{"id":22252,"date":"2010-02-24T09:09:16","date_gmt":"2010-02-24T07:09:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/romanticismo\/"},"modified":"2010-02-24T09:09:16","modified_gmt":"2010-02-24T07:09:16","slug":"romanticismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/romanticismo\/","title":{"rendered":"Romanticismo"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Romanticismo y modernidad. M\u00e1s all\u00e1 de los t\u00f3picos, arriesgando si cabe en la interpretaci\u00f3n, nos aproximamos al movimiento rom\u00e1ntico como germen de la actitud moderna. Una mirada retrospectiva y prospectiva. El conocimiento, que seg\u00fan los ilustrados ten\u00eda sus l\u00edmites, para los rom\u00e1nticos era casi infinito y sin l\u00edmites. Todo era susceptible de ser conocido, no \u00fanicamente por la raz\u00f3n, sino por la s\u00edntesis de todas las facultades<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>El origen de todo lo posible<\/strong><strong> <\/strong><\/p>\n<p> <strong>Antoni Mar\u00ed <\/strong>es poeta, ensayista, narrador y catedr\u00e1tico de Teor\u00eda del Arte en <st1:personname productid=\"la Universitat Pompeu\" w:st=\"on\">la Universitat Pompeu<\/st1:personname> Fabra. En su obra ensay\u00edstica destacan \u00b4L\u00b4homede geni\u00b4 (Edicions 62), \u00b4Formes de l\u00b4individualisme\u00b4(Tres i Quatre) y \u00b4El entusiasmo y la quietud. Antolog\u00eda del romanticismo alem\u00e1n\u00b4 (Tusquets)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>ANTONI MAR\u00cd <br \/> Cuando se instaur\u00f3 el Terror, con el eficaz instrumento de la guillotina levantada en la plaza de <st1:personname productid=\"la Concordia\" w:st=\"on\">la  Concordia<\/st1:personname> de Par\u00eds, se suprimieron autom\u00e1ticamente los derechos humanos proclamados apenas un par de a\u00f1os antes. Las ilusiones democr\u00e1ticas, los deseos de fraternidad, la confianza en un nuevo Estado defensor del ciudadano fueron traicionados, y, en su lugar, apareci\u00f3 el Estado moderno, mejor represor que el del Antiguo R\u00e9gimen por su perfecta capacidad de control del individuo en sus movimientos f\u00edsicos, mentales e ideales. Una vez desaparecidas las supuestas garant\u00edas que la revoluci\u00f3n hab\u00eda prometido, con los ideales reducidos al ideal del peque\u00f1o burgu\u00e9s comerciante y tramposo y cuando los valores de la libertad y de la igualdad se transformaron en ganancia y plusval\u00eda, no quedaba otra soluci\u00f3n que recogerse en lo m\u00e1s profundo y secreto de uno mismo para comprobar que, tal vez all\u00ed, pudiera permanecer alg\u00fan rescoldo de lo que hizo posible la revoluci\u00f3n, tan pronto traicionada. Robert Southey, el poeta, describ\u00eda el sentimiento que hab\u00eda despertado en \u00e9l la revoluci\u00f3n: \u00abTodo lo antiguo parec\u00eda desvanecerse, y no hab\u00eda m\u00e1s sue\u00f1o que el de la regeneraci\u00f3n de la raza humana\u00bb. <\/p>\n<p> Los j\u00f3venes europeos y aquellos otros j\u00f3venes alemanes que hab\u00edan plantado el \u00e1rbol de la revoluci\u00f3n y hab\u00edan celebrado <st1:personname productid=\"la Declaraci\u00f3n\" w:st=\"on\">la Declaraci\u00f3n<\/st1:personname> de los Derechos Humanos como algo necesario y natural como la vida org\u00e1nica dejaron de observar el mundo exterior como algo propio para atender la vida interior como la \u00fanica capaz de transformar el mundo en el territorio de un yo inconmensurable, libre y aut\u00f3nomo de las contingencias de la peque\u00f1a vida burguesa. <st1:personname productid=\"La Revoluci\u00f3n Francesa\" w:st=\"on\">La  Revoluci\u00f3n Francesa<\/st1:personname> hab\u00eda fracasado porque a pesar de las transformaciones sociales, pol\u00edticas y administrativas, el hombre segu\u00eda siendo el mismo que antes de la revoluci\u00f3n y hab\u00eda vuelto a crear lo que hab\u00eda destruido y vuelto a caer en manos de la corrupci\u00f3n, la maldad, la injusticia, la falsedad, la traici\u00f3n y el escarnio. Si se quer\u00eda hacer la revoluci\u00f3n, esa revoluci\u00f3n deb\u00eda empezar por uno mismo. Cada uno deb\u00eda aplicarse en la realizaci\u00f3n de un ideal de humanidad que uno deb\u00eda reconocer en s\u00ed mismo y en los valores de la autenticidad, la fidelidad, la franqueza, la fuerza y, sobre todo, en la capacidad de dedicar la existencia a la realizaci\u00f3n de un ideal por el que se podr\u00eda renunciar a todo y sacrificarlo todo. El camino de la revoluci\u00f3n deb\u00eda ser individual y cada uno deb\u00eda encontrarlo en la reflexi\u00f3n, en la introspecci\u00f3n y en el conocimiento de uno mismo. <\/p>\n<p> Los caminos para acceder al conocimiento pod\u00edan tomar el itinerario que mejor se adecuara a la naturaleza de la b\u00fasqueda, puesto que el conocimiento se adquir\u00eda en el trayecto, en el desplazamiento del punto de partida hasta el destino que cada uno hab\u00eda imaginado o escogido. Unos atravesaban las fronteras hasta llegar a lugares rec\u00f3nditos; otros, para volver al origen de donde partieron. El conocimiento, que seg\u00fan los ilustrados ten\u00eda sus l\u00edmites, para los rom\u00e1nticos era casi infinito y sin l\u00edmites. Todo era susceptible de ser conocido, no \u00fanicamente por la raz\u00f3n, sino por la s\u00edntesis de todas las facultades, como hab\u00eda mostrado Kant en <st1:personname productid=\"la Cr\u00edtica\" w:st=\"on\">la Cr\u00edtica<\/st1:personname> del juicio.Esta confianza en las facultades propias