{"id":21424,"date":"2009-09-24T11:20:56","date_gmt":"2009-09-24T09:20:56","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-misterio-portugues\/"},"modified":"2009-09-24T11:20:56","modified_gmt":"2009-09-24T09:20:56","slug":"el-misterio-portugues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-misterio-portugues\/","title":{"rendered":"El misterio portugu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p>A los espa\u00f1oles se les olvida Portugal. Claro que saben qu\u00e9 es y d\u00f3nde est\u00e1, pero se les olvida. A los portugueses a veces tambi\u00e9n se les olvida Espa\u00f1a, pero no tanto. Cuando se construye una nacionalidad, hay que desconocer un poco los dem\u00e1s pa\u00edses, sobre todo los m\u00e1s cercanos. Pessoa lo dijo muy bien: \u00abTodas las naciones son misterios. Cada una es el mundo entero a solas\u00bb. Los pocos textos que los diarios espa\u00f1oles dedicar\u00e1n a las elecciones legislativas portuguesas del 27 de septiembre no cambiar\u00e1n esta situaci\u00f3n. Los nombres de los pol\u00edticos lusitanos sonar\u00e1n rar\u00edsimos a los pocos lectores que no se salten la noticia. Y todo volver\u00e1 al olvido de siempre.<\/p>\n<p>No obstante, cada vez m\u00e1s espa\u00f1oles se enamoran de Portugal y se adentran en el misterio portugu\u00e9s. Lo primero que comprenden es que se trata de un pa\u00eds apasionado por las distancias. Cuando se est\u00e1 en Portugal no se est\u00e1 en Portugal, sino m\u00e1s bien en el pr\u00f3logo de algo que se contin\u00faa en Am\u00e9rica, en \u00c1frica, en Asia y en el m\u00e1s lejano Oriente. El destino del pa\u00eds vecino es el viaje: se trata de una cultura que se busca a s\u00ed misma en el m\u00e1s all\u00e1. La consecuencia es que Portugal se descentra, se transfiere para su periferia. Y despu\u00e9s pasa que uno se encuentra en Lisboa con una ciudad que es un hueco de nostalgias.<\/p>\n<p>Este culto de la distancia se refleja tambi\u00e9n en peque\u00f1os detalles de la vida cotidiana. Al portugu\u00e9s no le gusta, por lo general, convivir en la calle. Lo hace en la lejan\u00eda de las casas particulares. El primer contacto entre las personas adultas casi nunca empieza por el t\u00fa, sino por el usted. Hay amigos de muchos a\u00f1os y de f\u00e9rreas solidaridades que jam\u00e1s se han tuteado. Siempre la distancia, aunque sea la distancia social de un tratamiento. Y en las cafeter\u00edas las mesas individuales se imponen a la barra multitudinaria.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s por todo esto al portugu\u00e9s, cuando llega a Espa\u00f1a, le parece que las personas est\u00e1n hablando a voces y que las cosas se han acercado peligrosamente a su cuerpo. Para los lusitanos, que son seres so\u00f1adores y muy virtuales, visitar Espa\u00f1a es como darse un buen masaje de realidades. Entretenido con esta dimensi\u00f3n er\u00f3tica de la hispanidad, el portugu\u00e9s suele olvidar el laberinto de culturas y nacionalidades que constituye una de las riquezas y uno de los problemas de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Piensan muchos espa\u00f1oles que Portugal es un pa\u00eds de pobres y se equivocan redondamente. Portugal es un pa\u00eds de ricos pobres, lo que es muy distinto. La naci\u00f3n vecina tiene, para quien la conoce bien, ese encanto polvoriento de las familias aristocr\u00e1ticas venidas a menos. Aunque su exterior pueda ser menesteroso, la mentalidad portuguesa es la de un rico. Pocos pa\u00edses habr\u00e1n despilfarrado tanto. Pocos pa\u00edses se han relacionado con su econom\u00eda, a lo largo de los siglos, de un modo tan perdulario. El rey Juan V, monarca de la primera mitad del siglo XVIII, envi\u00f3 al papa Clemente XI una embajada memorable, cuyos carruajes incre\u00edblemente lujosos se pueden visitar a\u00fan hoy en d\u00eda en el Museu Nacional dos Coches. Al monasterio de Mafra, obra millonaria que fue uno de los s\u00edmbolos de su reinado, le puso dos carillones porque uno le pareci\u00f3 barato.