{"id":21258,"date":"2009-09-21T08:30:53","date_gmt":"2009-09-21T06:30:53","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-ciudad-en-la-historia-sus-origenes-transformaciones-y-perspectivas\/"},"modified":"2009-09-21T08:30:53","modified_gmt":"2009-09-21T06:30:53","slug":"la-ciudad-en-la-historia-sus-origenes-transformaciones-y-perspectivas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-ciudad-en-la-historia-sus-origenes-transformaciones-y-perspectivas\/","title":{"rendered":"La ciudad en la historia. Sus or\u00edgenes, transformaciones y perspectivas"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-family: verdana; color: #660000; font-size: xx-small;\"><strong>CAP\u00cdTULO XV. PARA\u00cdSO PALEOT\u00c9CNICO: VILLA CARB\u00d3N<\/strong><\/span> <!--<strong>Iritzia-Gaurkoa<\/strong>--> \t\t\t<\/p>\n<p><strong>1. LOS COMIENZOS DE VILLA CARB\u00d3N<\/strong> <\/p>\n<p>Hasta el siglo XIX hubo cierto equilibro entre las diversas actividades en el seno de la ciudad. Aunque el trabajo el comercio siempre fueron importantes, la religi\u00f3n, el arte y el juego reclamaban su parte cabal de las energ\u00edas del hombre de ciudad. Pero la tendencia a concentrarse en las actividades econ\u00f3micas y a considerar un derroche el tiempo o el esfuerzo invertidos en otras funciones, por lo menos fuera del hogar, hab\u00eda progresado ininterrumpidamente desde el siglo XVI. Si el capitalismo tend\u00eda a extender el dominio del mercado y a convertir todas las partes de la ciudad en un producto negociable, el paso del artesanado urbano organizado a la producci\u00f3n fabril en gran escala transform\u00f3 las ciudades industriales en oscuras colmenas que diligentemente resoplaban, rechinaban, chillaban y humeaban durante doce y catorce horas por d\u00eda, a veces sin interrupci\u00f3n el d\u00eda entero. La rutina esclavizadora de las minas, el trabajo en las cuales constitu\u00eda un castigo intencional para delincuentes, se convirti\u00f3 en el medio normal del nuevo trabajador industrial. Ninguna de estas ciudades prest\u00f3 atenci\u00f3n al viejo dicho: Villa Carb\u00f3n se especializaba en la producci\u00f3n de chicos tontos. <\/p>\n<p>Como testigos de la inmensa productividad de la m\u00e1quina, los montones de escoria y los montones de basura alcanzaban proporciones de monta\u00f1as, en tanto que los seres humanos, cuyo trabajo hac\u00edan posible estos logros, eran mutilados y muertos casi con tanta rapidez como lo hubieran sido en campos de batalla. La nueva ciudad industrial ten\u00eda muchas lecciones que ense\u00f1ar; pero para el urbanista su principal lecci\u00f3n estaba en lo que hab\u00eda que evitar. Como reacci\u00f3n contra las fechor\u00edas del industrialismo, los artistas y reformadores del siglo XIX llegaron finalmente a una mejor concepci\u00f3n de las necesidades humanas y de las posibilidades urbanas. En \u00faltima instancia, la enfermedad estimul\u00f3 los anticuerpos necesarios para curarla. <\/p>\n<p>Los agentes generadores de la nueva ciudad fueron la mina, la f\u00e1brica y el ferrocarril. Pero su \u00e9xito en la empresa de desalojar todo concepto tradicional de ciudad se debi\u00f3 al hecho de que la solidaridad de las clases superiores se estaba rompiendo visiblemente: la corte se volv\u00eda supernumeraria e incluso la especulaci\u00f3n capitalista pasaba del comercio a la explotaci\u00f3n industrial, a fin de alcanzar las m\u00e1ximas posibilidades de engrandecimiento financiero. En todos los sectores los principios anteriores de educaci\u00f3n aristocr\u00e1tica y cultura rural eran reemplazados por una devoci\u00f3n exclusiva al poder industrial y al \u00e9xito pecuniario, disfrazados a veces de democracia. <\/p>\n<p>El sue\u00f1o barroco de poder y de lujo ten\u00eda, por lo menos, conductos de salida humanos y objetivos humanos: los placeres concretos de la cacer\u00eda, de la mesa y de la alcoba estaban siempre tentadoramente a la vista. La nueva concepci\u00f3n el destino humano, tal como la proyectaban los utilitarios, dejaba poco espacio hasta para los deleites sensuales; se basaba en una doctrina de esfuerzo productivo, avaricia consuntiva y negaci\u00f3n fisiol\u00f3gica. Y asumi\u00f3 la forma de un desprecio global de las alegr\u00edas de la vida, an\u00e1logo al exigido por la guerra durante un sitio. Los nuevos amos de la sociedad volvieron despectivamente sus espaldas al pasado y a todas las acumulaciones de la historia y se dedicaron a crear un futuro que, conforme con su propia teor\u00eda del progreso, ser\u00eda igualmente despreciable una vez que, a su turno, pasara, y fuera entonces descartado en la misma falta de piedad. <\/p>\n<p>Entre 1820 y 1900 la destrucci\u00f3n y el desorden en el seno de las grandes ciudades son como los reinantes en un campo de batalla, proporcionados al alcance mismo de sus equipos y del poder\u00edo de las fuerzas empleadas. En las nuevas provincias de la construcci\u00f3n urbana hay ahora que mantener los ojos puestos sobre los banqueros, los industriales y los inventores mec\u00e1nicos. Ellos fueron responsables de casi todo lo que se hizo de bueno y de casi todo lo que se hizo de malo. A su propia imagen crearon un nuevo tipo de ciudad, el que Dickens, en Tiempos dif\u00edciles, llam\u00f3 Coketown, o sea Villa Carb\u00f3n. En mayor o menor grado, toda ciudad del mundo occidental qued\u00f3 grabada con las caracter\u00edsticas arquet\u00edpicas de Villa Carb\u00f3n. El industrialismo, la principal fuerza creadora del siglo XIX, produjo el medio urbano m\u00e1s degradado que el mundo hubiera visto hasta entonces, pues hasta los barrios habitados por la clases dominantes estaban ensuciados y congestionados. <\/p>\n<p>La base pol\u00edtica de este nuevo tipo de colectividad urbana descansaba sobre tres pilares principales: la abolici\u00f3n de las corporaciones y la creaci\u00f3n de un estado de inseguridad permanente para la clase trabajadora; el establecimiento de un mercado abierto competitivo para la mano de obra y para la venta de mercader\u00edas; el mantenimiento de dependencias extranjeras como fuentes de materias primas, necesarias para las nuevas industrias y como mercados listos para absorber los excedentes de la industria mecanizada. Sus fundamentos econ\u00f3micos fueron la explotaci\u00f3n de las minas de carb\u00f3n, la producci\u00f3n muy aumentada de hierro y el uso de una fuente constante y segura -aunque sumamente ineficaz- de energ\u00eda mec\u00e1nica: la m\u00e1quina de vapor. <\/p>\n<p>En realidad, estos adelantos t\u00e9cnicos dependieron socialmente de la invenci\u00f3n de nuevas formas de organizaci\u00f3n y administraci\u00f3n corporativas. La sociedad por acciones, la sociedad de responsabilidad limitada, la delegaci\u00f3n de la autoridad administrativa bajo propiedades divididas y el control del proceso mediante presupuesto y rendici\u00f3n de cuentas, eran todos ellos aspectos de una t\u00e9cnica pol\u00edtica cooperativa cuyo \u00e9xito no se debi\u00f3 al genio de ning\u00fan individuo o grupo de individuos determinado. Esto es v\u00e1lido, asimismo, para lo que concierne a la organizaci\u00f3n mec\u00e1nica de las f\u00e1bricas, la cual aument\u00f3 considerablemente la eficacia de la producci\u00f3n. Pero la base de este sistema, dentro de la ideolog\u00eda de la \u00e9poca, era, seg\u00fan se pensaba, el individuo at\u00f3mico; custodiar su propiedad, proteger sus derechos, asegurar su libertad de elecci\u00f3n y su libertad de empresa era toda la obligaci\u00f3n del gobierno. <\/p>\n<p>Este mito del individuo sin trabas era, en realidad, la democratizaci\u00f3n de la concepci\u00f3n barroca del pr\u00edncipe desp\u00f3tico; ahora, todo individuo emprendedor trataba de ser un d\u00e9spota por derecho propio: un d\u00e9spota emocional como el poeta rom\u00e1ntico o bien un d\u00e9spota pr\u00e1ctico como el hombre de negocios. Todav\u00eda Adam Smith, en La Riqueza de las naciones,* part\u00eda de una teor\u00eda amplia de la sociedad pol\u00edtica: ten\u00eda una concepci\u00f3n acertada de la base econ\u00f3mica de la ciudad y una noci\u00f3n v\u00e1lida de las funciones econ\u00f3micas no lucrativas. Pero su inter\u00e9s dio lugar, en la pr\u00e1ctica, al deseo agresivo de aumentar la riqueza de los individuos: este era todo el ser y el \u00fanico fin de la nueva lucha por la existencia, afirmada por Malthus. <\/p>\n<p>Tal vez el hecho m\u00e1s colosal en toda la transici\u00f3n urbana fue el desplazamiento de poblaci\u00f3n que se produjo en todo el planeta. Y este movimiento y reasentamiento fue acompa\u00f1ado por otro hecho de importancia colosal: el portentoso aumento de la poblaci\u00f3n. Este aumento influy\u00f3 sobre pa\u00edses industrialmente atrasados, como Rusia, con una poblaci\u00f3n predominantemente rural y una tasa elevada de nacimientos y defunciones, tanto como influy\u00f3 sobre los pa\u00edses progresivos principalmente mecanizados y que ya no eran rurales. El aumento general de la poblaci\u00f3n fue acompa\u00f1ado por la atracci\u00f3n hacia las ciudad del excedente y una enorme ampliaci\u00f3n de la superficie de los centros mayores. La urbanizaci\u00f3n aument\u00f3 en proporci\u00f3n casi directa con la industrializaci\u00f3n: en Inglaterra y Nueva Inglaterra result\u00f3 finalmente que m\u00e1s del ochenta por ciento de toda la poblaci\u00f3n viv\u00eda en centros con m\u00e1s de veinticinco mil habitantes. <\/p>\n<p>A las tierras reci\u00e9n abiertas del planeta, inicialmente colonizadas mediante campamentos militares, puestos de factor\u00eda, misiones religiosas y peque\u00f1as poblaciones agr\u00edcolas lleg\u00f3 una verdadera inundaci\u00f3n de inmigrantes procedentes de pa\u00edses que padec\u00edan opresi\u00f3n polic\u00eda y pobreza econ\u00f3mica. Este movimiento de la poblaci\u00f3n y esta colonizaci\u00f3n de territorios asumi\u00f3 dos formas: la representada por los pioneros de la tierra y la representada por los pioneros de la industria. Los primeros cubrieron las regiones escasamente pobladas de Am\u00e9rica, Asia, Australia, Siberia y, ulteriormente, Manchuria; los segundos trasladaron el excedente que ellos mismos constitu\u00edan a las nuevas aldeas y ciudades industriales. En la mayor parte de los casos llegaron en oleadas sucesivas. <\/p>\n<p>La migraci\u00f3n agr\u00edcola extendida contribuy\u00f3, a su vez, a introducir en el sistema europeo de agricultura los recursos de partes hasta entonces inexploradas del mundo, en especial toda una serie de nuevos cultivos vigorizados, como el ma\u00edz y la patata, y ese punzante elemento de descanso y ritual social que es la planta de tabaco. Adem\u00e1s, la colonizaci\u00f3n de tierras tropicales y subtropicales agreg\u00f3 otro cultivo vigorizado que, por primera vez, llegaba a Europa en gran escala: la ca\u00f1a de az\u00facar. <\/p>\n<p>Este enorme aumento en la provisi\u00f3n de alimentos fue lo que hizo posible el aumento de poblaci\u00f3n. Y la colonizaci\u00f3n externa en nuevos territorios rurales contribuy\u00f3 as\u00ed a crear ese excedente de hombres, mujeres y ni\u00f1os que se canaliz\u00f3 hacia la colonizaci\u00f3n interna de las nuevas ciudades industriales y los emporios comerciales. Las aldeas llegaron a ser ciudades; las ciudades se convirtieron en metr\u00f3polis. El n\u00famero de centros urbanos se multiplic\u00f3; el n\u00famero de ciudades con poblaciones de m\u00e1s de quinientos mil habitantes tambi\u00e9n aument\u00f3. Extraordinarios cambios de escala tuvieron lugar en las masas de los edificios y las superficies que cubr\u00edan: vastas estructuras se levantaron casi de la noche a la ma\u00f1ana. Los hombres constru\u00edan con apresuramiento y apenas si ten\u00edan tiempo de arrepentirse de sus errores cuando ya estaban derribando sus estructuras iniciales para construir nuevamente, con el mismo descuido. Los reci\u00e9n llegados, ni\u00f1os o inmigrantes, no pod\u00edan esperar que se construyeran nuevas viviendas: se hacinaban en lo primero que se les ofrec\u00eda. Fue un per\u00edodo de vasta improvisaci\u00f3n urbana: pasaban todo el tiempo tapando agujeros. <\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese que el r\u00e1pido crecimiento de las ciudades no fue un fen\u00f3meno que se limitara al Nuevo Mundo. A decir verdad, el ritmo de crecimiento urbano fue m\u00e1s veloz en Alemania despu\u00e9s de 1870, cuando la revoluci\u00f3n paleot\u00e9cnica estaba all\u00ed en pleno desarrollo, que en pa\u00edses nuevos como los Estados Unidos; y esto pese a que, en esta \u00e9poca, los Estados Unidos recib\u00edan constantemente inmigrantes. Aunque el siglo XIX fue el primer que rivaliz\u00f3 con los comienzos de la Edad Media, en materia de colonizaci\u00f3n en gran escala, las premisas que reg\u00edan esta empresa eran mucho m\u00e1s primitivas que las del siglo XI. La colonizaci\u00f3n por comunidades, excepto en el caso de peque\u00f1os grupos idealistas de los cuales el que tuvo m\u00e1s \u00e9xito fue el de los mormones, ya no era la norma. Cada cual miraba por s\u00ed mismo; y se construyeron las ciudades: <\/p>\n<p>All\u00ed, en los nuevos centros industriales, se daba una oportunidad de construir con base firme y de comenzar de nuevo; una oportunidad como la que la democracia hab\u00eda reclamado para s\u00ed en el siglo XVIII en materia de gobierno pol\u00edtico. Casi sin excepci\u00f3n se frustr\u00f3 esa oportunidad. En una \u00e9poca de progreso t\u00e9cnico, la ciudad, como unidad social y pol\u00edtica, qued\u00f3 fuera del c\u00edrculo de las invenciones. Excepto en el caso de innovaciones como las ca\u00f1er\u00edas maestras de gas o agua y el equipo sanitario, que fueron a menudo introducidas tard\u00edamente, a menudo chapuceramente y siempre mal distribuidas, la ciudad industrial no pudo se\u00f1alar ning\u00fan adelanto importante en comparaci\u00f3n con la villa del siglo XVII. A decir verdad, las metr\u00f3polis m\u00e1s ricas y se privaban a menudo de requisitos elementales de la vida, como la luz y el aire, que hasta las aldeas atrasadas pose\u00edan a\u00fan. Hasta 1838, ni siquiera Manchester y Birmingham funcionaban pol\u00edticamente como corporaciones municipales: eran amontonamientos de hombres, viveros de m\u00e1quinas, y no agentes de asociaci\u00f3n humana para promover una vida mejor. <\/p>\n<p><strong>2. MECANIZACI\u00d3N Y ABBAU<\/strong> <\/p>\n<p>Antes de proceder a indagar c\u00f3mo esta enorme inundaci\u00f3n de gente hall\u00f3 cabida en las ciudades, examinemos los supuestos y las actitudes con que emprendi\u00f3 la nueva tarea de edificaci\u00f3n urbana. <\/p>\n<p>La filosof\u00eda de la vida predominante era un v\u00e1stago de dos tipos de experiencia absolutamente diversos. El uno era el concepto riguroso de orden matem\u00e1tico procedente del renovado estudio de los movimientos de los cuerpos celestes, o sea, el modelo supremo de regularidad mec\u00e1nica. El otro era el proceso f\u00edsico de romper, pulverizar, calcinar y fundir, que los alquimistas, trabajando con los operarios de minas mec\u00e1nicamente adelantados de fines de la Edad Media, hab\u00edan transformado de un mero proceso mec\u00e1nico en la rutina de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. En la forma que lo formularon los nuevos fil\u00f3sofos de la naturaleza, no hab\u00eda lugar en este nuevo orden para organismos grupos sociales y menos a\u00fan para la personalidad humana. Ni modelos institucionales ni formas est\u00e9ticas, ni historia ni mitos se derivan del an\u00e1lisis exterior del . S\u00f3lo la m\u00e1quina pod\u00eda presentar este orden; y s\u00f3lo el capital industrial ostentaba una forma corporativa. <\/p>\n<p>Tan inmersos estamos, todav\u00eda ahora, en el medio residual de las creencias paleot\u00e9cnicas que no tenemos suficiente conciencia de su profunda anormalidad. Pocos somos los que valoramos debidamente la fantas\u00eda destructiva que la mina llev\u00f3 a todos los campos de actividad, sancionando lo antivital y lo antiorg\u00e1nico. Antes del siglo XIX, la mina s\u00f3lo hab\u00eda sido, en t\u00e9rminos cuantitativos, una parte subordinada de la vida industrial del hombre. A mediados de dicho siglo hab\u00eda llegado a estar en la base de todas sus partes. Y la difusi\u00f3n de la miner\u00eda fue acompa\u00f1ada de una p\u00e9rdida general de la forma a lo largo de la sociedad, de la degradaci\u00f3n del paisaje y de una