permiti\u00f3, a algunos rom\u00e1nticos, ser idealistas, es decir, creer en la capacidad de las ideas de transformar el mundo ode alejarse del que les hab\u00eda tocado vivir. Crearon otras vidas y otros mundos: <st1:personname productid=\"la Grecia\" w:st=\"on\">la Grecia<\/st1:personname> cl\u00e1sica, <st1:personname productid=\"la Roma\" w:st=\"on\">la Roma<\/st1:personname> republicana, <st1:personname productid=\"la Am\u00e9rica\" w:st=\"on\">la Am\u00e9rica<\/st1:personname> ind\u00edgena, el medioevo m\u00edstico, el Renacimiento plat\u00f3nico, el origen del mundo&#8230;, cualquier tiempo y lugar distintos de los lugares y del tiempo de donde ven\u00edan. Novalis, H\u00f6lderlin, Wordsworth, Coleridge, Leopardi, Schelling expusieron estos viajes de ida y de vuelta, trascendentales, capaces de transformar a los individuos en la idea que se hab\u00edan hecho de ellos mismos y que pudieron realizar por la audacia de su decisi\u00f3n. <\/p>\n<p> La construcci\u00f3n del yo y la recuperaci\u00f3n de la naturaleza como el pasado trascendental de la humanidad fueron las intuiciones primeras que originaron la b\u00fasqueda rom\u00e1ntica: un yo vigoroso, un sujeto dotado de un poder sobre s\u00ed mismo capaz de transformar la realidad a su idea y de reconocerse como parte del universo y de la naturaleza &#8211; lugar desde donde surge la voz interior que nombra de nuevo todas las cosas-y liberarse de las ataduras que imped\u00edan la realizaci\u00f3n de s\u00ed mismos y del mundo que quer\u00edan habitar. Para realizar este ideal, los rom\u00e1nticos reconocieron la imaginaci\u00f3n como la facultad de crear y reproducir ese mundo, de habitar en \u00e9l y de darlo a conocer a los dem\u00e1s. Aqu\u00ed reside la revuelta rom\u00e1ntica, en la creaci\u00f3n de un mundo ideal (pero posible) que espera el momento de hacerse real y habitable y compartirlo con aquellos que reconocen como propia la expresi\u00f3n de la idea. Una idea que puede tomar la forma de un programa filos\u00f3fico, un manifiesto, una eleg\u00eda, un himno, una sonata, una tragedia, un drama o un territorio. <\/p>\n<p> Los rom\u00e1nticos de la escuela de Jena no se consideraban todav\u00eda rom\u00e1nticos, puesto que el romanticismo es un atributo que espera el momento de su realizaci\u00f3n y un deseo todav\u00eda inalcanzable. Para Schlegel, el t\u00e9rmino es indefinido y va acompa\u00f1ado de una iron\u00eda violenta y parad\u00f3jica: \u00abNo puedo enviarte mi definici\u00f3n de lo que es el romanticismo porque ocupa 125 p\u00e1ginas\u00bb. Frente al yo absoluto defend\u00edan la fragmentaci\u00f3n de la conciencia y el fragmento como la forma id\u00f3nea para expresar la divisi\u00f3n y la contrariedad entre la raz\u00f3n y el sentimiento. <\/p>\n<p> La conciencia rom\u00e1ntica del desarraigo, de no ser de donde uno es, y la nostalgia de la p\u00e9rdida son atributos rom\u00e1nticos que desde los primeros a\u00f1os del siglo XIX se mantienen hasta hoy como las primeras premisas de la modernidad. En el mundo tradicional no era posible pensar que la realidad de las cosas pudiera ser de otra manera a como es: cada cual ten\u00eda asignado su lugar de entre la jerarqu\u00eda del orden del cosmos y cada part\u00edcula ocupaba el lugar que le correspond\u00eda. En el mundo moderno, a pesar de todas las contrariedades posibles, se puede ocupar el lugar que nos plazca mientras seamos capaces de asumir el riesgo que eso comporta. <\/p>\n<p> <strong>Asumir los riesgos <\/strong><\/p>\n<p>Y el rom\u00e1ntico es el pr\u00edncipe de los riesgos; los asume y reivindica todos, ya sea desde la literatura defendiendo la libertad sobre las reglas de la ret\u00f3rica; desde las artes pl\u00e1sticas rebel\u00e1ndose sobre el principio de imitaci\u00f3n de la naturaleza para defender la libertad de la expresi\u00f3n; desde la m\u00fasica, atendiendo y formalizando aquellos profundos instantes de inspiraci\u00f3n que no tienen lugar en las formas cerradas de la tradici\u00f3n pero que considera m\u00e1s aut\u00e9nticas y expresivas, como el impromptus, la rapsodia, la balada, el nocturno. En arquitectura, la nostalgia del pasado, donde se conservan lo verdaderos valores, les lleva a reivindicar el neoclasicismo como s\u00edmbolo de la rep\u00fablica y de la democracia griega, el neog\u00f3tico como valedor y s\u00edmbolo de los valores de la cristiandad antigua o los neoorientalismos como imagen del relativismo hist\u00f3rico y el exotismo novelesco. <\/p>\n<p> Desenga\u00f1ados por la direcci\u00f3n que tomaba <st1:personname productid=\"La Revoluci\u00f3n Francesa\" w:st=\"on\">la Revoluci\u00f3n Francesa<\/st1:personname> y el esp\u00edritu napole\u00f3nico, los primeros rom\u00e1nticos alemanes recuperaron el ideal de la restauraci\u00f3n medieval y los valores de una comunidad espiritual, opuesto radicalmente al orden burgu\u00e9s, comercial y ego\u00edsta: Novalis, Tieck, Wackenroder, Hoffmann y Eichendorff son buenos exponentes de esta posici\u00f3n. H\u00f6lderlin y Heine nunca renunciaron a la perspectiva revolucionaria; Heine, antirrom\u00e1ntico radical, se decidi\u00f3 por un romanticismo cr\u00edtico con la tradici\u00f3n y con la inmediata actualidad. En Inglaterra, los poetas lakistas, Wordsworth, Coleridge y Southey, renuncian a su primer entusiasmo jacobino para recogerse en una restituci\u00f3n medieval que tendr\u00e1 a Walter Scott como expresi\u00f3n novelesca de ese medievalismo. En Francia, ocurre todo lo contrario, si en un principio los