{"id":22826,"date":"2010-06-10T07:08:39","date_gmt":"2010-06-10T05:08:39","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-construccion-de-una-esperanza\/"},"modified":"2010-06-10T07:08:39","modified_gmt":"2010-06-10T05:08:39","slug":"la-construccion-de-una-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-construccion-de-una-esperanza\/","title":{"rendered":"La construcci\u00f3n de una esperanza"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Pr\u00f3logo a \u00abLa destrucci\u00f3n de una esperanza. Manuel Sacristan y <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la  Primavera<\/st1:personname> de Praga: lecciones de una derrota\u201d, de Salvador L\u00f3pez Arnal<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"right\">\u201c<em>Para el materialismo hist\u00f3rico se trata de retener una imagen del pasado tal como se presenta de improviso al sujeto hist\u00f3rico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto el dep\u00f3sito de la tradici\u00f3n como a sus receptores. Para ambos el peligro es el mismo: prestarse a ser instrumentos de la clase dominante\u201d.<\/em><\/p>\n<p align=\"right\"><strong>Walter Benjamin. <\/strong>Sobre el concepto de la historia<\/p>\n<p>Admit\u00e1moslo: las victorias son m\u00e1s f\u00e1ciles de gestionar y teorizar que las derrotas. Admit\u00e1moslo tambi\u00e9n: el \u201cdep\u00f3sito de la tradici\u00f3n\u201d del que habla Benjamin, as\u00ed como el signo vital de sus \u201creceptores\u201d, comparece en el umbral del siglo XXI, al menos en Europa, bajo la forma de una objetiva, dolorosa, gigantesca derrota. El siglo XX pudo ser ilustrado y acab\u00f3 siendo medieval; pudo ser realmente un antiguo comienzo y acabo siendo una nueva repetici\u00f3n; pudo ser \u2013estuvo a punto de ser- comunista y acab\u00f3 siendo una matanza.<\/p>\n<p>La victoria impone a sus beneficiarios una inmediata cenestesia hegeliana. Junto a los propios m\u00e9ritos, o en el mismo envase, se autoafirma \u201cel esp\u00edritu de <st1:personname productid=\"la Historia\" w:st=\"on\">la Historia<\/st1:personname>\u201d, <st1:personname productid=\"la Raz\u00f3n\" w:st=\"on\">la Raz\u00f3n<\/st1:personname> objetiva, <st1:personname productid=\"la Justicia\" w:st=\"on\">la Justicia<\/st1:personname> inapelable. Hegel, que era normalmente hegeliano, vio en la figura de Napole\u00f3n entrando en Jena \u201c<st1:personname productid=\"la Raz\u00f3n\" w:st=\"on\">la Raz\u00f3n<\/st1:personname> a caballo\u201d porque por supuesto <st1:personname productid=\"la Raz\u00f3n\" w:st=\"on\">la  Raz\u00f3n<\/st1:personname> no pod\u00eda llegar hasta tan lejos a pie y mucho menos desarmada, en alas s\u00f3lo de su propia persuasiva belleza. El realismo puro se acompa\u00f1a siempre de estas enso\u00f1aciones er\u00f3ticas: atribuye el empuje de las tropas francesas al genio de Napole\u00f3n y a la \u201cidea\u201d en \u00e9l encarnada y no precisamente a <em>los caballos<\/em> \u2013y los ca\u00f1ones- que le fueron abriendo camino por Europa. Como regla general, cabe decir que si algo ha hecho da\u00f1o a las Razones y a las Ideas son los medios que se han utilizado para introducirlas en el mundo. O mejor dicho: si algo ha hecho da\u00f1o a las Razones y las Ideas es que est\u00e1n obligadas a montar a caballo en un mundo en el que los caballos, en su actualidad plena, generan siempre la ilusi\u00f3n de una superioridad moral y racional. La victoria se autojustifica, la derrota se autoculpabiliza; y cada vez que la izquierda ha reparado en el fraude de este automatismo ha acabado por introducir sencillamente <em>la sospecha<\/em> , proyectada sobre las Ideas o sobre los Medios, sin analizar de verdad la relaci\u00f3n entre los unos y las otras. La historia de las plenitudes <em>no ha dado tiempo<\/em> a una verdadera historia de las ideas en la que estuviese en discusi\u00f3n, no la verdad o falsedad de los caballos, sino la racionalidad y moralidad de los jinetes.