anarquizaci\u00f3n no menos brutal del medio comunal. <\/p>\n<p>La agricultura crea un equilibrio entre la naturaleza salvaje y las necesidades sociales del hombre. Repone deliberadamente lo que el hombre sustrae de la tierra; siendo el campo arado, el huerto bien cuidado, el vi\u00f1edo apretado, los vegetales, los cereales y las flores ejemplos de prop\u00f3sito disciplinado, de crecimiento ordenado y de belleza de forma. Por su parte, el proceso de la miner\u00eda es destructivo: el producto inmediato de la mina es desorganizado e inorg\u00e1nico; y lo que se saca una vez de la cantera o el pozo no puede ser reemplazado. Agr\u00e9guese a esto que, en agricultura, la ocupaci\u00f3n continua introduce mejoras acumulativas en el paisaje y una adaptaci\u00f3n m\u00e1s delicada de \u00e9ste a las necesidades humanas; en tanto que las minas, como norma, pasan de la abundancia al agotamiento y del agotamiento a su abandono, a menudo en unas pocas generaciones. As\u00ed, la miner\u00eda presenta la imagen misma de la discontinuidad humana, hoy aqu\u00ed y ma\u00f1ana ya no, estando ora febril de lucro, ora agotada y vac\u00eda. <\/p>\n<p>A partir de la d\u00e9cada de 1830, el ambiente de la mina, limitado antes al sitio original, fue universalizado mediante el ferrocarril. Adonde quiera fueran los rieles, la mina y sus escorias iban con ellos. En tanto que los canales de la fase eot\u00e9cnica, con sus compuertas, puentes y puestos de peaje, con sus ciudades riberas y sus barcazas que se deslizaba, hab\u00edan introducido un nuevo elemento de belleza en el paisaje rural, los ferrocarriles de la fase paleot\u00e9cnica abrieron grandes brechas: los desmontes y terraplenes en su mayor parte permanecieron durante largo tiempo sin vegetaci\u00f3n y no se cur\u00f3 la herida en la tierra. Las impetuosas locomotoras llevaron ruido, humo y cascajo al coraz\u00f3n de las ciudades; y m\u00e1s de un soberbio solar urbano, como Prince&#8217;s Gardens, en Edimburgo, fue profanado por la invasi\u00f3n del ferrocarril. Y las f\u00e1bricas que crecieron a la vera de los desv\u00edos del ferrocarril reflejaron el ambiente de desali\u00f1o del mismo. Si fue en la poblaci\u00f3n minera donde el proceso caracter\u00edstico del Abbau se vio en su mayor pureza, por medio del ferrocarril este proceso se extendi\u00f3, hacia el tercer cuarto del siglo XIX, a casi todas las comunidades industriales. <\/p>\n<p>El proceso de des-edificar, como se\u00f1al\u00f3 William Morton Wheeler, no es desconocido en el mundo de los organismos. Al des-edificar, una forma m\u00e1s avanzada de vida pierde su car\u00e1cter complejo, determinando una evoluci\u00f3n descendente, hacia organismos m\u00e1s simples y menos delicadamente integrados. observaba Wheeler, <\/p>\n<p>Esto es exactamente v\u00e1lido para la sociedad del siglo XIX, y se evidenci\u00f3 con toda claridad en la organizaci\u00f3n de comunidades urbanas. Estaba teniendo lugar un proceso de edificaci\u00f3n, con creciente diferenciaci\u00f3n, integraci\u00f3n y ajuste social de cada una de las partes en relaci\u00f3n con el todo: una articulaci\u00f3n en el seno de un medio que se ampliaba constantemente ten\u00eda lugar dentro de la f\u00e1brica y, a decir verdad, dentro del orden econ\u00f3mico entero. Cadenas de alimentaci\u00f3n y cadenas de producci\u00f3n complejas se estaban formando en todo el planeta: el hielo viajaba de Boston a Calcuta y el t\u00e9 hac\u00eda la traves\u00eda de la China a Irlanda, en tanto que m\u00e1quinas, art\u00edculos de algod\u00f3n y cuchiller\u00eda procedentes de Birmingham y Manchester se abr\u00edan paso hasta los rincones m\u00e1s remotos de la tierra. Un servicio postal universal, la locomoci\u00f3n veloz y la comunicaci\u00f3n casi instant\u00e1nea, por el tel\u00e9grafo y el cable, sincronizaba las actividades de vastas masas de hombres que hasta entonces hab\u00edan carecido de los medios m\u00e1s rudimentarios para coordinar sus tareas. Esto fue acompa\u00f1ado por una constante diferenciaci\u00f3n de oficios, sindicatos, organizaciones y asociaciones, que en su mayor parte constitu\u00edan organismos aut\u00f3nomos, a menudo con personer\u00eda jur\u00eddica. Este significativo desarrollo comunal estaba tapado por la teor\u00eda del individualismo at\u00f3mico, entonces en boga, de modo que s\u00f3lo rara vez alcanz\u00f3 una estructura urbana. <\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo ten\u00eda lugar un proceso de Abbau o des-edificaci\u00f3n, a menudo con un ritmo a\u00fan m\u00e1s r\u00e1pido en otras partes del ambiente: se destru\u00edan bosques, se minaban los suelos, y fueron pr\u00e1cticamente aniquiladas las especies animales enteras, como el castor, el bisonte y la paloma silvestre, en tanto que el cachalote y la ballena era diezmados en forma alarmante. Con eso se rompi\u00f3 el equilibro natural de los organismos dentro de sus correspondientes regiones ecol\u00f3gicas, y un orden biol\u00f3gico m\u00e1s bajo y m\u00e1s simple -a veces marcado por la exterminaci\u00f3n total de las formas predominantes de vida- sucedi\u00f3 a la implacable explotaci\u00f3n de la naturaleza por el hombre occidental, en beneficio de su econom\u00eda de lucro moment\u00e1nea y socialmente limitada. <\/p>\n<p>Como veremos, esta des-edificaci\u00f3n tuvo lugar, sobre todo, en el medio urbano. \t\t\t<\/p>\n<p><strong>3. LOS POSTULADOS DEL UTILITARISMO<\/strong> <\/p>\n<p>En la medida en que hubo alguna regulaci\u00f3n pol\u00edtica consciente del crecimiento y del desarrollo de las ciudades durante el per\u00edodo paleot\u00e9cnico, se la estableci\u00f3 en armon\u00eda con los postulados del utilitarismo. El m\u00e1s fundamental de estos postulados era una noci\u00f3n que los utilitarios hab\u00edan tomado, aparentemente sin saberlo, de los te\u00f3logos: la creencia en que un divina providencia reg\u00eda la actividad econ\u00f3mica y aseguraba, siempre que el hombre no interviniera presuntuosamente, el m\u00e1ximo bien p\u00fablico, a trav\u00e9s de los esfuerzos dispersos y espont\u00e1neos de cada individuo s\u00f3lo interesado en lo suyo. El nombre no teol\u00f3gico de esta armon\u00eda preestablecida fue laissez faire. <\/p>\n<p>Para entender el singular desorden de la ciudad industrial es necesario analizar los curiosos preconceptos metaf\u00edsicos que dominaban tanto la vida cient\u00edfica como la pr\u00e1ctica. era una expresi\u00f3n laudatoria de la \u00e9poca victoriana. Como en el per\u00edodo de la decadencia griega, el Azar hab\u00eda sido enaltecido a la condici\u00f3n de divinidad, una divinidad que -as\u00ed se pensaba- no s\u00f3lo ten\u00eda el control del destino humano sino tambi\u00e9n de todos los procesos naturales. , escrib\u00eda el bi\u00f3logo Ernst Haeckel, Siguiendo el procedimiento que atribu\u00edan a la naturaleza, el industrial y el funcionario municipal produjeron la nueva especie de ciudad, un amontonamiento maldito de hombres, desnaturalizado, que en vez de adaptarse a las necesidades de la vida se adaptaba a la m\u00edtica ; un ambiente cuyo mismo deterioro era prueba de la feroz intensidad de esa lucha. No hab\u00eda lugar para el urbanismo en el trazado de esas ciudades. El caos no necesita un plan. <\/p>\n<p>No hace falta exponer ahora la justificaci\u00f3n hist\u00f3rica de la reacci\u00f3n del laissez faire: fue una tentativa de traspasar la red de a\u00f1ejos privilegios, franquicias y reglamentaciones comerciales que el Estado absoluto hab\u00eda impuesto a la decadente estructura econ\u00f3mica y a la menguante moralidad social de la ciudad medieval. Los nuevos empresarios ten\u00edan buenos motivos para desconfiar del esp\u00edritu p\u00fablico de un tribunal venal o de la eficacia social de las oficinas de circunloquio de la creciente burocracia impositiva. De aqu\u00ed que los utilitarios procuraran reducir las funciones gubernamentales a un m\u00ednimo: deseaban tener libertad de acci\u00f3n al hacer sus inversiones, al levantar industrias, al comprar tierras y al tomar y despedir trabajadores. Por desgracia, result\u00f3 que la armon\u00eda preestablecida del orden econ\u00f3mico era una superstici\u00f3n: la contienda por el poder segu\u00eda siendo una s\u00f3rdida contienda y la competencia individual en pos de ganancias cada vez mayores indujo a los m\u00e1s afortunados a adoptar la pr\u00e1ctica inescrupulosa del monopolio a expensas del p\u00fablico. Pero el designio no result\u00f3. <\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, la igualdad pol\u00edtica que lentamente fue introduci\u00e9ndose en las organizaciones constitucionales de Occidente, a partir de 1789, y la libertad de iniciativa que reclamaban los industriales, eran aspiraciones opuestas. Para alcanzar la igualdad pol\u00edtica y la libertad personal hac\u00edan falta poderosas limitaciones econ\u00f3micas y restricciones pol\u00edticas. En los pa\u00edses donde se llev\u00f3 a cabo el experimento de la igualdad, sin tratar de rectificar anualmente los efectos de la ley de la renta, el resultado fue el entorpecimiento del prop\u00f3sito inicial. Por ejemplo, en los Estados Unidos, el libre otorgamiento de tierra a los colonos, con parcelas de 65 hect\u00e1reas, en virtud de la Ley de Heredad, no ech\u00f3 las bases de una organizaci\u00f3n pol\u00edtica libre: en el lapso de una generaci\u00f3n las propiedades desiguales de la tierra y los desiguales talentos de los usuarios dieron lugar a crasas desigualdades sociales. Sin la eliminaci\u00f3n sistem\u00e1tica de las disparidades fundamentales que determinan el monopolio privado de la tierra, la herencia de grandes fortunas y el monopolio de patentes, el \u00fanico efecto del liberalismo econ\u00f3mico consist\u00eda en complementar las antiguas clases privilegiadas con una m\u00e1s. <\/p>\n<p>La libertad que reclamaban los utilitarios era, en realidad, libertad para luchar sin trabas y para el engrandecimiento privado. Las ganancias y las rentas estar\u00edan limitadas \u00fanicamente por lo que el tr\u00e1fico aguantara: quedaban fuera de cuesti\u00f3n las rentas decorosas acostumbradas y el precio justo. S\u00f3lo el hambre, la zozobra y la pobreza -coment\u00f3 Townsend en su English Poor Laws al referirse a la legislaci\u00f3n inglesa para pobres- pod\u00edan inducir a las clases inferiores a aceptar los horrores del mar y los campos de batalla; y s\u00f3lo esos mismos eficaces est\u00edmulos pod\u00edan a ingresar como operarios en las f\u00e1bricas. Los dominadores manten\u00edan, empero, un frente clasista casi sin grieta cuando se trataba de cualquier problema que afectara a sus bolsillos, y nunca tuvieron escr\u00fapulos en actuar colectivamente cuando se trataba de poner en su lugar a la clase trabajadora. <\/p>\n<p>Esta fe teol\u00f3gica en una armon\u00eda preestablecida tuvo, sin embargo, un resultado importante en cuanto a la organizaci\u00f3n de la ciudad paleot\u00e9cnica. Cre\u00f3 la convicci\u00f3n natural de que toda empresa deb\u00eda ser dirigida por individuos privados, con un m\u00ednimo de intervenci\u00f3n por parte de los gobiernos locales o nacionales. La ubicaci\u00f3n de las f\u00e1bricas, la construcci\u00f3n de viviendas para los trabajadores e incluso el abastecimiento de agua y la recolecci\u00f3n de basuras eran tareas que deb\u00edan estar exclusivamente a cargo de la empresa privada, en pos de su lucro privado. Se daba por sentado que la libre competencia escoger\u00eda la ubicaci\u00f3n adecuada, establecer\u00eda la cronolog\u00eda adecuada para el desarrollo y crear\u00eda una pauta social coherente, a partir de mil esfuerzos inconexos. O, mejor dicho, no se consideraba que ninguna de esas necesidades mereciera una estimaci\u00f3n racional y un logro deliberado. <\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan que el absolutismo, el liberalismo econ\u00f3mico destruy\u00f3 el concepto de comunidad cooperativa y de plan com\u00fan. \u00bfNo esperaba acaso el utilitario que de un dise\u00f1o racional surgieran del funcionamiento sin restricciones de fortuitos intereses privados en conflicto? Dando rienda suelta a la competencia sin restricciones, surgir\u00edan la raz\u00f3n y el orden cooperativo; a la verdad, el plan racional, al impedir ajustes autom\u00e1ticos, s\u00f3lo pod\u00eda -seg\u00fan se pensaba- oponerse a las acciones m\u00e1s altas de una divina providencia econ\u00f3mica. <\/p>\n<p>El hecho principal que conviene destacar ahora es que tales doctrinas minaron la poca autoridad municipal que subsist\u00eda y desacreditaron a la propia ciudad al no considerarla nada m\u00e1s que un -seg\u00fan la f\u00edsica de la \u00e9poca conceb\u00eda err\u00f3neamente al universo- que moment\u00e1neamente permanec\u00edan reunidos por motivos ego\u00edstas de lucro individual. Ya en el siglo XVIII, antes de que la Revoluci\u00f3n Francesa o la estuvieran consumadas, estaba de moda desacreditar a las autoridades municipales y mofarse de los intereses locales. En los Estados reci\u00e9n organizados, incluso en aquellos que se fundaban sobre principios republicanos, \u00fanicamente contaban para las esperanzas o los sue\u00f1os de los hombres las cuestiones de importancia nacional, organizadas por partidos pol\u00edticos. <\/p>\n<p>El per\u00edodo de la Ilustraci\u00f3n, seg\u00fan expres\u00f3 en forma tajante W. H. Riehl, fue un per\u00edodo en que la gente suspiraba por la humanidad y no ten\u00eda coraz\u00f3n para su propio pueblo; en que filosofaban sobre el Estado y se olvidaban de la comunidad. <\/p>\n<p>A la verdad, el crecimiento urbano hab\u00eda comenzado, por causas industriales y comerciales, ya antes de que la revoluci\u00f3n paleot\u00e9cnica estuviera del todo iniciada. En 1685 Manchester ten\u00eda aproximadamente 6.000 habitantes; en 1760, entre 30.000 y 45.000. Para la primera fecha Birmingham ten\u00eda 4.000 y casi 30.000 en 1760. En 1801, la poblaci\u00f3n de Manchester era de 72.275 y en 1851 era de 303.382. Pero una vez que la concentraci\u00f3n de f\u00e1bricas promovi\u00f3 el crecimiento de las ciudades, el aumento de la poblaci\u00f3n se hizo apabullante. Como el aumento produc\u00eda extraordinarios oportunidades para lucrar, no hab\u00eda nada en las tradiciones vigentes de la sociedad que reprimiera este crecimiento; o, mejor dicho, hab\u00eda todo lo necesario para fomentarlo. <\/p>\n<p><strong>4. LA T\u00c9CNICA DE LA AGLOMERACI\u00d3N<\/strong> <\/p>\n<p>El centro industrial especializado se origin\u00f3 como una espora, escap\u00e1ndose de la ciudad medieval corporativa, ya en raz\u00f3n de la naturaleza de la industria -miner\u00eda o fabricaci\u00f3n de vidrio-, ya en raz\u00f3n de que las pr\u00e1cticas monopolistas de las corporaciones imped\u00edan que un nuevo oficio, como ser el tejido hecho con m\u00e1quina, se asentara en ella. Pero ya en el siglo XVI tambi\u00e9n la industria manual se estaba difundiendo por los campos, en particular en Inglaterra, con objeto de sacar partido de la mano de obra rural, barata y sin protecciones. A tal punto se hab\u00eda desarrollado esta pr\u00e1ctica que, en 1554, se promulg\u00f3 una ley encaminada a poner coto a la decadencia de las ciudades corporativas, con la cual se prohib\u00eda que todo aquel que viviera en el campo vendiera su trabajo al menudeo, excepto en las ferias. <\/p>\n<p>En el siglo XVII, a\u00fan antes de la mecanizaci\u00f3n del hilado y el tejido, las industrias pa\u00f1eras inglesas estaban dispersas en Shropshire y Worcestershire, hall\u00e1ndose empleadores y obreros dispersos en aldeas y ciudades de mercado. No s\u00f3lo ocurr\u00eda que estas industrias elud\u00edan las reglamentaciones de las ciudades, pues elud\u00edan tambi\u00e9n el pago de las costosas matr\u00edculas de aprendizaje y de las cuotas de beneficencia de las corporaciones. Sin salario establecido, sin seguridad social, el trabajador, como lo destac\u00f3 Adam Smith, estaba bajo la disciplina del hambre, temeroso de perder su ocupaci\u00f3n, escribe, <\/p>\n<p>El uso creciente de la energ\u00eda hidr\u00e1ulica en la producci\u00f3n incit\u00f3 a trasladarse a las tierras altas, donde se contaba con fuentes de agua, representadas por peque\u00f1os y r\u00e1pidos arroyos o por r\u00edos con cascadas. Por esto la industria textil tendi\u00f3 a extenderse por los valles de Yorkshire o, despu\u00e9s, a lo largo de Connecticut y el Merrimac, en Nueva Inglatera; y como el