{"id":21225,"date":"2009-09-21T06:48:54","date_gmt":"2009-09-21T04:48:54","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/icomo-pudieron-equivocarse-tanto-los-economistas\/"},"modified":"2009-09-21T06:48:54","modified_gmt":"2009-09-21T04:48:54","slug":"icomo-pudieron-equivocarse-tanto-los-economistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/icomo-pudieron-equivocarse-tanto-los-economistas\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo pudieron equivocarse tanto los economistas?"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p><strong>I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD<\/strong><\/p>\n<p>Es dif\u00edcil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el \u00e9xito de su especialidad. Estos \u00e9xitos -o al menos as\u00ed lo cre\u00edan ellos- eran tanto te\u00f3ricos como pr\u00e1cticos y conduc\u00edan a la profesi\u00f3n a su edad dorada.<\/p>\n<p>En el aspecto te\u00f3rico, cre\u00edan que hab\u00edan resuelto sus disputas internas. As\u00ed, en un trabajo titulado <em>The State of Macro<\/em> (es decir, de la macroeconom\u00eda, el estudio de cuestiones panor\u00e1micas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnol\u00f3gico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que hab\u00eda habido \u00abuna amplia convergencia de puntos de vista\u00bb.<\/p>\n<p>Y en el mundo real, los economistas cre\u00edan que ten\u00edan las cosas bajo control: \u00abEl problema central de la prevenci\u00f3n de la depresi\u00f3n est\u00e1 resuelto\u00bb, declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderaci\u00f3n del comportamiento econ\u00f3mico comparado con las dos d\u00e9cadas precedentes, y que atribu\u00eda en parte al mejorado desempe\u00f1o de la pol\u00edtica econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>El a\u00f1o pasado, todo esto se vino abajo.<\/p>\n<p>En el despertar de la crisis, las l\u00edneas de falla de la profesi\u00f3n de economista han bostezado con m\u00e1s amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de est\u00edmulo de la Administraci\u00f3n de Obama son \u00abeconom\u00eda de baratija\u00bb y su colega de Chicago John Cochrane dice que est\u00e1n basados en desacreditados \u00abcuentos de hadas\u00bb. Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el \u00abderrumbe intelectual\u00bb de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconom\u00eda, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 le ha sucedido a la profesi\u00f3n de economista? \u00bfY ad\u00f3nde va a partir de ahora?<\/p>\n<h4>II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATR\u00c1S<\/h4>\n<p>El nacimiento de la econom\u00eda como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien public\u00f3<em> La Riqueza de las Naciones<\/em> en 1776. Durante los siguientes 160 a\u00f1os se desarroll\u00f3 un extenso cuerpo de econom\u00eda te\u00f3rica, cuyo mensaje central era: conf\u00eda en el mercado. \u00c9sta era la presunci\u00f3n b\u00e1sica de la econom\u00eda <em>neocl\u00e1sica<\/em> (llamada as\u00ed al haber sido elaborada por los te\u00f3ricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores <em>cl\u00e1sicos).<\/em><\/p>\n<p>Esta fe, sin embargo, qued\u00f3 hecha pedazos por la Gran Depresi\u00f3n. Con el tiempo, la mayor\u00eda de los economistas sustent\u00f3 las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicaci\u00f3n de lo que hab\u00eda pasado como de la soluci\u00f3n de futuras depresiones.<\/p>\n<p>A pesar de lo que usted haya podido o\u00edr, Keynes no quer\u00eda que el gobierno dirigiera la econom\u00eda. En su obra capital, <em>Teor\u00eda general del empleo, el inter\u00e9s y el dinero<\/em>, escrita en 1936, \u00e9l mismo describi\u00f3 su an\u00e1lisis como \u00abmoderadamente conservador en sus repercusiones\u00bb. Quer\u00eda organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestion\u00f3 la noci\u00f3n de que las econom\u00edas de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apel\u00f3 a la activa intervenci\u00f3n del gobierno -imprimiendo m\u00e1s moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras p\u00fablicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.<\/p>\n<p>La historia de la econom\u00eda a lo largo del \u00faltimo medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neocl\u00e1sico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirm\u00f3 ya en 1953 que la econom\u00eda neocl\u00e1sica sirve adecuadamente como descripci\u00f3n del modo en que la econom\u00eda funciona realmente, al ser \u00abextremadamente fruct\u00edfera y merecedora de plena confianza\u00bb. Pero \u00bfqu\u00e9 hay de las depresiones?<\/p>\n<p>El contraataque de Friedman contra Keynes comenz\u00f3 con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una econom\u00eda de mercado necesite una deliberada estabilizaci\u00f3n. