{"id":22342,"date":"2010-03-15T06:39:31","date_gmt":"2010-03-15T04:39:31","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/hemeroteca-crisis\/"},"modified":"2010-03-15T06:39:31","modified_gmt":"2010-03-15T04:39:31","slug":"hemeroteca-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/hemeroteca-crisis\/","title":{"rendered":"Hemeroteca: Crisis"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><a title=\"Avui\" href=\"http:\/\/www.avui.cat\">Avui<\/a><\/p>\n<h1>CRACS BURS\u00c1TILES DEL PASADO M\u00c1S RECIENTE<\/h1>\n<p>Fabi\u00e1n Estap\u00e9<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>Aprovechando este espacio seguimos comentando algunas de las situaciones en las que la econom\u00eda ha sufrido ese fen\u00f3meno que pasa de doloroso a c\u00e9lebre cuando se supera: la crisis. As\u00ed, pasamos a explicar los desestructurados momentos del parqu\u00e9 del m\u00edtico Crac del 29, el ins\u00f3lito caso de <st1:personname productid=\"la ZZZ Best\" w:st=\"on\">la ZZZ Best<\/st1:personname> y el Lunes Negro.<\/em><\/p>\n<p>El 29 de octubre de 1923 marc\u00f3 el inicio de una de las peores burbujas del siglo XX que, indudablemente, cambi\u00f3 la historia provocando tal frenes\u00ed que sus efectos (econ\u00f3micos, sociales y pol\u00edticos) se extendieron al resto del mundo. Despu\u00e9s del fin de <st1:personname productid=\"la Primera Guerra\" w:st=\"on\">la Primera Guerra<\/st1:personname> Mundial, el avance social se tradujo econ\u00f3micamente; as\u00ed, desde el 1924, confiando, sencillamente, en el clima de bonanza se lleg\u00f3 al convencimiento de que en la bolsa s\u00f3lo se pod\u00eda ganar. En marzo de 1929 continuaban las alzas, pero saltaron rumores de que <st1:personname productid=\"la Reserva Federal\" w:st=\"on\">la Reserva Federal<\/st1:personname> preparaba medidas para paliar posibles recesiones&#8230; El desasosiego acamp\u00f3 por Wall Street y los grandes magnates se empezaron a retirar. Entre ellos Joe Kennedy, el patriarca de la dinast\u00eda, que, tras una conversaci\u00f3n con su limpiabotas durante la cual este le aconsej\u00f3 comprar acciones del ferrocarril y las petroleras, lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que si cualquier persona pod\u00eda invertir en bolsa y un limpiabotas consegu\u00eda predecir qu\u00e9 pasar\u00eda, esto quer\u00eda decir, sin duda, que el mercado estaba sobrevalorado.<\/p>\n<p>El primer susto lleg\u00f3 el 25 de marzo, pero se olvid\u00f3 r\u00e1pidamente y el mercado volvi\u00f3 a subir. En octubre, la bolsa parec\u00eda cansada y el viernes 18 el \u00edndice cay\u00f3 8 puntos. La mayor\u00eda de los inversores y analistas pensaron que s\u00f3lo era una bajada antes de continuar subiendo y, por eso, aprovecharon los dos d\u00edas de ca\u00edda para comprar m\u00e1s barato. El mi\u00e9rcoles 23, la bolsa sufri\u00f3 el segundo golpe al bajar casi un 7%, pero el susto s\u00f3lo fue el preludio de lo que pasar\u00eda el d\u00eda siguiente. El fat\u00eddico y recordado d\u00eda 24 sali\u00f3 tanto \u00abpapel\u00bb de golpe que los precios cayeron incontrolados: Sobraba papel, faltaba dinero y aumentaban los intereses.<\/p>\n<p>El d\u00eda 29, los \u00edndices entraron en ca\u00edda libre; se llegaron a ofrecer paquetes de acciones a un tercio de su valor, pero no se encontr\u00f3 comprador. Mientras el interior del n\u00famero 18 de Broad Street era un desconcierto, hasta el punto de que la polic\u00eda tuvo que clausurar la galer\u00eda de visitantes (donde s\u00f3lo horas antes hab\u00eda estado como observador Winston Churchill en calidad de secretario del Exchequer brit\u00e1nico), en el exterior empezaban a circular noticias de suicidios (pero en n\u00famero mucho m\u00e1s reducido que las imposturas publicadas por la prensa londinense seg\u00fan las cuales hab\u00eda que andar por la calle \u00abesquivando los cuerpos de los financieros ca\u00eddos\u00bb).