n\u00famero de sitios favorables en cada trecho era limitado, conjuntamente con la mecanizaci\u00f3n aparecieron plantas relativamente grandes, con f\u00e1bricas de cuatro o cinco pisos de altura. Una combinaci\u00f3n de tierra rural barata, una poblaci\u00f3n d\u00f3cil y disciplinada por el hambre, y una fuente suficiente de energ\u00eda constante cubr\u00eda las necesidades de las nuevas industrias. <\/p>\n<p>Pero pasaron casi dos siglos enteros, desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, ante de que todos los agentes de la aglomeraci\u00f3n industrial estuvieran desarrollados en igual grado. Antes de esto, las ventajas comerciales de la ciudad corporativa contrapesaban las ventajas industriales de la energ\u00eda y la mano de obra baratas que ofrec\u00eda la aldea fabril. Hasta el siglo XIX la industria permaneci\u00f3 descentralizada, en peque\u00f1os talleres, a la escala de la agricultura; en comunidades como Sudbury y villas rurales como Worcester, en Inglaterra. <\/p>\n<p>En t\u00e9rminos humanos, algunas de las peores caracter\u00edsticas del sistema fabril, las horas largas, el trabajo mon\u00f3tono, los salarios bajos y el abuso sistem\u00e1tico del trabajo infantil, se hab\u00edan establecido bajo la organizaci\u00f3n eot\u00e9cnica descentralizada de la producci\u00f3n. La explotaci\u00f3n empezaba en casa. Pero la energ\u00eda hidr\u00e1ulica y el transporte por los canales no causaban mayormente da\u00f1o al paisaje; y la miner\u00eda y la fundici\u00f3n, en tanto que permanecieron en peque\u00f1a escala y esparcidas, causaron heridas que se curaban f\u00e1cilmente. Hoy mismo, en el bosque de Dean, cerca de Severn, donde las antiguas pr\u00e1cticas de la quema de madera para hacer carb\u00f3n se mezclan con las de la miner\u00eda en peque\u00f1a escala, las aldeas mineras son m\u00e1s decorosas que en zonas m\u00e1s , y tanto las minas como los montones de escoria quedan f\u00e1cilmente ocultos por los \u00e1rboles o casi borrados por otras formas de vegetaci\u00f3n. Lo que produjo algunos de los m\u00e1s horrorosos efectos urbanos fue el cambio de escala, el api\u00f1amiento ilimitado de poblaciones e industrias. <\/p>\n<p>La utilizaci\u00f3n de la m\u00e1quina de vapor de Walt como generadora de energ\u00eda cambi\u00f3 todo esto; en particular, modific\u00f3 la escala e izo posible una concentraci\u00f3n mucho m\u00e1s densa de industrias as\u00ed como de trabajadores, en tanto que apartaba m\u00e1s al propio trabajador de esa base rural que le daba al habitante del cottage una fuente complementaria de v\u00edveres y cierto toque de independencia. El nuevo combustible aument\u00f3 la importancia de las minas de carb\u00f3n y foment\u00f3 la industria all\u00ed o en lugares accesibles por canales o v\u00edas f\u00e9rreas. <\/p>\n<p>El vapor trabajaba con m\u00e1s eficacia en grandes unidades concentradas, al no estar las diversas partes de la f\u00e1brica a m\u00e1s de medio kil\u00f3metro del centro en\u00e9rg\u00e9tico: cada m\u00e1quina de hilar o cada telar ten\u00eda que sacar energ\u00eda de las correas y los ejes de transmisi\u00f3n accionados por la m\u00e1quina de vapor central. Cuanto m\u00e1s unidades hab\u00eda en un punto determinado, m\u00e1s eficaz resultaba la fuente de energ\u00eda y de aqu\u00ed la tendencia al gigantismo. Las grandes f\u00e1bricas, como las que se desarrollaron en Manchester y New Hampshire a partir de la d\u00e9cada de 1820 -reiteradas en New Bedford y Fall River-, pod\u00edan utilizar los instrumentos m\u00e1s nuevos para la producci\u00f3n de energ\u00eda, en tanto que las f\u00e1bricas m\u00e1s peque\u00f1as se hallaban en una situaci\u00f3n de desventaja. Una sola f\u00e1brica podr\u00eda emplear doscientos cincuenta operarios. Una docena de f\u00e1bricas de estas dimensiones, con todos los instrumentos y servicios necesarios, constitu\u00eda ya el n\u00facleo de una poblaci\u00f3n considerable. <\/p>\n<p>En sus intentos por producir art\u00edculos hechos a m\u00e1quina, a bajos precios para el consumo en el mercado mundial, los fabricantes reduc\u00edan los gastos a cada paso, a fin de aumentar las ganancias. Los salarios de los obreros representaban el punto m\u00e1s obvio para dar comienzo a esta poda. En el siglo XVIII, como observ\u00f3 Robert Owen, hasta los fabricantes m\u00e1s esclarecidos hac\u00edan inhumanamente uso de la mano de obra infantil e indigente; pero cuando se reglament\u00f3 legalmente la edad de los ni\u00f1os trabajadores y disminuy\u00f3 su suministro se hizo necesario recurrir a otras fuentes. A fin de contar con el excedente necesario de trabajadores que permitiera satisfacer la mayor demanda, en los per\u00edodos m\u00e1s activos, era importante para la industria establecerse en las proximidades de un gran centro de poblaci\u00f3n, ya que en una aldea rural el mantenimiento de los desocupados pod\u00eda recaer directamente sobre el propio fabricante, quien, a menudo, era el propietario de los cottages y bien podr\u00eda, durante una paralizaci\u00f3n de la actividad fabril, perderse sus alquileres. <\/p>\n<p>El ritmo man\u00edacodepresivo del mercado, con sus arrebatos e interrupciones, fue el que dio tanta importancia para la industria al gran centro urbano. Porque al recurrir, seg\u00fan las necesidades, a un fil\u00f3n de mano de obra excedente, que se empleaba a intervalos, los nuevos capitalistas consegu\u00edan rebajar los sueldos y satisfacer toda demanda s\u00fabita de mayor producci\u00f3n. En otras palabras, el tama\u00f1o ocup\u00f3 el lugar de un mercado de mano de obra eficazmente organizado, con normas sindicales para los jornales y bolsas p\u00fablicas de trabajo. La aglomeraci\u00f3n topogr\u00e1fica fue el sustituto de un modo de producci\u00f3n bien calculado y humanamente regulado, como el que se viene desarrollando en el \u00faltimo medio siglo. <\/p>\n<p>Si la f\u00e1brica movida por el vapor y productora para el mercado mundial fue el primer factor que tend\u00eda a aumentar la superficie de congesti\u00f3n urbana, despu\u00e9s de 1830 el nuevo sistema de transporte ferroviario contribuy\u00f3, por otra parte, considerablemente a ella. <\/p>\n<p>La energ\u00eda estaba concentrada en las minas de carb\u00f3n. All\u00ed donde se pod\u00eda extraer carb\u00f3n u obtenerlo mediante medios baratos de transporte, la industria estaba en condiciones de producir regularmente durante todo el a\u00f1o sin paros causados por falta de energ\u00eda, debido a la estaci\u00f3n. En un sistema de negocios basado en contratos y pagos a fecha fija, esta regularidad resultaba sumamente importante. De este modo el carb\u00f3n y el hierro ejerc\u00edan una fuerza de gravitaci\u00f3n sobre muchas industrias auxiliares y secundarias; primeramente, a trav\u00e9s de los canales y, despu\u00e9s de 1830, a trav\u00e9s de los nuevos ferrocarriles. La conexi\u00f3n directa con las zonas mineras constitu\u00eda una condici\u00f3n primordial para la concentraci\u00f3n urbana. Hasta nuestros propios d\u00edas el principal art\u00edculo de consumo transportado por los ferrocarriles ha sido el carb\u00f3n para calefacci\u00f3n y energ\u00eda. <\/p>\n<p>Los caminos de tierra, los barcos de vela y la tracci\u00f3n a sangre del sistema eot\u00e9cnico de transportes favorecieron la dispersi\u00f3n de la poblaci\u00f3n: dentro de una regi\u00f3n habr\u00eda muchos puntos igualmente ventajosos. Pero la relativa debilidad de la locomotora de vapor, que no pod\u00eda ascender f\u00e1cilmente cuestas con pendientes mayores del dos por ciento, tendi\u00f3 a concentrar los nuevos centros industriales en los yacimientos carbon\u00edferos y en los valles de conexi\u00f3n: el distrito de Lille en Francia, los distritos de Merseburg y Ruhr en Alemania, el Black Country de Inglaterra, la regi\u00f3n Allegheny-Great Lakes y la llanura costera del este en los Estados Unidos. <\/p>\n<p>As\u00ed, el crecimiento de la poblaci\u00f3n present\u00f3 dos rasgos caracter\u00edsticos durante el r\u00e9gimen palot\u00e9cnico: una concentraci\u00f3n general en las regiones carbon\u00edferas, donde florecieron las nuevas industrias pesadas, la miner\u00eda del hierro y el carb\u00f3n, las fundiciones, las cuchiller\u00edas, la producci\u00f3n de ferreter\u00eda, la fabricaci\u00f3n de vidrio y la construcci\u00f3n de m\u00e1quinas. Y, por otra parte, un aumento algo derivativo de la densidad de la poblaci\u00f3n a lo largo de las nuevas v\u00edas f\u00e9rreas, con una notoria coagulaci\u00f3n en los centros industriales situados a lo largo de las grandes l\u00edneas troncales y una segunda acumulaci\u00f3n en las principales poblaciones de confluencia y terminales de exportaci\u00f3n. Con esto coincidi\u00f3 una disminuci\u00f3n de poblaci\u00f3n y de actividades en el interior del pa\u00eds: el cierre de minas, canteras y hornos locales y el uso decreciente de carreteras, canales, f\u00e1bricas peque\u00f1as y molinos locales. <\/p>\n<p>La mayor parte de las primeras grandes capitales pol\u00edticas y comerciales, por lo menos en los pa\u00edses del Norte, participaron de este crecimiento. Suced\u00eda que no s\u00f3lo ocupaban por lo com\u00fan posiciones geogr\u00e1ficas estrat\u00e9gicas, sino que tambi\u00e9n contaban con recursos especiales de explotaci\u00f3n debido a su intimidad con los agentes del poder pol\u00edtico y a trav\u00e9s de los bancos centrales y las bolsas que controlaban la circulaci\u00f3n de las inversiones. Adem\u00e1s, contaban con otra ventaja: durante siglos hab\u00edan ido congregando una vasta reserva de miserables en el margen de subsistencia, o sea lo que, con eufemismo, se llamar\u00eda el mercado de mano de obra. El hecho de que casi todas las grandes capitales nacionales se convirtieron ipso facto en grandes centros industriales contribuy\u00f3 a dar m\u00e1s impulso a la pol\u00edtica de engrandecimiento y congesti\u00f3n de la ciudad. <\/p>\n<p><strong>5. F\u00c1BRICAS, FERROCARRILES Y TUGURIOS<\/strong> <\/p>\n<p>Los principales elementos integrantes del nuevo complejo urbano fueron la f\u00e1brica, el ferrocarril y el tugurio. Por s\u00ed solos constitu\u00edan la ciudad industrial, expresi\u00f3n esta que simplemente sirve para describir el hecho de que m\u00e1s de dos mil personas estaban congregadas en un punto que pod\u00eda designarse con un nombre propio. Estos co\u00e1gulos urbanos pod\u00edan dilatarse cien veces, cosa que sucedi\u00f3, sin adquirir m\u00e1s que una sombra de las instituciones que caracterizan a la ciudad en el sentido sociol\u00f3gico maduro, es decir, un lugar donde est\u00e1 concentrado el legado social y el que las posibilidades de contacto e interrelaci\u00f3n social continua elevan a un potencial m\u00e1s alto todas las actividades complejas de los hombres. Excepto en forma disminuidas y residuales, faltaban all\u00ed incluso los \u00f3rganos caracter\u00edsticos de la ciudad de la Edad de Piedra. <\/p>\n<p>La f\u00e1brica se convirti\u00f3 en el n\u00facleo del nuevo organismo urbano. Todos los dem\u00e1s elementos de la vida estaban supeditados a ella. Incluso los servicios p\u00fablicos, como, por ejemplo, la provisi\u00f3n de agua, y el m\u00ednimo de oficinas gubernamentales que era necesario para la existencia de una ciudad, se incorporaron a menudo tard\u00edamente, a menos que hubieran sido establecidos por una generaci\u00f3n anterior. As\u00ed, no s\u00f3lo el arte y la religi\u00f3n eran considerados por los utilitarios como meras decoraciones; durante largo tiempo permaneci\u00f3 en la misma categor\u00eda la administraci\u00f3n pol\u00edtica inteligente. En el arrebato inicial de la explotaci\u00f3n no se previ\u00f3 nada en materia de polic\u00eda y protecci\u00f3n contra incendios, inspecci\u00f3n de servicios de agua y de alimentos, de atenci\u00f3n hospitalaria o ense\u00f1anza. <\/p>\n<p>Por lo com\u00fan, la f\u00e1brica reclamaba los mejores lugares: en el caso de la industria del algod\u00f3n, de las industrias qu\u00edmicas y de las industrias del hierro, generalmente los sitios pr\u00f3ximos a una ribera; porque ahora se requer\u00edan grandes cantidades de agua en los procesos de producci\u00f3n, para abastecer las calderas de vapor, enfriar las superficies calientes y hacer las soluciones qu\u00edmicas y los tintes necesarios. Por sobre todo, el r\u00edo o el canal desempe\u00f1aba a\u00fan otra funci\u00f3n importante: constitu\u00eda basural m\u00e1s barato y m\u00e1s conveniente para todas las formas de desperdicios solubles o flotantes. La transformaci\u00f3n de los r\u00edos en cloacas abiertas fue una haza\u00f1a caracter\u00edstica de la nueva econom\u00eda. Resultados: envenenamiento de la vida acu\u00e1tica, destrucci\u00f3n de alimentos, contaminaci\u00f3n de las aguas en forma tal que no resultaban aptas para ba\u00f1arse. <\/p>\n<p>Durante generaciones enteras, los miembros de toda comunidad urbana se vieron obligados a pagar la s\u00f3rdida conveniencia del fabricante, quien a menudo entregaba sus preciosos subproductos al r\u00edo, por falta de conocimiento cient\u00edfico o de la destreza emp\u00edrica necesaria para utilizarlos. Si el r\u00edo era un basural l\u00edquido, grandes monta\u00f1as de cenizas, escoria, basura, hierro herrumbrado e incluso desperdicios, bloqueaban el horizonte con su visi\u00f3n de materia inutilizable, abandonada en lugar inapropiado. La rapidez del consumo compet\u00eda en parte con la rapidez de la producci\u00f3n, y antes de que se tornara lucrativa una pol\u00edtica conservadora de utilizaci\u00f3n del metal de desecho, los residuos informes eran arrojados sobre a superficie del paisaje. En el Black Country de Inglaterra las enormes monta\u00f1as de escoria todav\u00eda hoy se levantan como si fueran formaciones geol\u00f3gicas. Esas acumulaciones de residuos disminuyeron el espacio vital disponible, echaron una sombra sobre la tierra, y hasta hace poco presentaban el insoluble problema de su utilizaci\u00f3n o traslado. <\/p>\n<p>Los testimonios que fundamentan esta descripci\u00f3n son abundantes; a decir verdad, todav\u00eda se los puede examinar ocularmente en las ciudades industriales m\u00e1s antiguas del mundo occidental, pese a los esfuerzos herc\u00faleos que se han hecho para limpiar sus cercan\u00edas. No obstante, perm\u00edtaseme citar a un observador de anta\u00f1o, Hugh Miller, el autor de Old Red Sandstone, hombre en perfecta armon\u00eda con su \u00e9poca, pero que no era insensible a las cualidades reales del nuevo ambiente. Miller se refiere a Manchester, en 1862: <\/p>\n<p>arrojan carradas enteras de venenos procedentes de las tintorer\u00edas y blanquer\u00edas para que se los lleve; las calderas de vapor descargan en \u00e9l su contenido hirviente y las cloacas y los desag\u00fces sus f\u00e9tidas impurezas; hasta que al final sigue su curso -aqu\u00ed entre altos muros sucios, all\u00e1 bajo precipicios de arcilla roja-, siendo ahora mucho menos un r\u00edo que una inundaci\u00f3n de esti\u00e9rcol l\u00edquido.