<\/p>\n<p><st1:personname productid=\"la Historia\" w:st=\"on\">La Historia<\/st1:personname> nos aparece siempre demasiado llena, demasiado plena para teorizar sobre ella. Aceptando o rechazando sin matices su plenitud, no hemos acertado siquiera \u2013salvo excepciones- a imaginarla bien. Un progreso, un proceso, un devenir, un retorno, nos hemos representado siempre <st1:personname productid=\"la Historia\" w:st=\"on\">la Historia<\/st1:personname> como \u201csucesi\u00f3n\u201d cuando quiz\u00e1s hay que concebirla m\u00e1s bien como \u201csimultaneidad\u201d: como un caj\u00f3n o un front\u00f3n en el que algunas pelotas rebotan sin parar entre cuatro paredes y en el que, por tanto, algunos futuros vienen del pasado y algunos pasados vienen del futuro y en el que pasado y futuro rebotan sin cesar <em>en todas direcciones<\/em> . Sobre la l\u00ednea ascendente de la evoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, tres ideas y cuatro acontecimientos se mezclan y se cruzan una y otra vez en esta cancha cerrada: todo vuelve sin repetirse, todo es nuevo por segunda vez. Entre el imperio romano y el imperio estadounidense no se puede trazar ninguna l\u00ednea continua, pero s\u00ed podemos puntear una quebrada de lugares comunes; ning\u00fan itinerario recto une Espartaco al comandante Marcos, pero s\u00ed una serie de posadas compartidas en el camino. Las tradiciones no son l\u00edneas sino intersecciones. Y lo que hemos aprendido \u2013lo que recogemos de esa otra historia nunca plena, la de las ideas- tiene que esperar un <em>rebote<\/em> , en el peloteo de las plenitudes, para imprimir nuevas trayectorias y nuevos lances. El <em>kairos<\/em> de una idea buena, de una idea justa, es siempre un caballo desbocado.<\/p>\n<p>Las oportunidades hist\u00f3ricamente perdidas a\u00fan se pueden pensar; y a trav\u00e9s del pensamiento vuelven a entrar en la historia, o pueden volver a entrar en ella <em>en un rebote<\/em> . Eso es \u2013creo- materialismo. Eso es lo contrario de ese hegelianismo banal, de derechas y de izquierdas, que concibe <st1:personname productid=\"la Historia\" w:st=\"on\">la  Historia<\/st1:personname> como una operaci\u00f3n tarde o temprano justiciera de reciclaje y desperdicio. A Manuel Sacrist\u00e1n, cuyo pensamiento es uno de los ejes de este libro, le irritaba mucho esa idea de los \u201cvertederos\u201d de la historia, y as\u00ed lo expresaba en una \u00e1spera cita recogida por Salvador L\u00f3pez Arnal:<\/p>\n<p>\u201c<em>As\u00ed pues, empec\u00e9 a intentar entender lo que hab\u00eda quedado liquidado en la cuneta por la marcha hist\u00f3rica, como reacci\u00f3n a la bestial y siniestra idea \u00e9sa de los vertederos de la historia que se mantiene en la tradici\u00f3n del grueso del movimiento obrero, como si lo que ha quedado en las cunetas fuera basura, siendo as\u00ed que est\u00e1 claro que basura, en cierta medida, lo somos todos y, en cierto, sentido, nadie, por lo menos dentro de los grupos dominados\u201d.<\/em><\/p>\n<p>La divisoria entre vencedores y vencidos fue definitivamente trazada en 1989 \u2013o as\u00ed lo parec\u00eda- tras la derrota de <st1:personname productid=\"la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica\" w:st=\"on\">la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica<\/st1:personname> en <st1:personname productid=\"la Guerra Fr\u00eda.\" w:st=\"on\">la Guerra Fr\u00eda.