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervenci\u00f3n gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los dep\u00f3sitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requer\u00eda para prevenir depresiones.<\/p>\n<p>Friedman emple\u00f3 un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel <em>natural<\/em> (actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las pol\u00edticas excesivamente expansionistas, predijo, llevar\u00edan a una combinaci\u00f3n de inflaci\u00f3n y alto desempleo; una predicci\u00f3n que fue confirmada por la estanflaci\u00f3n de los a\u00f1os setenta, la cual impuls\u00f3 en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posici\u00f3n de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.<\/p>\n<p>Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una econom\u00eda. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos arg\u00fc\u00edan que cualquier intento de enfrentarse a una depresi\u00f3n econ\u00f3mica provocar\u00eda m\u00e1s mal que bien.<\/p>\n<p>Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que segu\u00edan creyendo en el papel activo del gobierno. Aun as\u00ed, la mayor\u00eda aceptaba la noci\u00f3n de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.<\/p>\n<p>Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunci\u00f3n del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hac\u00edan ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias econ\u00f3micas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.<\/p>\n<h4>III. FINANZAS DE CASINO<\/h4>\n<p>En los a\u00f1os treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consider\u00f3 que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: \u00abCuando el desarrollo del capital de un pa\u00eds se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho\u00bb.<\/p>\n<p>Hacia 1970 m\u00e1s o menos, sin embargo, la discusi\u00f3n sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulaci\u00f3n destructiva, hab\u00eda desaparecido virtualmente del discurso acad\u00e9mico. El terreno estaba dominado por la <em>hip\u00f3tesis del mercado eficiente<\/em>, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intr\u00ednseco si se da toda la informaci\u00f3n p\u00fablicamente disponible.<\/p>\n<p>Y por los a\u00f1os ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defend\u00edan que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no s\u00f3lo en su provecho sino en beneficio de la econom\u00eda, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros cre\u00edan que debemos poner el desarrollo del capital de la naci\u00f3n en manos de lo que Keynes hab\u00eda llamado un \u00abcasino\u00bb.<\/p>\n<p>El modelo te\u00f3rico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado Capital <em>Asset Pricing Model<\/em>, o CAPM (pron\u00fanciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas tambi\u00e9n es algo sumamente \u00fatil. Este CAPM no s\u00f3lo te dice c\u00f3mo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso m\u00e1s importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice c\u00f3mo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teor\u00eda produjo una sucesi\u00f3n de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.<\/p>\n<p>Para ser justos, los te\u00f3ricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estad\u00edsticas, lo que en un principio pareci\u00f3 de gran ayuda. Pero esta documentaci\u00f3n era de un formato extra\u00f1amente limitado. Los economistas financieros rara vez hac\u00edan la pregunta aparentemente obvia (aunque no de f\u00e1cil contestaci\u00f3n) de si los precios de los activos ten\u00edan sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, s\u00f3lo preguntaban si los precios de los activos ten\u00edan sentido habida cuenta de los precios de otros activos.<\/p>\n<p>Pero los te\u00f3ricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y as\u00ed lo hizo tambi\u00e9n mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respald\u00f3 la desregulaci\u00f3n fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los cr\u00e9ditos <em>subprime<\/em> o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la econom\u00eda financiera moderna lo ten\u00eda todo bajo control.<\/p>\n<p>En octubre del pasado a\u00f1o, sin embargo, Greenspan admiti\u00f3 encontrarse en un estado de \u00abconmocionada incredulidad\u00bb, debido a que \u00abtodo el edificio intelectual\u00bb se hab\u00eda \u00abderrumbado\u00bb.<\/p>\n<h4>IV. NADIE POD\u00cdA HABERLO PREDICHO&#8230;<\/h4>\n<p>En los recientes y atribulados debates sobre econom\u00eda se ha generalizado una frase clave: \u00abNadie pod\u00eda haberlo predicho&#8230;\u00bb. Es lo que uno dice con relaci\u00f3n a desastres que pod\u00edan haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.