{"id":21357,"date":"2009-09-21T14:13:55","date_gmt":"2009-09-21T12:13:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-profesor-se-explica-fragmento-de-el-hombre-que-fue-jueves\/"},"modified":"2009-09-21T14:13:55","modified_gmt":"2009-09-21T12:13:55","slug":"el-profesor-se-explica-fragmento-de-el-hombre-que-fue-jueves","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-profesor-se-explica-fragmento-de-el-hombre-que-fue-jueves\/","title":{"rendered":"El profesor se explica. Fragmento de El hombre que fue jueves"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.lainsignia.org\/imag2007\/chesterton12.jpg\" alt=\"Chesterton\" title=\"Chesterton\" border=\"0\" width=\"230\" height=\"270\" \/> <\/p>\n<p>Cuando Gabriel Syme se encontr\u00f3 instalado en su silla y vio frente a \u00e9l al profesor de las espesas cejas y los p\u00e1rpados ca\u00eddos, otra vez sinti\u00f3 miedo. Era, pues, seguro que este sujeto incomprensible le persegu\u00eda desde el momento de dejar el Consejo. El contraste entre su estado paral\u00edtico y su aptitud para seguir una pista lo hac\u00eda m\u00e1s interesante, pero no m\u00e1s tranquilizador. Poco consolador ser\u00eda que Syme no lograra descifrar el misterio de aquel hombre, mientras que aquel le arrancaba el suyo. Syme acab\u00f3 con su jarra de cerveza antes de que el profesor probase la leche. <\/p>\n<p>Quedaba una probabilidad de esperanza, pero tambi\u00e9n era desesperada. Todav\u00eda pudiera ser que aquella persecuci\u00f3n no significara sospecha alguna; que fuese un rito o signo convencional; tal vez aquella loca carrera era una advertencia amistosa que \u00e9l no sab\u00eda entender: algo convencional en suma. Quiz\u00e1 era de reglamento cazar a Jueves a lo largo de Cheapside, como es costumbre escoltar por all\u00ed al alcalde reci\u00e9n nombrado. Y se dispon\u00eda a averiguarlo con ma\u00f1a, cuando el viejo profesor le abord\u00f3 inesperadamente y con sencillez. Antes de que Syme hubiera propuesto su primera pregunta diplom\u00e1tica, ya el viejo anarquista, sin andarse con rodeos, hab\u00eda disparado la siguiente:<\/p>\n<p>-\u00bfEs usted polic\u00eda?<\/p>\n<p>Todo lo esperaba Syme, menos un ataque tan brutal y directo. A pesar de toda su presencia de \u00e1nimo, apenas pudo contestar afectando una locuacidad risue\u00f1a.<\/p>\n<p>-\u00bfPolic\u00eda? -y trat\u00f3 de re\u00edr-. \u00bfY qu\u00e9 me encuentra de polic\u00eda?<\/p>\n<p>-Muy sencillo -dijo el profesor tranquilamente-: me parec\u00eda que era polic\u00eda, y me lo sigue pareciendo.<\/p>\n<p>-\u00bfMe habr\u00e9 puesto un casco de polic\u00eda por descuido al salir del caf\u00e9? -pregunt\u00f3 Syme, esforz\u00e1ndose por sonre\u00edr- \u00bfLlevo por casualidad alg\u00fan n\u00famero en el traje? \u00bfTienen aire policial mis botas? \u00bfQu\u00e9 tengo de polic\u00eda? \u00bfNo le parezco m\u00e1s bien un empleado de correos?<\/p>\n<p>El profesor sacudi\u00f3 la cabeza con aire convencido; pero Syme continu\u00f3 con iron\u00eda febril:<\/p>\n<p>-Tal vez no alcanzo la sutileza de su filosof\u00eda germ\u00e1nica. Tal vez \u00abpolic\u00eda\u00bb sea sus labios un t\u00e9rmino relativo. En un sentido evolucionista, puede decirse que el mono se transforma en polic\u00eda por una gradaci\u00f3n tan inefable que bien pudiera escap\u00e1rseme el matiz. El mono es, as\u00ed, un polic\u00eda potencial. Y la vieja solterona de Clapham Common es un polic\u00eda que pudo haber sido. Pues bien: en este sentido, es posible que sea un polic\u00eda fracasado; posible es que sea cualquier cosa para la filosof\u00eda alemana.