\u00bb <\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese el efecto ambiental del de industrias que el nuevo r\u00e9gimen tend\u00eda a universalizar. Una sola chimenea de f\u00e1brica, un solo horno, un solo taller de tinturas, produc\u00edan emanaciones que el paisaje circundante pod\u00eda absorber f\u00e1cilmente; en cambio, veinte de ellos, en una superficie reducida, contaminaban irremediablemente el aire o el agua. De modo que las industrias inevitablemente sucias se volvieron, a causa de la concentraci\u00f3n urbana, mucho m\u00e1s temibles que antes, cuando exist\u00edan en escala m\u00e1s reducida y estaban m\u00e1s dispersas por los campos. Al mismo tiempo, las industrias limpias, como ser la fabricaci\u00f3n de mantas, que todav\u00eda contin\u00faa en Witney, en Inglaterra, en la que el blanqueamiento y el encogimiento se efect\u00faan al aire libre, en campos deliciosos, conforme con los viejos m\u00e9todos rurales se hicieron imposibles en los nuevos centros. En \u00e9stos el cloro reemplaz\u00f3 a la luz del sol, y al saludable trabajo al aire libre que acompa\u00f1aba, a menudo, los procesos anteriores de fabricaci\u00f3n, con cambios de escenario as\u00ed como de procedimientos que pod\u00edan renovar el esp\u00edritu del obrero, le sucedi\u00f3 la embrutecedora rutina de un trabajo efectuado dentro de un edificio inmundo, encerrado entre otros edificios igualmente sucios. No es posible medir estas p\u00e9rdidas en meros t\u00e9rminos pecuniarios. No podemos calcular de qu\u00e9 modo las ganancias en materia de producci\u00f3n compensaron el sacrificio brutal de la vida y de un ambiente vital. <\/p>\n<p>En tanto que las f\u00e1bricas estaban, por lo com\u00fan, instaladas cerca de los r\u00edos o de las l\u00edneas f\u00e9rreas paralelas a los r\u00edos (excepto all\u00ed donde un terreno llano invitaba a la dispersi\u00f3n), no se ejerci\u00f3 autoridad alguna para concentrarlas en una zona determinada, para aislar las industrias m\u00e1s nocivas o ruidosas que hubieran debido estar situadas lejos de las viviendas, o para preservar para prop\u00f3sitos dom\u00e9sticos las zonas contiguas apropiadas. Por s\u00ed sola la determinaba la ubicaci\u00f3n, sin que se considerara la posibilidad de un plan funcional; y el amontonamiento de las funciones industrial, comercial y dom\u00e9stica prosigui\u00f3 constantemente en las ciudades industriales. <\/p>\n<p>En las regiones de topograf\u00eda escabrosa, como ser los valles de la meseta de los Allegheny, pod\u00eda producirse, en cierta medida, una distribuci\u00f3n natural en zonas, ya que s\u00f3lo los lechos de los r\u00edos dejaban espacio suficiente para que se extendieran los grandes molinos; por m\u00e1s que esta distribuci\u00f3n aseguraba que la cantidad m\u00e1xima de emanaciones nocivas se desprender\u00eda esparci\u00e9ndose por las viviendas en las laderas de arriba. En otro caso, las viviendas estaban situadas a menudo dentro de los espacios sobrantes entre las f\u00e1bricas y los cobertizos y las estaciones del ferrocarril. Se consideraba una delicadeza afeminada prestar atenci\u00f3n a problemas como los de la suciedad, el ruido y las vibraciones. Las casas para los obreros, y a menudo tambi\u00e9n las de la clase media, sol\u00edan edificarse pegadas a una funci\u00f3n de hierro, un establecimiento de tinturas, una f\u00e1brica de gas o un desmonte de ferrocarril. Bastante a menudo se las levantaba sobre tierras llenas de cenizas, vidrios rotos y desperdicios, en las que ni siquiera la hierba consegu\u00eda arraigar; tambi\u00e9n sol\u00edan estar al borde de un vaciadero o de un enorme amontonamiento permanente de carb\u00f3n y escoria: noche y d\u00eda el hedor de los desperdicios, las l\u00f3bregas emanaciones de las chimeneas, el ruido de la maquinaria martillando o zumbando, acompa\u00f1aban la rutina dom\u00e9stica. <\/p>\n<p>En este nuevo plan, la ciudad propiamente dicha estaba constituida por fragmentos en a\u00f1icos de tierra, de extra\u00f1as formas y con calles y avenidas inconexas, que quedaban entre las f\u00e1bricas, las v\u00edas f\u00e9rreas, las estaciones de carga y las monta\u00f1as de desperdicios. En lugar de alguna clase de reglamentaci\u00f3n o plan municipal, de car\u00e1cter general, se dejaba a cargo del ferrocarril la definici\u00f3n del car\u00e1cter y la determinaci\u00f3n de los l\u00edmites de la ciudad. Excepto en ciertas partes de Europa donde anticuadas reglamentaciones burocr\u00e1ticas mantuvieron por fortuna, las estaciones de ferrocarril en las afueras de la ciudad hist\u00f3rica, se permiti\u00f3 o, mejor dicho, se invit\u00f3 al ferrocarril a zambullirse en el coraz\u00f3n mismo de la ciudad, creando as\u00ed, en las m\u00e1s preciosas porciones centrales de la ciudad, una espesura de estaciones de carga y de cambio, solo justificables econ\u00f3micamente en campo abierto. Estas estaciones cortaron las arterias naturales de la ciudad y crearon una valla infranqueable entre vastos segmentos urbanos; a veces, como en el caso de Filadelfia, una aut\u00e9ntica muralla china. <\/p>\n<p>As\u00ed, el ferrocarril no s\u00f3lo introdujo en el coraz\u00f3n de la ciudad el ruido y el holl\u00edn, sino tambi\u00e9n las instalaciones industriales y las viviendas degradadas que eran las \u00fanicas que pod\u00edan prosperar en el ambiente por \u00e9l engendrado. S\u00f3lo la hipnosis ejercida por una nueva invenci\u00f3n, en una \u00e9poca enamorada sin sentido cr\u00edtico de las nuevas invenciones, pudo haber causado esta caprichosa inmolaci\u00f3n bajo las ruedas del resoplante Juggernaut**. Todos los errores que podr\u00edan deslizarse en materia de dise\u00f1o urbano fueron cometidos por los nuevos ingenieros de ferrocarriles, para quienes el movimiento de trenes era m\u00e1s importante que los objetivos humanos a los que estaba dirigido ese movimiento. La dilapidaci\u00f3n de espacio en estaciones ferroviarias situadas en el coraz\u00f3n de la ciudad s\u00f3lo sirvi\u00f3 para promover su m\u00e1s r\u00e1pido ensanche exterior; y esto, a su vez, como produc\u00eda m\u00e1s tr\u00e1nsito ferroviario, dio la sanci\u00f3n complementaria del lucro a las fechor\u00edas que as\u00ed se comet\u00edan. <\/p>\n<p>A tal punto se hab\u00eda difundido la degradaci\u00f3n del ambiente, a tal punto se hab\u00edan habituado a esto los pobladores de las grandes ciudades en el curso de un siglo, que hasta las clases m\u00e1s ricas, que te\u00f3ricamente podr\u00edan proporcionarse lo mejor, hasta el d\u00eda de hoy aceptan indiferentemente lo peor. Por lo que hace a la vivienda, las alternativas eran sencillas. En las ciudades industriales que se desarrollaron sobre bases m\u00e1s antiguas, se acomod\u00f3 a los obreros inicialmente en casas de familia convertidas en casas de vecindario. En estas casas reformadas, cada cuarto dar\u00eda albergue a una familia entera: desde Dubl\u00edn y Glasgow hasta Bombay, la norma de un cuarto por familia se mantuvo durante largo tiempo. El hacinamiento en los lechos -entre tres y ocho personas de diferentes edades dorm\u00edan en un mismo jerg\u00f3n- agravaba a menudo el hacinamiento en esas pocilgas para seres humanos. A comienzos del siglo XIX, seg\u00fan cierto doctor Willan, quien escribi\u00f3 un libro sobre las enfermedades en Londres, se hab\u00eda producido un incre\u00edble estado de corrupci\u00f3n f\u00edsica entre los pobres. El otro tipo de vivienda que se brindaba a la clase trabajadora constitu\u00eda, en lo fundamental una unificaci\u00f3n de esas condiciones degradadas; pero ten\u00eda un defecto m\u00e1s, a saber, que los planos de las nuevas casas y los materiales de construcci\u00f3n no ten\u00edan por lo com\u00fan nada del decoro original de las antiguas casas burguesas. <\/p>\n<p>Tanto en las viejas como en las nuevas viviendas se alcanz\u00f3 un grado tal de inmundicia como no se lo conoci\u00f3, puede decirse, ni siquiera en la choza del siervo m\u00e1s abyecto de la Europa medieval. Resulta casi imposible enumerar objetivamente los detalles escuetos de este modo de alojamiento sin que recaiga sobre uno la sospecha de que exagera por malignidad. Pero quienes hablan con facundia de mejoras urbanas durante ese per\u00edodo o bien del supuesto ascenso del nivel de vida, rehuyen los hechos concretos: generosamente atribuyen a la ciudad, en conjunto, los beneficios que s\u00f3lo goz\u00f3 la minor\u00eda m\u00e1s favorecida de la clase media, y encuentran en las condiciones originales esas mejoras que tres generaciones de activa legislaci\u00f3n y una ingenier\u00eda sanitaria generalizada han creado finalmente. <\/p>\n<p>En Inglaterra, ante todo, millares de nuevas viviendas para obreros, en ciudades como Birmingham y Bradford, estaban edificadas fondo con fondo (muchas de ellas existen todav\u00eda). Por lo tanto, de cada cuatro cuartos, en cada piso, dos carec\u00edan de luz o ventilaci\u00f3n directa. No hab\u00eda espacios abiertos, excepto los escuetos pasajes entre estas hileras dobles. En tanto que en el siglo XVI constitu\u00eda un delito, en muchas ciudades inglesas, arrojar basura a la calle, en estas primeras ciudades industriales era \u00e9ste el m\u00e9todo corriente para librarse de ella. La basura quedaba en la calle, por inmunda que fuera. Naturalmente, \u00e9ste no faltaba en los nuevos barrios congestionados de la ciudad. Los retretes, de una suciedad indescriptible, estaban por lo com\u00fan en los s\u00f3tanos; tambi\u00e9n era cosa corriente tener pocilgas de cerdos debajo de las casas y los cerdos vagaban por las calle nuevamente, como no lo hab\u00edan hecho en las ciudades grandes desde hac\u00eda siglos. Hab\u00eda incluso una deplorable escasez de retretes: el Report on the State of Large Towns and Populous Districts (1845) se\u00f1ala que: <\/p>\n<p>Incluso con proyectos de un nivel tan bajo, incluso con anexos tan inmundos, en muchas ciudades no se edificaba el n\u00famero suficiente de casas; y entonces reinaban condiciones mucho peores. Los s\u00f3tanos se usaban como viviendas. En Liverpool, la sexta parte de la poblaci\u00f3n viv\u00eda en y la mayor\u00eda de las restantes ciudades portuarias no se quedaban muy atr\u00e1s; Londres y Nueva York rivalizaban de cerca con Liverpool; incluso en la d\u00e9cada de 1930 hab\u00eda en Londres 20.000 viviendas subterr\u00e1neas, calificadas, desde el punto de vista m\u00e9dico, como inadecuadas para ser ocupadas por seres humanos. Esta suciedad y esta congesti\u00f3n, malas en s\u00ed mismas, acarraeaban otras pestes: las ratas que transmit\u00edan la peste bub\u00f3nica, las chinches que infestaban las camas y hac\u00edan un tormento del sue\u00f1o, las pulgas que difund\u00edan el tifus, las moscas que visitaban por igual la letrina en el s\u00f3tano y la comida del beb\u00e9. Adem\u00e1s, la combinaci\u00f3n de cuartos sombr\u00edos y paredes h\u00famedas constitu\u00edan un medio casi ideal para el cultivo de bacterias, sobre todo considerando que los cuartos repletos de gente proporcionaban las posibilidades m\u00e1ximas de transmisi\u00f3n a trav\u00e9s del aliento y el tacto. <\/p>\n<p>Si la carencia de ca\u00f1er\u00edas y de obras sanitarias municipales creaba espantosos hedores en estos nuevos sectores urbanos, y si la diseminaci\u00f3n de excrementos conjuntamente con la contaminaci\u00f3n de los pozos locales, significaba una difusi\u00f3n correlativa de la tifoidea, la carencia de agua resultaba a\u00fan m\u00e1s siniestra. Eliminaba la posibilidad misma de limpieza dom\u00e9stica o de higiene personal. En las grandes capitales, donde a\u00fan subsist\u00edan algunas de las antiguas tradiciones municipales, en muchas zonas nuevas no se adoptaron las medidas necesarias para la provisi\u00f3n de agua. En 1809, cuando la poblaci\u00f3n de Londres era aproximadamente de un mill\u00f3n de habitantes, s\u00f3lo se dispon\u00eda de agua, en la mayor parte de la ciudad, en los s\u00f3tanos de las casas. En algunos barrios s\u00f3lo se pod\u00eda abrir el agua tres veces por semana. Y si bien las ca\u00f1er\u00edas de hierro hicieron su aparici\u00f3n en 1746, su uso fue limitado hasta que una ley especial exigi\u00f3 en Inglaterra, en 1817, que todas las nuevas ca\u00f1er\u00edas maestras fueran de hierro, en el plazo de diez a\u00f1os. <\/p>\n<p>En las nuevas ciudades industriales brillaban por su ausencia las tradiciones m\u00e1s elementales de servicio municipal. A veces barrios enteros carec\u00edan hasta de agua de pozos locales. De vez en cuando los pobres iban de casa en casa, por los barrios de la clase media, mendigando agua, del mismo modo que pod\u00edan mendigar un poco de pan durante una hambruna. Con semejante falta de agua para beber y para lavarse, no ha de extra\u00f1ar que la suciedad se acumulara. A pesar de su suciedad, los desag\u00fces abiertos representaban cierta abundancia municipal, por comparaci\u00f3n. Y si este era el trato dado a la familias, no es muy necesario recurrir a los documentos para averiguar c\u00f3mo lo pasaba el trabajador ocasional. Casas abandonadas, de t\u00edtulos inciertos, eran utilizadas como casas de pensi\u00f3n, en las que en un solo cuarto se api\u00f1aban entre quince y veinte personas. En Manchester, seg\u00fan las estad\u00edsticas policiales de 1841, hab\u00eda unas 109 casas de pensi\u00f3n, donde personas de ambos sexos dorm\u00edan entremezcladas; y hab\u00eda 91 casas de refugio de mendigos. <\/p>\n<p>Esta degradaci\u00f3n de la vivienda era poco menos que universal entre los trabajadores, una vez que el nuevo r\u00e9gimen industrial qued\u00f3 cabalmente establecido en las nuevas ciudades industriales. A veces, las condiciones locales permit\u00edan evitar la extrema suciedad que acabo de describir; por ejemplo, las viviendas de los obreros molineros en Manchester, New Hampshire, eran muy superiores, por sus caracter\u00edsticas; y en las villas industriales m\u00e1s rurales de los Estados Unidos, en especial en el medio Oeste, hab\u00eda por lo menos un poco de holgura en las habitaciones de los obreros, a quienes les quedaba tambi\u00e9n alg\u00fan espacio para jardines. Pero, en cualquier punto que se considere, la diferencia s\u00f3lo era de grado; el hab\u00eda empeorado categ\u00f3ricamente. <\/p>\n<p>No s\u00f3lo ocurr\u00eda que las nuevas ciudades eran en conjunto tristes y feas, con ambientes hostiles a la vida humana hasta en su nivel fisiol\u00f3gico m\u00e1s elemental, sino que tambi\u00e9n el hacinamiento standard de los pobres se repet\u00eda en las viviendas de la clase media y en los cuarteles de los soldados, es decir, entre las clases a las que no se estaba explotando directamente para lucrar. La se\u00f1ora Peel cita el caso de una suntuosa mansi\u00f3n del per\u00edodo victoriano medio en la que tanto la cocina como la despensa, la sala del servicio, el cuarto del ama de llaves y los dormitorios del mayordomo y los lacayos estaban situados en el s\u00f3tano: dos cuartos al frente y dos cuartos en la parte posterior daban a un profundo s\u00f3tano al fondo; todos los dem\u00e1s estaban <\/p>\n<p>A juzgar por la oratoria popular, el margen de estos defectos fue escaso y, de cualquier modo, se los elimin\u00f3 en el transcurso del siglo pasado, a trav\u00e9s del avance incesante de la ciencia y el humanitarismo. Por desgracia, los oradores populares -e incluso historiadores y economistas que, te\u00f3ricamente, se ocupan del mismo conjunto de hechos- no se han formado el h\u00e1bito de estudiar directamente el ambiente; a esto se debe que ignoren la existencia de co\u00e1gulos de degradada vivienda paleot\u00e9cnica que subsisten hoy casi sin modificaci\u00f3n alguna, en el mundo occidental, incluyendo casas que est\u00e1n espalda contra espalda, vecindarios con patios sin ventilaci\u00f3n y alojamientos en subsuelos. Entre estos co\u00e1gulos no s\u00f3lo se cuenta la mayor parte de las viviendas para trabajadores edificada antes de 1900; abarcan una gran parte de lo que se ha construido despu\u00e9s, si bien la edificaci\u00f3n m\u00e1s reciente evidencia mejoras en materia sanitaria. La masa subsistente de viviendas construidas entre 1830 y 1910 no representaba ni siquiera las normas higi\u00e9nicas de esos d\u00edas, y estaba muy por debajo de un nivel establecido con arreglo al actual conocimiento en materia de salubridad, higiene y cuidado de los ni\u00f1os, para no hablar de la felicidad dom\u00e9stica. <\/p>\n<p>S\u00ed, estas mordaces palabras de Patrick Geddes se aplican inexorablemente al nuevo ambiente. Hasta los cr\u00edticos coet\u00e1neos m\u00e1s revolucionarios carec\u00edan de normas aut\u00e9nticas en lo tocante a edificaci\u00f3n y vivienda: no ten\u00edan noci\u00f3n alguna de hasta qu\u00e9 punto el ambiente de las mismas clases superiores se hab\u00eda empobrecido. As\u00ed, Friecrich Engels, con objeto de promover el resentimiento necesario para la revoluci\u00f3n, no s\u00f3lo se opon\u00eda a todas las medidas destinadas a proporcionar mejores viviendas a los miembros de la clase obrera; al parecer, Engels consideraba que, llegado el momento, el proletariado solucionar\u00eda el problema apoder\u00e1ndose de las espaciosas residencias de la burgues\u00eda. Semejante noci\u00f3n era cualitativamente inadecuada y cuantitativamente rid\u00edcula. En t\u00e9rminos sociales, se limitaba a instar, como si se tratara de una medida revolucionaria, a proseguir el mezquino proceso que concretamente se hab\u00eda cumplido ya en las ciudades m\u00e1s antiguas, a medida que las clases m\u00e1s pudientes dejaban sus moradas originales y las divid\u00edan para que las ocuparan los miembros de la clase obrera. Pero, por sobre todo, la sugerencia era ingenua porque no advert\u00eda que las normas a la que se ajustaban incluso las residencias nuevas m\u00e1s pretenciosas estaban a menudo de las que eran convenientes