{"id":21358,"date":"2009-09-21T14:15:02","date_gmt":"2009-09-21T12:15:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/regalos-envenenados\/"},"modified":"2009-09-21T14:15:02","modified_gmt":"2009-09-21T12:15:02","slug":"regalos-envenenados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/regalos-envenenados\/","title":{"rendered":"Regalos envenenados"},"content":{"rendered":"<p>\u00abNo aceptes nunca un regalo de los dioses\u00bb. A pesar de la advertencia del previsor Prometeo, su hermano Epimeteo no pudo rechazar a Pandora cuando esta le fue entregada de manos de Hermes. La belleza y curiosidad de la mujer hab\u00edan sido cuidadosamente programadas por Zeus como vengativa respuesta a la gesta civilizadora por excelencia, la entrega del fuego a los hombres, de Prometeo. Con Pandora y su inconsciencia al abrir la caja que conten\u00eda todos los males, el progreso de la humanidad qued\u00f3 para siempre asociado al fin de los d\u00edas felices. Pese al fatalismo, y la misoginia, habituales en Hesiodo, su f\u00e1bula contiene una reflexi\u00f3n provechosa sobre el efecto devastador en los cimientos del orden social que suelen producir los regalos recibidos desde una posici\u00f3n de inferioridad. S\u00f3lo entre iguales la reciprocidad es posible, por un regalo que no puede devolverse se suele acabar pagando un precio demasiado alto. <\/p>\n<p>Friedrich D\u00fcrrenmatt, en su perversa comedia de final tr\u00e1gico La visita de la vieja dama,muestra c\u00f3mo el error de Epimeteo puede ser tambi\u00e9n fruto de la acci\u00f3n colectiva, resultado de las ambiciones y deseos de toda una comunidad. En el miserable pueblo de G\u00fcllen todas las esperanzas est\u00e1n volcadas en el retorno de su hija pr\u00f3diga, Claire Zachanasian, convertida en la mujer m\u00e1s rica del mundo pero tambi\u00e9n en una hero\u00edna arcaica de inmutable crueldad. Los mil millones con los que la benefactora dama est\u00e1 dispuesta a arrancar de la amarga pobreza a los g\u00fcllenses son una tentaci\u00f3n demasiado grande, tan grande como el crimen que se les exige a cambio. Entre seguir siendo pobres o mancharse de sangre, no cabe, en principio, lugar para la duda. En nombre de la humanidad, \u00aba\u00fan estamos en Europa, a\u00fan no somos paganos\u00bb, el alcalde rechaza la oferta. \u00abEsperar\u00e9\u00bb, se limita a responder, con la firmeza de un \u00eddolo de piedra, la vieja dama. Y mansamente los vecinos van aceptando, como si de un hado favorable se tratase, la renuncia a los principios elementales de la justicia, la inexorable corrupci\u00f3n moral, a cambio del cheque que permita refundar su desdichada ciudad. La invocaci\u00f3n colectiva, ya al final de la obra, a la conservaci\u00f3n del bienestar alcanzado, pone en evidencia c\u00f3mo, junto a la dignidad, en G\u00fcllen se ha perdido tambi\u00e9n el control sobre el propio destino y todo, hasta los bienes m\u00e1s preciados, ha pasado a depender de las arbitrariedades de la beneficencia. <\/p>\n<p>No s\u00f3lo la venganza y el rencor se esconden tras la suntuosidad de los regalos de los dioses y sus funestos alcances, a veces las mejores intenciones tienen unas consecuencias igualmente aciagas. En este sentido, y dado que vivimos momentos de grandes planes econ\u00f3micos de rescate, est\u00edmulo, reactivaci\u00f3n y relanzamiento, tan astron\u00f3micos en sus cantidades como dudosos en sus premisas intelectuales, quiz\u00e1s conviene recuperar de la memoria etnogr\u00e1fica el sombr\u00edo caso de los yir yoront y las hachas de acero. En 1952, tres a\u00f1os antes del estreno de la obra de D\u00fcrrenmatt y cuando el Plan Marshall se consolidaba, no sin cr\u00edticas, como modelo de programa de ayuda externa al desarrollo, el antrop\u00f3logo