rom\u00e1nticos son defensores de la tradici\u00f3n y acusan a la revoluci\u00f3n del caos y el terror, como Chateaubriand, Lamartine o Vigny, los acontecimientos posteriores dan lugar a un liberalismo democr\u00e1tico, representado por Hugo y Stendhal. Finalmente, un romanticismo jacobino que toma una posici\u00f3n cr\u00edtica contra la opresi\u00f3n de las fuerzas del pasado &#8211; la monarqu\u00eda, la aristocracia y <st1:personname productid=\"la Iglesia-y\" w:st=\"on\">la Iglesia-y<\/st1:personname> contra la nueva opresi\u00f3n del Estado moderno y de la burgues\u00eda; estos rom\u00e1nticos no est\u00e1n dispuestos a mediar con el poder, exigen rupturas revolucionarias y profundas transformaciones y toman como modelo la ciudad griega, la rep\u00fablica romana y la obra pol\u00edtica de J. J. Rousseau. Babeuf, Stendhal, Alfred de Musset, George Sand nunca renunciaron al jacobinismo. <\/p>\n<p> Que el romanticismo es la modernidad lo afirm\u00f3 Baudelaire a mediados del siglo XIX desde la ciudad industrial moderna. Con su posici\u00f3n, el movimiento sal\u00eda de los seminarios y de las universidades alemanas y del paisaje de los lagos ingleses para confundirse con la multitud an\u00f3nima y la transformaci\u00f3n y el movimiento de las calles de Par\u00eds abiertas por Haussman. El romanticismo &#8211; en su parad\u00f3jica contradicci\u00f3n-es el germen del mundo moderno, donde se dan todas las inminencias, los riesgos y los terrores que surgieron entre los dos siglos que nos separan de \u00e9l. Tal vez, por esta raz\u00f3n, de vez en cuando volvemos a \u00e9l: para considerarlo desde una nueva posici\u00f3n, y criticarlo y reconocer lo que nos separa de \u00e9l y lo que se mantiene en sus infinitas propuestas. Porque aqu\u00ed est\u00e1, a pesar de lo pasado, el origen de toda posibilidad. <strong><\/p>\n<p> <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las paradojas del ser moderno<\/p>\n<p> <strong>Jos\u00e9Luis Molinuevo <\/strong>es autor, entre otras obras, de \u00b4Magn\u00edfica miseria. Dial\u00e9cticadel romanticismo\u00b4 (Cendeac, 2009); \u00b4Humanismo y nuevas tecnolog\u00edas\u00b4 (Alianza, 2004) y \u00b4Est\u00e9ticasdel naufragio y de la resistencia\u00b4 (Alfons el Magn\u00e0nim, 2001)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El siglo XXI mira con una cierta perplejidad tormentas del siglo pasado que se desataron en un vaso de agua, as\u00ed la exang\u00fce que enfrent\u00f3 a modernidad y posmodernidad, dos almas gemelas que se disputaban la misma herencia intelectual. Olvidaron que s\u00f3lo desde una modernidad m\u00faltiple se puede entender una contemporaneidad compleja. Por eso, no nos debe extra\u00f1ar que a comienzos del siglo XXI sigamos preguntando: \u00bfqu\u00e9 quiere decir hoy modernidad? Una de las respuestas puede seguir siendo la misma que dio Baudelaire: romanticismo. Porque \u00e9l no hablaba del romanticismo que hab\u00eda pasado, sino del que ven\u00eda. <\/p>\n<p> Las ventajas de tomar como gu\u00eda a este pintor de la vida moderna es que nos evita pisar esos charcos culturales en los que corre peligro de caerse algo m\u00e1s que la aureola del poeta cl\u00e1sico. As\u00ed, quien se haya sumergido en los diversos romanticismos no se enredar\u00e1 en las disputas sobre la ant\u00edtesis entre alta y baja cultura; quien haya comprendido la imposibilidad de vivir de Kleist no se inquietar\u00e1 por los cortejos del nazismo al romanticismo almibarado que triunfa precisamente en las democracias, ni tampoco porque Leni Riefenstahl ya tuviera todo preparado para protagonizar Pentesilea cuando estall\u00f3 <st1:personname productid=\"la Segunda Guerra\" w:st=\"on\">la Segunda Guerra<\/st1:personname> Mundial. Y es que el romanticismo degenerado es la entra\u00f1a misma del romanticismo cl\u00e1sico, lo que le hace inasimilable a cualquier totalitarismo. Pues, lejos de los irracionalismos, si algo caracteriza al romanticismo es precisamente esto: saber sentir. <\/p>\n<p> <strong>Atreverse a sentir <\/strong>Certeramente apuntaba Schiller a Fichte que lo que les separaba no eran las ideas (susceptibles de aproximaci\u00f3n argumentativa), sino algo m\u00e1s radical, los sentimientos (un aparente oc\u00e9ano magm\u00e1tico de la incomunicaci\u00f3n como el de Solaris en Lem-Tarkovski). Pues lo que en realidad estaban reivindicando los primeros rom\u00e1nticos eran los rasgos cognitivos del sentimiento, presentes hoy en d\u00eda en la investigaci\u00f3n neuronal de las emociones. Con ello se postulaban herederos de aquella ilustraci\u00f3n sentimental que opon\u00eda, complementando, el \u00ab\u00a1atr\u00e9vete a sentir!\u00bb al \u00ab\u00a1atr\u00e9vete a saber!