para la vida humana, en cualquier nivel econ\u00f3mico. <\/p>\n<p>En otras palabras, ni siquiera este cr\u00edtico revolucionario tuvo evidentemente conciencia de que las residencias de las clases altas eran, lo m\u00e1s a menudo, intolerables supertugurios. La necesidad de aumentar la cantidad de viviendas, de dilatar el espacio, de multiplicar los equipos y de establecer instalaciones comunales era mucho m\u00e1s revolucionaria por sus exigencias, que una trivial expropiaci\u00f3n de las residencias ocupadas por los ricos. Esta \u00faltima noci\u00f3n no constitu\u00eda nada m\u00e1s que un gesto impotente de venganza, en tanto que la primera exig\u00eda una cabal reconstrucci\u00f3n del medio social entero; una reconstrucci\u00f3n al borde la cual parecer\u00eda estar el mundo actual, si bien incluso pa\u00edses adelantados, como Inglaterra, Suecia y los Pa\u00edses Bajos no han discernido todav\u00eda todas las dimensiones de esta transformaci\u00f3n urbana. <\/p>\n<p><strong>6. CASAS DE MALA REPUTACI\u00d3N<\/strong> <\/p>\n<p>Pasemos a observar m\u00e1s de cerca estas nuevas casas para la clase trabajadora. Cada pa\u00eds, cada regi\u00f3n, cada grupo de poblaci\u00f3n, ten\u00eda su propio modelo espec\u00edfico: las altas casas de vecindario en Glasgow, Edimburgo, Par\u00eds, Berl\u00edn, Hamburgo y G\u00e9nova; edificios de dos pisos, con cuatro, cinco y a veces seis cuartos en Londres, Brooklyn, Filadelfia y Chicago; vastas construcciones de madera -sin medios adecuados de escape en caso de incendio- en Nueva Inglaterra, por fortuna bendecidas con p\u00f3rticos abiertos; o bien angostas casa de ladrillo en hileras, que todav\u00eda se aferraban a un viejo modelo georgiano de casas en hileras, en Baltimore. <\/p>\n<p>Pero en materia de viviendas para la clase obrera se dan algunas caracter\u00edsticas comunes. En una manzana tras otra se repite la misma formaci\u00f3n: ah\u00ed est\u00e1n las mismas calles sombr\u00edas, las mismas callejuelas repletas de basura, la misma falta de espacios abiertos para que jueguen los ni\u00f1os y para cultivar jardines, la misma falta de coherencia e individualidad para el vecindario local. Las ventanas son, por lo com\u00fan, angostas; la luz en el interior es insuficiente; no se hace esfuerzo alguno por orientar el trazado de la calle en relaci\u00f3n con la luz del sol y los vientos. La penosa limpieza gris\u00e1cea de los barrios m\u00e1s respetables, donde viven los artesanos o empleados de oficina mejor pagados, tal vez en una hilera, tal vez en casitas semi-independientes, con un pa\u00f1uelito sucio de hierba al frente de ellas o bien un \u00e1rbol en un estrecho patio al fondo, es casi tan deprimente esta respetabilidad como el desali\u00f1o declarado de los barrios m\u00e1s pobres; a decir verdad, m\u00e1s deprimente todav\u00eda, pues en estos \u00faltimos hay, al menos, un toque de color y de vida, un espect\u00e1culo de t\u00edteres en la calle, la charla de los puestos de mercado, la ruidosa camarader\u00eda de la taberna o el bistro; en suma, la vida m\u00e1s p\u00fablica y amistosa que se vive en las calles m\u00e1s pobres. <\/p>\n<p>La era de las invenciones y de la producci\u00f3n en masa apenas si roz\u00f3 la casa del obrero o sus servicios hasta fines del siglo XIX. Primero aparecieron las ca\u00f1er\u00edas de hierro, luego el inodoro perfeccionado, con el tiempo la luz de gas y la esfufa de gas, la ba\u00f1era fija con ca\u00f1er\u00edas de agua instaladas y desag\u00fce, un sistema colectivo de cloacas. Todos estos perfeccionamientos se pusieron lentamente al alcance de los grupos econ\u00f3micos medios y superiores, despu\u00e9s de 1830; una generaci\u00f3n despu\u00e9s de su introducci\u00f3n, se hab\u00edan convertido en necesidades para la clase media. Pero en ning\u00fan momento, durante la fase paleot\u00e9cnica, llegaron estos perfeccionamientos a la gran masa de la poblaci\u00f3n. El problema que se le planteaba al constructor era el de c\u00f3mo alcanzar un m\u00ednimo de decoro estas nuevas instalaciones que eran costosas. <\/p>\n<p>Este problema sigui\u00f3 siendo soluble \u00fanicamente en t\u00e9rminos de un medio rural primitivo. As\u00ed, la divisi\u00f3n original de Muncie, en Indiana, de del estudio anal\u00edtico de Robert Lynd, ten\u00eda ocho casas por manzana, cada una de un lote de dieciocho metros y medio de ancho por treinta y siete metros y medio de largo. Sin lugar a dudas, esto representaba mejores condiciones para los trabajadores m\u00e1s pobres que las que aparecieron despu\u00e9s, cuando el aumento del precio de la tierra congestion\u00f3 las casas y redujo el espacio para jard\u00edn as\u00ed como el espacio para juegos, en tanto que una de cada cuatro casas carec\u00eda todav\u00eda de agua corriente. En general, la congesti\u00f3n de la ciudad industrial aument\u00f3 las dificultades para el logro de buenas viviendas y aument\u00f3 el costo para solucionar esas dificultades. <\/p>\n<p>En cuanto al mobiliario de los interiores, la descripci\u00f3n que hace Gaskell de la vivienda de la clase obrera en Inglaterra se refiere al nivel m\u00e1s bajo; pero la sordidez continu\u00f3, a pesar de mejoras secundarias, en el siglo siguiente. Los efectos de la pobreza pecuniaria se agravaban, en realidad, debido a una p\u00e9rdida general del gusto, que acentuaba el empobrecimiento del ambiente al brindar espantosos papeles para empapelar, adornitos prostibularios, oleograf\u00edas enmarcadas y muebles derivados de los peores ejemplos del sofocante gusto de la clase media: la hez de las heces. <\/p>\n<p>Un amigo m\u00edo me cuenta que en una ocasi\u00f3n vio en la China a un minero, tiznado y encorvado por el trabajo, que acariciaba tiernamente un trozo de espuela de caballero, mientras caminaba por la carretera; pero en el mundo occidental, hasta llegar al siglo XX, cuando el lote de jard\u00edn empez\u00f3 a tener su efecto ben\u00e9fico, hasta el instinto de la forma vital fresca estaba destinado a nutrirse de las deliberadas monstruosidades que los fabricantes ofrec\u00edan a los miembros de la clase trabajadora so pretexto de moda y de arte. Incluso las reliquias religiosas, en las comunidades cat\u00f3licas, llegaron a un nivel est\u00e9tico tan bajo como para constituir poco menos que una profanaci\u00f3n. Con el tiempo, el gusto por la fealdad arraig\u00f3: el trabajador no estaba dispuesto a trasladarse de su antigua morada a menos que pudiera llevarse consigo un poco de la suciedad, la confusi\u00f3n, el ruido y el hacinamiento con los que estaba familiarizado. Cada medida que se adoptaba para crear un ambiente mejor tropezaba con esa resistencia, lo cual constituy\u00f3 un verdadero obst\u00e1culo para la descentralizaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Unas cuantas casas como \u00e9stas, unas cuantas ca\u00eddas como \u00e9stas en la suciedad y la fealdad, habr\u00eda constituido un borr\u00f3n; pero tal vez todos los per\u00edodos podr\u00edan presentar cierto n\u00famero de casas con estas caracter\u00edsticas generales. Ahora, en cambio, barrios y ciudades enteros, hect\u00e1reas, kil\u00f3metros cuadrados y provincias estaban repletos de semejantes viviendas que se burlaban de cada alarde de \u00e9xito material que se atribu\u00eda al. En estos nuevos viveros se cre\u00f3 una raza de seres defectuosos. La pobreza y el ambiente de pobreza produjeron modificaciones org\u00e1nicas: el raquitismo en los ni\u00f1os, debido a la falta de luz solar, deformaciones de la estructura \u00f3sea y los \u00f3rganos, defectuoso funcionamiento de las gl\u00e1ndulas endocrinas debido a una alimentaci\u00f3n detestable, enfermedades de la piel por falta de la higiene elemental del agua, viruela, tifoidea, escarlatina, amigdalitis, debidas a la suciedad y los excrementos, tuberculosis, fomentada por una combinaci\u00f3n de mala alimentaci\u00f3n, falta de sol y hacinamiento en la vivienda, para no hablar de las enfermedades profesionales, tambi\u00e9n en parte ambientales. <\/p>\n<p>El cloro, el amon\u00edaco, el mon\u00f3xido de carbono, el \u00e1cido fosf\u00f3rico, el fl\u00faor y el metano, para no agregar una larga lista de unos doscientos productos qu\u00edmicos causantes de c\u00e1ncer, invad\u00edan la atm\u00f3sfera y minaban la vitalidad, a menudo en estancadas concentraciones letales, aumentando la gravitaci\u00f3n de la bronquitis y la neumon\u00eda, causando gran cantidad de muertes. Lleg\u00f3 el momento en que el sargento reclutador ya no pudo utilizar a los productos de semejante r\u00e9gimen ni siquiera como carne de ca\u00f1\u00f3n; y el descubrimiento m\u00e9dico del mal trato dado por Inglaterra a sus obreros, durante la guerra de los Boers y la primera Guerra Mundial, contribuy\u00f3 quiz\u00e1 tanto como cualquier otro factor a promover el mejoramiento de la vivienda en ese pa\u00eds. <\/p>\n<p>Los resultados escuetos de todas estas condiciones pueden seguirse en las tablas de mortalidad correspondientes a los adultos, en las tasas de enfermedad de trabajadores urbanos en comparaci\u00f3n con los trabajadores agr\u00edcolas, en las posibilidades de vida de que gozaban las diversas clases laborales. Por sobre todo, tal vez el bar\u00f3metro m\u00e1s sensible de la eficacia del medio social en relaci\u00f3n con la vida humana est\u00e1 representado por la tasa de mortalidad infantil. <\/p>\n<p>Siempre que se hac\u00eda una comparaci\u00f3n entre campo y ciudad, entre viviendas de clase media y viviendas pobres, entre distritos de poca densidad y distritos de gran densidad, la tasa m\u00e1s elevada de enfermedades y muertes correspond\u00eda, por lo com\u00fan, al segundo grupo. Si los otros factores hubieran permanecido iguales, la urbanizaci\u00f3n por s\u00ed sola habr\u00eda bastado para reducir, en parte, las ganancias potenciales en vitalidad. Los trabajadores agr\u00edcolas, por m\u00e1s que subsistieron a todo lo largo del siglo XIX, en Inglaterra, como una clase en desventaja, evidenciaron -y evidencian a\u00fan- una posibilidad de vida mucho mayor que la de los escalones m\u00e1s elevados de los trabajadores mec\u00e1nicos de la ciudad, incluso despu\u00e9s de la introducci\u00f3n de la salubridad municipal y la atenci\u00f3n m\u00e9dica. <\/p>\n<p>A decir verdad, s\u00f3lo por la continua afluencia de nueva vida procedente del campo pudieron sobrevivir las ciudades, tan hostiles a la vida. Las nuevas ciudades fueron creadas, en conjunto, por inmigrantes. En 1851, entre 3.336.000 personas de m\u00e1s de veinte a\u00f1os que resid\u00edan en Londres y otras 61 ciudades inglesas y galesas, s\u00f3lo 1.377.000 eran nacidas en su ciudad de residencia. <\/p>\n<p>Si se considera la tasa de mortalidad infantil, la comprobaci\u00f3n resulta a\u00fan m\u00e1s penosa. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil en 1810 oscil\u00f3 entre 120 y 145 por cada millar de ni\u00f1os dados a luz con vida; ascendi\u00f3 a 180 por mil en 1850, a 220 en 1860 y a 240 en 1870. Este proceso fue acompa\u00f1ado por una constante depresi\u00f3n en las condiciones de vida, ya que, despu\u00e9s de 1835, se difundi\u00f3 el hacinamiento en las casas de vecindario reci\u00e9n construidas. Estos c\u00e1lculos recientes corroboran lo que ya se sabe sobre la tasa de mortalidad infantil en Inglaterra, durante el mismo per\u00edodo: all\u00ed el aumento tuvo lugar despu\u00e9s de 1820 y correspondi\u00f3 principalmente a las ciudades. Hay, sin duda, otros factores que tambi\u00e9n son responsables de estas tendencias retr\u00f3gradas; pero, como expresi\u00f3n del complejo social \u00edntegro, de la higiene, de la dieta, de las condiciones de trabajo, de los salarios, del cuidado de los ni\u00f1os y de la educaci\u00f3n, las nuevas ciudades desempe\u00f1aron un papel importante para llegar a estos resultados. <\/p>\n<p>Han abundado las congratulaciones injustificadas por los adelantos en materia de higiene urbana durante el industrialismo, porque quienes cre\u00edan que el progreso se produjo autom\u00e1ticamente en todas las esferas de la vida, durante el siglo XIX, se negaban a aceptar los duros hechos. No se dedicaron a hacer estudios comparados entre la ciudad y el campo, entre lo mecanizado y lo no mecanizado; y contribuyeron a\u00fan m\u00e1s a crear confusi\u00f3n mediante el uso de rudimentarias tablas de mortalidad, sin las debidas correcciones en lo tocante a grupos por edades y por sexos, con lo cual pudieron pasar por alto hechos, como la mayor densidad de los adultos en las ciudades y la mayor cantidad de ni\u00f1os y ancianos, m\u00e1s expuestos a las enfermedades y a la muerte, en el campo. <\/p>\n<p>A trav\u00e9s de estas estad\u00edsticas, las tasas de mortalidad en las ciudades resultan m\u00e1s favorables que a trav\u00e9s de un esmerado an\u00e1lisis actuarial. Hasta la fecha, apenas si se ha iniciado un an\u00e1lisis satisfactorio de los nacimientos y las muertes, la salud y la enfermedad, en relaci\u00f3n con el medio. Al amontonar las tasas urbanas y rurales en una cifra se han ocultado las cifras relativamente peores de las zonas industrializadas y urbanas. <\/p>\n<p>Y se siguen llevando a cabo estos an\u00e1lisis enga\u00f1osos, que pasan por investigaciones objetivas. As\u00ed, Mabel Buer ha intentado levantar el cargo formulado contra la revoluci\u00f3n industrial por haber empeorado el ambiente urbano, y para ello ha llevado a cabo un estudio sobre la disminuci\u00f3n en la tasa de mortalidad que tuvo lugar antes de 1815, vale decir, antes que el hacinamiento, la falta de higiene y la urbanizaci\u00f3n general de la poblaci\u00f3n hubieran producido sus caracter\u00edsticos resultados desvitalizadores. No es necesario poner en duda esta mejor\u00eda anterior, lo mismo que no es necesario olvidar la constante disminuci\u00f3n de la tasa de mortalidad en el curso del siglo XIX. Pero tambi\u00e9n hay que dejar en claro el hecho igualmente indiscutible del ulterior empeoramiento. <\/p>\n<p>En vez de atribuir el inicial avance a la mecanizaci\u00f3n de la industria, hay que hacer lo que corresponde, es decir, atribuirlo a otro factor absolutamente independiente: el aumento de la provisi\u00f3n de alimentos, que permiti\u00f3 mejorar la dieta y contribuy\u00f3 a aumentar la resistencia a las enfermedades. Tambi\u00e9n otro factor puede haber intervenido en esto: la mayor difusi\u00f3n del uso del jab\u00f3n posibilitada por el aumento de grasas disponibles. El uso del jab\u00f3n en la higiene personal puede haberse extendido del lavado de los pezones de la madre que amamantaba, al lavado del cr\u00edo; y finalmente, por imitaci\u00f3n, pas\u00f3 de la mitad femenina de la sociedad a la masculina. Dicho aumento de uso del jab\u00f3n no puede medirse f\u00e1cilmente sobre la base de los inventarios comerciales; pues el jab\u00f3n fue, en un comienzo, un monopolio comercial y, como tal, un art\u00edculo de lujo: el jab\u00f3n ordinario era producido y consumido generalmente dentro del hogar. La difusi\u00f3n del h\u00e1bito de lavar con agua y jab\u00f3n bien podr\u00eda explicar la disminuci\u00f3n de las tasas de mortalidad infantil, antes del siglo XIX; del mismo modo que la escasez de agua y jab\u00f3n podr\u00eda explicar, en parte, las lamentables tasas de mortalidad infantil en la ciudad paleot\u00e9cnica. <\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, la pobreza higi\u00e9nica estaba muy difundida. Falta de luz solar, falta de agua pura, falta de aire no contaminado, falta de una dieta variada: la falta de todo esto era tan com\u00fan que equival\u00eda a un estado cr\u00f3nico de inanici\u00f3n higi\u00e9nica entre la mayor parte de la poblaci\u00f3n. Hasta las clases m\u00e1s pr\u00f3speras sucumb\u00edan, e incluso a veces se enorgullec\u00edan de sus deficiencias vitales. Herbert Spencer, quien era un disconformista incluso con respecto a su propio credo del utilitarismo, se vio obligado a predicar a sus contempor\u00e1neos el evangelio del juego y el descanso f\u00edsico; y en sus Ensayos sobre educaci\u00f3n lleg\u00f3 hasta pedir como favor especial a los padres que les permitieran a sus hijos . <\/p>\n<p><strong>7. UN PRIMER PLANO DE VILLA CARB\u00d3N<\/strong> <\/p>\n<p>Cabe conceder que, dado el ritmo con que se introdujo el industrialismo en el mundo occidental, el problema de construir ciudades adecuadas resultaba casi insoluble. Las premisas que hicieron posibles esas