{"id":22620,"date":"2010-05-05T08:39:40","date_gmt":"2010-05-05T06:39:40","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/no-me-he-ido-nunca\/"},"modified":"2010-05-05T08:39:40","modified_gmt":"2010-05-05T06:39:40","slug":"no-me-he-ido-nunca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/no-me-he-ido-nunca\/","title":{"rendered":"No me he ido nunca"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><a title=\"I\u00f1aki Ega\u00f1a\" href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/memoria\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-20507\" alt=\"Memoria_bloga\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/Memoria_bloga.jpg\" width=\"240\" height=\"180\" \/><\/a><\/p>\n<p>Me buscasteis durante a\u00f1os hasta que, con el  tiempo, el peso de la b\u00fasqueda se convirti\u00f3 en una losa molesta, sobre  todo desde que las cosas parecieron convertirse en inmutables. Tan  inmutables como la eternidad. El horizonte era una palabra tan dolorosa  que su menci\u00f3n estaba prohibida. Los colores surg\u00edan opacos, sin lugar  para el lustre, mientras la luz brillaba sin brillo. Nada era ajeno a la  falta.<\/p>\n<div id=\"more\">\n<p>Al principio, la angustia de  mi desaparici\u00f3n os oprim\u00eda el pecho, os dejaba las noches en vela, os  sobresaltaba de improviso, con un ruido en el tejado, un golpe en el  portal, un grito en la lejan\u00eda. Cualquier cosa se convert\u00eda en una  agon\u00eda insoportable. Los d\u00edas y las noches eran se\u00f1uelos de la nada,  esperanzas abortadas de una vida que no exist\u00eda.<\/p>\n<p>En silencio, hollasteis senderos, preguntasteis en cementerios e  intentasteis descifrar alguna nota inteligible en los diarios herm\u00e9ticos  de los hombres de ideolog\u00eda azul. Las letras, sin embargo, cegaban y no  eran sino juegos malabares de una gran farsa. Llorabais en la  oscuridad, ahogando el llanto a duras penas, para que el vecino no  percibiera tanta amargura, para que no fuera con el cuento a los tipos  de tricornio verde y la tragedia se extendiera a otros miembros de la  familia. Los fusiles a\u00fan humeaban.<\/p>\n<p>Hab\u00edais o\u00eddo de afortunados que escaparon a las matanzas, que ocultos  de d\u00eda y andarines por la noche, lograron sortear todo tipo de  obst\u00e1culos, hasta los m\u00e1s peregrinos. Patrullas que acechaban con sus  fusiles de acero, vig\u00edas con prism\u00e1ticos cargados de espanto y polic\u00edas,  muchos polic\u00edas, en cualquier e insignificante cruce de caminos.  Rumores casi imperceptibles apuntaban a que llegaron hasta la muga, y  con la complicidad de la luna nueva, franquearon una demarcaci\u00f3n  geogr\u00e1fica invisible, como aquel principito que saltaba de asteroide en  asteroide.<\/p>\n<p>De otros, en cambio, sus ecos resonaban en lo m\u00e1s  intrincado de la noche, su aflicci\u00f3n repicaba como campana de \u00e1ngelus.  Encerrados en mazmorras, purgaban entre rejas, parad\u00f3jicamente, sus  ganas de vivir, su apuesta por un mundo m\u00e1s justo, su alegr\u00eda  desbordante por desplazar tiranos, su juventud. Los escond\u00edan a cientos  de kil\u00f3metros del hogar y, a pesar, los susurros de sus voces distantes  serpenteaban entre los rescoldos de nuestros fogones, record\u00e1ndonos su  proximidad como una fiebre que abrasaba.<\/p>\n<p>Esperasteis con  impaciencia cualquier signo que pudiera abrir la puerta a la esperanza.  Unas notas que llegaran volando con las aves de la primavera, unas  letras que cayeran con las hojas oto\u00f1ales del abedul del parque. En  vano. El buz\u00f3n siempre estaba vac\u00edo, el polvo se amontonaba en su peana,  mientras las hojas del parque se acumulaban unas sobre otras, a\u00f1o tras  a\u00f1o, sin dar m\u00e1s se\u00f1ales que las de los colores ocres de la hojarasca  marchita. Ni del presidio, ni del exilio lleg\u00f3 confidencia. Jam\u00e1s.<\/p>\n<p>De  vez en cuando, la noticia en el parte radiof\u00f3nico de una escaramuza,  eufemismo de las m\u00e1s variopintas salvajadas cometidas por los canallas  acuartelados, romp\u00eda vuestra monoton\u00eda de manera brutal. El coraz\u00f3n se  agitaba de nuevo desbocado, el est\u00f3mago se oprim\u00eda y la piel se  humedec\u00eda de un sudor helado. El temor volv\u00eda, se revolv\u00eda m\u00e1s bien en  la profundidad del abismo. Con una cadencia calculada, el parte  informativo vomitaba, unos d\u00edas despu\u00e9s, nombres, se\u00f1as, alias&#8230;  certezas aparentes que alejaban la inquietud. Aunque s\u00f3lo por un tiempo.