\u00bb de los racionalistas. Si era necesaria una cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura para corregir sus extrav\u00edos, no menos indispensable resultaba una cr\u00edtica de la pasi\u00f3n pura devenida autodestructiva. Kant, ciertamente, pero tambi\u00e9n Goethe. No eran tan distintos: el uno hablaba de la pasi\u00f3n de la raz\u00f3n y el otro de la raz\u00f3n de la pasi\u00f3n. <\/p>\n<p> El resultado de la cr\u00edtica del sentimiento puro no ten\u00eda por qu\u00e9 ser la renuncia a este. El propio Blake propon\u00eda el exceso como modo de acceso al palacio de la sabidur\u00eda. Uno de sus frutos parad\u00f3jicos es esa palabra, percepci\u00f3n, verdadera joya producto de la coyunda entre sensibilidad y entendimiento, que la contracultura se apropiar\u00e1 como suya a trav\u00e9s de Huxley, pretendiendo llegar a trav\u00e9s de los viajes de las drogas a esa percepci\u00f3n de la cosa en s\u00ed por la que siempre han suspirado los fil\u00f3sofos idealistas. A la b\u00fasqueda de ese saber del sentimiento dedican los rom\u00e1nticos viajes, siempre interiores aunque transcurran en la superficie, al t\u00e9rmino de los cuales los hallazgos pueden ser muy diversos: que lo cotidiano se vuelva misterioso, pero tambi\u00e9n que lo familiar se convierta en inquietante, siniestro. Y el encontrar dentro la verdad no garantiza que no sea precisamente el horror quien se anuncie al acecho. <\/p>\n<p> Si lo sublime es el sentimiento rom\u00e1ntico por excelencia, es preciso atender no s\u00f3lo asulado luminoso, del Uno y Todo, presente en el primer romanticismo alem\u00e1n, objeto de las preferencias acad\u00e9micas, sino tambi\u00e9n a su lado oscuro, que se prolonga a trav\u00e9s de la modernidad est\u00e9tica en el ciberpunk. Los dioses de la luz han huido al ciberespacio, lo sublime de la naturaleza se encarna en lo sublime tecnol\u00f3gico inspirado en el romanticismo ingl\u00e9s que alimenta las primeras ciberculturas y m\u00e1s tarde el tecnorromanticismo. En el ciberpunk pululan tambi\u00e9n los descendientes de los modernos Prometeos, las figuras errantes del mal, desde el monstruo de Shelley, el Ca\u00edn de Byron, el jud\u00edo de Sue, hasta aquellos androides malditos de Dick para quien el mal ten\u00eda el rostro de metal. Seres sufrientes, v\u00edctimas de una creaci\u00f3n chapucera de la que se ha desentendido su creador. Ellos son la grieta creciente de la casa Usher en la cultura occidental. <\/p>\n<p> <strong>Pendular <\/strong><\/p>\n<p>El romanticismo es un movimiento pendular: del sufrimiento al aburrimiento, ambos intercambiables, siendo una de las formas para salir del segundo la contemplaci\u00f3n del primero en s\u00ed mismo o en los dem\u00e1s. Ese movimiento pendular atraviesa momentos cronol\u00f3gicos diversos, lugares geogr\u00e1ficos dispersos y caracteres individuales a menudo contrapuestos. As\u00ed, desde la perspectiva del romanticismo de la actualidad se ve de otra manera la actualidad del romanticismo. No es el sufrimiento, sino el aburrimiento, la bestia negra del rom\u00e1ntico. Antes muerto que aburrido. El personaje de Ren\u00e9 de Chateaubriand acaba siendo m\u00e1s potente que el Werther de Goethe: \u00abMe aburro de la vida; el aburrimiento me ha devorado siempre\u00bb. <\/p>\n<p> Pero, m\u00e1s avisados hoy, ya no se huye del ennui,de ese hermano,en los viajes, ni en experimentos multiculturalistas fallidos como el de Ren\u00e9. Tampoco se busca el camino de la confrontaci\u00f3n, sino el de la diversi\u00f3n, ya se trate de s\u00ed mismo o de los dem\u00e1s. Diversi\u00f3n es la palabra que define el camino rom\u00e1ntico de la autocreaci\u00f3n a la autoficci\u00f3n en el presente. En una libre interpretaci\u00f3n de los afectos especiales rom\u00e1nticos como efectos especiales hoy en d\u00eda se tolera casi todo en el pensamiento, la literatura y el arte, con tal de que sea divertido. Esto es lo que toman los nuevos rom\u00e1nticos del Cervantes objeto del deseo del viejo rom\u00e1ntico. <\/p>\n<p> Los procesos tradicionales de autoafirmaci\u00f3n del yo, su autocreaci\u00f3n dolorosa, han sido sustituidos ahora por espect\u00e1culos que van desde la exhibici\u00f3n m\u00e1s elemental de nuevas identidades en redes sociales hasta la m\u00e1s sofisticada y c\u00f3mplice distancia con que el narcisista ir\u00f3nico contempla su mutaci\u00f3n literaria sin fin, su autodisoluci\u00f3n como metamorfosis creativa. Creaci\u00f3n es sin\u00f3nimo de promoci\u00f3n, de distribuci\u00f3n de uno mismo: hoy en d\u00eda el yo no se crea sino que se distribuye. El esteticismo rom\u00e1ntico triunfa as\u00ed en el individualismo de masas como incesante poiesis.Es una literatura textual, visual o sonora para aburridos. <\/p>\n<p> Noes <st1:personname productid=\"la Ilustraci\u00f3n\" w:st=\"on\">la Ilustraci\u00f3n<\/st1:personname>, como pensaban Horkheimer y Adorno, sino el romanticismo la clave de nuestra industria cultural. Es la diversi\u00f3n garantizada pero tambi\u00e9n el perfume residual de trascendencia asociado a todo producto intrascendente que se publicita. Es lo que hay, pero no por ello todo es negativo. El romanticismo del yo est\u00e1 dando paso a un romanticismo ciudadano, y quiz\u00e1 nos encontremos pronto con un nuevo Goethe que asegure a un atolondrado Enrique que sus tiempos de aprendizaje han acabado, que ya se ha emancipado, pues es un buen ciudadano, nada pol\u00edtico, ya que s\u00f3lo responde a la exigencia del d\u00eda.Es el romanticismo que viene.