{"id":22690,"date":"2010-05-19T21:22:16","date_gmt":"2010-05-19T19:22:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/welcome\/"},"modified":"2010-05-19T21:22:16","modified_gmt":"2010-05-19T19:22:16","slug":"welcome","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/welcome\/","title":{"rendered":"Welcome"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p>  <!--more-->  <br \/><a title=\"I\u00f1aki Ega\u00f1a\" href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/memoria\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-20507\" alt=\"Memoria_bloga\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/Memoria_bloga.jpg\" height=\"180\" width=\"240\" \/><\/a> <\/p>\n<p>Con el permiso de Philippe Lioret, director de la pel\u00edcula del mismo nombre que titula este articulo, y sobre todo con el de Erich Scheurmann, que describi\u00f3 en \u201cLos papalagi\u201d la supuesta entrevista de un jefe de Samoa que lleg\u00f3 a Europa, me gustar\u00eda dar a conocer el siguiente texto que, hace dos meses, cay\u00f3 en mis manos a trav\u00e9s de una persona que prefiere guardar su anonimato. La descripci\u00f3n es tan desgarradora que he preferido no tocarla, apenas unas correcciones que supongo ya ven\u00edan tambi\u00e9n con el original. El texto es el siguiente:<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a estas tierras como por causalidad, aventado por unos vientos traicioneros que desviaron mi cayuco. Y tom\u00e9 tierra en un lugar que los hombres blancos llamaban El Abra, repleto de naves enormes con palos enhiestos, como los miembros de los j\u00f3venes en celo de nuestra tribu. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n que tanto mujeres como hombres llevaran unos taparrabos que les cubr\u00edan hasta el cuello. Fueron dos de ellos, precisamente, vestidos de rojo y con un gorro que les ocultaba sus cabellos cortos, los que se arrimaron hasta mi chalupa.<\/p>\n<p>Supuse que me agasajar\u00edan con frutas y collares de flores, como hubi\u00e9ramos hecho en nuestra isla con los forasteros desorientados. Pero no fue as\u00ed. De malas maneras me ataron las manos con unos grilletes y me introdujeron en un artilugio de metal, con barrotes en los huecos por donde entraba la luz, que parec\u00eda hecho m\u00e1s para guardar conejos que para dar la bienvenida a humanos. De repente, el artilugio se puso en movimiento, quiz\u00e1s por arte de magia, sin nadie que le empujara por detr\u00e1s y me encontr\u00e9 como si volara, pero sin mover ni alas ni piernas.<\/p>\n<p>Me llevaron a un lugar oscuro del que s\u00f3lo tuve oportunidad de ver un trapo rojo y amarillo y otro de fondo rojo con dos cruces, creo que verde y blanca, como si estuviesen al aire para secarse, por lo que supuse que hab\u00eda llovido torrencialmente. Me gusta la lluvia. Al rato me subieron a un cub\u00edculo en la que hab\u00eda una fotograf\u00eda de un papalagi muy extra\u00f1o, con una tela fina de colores colgando del cuello y unos cristales en la cara, como si no supiera que los adornos se llevan en las orejas.<\/p>\n<p>Aparecieron varios amigos del primero con taparrabos de diversos colores, hablando y gesticulando en una lengua que no entend\u00eda. Me re\u00ed a carcajadas de sus gestos y, sin previo aviso, uno de ellos me peg\u00f3 con su pie que envuelto en una piel negra, como de rata. Brot\u00f3 sangre de mi boca. Otro me estir\u00f3 de los pelos y un tercero se puso como si fuera un gorrino antes de la matanza, chillaba y chillaba hasta que cre\u00ed que me reventar\u00edan los o\u00eddos. Me devolvieron al lugar oscuro y perd\u00ed la noci\u00f3n del d\u00eda y de la noche.<\/p>\n<p>Estuve en este trance mientras en varias ocasiones me daban un trozo de masa blanquecino con unos discos colorados y un vaso de agua. Cuando tuve ganas, hice mis necesidades en una esquina de mi habit\u00e1culo lo que me vali\u00f3, de nuevo, numerosos golpes con pies envueltos otra vez en pieles negras e, incluso, quemaduras con unos palos humeantes que se llevaban a la boca. Me duraron mucho las marcas, por lo que sufr\u00ed fuertes dolores de vientre aguantando las ganas cuando me llegaban. He padecido, por estas circunstancias, una grave dolencia de tripas durante meses.<\/p>\n<p>En ese cobertizo me pusieron pegado a una pared y me lanzaron con un artilugio unas luces en la cara. Como para quitar los malos esp\u00edritus. Luego me untaron los dedos con grasa de alg\u00fan cerdo salvaje y me los aplastaron contra un trozo fino de madera donde se qued\u00f3 pegada mi piel. Creo que pasaron varias noches y un d\u00eda sin luna me llevaron delante de un jefe al que todos hac\u00edan reverencias. No s\u00e9 por qu\u00e9. Vest\u00eda de manera harta rid\u00edcula, de negro con un gorro ancho y una t\u00fanica que le cubr\u00eda las piernas. Pudiera ser el jefe de la tribu. No lo s\u00e9.<\/p>\n<p>Cuando pensaba que me iban a devolver al inmundo agujero, me introdujeron de nuevo en ese artilugio propio para conejos y me trasladaron a lo que parec\u00eda el caparaz\u00f3n de un crust\u00e1ceo, una casa enorme llena de palos cruzados, rejas. Dentro del caparaz\u00f3n hab\u00eda caba\u00f1as min\u00fasculas que, en su conjunto, albergaban a m\u00e1s personas que en cualquier poblado samoano. Quise salir, pero pronto me di cuenta que era imposible. Me hab\u00edan encerrado en este monstruo de hormig\u00f3n como si fuera una fiera capturada para el sacrificio.