<\/p>\n<p>Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y ca\u00edda de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, a\u00fan en 2004, Alan Greenspan descart\u00f3 hablar de burbuja inmobiliaria: \u00abUna grave distorsi\u00f3n nacional de precios\u00bb, declar\u00f3, era \u00abmuy improbable\u00bb. El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, \u00aben gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos econ\u00f3micos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de inter\u00e9s eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke tambi\u00e9n quisieran celebrar el \u00e9xito de la Reserva Federal en sacar a la econom\u00eda de la recesi\u00f3n de 2001; conceder que buena parte de tal \u00e9xito se basara en la creaci\u00f3n de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atenci\u00f3n, cuando uno vuelve a leer las garant\u00edas de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto aprior\u00edstico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.<\/p>\n<p>Y los te\u00f3ricos de las finanzas eran todav\u00eda m\u00e1s inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hip\u00f3tesis del mercado eficiente, declar\u00f3 que \u00abla palabra <em>burbuja<\/em> me saca de quicio\u00bb y continu\u00f3 explicando por qu\u00e9 podemos fiarnos del mercado inmobiliario: \u00abLos mercados inmobiliarios son menos l\u00edquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversi\u00f3n que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios\u00bb.<\/p>\n<p>De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas est\u00e1 justificado.<\/p>\n<p>En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes ceg\u00f3 a muchos, si no a la mayor\u00eda, de los economistas ante la aparici\u00f3n de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teor\u00eda del mercado eficiente tambi\u00e9n desempe\u00f1\u00f3 un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.<\/p>\n<p>Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de d\u00f3lares. Se han perdido m\u00e1s de 6 millones de puestos de trabajo y el \u00edndice de desempleo alcanza su m\u00e1s alto nivel desde 1940. As\u00ed que \u00bfqu\u00e9 orientaci\u00f3n tiene que ofrecer la econom\u00eda moderna ante el presente aprieto? \u00bfY deber\u00edamos fiarnos de ella?<\/p>\n<h4>V. LA PELEA POR EL EST\u00cdMULO<\/h4>\n<p>Durante una recesi\u00f3n normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda p\u00fablica a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de inter\u00e9s de la deuda p\u00fablica; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento m\u00e1s alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen tambi\u00e9n otros tipos de inter\u00e9s; y normalmente esos bajos tipos de inter\u00e9s finalmente conducen a la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica. La Reserva Federal abord\u00f3 la recesi\u00f3n que comenz\u00f3 en 1990 bajando los tipos de inter\u00e9s a corto plazo del 9% al 3%. Abord\u00f3 la recesi\u00f3n que comenz\u00f3 en 2001 bajando los tipos de inter\u00e9s del 6,5% al 1%. E intent\u00f3 abordar la actual recesi\u00f3n bajando los tipos de inter\u00e9s del 5,25% al 0%.<\/p>\n<p>Pero result\u00f3 que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesi\u00f3n. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos pr\u00f3ximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de inter\u00e9s b\u00e1sicamente en lo que los macroeconomistas llaman <em>zero lower bound<\/em>, o l\u00edmite inferior cero, como quiera que la recesi\u00f3n continuaba ahond\u00e1ndose, la pol\u00edtica monetaria convencional hab\u00eda perdido toda su fuerza de tracci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfY ahora qu\u00e9? \u00c9sta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al l\u00edmite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresi\u00f3n la ocasi\u00f3n precedente. Y fue precisamente la observaci\u00f3n de que hay un l\u00edmite inferior a los tipos de inter\u00e9s lo que llev\u00f3 a Keynes a abogar por un mayor gasto p\u00fablico: cuando la pol\u00edtica monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste m\u00e1s, el sector p\u00fablico tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la econom\u00eda. El est\u00edmulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situaci\u00f3n econ\u00f3mica depresiva en la que estamos inmersos.