<\/st1:personname> Todo el comunismo, de pronto, era chatarra; todo el \u201cdep\u00f3sito de la tradici\u00f3n\u201d se pudr\u00eda con verg\u00fcenza en los vertederos mientras sus \u201creceptores\u201d hu\u00edan, ped\u00edan perd\u00f3n o se aupaban a la carrera sobre los caballos victoriosos. Pero si lo que quedaba a las espaldas era un paisaje en ruinas, lo que se presentaba ante los ojos de los \u201creceptores\u201d impenitentes era \u2013como escrib\u00ed en 1990- \u201ctodo el enemigo por delante\u201d. \u00bfQu\u00e9 hacer? A la izquierda marxista se le ofrec\u00eda la oportunidad al menos de volver la cabeza y examinar las ruinas sin contrici\u00f3n, en un per\u00edodo de derrota hist\u00f3rica en el que los errores de la tradici\u00f3n se hab\u00edan vuelto tan inoperantes como sus aciertos y, si no pod\u00edan hacer ya ning\u00fan da\u00f1o, pod\u00edan proporcionar, en cambio, un criterio gnoseol\u00f3gico de discriminaci\u00f3n retrospectiva. Revisar un \u201cdep\u00f3sito\u201d que ya no corr\u00eda el peligro de servir a las \u201cclases dominantes\u201d era, y sigue siendo, la oportunidad hist\u00f3rica de los que han perdido todas las oportunidades hist\u00f3ricas en los \u00faltimos cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hay vencedores y vencidos, es verdad, pero tambi\u00e9n en las cunetas reconocemos castas, clases, jerarqu\u00edas, voces truncadas, silenciadas o reprimidas. Perdedores dominantes y perdedores dominados; derrotados victoriosos y derrotados derrotados. Si hay que explorar \u2013lejos de los reciclajes hegem\u00f3nicos- los basureros del capitalismo, porque constituyen su reverso potencialmente luminoso, hay que explorarlos con la conciencia de que esos basureros contienen su propia historia y, por as\u00ed decirlo, su propia lucha de clases. Salvador L\u00f3pez Arnal recuerda la invitaci\u00f3n constante de Manuel Sacrist\u00e1n a \u201cmirar tambi\u00e9n los paisajes de la historia del movimiento obrero y comunista desde el punto de vista de los no vencedores, desde la perspectiva silenciada de los marginados entre los propios vencidos, desde la mirada de los que hab\u00edan sido derrotados en el mismo \u00e1mbito sociopol\u00edtico de los socialmente perdedores\u201d. <st1:personname productid=\"la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica\" w:st=\"on\">La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica<\/st1:personname> tuvo sus propias cunetas y tambi\u00e9n pretendi\u00f3 que era la plenitud de su galope la que repart\u00eda espont\u00e1neamente \u201cjusticia hist\u00f3rica\u201d, dejando caer a su paso, en los vertederos del socialismo, todo lo que no merec\u00eda sobrevivir. De la misma manera, el \u201cdep\u00f3sito de la tradici\u00f3n\u201d, bulliciosamente pugnaz bajo la ilusi\u00f3n de una inmanencia justiciera, ha sido tan implacable como el mercado a la hora de seleccionar las corrientes, las interpretaciones, los autores, los l\u00edmites de la \u201cortodoxia\u201d marxista.<\/p>\n<p>El libro de Salvador L\u00f3pez Arnal, cuyo expresivo t\u00edtulo (<em>La destrucci\u00f3n de una esperanza<\/em>) reivindica ya la idea de que \u201cotro comunismo es posible\u201d, se ocupa de una de estas derrotas hist\u00f3ricas que se produjeron dentro del \u201c\u00e1mbito de los socialmente perdedores\u201d: <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la Primavera<\/st1:personname> de Praga, el experimento de \u201csocialismo democr\u00e1tico\u201d de Dubcek y sus compa\u00f1eros en <st1:personname productid=\"la Checoslovaquia\" w:st=\"on\">la Checoslovaquia<\/st1:personname> de 1968, abortado en agosto de ese mismo a\u00f1o por los tanques sovi\u00e9ticos. Lo hace, adem\u00e1s, a trav\u00e9s de una voz que, dentro del \u201cdep\u00f3sito de la tradici\u00f3n\u201d, ha sido mucho menos escuchada de lo que merece: