{"id":22441,"date":"2010-04-07T09:20:44","date_gmt":"2010-04-07T07:20:44","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-noche-que-empezo-la-guerra-fria\/"},"modified":"2010-04-07T09:20:44","modified_gmt":"2010-04-07T07:20:44","slug":"la-noche-que-empezo-la-guerra-fria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-noche-que-empezo-la-guerra-fria\/","title":{"rendered":"La noche que empez\u00f3 la Guerra Fr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Anna Ajm\u00e1tova crey\u00f3 hasta el d\u00eda de su muerte que la Guerra Fr\u00eda hab\u00eda  empezado por su culpa, la noche del 25 de noviembre de 1945. Para  Stalin, Ajm\u00e1tova era una excrecencia del pasado prerrevolucionario,  mitad monja, mitad puta en celo, y desde 1921 le ten\u00edan prohibido  publicar sus poemas. Pero los soldados rusos se los sab\u00edan igual de  memoria. Por esa raz\u00f3n, en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de la guerra, baj\u00f3  desde el Soviet Supremo la orden de que Ajm\u00e1tova recitara sus poemas por  radio para levantar la moral de la naci\u00f3n. La guerra se gan\u00f3, los  intelectuales evacuados de Leningrado volvieron a la ciudad en ruinas y,  en noviembre de 1945, lleg\u00f3 a la URSS una comisi\u00f3n cultural brit\u00e1nica  cuyo velado prop\u00f3sito era sondear la actitud sovi\u00e9tica respecto de sus  aliados, con la guerra terminada. Entre los miembros de esa comisi\u00f3n  hab\u00eda un joven profesor de Oxford, hijo de jud\u00edos rusos expatriados, que  ya hab\u00eda cumplido funciones de inteligencia durante la guerra en la  embajada brit\u00e1nica en Washington. Su nombre era Isaiah Berlin y el  propio Churchill lo hab\u00eda elegido por su conocimiento de la lengua y la  mentalidad rusas, as\u00ed como de los intereses geopol\u00edticos ingleses. <\/p>\n<p>Berlin pisaba por primera vez las calles de Petersburgo desde que hab\u00eda  huido con sus padres de los bolcheviques, cuando ten\u00eda once a\u00f1os. Sus  ojos y su coraz\u00f3n no daban abasto. No le importaban las ruinas; caminaba  por las calles oyendo a la gente hablar en ruso a su alrededor y estaba  en \u00e9xtasis. En el primer momento libre que tuvo se sumergi\u00f3 en una  librer\u00eda de la Perspectiva Nevski donde supo, para su asombro, que la  m\u00edtica Anna Ajm\u00e1tova no s\u00f3lo segu\u00eda con vida y resid\u00eda en la ciudad sino  que adem\u00e1s estar\u00eda dispuesta a recibir su visita. Acompa\u00f1ado por el  cr\u00edtico Orlov, Berlin lleg\u00f3 esa tarde a la habitaci\u00f3n oscura, sin agua y  sin calefacci\u00f3n donde viv\u00eda Ajm\u00e1tova, en el tercer piso del Palacio de  la Fontannka que hab\u00eda pertenecido a la poderosa familia Sheremetiev. No  hab\u00eda alfombras ni cortinas; s\u00f3lo una mesa con dos sillas que no hac\u00edan  juego, un ba\u00fal y un div\u00e1n donde lo esperaba sentada la poeta, cubierta  con un chal negro, como una reina tr\u00e1gica. Un \u00fanico cuadro colgaba de  las paredes desnudas: un retrato a l\u00e1piz que le hab\u00eda hecho Modigliani  cuando ambos fueron amantes, en Par\u00eds, en 1911. <\/p>\n<p>Berlin era el primer occidental que Ajm\u00e1tova ve\u00eda en veinticinco a\u00f1os.  Adem\u00e1s pod\u00eda hablar con \u00e9l en ruso, y adem\u00e1s pudo por fin enterarse a  trav\u00e9s de \u00e9l del destino de todos aquellos amigos exiliados en Londres y  Par\u00eds a partir de 1917. En esos veinticinco a\u00f1os, Ajm\u00e1tova hab\u00eda  aprendido a soportarlo todo: la tuberculosis, la indigencia, el  fusilamiento de su primer marido, el tifus, la deportaci\u00f3n de su segundo  marido y de su \u00fanico hijo, la deshonra p\u00fablica, el hambre, la sucesiva  inmolaci\u00f3n de casi todos sus amigos poetas (desde Blok y Maiacovski  hasta Mandelstam y Tsvet\u00e1ieva), que la hab\u00eda llevado a escribir los  famosos versos \u201cfue la \u00e9poca en que s\u00f3lo los muertos pod\u00edan sonre\u00edr,  felices de descansar al fin\u201d. A esa altura de su vida, despu\u00e9s de haber  sido el amor prohibido de todos los rusos, se hab\u00eda convertido en la  esposa y madre sufriente de todos ellos. El casto Berlin (que m\u00e1s tarde  confesar\u00eda que segu\u00eda siendo virgen por entonces) le dio la oportunidad  de volver a ser, por una noche al menos, simplemente una mujer, y ella  le abri\u00f3 su coraz\u00f3n. Le cont\u00f3 cada detalle de su vida, le habl\u00f3 de sus  amores y sus