<\/p>\n<p>Tal pensamiento keynesiano subyace en las pol\u00edticas econ\u00f3micas de la Administraci\u00f3n de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la \u00faltima recesi\u00f3n, declar\u00f3: \u00abEso no forma parte de lo que todos hemos ense\u00f1ado a los estudiantes graduados desde los a\u00f1os sesenta. \u00c9sas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensi\u00f3n volver a los cuentos de hadas que escuchamos de ni\u00f1os, pero eso no los hace menos falsos\u00bb.<\/p>\n<p>Pero como ha se\u00f1alado Brad DeLong, la actual postura acad\u00e9mica viene tambi\u00e9n siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman cre\u00eda que la pol\u00edtica de la Reserva Federal, m\u00e1s que para cambios en el gasto p\u00fablico, deb\u00eda ser utilizada para estabilizar la econom\u00eda, pero nunca afirm\u00f3 que un aumento del gasto p\u00fablico no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, <em>Un marco te\u00f3rico del an\u00e1lisis monetario<\/em>, lo que llama la atenci\u00f3n es lo keynesiano que parece.<\/p>\n<p>Y ciertamente Friedman nunca se crey\u00f3 la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducci\u00f3n del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la econom\u00eda. Sin embargo, Casey Mulligan, tambi\u00e9n de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores est\u00e1n optando por no aceptar trabajos.<\/p>\n<p>Ha sugerido, en particular, que los trabajadores est\u00e1n prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: \u00abDebi\u00e9ramos tener una recesi\u00f3n. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer\u00bb.<\/p>\n<p>Personalmente, pienso que eso es una locura. \u00bfPor qu\u00e9 deber\u00eda el desempleo masivo en todo el pa\u00eds hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? \u00bfPuede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusi\u00f3n de que el desempleo es voluntario y la recesi\u00f3n es deseable.<\/p>\n<h4>VI. DEFECTOS Y FRICCIONES<\/h4>\n<p>La econom\u00eda, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visi\u00f3n de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesi\u00f3n ha de redimirse a s\u00ed misma tendr\u00e1 que reconciliarse con una visi\u00f3n menos seductora, la de una econom\u00eda de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que est\u00e1 tambi\u00e9n saturada de defectos y de fricciones.<\/p>\n<p>Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de econom\u00eda que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el \u00e9nfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fr\u00edos calculadores de la teor\u00eda del mercado eficiente: casi todos est\u00e1n demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de p\u00e1nicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el fr\u00edo c\u00e1lculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garant\u00edas limitadas les fuerzan a ir con la manada.<\/p>\n<p>Entretanto \u00bfqu\u00e9 ocurre con la macroeconom\u00eda? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una \u00f3ptima respuesta a las fluctuaciones en los \u00edndices del progreso tecnol\u00f3gico; un punto de vista m\u00e1s o menos keynesiano es la \u00fanica alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo est\u00e1ndar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.<\/p>\n<p>Una l\u00ednea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboraci\u00f3n con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garant\u00edas suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversi\u00f3n. Una l\u00ednea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sosten\u00eda que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la econom\u00eda en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al n\u00facleo de la econom\u00eda keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.<\/p>\n<h4>VII. RECUPERANDO A KEYNES<\/h4>\n<p>As\u00ed que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la inc\u00f3moda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfecci\u00f3n, de que est\u00e1n sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la econom\u00eda keynesiana sigue siendo el mejor armaz\u00f3n que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconom\u00eda.<\/p>\n<p>Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesi\u00f3n puede que no sea tan clara; seguramente no ser\u00e1 n\u00edtida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.<\/p>\n<h4>Publicado por <a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/www.elpais.com\/\">El Pa\u00eds<\/a>-k argitaratua<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD Es dif\u00edcil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el \u00e9xito de su especialidad. Estos \u00e9xitos -o al menos as\u00ed lo cre\u00edan ellos- eran tanto te\u00f3ricos como pr\u00e1cticos y conduc\u00edan a la profesi\u00f3n a su edad dorada. 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