la de Manuel Sacrist\u00e1n, el te\u00f3rico comunista m\u00e1s influyente de su generaci\u00f3n, el \u00fanico que en Espa\u00f1a puede rivalizar con los grandes pensadores marxistas del siglo XX (Gramsci o Luk\u00e1cs), el m\u00e1s contempor\u00e1neo de todos ellos y, sin embargo, el que con m\u00e1s retraso se est\u00e1 incorporando \u2013con todo lo que lo necesitamos- al arsenal vivo de los recursos te\u00f3ricos y pol\u00edticos de la nueva izquierda marxista en proceso de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Digamos que Salvador L\u00f3pez Arnal nos cuenta tres historias:<\/p>\n<p>La primera es realmente una historia, la de la gestaci\u00f3n, materializaci\u00f3n y derrota de <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la Primavera<\/st1:personname> de Praga en esos pocos meses de un a\u00f1o magn\u00e9tico del pasado siglo. Ahora que la tentativa de Dubcek y sus compa\u00f1eros no puede utilizarse contra los sovi\u00e9ticos, ahora que el \u00fanico 68 que se recuerda \u2013o se recicla- es el parisino de \u201cla imaginaci\u00f3n al poder\u201d, es particularmente \u00fatil reconstruir con serenidad, rigor y erudici\u00f3n, como lo hace L\u00f3pez Arnal, un episodio central, poco explorado, a\u00fan no agotado, de la historia del comunismo; de la historia, es decir, de esa otra humanidad posible que est\u00e1 siempre, al mismo tiempo, detr\u00e1s y delante de nosotros. L\u00f3pez Arnal reconstruye este episodio, digo, con serenidad y rigor, pero no como si fuera sencillamente una antigualla para estudiosos; la narraci\u00f3n misma, con su cronograma preciso y su fiel descripci\u00f3n del medio hist\u00f3rico, est\u00e1 dirigida a despertar en el lector la conciencia de su propio presente, y la emoci\u00f3n inc\u00f3moda de las tareas inconclusas, de los apremios decisivos. Pocos dudar\u00e1n hoy, a la luz del dilema de Benjamin, que el estalinismo fue, y sigue siendo, mucho m\u00e1s funcional a los intereses de las clases dominantes de Occidente que \u201cel socialismo con rostro humano\u201d del Partido Comunista Checo, y lo fue, y lo sigue siendo, porque el estalinismo era una mala idea, una idea injusta, una idea <em>con muchos caballos<\/em>. <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">La  Primavera<\/st1:personname> de Praga, por el contrario, \u00bffue una buena idea, una idea justa, que no encontr\u00f3 su <em>kairos<\/em>? \u00bfUn futuro precoz que deb\u00eda sucumbir a <st1:personname productid=\"la Guerra Fr\u00eda\" w:st=\"on\">la Guerra Fr\u00eda<\/st1:personname>? \u00bfHab\u00eda que defender eso <em>entonces<\/em>? \u00bfHay que defender eso <em>siempre<\/em>?<\/p>\n<p>La segunda historia, en apariencia muy acad\u00e9mica, es la de la \u201crecepci\u00f3n\u201d en los medios comunistas europeos de la experiencia de Praga y de la posterior invasi\u00f3n sovi\u00e9tica, y particularmente \u2013como bien expresa el subt\u00edtulo del libro- en el pensamiento y la obra de Manuel Sacrist\u00e1n. Desde el primer momento y hasta su muerte en 1985, Sacrist\u00e1n respondi\u00f3 afirmativamente, sin vacilaciones, a veces de mal humor, a la pregunta sobre la conveniencia, oportunidad o funcionalidad del experimento checoslovaco: hab\u00eda que defenderlo <em>siempre<\/em>. Con la paciencia y rigor a la que nos tiene acostumbrados a sus lectores, Salvador L\u00f3pez Arnal rastrea todas las huellas que dej\u00f3 <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la  Primavera<\/st1:personname> de Praga en la obra de Sacrist\u00e1n, demor\u00e1ndose muy especialmente en el concienzudo an\u00e1lisis de una largu\u00edsima, densa, poderosa entrevista que el fil\u00f3sofo public\u00f3 en 1969 en <em>Cuadernos para el di\u00e1logo<\/em>, la