{"id":21115,"date":"2009-09-16T15:05:43","date_gmt":"2009-09-16T13:05:43","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/c-de-crisis\/"},"modified":"2009-09-16T15:05:43","modified_gmt":"2009-09-16T13:05:43","slug":"c-de-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/c-de-crisis\/","title":{"rendered":"C (de Crisis)"},"content":{"rendered":"<p>  <!--more-->  <br \/>Existe una diferencia fundamental entre las tradicionales preguntas acad\u00e9micas sobre el pasado -\u00ab\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3 en la historia, cu\u00e1ndo y por qu\u00e9?\u00bb- y la cuesti\u00f3n que en los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os ha animado un cuerpo creciente de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, concretamente, \u00ab\u00bfC\u00f3mo lo siente o sent\u00eda la gente?\u00bb Las primeras sociedades para la investigaci\u00f3n de la historia oral fueron fundadas a finales de los sesenta. Desde entonces el n\u00famero de instituciones y obras dedicadas al \u00ablegado\u00bb y a la memoria hist\u00f3rica -especialmente sobre las guerras del siglo XX- han crecido de manera espectacular. Los estudios sobre la memoria hist\u00f3rica no son, esencialmente, estudios sobre el pasado, sino sobre la retrospectiva hacia el mismo desde alg\u00fan tipo de presente posterior. The Morbid Age: Britain between the Wars, de Richard Overy, muestra otro acercamiento, m\u00e1s indirecto, a la textura emocional del pasado: la compleja arqueolog\u00eda de las reacciones populares contempor\u00e1neas sobre lo que estuvo sucediendo en y alrededor de sus vidas, lo que uno llamar\u00eda la m\u00fasica ambiental de la historia. <\/p>\n<p>Aunque este tipo de investigaci\u00f3n resulta fascinante, especialmente cuando se realiza con la curiosidad y sorprendente erudici\u00f3n de Overy, presenta al historiador problemas considerables. \u00bfQu\u00e9 significa describir una emoci\u00f3n como caracter\u00edstica de un pa\u00eds o de una \u00e9poca? \u00bfCu\u00e1l es el significado de una emoci\u00f3n generalizada, incluso de una directamente relacionada con hechos hist\u00f3ricos dram\u00e1ticos? \u00bfC\u00f3mo y hasta qu\u00e9 punto podemos medir su predominio? Las encuestas, el mecanismo actual para estas mediciones, no estuvieron disponibles antes de 1938 aproximadamente. En aquellos casos, tales emociones -el rechazo ampliamente extendido hacia los jud\u00edos en Occidente, por ejemplo- no eran obviamente sentidas ni generaban las mismas reacciones en, pongamos por caso, Adolf Hitler y Virginia Woolf. Las emociones en la historia no son ni cronol\u00f3gicamente estables ni socialmente homog\u00e9neas, incluso en los momentos en que son universalmente sentidas, como en el Londres bajo los ataques a\u00e9reos alemanes, y sus interpretaciones intelectuales todav\u00eda menos. \u00bfC\u00f3mo pueden compararse o contrastarse? En pocas palabras, \u00bfqu\u00e9 pueden hacer los historiadores en este nuevo campo? <\/p>\n<p>El sentimiento en concreto que Overy estudia es el de crisis y miedo, \u00abel presentimiento de un desastre inminente\u00bb, la posibilidad del fin de la civilizaci\u00f3n que, desde su punto de vista, caracteriz\u00f3 al Reino Unido de entreguerras. No hay nada espec\u00edficamente brit\u00e1nico o propio del siglo XX en ese sentimiento. Es m\u00e1s, en el \u00faltimo milenio ser\u00eda dif\u00edcil se\u00f1alar una \u00e9poca, al menos en el mundo cristiano, donde este sentimiento no haya encontrado una expresi\u00f3n significativa, a menudo en el idioma apocal\u00edptico construido para ese mismo objetivo