americano Lauriston Sharp describi\u00f3 un proceso de \u00abdescomposici\u00f3n cultural sorprendentemente completa y repentina\u00bb entre los abor\u00edgenes australianos que habitaban la costa oeste de la pen\u00ednsula del Cabo York. La causa principal de este desmoronamiento radic\u00f3 en la sustituci\u00f3n de sus hachas de piedra originales por hachas de acero que los misioneros distribu\u00edan en las fiestas de Navidad como parte de un plan de mejora de los est\u00e1ndares de vida de los nativos. Los efectos perturbadores de las nuevas hachas ocasionaron tal colapso en las jerarqu\u00edas, ideas y valores de los yir yoront que se destruyeron todos los anclajes del sistema cultural. Como ejemplo del punto de saturaci\u00f3n intelectual y emocional al que llegaron los yir yoront, Sharp relata la desesperada sustracci\u00f3n de pasta de dientes a los antrop\u00f3logos por parte de los ancianos que buscaban contrarrestar la ansiedad mediante un nuevo culto, una magia eficaz que les permitiera recuperar el prestigio y el poder que las obsoletas hachas de piedra tradicionalmente les hab\u00edan conferido. <\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo actuar ante la presi\u00f3n de un regalo al que no puede darse justa respuesta? Algo as\u00ed debi\u00f3 pensar Johann Sebastian Bach mientras escuchaba las veintiuna notas que el joven rey Federico II de Prusia le brindaba como tema para una improvisada fuga a seis voces con la que poder evidenciar, ante la corte de Potsdam, la grandeza de su talento. El tema regio plantea un reto tal a la escritura contrapunt\u00edstica que Arnold Sch\u00f6nberg, presuponiendo que los conocimientos musicales del rey flautista no alcanzaban para lograr tanta maldad, dirigi\u00f3 sus sospechas hacia la autor\u00eda de Carl Philipp Emmanuel Bach, hijo del presuntamente homenajeado y clavicembalista al servicio del, tambi\u00e9n presunto, homenajeador. En el caso de estar Sch\u00f6nberg en lo cierto, el viejo Bach se encontraba, no ante un simple tema, sino frente a la materializaci\u00f3n de una bien urdida trama de hijos veng\u00e1ndose de los excesos de rigor y severidad de los padres. Por otra parte, la insidia del Thema Regium tambi\u00e9n serv\u00eda para atacar, con sus propias armas, los principios est\u00e9ticos y morales de una \u00e9poca que se cre\u00eda oscura, supersticiosa y ya superada para dejar, as\u00ed, libre el paso a los nuevos tiempos de la raz\u00f3n. Quiz\u00e1s oli\u00e9ndose el embrollo, Bach declin\u00f3 participar en el juego cortesano y demor\u00f3 su respuesta para poder trabajar en ella durante unos d\u00edas. Fruto de la prudente moratoria es una de sus obras tard\u00edas m\u00e1s bellas y complejas, s\u00edntesis del dominio de la herencia t\u00e9cnica del contrapunto y los escarceos con la nueva sensibilidad galante. Das Musikalische Opfer es el equivalente al ant\u00eddoto que buscaban en el dent\u00edfrico los ancianos abor\u00edgenes australianos, un remedio eficaz ante la p\u00e9rdida de sentido del pasado y la incertidumbre del futuro. No resulta pues tan extra\u00f1o que, en su discutida nota al inicio de la edici\u00f3n impresa, Bach la consagrase, y no s\u00f3lo la dedicase, como una ofrenda, pero tambi\u00e9n como sacrificio, para restituir el orden tras la acci\u00f3n profanatoria, y por lo tanto desestructurante, que conlleva todo regalo ca\u00eddo del cielo. <\/p>\n<h4>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\/\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abNo aceptes nunca un regalo de los dioses\u00bb. A pesar de la advertencia del previsor Prometeo, su hermano Epimeteo no pudo rechazar a Pandora cuando esta le fue entregada de manos de Hermes. 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