<\/p>\n<p>Algunos, hasta entonces, potentados y pr\u00f3speros inversores se inmolaron lanz\u00e1ndose al vac\u00edo, peg\u00e1ndose un tiro o inhalando gas; algunos agentes inversores, brokers que dejaban dinero indiscriminadamente a peque\u00f1os inversores y a sus clientes hicieron lo mismo y eso que en aquella sesi\u00f3n no se toc\u00f3, ni mucho menos, fondo (el m\u00ednimo hist\u00f3rico lleg\u00f3 dos a\u00f1os y medio m\u00e1s tarde, el 8 de junio de 1932). El crac corri\u00f3 como un reguero de p\u00f3lvora, de Wall Street al resto de las bolsas de los Estados Unidos y, de rebote, al resto del mundo (las secuelas fueron incontrolables, sobre todo al quebrar el Credit Amsteld, el mayor banco austr\u00edaco, que repercuti\u00f3 en otros bancos de Austria, Alemania y de toda Europa. Las finanzas tardaron casi cinco a\u00f1os en recuperarse; el \u00fanico pa\u00eds que sali\u00f3 indemne fue <st1:personname productid=\"la URSS\" w:st=\"on\">la URSS<\/st1:personname>, donde los ide\u00f3logos de izquierda aprovecharon la hecatombe para predecir el fin del capitalismo ante el triunfo del marxismo.<\/p>\n<p>Quiero recordar tambi\u00e9n la burbuja ocasionada por la ca\u00edda en bolsa de una compa\u00f1\u00eda de limpieza de alfombras, <st1:personname productid=\"la ZZZ Best\" w:st=\"on\">la ZZZ Best<\/st1:personname> Carpet Cleaning Company, cuya la cotizaci\u00f3n cay\u00f3 cuando se descubri\u00f3 que este floreciente negocio era, realmente, una tapadera para blanquear dinero de la mafia. Otro crac singular fue el que entr\u00f3 en los anales como el del Lunes Negro (19 de octubre del 1987), cuando debido a un ordenador que empez\u00f3 a emitir, ca\u00f3ticamente, \u00f3rdenes de venta, el Dow Jones perdi\u00f3 la bagatela de 508 puntos antes de acabar la jornada&#8230; Pero lo m\u00e1s curioso es que John Kenneth Galbraith, el economista que mejor ha estudiado la crisis financiera, public\u00f3 unos meses antes en la revista The Altantic, la desgraciadamente c\u00e9lebre frase: \u00abLlegar\u00e1 el d\u00eda de rendir cuentas, cuando el mercado baje c\u00f3mo si nunca se tuviera que parar\u00bb.<\/p>\n<p>Tras esta lectura, aconsejo a los lectores que no olviden las palabras del economista J.K. Galbraith: \u00abLa memoria financiera dura un m\u00e1ximo de 10 a\u00f1os. Este es aproximadamente el intervalo entre un episodio de sofisticada estupidez y la siguiente\u00bb o las del guru de Princeton, Burton G. Malkiel, que afirm\u00f3 que \u00abun mono lanzando dardos a un ejemplar del Finantial Times para seleccionar una cartera de valores puede conseguir la misma rentabilidad anual que un equipo profesional de expertos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\">El Pa\u00eds<\/a><\/p>\n<h1>El espejo irland\u00e9s<\/h1>\n<p>Paul Krugman<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Todo el mundo tiene una teor\u00eda sobre la crisis financiera. Estas teor\u00edas oscilan entre lo absurdo y lo veros\u00edmil: desde las afirmaciones que se\u00f1alan que unos dem\u00f3cratas liberales obligaron de alg\u00fan modo a los bancos a prestar dinero a pobres que no se lo merec\u00edan (pese a que los republicanos controlaban el Congreso) hasta la opini\u00f3n de que unos instrumentos financieros ex\u00f3ticos fomentaron la confusi\u00f3n y el fraude. Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que de verdad sabemos?