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el origen de todo esto sea la \u00e9poca espl\u00e9ndida de la expansi\u00f3n mar\u00edtima y del imperio, los siglos XV y XVI, en que Portugal, entrando en contacto con otros mundos del mundo, se perfil\u00f3 como una novela de ensue\u00f1o, inventando el realismo m\u00e1gico antes de que fuera inventado. Lisboa se transform\u00f3 en una ciudad muy rica: una \u00aborg\u00eda de mercaderes\u00bb, en palabras del historiador Oliveira Martins. En El burlador de Sevilla,se cuenta que exist\u00edan comerciantes lisboetas que med\u00edan el dinero en fanegas, como se med\u00eda el trigo, porque no hab\u00eda tiempo ni paciencia para contar monedas. En los pisos bajos del Palacio Real se situaba la Casa de la India, que controlaba el comercio imperial. Y en el estuario del Tajo pod\u00edan verse m\u00e1s de 500 naves ancladas, venidas del mundo entero. Lisboa era en aquella \u00e9poca lo que Nueva York est\u00e1 dejando de ser para que Shangai empiece a serlo.<\/p>\n<p>Al espa\u00f1ol le cuesta entender que el indigente portugu\u00e9s tenga una mentalidad tan aristocr\u00e1tica, pero as\u00ed es, m\u00e1s por timidez que por orgullo. Resulta curioso comprobar que los lusitanos han sustituido los t\u00edtulos nobiliarios por t\u00edtulos acad\u00e9micos. A los licenciados se les trata socialmente de doctor y a los doctorados de profesor doctor, y en estas palabras hay como un eco de antiguos tratamientos de se\u00f1or conde o se\u00f1or marqu\u00e9s.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el portugu\u00e9s es muy barroco. Le gustan los detalles, no las estructuras. Aprecia, en todo, el talento decorativo. En un restaurante, el filete de ternera se sirve con patatas, arroz y verduras: el filete es peque\u00f1o, pero notable su s\u00e9quito gastron\u00f3mico. En Espa\u00f1a, los filetes de ternera son grandes y vienen con patatas fritas. Amante de las distancias y de los ensue\u00f1os, perdulario y barroco, el lusitano es adem\u00e1s muy individualista, lo que conlleva una cierta desorganizaci\u00f3n. Portugal transmite una suave impresi\u00f3n de caos, parecida a la que uno siente en una tienda de antig\u00fcedades. En Espa\u00f1a reina una mentalidad m\u00e1s geom\u00e9trica, m\u00e1s germ\u00e1nica, quiz\u00e1s recuerdo del esplendor alem\u00e1n de los Austrias.<\/p>\n<p>La historia no basta para explicar esta manera de ser tan encantadora cuanto, a veces, exasperante. Portugal naci\u00f3 en el siglo XII, fruto de la ambici\u00f3n de una familia francesa (el primer rey portugu\u00e9s, Alfonso Henr\u00edquez, es hijo de un arist\u00f3crata borgo\u00f1\u00e9s), que se apoy\u00f3 en la nobleza que exist\u00eda entre los r\u00edos Duero y Mi\u00f1o. En el remolino pol\u00edtico de la reconquista naci\u00f3 este peque\u00f1o Estado, que en un principio intent\u00f3 crecer hacia el norte, hacia territorio gallego, formando la uni\u00f3n l\u00f3gica del noroeste peninsular. Pero la historia no es l\u00f3gica, aunque pueda ser comprensible: fracasando en su aventura gallega, la expansi\u00f3n del nuevo reino se har\u00e1 hacia el sur. Galicia y Portugal, que b\u00e1sicamente son lo mismo en lo que respecta a sus ra\u00edces, se separaron para siempre, y la especificidad portuguesa se desarroll\u00f3 a partir de la fusi\u00f3n de su ra\u00edz galaica con las culturas \u00e1rabes y sem\u00edticas meridionales.<\/p>\n<p>En 1385, con la victoria de Aljubarrota sobre los ej\u00e9rcitos castellanos, Portugal se aleja de la uni\u00f3n peninsular y, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, con la conquista de Ceuta, en 1415, se lanza a su aventura mar\u00edtima. En menos de cien a\u00f1os, este pa\u00eds construye el primer imperio de dimensi\u00f3n mundial, con posesiones en Am\u00e9rica, \u00c1frica, Asia y Extremo Oriente. En realidad, es el primer imperio global, muy fr\u00e1gil por supuesto, pero el imperio espa\u00f1ol y el franc\u00e9s, el glorioso imperio brit\u00e1nico y el actual imperio virtual norteamericano son una continuaci\u00f3n de este primer boceto portugu\u00e9s. A partir de aqu\u00ed, Portugal vive en la esquizofrenia de ser una peque\u00f1a naci\u00f3n que ha llevado a cabo grandes cosas: el portugu\u00e9s actual es un enano cuyos abuelos resulta que eran unos colosos.