y explorado en las obras de Norman Cohn. (Aldous Huxley, citado por Overy, ve la \u00abmano de Belial guiando\u00bb la historia moderna.). Hay buenas razones en la historia europea por las cuales que \u00abnosotros\u00bb -se cual sea su definici\u00f3n- nos sintamos bajo la amenaza de enemigos extranjeros o nuestros demonios interiores no sea algo excepcional. <\/p>\n<p>La obra pionera de este g\u00e9nero, la historia del miedo en Europa occidental del siglo XIV al XVIII de Jean Delumeau, Le Peur en Occident (1978), describe y analiza una civilizaci\u00f3n \u00abenferma hasta la m\u00e9dula\u00bb con un \u00abpaisaje de miedo\u00bb poblado de \u00abfantas\u00edas m\u00f3rbidas\u00bb, peligros y miedos escatol\u00f3gicos. El problema de Overy es que, a diferencia de Delumeau, no ve estos miedos como reacciones a experiencias y peligros reales, al menos en el Reino Unido, donde, por consenso general, ni la pol\u00edtica ni la sociedad se hab\u00edan desplomado, y la civilizaci\u00f3n no se encontraba en crisis durante el per\u00edodo de entreguerras. \u00bfPor qu\u00e9, entonces, es un \u00abper\u00edodo famoso por su poblaci\u00f3n de Casandras y Jerem\u00edas que ayudaron a construir la imagen popular de los a\u00f1os de entreguerras como una \u00e9poca de ansiedad, dudas o miedo\u00bb? <\/p>\n<p>Con saber, lucidez e ingenio, de manera notable en su brillante selecci\u00f3n de citas, The Morbid Age desentra\u00f1a las diferentes tendencias de expectativas catastr\u00f3ficas -la muerte del capitalismo, los miedos a un declive demogr\u00e1fico y corrupci\u00f3n, \u00abel psicoan\u00e1lisis y la consternaci\u00f3n social\u00bb, el miedo a una guerra- principalmente a trav\u00e9s de escritos p\u00fablicos y privados de a quienes Delumeau, que hizo lo mismo en su respectivo per\u00edodo de estudio, llam\u00f3 \u00ablos que ten\u00edan la palabra y el poder\u00bb: en su d\u00eda los cl\u00e9rigos intelectuales, en los de Overy una selecci\u00f3n de intelectuales burgueses y miembros representativos de la clase pol\u00edtica. Los intentos por escapar de los desastres anticipados por el pacifismo y lo que el autor denomina \u00abpol\u00edtica ut\u00f3pica\u00bb son vistos sobre todo como un cuadro sintom\u00e1tico de una epidemia de pesimismo. <\/p>\n<p>Conc\u00e9dasenos por un momento que Overy est\u00e1 en lo cierto en cuanto al pesimismo de quienes \u00abten\u00edan la palabra y el poder\u00bb, a pesar de algunas obvias excepciones, como los investigadores que conoc\u00edan, con Ernest Rutherford, que estaban viviendo en los d\u00edas gloriosos de las ciencias naturales; los ingenierons que no ve\u00edan l\u00edmites en el futuro progreso de las viejas y nuevas tecnolog\u00edas; los oficiales y empresarios de un imperio que hab\u00eda alcanzado su m\u00e1xima extensi\u00f3n en el per\u00edodo de entreguerras y que se ve\u00eda a\u00fan bajo control (excepto por el estado libre irland\u00e9s); los escritores y lectores del g\u00e9nero de entreguerras por antonomasia, la novela de detectives, que celebraban un mundo de certezas morales y sociales, de estabilidad restaurada despu\u00e9s de una interrupci\u00f3n temporal. La pregunta, obviamente, es \u00bfhasta qu\u00e9 punto las opiniones de la minor\u00eda articulada presentada por Overy representaron o influenciaron a los aproximadamente 30 millones de votantes que constitu\u00edan los s\u00fabditos del rey en 1931? <\/p>\n<p>En la Europa tardomedieval y de la primera modernidad de Delumeau, la pregunta pod\u00eda responderse con alguna confianza. En el Occidente cristiano de este per\u00edodo hab\u00eda