revista inspirada por el democristiano Joaqu\u00edn Ruiz-Gim\u00e9nez; una entrevista felizmente reproducida, en su versi\u00f3n \u00edntegra, en el ap\u00e9ndice del libro y que concluye con esta tajante afirmaci\u00f3n: \u201cLo m\u00e1s interesante del caso checoslovaco no es su concreci\u00f3n interna, aqu\u00ed discutida, sino su mero ser, <em>el que se produjera<\/em>, planteando en la pr\u00e1ctica la situaci\u00f3n cr\u00edtica. (\u2026) La experiencia checoslovaca, de haberse realizado, habr\u00eda sido por lo menos ciencia social en acto\u201d.<\/p>\n<p>Pero la m\u00e1s importante es, a mi juicio, la tercera historia, que es m\u00e1s bien un engarce, una vibraci\u00f3n, un bastidor casi invisible: precisamente el <em>kairos<\/em> de resucitar y articular <em>en estos momentos<\/em> las otras dos. Salvador L\u00f3pez Arnal no es s\u00f3lo uno de los m\u00e1s autorizados conocedores de la obra de Sacrist\u00e1n, no s\u00f3lo lleva a\u00f1os dedicado a recuperar y difundir su pensamiento, no s\u00f3lo se deja guiar por sus iluminaciones, sino que adem\u00e1s prolonga su vida \u2013como Sacrist\u00e1n prolong\u00f3 otras- con su incansable actividad de pensador militante; es decir, pensando siempre con los dos pies en el mundo, atento sin cesar a la advertencia de Walter Benjamin. Todo el que siga su fecund\u00edsima producci\u00f3n (a trav\u00e9s, por ejemplo, de <em>El Viejo Topo<\/em>, el colectivo <em>Espai Marx<\/em> o la p\u00e1gina de <em>Rebeli\u00f3n<\/em>) sabe de su honestidad intelectual y de su compromiso cotidiano. Salvador L\u00f3pez Arnal jam\u00e1s hace, jam\u00e1s ha hecho, ninguna concesi\u00f3n pragm\u00e1tica a la ret\u00f3rica o la demagogia y ha conseguido, sin embargo, que su erudici\u00f3n y rigor, puntillosamente acad\u00e9micos tantas veces, jam\u00e1s sean neutrales, ni siquiera desde el punto de vista emocional. Por eso, <em>La destrucci\u00f3n de una esperanza<\/em>, libro ce\u00f1ido a las m\u00e1s altas exigencias de la investigaci\u00f3n, es al mismo tiempo, o sobre todo, la intervenci\u00f3n de un comunista ilustrado y republicano en un debate crucial para el destino de las izquierdas en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas. Lo m\u00e1s emocionante del mundo es el sexo, la m\u00fasica, el deporte. No. Lo m\u00e1s emocionante del mundo es conocer. No. Lo m\u00e1s emocionante del mundo es conocer con otros y para otros, para voltear el mundo com\u00fan. Por eso, leer a Salvador L\u00f3pez Arnal es siempre dos veces emocionante.<\/p>\n<p>En este caso, <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la Primavera<\/st1:personname> de Praga y Manuel Sacrist\u00e1n sirven a L\u00f3pez Arnal para sacar de ese nudo todo el repertorio pol\u00edtico y conceptual en cuyo esclarecimiento nos jugamos nuestra vida mental; es decir, la posibilidad de construir un conocimiento que no s\u00f3lo no sirva a los intereses de las clases dominantes sino que los combata y debilite. Contra la nefasta tradici\u00f3n estalinista, pero tambi\u00e9n contra esa otra tradici\u00f3n replicante de <em>la pura sospecha<\/em> \u2013que algunas veces he llamado \u201cl\u00edquida\u201d, lubricante involuntario del aceler\u00f3n capitalista-, Salvador L\u00f3pez Arnal sabe escoger muy bien los temas decisivos del marxismo contempor\u00e1neo. Manuel Sacrist\u00e1n los adelant\u00f3 todos, se adelant\u00f3 con todos, y vuelven ahora \u2013pared contra pared- en un <em>rebote<\/em> hist\u00f3rico muy concreto: la combinaci\u00f3n de crisis capitalista, reto\u00f1o imperialista y compleja diversidad emancipatoria, junto al desplazamiento de las luchas de liberaci\u00f3n \u2013con algunas victorias izquierdistas- desde Europa a Latinoam\u00e9rica. En estas