<\/p>\n<p>Bien, en cierto modo la mera magnitud de la crisis -la manera en que ha afectado a gran parte del mundo, aunque no a su totalidad- resulta de ayuda, aunque s\u00f3lo sea para investigar. Podemos fijarnos en los pa\u00edses que se han librado de lo peor, como Canad\u00e1, y preguntarnos qu\u00e9 han hecho bien: por ejemplo, limitar el endeudamiento, proteger a los consumidores y, por encima de todo, evitar dejarse enredar por una ideolog\u00eda que niega que haya necesidad alguna de regulaci\u00f3n. Tambi\u00e9n podemos fijarnos en pa\u00edses cuyas instituciones y pol\u00edticas financieras parec\u00edan ser muy diferentes de las de Estados Unidos, pero que han ca\u00eddo con la misma fuerza, e intentar encontrar causas comunes.<\/p>\n<p>De modo que, hablemos de Irlanda. Como bien se\u00f1ala un nuevo informe de investigaci\u00f3n de los economistas irlandeses Gregory Connor, Thomas Flavin y Brian O\u2019Kelly, \u201ccasi todos los factores causales aparentes de la crisis de Estados Unidos est\u00e1n ausentes en el caso irland\u00e9s\u201d, y viceversa. Sin embargo, la forma de la crisis de Irlanda ha sido muy similar: una enorme burbuja inmobiliaria (los precios subieron m\u00e1s en Dubl\u00edn que en Los \u00c1ngeles o Miami), seguida de una fuerte crisis bancaria que s\u00f3lo se ha podido mantener a raya mediante un caro programa de rescate.<\/p>\n<p>Irlanda no ten\u00eda ninguno de los villanos favoritos de la derecha estadounidense: no hab\u00eda Ley de Reinversi\u00f3n en <st1:personname productid=\"la Comunidad\" w:st=\"on\">la Comunidad<\/st1:personname>, ni Fannie Mae ni Freddie Mac. Lo que quiz\u00e1 resulte m\u00e1s sorprendente es la poca importancia de las finanzas ex\u00f3ticas: la quiebra de Irlanda no ha sido una historia de obligaciones de deuda garantizadas y canjes de cr\u00e9ditos impagados, sino que se trat\u00f3 de un caso de exceso puro y duro a la vieja usanza, en el que los bancos concedieron grandes pr\u00e9stamos a prestatarios dudosos y al final los contribuyentes tuvieron que cargar con el muerto.<\/p>\n<p>Entonces, \u00bfqu\u00e9 ten\u00edamos en com\u00fan? Los autores del nuevo estudio se\u00f1alan cuatro \u201cfactores causales profundos\u201d.<\/p>\n<p>En primer lugar, hubo una exuberancia irracional: en ambos pa\u00edses los compradores y entidades crediticias se convencieron de que los precios inmobiliarios, aunque estaban por las nubes seg\u00fan par\u00e1metros hist\u00f3ricos, seguir\u00edan subiendo.<\/p>\n<p>En segundo lugar, se produjo una entrada enorme de dinero barato. En el caso de Estados Unidos, gran parte de ese dinero barato provino de China; en el de Irlanda, proced\u00eda principalmente del resto de la zona euro, donde Alemania se convirti\u00f3 en un gigantesco exportador de capital.<\/p>\n<p>En tercer lugar, los grandes actores ten\u00edan un incentivo para correr grandes riesgos, porque si sal\u00eda cara ellos ganaban, y si sal\u00eda cruz otros perd\u00edan. En Irlanda, este peligro moral era en gran medida personal: \u201cLos jefes de los bancos d\u00edscolos se jubilaron con sus grandes fortunas intactas\u201d. Tambi\u00e9n hubo mucho de esto en Estados Unidos: como se\u00f1alan Lucian Bebchuk, de Harvard, y otros, los altos ejecutivos de empresas financieras estadounidenses en bancarrota recibieron miles de millones en pagos \u201cvinculados a su rendimiento\u201d antes de que sus firmas se fueran a pique.<\/p>\n<p>Pero la similitud m\u00e1s llamativa entre Irlanda y Estados Unidos fue la \u201cimprudencia regulatoria\u201d: la gente encargada de mantener los bancos a salvo no hizo su trabajo. En Irlanda, las autoridades reguladoras miraron para otro lado en parte debido a que el pa\u00eds estaba intentando atraer inversiones extranjeras, y en parte por favoritismo: los banqueros y promotores inmobiliarios ten\u00edan estrechos v\u00ednculos con el partido en el Gobierno.