v\u00ednculos org\u00e1nicos entre el pensamiento de los sacerdotes y predicadores y lo que los creyentes practicaban, aunque podamos verlos como incongruentes. El clero cat\u00f3lico romano ten\u00eda tanto autoridad intelectual como pr\u00e1ctica. \u00bfPero qu\u00e9 influencia o efectos pr\u00e1cticos tuvieron en el per\u00edodo de entreguerras las palabras -por citar solamente a algunos de los escritores que tienen m\u00e1s de dos l\u00edneas en el \u00edndice de Overy- de la Sociedad Eug\u00e9nica de Charles Blacker, de Vera Brittain Vera Brittain, Cyril Burt, G.D.H Cole, Leonard Darwin, G. Lowes Dickinson, E.M. Forster, Edward Glover, J.A. Hobson, Aldous y Julian Huxley, Storm Jameson, Ernest Jones, Sir Arthur Keith, Maynard Keynes, el arzobispo Cosmo Lang, Basil Liddell Hart, Bronislaw Malinowski, Gilbert Murray, Philip Noel-Baker, George Orwell, Lord Arthur Ponsonby, Bertrand Russell, George Bernard Shaw, Arnold Toynbee, los Webbs, H.G. Wells o Leonard y Virginia Woolf? <\/p>\n<p>A menos que estuviesen respaldados por una editorial o peri\u00f3dico de importancia, como lo estuvieron Victor Gollancz o el New Stateman en el caso de Kingsley Amis, o por una organizaci\u00f3n de masas como la Liga de las Naciones Unidas Lord Robert Cecil o la Peace Pledge Union del pacifista Canon Sheppard, todos ellos ten\u00edan la palabra, pero poco m\u00e1s. Como cuando en el siglo XIX hab\u00edan tenido una buena oportunidad de hablar sobre ello e influir en la pol\u00edtica y la administraci\u00f3n desde el enclaustramiento de una \u00e9lite establecida, perteneciendo a ella por origen o siendo reconocidos por ella, especialmente si pertenec\u00edan a las redes de la \u00abaristocracia intelectual\u00bb de Noel Annan, como muchos de estos pregoneros del juicio final. \u00bfPero hasta qu\u00e9 punto sus ideas modelaron a la \u00abopini\u00f3n p\u00fablica\u00bb que estaba m\u00e1s all\u00e1 del alcance de los escritores y lectores de las cartas al editor del Times y del New Statesman? <\/p>\n<p>Hay muy pocas pruebas en la cultura y el modo de vida de las clases trabajadores y de las clases medias-bajas del per\u00edodo de entreguerras -que este libro no investiga- de que la tuvieran. Gracie Fields, George Formby y Bud Flanagan no vivieron esperando que la sociedad se viniera abajo, ni tampoco el teatro del West End. Lejos de mostrar morbosidad, la clase obrera de la juventud Richard Hoggart (y tambi\u00e9n de la m\u00eda) consist\u00eda sobre todo de gente que \u00absent\u00eda que no pod\u00eda hacer gran cosa con las caracter\u00edsticas fundamentales de su situaci\u00f3n, pero no lo sent\u00eda necesariamente con desesperaci\u00f3n o rechazo o resentimiento, sino simplemente como un hecho en sus vidas.\u00bb Es cierto, como muestra Overy, que el dr\u00e1stico crecimiento de los medios de comunicaci\u00f3n de masas permiti\u00f3 que las \u00abideas principales\u00bb de estos pensadores m\u00f3rbidos fuesen ampliamente propagadas. Sin embargo, la melancol\u00eda intelectual que se desplegaba no era el objeto de las omnipresentes pel\u00edculas o siquiera de los peri\u00f3dicos de circulaci\u00f3n masiva, que llegaban a tener una circulaci\u00f3n de dos millones de ejemplares o m\u00e1s a principios de los treinta, aunque la BBC radio, pr\u00e1cticamente universalmente disponible a mediados de los 30, concedi\u00f3 al portavoz de la cat\u00e1strofe una peque\u00f1a fracci\u00f3n -uno hubiera deseado que Overy hiciese una estimaci\u00f3n- de su c\u00f3mputo total de horas, que era enorme. No es balad\u00ed que el Listener, que reimprim\u00eda los debates y