muertos, le recit\u00f3 los poemas de R\u00e9quiem y le confes\u00f3 que,  luego de hacerlos memorizar a siete personas de su m\u00e1xima confianza,  proced\u00eda a quemar los papeles donde los hab\u00eda escrito. Ning\u00fan ruso cree  hasta el d\u00eda de hoy que se pasaran toda la noche sentados en sillas  enfrentadas, como relat\u00f3 Berlin m\u00e1s tarde. S\u00ed le creen, en cambio, que  cuando se levant\u00f3 para irse ya era de d\u00eda y que volvi\u00f3 caminando hasta  el hotel en trance, sin reparar en la llovizna que le calaba los huesos,  sin reparar en que acababa de iniciarse la Guerra Fr\u00eda en el mundo. <\/p>\n<p>Porque he aqu\u00ed que, la tarde anterior, Randolph Churchill, el hijo de  Winston, que formaba parte de la comitiva brit\u00e1nica y hab\u00eda sido  compa\u00f1ero de Berlin en Oxford, necesit\u00f3 alguien confiable que lo ayudara  a comprar caviar en Leningrado, y no tuvo mejor idea que hacerse llevar  hasta el deteriorado Palacio de la Fontannka, donde se puso a llamar a  gritos a Berlin desde la calle. Este baj\u00f3 a toda velocidad, se lo llev\u00f3  consigo, volvi\u00f3 cautelosamente a lo de Ajm\u00e1tova con la ca\u00edda de la noche  y permaneci\u00f3 all\u00ed hasta la ma\u00f1ana siguiente. Pero para entonces ya se  hab\u00eda puesto en movimiento la omn\u00edmoda maquinaria de delaci\u00f3n sovi\u00e9tica  que har\u00eda llegar a o\u00eddos de Stalin que Winston Churchill hab\u00eda enviado a  su propio hijo en una operaci\u00f3n de espionaje para llevarse a Ajm\u00e1tova a  Occidente. Para entonces Berlin y Churchill ya hab\u00edan partido de la  URSS, de manera que no fueron ni arrestados ni expulsados. Las  consecuencias las sufrieron los dem\u00e1s: Berlin hab\u00eda logrado ver en  Leningrado a su t\u00edo Leo, un hermano de su padre que no hab\u00eda querido  irse de la URSS y era titular de c\u00e1tedra en la Facultad de Medicina. En  los d\u00edas siguientes a la partida de su sobrino, fue acusado de entregar  a extranjeros informaci\u00f3n sobre la salud de Stalin, obligado bajo  tortura a reconocer su culpabilidad y enviado a prisi\u00f3n (con la muerte  de Stalin ser\u00eda liberado, pero a los pocos d\u00edas de volver a Leningrado,  a\u00fan d\u00e9bil y sin trabajo, se cruz\u00f3 con uno de sus torturadores y muri\u00f3 de  un s\u00edncope en plena calle). <\/p>\n<p>Para Ajm\u00e1tova, las cosas no fueron mejores. Su hijo Lev, que despu\u00e9s de  pasar diez a\u00f1os en los gulag y otros tres combatiendo a los nazis gozaba  de sus primeros meses de libertad, fue otra vez deportado a Siberia, y  la propia Ajm\u00e1tova fue p\u00fablicamente crucificada por el comisario  cultural Zdhanov, cosa que le hizo perder la magra pensi\u00f3n que cobraba y  la habitaci\u00f3n en el Fontannka. Hasta la muerte de Stalin en 1953,  Ajm\u00e1tova pidi\u00f3 en vano por su hijo y vivi\u00f3 de la caridad de los pocos  amigos que se atrev\u00edan a cuidarla. El deshielo de Kruschev traer\u00eda la  tard\u00eda liberaci\u00f3n de Lev y un igualmente tard\u00edo reconocimiento para  ella: se la autoriz\u00f3 a publicar, se le concedi\u00f3 una peque\u00f1a dacha en  Komanovo, se le permiti\u00f3 viajar a Oxford y a Roma a recibir premios. En  Roma recit\u00f3 famosamente su Poema sin H\u00e9roe, donde dice de Berlin: \u201cNo  ser\u00e1 mi esposo ni mi amante \/ pero juntos haremos algo \/ que trastrocar\u00e1  el siglo veinte\u201d. En Oxford, acept\u00f3 que \u00e9l la agasajara con un banquete  en la mansi\u00f3n de su esposa millonaria, sin dirigirle la palabra a la  anfitriona en toda la velada. Y al d\u00eda siguiente, en la universidad,  cuando lleg\u00f3 al momento culminante de su extraordinario R\u00e9quiem, alz\u00f3  los ojos hacia Berlin y pronunci\u00f3 en ruso aquellas palabras (\u201cNo lo  sabes, pero has sido perdonado\u201d) que, seg\u00fan aseguran todos los que la  conocieron, resume a la perfecci\u00f3n lo que se sent\u00eda al estar en su  presencia.<\/p>\n<h3>Publicado por P\u00e1gina12-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anna Ajm\u00e1tova crey\u00f3 hasta el d\u00eda de su muerte que la Guerra Fr\u00eda hab\u00eda empezado por su culpa, la noche del 25 de noviembre de 1945. Para Stalin, Ajm\u00e1tova era una excrecencia del pasado prerrevolucionario, mitad monja, mitad puta en celo, y desde 1921 le ten\u00edan prohibido publicar sus poemas. 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