<\/p>\n<p>En Estados Unidos tambi\u00e9n hubo bastante de esto, pero el mayor problema fue la ideolog\u00eda. De hecho, los autores del informe irland\u00e9s se equivocan al subrayar el modo en que los pol\u00edticos estadounidenses entronizaban el ideal de la titularidad de una vivienda; s\u00ed, dieron discursos a ese respecto, pero no surtieron mucho efecto en los incentivos de las entidades crediticias.<\/p>\n<p>Lo verdaderamente importante fue el fundamentalismo de libre mercado. Esto es lo que llev\u00f3 a Ronald Reagan a declarar que la liberalizaci\u00f3n resolver\u00eda los problemas de las cajas de ahorros (el verdadero resultado fue unas p\u00e9rdidas enormes, seguidas por un gigantesco rescate financiado por los contribuyentes) y a Alan Greenspan a insistir en que la proliferaci\u00f3n de instrumentos derivados hab\u00eda fortalecido de hecho al sistema financiero. Esta ideolog\u00eda fue en gran medida la causante de que los reguladores ignoraran los riesgos cada vez mayores.<\/p>\n<p>De modo que, \u00bfqu\u00e9 podemos aprender del hecho de que Irlanda haya tenido una crisis financiera de tipo estadounidense cuando sus instituciones son tan diferentes a las del otro pa\u00eds? Principalmente, que tenemos que centrarnos en los reguladores tanto como en las regulaciones. Adelante, limitemos el endeudamiento y el uso que se hace de la titularizaci\u00f3n, que son algunas de las cosas que Canad\u00e1 ha hecho bien. Aunque esas medidas dar\u00e1n igual a no ser que la gente que considera que su deber es decir no a los banqueros poderosos obligue a respetarlas.<\/p>\n<p>Por eso necesitamos un organismo independiente que proteja a los consumidores financieros (algo que Canad\u00e1 tambi\u00e9n ha hecho bien) en lugar de dejar esa tarea en manos de instituciones que tienen otras prioridades. Y m\u00e1s all\u00e1 de eso, necesitamos un cambio radical de actitud, y reconocer que dejar que los banqueros hagan lo que quieran tiene todos los ingredientes para llevar a un desastre. De no ser as\u00ed, no habremos aprendido de nuestra historia reciente, y estaremos condenados a repetirla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Paul Krugman es profesor de Econom\u00eda en Priceton y premio Nobel de Econom\u00eda 2008.<\/p>\n<p>\u00a9 2009 New York Times Service.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de News Clips.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\/\">El Pa\u00eds<\/a><\/p>\n<h1>Los peligros de la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit<\/h1>\n<p>Joseph E. Stiglitz<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una ola de austeridad fiscal se precipita sobre Europa y Estados Unidos. La magnitud del d\u00e9ficit presupuestario -como la de la recesi\u00f3n- ha tomado a todos por sorpresa. Pero, pese a las protestas de los antes defensores de la desregulaci\u00f3n, que quisieran que el Gobierno siguiera siendo pasivo, la mayor\u00eda de los economistas creen que el gasto p\u00fablico ha tenido un impacto positivo que ha ayudado a evitar otra Gran Depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los economistas tambi\u00e9n coinciden en que es un error mirar solamente un lado de la hoja de balance (ya sea en el sector p\u00fablico o privado). Uno debe evitar fijarse solamente en las deudas de una empresa; tambi\u00e9n hay que ver sus activos. Esto deber\u00eda servir para responder a los halcones del sector financiero, quienes est\u00e1n dando la alarma sobre el gasto p\u00fablico.