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El gobierno de las afinidades electivas<\/p>\n<p> <strong>Jos\u00e9Enrique Ruiz-Dom\u00e8nec <\/strong>es historiador, autor, entre otras obras, de \u00b4Espa\u00f1a. Una nueva historia\u00b4 (RBA, 2009); \u00b4El reto del historiador\u00b4 (Pen\u00ednsula, 2006) o \u00b4El Mediterr\u00e1neo\u00b4 (Pen\u00ednsula, 2004)<\/p>\n<p> Si en 1789, Schiller exigi\u00f3 el &#8216;futuro ahora&#8217;, en 1848, el a\u00f1o de las revoluciones en Europa, ese futuro era ya una realidad, y las nuevas ideas se vincularon a la causa republicana, el Estado naci\u00f3n, el sufragio universal y los derechos de los trabajadores<\/p>\n<p>El romanticismo constituye un cambio esencial en la historia de Europa: es el triunfo de la voluntad sobre la raz\u00f3n. En unos a\u00f1os inciertos, dominados por la guerras napole\u00f3nicas, se produjo una transformaci\u00f3n social sostenida por un nuevo concepto del arte, la literatura y la m\u00fasica. Los hombres de cultura se presentaban a las reuniones con pantalones rectos, dejando la moda nobiliaria en los desvanes, con la intenci\u00f3n de difundir el modelo de vida burgu\u00e9s. Tras la derrota de Napole\u00f3n en Waterloo, el gusto rom\u00e1ntico fue lo \u00fanico capaz de suscitar entusiasmo en una sociedad cansada del espect\u00e1culo dado por la clase pol\u00edtica en el congreso de Viena; ni siquiera el astuto Talleyrand fue capaz de salir airoso de la diplomacia de Metternich favorable a la monarqu\u00eda absoluta. La generaci\u00f3n rom\u00e1ntica demoler\u00e1 en poco tiempo los acuerdos firmados por las grandes potencias y pondr\u00e1 fin para siempre al antiguo r\u00e9gimen. Lord Byron apoy\u00f3 a los griegos en su deseo de recuperar el suelo patrio ocupado por los otomanos; Victor Hugo con Hernani y Berlioz con <st1:personname productid=\"la Sinfon\u00eda\" w:st=\"on\">la Sinfon\u00eda<\/st1:personname> fant\u00e1stica crearon el ambiente a favor de los d\u00edas de julio de 1830, cuya mejor cr\u00f3nica fue la novela Rojo y negro de Stendhal. Hab\u00eda llegado el momento sansimoniano. El peri\u00f3dico de referencia se llam\u00f3 L\u00b4Avenir y desde \u00e9l Saint-Simon postul\u00f3 una nueva \u00e9poca basada en una justa organizaci\u00f3n del trabajo que limitara los efectos perversos para la clase obrera del liberalismo econ\u00f3mico. <\/p>\n<p> El mundo rom\u00e1ntico no debe entenderse, pues, solamente como un h\u00e1lito ligero de poes\u00edas brillantes o dramas pasionales, estimulados por el \u00e9xito de las obras de Walter Scott o de Jane Austen, sino como una revisi\u00f3n a fondo de las afinidades electivas, de las que habl\u00f3 Goethe, que gobiernan el coraz\u00f3n de los hombres. En esa l\u00ednea, Novalis ahond\u00f3 en el sentimiento de la nostalgia que \u00e9l cre\u00eda de tonos azulados y Chateaubriand en una sociedad basada en el genio del cristianismo. Luego, al rebufo de esa ola de entusiasmo por el futuro, se impuso un estilo musical forzado por Beethoven e inspirado por Schubert. El objetivo: la emancipaci\u00f3n del piano para que pudieran lucirse Liszt o Schumann. <\/p>\n<p> Con el piano rom\u00e1ntico, Europa encontr\u00f3 su Oriente. El hombre que m\u00e1s hizo por ello, y que m\u00e1s beneficios extrajo, fue Washington Irving, cuyos Cuentos de <st1:personname productid=\"la Alhambra\" w:st=\"on\">la Alhambra<\/st1:personname> es el modelo perfecto de lectura del otro, el mundo \u00e1rabemusulm\u00e1n, con toda su carga de viejos ensue\u00f1os de las milyuna noches; pero la fama se la llev\u00f3 la pareja formada por Chopin y George Sand, un pianista de \u00e9xito doblado en compositor de nocturnos y una escritora metida \u00aben pol\u00edtica hasta las orejas\u00bb, comprometida con el anarquismo de Proudhom y Bakunin. Los pol\u00edticos, forjados en los cen\u00e1culos masones o carbonarios, apostaron por la causa liberal. La trama de Guerra y paz,de Tolstoi, es la prueba fehaciente de que la naci\u00f3n inspirar\u00e1 el curso de la historia; no importa que en ese plano el duque de Rivas, Espronceda, incluso Larra, convirtieran sus ideas en el soporte de la monarqu\u00eda liberal de Isabel II, lo decisivo es reconocer que la lucha contra Napole\u00f3n y los valores ilustrados fue sostenida por el esp\u00edritu del pueblo y de la naci\u00f3n: el volkgeist del que habl\u00f3 Herder, el historiador situado detr\u00e1s de este despertar de las naciones, donde Fichte ejerci\u00f3 de fil\u00f3sofo llamando a todos los alemanes a formar una \u00fanica patria. <\/p>\n<p> <strong>Futuro y realidad <\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1848 fue la culminaci\u00f3n de todo esto. La revoluci\u00f3n sac\u00f3 las masas a la calle y convirti\u00f3 a Flora Trist\u00e1n en el icono de la luchadora por la clase obrera, a Victor Hugo en un ferviente republicano, a Comte en el incisivo cr\u00edtico de los pol\u00edticos con sus incendiarias pero justas recriminaciones hacia ellos: \u00abEl reino de los charlatanes ha terminado\u00bb, a Merim\u00e9e en el primer regeneracionista de lo espa\u00f1ol con su Carmen,a Wagner en el m\u00fasico encargado de recuperar la mitolog\u00eda germ\u00e1nica con la poderosa tetralog\u00eda El anillo del nibelungo;tambi\u00e9n, posibilit\u00f3 la escritura urbana de Flaubert y Baudelaire, perseguidos ambos por sus ideas, llevados delante de los tribunales, acusados y juzgados: era demasiado \u00e1cida su visi\u00f3n de las costumbres de provincia o de los insensibles paseantes de Par\u00eds. Si en 1789, el a\u00f1o de <st1:personname productid=\"La Revoluci\u00f3n Francesa\" w:st=\"on\">la  Revoluci\u00f3n Francesa<\/st1:personname>, Schiller exigi\u00f3 el futuro ahora,en 1848, el a\u00f1o de las revoluciones en Europa, ese futuro era ya una realidad: todos se comprometieron con las nuevas ideas y vincularon el progreso al porvenir de la causa republicana, a la consolidaci\u00f3n del Estado naci\u00f3n, a las elecciones por sufragio universal y a los derechos de los trabajadores. <\/p>\n<p> El romanticismo absorbe as\u00ed los impulsos profundos del compromiso pol\u00edtico para imaginar la historia y crear un pasado, aunque fuera m\u00edtico como el del rey Arturo y los caballeros de <st1:personname productid=\"la Tabla Redonda\" w:st=\"on\">la  