charlas radiof\u00f3nicas, tuviera una circulaci\u00f3n de 52.000 ejemplares en 1935, contra los 2&#8217;4 millones del Radio Times. <\/p>\n<p>El libro, que experiment\u00f3 una revoluci\u00f3n en la d\u00e9cada de los treinta con Penguin y Gollancz, fue pr\u00e1cticamente, sin ninguna duda, la m\u00e1s efectiva forma de difusi\u00f3n intelectual: no s\u00f3lo para la clase trabajadora para la cual la palabra \u00ablibro\u00bb a\u00fan significaba \u00abrevista\u00bb, sino tambi\u00e9n para la vieja clase educada y el r\u00e1pido y creciente cuerpo de autodidactas pol\u00edticamente conscientes y con aspiraciones pol\u00edticas. Incluso entre \u00e9stos, como las notas a pie de p\u00e1gina de Overy muestran, las circulaciones de m\u00e1s de 50.000 -el orden de la magnitud del Left Book Club lo sit\u00faa por encima del nivel actual para un bestseller- eran poco frecuentes, excepto en los tensos meses de preguerra de 1938-39. Las admirables investigaciones de Overy sobre los registros de los editores muestran que la novela sobre la Depresi\u00f3n de Walter Greenwood, Love on the Dole [Amor en el paro] (\u00abpocos productos culturales de la Depresi\u00f3n llegaron a tanto p\u00fablico\u00bb) vendi\u00f3 46.290 copias entre 1933 y 1940. El potencial de lectura de libros en 1931 (sumando los censos de las categor\u00edas de \u00abtrabajadores profesionales y semi-profesionales\u00bb y \u00abtrabajadores de cuello blanco y similares\u00bb) fue de cerca de dos millones y medio, de los pr\u00e1cticamente 30 millones de electores brit\u00e1nicos. <\/p>\n<p>Es generalmente admitido que \u00ablas tesis de alg\u00fan pensador difunto (o vivo)\u00bb (por adaptar la frase de Keynes) no se difunden por estos medios convencionales, sino por una suerte de \u00f3smosis por la que unos pocos conceptos radicales, reducidos y simplificados, como \u00abla supervivencia de los m\u00e1s aptos\u00bb, \u00abcapitalismo\u00bb, \u00abcomplejo de inferioridad\u00bb, \u00abel inconsciente\u00bb, entran de alg\u00fan modo en el discurso p\u00fablico o privado como monedas de cambio. Incluso con un criterio tan relajado, muchas de las predicciones fat\u00eddicas de Overy apenas fueron m\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo de intelectuales, activistas y de quienes tomaban las decisiones pol\u00edticas, especialmente en el caso de los dem\u00f3grafos y su miedo a un desplome de la poblaci\u00f3n (que se demostr\u00f3 falso) y lo que ahora se contempla como planes siniestros de los eugenistas para eliminar a quienes entonces se defin\u00eda como gen\u00e9ticamente inferiores. Marie Stopes se hizo famosa en Gran Breta\u00f1a no como defensora de la esterilizaci\u00f3n de los subnormales, sino como pionera del control de natalidad, algo que en aquella \u00e9poca lleg\u00f3 a ser reconocido entre las masas brit\u00e1nicas como una incorporaci\u00f3n \u00fatil a la pr\u00e1ctica tradicional del coitus interruptus. <\/p>\n<p>S\u00f3lo donde la opini\u00f3n p\u00fablica espont\u00e1neamente compart\u00eda los miedos y reacciones de los intelectuales de la \u00e9lite pod\u00edan sus escritos servir como expresiones del sentir general brit\u00e1nico. Casi con toda seguridad coincid\u00edan en el problema del envejecimiento, en el miedo a la guerra; probablemente tambi\u00e9n en algunas formas que tom\u00f3 la crisis de la econom\u00eda (brit\u00e1nica). Con respecto a estas cuestiones los brit\u00e1nicos no experimentaron, como sugiere Overy, los aprietos del per\u00edodo de entreguerras como de trasmano. Como los franceses, vivieron con los sombr\u00edos recuerdos de los