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, incluso los halcones del d\u00e9ficit reconocen que deber\u00edamos concentrarnos en la deuda nacional de largo plazo y no en el d\u00e9ficit actual. El gasto, especialmente en inversi\u00f3n educativa, tecnol\u00f3gica y en infraestructura, puede realmente conducir a la disminuci\u00f3n del d\u00e9ficit a largo plazo. La visi\u00f3n miope de los bancos contribuy\u00f3 a crear la crisis; no podemos dejar que la visi\u00f3n miope del Gobierno -empujado por el sector financiero- la prolongue.<\/p>\n<p>Un crecimiento m\u00e1s acelerado y los rendimientos de la inversi\u00f3n p\u00fablica producen mayores ingresos fiscales, y un rendimiento de entre el 5% y el 6% es m\u00e1s que suficiente para compensar los incrementos temporales de la deuda nacional. Un an\u00e1lisis de costo-beneficio (que tome en consideraci\u00f3n otros impactos, adem\u00e1s de los del presupuesto) hace que esos gastos, incluso financiados con deuda, sean todav\u00eda m\u00e1s atractivos.<\/p>\n<p>Finalmente, la mayor\u00eda de los economistas est\u00e1n de acuerdo en que, aparte de estas consideraciones, el tama\u00f1o adecuado del d\u00e9ficit depende en parte del estado de la econom\u00eda. Una econom\u00eda con poco dinamismo requiere de un d\u00e9ficit mayor, y el tama\u00f1o apropiado del d\u00e9ficit frente a la recesi\u00f3n depende de circunstancias precisas.<\/p>\n<p>Es aqu\u00ed donde difieren los economistas. Las previsiones son siempre dif\u00edciles, pero en especial en tiempos tan complicados. Lo que ha sucedido no es (por suerte) algo que ocurra todos los d\u00edas; ser\u00eda una tonter\u00eda mirar las pesadas recuperaciones para predecir la actual.<\/p>\n<p>En Estados Unidos, por ejemplo, la morosidad y las ejecuciones hipotecarias est\u00e1n en niveles no vistos en tres cuartos de siglo; la disminuci\u00f3n de cr\u00e9dito en 2009 fue la mayor desde 1942. Las comparaciones con <st1:personname productid=\"la Gran Depresi\u00f3n\" w:st=\"on\">la  Gran Depresi\u00f3n<\/st1:personname> tambi\u00e9n son enga\u00f1osas porque hoy la econom\u00eda es muy diferente en muchos sentidos. Y casi todos los llamados expertos han probado ser altamente falibles -muestra de ello son las sombr\u00edas previsiones que hizo <st1:personname productid=\"la Reserva Federal\" w:st=\"on\">la Reserva  Federal<\/st1:personname> de Estados Unidos antes de que estallara la crisis-.<\/p>\n<p>No obstante, incluso con d\u00e9ficit importantes, el crecimiento econ\u00f3mico en Estados Unidos y Europa es an\u00e9mico, y las previsiones de crecimiento del sector privado indican que, en ausencia de un apoyo continuo del Gobierno, existe el riesgo de un estancamiento sostenido -que el crecimiento sea demasiado d\u00e9bil para que el empleo vuelva a sus niveles normales pronto-.<\/p>\n<p>Los riesgos son asim\u00e9tricos: si estas previsiones son equivocadas y se da una recuperaci\u00f3n m\u00e1s s\u00f3lida, entonces, por supuesto, se pueden reducir los gastos y\/o aumentar los impuestos. Pero si son correctas, entonces una salida prematura del gasto deficitario podr\u00eda conducir nuevamente a la econom\u00eda a la recesi\u00f3n. \u00c9sta es una de las lecciones que aprendimos de la experiencia de Estados Unidos durante <st1:personname productid=\"la Gran Depresi\u00f3n.\" w:st=\"on\">la Gran Depresi\u00f3n.<\/st1:personname> Tambi\u00e9n es una de las lecciones de la experiencia de Jap\u00f3n a finales de los noventa.<\/p>\n<p>Estos puntos son particularmente pertinentes para las econom\u00edas m\u00e1s afectadas. Por ejemplo, Reino Unido ha tenido m\u00e1s problemas que otros pa\u00edses por una raz\u00f3n obvia: tuvo una burbuja inmobiliaria [aunque menos grave que la de Espa\u00f1a] y las finanzas, que estuvieron en el epicentro de la crisis, desempe\u00f1aron un papel m\u00e1s importante en su econom\u00eda que en la de otros pa\u00edses.