operaciones limitaban tambi\u00e9n su \u00e9xito humano. \u00bfC\u00f3mo construir una ciudad coherente sobre la base de los esfuerzos de un millar de individuos rivales que no conoc\u00edan m\u00e1s ley que sus preciosas voluntades? \u00bfC\u00f3mo integrar nuevas funciones mec\u00e1nicas en un nuevo tipo de plan que pudiera desarrollarse r\u00e1pidamente, cuando la esencia misma de esa integraci\u00f3n depend\u00eda del ejercicio de un firme control por parte de autoridades p\u00fablicas que a menudo no exist\u00edan, o que, en caso de existir, no ejerc\u00edan otros poderes que los concedidos espec\u00edficamente por el Estado, el cual pon\u00eda en la c\u00faspide los derechos de propiedad individual? \u00bfC\u00f3mo facilitar una multitud de nuevos instrumentos y servicios a trabajadores que s\u00f3lo pod\u00edan pagar el alquiler de los alojamientos m\u00e1s m\u00edseros? \u00bfDe qu\u00e9 manera crear un buen plan f\u00edsico para funciones sociales que, por su parte, quedaban abortadas? <\/p>\n<p>Las ciudades que conten\u00edan a\u00fan residuos vitales de la tradici\u00f3n medieval, como Ulm, a causa de su lento ritmo de crecimiento y de una audaz pol\u00edtica de propiedad municipal de la tierra en gran escala, consegu\u00edan a veces efectuar la transici\u00f3n con p\u00e9rdidas relativamente peque\u00f1as. En cambio, all\u00ed donde la industria surg\u00eda explosivamente, como ocurri\u00f3 por ejemplo en Nurembeg, las consecuencias eran tan deplorables como en las ciudades que carec\u00edan de toda envoltura hist\u00f3rica. Y en el Nuevo Mundo todav\u00eda en 1906 se constru\u00edan ciudades (como Gary, en el estado de Indiana) sin prestar ninguna atenci\u00f3n a las caracter\u00edsticas f\u00edsicas, excepto la ubicaci\u00f3n de la planta industrial. En lo tocante a complejos industriales a\u00fan m\u00e1s recientes, como la metr\u00f3polis del autom\u00f3vil, Detroit, no aprendieron nada de los errores del pasado: \u00bfacaso no afirmaba Henry Ford que la historia era hojarasca? De modo que las f\u00e1bricas que levantaron en relaci\u00f3n con las normas de ingenier\u00eda m\u00e1s modernas estaban instaladas en medio de un tumulto urbano, constituyendo modelos cl\u00e1sicos de desorganizaci\u00f3n municipal e incompetencia t\u00e9cnica. La misma \u00e9poca que se jactaba de sus conquistas mec\u00e1nicas y de su presciencia cient\u00edfica dejaba a cargo del azar sus procesos sociales, como si el h\u00e1bito del pensamiento cient\u00edfico se hubiera agotado en las m\u00e1quinas y no fuera capaz de ocuparse de las realidades humanas. El torrente de energ\u00eda que se extra\u00eda de los yacimientos de carb\u00f3n descend\u00eda por las laderas con el m\u00ednimo de mejoramiento posible del ambiente: las aldeas industriales, las aglomeraciones fabriles, eran m\u00e1s toscas, en t\u00e9rminos sociales, que las aldeas feudales de la Edad Media. <\/p>\n<p>El nuevo brote urbano, el conglomerado del carb\u00f3n, lo que Patrick Geddes denomin\u00f3 , no estaba ni aislado en el campo ni adherido a un antiguo n\u00facleo hist\u00f3rico. Se extend\u00eda en una masa de densidad relativamente uniforme por docenas y a veces centenares de kil\u00f3metros cuadrados. No hab\u00eda centros efectivos en este conglomerado urbano: ninguna instituci\u00f3n capaz de unir a sus miembros en una vida urbana activa, ninguna organizaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de unificar sus actividades comunes. S\u00f3lo perduraban las sectas, los fragmentos, los residuos sociales de viejas instituciones, como los restos enlodados que deja esparcidos un gran r\u00edo cuando termina la inundaci\u00f3n y descienden las aguas. En otras palabras, una vida social de . Estas nuevas ciudades no s\u00f3lo fueron incapaces, en su mayor parte, de producir arte, ciencia o cultura, sino que, en un comienzo, hasta fueron incapaces de importarlas de centros m\u00e1s antiguos. Cuando se creaba localmente un excedente, con prontitud se lo trasladaba a otros puntos: los rentistas y financieros lo empleaban en lujos personales o en obras filantr\u00f3picas, como la sala de conciertos Carnegie, en Nueva York, que a menudo beneficiaron a los capitales mucho ante de que se hicieran otras donaciones an\u00e1logas a la regi\u00f3n de la cual proced\u00edan originalmente las riquezas. <\/p>\n<p>Acerqu\u00e9monos m\u00e1s todav\u00eda a la ciudad paleot\u00e9cnica, examin\u00e9mosla con la vista, con el o\u00eddo, el olfato y el tacto. Los observadores de hoy, debido al creciente contraste con el ambiente neot\u00e9cnico que despunta, pueden por fin ver lo que s\u00f3lo los poetas como Hugo, Ruskin o Morris ve\u00edan cien a\u00f1os atr\u00e1s: una realidad que los filisteos, enredados en su red utilitaria de sue\u00f1os, alternativamente negaban como una exageraci\u00f3n sentimental o saludaban con entusiasmo, como a un indiscutible signo de . <\/p>\n<p>La noche se extend\u00eda sobre la Villa Carb\u00f3n: su color predominante era el negro. Negras nubes de humo desped\u00edan las chimeneas de las f\u00e1bricas, as\u00ed como las playas de los ferrocarriles, nubes que a menudo se expand\u00edan por la poblaci\u00f3n, mutilando el organismo mismo, difundiendo el holl\u00edn y las cenizas por todas partes. La invenci\u00f3n del gas artificial para el alumbrado constituy\u00f3 una ayuda indispensable para esta diseminaci\u00f3n: la invenci\u00f3n de Murdock se remonta a fines del siglo XVIII y a trav\u00e9s de la generaci\u00f3n siguiente su uso se difundi\u00f3, primero en las f\u00e1bricas y luego en las casas de familia, primero en las grandes ciudades y luego en los peque\u00f1os centros; porque, sin su ayuda, el trabajo habr\u00eda tenido que suspenderse frecuentemente debido al humo y la bruma. La fabricaci\u00f3n de gas para el alumbrado, dentro de los l\u00edmites de las ciudades, se convirti\u00f3 en un nuevo rasgo caracter\u00edstico: los enormes tanques de gas ergu\u00edan sus estructuras sobre el paisaje urbano, grandes moles en la escala de las catedrales; y, a decir verdad, su tracer\u00eda de hierro, contra un ocasional firmamento claro de color verde lim\u00f3n, en la madrugada, constitu\u00eda uno de los m\u00e1s agradables elementos est\u00e9ticos en el nuevo orden. <\/p>\n<p>Estas estructuras no eran necesariamente malas; a decir verdad, de haberse puesto el cuidado suficiente para separarlas, podr\u00edan haber resultado atrayentes. Lo atroz era el hecho de que, como todas las dem\u00e1s construcciones levantadas en las nuevas ciudades, estaban dispuestas casi al azar; las p\u00e9rdidas de gas los llamados distritos de gas\u00f3genos y nada tiene de sorprendente que esos distritos llegaran a figurar, con frecuencia, entre las secciones m\u00e1s degradadas de la ciudad. Descollando sobre la ciudad, contaminando su aire, los tanques de gas simbolizan el predominio de los intereses sobre las necesidades vitales. <\/p>\n<p>El sudario ponzo\u00f1oso de humo ya hab\u00eda cubierto los distritos alfareros en el siglo XVIII debido a la utilizaci\u00f3n de barnices salinos baratos; ahora se volv\u00eda m\u00e1s denso en todas partes, en Sheffield y Birmingham, en Pittsburgh, Essen y Lille. En este nuevo medio las ropas oscuras s\u00f3lo constitu\u00edan una coloraci\u00f3n protectora, no era una forma de luto; la galera negra era casi un dise\u00f1o funcional: un s\u00edmbolo afirmativo de la energ\u00eda del vapor. Los tintes negros de Leeds, por ejemplo, convirtieron su r\u00edo en una ponzo\u00f1osa cloaca retinta; en tanto que las tiznaduras aceitosas del carb\u00f3n blando se difund\u00edan por todas partes; incluso quienes se lavaban las manos dejaban una orilla de grasa no disuelta en los bordes de los lavatorios. A\u00f1\u00e1danse a estas constantes manchas sobre la piel y las ropas las diminutas part\u00edculas de hierro procedentes de las operaciones de pulido y afilado, el cloro sin usar procedente de las f\u00e1bricas de soda y, despu\u00e9s, las nubes de polvo acre que llegaban de las f\u00e1bricas de cemento, as\u00ed como los diversos subproductos de otras industrias qu\u00edmicas: todas estas cosas irritaban la vista, raspaban la garganta y los pulmones, aminoraban el tono general, incluso cuando no produc\u00edan con su contacto una u otra enfermedad definida. En cuanto a los vahos del carb\u00f3n, tal vez no sean desagradables: el hombre, con su largo pasado salvaje, sabe apreciar los olores a\u00f1ejos; de modo que acaso su principal defecto era que suprim\u00eda otros aromas m\u00e1s agradables o insensibilizaba para percibirlos. <\/p>\n<p>En semejantes condiciones era necesario que uno tuviera todos los sentidos embotados a fin de sentirse feliz; y, desde luego, uno ten\u00eda que perder el gusto. Esta p\u00e9rdida del gusto tuvo un efecto sobre la dieta: hasta la gente pudiente comenz\u00f3 a comer productos en lata y alimentos pasados, porque ya no pod\u00edan notar la diferencia. La p\u00e9rdida del discernimiento gustativo elemental se extendi\u00f3 a otros dominios: tambi\u00e9n el discernimiento crom\u00e1tico se debilit\u00f3 y se prefirieron los tonos m\u00e1s oscuros, los colores m\u00e1s sobrios y las mezclas m\u00e1s mortecinas, a los brillantes colores puros, y tanto los pintores prerrafaelistas como los impresionistas fueron vilipendiados por la burgues\u00eda, porque sus colores puros eran considerados y . Si de vez en cuando quedaban un toque de color brillante, se lo encontraba solamente en los anuncios callejeros, esas superficies de papel que se conservaban joviales porque era necesario cambiarlas a menudo. <\/p>\n<p>Este nuevo ambiente era sombr\u00edo, sin colorido, acre, maloliente. Todas estas cualidades disminu\u00edan la eficiencia humana y exig\u00edan una compensaci\u00f3n suplementaria en materia de lavado, ba\u00f1o y salubridad; o, en \u00faltimo extremo, en materia de tratamiento m\u00e9dico. No era peque\u00f1o el gasto en limpieza en la ciudad paleot\u00e9cnica, al menos desde que se reconoci\u00f3 la necesidad de la limpieza. Consid\u00e9rese un solo punto de un t\u00edpico sobreviviente del paleot\u00e9cnico: Pittsburgh. Su contaminaci\u00f3n por el humo comenz\u00f3 desde temprano, pues ya en un grabado que data de 1849 se advierte que est\u00e1 en pleno desarrollo. Una generaci\u00f3n atr\u00e1s el costo anual para mantener limpia a Pittsburgh se calculaba en un mill\u00f3n y medio de d\u00f3lares, aproximadamente, en lo tocante a trabajo suplementario de lavander\u00eda; setecientos cincuenta mil d\u00f3lares en limpieza general suplementaria y sesenta mil d\u00f3lares en limpieza suplementaria de cortinas. En este c\u00e1lculo, que representa unos 2.310.000 d\u00f3lares por a\u00f1o, no se toman en cuenta las p\u00e9rdidas debidas a la corrosi\u00f3n de edificios o los mayores gastos en pintura de las obras de carpinter\u00eda, ni los gastos suplementarios en alumbrado, durante los per\u00edodos de smog.*** <\/p>\n<p>Todav\u00eda despu\u00e9s de los denodados esfuerzos que se han realizado para reducir la contaminaci\u00f3n del humo, una sola gran f\u00e1brica de acero, situada en el coraz\u00f3n de Pittsburgh, se sigue burlando de estos esfuerzos por mejorar las cosas; y, a decir verdad, es tan poderosa la influencia de la tradici\u00f3n paleot\u00e9cnica que hace muy poco las autoridades municipales se prestaron para autorizar la ampliaci\u00f3n de esta f\u00e1brica, en vez de exigir, con firmeza, su traslado. Hasta aqu\u00ed, por lo que hace a las p\u00e9rdidas pecuniarias. Pero, \u00bfqu\u00e9 decir de las incalculables p\u00e9rdidas por causa de enfermedad, por causa de mala salud, por causa de todas las formas de intoxicaci\u00f3n psicol\u00f3gica que van desde la apat\u00eda hasta las neurosis declaradas? El hecho de que estas p\u00e9rdidas no se prestan para las mediciones objetivas no les quita realidad. <\/p>\n<p>En el transcurso del per\u00edodo paleot\u00e9cnico la indiferencia ante estas formas de desvitalizaci\u00f3n se basaba principalmente en una invencible ignorancia. En T\u00e9cnica y civilizaci\u00f3n he citado las frases indignadas y sorprendidas de uno de los principales apologistas de esta civilizaci\u00f3n, Andrew Ure, ante los testimonios presentados por los astutos m\u00e9dicos convocados ante la Comisi\u00f3n Sadler de Investigaciones en las F\u00e1bricas. <\/p>\n<p>Dichos m\u00e9dicos se refirieron a los experimentos efectuados por el doctor Edwards, de Par\u00eds, sobre el crecimiento de los renacuajos, que demuestran que la luz del sol es de importancia fundamental para su desarrollo. De esto deduc\u00edan -y hoy sabemos que estaban plenamente justificados- que es igualmente necesario para el crecimiento de los ni\u00f1os. La orgullosa respuesta de Ure fue que el alumbrado de gas en las f\u00e1bricas bastaba como sustituto del sol. Tan desde\u00f1osos eran aquellos utilitarios con respecto a la naturaleza y a las costumbres humanas bien probadas que criaron a m\u00e1s de una generaci\u00f3n con una dieta desvitalizada, basada exclusivamente en el consumo de calor\u00edas. Dicha dieta se ha perfeccionado durante la generaci\u00f3n pasada gracias a los nuevos conocimientos cient\u00edficos, s\u00f3lo para ser degradada una vez m\u00e1s por la difusi\u00f3n del uso de insecticidas y exterminadores de plagas que son t\u00f3xicos, de elementos conservadores y mejoradores de los alimentos, para no hablar de venenos radiactivos igualmente fatales, como el Strontium 90. Por lo que hace al ambiente paleot\u00e9cnico, todav\u00eda opone amplia resistencia y azota con sus plagas a decenas de millones de personas. <\/p>\n<p>Aparte de la suciedad, las nuevas ciudades se enorgullec\u00edan por otra distinci\u00f3n, igualmente espantosa para los sentidos. Los funestos efectos de esta plaga s\u00f3lo han sido reconocidos en los \u00faltimos a\u00f1os, gracias a progresos t\u00e9cnicos que guardan relaci\u00f3n con esa t\u00edpica invenci\u00f3n biot\u00e9cnica que es el tel\u00e9fono. Me refiero al ruido. Perm\u00edtaseme citar el relato de un testigo auditivo de Birmingham a mediados del siglo XIX. La indiferencia ante el estr\u00e9pito era un fen\u00f3meno t\u00edpico. \u00bfAcaso los fabricantes ingleses no impidieron que Watt redujera el ruido que hac\u00eda su m\u00e1quina de \u00e9mbolo porque quer\u00edan una prueba auditiva de su poder? <\/p>\n<p>En la actualidad un gran n\u00famero de experimentos ha dejado establecido el hecho de que el ruido puede producir profundos cambios fisiol\u00f3gicos: la m\u00fasica puede mantener a raya el c\u00f3mputo de bacterias en la leche; del mismo modo, algunas enfermedades bien definidas, como las \u00falceras de est\u00f3mago y la presi\u00f3n sangu\u00ednea alta, parecen ser agravadas por la tensi\u00f3n de vivir, por ejemplo, al alcance de los ruidos de una autopista o de un aer\u00f3dromo. Igualmente se ha establecido en forma bien clara la disminuci\u00f3n de la eficacia en el trabajo como consecuencia de los ruidos. Por desgracia, el medio paleot\u00e9cnico parec\u00eda dise\u00f1ado especialmente para crear una cantidad m\u00e1xima de ruido: el ululato temprano de la sirena de la f\u00e1brica, los chillidos de la locomotora, las estridencias de la antigua m\u00e1quina de vapor, los resuellos y los crujidos de los ejes y las correas de trasmisi\u00f3n, los golpes retumbantes, del martillo pil\u00f3n, los gru\u00f1idos y gangueos de los transportadores y los gritos de los obreros que trabajan y en medio de este variado fragor. Todos estos ruidos incitaban al ataque general contra los sentidos. <\/p>\n<p>Al establecer la eficacia vital del campo en comparaci\u00f3n con la ciudad, o de la ciudad medieval en comparaci\u00f3n con la ciudad paleot\u00e9cnica, no se debe olvidar este importante factor de la salud. Los recientes perfeccionamientos en determinados sectores, el uso de tacones de goma y llantas de goma, no han disminuido la fuerza de esta acusaci\u00f3n. El ruido que hacen en una ciudad activa los autom\u00f3viles y los camiones, al ponerse en funcionamiento, cambiar marchas y adquirir velocidad, es un s\u00edntoma de su falta de madurez t\u00e9cnica. Si la energ\u00eda que se ha dedicado a estilizar las carrocer\u00edas de los autom\u00f3viles se hubiera consagrado al desarrollo de una unidad silenciosa de energ\u00eda termoel\u00e9ctrica, la ciudad moderna no ser\u00eda tan atrasada como su predecesora paleot\u00e9cnica en