{"id":23015,"date":"2010-07-20T07:37:52","date_gmt":"2010-07-20T05:37:52","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/guillermo-ichua\/"},"modified":"2010-07-20T07:37:52","modified_gmt":"2010-07-20T05:37:52","slug":"guillermo-ichua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/guillermo-ichua\/","title":{"rendered":"Guillermo Ichua"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Trabajaba en el Balneario de Urberuaga de maletero, desde que era un cr\u00edo. En su juventud, una viruela negra le dej\u00f3 ciego y, por eso, colegas y clientes del establecimiento de Aguas Termales le conoc\u00edan con el apodo de Ichua (hoy escrito Itsua). Algunos sab\u00edan que se llamaba Guillermo y nadie ten\u00eda conocimiento de su apellido. Hab\u00eda llegado al mundo en la villa de Markina y hablaba un castellano rampl\u00f3n y tan plagado de errores que a los clientes les hac\u00eda gracia.<\/p>\n<p>Guillermo Ichua, que reparti\u00f3 su vida entre las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX y las primeras del XX, conoc\u00eda los alrededores de Urberuaga como la palma de su mano. Puesto que una vez hab\u00eda sido vidente, reconoc\u00eda a la gente por el sonido de sus zapatos, el eco de su voz e incluso, por intuici\u00f3n. Ol\u00eda la llegada de la lluvia y se enternec\u00eda cuando de lejos percib\u00eda el murmullo de la trikitrixa.<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, en fiestas del Carmen como las que se celebran ahora en numerosos pueblos y barrios de nuestro pa\u00eds, el balneario se vaci\u00f3 porque los veraneantes se dirigieron a Markina, a disfrutar de sus limonadas y sus partidos de pelota. Un grupo de se\u00f1oritas rezagadas acudi\u00f3 al gerente, entonces Rafael Alonso, para que un coche les llevara a la villa de la cuenca del Artibai y, el propietario, sin ning\u00fan tipo de indecisi\u00f3n, le llam\u00f3 a Ichua para que hiciera de cochero.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes volvieron al atardecer al balneario encantadas de la excursi\u00f3n, cuando una de ellas se percibi\u00f3 de la ceguera de Guillermo: \u00ab\u00a1Santo Dios, hemos viajado conducidas por un ciego!\u00bb, dicen que grit\u00f3 la se\u00f1orita. A lo que Ichua, que ten\u00eda un gran desparpajo, respondi\u00f3: \u00abSi, se\u00f1ora, y guiados mucho mejor que otros que tienen buena vista\u00bb.<\/p>\n<p>Este y otros episodios hicieron sospechar a los paisanos que Guillermo Ichua no era ciego del todo, o que en algunas \u00e9pocas percib\u00eda ciertos rayos de sol, o que su memoria era prodigiosa y recordaba con detalle todos los caminos y vericuetos que conoc\u00eda antes de que la viruela negra hiciera estragos en su organismo. Yo, que no me relacion\u00e9 con Ichua, entre otras razones porque nac\u00ed bastante despu\u00e9s de que \u00e9l hubiera muerto, pienso que m\u00e1s bien, se hac\u00eda el ciego. Eso s\u00ed, con mucho estilo.<\/p>\n<p>La herencia de Guillermo Ichua ha estado tan extendida que por eso me he tomado la molestia y el empe\u00f1o en recordar, aunque muy someramente, su figura. Un personaje simp\u00e1tico, sin duda. Entre la picaresca y el enga\u00f1o.<\/p>\n<p>Las cegueras aparentes, sin embargo, no se enquistaron en el sanatorio de Urberuaga y en la persona de Ichua. Volaron en el tiempo hasta nuestros d\u00edas, y anidaron entre nosotros, como un cuco invasor. Esta sociedad, y cuando m\u00e1s arriba de la pir\u00e1mide la proporci\u00f3n se multiplica, muestra su ceguera un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n, en un gran ejercicio de hipocres\u00eda. Vemos lo que ocurre a nuestro alrededor y actuamos como ciegos. Pero, en realidad, vemos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Saramago, recientemente fallecido, construy\u00f3 un elogio a la ceguera, una f\u00e1bula gigante de una sociedad que va siendo minada por un virus maligno que, poco a poco, va sumiendo a los vecinos en el mundo de las tinieblas. Quiz\u00e1s sea demasiado atrevido en mi afirmaci\u00f3n, pero sospecho que Saramago pretend\u00eda convencernos, con su elogio, que la ceguera no era un recurso literario, sino m\u00e1s bien una cuesti\u00f3n pol\u00edtica, quiz\u00e1s sociol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Herman Hesse hab\u00eda ido probablemente m\u00e1s lejos al recrear la rebeli\u00f3n de un grupo de ciegos, internos en un hospital, que intentaron opinar sobre los colores. La escenificaci\u00f3n de la insurrecci\u00f3n de los ciegos, a quienes por cierto el jefe del hospital acus\u00f3 falsamente de llevar una camisa de color rojo, me recuerda a \u00abRebeli\u00f3n en la granja\u00bb, de George Orwell, una cr\u00edtica feroz al estalinismo, donde, por una vez y al contrario que en los cuentos de hadas, los malvados son los animales y los ingenuos los humanos.