<\/p>\n<p>Desde el siglo XVIII hasta la actualidad, la cultura portuguesa, consciente de su decadencia, ha vivido marcada por la obsesi\u00f3n mim\u00e9tica de lograr parecerse a los grandes pa\u00edses occidentales: la misma obsesi\u00f3n que existi\u00f3 en Espa\u00f1a, pero en el caso espa\u00f1ol esta man\u00eda imitadora se equilibraba con el amor hacia la pandereta y hacia todo lo castizo. En Portugal, casi no existe este orgullo nacional. El portugu\u00e9s ama demasiado lo extranjero. Las pel\u00edculas en otros idiomas siempre se han subtitulado. Por el contrario, Espa\u00f1a no es pa\u00eds de subt\u00edtulos, sino de doblajes.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son los retos actuales de la portugalidad? El lector ya se ha dado cuenta de que, en realidad, Portugal es un pa\u00eds inviable. Siempre lo ha sido. No posee una individualidad geogr\u00e1fica; sus ra\u00edces m\u00e1s profundas las comparte con Galicia; su propio idioma es una evoluci\u00f3n, una mundializaci\u00f3n del gallego. La independencia portuguesa hay que crearla todos los d\u00edas. Por eso, ser portugu\u00e9s cansa much\u00edsimo. Se puede ser alem\u00e1n, brit\u00e1nico o franc\u00e9s tranquilamente, pero s\u00f3lo se puede ser portugu\u00e9s en la intranquilidad. Sin personalidad geogr\u00e1fica espec\u00edfica, los portugueses tuvieron que labrarse un territorio propio en la mar. Es con prodigios de este tipo que la portugalidad se ha ido construyendo. Cuando una peque\u00f1a naci\u00f3n se decide por un destino separado, r\u00e1pidamente descubre que tiene que reinventar su independencia en cada nuevo d\u00eda de su historia.<\/p>\n<p>La identidad portuguesa se fragua en este estado espiritual de vivir en la perpetua invenci\u00f3n de su individualidad. Esto lo explic\u00f3 muy bien Fernando Pessoa en Mensagem: el portugu\u00e9s es un militante de la imposibilidad. De su imposibilidad. Ser portugu\u00e9s constituye, en el fondo, una forma de hero\u00edsmo. En un occidente laico y hedonista, la sociedad portuguesa tiene alguna dificultad en aceptar el extra\u00f1o sacrificio que conlleva la identidad lusitana. Y aqu\u00ed se abre una paradoja: uno de los problemas del Portugal del \u00faltimo siglo ha sido su exceso de felicidad. La \u00faltima invasi\u00f3n extranjera ocurri\u00f3 en 1807; la \u00faltima guerra civil se concluy\u00f3 en 1834. Despu\u00e9s de esto, las grandes cat\u00e1strofes han ocurrido a lo lejos, como si fueran sue\u00f1os. A lo largo del siglo XX, Portugal fue un pa\u00eds lunar. Y la naci\u00f3n se ha dormido.<\/p>\n<p>El Portugal actual no sabe por d\u00f3nde tirar. No sabe c\u00f3mo despertar. Pero este problema, que parec\u00eda ser espec\u00edficamente portugu\u00e9s, se ha visto que, al final, es de todo el mundo occidental. Quiz\u00e1s a causa de la fragilidad de su econom\u00eda, Portugal sinti\u00f3 primero los s\u00edntomas de una crisis que es de todos. Efectivamente, la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica constituye un lugar prof\u00e9tico. Prof\u00e9tica fue nuestra relaci\u00f3n con el mundo \u00e1rabe, a partir del 711: un anuncio de la tensi\u00f3n que marca, a\u00fan en la actualidad, las relaciones entre las naciones occidentales y el islam. Prof\u00e9tica fue tambi\u00e9n nuestra expansi\u00f3n colonial: un bosquejo de la actual globalizaci\u00f3n. Prof\u00e9tica fue en fin la guerra civil de Espa\u00f1a. Quiz\u00e1s esta capacidad de profec\u00eda ocurra porque llegan aqu\u00ed primero las pateras de la historia. En el callej\u00f3n sin salida que es el presente de Occidente, Portugal se siente, por decirlo de alguna manera, en su ambiente. El futuro que no tenemos hoy los occidentales es el futuro que Portugal siempre ha tenido. Y puede que la capacidad de inventar y de inventarse de los lusitanos sea una de las llaves del porvenir.<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A los espa\u00f1oles se les olvida Portugal. Claro que saben qu\u00e9 es y d\u00f3nde est\u00e1, pero se les olvida. A los portugueses a veces tambi\u00e9n se les olvida Espa\u00f1a, pero no tanto. Cuando se construye una nacionalidad, hay que desconocer un poco los dem\u00e1s pa\u00edses, sobre todo los m\u00e1s cercanos. 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