materia de ruido y humo. En cambio, las metr\u00f3polis del reinado del motor de combusti\u00f3n interna, como Los \u00c1ngeles, ostentan, y a decir verdad exaltan, todos los males urbanos propios del per\u00edodo paleot\u00e9cnico. <\/p>\n<p>Experimentos con el sonido que se llevaron a cabo en Chicago en la d\u00e9cada de 1930 demuestran que, si se grad\u00faan los ruidos por porcentajes hasta el cien por ciento -que es el ruido, como el del ca\u00f1oneo de la artiller\u00eda, que de extenderse durante un per\u00edodo prolongado enloquecer\u00eda a uno-, el campo s\u00f3lo tiene de un ocho a un diez por ciento de ruido, los suburbios un quince por ciento, los barrios residenciales de la ciudad un veinticuatro por ciento, los sectores comerciales un treinta por ciento y los barrios industriales un treinta y cinco por ciento. En general, estos mismos l\u00edmites resultar\u00edan, sin duda, aplicables a cualquiera de los sectores urbanos en el curso de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os, si bien es posible que anta\u00f1o los l\u00edmites superiores fueran m\u00e1s altos. Hay que recordar, asimismo, que en las ciudades paleot\u00e9cnicas no se hac\u00eda nada para separar las f\u00e1bricas de los hogares de los obreros; de modo que, en muchas ciudades, el ruido era omnipresente durante el d\u00eda y a menudo por la noche. La era de los transportes a\u00e9reos, cuyos ruidos aeroplanos destruyen el valor residencial de los suburbios en las cercan\u00edas de los aer\u00f3dromos, amenaza ahora con extender a\u00fan m\u00e1s este ataque contra la vida y la salud. <\/p>\n<p>Considerando esta nueva superficie urbana en sus t\u00e9rminos f\u00edsicos m\u00e1s bajos, sin hacer referencia a sus servicios sociales o a su cultura, se hace evidente que antes, en el transcurso de toda la historia conocida, nunca han vivido masas tan vastas de personas en un ambiente tan ferozmente degradado, tan feo por su forma y de un contenido tan envilecido. Los esclavos de galeras en Oriente, los miserables prisioneros en las minas de plata de los atenienses, el proletariado humillado en las insulae de los romanos, fueron clases que, sin lugar a dudas, conocieron una degradaci\u00f3n semejante; pero la miseria humana nunca hab\u00eda sido tan universalmente aceptada como cosa normal, como cosa normal e inevitable. <\/p>\n<p><strong>8. EL CONTRAATAQUE<\/strong> <\/p>\n<p>Tal vez la contribuci\u00f3n m\u00e1xima de la ciudad industrial fue la reacci\u00f3n que produjo contra sus propias grandes fechor\u00edas y ante todo el arte de la sanidad o higiene p\u00fablica. Los modelos originales para estos males fueron las c\u00e1rceles y los hospitales pest\u00edferos del siglo XVIII: su mejoramiento los convirti\u00f3 en plantas piloto, por as\u00ed decirlo, en la reforma de la ciudad industrial. Las realizaciones del siglo XIX en materia de fabricaci\u00f3n de grandes desag\u00fces cer\u00e1micos y de ca\u00f1er\u00edas de hierro hizo posible el aprovechamiento de fuentes distantes de agua relativamente pura y la evacuaci\u00f3n, por lo menos en una corriente vecina, de las cloacas; en tanto que los repetidos brotes de paludismo, c\u00f3lera, tifoidea y otras enfermedades actuaron como est\u00edmulo para promover estas innovaciones, ya que sucesivamente generaciones de especialistas en higiene establecieron, sin mayor dificultad, la relaci\u00f3n existente entre la suciedad y la cogesti\u00f3n, el agua y los alimentos contaminados, y estas condiciones. <\/p>\n<p>En lo tocante al punto fundamental de la degradaci\u00f3n de la ciudad, John Ruskin dio en la tecla. , escribi\u00f3, calles limpias y activas en el interior, y afuera el campo abierto, de manera que, desde cualquier parte de la ciudad, puedan alcanzarse en unos cuantos minutos de caminata un aire perfectamente fresco, la hierba y la vista del horizonte distante.\u00bb Esta feliz visi\u00f3n atraer\u00eda incluso a los fabricantes, quienes aqu\u00ed y all\u00e1, en Port Sunlight y Bournville, comenzaron a edificar aldeas industriales cuyo atractivo rivalizar\u00eda con el de los mejores suburbios m\u00e1s recientes. <\/p>\n<p>Importar aire fresco, agua pura, espacio abierto verde y luz solar a la ciudad pas\u00f3 a ser el objetivo primordial del urbanismo inteligente. La necesidad era tan urgente que, a pesar de su pasi\u00f3n por la belleza urbana, Camillo Sitte insist\u00eda en la funci\u00f3n higi\u00e9nica del parque urbano, como un , para usar su propia expresi\u00f3n\u00bb los de la ciudad, cuya funci\u00f3n era nuevamente apreciada en raz\u00f3n de su ausencia. <\/p>\n<p>El culto de la limpieza tuvo sus or\u00edgenes antes de la era paleot\u00e9cnica: debe mucho a las ciudades holandesas del siglo XVII, con su abundante suministro de agua, sus grandes ventanales en las casas, que denunciaban cada part\u00edcula de polvo en el interior, y sus pisos de mosaico; por lo cual el fregado y el blanqueado del ama de casa holandesa se hicieron proverbiales. La limpieza obtuvo nuevos refuerzos cient\u00edficos despu\u00e9s de 1870. En tanto que, con su criterio dualista, se separaba el cuerpo del esp\u00edritu, pod\u00eda desde\u00f1arse su cuidado sistem\u00e1tico, casi como un s\u00edntoma de preocupaciones m\u00e1s espirituales. Pero la nueva concepci\u00f3n del organismo que se desarroll\u00f3 en el siglo XIX, con Johannes M\u00fcller y Claude Bernard, reun\u00eda los procesos fisiol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos; y as\u00ed el cuidado del cuerpo se convirti\u00f3, una vez m\u00e1s, en una disciplina moral y est\u00e9tica. a trav\u00e9s de sus investigaciones bacteriol\u00f3gicas, Pasteur modific\u00f3 la concepci\u00f3n del medio externo e interno de los organismos: en la suciedad y la mugre se desarrollaban virulentos organismos microsc\u00f3picos, los cuales, en buena medida, desaparec\u00edan ante el agua y el jab\u00f3n y la luz del sol. Como consecuencia de esto, el granjero que hoy orde\u00f1a una vaca adopta precauciones sanitarias que no se preocupaba por tomar un cirujano londinense de mediados del siglo XIX al prepararse para llevar a cabo una operaci\u00f3n importante, hasta que Lister le ense\u00f1\u00f3 qu\u00e9 era lo que se deb\u00eda hacer. Las nuevas normas en materia de luz, aire y limpieza que Florence Nightingale estableci\u00f3 para los hospitales, las impuso tambi\u00e9n en la sala de estar de su casa, con sus paredes blancas, como verdadero preludio al admirablemente higi\u00e9nico de Le Corbusier, en la arquitectura moderna. <\/p>\n<p>Por fin, la indiferencia de la ciudad industrial ante la oscuridad y la mugre quedaba debidamente denunciada como un monstruoso salvajismo. Nuevos adelantos en las ciencias biol\u00f3gicas pusieron de relieve las fechor\u00edas del nuevo ambiente con su humo, su bruma y sus emanaciones. A medida que aumenta nuestro conocimiento experimental de la medicina, esta lista de males se alarga: ya incluye las doscientas y tantas sustancias productoras de c\u00e1ncer que, por lo com\u00fan, se encuentran todav\u00eda en el aire de la mayor\u00eda de las ciudades industriales, para no hablar del polvillo met\u00e1lico y p\u00e9treo y de los gases t\u00f3xicos que elevan la gravitaci\u00f3n y aumentan la mortalidad en las enfermedades de las v\u00edas respiratorias. <\/p>\n<p>Si bien la presi\u00f3n del conocimiento cient\u00edfico contribuy\u00f3 lentamente a mejorar las condiciones existente en la ciudad, como totalidad, tuvo un efecto m\u00e1s r\u00e1pido sobre las clases educadas y acomodadas, que pronto entendieron la insinuaci\u00f3n y huyeron de la ciudad para refugiarse en un ambiente que no fuera tan hostil a la salud. Una de las causas de esta aplicaci\u00f3n tard\u00eda de la higiene moderna al dise\u00f1o urbano fue el hecho de que las mejoras del equipo higi\u00e9nico de las viviendas introduc\u00edan una alteraci\u00f3n radical en los costos; y estos costos se reflejaban en inversiones municipales mayores en servicios p\u00fablicos y en mayores impuestos para pagarlas. <\/p>\n<p>As\u00ed como el industrialismo temprano, para sacar sus ganancias, estruj\u00f3 no s\u00f3lo la econom\u00eda maquinista sino tambi\u00e9n la miseria de los trabajadores, por su parte la ciudad fabril rudimentaria hab\u00eda mantenido sus salarios e impuestos bajos mediante la pauperizaci\u00f3n y el agotamiento del medio. La higiene reclamaba espacio, equipos municipales y recursos naturales de los que hasta entonces se hab\u00eda carecido. Con el tiempo este reclamo llev\u00f3 a la socializaci\u00f3n municipal como acompa\u00f1amiento normal de la mejora de los servicios. Ni la provisi\u00f3n de agua pura ni la eliminaci\u00f3n colectiva de la basura y los excrementos pod\u00edan dejarse a cargo de la conciencia privada ni ser resueltas \u00fanicamente en caso de que dieran ganancias. <\/p>\n<p>En los centros m\u00e1s peque\u00f1os podr\u00eda dejarse a las compa\u00f1\u00edas privadas el privilegio de mantener uno o m\u00e1s de estos servicios, hasta que un notorio brote de enfermedad impusiera el control p\u00fablico; pero en las ciudades mayores la socializaci\u00f3n era el precio de la seguridad; y as\u00ed, a pesar de las pretensiones te\u00f3ricas del liberalismo, el siglo XIX se convirti\u00f3, como acertadamente destacaron Beatrice y Sidney Webb, en el siglo del socialismo municipal. Cada mejora en el interior del edificio reclamaba su servicio de propiedad y administraci\u00f3n colectivas: por una parte, ca\u00f1er\u00edas maestras de agua, dep\u00f3sitos de agua, acueductos y estaciones de bombeo; por la otra, ca\u00f1er\u00edas maestras de desag\u00fce, plantas de reducci\u00f3n de aguas servidas y granjas que las utilizaban. S\u00f3lo faltaba la propiedad p\u00fablica de la tierra para la extensi\u00f3n, la protecci\u00f3n o la colonizaci\u00f3n de la ciudad. Ese paso hacia adelante constituy\u00f3 una de las contribuciones m\u00e1s significativas de la ciudad jard\u00edn de Ebenezer Howard. <\/p>\n<p>Mediante esta socializaci\u00f3n eficaz y de amplia difusi\u00f3n, la tasa general de mortalidad, as\u00ed como la tasa de mortalidad infantil, tendieron a decrecer despu\u00e9s de la d\u00e9cada de 1870; y tan manifiestas eran estas mejoras que aument\u00f3 la inversi\u00f3n social de capital municipal en estos servicios. Pero los rasgos principales segu\u00edan siendo negativos: los nuevos barrios de la ciudad no expresaban, en ninguna forma positiva, comprensi\u00f3n de la interacci\u00f3n entre el organismo como totalidad y el ambiente que las ciencias biol\u00f3gicas propon\u00edan. Hoy mismo, en realidad ser\u00eda imposible recaudar del seudomoderno uso a la moda de las grandes, ventanas de vidrio herm\u00e9ticamente cerradas, que Downes y Blunt ya hab\u00edan establecido en 1877, las propiedades bactericidas de la luz directa del sol. Esa irracionalidad denuncia cu\u00e1n superficial es a\u00fan el respeto de la ciencia por parte de muchas personas que se suponen instruidas, e incluso de t\u00e9cnicos. <\/p>\n<p>Por primera vez las mejoras sanitarias introducidas inicialmente en los palacios sumerios y cretenses, y extendidas a las familias patricias de Roma, en fecha posterior, se pon\u00edan ahora al alcance de toda la poblaci\u00f3n de la ciudad. Se trataba de un triunfo de los principios democr\u00e1ticos que ni siquiera los reg\u00edmenes dictatoriales pod\u00edan coartar; y, a decir verdad, uno de los m\u00e1ximos beneficios p\u00fablicos conferidos por el destructor de la Segunda Rep\u00fablica Francesa consisti\u00f3 en la tremenda limpieza de Par\u00eds emprendida bajo las \u00f3rdenes del bar\u00f3n Haussmann, un servicio mucho m\u00e1s fundamental, y en realidad tambi\u00e9n mucho m\u00e1s original, que cualquiera de sus c\u00e9lebres actos de urbanismo propiamente dicho. <\/p>\n<p>Nueva York fue la primera gran ciudad que obtuvo una amplia provisi\u00f3n de agua pura mediante la construcci\u00f3n del sistema Croton de dep\u00f3sitos y acueductos, inaugurado en 1842; pero, con el tiempo, todas las grandes ciudades se vieron obligadas a seguir este ejemplo. La distribuci\u00f3n de las aguas servidas sigui\u00f3 siendo un arduo problema, y excepto en ciudades suficientemente peque\u00f1as como para disponer de granjas capaces de transformar todos los residuos de esa naturaleza, hasta la fecha el problema no ha sido resuelto el debida forma. No obstante, el nivel de un cuarto de ba\u00f1o privado e higi\u00e9nico por familia -un inodoro conectado a ca\u00f1er\u00edas p\u00fablicas, en las comunidades de edificaci\u00f3n densa- ya estaba establecido a fines del siglo XIX. Por lo que hace a la basura, los procedimientos usuales, que consisten en arrojarla o quemarla, cuando se trata de un valioso abono agr\u00edcola, sigue siendo uno de los pecados persistentes de la administraci\u00f3n municipal no cient\u00edfica. <\/p>\n<p>La limpieza de las calle fue un problema m\u00e1s arduo, hasta que los adoquines y el asfalto se universalizaron, se elimin\u00f3 la tracci\u00f3n a sangre y se hizo abundante la provisi\u00f3n p\u00fablica de agua; pero, en \u00faltima instancia, result\u00f3 m\u00e1s f\u00e1cil solucionarlo que resolver el problema de la higienizaci\u00f3n del aire. Hoy mismo la cortina de polvo y humo que impide el paso de los rayos ultravioleta sigue siendo una de los atributos desvitalizadores de los centros urbanos m\u00e1s congestionados, acrecentado, en vez de ser aminorado, por el ostentoso aunque t\u00e9cnicamente anticuado autom\u00f3vil, que incluso agrega un invisible veneno: el mon\u00f3xido de carbono. Como compensaci\u00f3n parcial, la introducci\u00f3n de agua corriente y ba\u00f1os en la vivienda -y la etapa intermedia de reaparici\u00f3n de los ba\u00f1os p\u00fablicos, abandonados despu\u00e9s de la Edad Media- debe haber contribuido a reducir tanto las enfermedades, en general, como la mortalidad infantil, en particular. <\/p>\n<p>En conjunto, la obra de los reformadores sanitarios e higienistas, de un Chadwick, una Florence Nightingale, un Louis Pasteur y un bar\u00f3n Haussmann, despoj\u00f3 a la vida urbana, en sus niveles m\u00e1s bajos, de algunos de sus peores terrores y degradaciones f\u00edsicas. Si el industrialismo disminuy\u00f3 los aspectos creados de la vida urbana, los efectos mal\u00e9ficos de sus productos residuales y excrementos fueron tambi\u00e9n reducidos con el tiempo. Hasta los cuerpos de los muertos contribuyeron a la mejora, pues formaron un cintur\u00f3n verde de suburbios y parques mortuorios en torno de la ciudad en desarrollo; y tambi\u00e9n al respecto merece Haussmann un saludo respetuoso por su audaz y magistral soluci\u00f3n del problema. <\/p>\n<p>El nuevo medio industrial carec\u00eda tan evidentemente de los atributos de la salud que apenas si tiene algo de sorprendente que el contramovimiento de la higiene proporcionara las contribuciones m\u00e1s positivas al urbanismo durante el siglo XIX. Los nuevos ideales fueron expuestos provisionalmente en una utop\u00eda titulada Hygeia, or the City of Health, publicada por el doctor Benjamin Ward Richardson en 1875. En ella se descubren residuos inconscientes de aceptaci\u00f3n del grado existente de hacinamiento; pues en tanto que menos de una generaci\u00f3n despu\u00e9s Ebenezer Howard preve\u00eda una superficie de 2.500 hect\u00e1reas para albergar y cercar a 32.000 personas, Richardson propon\u00eda poner 100.000 personas en 1.600 hect\u00e1reas. En la nueva ciudad los ferrocarriles ser\u00edan subterr\u00e1neos, a pesar de las locomotoras de carb\u00f3n, entonces corrientes; pero en las casas no se permitir\u00edan s\u00f3tanos de ning\u00fan g\u00e9nero, prohibici\u00f3n que obtuvo respaldo legal en Inglaterra. La construcci\u00f3n de los subterr\u00e1neos ser\u00eda de ladrillo, por dentro y por fuera, para facilitar el lavado con mangueras -recurrente sue\u00f1o masculino-, las chimeneas estar\u00edan conectadas con t\u00faneles centrales que trasladar\u00edan el carb\u00f3n no quemado a un horno de gas donde se consumir\u00eda. <\/p>\n<p>Por arcaicas que hoy resulten algunas de estas propuestas, en muchos aspectos el doctor Richardson no s\u00f3lo se adelantaba a su tiempo sino que estaba igualmente adelantado con respecto a nuestra \u00e9poca. Propuso abandonar y preconiz\u00f3 un peque\u00f1o hospital para cada cinco mil personas. Del mismo modo se dar\u00eda albergue, en edificios de dimensiones