<\/p>\n<p>-\u00bfEst\u00e1 usted al servicio de la polic\u00eda? -dijo el anciano, sin hacer caso de las burlas tan improvisadas como desesperadas de Syme- \u00bfEs detective?<\/p>\n<p>A Syme se le paraliz\u00f3 el coraz\u00f3n, pero su fisonom\u00eda sigui\u00f3 inalterable.<\/p>\n<p>-Su suposici\u00f3n es rid\u00edcula -empez\u00f3-. \u00bfC\u00f3mo diablos&#8230; ?<\/p>\n<p>El viejo descarg\u00f3 tal pu\u00f1etazo en la raqu\u00edtica mesa que estuvo a punto de romperla.<\/p>\n<p>-Creo que me ha o\u00eddo preguntar claro, monigote de esp\u00eda -aull\u00f3 con voz alocada-. \u00bfEs usted, si o no, detective, al servicio de la polic\u00eda?<\/p>\n<p>-\u00a1No! -contest\u00f3 Syme, como el que est\u00e1 a punto de ser colgado.<\/p>\n<p>-\u00a1J\u00farelo, j\u00farelo! \u00bfAcepta condenarse si jura en vano? Si jura en vano, \u00bfquiere que el diablo baile en sus funerales? \u00bfque la sombra envuelva su sepulcro? \u00bfQuiere decir la verdad? \u00a1Usted anarquista! \u00a1Usted dinamitero! \u00bfNo es usted, en ning\u00fan sentido de la palabra agente de polic\u00eda? \u00bfNo est\u00e1 afiliado a la polic\u00eda brit\u00e1nica?<\/p>\n<p>Y diciendo esto, se ech\u00f3 hacia adelante sobre la mesa, y apoy\u00e1ndose en el codo, hizo de la mano una bocina y la aplic\u00f3 al o\u00eddo.<\/p>\n<p>-No pertenezco a la polic\u00eda brit\u00e1nica -dijo Syme con calma f\u00fanebre.<\/p>\n<p>El Profesor de Worms se dej\u00f3 caer en el banco con un curios\u00edsimo gesto de cort\u00e9s desesperaci\u00f3n:<\/p>\n<p>-\u00a1Pues es una l\u00e1stima! -exclam\u00f3-. Porque yo s\u00ed pertenezco a la polic\u00eda.<\/p>\n<p>Syme se puso en pie de un salto, derribando cuidadosamente el banco en que estaba sentado.<\/p>\n<p>-\u00bfPorque usted pertenece a qu\u00e9? -dijo con voz espesa -. \u00bfPertenece a qu\u00e9?<\/p>\n<p>-Que soy de la polic\u00eda -insisti\u00f3 el Profesor sonriendo por primera vez, mientras que sus ojos centelleaban detr\u00e1s de los espejuelos-. Pero como usted opina que la palabra \u00abpolic\u00eda\u00bb es un t\u00e9rmino relativo, no quiero nada con usted. Yo pertenezco al servicio de la polic\u00eda inglesa, pero como usted me dice que no es \u00e9se su caso, a m\u00ed s\u00f3lo me toca hacer notar que me lo he encontrado en un club de dinamiteros. Creo que estoy en el deber de arrestarlo.<\/p>\n<p>Y, dicho esto, puso sobre la mesa, ante los ojos de Syme, un exacto facs\u00edmil de la tarjeta azul que Syme llevaba en el bolsillo del chaleco, s\u00edmbolo de su poder polic\u00edaco.<\/p>\n<p>Syme tuvo por un instante la impresi\u00f3n de que el cosmos se hab\u00eda vuelto del rev\u00e9s, de que los \u00e1rboles estaban creciendo para abajo, y bajo sus pies luc\u00edan las estrellas. Paulatinamente, a esta impresi\u00f3n sucedi\u00f3 otra diametralmente opuesta: en efecto, durante las \u00faltimas veinticuatro horas, el universo hab\u00eda estado del rev\u00e9s, y apenas en este momento parec\u00eda enderezarse. \u00bfDe modo que aquel dominio de quien hab\u00eda venido huyendo, y que ahora se burlaba de \u00e9l, desde el asiento de enfrente, no era m\u00e1s que un hermano mayor de su familia? No pregunt\u00f3 nada; se conform\u00f3 con la alegr\u00eda incre\u00edble de saber que aquella sombra que le hab\u00eda venido acosando, con la intolerable opresi\u00f3n del peligro, era simplemente la sombra de un amigo empe\u00f1ado en identificarlo. A un mismo tiempo se sinti\u00f3 libre y se confes\u00f3 que era un necio, porque siempre hay un sentimiento de admiraci\u00f3n en estas emociones de alivio. En estas circunstancias s\u00f3lo hay lugar a tres cosas: primero, al orgullo sat\u00e1nico; segundo, a las l\u00e1grimas, y tercero, a la risa.