Tabla Redonda<\/st1:personname> cantados por lord Tennyson. El neog\u00f3tico se convierte en un laboratorio social, y su aceptaci\u00f3n corre pareja con el modelo imperial brit\u00e1nico, cuya madurez coincide con una concentraci\u00f3n sin precedentes del poder en los c\u00edrculos gubernamentales en la \u00e9poca victoriana. Este compromiso continu\u00f3 en la sociedad fin del siglo con un poderoso revival de los sue\u00f1os rom\u00e1nticos bajo la capucha del moderns style,el art nouveau (en Catalunya, el modernismo) ode las vanguardias que cre\u00edan en la espiritualidad del arte. Su figura de referencia, seg\u00fan Cioran, fue Sissi. Al cabo, el pol\u00edtico europeo, como un viajero de aquel mundo de ayer, hab\u00eda encontrado su sombra, el romanticismo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La ciencia es ut\u00f3pica<\/p>\n<p>JORGE WAGENSBERG<\/p>\n<p>Jorge Wagensberg Cient\u00edfico y divulgador nacido en Barcelona. Su \u00faltimolibro es \u00b4Yo, lo superfluo y el error\u00b4 (Tusquets, 2009) <\/p>\n<p> La poes\u00eda puede ser rom\u00e1ntica. Y tambi\u00e9n la m\u00fasica, la pintura, la escultura, el cine&#8230; Pero \u00bfse puede hablar de ciencia rom\u00e1ntica? Arist\u00f3teles dec\u00eda que no hay ciencia sino de lo general y para Ortega ciencia rom\u00e1ntica significa ciencia con problemas de objetividad y racionalidad. Lo rom\u00e1ntico es un apelativo inocente en arte, pero se dir\u00eda que en ciencia sirve para se\u00f1alar y acusar&#8230; La ciencia es una forma de conocimiento que resulta de aplicar un m\u00e9todo, un m\u00e9todo que, justamente, la protege frente a la afici\u00f3n etiquetadora de tantos historiadores y cr\u00edticos. El m\u00e9todo de la ciencia exige la m\u00e1xima objetividad (para merecer m\u00e1xima universalidad), la m\u00e1xima inteligibilidad (para merecer la m\u00e1xima capacidad de anticipaci\u00f3n frente a la incertidumbre) y la m\u00e1xima dial\u00e9ctica con la realidad (para merecer la m\u00e1xima capacidad de progresar frente a nuevas cuestiones o nuevas evidencias). <\/p>\n<p> Pues bien, estas tres exigencias de la ciencia no parecen muy rom\u00e1nticas. En el fondo equivalen a un fuerte compromiso: el de elaborar conocimiento con la m\u00ednima raci\u00f3n posible de ideolog\u00eda (creencia por revelaci\u00f3n o por \u00abmarca de f\u00e1brica\u00bb) y con la m\u00ednima influencia posible de los sentimientos del cient\u00edfico. Las tres exigencias son necesarias en ciencia pero s\u00f3lo opcionales en arte. Las ra\u00edces de la ciencia no se hunden en el romanticismo. Afinemos un poco para enfocar mejor la cuesti\u00f3n. El rom\u00e1ntico sublima la conciencia del yo como una individualidad libre, independiente, \u00fanica, irrepetible y aut\u00f3noma. El rom\u00e1ntico es el genio creador de su propio mundo, en cuyo centro vive \u00e9l mismo. La ciencia, en cambio, por oficio, por objetividad, destierra al yo desde el primer momento. Por todo ello la ciencia no puede ser rom\u00e1ntica. El rom\u00e1ntico pone por delante los sentimientos y las intuiciones. La raz\u00f3n en cambio es importante pero no prioritaria, una especie de reliquia de cl\u00e1sicos y neocl\u00e1sicos. El cient\u00edfico tiene sentimientos, claro, pero por oficio y por pudor objetivo har\u00e1 lo posible para que aquellos no distorsionen su manera de observar y de comprender la realidad. En esto la ciencia tampoco puede ser muy rom\u00e1ntica. <\/p>\n<p> Pero sigamos, porque la ciencia tambi\u00e9n tiene un necesario talante rom\u00e1ntico. S\u00ed, porque el rom\u00e1ntico adora la originalidad de lo nuevo frente a la tradici\u00f3n de lo cl\u00e1sico. El rom\u00e1ntico prefiere inventar a repetir. El cient\u00edfico tambi\u00e9n. El cient\u00edfico adora derribar tradiciones. Una costumbre persevera por buena costumbre, es decir, porque a\u00fan tiene alguna clase de utilidad o porque a\u00fan no ha incurrido en alguna incoherencia. Por ejemplo: regalarse una buena paella. Sin embargo, una tradici\u00f3n se mantiene s\u00f3lo por las culturas particulares frente al universalismo racionalista. Herder apreciaba las culturas no porque fueran expresiones de valores universales, sino porque ten\u00edan valores particulares y eran completamente diferentes entre s\u00ed. Los seres humanos necesitan pertenecer a un grupo. Nada m\u00e1s lejos del ideal de Herder que el cosmopolita sin ra\u00edces. En su visi\u00f3n de la historia humana el pluralismo cultural es radical: todas las culturas tiene validez ante el juicio de la historia, aunque sus valores \u00faltimos sean inconmensurables entre s\u00ed. Cada cultura local tiene su propia visi\u00f3n del mundo y su propia verdad. La antigua m\u00e1xima cosmopolita de una sola verdad y muy diversos errores se invirti\u00f3. Lo que muestran las culturas son diversas pura tradici\u00f3n, aunque nadie se acuerde ya de cu\u00e1l fue en su d\u00eda su utilidad original si es que lleg\u00f3 a tener alguna. Es el caso de los botones de las mangas de las americanas. Nadie sabe ya si en su d\u00eda sirvieron para fijar alg\u00fan correaje. (\u00bfAcabamos con estos botones de una vez por todas, rom\u00e1nticamente, cient\u00edficamente&#8230;?) Es el caso tambi\u00e9n de los complej\u00edsimos ritos que todo el mundo asume como antiqu\u00edsimos, pero que en realidad fueron inventados ayer mismo para conseguir una cohesi\u00f3n social que ya no es necesaria. <\/p>\n<p> <strong>La inalcanzable perfecci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>El