{"id":21334,"date":"2009-09-21T13:21:01","date_gmt":"2009-09-21T11:21:01","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/consumo-y-compasion\/"},"modified":"2009-09-21T13:21:01","modified_gmt":"2009-09-21T11:21:01","slug":"consumo-y-compasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/consumo-y-compasion\/","title":{"rendered":"Consumo y compasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>  <!--more-->  <br \/>El 8 de agosto del 2007 siete pescadores tunecinos rescataron a 44 n\u00e1ufragos en las aguas del Mediterr\u00e1neo y los condujeron a la isla de Lampedusa, en Italia, a unas pocas millas de donde se encontraban, All\u00ed los salvadores recibieron el trato que merec\u00edan: fueron encarcelados e incomunicados durante 32 d\u00edas y ahora aguardan el resultado de un proceso judicial que puede acarrearles penas de hasta 15 a\u00f1os de c\u00e1rcel por \u00abfavorecimiento de la inmigraci\u00f3n clandestina\u00bb. Las leyes del mar y de la humanidad obligan a socorrer al pr\u00f3jimo; las leyes de la UE proh\u00edben y castigan la compasi\u00f3n. <\/p>\n<p>La verdad es que tampoco hace falta prohibirla. A finales del pasado mes de julio una imagen terrible dio la vuelta al mundo. Era la fotograf\u00eda de dos ba\u00f1istas italianos, semidesnudos sobre la arena de una playa napolitana, que com\u00edan y beb\u00edan pl\u00e1cidamente a pocos metros de los cad\u00e1veres de dos adolescentes gitanas que hab\u00edan muerto ahogadas a la vista de todos sin que nadie las socorriera. As\u00ed son las cosas: a los compasivos se les manda a la c\u00e1rcel, a los indiferentes se les recompensa con comida, bebida y toda clase de mercanc\u00edas baratas. <\/p>\n<p>Porque no son la ignorancia o el miedo lo que nos impide reaccionar frente al dolor del pr\u00f3jimo; es que el dolor del pr\u00f3jimo, de un modo u otro, nos produce placer. Tambi\u00e9n en Italia, tambi\u00e9n a finales de julio, cientos de visitantes hac\u00edan cola en un parque de atracciones de Mil\u00e1n para obtener, a cambio de un solo euro, el goce barato de una experiencia extrema: un simulacro de ejecuci\u00f3n en el que un maniqu\u00ed muy realista se retorc\u00eda y humeaba encadenado a una silla el\u00e9ctrica. Madres y padres compart\u00edan alborozados el espect\u00e1culo con sus hijos y el due\u00f1o de la m\u00e1quina exultaba de alegr\u00eda viendo aumentar minuto a minuto sus ganancias. Se dir\u00e1 que se trataba de una simulaci\u00f3n inocente y que en realidad nadie mor\u00eda achicharrado; pero lo cierto es que lo que el espectador sent\u00eda no era el alivio de que no hubiera realmente un hombre sentado a la silla sino el placer de que lo pareciera. Y por lo tanto el deseo inconsciente de que lo fuera o al menos la desilusi\u00f3n de que no lo fuera. <\/p>\n<p>En Iraq, los torturadores estadounidenses en la prisi\u00f3n de Abu-Ghraib se hac\u00edan fotografiar ingenuamente junto a sus v\u00edctimas iraqu\u00edes imitando precisamente a los visitantes de Disneylandia (o de las Pir\u00e1mides). Sabrina Hartmann, la angelical sargento asesina, no hac\u00eda nada muy distinto de las madres y ni\u00f1os de Mil\u00e1n. Su pureza aterradora, fr\u00edvolamente tur\u00edstica, no expresa la maldad humana ni los horrores intemporales de la guerra; desnuda m\u00e1s bien el infantilismo cruel de una sociedad llamada de \u00abconsumo\u00bb en la que uno no puede comer chocolatinas en Madrid sin reproducir la esclavitud de los 284.000 ni\u00f1os esclavos que recogen cacao en Africa Occidental y en la que, al mismo tiempo, la imagen de una ejecuci\u00f3n o una escena de tortura producen el mismo placer que una chocolatina. No hay ninguna diferencia, o muy poca, entre los torturadores