<\/p>\n<p>El ego\u00edsmo de Syme se entreg\u00f3 al primer sentimiento unos cuantos segundos, y despu\u00e9s dio un salto al tercero. Sacando entonces del bolsillo del chaleco su tarjeta de polic\u00eda, la arroj\u00f3 sobre la mesa y, echando hacia atr\u00e1s la cabeza, de modo que su barba rubia casi apuntaba al techo, dispar\u00f3 una carcajada brutal.<\/p>\n<p>Aun en aquel oscuro rinc\u00f3n, siempre poblado por el estr\u00e9pito de los cuchillos, platos, latas de conservas, voces clamorosas, rumores de lucha y de fuga, la alegr\u00eda de Syme reson\u00f3 de un modo tan hom\u00e9rico que se le quedaron mirando los parroquianos medio borrachos.<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 se r\u00ede, caballero? -pregunt\u00f3 asombrado un cargador del muelle.<\/p>\n<p>-De m\u00ed mismo -contest\u00f3 Syme, entreg\u00e1ndose de nuevo al \u00e9xtasis ag\u00f3nico de su reacci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Dom\u00ednese -advirti\u00f3 el Profesor- o se va a poner hist\u00e9rico. Pida m\u00e1s cerveza, yo le acompa\u00f1ar\u00e9.<\/p>\n<p>-A\u00fan no se ha bebido su leche -observ\u00f3 Syme.<\/p>\n<p>-\u00a1Mi leche! -repuso el otro con impenetrable y desmayado desd\u00e9n- \u00a1mi leche! \u00bfSe figura que me dedico yo a estos menjurjes cuando no me ven los sanguinarios anarquistas? En esta sala todos somos cristianos &#8230; -y echando una mirada a los ebrios que les rodeaban- aunque tal vez no muy estrictos. \u00bfConque acabarme mi leche? \u00a1Qu\u00e9 diablos, s\u00ed! Ya ver\u00e1 como voy a acabar con ella. Y, rompiendo el vaso sobre la mesa, hizo correr un charco de l\u00edquida plata.<\/p>\n<p>Syme lo miraba sorprendido y encantado.<\/p>\n<p>-Ahora lo entiendo -exclam\u00f3-, usted no es viejo.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed no puedo cambiar de cara -repuso el Profesor de Worms-. Es algo complicado el disfraz. Si soy viejo, no ser\u00e9 yo quien lo diga: tengo treinta y ocho cumplidos.<\/p>\n<p>-Bien est\u00e1 -dijo Syme con impaciencia-, pero quiero decir que no est\u00e1 enfermo de nada.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dijo el otro con flema-, soy propenso a coger uno que otro catarro.<\/p>\n<p>La risa de Syme ten\u00eda toda la emoci\u00f3n de un desahogo. Se re\u00eda de pensar que el paral\u00edtico profesor no era m\u00e1s que un actor joven disfrazado como para salir a escena. Y sent\u00eda, a la vez, que su risa era la misma risa que puede provocar un tarro de mostaza volcado sobre la mesa.<\/p>\n<p>El falso profesor apur\u00f3 la cerveza y, acariciando sus falsas barbas, interrog\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfUsted sab\u00eda que Gogol era de los nuestros?<\/p>\n<p>-\u00bfYo? No por cierto -dijo Syme sorprendido-. \u00bfAcaso usted lo sab\u00eda?<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 hab\u00eda yo de saber! -replic\u00f3 el llamado Worms- \u00a1Si yo cre\u00eda que el Presidente se refer\u00eda a m\u00ed, y estaba temblando de pies a cabeza!<\/p>\n<p>-\u00a1Y yo cre\u00eda que a m\u00ed! -complet\u00f3 Syme, mientras segu\u00eda derrochando su risa-. Y no apartaba la mano del rev\u00f3lver.<\/p>\n<p>-Lo mismo yo -dijo el Profesor agitado-. Y yo creo que Gogol hac\u00eda lo mismo.