<\/p>\n<p>El hecho de que el Reino Unido haya tenido resultados m\u00e1s d\u00e9biles no es resultado de pol\u00edticas peores; en efecto, en comparaci\u00f3n con Estados Unidos, sus rescates bancarios y pol\u00edticas para el mercado laboral fueron mucho mejores en varios sentidos. Evit\u00f3 el enorme desperdicio de recursos humanos que acompa\u00f1a al alto \u00edndice de desempleo en Estados Unidos, donde casi una de cada cinco personas que buscan un empleo a tiempo completo no lo encuentran.<\/p>\n<p>A medida que la econom\u00eda global vuelva a crecer, los Gobiernos deber\u00e1n preparar, evidentemente, planes para elevar los impuestos y recortar el gasto. Inevitablemente, el equilibrio adecuado ser\u00e1 tema de controversia. Principios como el de que \u201ces mejor gravar cosas malas que buenas\u201d podr\u00edan sugerir el establecimiento de impuestos medioambientales.<\/p>\n<p>El sector financiero ha impuesto enormes externalidades sobre el resto de la sociedad. La industria financiera estadounidense contamin\u00f3 al mundo con hipotecas t\u00f3xicas, y en consonancia con el principio \u201cel que contamina, paga\u201d, se les deber\u00edan cobrar los impuestos. Adem\u00e1s, los impuestos bien dise\u00f1ados sobre el sector financiero podr\u00edan ayudar a aliviar los problemas causados por un excesivo apalancamiento y los bancos, que son demasiado grandes para fracasar. Los impuestos sobre las actividades especulativas podr\u00edan alentar a los bancos a poner m\u00e1s atenci\u00f3n en su desempe\u00f1o social primordial como instituci\u00f3n de cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>En el largo plazo, la mayor\u00eda de los economistas coinciden en que los Gobiernos, especialmente los de los pa\u00edses industrializados avanzados con poblaciones que envejecen, deber\u00edan estar preocupados por la creaci\u00f3n de pol\u00edticas sostenibles. Sin embargo, debemos estar atentos al fetichismo del d\u00e9ficit. El d\u00e9ficit para financiar la guerra o para ayudar gratuitamente al sector financiero (como ocurri\u00f3 en una escala masiva en Estados Unidos) gener\u00f3 pasivos sin contar con los activos que los respaldaran, imponiendo una carga para las generaciones futuras.<\/p>\n<p>No obstante, las inversiones p\u00fablicas de altos rendimientos que se pagan por s\u00ed solas pueden mejorar realmente el bienestar de dichas generaciones, y ser\u00eda una tonter\u00eda doble dejarles la carga de deudas correspondientes a gastos improductivos y despu\u00e9s recortar las inversiones productivas.<\/p>\n<p>Estas son preguntas para m\u00e1s adelante -al menos, en muchos pa\u00edses, las perspectivas de una recuperaci\u00f3n s\u00f3lida son, en el mejor de los casos, para uno o dos a\u00f1os. Por el momento, la econom\u00eda es clara: reducir el gasto p\u00fablico no es un riesgo que valga la pena tomar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Joseph E. Stiglitz es catedr\u00e1tico de <st1:personname productid=\"la Universidad\" w:st=\"on\">la Universidad<\/st1:personname> de Columbia y premio Nobel de Econom\u00eda en 2001.<\/p>\n<p>\u00a9 Project Syndicate, 2010.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Avui CRACS BURS\u00c1TILES DEL PASADO M\u00c1S RECIENTE Fabi\u00e1n Estap\u00e9 \u00a0 Aprovechando este espacio seguimos comentando algunas de las situaciones en las que la econom\u00eda ha sufrido ese fen\u00f3meno que pasa de doloroso a c\u00e9lebre cuando se supera: la crisis. 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