modestas, a los desvalidos, los ancianos y los incapacitados mentales. Las concepciones f\u00edsicas de Richardson sobre la ciudad hoy resultan anticuadas; pero, por mi parte, sostengo que a\u00fan son dignas de atenci\u00f3n sus contribuciones a la atenci\u00f3n m\u00e9dica colectiva. Con amplia justificaci\u00f3n racional, propuso que se volviera a las elevadas normas m\u00e9dicas y humanas de la ciudad medieval. <\/p>\n<p><strong>9. LA CIUDAD SUBTERR\u00c1NEA<\/strong> <\/p>\n<p>Fue principalmente a trav\u00e9s de las reacciones que produjo, del \u00e9xodo que gener\u00f3, que el r\u00e9gimen paleot\u00e9cnico tuvo un efecto sobre las futuras formas urbanas. Estos contraataques fueron instigados, a partir de la d\u00e9cada de 1880, por una transformaci\u00f3n dentro de la propia industria. <\/p>\n<p>Dicho cambio fue inicialmente caracterizado por Patrick Geddes como el paso de la econom\u00eda paleot\u00e9cnica, hasta entonces reinante, dominada por el carb\u00f3n, el hierro y la m\u00e1quina de vapor, a una econom\u00eda neot\u00e9cnica, basada en la electricidad, los metales m\u00e1s livianos, el transformador y el motor el\u00e9ctricos. Geddes opon\u00eda la suciedad y el desorden jactanciosos de la ciudad minera a las condiciones existentes en una planta generadora de energ\u00eda hidroel\u00e9ctrica, donde la necesidad de asegurar el flujo constante de corriente impone una lmpieza inmaculada en todos los puntos de contacto. <\/p>\n<p>Estos perfeccionamientos neot\u00e9cnicos, que confluyeron en la d\u00e9cada de 1880, fueron reforzados en la misma \u00e9poca por la introducci\u00f3n de la cirug\u00eda as\u00e9ptica, que complet\u00f3 las reformas higi\u00e9nicas iniciadas en los hospitales por Florence Nightingale y lord Lister. Invenciones neot\u00e9cnicas t\u00edpicas, desde la fotograf\u00eda hasta las comunicaciones radiales, surgieron directamente de descubrimientos cient\u00edficos; a dichas invenciones se sumaron adelantos igualmente importantes derivados de la bacteriolog\u00eda y la fisiolog\u00eda, que establecieron la importancia de la luz solar para el crecimiento saludable, y la necesidad de aire puro, agua limpia, cuerpos limpios y un ambiente general limpio para impedir la propagaci\u00f3n de las enfermedades. Muchas industrias, en vez de aferrarse a miopes pr\u00e1cticas tradicionales, alentaron la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, la racionalizaci\u00f3n t\u00e9cnica y el planeamiento coordenado en todos los dominios. Con esta nueva postura mental en las empresas comerciales, el arte perdido del urbanismo volvi\u00f3 una vez m\u00e1s a la ciudad: ya no se dejaban de lado como impertinencias afeminadas la forma y el orden, la claridad y la limpieza. <\/p>\n<p>Esta transformaci\u00f3n se ha visto retardada por empecinados intereses creados que han sacado partido de las invenciones neot\u00e9cnicas para prolongar pr\u00e1cticas t\u00e9cnicas y comerciales socialmente delet\u00e9reas. Pero si la econom\u00eda neot\u00e9cnica no ha dado todav\u00eda nacimiento a la ciudad neot\u00e9cnica completa, comparable al arquetipo paleot\u00e9cnico de Villa Carb\u00f3n, es necesario buscar una causa m\u00e1s fundamental para ello: en la nueva econom\u00eda, con su creciente productividad, su difusi\u00f3n en la automatizaci\u00f3n y su excedente de productos y ocios, la propia industria ya no puede dominar y desplazar todos los dem\u00e1s aspectos de la vida; se convierte potencialmente, cuando no de hecho, en una parte contribuyente de una pauta comunal mucho m\u00e1s compleja. Cabe, pues, hablar de un parque industrial o un recinto comercial neot\u00e9cnico; pero la ciudad multilateral donde estas unidades desempe\u00f1ar\u00edan idealmente un papel no puede ser caracterizada solamente por sus atributos tecnol\u00f3gicos. Lo m\u00e1s cercano a una ciudad neot\u00e9cnica puede encontrarse en una comunidad tan amplia y equilibrada como lo es una de las de Inglaterra. <\/p>\n<p>Por consiguiente, se ha desarrollado en dos direcciones la eliminaci\u00f3n de la ciudad industrial cl\u00e1sica y la enmienda de sus vicios propios. En primer lugar, a trav\u00e9s del mayor desarrollo de la tecnolog\u00eda, con aplicaciones m\u00e1s vastas de la ciencia y de la pr\u00e1ctica perfeccionada, incluso en las industrias que anta\u00f1o explotaban m\u00e1s a sus obreros, maculando y desfigurando el ambiente. En segundo lugar, a trav\u00e9s de una serie de reacciones contra los males espec\u00edficos que aparecieron con el r\u00e9gimen de carb\u00f3n y hierro de la producci\u00f3n capitalista cl\u00e1sica. Estas reacciones frente al modelo cl\u00e1sico de villa Carb\u00f3n est\u00e1n sintetizadas, a esta altura de los tiempos, en el concepto en desarrollo del. No hay mejor testimonio de las condiciones empobrecidas o positivamente malas generadas por la ciudad paleot\u00e9cnica que la abundancia de leyes que se ha acumulado durante el \u00faltimo siglo y que est\u00e1 destinada a corregirlas: normas sanitarias, servicios higi\u00e9nicos, escuelas p\u00fablicas gratuitas, seguridad en el empleo, fijaci\u00f3n de salario m\u00ednimo, viviendas para obreros, eliminaci\u00f3n de tugurios, conjuntamente con la creaci\u00f3n de parques y campos de juego p\u00fablicos, bibliotecas p\u00fablicas y museos. A estas mejoras les falta todav\u00eda encontrar su expresi\u00f3n cabal en una nueva forma de ciudad. <\/p>\n<p>Pero, no obstante, la ciudad industrial arquet\u00edpica dej\u00f3 profundas heridas en el ambiente; y algunas de sus peores caracter\u00edsticas han subsistido, s\u00f3lo superficialmente mejoradas por los medios neot\u00e9cnicos. As\u00ed el autom\u00f3vil est\u00e1 contaminando el aire desde hace m\u00e1s de medio siglo sin que sus ingenieros hagan alg\u00fan esfuerzo serio por eliminar de su escape el t\u00f3xico gas de mon\u00f3xido de carbono, por m\u00e1s que unas cuantas bocanadas de \u00e9se, en su forma pura, resulten mortales; ni tampoco han eliminado los hidrocarbonos no quemados que contribuyen a producir el smog, que cubre una conurbaci\u00f3n tan plagada de autom\u00f3viles como es Los \u00c1ngeles. As\u00ed, tambi\u00e9n, los ingenieros de vialidad que se han atrevido a introducir sus autopistas m\u00faltiples en el coraz\u00f3n mismo de la ciudad y que se han preocupado por garantizar el estacionamiento de los autom\u00f3viles en enormes playas y garajes, han repetido magistralmente, ampli\u00e1ndolos, los peores errores de los ingenieros de ferrocarriles. A decir verdad, en el preciso instante en que se proced\u00eda a eliminar el tren elevado para el transporte p\u00fablico, como un grave estorbo, estos descuidados ingenieros reinstalaban el mismo tipo de estructura anticuada para conveniencia del autom\u00f3vil privado. As\u00ed, buena parte de lo que da la impresi\u00f3n de ser brillantemente contempor\u00e1neo no hace nada m\u00e1s que restablecer la forma arquet\u00edpica de Villa Carb\u00f3n, bajo una cubierta niquelada. <\/p>\n<p>Pero hay un aspecto de la ciudad moderna donde la presi\u00f3n de Villa Carb\u00f3n se deja sentir con m\u00e1s fuerza todav\u00eda y en la que los efectos finales son a\u00fan m\u00e1s hostiles a la vida. Me refiero al entrelazamiento de imprescindibles instalaciones subterr\u00e1neas, a fin de producir un resultado absolutamente gratuito: la ciudad subterr\u00e1nea, concebida como ideal. Como cab\u00eda esperar de un r\u00e9gimen cuyas invenciones claves salieron de las minas, el t\u00fanel y el subterr\u00e1neo fueron sus \u00fanicas contribuciones a la forma urbana; y lo que no deja de ser sintom\u00e1tico, ambos tipos de instalaciones fueron derivados directos de la guerra, primeramente en la ciudad antigua y luego en el complejo trabajo de zapa necesario para conquistar la fortificaci\u00f3n barroca. En tanto que en la superficie de Villa Carb\u00f3n las formas del transporte y la vivienda han sido reemplazadas en buena parte, su red subterr\u00e1nea ha prosperado y proliferado. Las ca\u00f1er\u00edas maestras de agua y desag\u00fce, as\u00ed como las grandes redes de gas y electricidad, fueron contribuciones valiosas al nivel superior de la ciudad; y, con ciertas limitaciones, podr\u00edan justificarse el ferrocarril subterr\u00e1neo, el t\u00fanel para autom\u00f3viles y los lavatorios subterr\u00e1neos. Pero a esas instalaciones se han sumado luego las tiendas y los almacenes subterr\u00e1neos y, finalmente, los refugios antia\u00e9reos, como si el tipo de medio que sirvi\u00f3 para los mecanismos f\u00edsicos y los servicios p\u00fablicos de la ciudad aportara otras ventajas reales a sus habitantes. Por desgracia, la ciudad subterr\u00e1nea exige la presencia constante de seres humanos vivos, los cuales tambi\u00e9n quedan bajo tierra; y esa imposici\u00f3n constituye poco menos que un entierro prematuro o, por lo menos, una preparaci\u00f3n para la existencia en c\u00e1psulas, que es la \u00fanica que quedar\u00e1 al alcance de quienes aceptan el perfeccionamiento mec\u00e1nico como la principal justificaci\u00f3n de la aventura humana. <\/p>\n<p>La ciudad subterr\u00e1nea constituye una clase nueva de ambiente. Es una prolongaci\u00f3n y una normalizaci\u00f3n del medio impuesto al minero -aislado de las condiciones naturales-, en todo momento bajo un control mec\u00e1nico posibilitado por la luz artificial, la ventilaci\u00f3n artificial y las limitaciones artificiales de las reacciones humanas ante las que sus organizadores consideran lucrativas o \u00fatiles. Este nuevo ambiente se constituy\u00f3 paulatinamente a partir de una serie de invenciones emp\u00edricas; y a esto se debe que, hasta en las metr\u00f3polis m\u00e1s ambiciosas, s\u00f3lo rara vez se hayan proyectado las instalaciones subterr\u00e1neas (como las grandes cloacas de Par\u00eds) con miras a su reparaci\u00f3n econ\u00f3mica y su conexi\u00f3n con los edificios pr\u00f3ximos, por m\u00e1s que es evidente que, en los barrios m\u00e1s populosos de una ciudad, un solo t\u00fanel, accesible a intervalos, podr\u00eda servir como arteria colectiva y, a la larga, dar\u00eda lugar a grandes econom\u00edas. <\/p>\n<p>Una generaci\u00f3n atr\u00e1s, Henry Wright, al analizar el costo de la vivienda, descubri\u00f3 que el precio de una habitaci\u00f3n entera estaba enterrado en la calle, en las diversas instalaciones mec\u00e1nicas necesarias para el funcionamiento de la casa. Desde entonces el costo relativo de estas ca\u00f1er\u00edas, cales y conductos subterr\u00e1neos ha aumentado; en tanto que, con cada ampliaci\u00f3n de la ciudad, lo mismo que con cada aumento de la congesti\u00f3n interna, el costo del sistema entero tambi\u00e9n aumenta desproporcionadamente. <\/p>\n<p>Dada la presi\u00f3n que se ejerce para hundir m\u00e1s capitales en la ciudad subterr\u00e1nea, se dispone de menos dinero para el espacio y la belleza arquitect\u00f3nica sobre su superficie; en realidad, el paso siguiente en el desarrollo de la ciudad, un paso que ya se ha dado en muchas ciudades norteamericanas, consiste en extender el principio de la ciudad subterr\u00e1nea incluso al dise\u00f1o de edificios que est\u00e1n visiblemente sobre la superficie del suelo, desbaratando as\u00ed todo esfuerzo art\u00edstico. Con el aire acondicionado y la constante iluminaci\u00f3n fluorescente, los espacios internos de los nuevos rascacielos norteamericanos no son muy diferentes de c\u00f3mo ser\u00edan si estuvieran a treinta metros por debajo de la superficie. Ninguna extravagancia en materia de equipo mec\u00e1nico es demasiado grande para producir este ambiente interno uniforme, pero el ingenio t\u00e9cnico que se invierte en la fabricaci\u00f3n de estos edificios herm\u00e9ticamente cerrados no es capaz de crear el equivalente de un fondo org\u00e1nico para las funciones y actividades humanas. <\/p>\n<p>Todo esto corresponde simplemente a los preparativos. Pues los sucesores de la ciudad paleot\u00e9cnica han creado instrumentos y condiciones que, potencialmente, son mucho m\u00e1s letales que los que destruyeron tantas vidas en la ciudad de Donora, en Pensilvania, debido a una concentraci\u00f3n de gases t\u00f3xicos, o la que, en diciembre de 1952, mat\u00f3 en Londres, en una semana, un n\u00famero de seres humanos que se calcula en unos cinco mil por encima de las defunciones normales. La explotaci\u00f3n del uranio para producir materiales capaces de fisi\u00f3n amenaza, si se contin\u00faa con ella, con envenenar la litosfera, la atm\u00f3sfera y la biosfera -para no hablar del agua para beber-, en una forma que superar\u00e1 de lejos las peores fechor\u00edas de la primitiva ciudad industrial, ya que los procesos industriales prenucleares pod\u00edan detenerse y sus residuos pod\u00edan absorberse o cubrirse, sin causar un da\u00f1o permanente. <\/p>\n<p>Una vez que tiene lugar la fisi\u00f3n, la radiactividad liberada permanece a lo largo de la vida de los productos, una vida que a veces hay que medir en muchas centurias y hasta en miles de a\u00f1os; no se la puede alterar ni relegar a un sitio determinado sin contaminar, a la larga, la zona donde se la arroja, ya sea \u00e9sta la estratosfera o el fondo del oc\u00e9ano. Mientras tanto, la elaboraci\u00f3n de estos materiales letales contin\u00faa sin cesar, como preparativo para ataques militares colectivos destinados a exterminar poblaciones enteras. Para hacer tolerables estos preparativos criminalmente insanos, las autoridades p\u00fablicas han preparado diligentemente a sus ciudadanos para que marchen a s\u00f3tanos y subterr\u00e1neos en busca de . S\u00f3lo el costo apabullante que implicar\u00eda la creaci\u00f3n de toda una red de ciudades subterr\u00e1neas, que pudiera dar cabida a la poblaci\u00f3n entera, impide hasta ahora este monstruoso abuso de la energ\u00eda humana. <\/p>\n<p>El industrial victoriano que expon\u00eda a sus conciudadanos al holl\u00edn y al smog, a una higiene p\u00e9sima y a enfermedades fomentadas por el ambiente, alimentaba con todo la fe en que su obra contribu\u00eda, en \u00faltima instancia, a la . Pero sus herederos en la ciudad subterr\u00e1nea no se hacen tales ilusiones: son presa de terrores compulsivos y de fantas\u00edas pervertidas, cuyo resultado final puede ser el exterminio universal; y cuanto m\u00e1s se consagren a adaptar su ambiente urbano a esta posibilidad, m\u00e1s seguro es que acarrear\u00e1n el genocidio colectivo ilimitado, que muchos de ellos ya han justificado en su esp\u00edritu como el precio necesario para conservar la y la . Los se\u00f1ores de la ciudadela subterr\u00e1nea est\u00e1n metidos en una a la que no le pueden poner fin, con armas cuyos efectos \u00faltimos no pueden controlar y con objetivos que no pueden lograr. La ciudad subterr\u00e1nea amenaza, por lo tanto, con convertirse en la cripta funeraria \u00faltima de nuestra civilizaci\u00f3n incinerada. La \u00fanica alternativa que le queda al hombre moderno consiste en salir nuevamente a la luz y tener el coraje, no de escapar a la luna, sino de volver a su propio centro humano, y de dominar las compulsiones e irracionalidades belicosas que comparte con sus amos y mentores. No s\u00f3lo tiene que olvidarse del arte de la guerra, sino que tambi\u00e9n debe adquirir y dominar, como nunca antes, las artes de la vida. <\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong> <\/p>\n<p>* La riqueza de las naciones, Aguilar, Espa\u00f1a, 1961. \t\t\t<\/p>\n<p>** Forma de dios Vishnu o Krishna, cuyo \u00eddolo se guarda en Puri, en la India. En uno de los festivales de adoraci\u00f3n al \u00eddolo, el Rathayatra, la imagen es colocada en un carro especial adornado con pinturas obscenas, y es llevada por las calles. Exist\u00eda la creencia err\u00f3nea de que, en \u00e9pocas anteriores, los devotos de Juggernaut se tiraban bajo las ruedas del carro para ser pisados por ellas. (N. del T.) <\/p>\n<p>*** Neologismo formado a partir de las palabras  (humo) y  (niebla). (N. del T.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO XV. PARA\u00cdSO PALEOT\u00c9CNICO: VILLA CARB\u00d3N 1. LOS COMIENZOS DE VILLA CARB\u00d3N Hasta el siglo XIX hubo cierto equilibro entre las diversas actividades en el seno de la ciudad. Aunque el trabajo el comercio siempre fueron importantes, la religi\u00f3n, el arte y el juego reclamaban su parte cabal de las energ\u00edas del hombre de ciudad. 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