cient\u00edfico persigue la perfecci\u00f3n aun sabiendo que tal cosa sencillamente no existe. Para ser m\u00e1s exactos, su hip\u00f3tesis t\u00e1cita es: \u00abLa perfecci\u00f3n existe porque es imaginable, pero no es perfecta porque es inalcanzable\u00bb. <\/p>\n<p> La ciencia es rom\u00e1ntica porque es ut\u00f3pica. O, si se quiere, toda obra cient\u00edfica es rom\u00e1ntica porque siempre es una obra inacabada. La verdad cient\u00edfica no se cierra jam\u00e1s. Una de las vocaciones de la ciencia es seguir haciendo ciencia. Siempre aparece una nueva evidencia o una nueva contradicci\u00f3n en la realidad del mundo que obliga a reabrir el proceso. <\/p>\n<p> En s\u00edntesis: existe ciencia rom\u00e1ntica, pero a diferencia de otras formas de conocimiento, el romanticismo de la ciencia no corresponde a una vanguardia o a la tendencia de una \u00e9poca. La ciencia siempre tiene un rinconcito rom\u00e1ntico en sus entra\u00f1as: Arqu\u00edmedes fue rom\u00e1ntico durante el clasicismo, Maim\u00f3nides lo fue durante la edad media, Galileo lo fue en pleno Renacimiento, Leibniz durante el barroco, Darwin en la sociedad victoriana, Oersted fue un gran rom\u00e1ntico durante el propio romanticismo, Boltzmann, con suicidio incluido, cuando el romanticismo ya hab\u00eda declinado, y Einstein lo fue mientras una vanguardia suced\u00eda a la otra en pleno siglo XX&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las ra\u00edces rom\u00e1nticas de la antropolog\u00eda cultural<\/p>\n<p>JOAN BESTARD<\/p>\n<p>Joan Bestard Profesor de Antropolog\u00eda en <st1:personname productid=\"la Universitat\" w:st=\"on\">la Universitat<\/st1:personname> de Barcelona<\/p>\n<p> Las personas que nos dedicamos a la antropolog\u00eda cultural tenemos una serie de actitudes intelectuales que nos distinguen de otras disciplinas. Decimos que vamos a lugares remotos a estudiar una cultura. Cuando as\u00ed lo hacemos, vamos en busca de una determinada forma de vida de un pueblo. No buscamos ni la alta cultura ni la cultura de masas; simplemente la cultura como un conjunto de conductas y significados. Para entender una determinada conducta no basta observarla aisladamente, es necesario tener informaci\u00f3n de otros aspectos de la forma de vida. El contexto es lo que da sentido a cualquier conducta. No basta mirar desde fuera, hay que comprenderla desde dentro y, en la medida de lo posible, verla desde el punto de vista del otro. Se trata de hacer observaci\u00f3n participante, es decir, no observar desde fuera, sino buscar la empat\u00eda con la gente. <\/p>\n<p> Sabemos que siempre hay algo inefable en cada cultura que no seremos capaces de conocer, pero tratamos de entender parcialmente a trav\u00e9s de la ascesis cognoscitiva que el trabajo de campo proporciona. Esta actitud que busca describir totalidades culturales desde el punto de vista del otro est\u00e1 impregnada de un profundo relativismo en cuanto a los valores. No podemos juzgar a una cultura por muy extra\u00f1a e irracional que parezca. No hay un patr\u00f3n universal de juicio para los valores culturales. <strong>El ideal de Herder <\/strong>\u00bfCu\u00e1l es la genealog\u00eda de esta actitud intelectual? La l\u00ednea de descendencia m\u00e1s directa es el romanticismo, con su apasionada defensa de las culturas particulares frente al universalismo racionalista. Herder apreciaba las culturas no porque fueran expresiones de valores universales, sino porque ten\u00edan valores particulares yeran completamente diferentes entre s\u00ed. Los seres humanos necesitan pertenecer a un grupo. Nada m\u00e1s lejos del ideal de Herder que el cosmopolita sin ra\u00edces. En su visi\u00f3n de la historia humana el pluralismo cultural es radical: todas las culturas tiene validez ante el juicio de la historia, aunque sus valores \u00faltimos sean inconmensurables entre s\u00ed. Cada cultura local tiene su propia visi\u00f3n del mundo y su propia verdad. La antigua m\u00e1xima cosmopolita de una sola verdadymuy diversos errores se invirti\u00f3. Lo que muestran las culturas son diversas verdades y un solo error, es decir, el uniformismo de la industrializaci\u00f3n. Para luchar contra el error hay que pertenecer a una cultura local, defender su propia verdad e identidad. En el cosmopolitismo ilustrado Robinson Crusoe era el paradigma. Un individuo que en una isla solitaria reconstruye su mundo. En el romanticismo, las culturas locales son el paradigma. Colectividades fuertemente identificadas con su propia verdad que se enfrentan al error cosmopolita. Si as\u00ed es, la idea de un estado ideal de la humanidad es una incoherencia. Lo \u00fanico posible son las verdades parciales. Herder plante\u00f3 por primera vez el problema y la antropolog\u00eda cien a\u00f1os despu\u00e9s trat\u00f3 de resolverlo emp\u00edricamente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Espacios abiertos<\/strong><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong>JORDI PIGEM<\/strong><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong>Jordi Pigem es doctor en Filosof\u00eda y autor de varios libros; el \u00faltimo,\u00b4Buena crisis\u00b4 (Kair\u00f3s y, en catal\u00e1n, Ara Llibres)<\/strong><\/p>\n<p><strong><br \/> <strong>El romanticismo fue el descubrimiento de unas carencias y de un exilio. Los autores y artistas rom\u00e1nticos percibieron las carencias del racionalismo y la necesidad de encontrar caminos de vuelta para poner fin a nuestro exilio de la naturaleza. El