de Iraq y los visitantes del parque de atracciones de Mil\u00e1n; y que las c\u00e1maras de suplicio y los parques tem\u00e1ticos son triviales experiencias de consumo capitalista, inscritas en un horizonte com\u00fan, lo demuestra el hecho de que los ocupantes que han destruido Iraq van a levantar ahora sobre sus ruinas, en el centro de Bagdad, una filial de Disneylandia para que los hijos de los torturados y desaparecidos consuman o vean consumir diversi\u00f3n manufacturada estadounidense. <\/p>\n<p>Si uno se fija bien, la indiferencia de los ba\u00f1istas italianos, con sus s\u00e1ndwiches en la mano, es muy semejante a la de los que mueren en el Tercer Mundo de inanici\u00f3n, sin nada que llevarse a la boca, desinteresados ya de todo lo que no sea su pura supervivencia biol\u00f3gica. La hambruna extrema y la extrema abundancia producen los mismos s\u00edntomas: la necesidad del canibalismo y el desprecio por todos los lazos humanos. Para eliminar la compasi\u00f3n no hacen falta leyes ni c\u00e1rceles; tras el fin de la segunda guerra mundial, Europa y EEUU se dedicaron -paradoja capitalista- a alimentar el hambre de sus ciudadanos, convirtiendo todos los objetos en mercanc\u00edas; es decir, en cosas de comer que excitan, y no calman, el apetito. Ning\u00fan et\u00edope, ning\u00fan haitiano, ha tenido nunca tanta hambre como un consumidor medio occidental: nos comemos no s\u00f3lo el pan y la carne sino tambi\u00e9n los carros, las lavadoras, los tel\u00e9fonos celulares, los cuerpos, los monumentos, los paisajes, las im\u00e1genes, a una velocidad que deja fuera todos los placeres que no tengan que ver con la destrucci\u00f3n inmediata (que es lo que etimol\u00f3gicamente quiere decir la palabra \u00abconsumo\u00bb). Este modelo es ya universal y modela las cabezas de todos, incluso -o sobre todo- de los que no pueden acceder al mercado. Para comerse un mango o un bistec hay que destruirlos; para amar un cuerpo, un ni\u00f1o, un cuadro, un libro, un \u00e1rbol, hay que conservarlos. En Espa\u00f1a hay m\u00e1s tel\u00e9fonos celulares que habitantes y los espa\u00f1oles cambian de modelo cada seis meses; cada seis meses mueren 200.000 congole\u00f1os extrayendo el colt\u00e1n necesario para fabricarlos. Pero una madre tarda nueve meses en gestar un ni\u00f1o; un enamorado tarda a\u00f1os en explorar el cuerpo de la amada; un poeta tarda d\u00e9cadas en gestar una met\u00e1fora; un pueblo tarda siglos en construir una historia; y un dios cualquiera tarda milenios en construir un mundo. Destruir un mango con los dientes es muy agradable, sobre todo cuando se hace en compa\u00f1\u00eda; pero destruir en solitario -con los ojos y con la billetera- la ropa, los electrodom\u00e9sticos, las casas -cada vez m\u00e1s deprisa, cada vez m\u00e1s deprisa- no produce placer: produce s\u00f3lo hambre. Y el hambre es incompatible con la civilizaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Los soldados de Abu-Gharaib se formaron no en el ej\u00e9rcito sino en Disneylandia; los ba\u00f1istas de N\u00e1poles y los visitantes del parque de Mil\u00e1n se formaron no en la guerra sino en la televisi\u00f3n y en el centro comercial. Por eso todo esta gente tan normal es tan peligrosa.<\/p>\n<h3>Publicado por La Calle del Medio (Cuba)-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[81],"tags":[],"class_list":["post-21334","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-eztabaida"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Consumo y compasi\u00f3n - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/consumo-y-compasion\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Consumo y compasi\u00f3n - 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