<\/p>\n<p>As\u00ed,  entre el desasosiego y la calcificaci\u00f3n de la pesadilla, las evidencias  afloraron y la esperanza se marchit\u00f3. Hac\u00eda tiempo que nada era como  antes. Aquello que otros celebraban, para vosotros no ten\u00eda importancia,  era secundario. Ni siquiera bautizos, bodas o fiestas lograban apartar  la inmensa amargura. Descubristeis, con pesar, que no existe la  ingenuidad. Que todos somos culpables y pocos los inocentes.<br \/>Todos  sab\u00edan de vuestra pesadumbre. Todos y nadie. Os catalogaron y entre unos  y otros os lanzaron a la plaza de los apestados, leprosos en un  escenario sin lepra, agotes en un circo de risas insufribles. Vuestros  hijos y sus hijos quedaron sellados con el estigma del color rojo en el  apellido, como el esclavo que marcaban a fuego en su mejilla, como  ovejas sacrificadas.<\/p>\n<p>Hasta que un d\u00eda, a trav\u00e9s de un eco casi imperceptible, os lleg\u00f3 una  bocanada de aire sincero. Apenas se percib\u00eda y si alguien lo hubiera  podido enlatar seguro que hubiera entrado en una caja de cerillas. Era  como un susurro de fondo, un cuchicheo entre dos, tres&#8230; muchos amigos  que aguantaban la voz para no delatarse. Y de la misma manera que os  hab\u00eda sobresaltado el viento fugaz, la melod\u00eda os result\u00f3 familiar. Os  intimid\u00f3.<\/p>\n<p>El rumor se convirti\u00f3 en fragor y entonces ya no  tuvisteis duda alguna. Aquello ten\u00eda fundamento, no hab\u00eda cajas capaces  de aprehenderlo. Ni eran las pesadillas anteriores, tampoco los sue\u00f1os a  los que hab\u00edais accedido desde el crecer de los hijos. Era el eco de la  trinchera, el chasquido particular de la maleza aplastada por el paso  acompasado del compromiso. Era el olor inconfundible de la lucha.<\/p>\n<p>Fue  cuando, como un cicl\u00f3n, retornaron las tonos pulidos de tantas  sensaciones olvidadas. El desasosiego se difuminaba. Al galope, como  hubiera descrito Rafael Alberti. \u00bfZer duzu, ama?, preguntaba Eustakio  Mendizabal, Txikia, en una poes\u00eda que escribi\u00f3 y nunca vio editada. No  era zozobra lo que le aflig\u00eda, madre, sino el ansia por cambiar tantas  cosas porque el tiempo apremiaba.<\/p>\n<p>Entonces fue cuando tuvisteis  la certidumbre de que no me hab\u00eda ido nunca, de que estaba entre  vosotros, peleando hombro con hombro, haciendo grande aquella carta de  Jos\u00e9 Luis Arenillas, antes de ser fusilado contra las tapias del  cementerio de Derio: \u00abConf\u00edo en que nos sobreviv\u00e1is y pod\u00e1is hacer con  redoblado esfuerzo, lo que juntos hubi\u00e9ramos deseado realizar. Nuestra  causa que es la causa de la humanidad emancipada\u00bb.<\/p>\n<p>Y era cierto,  nunca me hab\u00eda ido. Segu\u00eda entre vosotros, tomando aliento, desbrozando  el camino a los j\u00f3venes, como hubiera escrito Isaac Puente, apartando  la mala hierba de esos campos que se antojaban agresivamente verdes,  como la esperanza. Restableciendo la dignidad del frente, en esta  interminable pero hermosa tarea de restaurar la igualdad con la que  todas y todos vinimos al mundo, la justicia de los que nunca debieron  ser condenados en la tierra.<\/p>\n<p>All\u00ed estabais, ah\u00ed est\u00e1bamos, en el  tablado de siempre, en la lucha por un mundo mejor, la misma que me  negaron y nos negaron unos mercenarios al servicio de imperios,  banqueros y obispos. Bandidos que creyeron que, mat\u00e1ndonos,  arrincon\u00e1ndonos, y ocult\u00e1ndonos en las cunetas de nuestros viejos  caminos, en fosas innombrables, atrancaban la persiana al porvenir. Se  equivocaron y se equivocar\u00e1n porque tenemos tiempo, mimbres y, sobre  todo, convicci\u00f3n. Una gran convicci\u00f3n que nos mantendr\u00e1 en la brecha  hasta el fin del mundo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"Izaro News\" href=\"http:\/\/www.izaronews.info\">Izaro News<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me buscasteis durante a\u00f1os hasta que, con el tiempo, el peso de la b\u00fasqueda se convirti\u00f3 en una losa molesta, sobre todo desde que las cosas parecieron convertirse en inmutables. Tan inmutables como la eternidad. El horizonte era una palabra tan dolorosa que su menci\u00f3n estaba prohibida. 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