romanticismo quiso rescatar lo que la dieciochesca luz de la raz\u00f3n hab\u00eda dejado a oscuras o en la sombra. Para ello contrapuso al poder deductivo de la raz\u00f3n la capacidad creadora de la imaginaci\u00f3n. Una imaginaci\u00f3n que, como argumenta Coleridge, nada tiene que ver con fantas\u00edas subjetivas. De ella nacen la inspiraci\u00f3n art\u00edstica y las narrativas culturales. Y tal como la raz\u00f3n viv\u00eda en la ciudad, para los rom\u00e1nticos la imaginaci\u00f3n creadora se siente a sus anchas en la naturaleza, manifestaci\u00f3n visible de la belleza y el sentido del mundo. <\/strong><\/p>\n<p> <strong>Estos dos aspectos interrelacionados del romanticismo, desconfianza ante la racionalidad y admiraci\u00f3n por la naturaleza, quedan condensados en unos versos del poeta William Wordsworth (1770-1850): \u00abSweet is the lore that nature brings; \/ our meddling intellect\/ misshapes the beauteous forms of things: \/ we murder to dissect\u00bb (Dulce es lo que ense\u00f1a la naturaleza;\/ nuestro intelecto descarado \/ distorsiona en las cosas sus formas bellas:\/ matamos para disecar). <\/strong><\/p>\n<p> <strong>Ya en 1788 Friedrich Schiller lamentaba que la visi\u00f3n racionalista del mundo despojara de su divinidad a la naturaleza: \u00abGleich dem todten Schlag der Pendeluhr \/ Dient sie knechtisch dem Gesetz der Schwere \/ Die entg\u00f6tterte Natur\u00bb (La naturaleza, de dioses despojada, \/ inerte como el comp\u00e1s del reloj de p\u00e9ndola, \/ servil se rinde a la ley de la gravedad). A principios del siglo XIX expresan tambi\u00e9n un sentir semejante John Keats y William Blake. John Keats denuncia c\u00f3mo all charms fly (todos los encantos se esfuman) ante la mirada mecanicista. Blake, por su parte, culpa a tres paladines ingleses de la visi\u00f3n racionalista, Bacon, Newton y Locke, de la atrofia de la imaginaci\u00f3n y del imperio de lo mec\u00e1nico que ve extenderse en su tiempo. Para Blake, las cuatro dimensiones de la visi\u00f3n humana (sensual, racional, po\u00e9tica y visionaria) han quedado reducidas a una single vision:la visi\u00f3n meramente racional. <\/strong><\/p>\n<p> <strong>Vida interior El inter\u00e9s rom\u00e1ntico por la vida interior y por la naturaleza confluyen en su pasi\u00f3n por el paisaje. Un paisaje nuestro que influir\u00e1 en el romanticismo alem\u00e1n es Montserrat, a partir de la visita que realiza Wilhelm von Humboldt en la primavera de 1800. Subiendo desde Collbat\u00f3, Humboldt queda admirado ante las formas del macizo, y aquel verano escribe un ensayo entusiasta sobre Montserrat que ser\u00e1 <\/strong><\/strong>e\u00eddo inmediatamente por Goethe y Schiller y publicado poco despu\u00e9s. Goethe ver\u00e1 en Montserrat un s\u00edmbolo de la paz interior en un entorno de naturaleza salvaje, y en un art\u00edculo de 1816 escribir\u00e1 sobre el \u00abMontserrat ideal\u00bb y sobre el Montserrat interior en el que cada cual (auf seinem eigenen Montserrat)puede hallar gozo y serenidad (Gl\u00fcck und Ruhe).<\/p>\n<p> Sin embargo, el inter\u00e9s rom\u00e1ntico por el paisaje nunca se libera de un elemento nost\u00e1lgico, o incluso de una conciencia tr\u00e1gica de la separaci\u00f3n entre el artista y la naturaleza. La cultura de los siglos anteriores hab\u00eda ido ensanchando la distancia entre el sujeto y el objeto, entre el yo interior y el mundo exterior. El movimiento rom\u00e1ntico diagnostica intuitivamente el problema, pero no tiene herramientas para resolverlo. <\/p>\n<p> Un ejemplo de ello es la obra del mayor paisajista rom\u00e1ntico alem\u00e1n, Caspar David Friedrich (1774-1840). En muchas de sus telas encontramos enormes e inh\u00f3spitos paisajes que eclipsan a una o unas pocas figuras humanas, casi siempre inm\u00f3viles y de espaldas: hombres y mujeres con ropa urbana que contemplan una naturaleza salvaje y crespuscular. Estos personajes parecen sentir un profundo anhelo por el paisaje, pero se muestran distanciados, solitarios, inmersos en sus cavilaciones e incapaces de fluir plenamente con su entorno. El artista rom\u00e1ntico se siente exiliado de la naturaleza y anhela regresar de ese exilio. No lo consigue, pero de ese anhelo brotan sus creaciones. <\/p>\n<p> <strong>Reivindicar la imaginaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>La reivindicaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n y de la intuici\u00f3n y el anhelo de armon\u00eda con la naturaleza propios del movimiento rom\u00e1ntico han vuelto a aflorar en nuestros d\u00edas. Actualmente sabemos que la raz\u00f3n calculadora tiene l\u00edmites que no sospech\u00e1bamos y que para salir de nuestra crisis sist\u00e9mica necesitamos hoy otros tipos de inteligencia: emocional, social, ecol\u00f3gica. Y tenemos a nuestro alcance experiencias, t\u00e9cnicas y saberes, incluidos los de otras culturas, que eran inaccesibles a los rom\u00e1nticos. Ellos buscaron a tientas v\u00edas que ahora podemos empezar a caminar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\/\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Romanticismo y modernidad. M\u00e1s all\u00e1 de los t\u00f3picos, arriesgando si cabe en la interpretaci\u00f3n, nos aproximamos al movimiento rom\u00e1ntico como germen de la actitud moderna. Una mirada retrospectiva y prospectiva. El conocimiento, que seg\u00fan los ilustrados ten\u00eda sus l\u00edmites, para los rom\u00e1nticos era casi infinito y sin l\u00edmites. 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