<\/p>\n<p>El recinto, vigilado por hombres con una especie de lanzas con agujero en su extremo, estaba lleno de gentes de todos los colores y ausencia notoria de mujeres. Compart\u00eda mi choza con un hombre totalmente negro que, al contrario que durante el d\u00eda, de noche quedaba desnudo, como lo hac\u00edamos nosotros en nuestro pa\u00eds. Vestirse para luego desvestirse. En la choza ten\u00edamos un peque\u00f1o orificio, donde hac\u00edamos nuestras necesidades. La comida nos la daban en un gran sal\u00f3n, y la recog\u00edamos de cuencos.<\/p>\n<p>Todo sab\u00eda igual, ya fuera carne, pescado, lechuga o manzana. Un sabor ins\u00edpido y salado, como el de la piel de rata que d\u00e1bamos a comer a los puercos de nuestros establos.<\/p>\n<p>A los dos meses, gracias a que pude comprender algunas palabras de los muchos idiomas que se hablaban en el interior de la gran choza, supe que estaba encerrado en una especie de jaula, como la que llevaban en sus barcos los marinos occidentales que llegaban anta\u00f1o a nuestras islas. Que esa jaula estaba en un lugar que llamaban Basauri, cerca de un gran poblado in\u00fatil de imaginar por su tama\u00f1o, donde los hombres viv\u00edan api\u00f1ados como abejas en el panal y sonre\u00edan de estupidez.<\/p>\n<p>Supe tambi\u00e9n que la mayor\u00eda de mis compa\u00f1eros de jaula estaban recluidos por haber tomado papeles toscos y piezas de metal redondo y, tambi\u00e9n, por haber comerciado con polvos y hongos de los que hacen sentir felicidad los d\u00edas de tormenta. Y que otros, por apropiarse de anillos para los dedos, tambi\u00e9n estaban en la gran choza de Basauri. Otros hab\u00edan pegado a sus mujeres, alentados por hombres de negro que deb\u00edan ser los representantes de los malos esp\u00edritus ya que dec\u00edan que el amor era pecado, una extra\u00f1a palabra que debe de ser algo as\u00ed como lo contrario a cualquier encanto.<\/p>\n<p>Todos, en cambio, coincid\u00edan en se\u00f1alar que los que deber\u00edan estar en la choza gigante eran otros. En otros tantos meses llegu\u00e9 a conocer la locura de los hombres blancos en toda su intensidad. Por ejemplo, que usan y tiran multitud de cosas porque no saben que con bananas, conchas de mar y cocos es m\u00e1s que suficiente para que la vida transcurra pl\u00e1cidamente.<\/p>\n<p>Me contaron que la riqueza la distribu\u00edan entre unos pocos, que la tierra se pod\u00eda comprar y vender, que los alimentos tan falsos, a\u00fan y as\u00ed, eran distribuidos seg\u00fan los papeles toscos, que los representantes de la tribu no se eleg\u00edan entre todos los miembros del clan, sino entre los que decid\u00edan algunos de ellos, entre sus amigos. Que antes de nacer ya estaban predestinados algunos ni\u00f1os a ser los due\u00f1os del futuro de la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>Me contaron que los que ordenaban construir chozas, los que mandaban fabricar instrumentos, los due\u00f1os de los carros voladores y los que prestaban dinero, ten\u00edan un sencillo m\u00e9todo para acumular papeles toscos y anillos brillantes: el trabajo y el sudor lo sufr\u00edan otros y ellos, por organizarlo, se enriquec\u00edan como las ardillas que acumulan nueces en los huecos de sus \u00e1rboles secretos.<\/p>\n<p>Que dispon\u00edan de los que trabajaban la tierra, las palmeras y el hormig\u00f3n a su antojo. Y de sus familias. Y que esos \u00e1rboles secretos, a los que llamaban bancos, eran los due\u00f1os de las estrellas y de los eclipses.<\/p>\n<p>Y me dijeron algo que imagino sumir\u00eda en la m\u00e1s grande de las pesadillas a mis vecinos: que los papeles toscos, a los que llaman dinero, est\u00e1n por encima de la amistad. Y que por esos papeles coloreados se hacen guerras, se matan hermanos, se internan en chozas gigantes a los humanos, se prostituyen las hijas, se asocian enemigos irreconciliables\u2026 en fin se comenten las mayores fechor\u00edas imaginables. Y que la mayor\u00eda los adoran como nosotros hablamos con los esp\u00edritus de nuestros antepasados.<\/p>\n<p>Hoy, sigo en Basauri, a la espera de que alguien sepa explicarme por qu\u00e9 me tienen encerrado como a una fiera y por qu\u00e9 tantos estafadores, embusteros, farsantes y tramposos est\u00e1n en libertad, como las aves del cielo. No s\u00f3lo en libertad sino que sus nombres y sus retratos inundan toda la gran poblaci\u00f3n cercana a Basauri, como si fueran los m\u00e1s prestigiosos de la tribu.<\/p>\n<h3>Publicado por Nabarralde-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":20507,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[78],"tags":[],"class_list":["post-22690","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-egunekoa"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Welcome - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"me gustar\u00eda dar a conocer el siguiente texto que, hace dos meses, cay\u00f3 en mis manos a trav\u00e9s de una persona que prefiere guardar su anonimato\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/welcome\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Welcome - 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