circunstancias, es fundamental recuperar la sensatez epistemol\u00f3gica de Sacrist\u00e1n (que L\u00f3pez Arnal hace suya) a la hora de abordar las cinco cuestiones axiales del debate te\u00f3rico-pol\u00edtico de la izquierda global: la cuesti\u00f3n de los nuevos sujetos pol\u00edticos y la autonom\u00eda articulada de las luchas, la cuesti\u00f3n antropol\u00f3gica del \u201chombre nuevo\u201d, la cuesti\u00f3n de la democracia y el derecho, la cuesti\u00f3n de la ciencia y la tecnolog\u00eda y la cuesti\u00f3n central de la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica (la comprensi\u00f3n de \u201clas fuerzas productivas como fuerzas tambi\u00e9n destructivas\u201d). El socialismo del siglo XXI se decide en torno a estas cuestiones y a su clarificaci\u00f3n <em>en las cabezas<\/em>. Los que llaman a la acci\u00f3n olvidan que acci\u00f3n es lo que sobra en un mundo en el que incluso \u201cel conocimiento es una fuerza productiva\u201d (en manos ahora del enemigo) y que, por tanto, el m\u00e1ximo de actividad reside en el presente en el hecho mismo de <em>pensar bien<\/em>. Necesitamos medios de transporte, s\u00ed, pero no hay nada m\u00e1s peligroso que <em>un error a caballo<\/em>, sobre todo cuando los caballos de la \u00e9poca son tan poderosos y objetivamente inmanejables \u2013y potencialmente destructivos- que aqu\u00ed un error puede ser tan peligroso y devastador como un ej\u00e9rcito imperial o una multinacional capitalista.<\/p>\n<p>Que el lector no se llame a enga\u00f1o, por tanto, a partir del subt\u00edtulo del libro. <em>La destrucci\u00f3n de una esperanza <\/em>no es un comentario de texto especializado sobre un autor muerto y un acontecimiento olvidado. Es todo lo contrario: en la mara\u00f1a de los <em>rebotes<\/em>, cuando el pasado empieza a volver desde el futuro bajo las formas m\u00e1s diversas, el libro de Salvador L\u00f3pez Arnal proporciona algo as\u00ed como un <em>kit <\/em>completo y riguroso de herramientas para abordar <em>lo que ya est\u00e1 viniendo <\/em>de la pared de enfrente: la elecci\u00f3n crucial, cada vez m\u00e1s inaplazable, entre el socialismo y la barbarie, entre la democracia y la tiran\u00eda, entre la raz\u00f3n y la destrucci\u00f3n o, m\u00e1s sencillamente, entre la vida y la muerte. No es seguro que los derrotados de los derrotados sean los pr\u00f3ximos vencedores \u2013sobre los vencedores realmente existentes-, pero s\u00ed lo es que toda posibilidad de supervivencia pasa por reintroducir entre las cuatro paredes de <st1:personname productid=\"la Historia\" w:st=\"on\">la Historia<\/st1:personname> ese \u201cdep\u00f3sito\u201d malversado, traicionado o despreciado, y con \u00e9l los nuevos \u201creceptores\u201d que deben cargarlo sobre sus lomos.<\/p>\n<p>De eso se trata en este libro: de c\u00f3mo ganar la pr\u00f3xima batalla.<\/p>\n<p><em>Salvador L\u00f3pez Arnal, \u00abLa destrucci\u00f3n de una esperanza. Manuel Sacrist\u00e1n y <st1:personname productid=\"la Primavera\" w:st=\"on\">la Primavera<\/st1:personname> de Praga: lecciones de una derrota\u00bb. <\/em><\/p>\n<p><em>Pr\u00f3logo de Santiago Alba Rico.<\/em><\/p>\n<p><em>Editorial Akal, Madrid, 2010. <\/em><\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\">Rebeli\u00f3n<\/a>-k argitaratua<em><br \/><\/em><\/h3>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo a \u00abLa destrucci\u00f3n de una esperanza. Manuel Sacristan y la Primavera de Praga: lecciones de una derrota\u201d, de Salvador L\u00f3pez Arnal \u00a0 \u201cPara el materialismo hist\u00f3rico se trata de retener una imagen del pasado tal como se presenta de improviso al sujeto hist\u00f3rico en el instante del peligro. 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