<\/p>\n<p>Syme lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n, dio un golpe en la mesa:<\/p>\n<p>-\u00a1Y pensar que \u00e9ramos tres! Tres de donde hay siete es buen n\u00famero de combate. \u00a1Si hubi\u00e9ramos sabido que \u00e9ramos tres&#8230;!<\/p>\n<p>El Profesor de Worms, contest\u00f3, sombr\u00edo, sin alzar la vista:<\/p>\n<p>-Tres \u00e9ramos; y trescientos que hubi\u00e9ramos sido daba igual.<\/p>\n<p>-\u00bfIgual, de haber sido trescientos contra cuatro? &#8211; pregunt\u00f3 Syme con jactancia.<\/p>\n<p>-Igual -repuso sombr\u00edamente el Profesor-. Ni trescientos valen contra el Domingo.<\/p>\n<p>Esta sola palabra puso a Syme serio y desanimado. Antes de morir en sus labios, la risa se le muri\u00f3 en el coraz\u00f3n. La inolvidable cara del Presidente se le represent\u00f3 al instante como en una fotograf\u00eda en colores; y advirti\u00f3 que, entre el Domingo y sus sat\u00e9lites, hab\u00eda una diferencia esencial: mientras que las caras de \u00e9stos, por feroces o siniestras que fuesen, parec\u00edan irse desvaneciendo en el recuerdo como las de todos los hombres, la del Domingo parec\u00eda fijarse m\u00e1s con la ausencia, a modo de un retrato que fuera transform\u00e1ndose en un ser vivo. Permanecieron silenciosos unos instantes, despu\u00e9s de los cuales Syme lanz\u00f3 estas palabras como un espumarajo de Champa\u00f1a:<\/p>\n<p>-\u00a1Profesor, es intolerable! \u00bfLe tiene miedo a ese hombre?<\/p>\n<p>El Profesor levant\u00f3 sus pesados p\u00e1rpados y, dirigiendo a Syme una mirada franca, azul, llena de una honradez casi et\u00e9rea, contest\u00f3 con dulzura:<\/p>\n<p>-S\u00ed, le tengo miedo. Y usted tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Syme permaneci\u00f3 mudo un instante. Y levant\u00e1ndose despu\u00e9s cuan largo era, como hombre injuriado, arroj\u00f3 el asiento y dijo con voz indescriptible:<\/p>\n<p>-S\u00ed, tiene raz\u00f3n, le tengo miedo. No obstante, juro a Dios que he de buscar a ese hombre a quien temo hasta no dar con \u00e9l y romperle la boca. Si el cielo mismo fuera su trono y la tierra su escabel, juro que he de arrancarlo de all\u00ed.<\/p>\n<p>Y el Profesor, asombrado:<\/p>\n<p>-\u00bfY c\u00f3mo? \u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>-Porque le tengo miedo. Y el hombre no debe consentir que en el Universo subsista lo que le causa temor.<\/p>\n<p>De Worms contemplaba absorto. Quiso hablar, pero Syme le interrumpi\u00f3 con sorda y exaltada voz:<\/p>\n<p>-\u00bfQui\u00e9n habr\u00eda de permitirse atacar al ser que no le asusta? \u00bfC\u00f3mo rebajarse al papel del simple bravuc\u00f3n, como cualquier luchador alquilado? \u00bfNi qui\u00e9n ha de pretender ignorar el miedo, como un \u00e1rbol inconsciente? Hay que combatir contra lo que nos infunde temor. Acu\u00e9rdese usted del cuento de aquel cl\u00e9rigo ingl\u00e9s qu\u00e9 prestaba los \u00faltimos auxilios a un bandido siciliano. \u00c9ste en su lecho de muerte, le dijo: \u00abYo no tengo dinero con que pagarle; pero puedo darle un buen consejo para toda la vida: el pulgar en la hoja, y herir para arriba\u00bb. Yo tambi\u00e9n le digo a usted: herir para arriba, y a las estrellas si es preciso.<\/p>\n<h3>Publicado por Herramienta.org-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Gabriel Syme se encontr\u00f3 instalado en su silla y vio frente a \u00e9l al profesor de las espesas cejas y los p\u00e1rpados ca\u00eddos, otra vez sinti\u00f3 miedo. Era, pues, seguro que este sujeto incomprensible le persegu\u00eda desde el momento de dejar el Consejo. 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