimiento la \u201ceconom\u00eda\u201d sigui\u00f3 aleccionando sobre los deberes de los esposos y la hora en que conven\u00eda encender las l\u00e1mparas. Hay que esperar a 1615 para que el franc\u00e9s Antoine de Montcheretien, nombrando ya otra cosa, a\u00f1adiese el adjetivo \u201cpol\u00edtica\u201d para designar la privatizaci\u00f3n -domesticaci\u00f3n- capitalista de la <em>res publica<\/em>. De Econom\u00eda Pol\u00edtica hablar\u00e1n Smith y Ricardo; tambi\u00e9n Rousseau en la entrada correspondiente de <st1:personname productid=\"la Enciclopedia. Igualmente\" w:st=\"on\">la Enciclopedia. Igualmente<\/st1:personname> Marx para criticar a los dos primeros y se\u00f1alar sus reservas frente al ginebrino. Luego, cuando la domesticaci\u00f3n fue completa, cuando el capitalismo convirti\u00f3 en cremat\u00edstica cada cuerpo, cada piedra, cada herramienta, cada plaza y cada palabra, ya no hizo falta esa precisi\u00f3n que la contradec\u00eda: todo pas\u00f3 a ser -s\u00f3lo pas\u00f3 a ser- Econom\u00eda. Por eso mismo, no debe extra\u00f1ar que precisamente en ese momento, como denunciaba Marx, <em>el hombre a solas con sus cosas<\/em> -el subhombre antiguo, el sobrehombre antiguo, Robinson y Dionisio- apareciese, ahora en medio de la abundancia, como el \u00fanico sujeto posible de libertades y derechos. El <em>zoon politikon<\/em> hab\u00eda muerto sin llegar a nacer.<\/p>\n<p><strong>Pero los excesos de la abundancia son tambi\u00e9n \u201clos restos de un naufragio\u201d<\/strong>.<\/p>\n<p>Arist\u00f3teles era racista, machista, clasista, s\u00ed, pero era un hombre despierto. No s\u00f3lo comprendi\u00f3 que la pol\u00edtica era incompatible con el \u201cgobierno mon\u00e1rquico\u201d de la econom\u00eda y con la privatizaci\u00f3n del uso de la riqueza; como era realmente un fil\u00f3sofo, uno de los m\u00e1s grandes, enseguida percibi\u00f3, con enorme sentido com\u00fan, contra el sentido com\u00fan, que el principio cronol\u00f3gico y el principio ontol\u00f3gico de las cosas discurren a menudo paralelos y en direcciones opuestas. \u201cEl todo\u201d, dec\u00eda, \u201ces anterior a las partes\u201d. Por eso mismo, el hombre aislado y la casa aislada s\u00f3lo exist\u00edan y s\u00f3lo se explicaban a partir de la <em>polis<\/em>. Pero el todo, en efecto, es anterior a las partes, y el todo ya no es la <em>polis.<\/em> La paradoja de la domesticaci\u00f3n capitalista del espacio p\u00fablico y todos sus territorios es la de haber ensanchado los l\u00edmites de la isla de Robinson hasta hacerlos coincidir, como en la carretera borrosa de McCarthy, con los de la tierra entera. Chesterton dec\u00eda, evocando precisamente la novela de Defoe, que el mundo no es m\u00e1s que \u201clos restos de un naufragio\u201d: un sol, unos cuantos sexos, unos cuantos \u00e1rboles, un poco de aire y de agua y de arena. El todo no es la <em>polis<\/em> sino el planeta. Y con las pocas cosas que contiene hay que hacer, s\u00ed, <em>econom\u00edas<\/em>.<\/p>\n<p>Sin padres ni reyes ni amos ni maridos: con pol\u00edtica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Revista Bostezo n\u00ba 4<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un padre y un hijo, despu\u00e9s de un vago cataclismo nuclear, arrastran un carrito de supermercado, cargado con un pu\u00f1ado de enseres, por las carreteras borrosas de un mundo en el que todos los colores -cielo, aire, tierra- se han fundido en una espuma de leche sucia. 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