<\/p>\n<p>En la cercan\u00eda, la ceguera es un estadio tan extendido que, habitualmente, nuestros partidos, sindicatos y agentes pol\u00edticos se acusan mutuamente de no ver la realidad. Quiz\u00e1s haya parte de raz\u00f3n en las acusaciones e intervenciones. Todos somos culpables y todos inocentes, en la misma medida aunque m\u00e1s de uno me dir\u00e1, con raz\u00f3n, que en una y otra circunstancia, los niveles son notorios, incluso determinantes.<\/p>\n<p>Pero no deseo llevar este art\u00edculo por esos caminos, sino enfilarlo hacia las veredas como las que hollaba Guillermo Ichua, de quien todo el mundo sospechaba que ve\u00eda y, a pesar de ello, era el ciego de Urberuaga. A esa hipocres\u00eda social tan extendida que apenas deja hueco a la duda. Esa hipocres\u00eda social reflejada en todo lo que sabemos de sobra.<\/p>\n<p>La lista se me antoja enorme y, despu\u00e9s de hacer un peque\u00f1o resumen, me quedo con algunos de los especialmente difundidos. Creo que, adem\u00e1s son compartidos por la mayor\u00eda, independientemente de ser lectores de Saramago, Orwell o Hesse.<\/p>\n<p>Porque todos sabemos que las elecciones no son libres, que en las comisar\u00edas los malos tratos est\u00e1n a la orden del d\u00eda, que en la familia real son ligeros de cascos y que el celibato impuesto a los agentes de la Iglesia crea monstruos. Y, a pesar de ello, nos dicen que el sistema electoral es irreprochable, que las sedes policiales son limbos inmaculados, que los borbones son ejemplo de familia y, para terminar, que los curas pederastas son excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ceguera inducida, hipocres\u00eda supina.<\/p>\n<p>Sabemos, por descontado, m\u00e1s a\u00fan desde la sentencia del Tribunal Constitucional espa\u00f1ol a cuenta del Estatuto de Catalu\u00f1a, que los pilares de la democracia espa\u00f1ola est\u00e1n anclados en lo m\u00e1s rancio del franquismo y de sus instituciones seculares. Sabemos que precisamente esa democracia tan alardeada es una gran excepci\u00f3n en la Historia de Espa\u00f1a y que durante cientos de a\u00f1os, los modelos de gesti\u00f3n pol\u00edtica han sido totalitarios y excluyentes. Y, a pesar de que hasta los m\u00e1s fachas reivindican ese pasado absolutista los ciegos nos presentan un escenario pretendidamente tolerante.<\/p>\n<p>Y, tal y como Slavoj Zizek nos lo explica en su \u00abElogio de la intolerancia\u00bb, que no de la ceguera, las pol\u00edticas expansionistas (en su caso analiza la de Israel), se basan en el victimismo. El caso de EEUU y su explotaci\u00f3n del 11-S es el modelo. El espa\u00f1ol, con respecto a las del terrorismo, paradigm\u00e1tico. No deja de ser un s\u00edntoma que temas tan dispares como desarrollo auton\u00f3mico, tortura, mapa viario o normalizaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica dependan de ese paraguas que se llama \u00ablucha antiterrorista\u00bb.<\/p>\n<p>Sabemos, tambi\u00e9n, que el capitalismo privatiza los beneficios y socializa las p\u00e9rdidas, que crea pobreza, hambre y, nuevamente, exclusi\u00f3n. Sabemos que el capitalismo es, por definici\u00f3n, corrupto, fraudulento y que todos los que han hecho fortuna a trav\u00e9s de sus v\u00edas marcadas son, en realidad, ladrones. De guante blanco o de guante negro, pero siempre ladrones. Y, sin embargo, las loas, las mentiras y, sobre todo, su apoyo medi\u00e1tico (el empresario se paga su propia campa\u00f1a de imagen con sudor ajeno), nos lo presenta como el \u00fanico escenario posible.<\/p>\n<p>Sabemos que los medios de comunicaci\u00f3n, precisamente, est\u00e1n, en una mayor\u00eda aplastante, al servicio de proyectos generalmente econ\u00f3micos. Trasnacionales. Que la mitad de lo que cuentan es pura propaganda, cuando no publicidad encubierta, y mucho del resto inter\u00e9s en crear una opini\u00f3n determinada. Y, sin embargo, nos largan monsergas de \u00e9tica, abundan en conferencias sobre moral y crean foros culturales. Como si no supi\u00e9ramos, del primero al \u00faltimo de los mortales, que todo es un camelo.<\/p>\n<p>Guillermo Ichua fue un hombre de su tiempo, un c\u00e1lido personaje que ve\u00eda personas, olas y nubes a pesar de su ceguera. Un vidente con pretensiones de ciego. M\u00e1s de cien a\u00f1os despu\u00e9s, los Ichua se han convertido en una plaga, en un ej\u00e9rcito humano como ariete al cambio, a la sombra de esa reflexi\u00f3n de Erasmo que a\u00f1ad\u00eda que ceguera era sin\u00f3nimo de locura y de demencia. Esperemos no haber llegado a tanto.<\/p>\n<h3>Publicado por Nabarralde-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trabajaba en el Balneario de Urberuaga de maletero, desde que era un cr\u00edo. En su juventud, una viruela negra le dej\u00f3 ciego y, por eso, colegas y clientes del establecimiento de Aguas Termales le conoc\u00edan con el apodo de Ichua (hoy escrito Itsua). 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