asesinatos masivos de la Gran Guerra y (acaso incluso de manera m\u00e1s efectiva), las pruebas vivientes andaban por las calles, sus supervivientes mutilados y desfigurados. Los brit\u00e1nicos fueron realistas en sus miedos a otra guerra. Especialmente a partir de 1933, la sombra de una guerra se extend\u00eda sobre sus vidas, en la de las mujeres (sobre cuya participaci\u00f3n en la Gran Breta\u00f1a del per\u00edodo de entreguerras este libro guarda silencio) acaso incluso m\u00e1s que en la de los hombres. <\/p>\n<p>En la admirable segunda parte de su libro, Overy, que se gan\u00f3 su merecida reputaci\u00f3n como historiador de la Segunda Guerra Mundial, describe brillantemente el sentimiento de una cat\u00e1strofe inminente inevitable en los treinta, que iba a dominar la llamada al pacifismo. Pero lo hizo precisamente porque no se trataba de un sentimiento de desesperanza, comparable al expresado y que recorri\u00f3 toda la poblaci\u00f3n con el del informe secreto del gobierno sobre una guerra nuclear en 1955 citado por Peter Hennessy (\u00absi este pa\u00eds podr\u00eda resistir un ataque general y a\u00fan estar en un situaci\u00f3n de responder a las hostilidades es algo que deber\u00eda cuestionarse seriamente.\u00bb) Esperar morir en la pr\u00f3xima guerra, como mis contempor\u00e1neos esperaban no sin raz\u00f3n en 1939 -Overy cita mis propias memorias en este punto- no nos detuvo a la hora de pensar que aquella guerra hab\u00eda de lucharse, hab\u00eda de ganarse y que pod\u00eda llevar a una sociedad mejor. <\/p>\n<p>Las reacciones brit\u00e1nicas a la crisis del per\u00edodo de entreguerras que sufri\u00f3 la econom\u00eda brit\u00e1nica fueron m\u00e1s complejas, pero el argumento aqu\u00ed de que el capitalismo brit\u00e1nico ten\u00eda menos razones para causar alarma es, con toda seguridad, err\u00f3neo. En la d\u00e9cada de los veinte los brit\u00e1nicos parec\u00edan tener razones m\u00e1s obvias para preocuparse por el futuro de su econom\u00eda que el resto de europeos. Pr\u00e1cticamente ella sola en el mundo, la producci\u00f3n manufacturera en el Reino Unido, incluso en su momento \u00e1lgido en la d\u00e9cada de los veinte, cuando la producci\u00f3n mundial estaba por encima de un 50% de lo que hab\u00eda sido antes de la guerra, permaneci\u00f3 por debajo del nivel de 1913, y su tasa de desempleo, mucho m\u00e1s alta que la de Alemania y los Estados Unidos, nunca descendi\u00f3 del 10%. Poco sorprendentemente, la Gran Depresi\u00f3n golpe\u00f3 a otros pa\u00edses m\u00e1s fuerte que a la ya renqueante Gran Breta\u00f1a, pero vale la pena recordar que el impacto de 1929 fue tan dram\u00e1tico como para hacer que el Reino Unido abandonase los dos pilares teol\u00f3gicos de su identidad econ\u00f3mica del siglo XIX, el libre comercio y el patr\u00f3n oro, en 1931. La mayor\u00eda de las citas de Overy sobre una cat\u00e1strofe econ\u00f3mica proceden de antes de 1934. <\/p>\n<p>Ciertamente, la crisis produjo un acuerdo entre las clases articuladas como el sistema no pudo llevar a cabo antes, ya fuese por los defectos b\u00e1sicos del capitalismo o por el \u00abfin del laissez-faire\u00bb anunciado por Keynes en 1926, pero las discusiones para la futura forma de la econom\u00eda, ya fuese socialista o gobernada por un capitalismo reformado, m\u00e1s intervencionista y \u00abplaneado\u00bb, estuvieron estrictamente confinadas a minor\u00edas: las primeras al hasta medio mill\u00f3n que se mov\u00eda en y alrededor del movimiento obrero, la segunda probablemente a unos cuantos cientos de lo que Gramsci hubiera llamado \u00abintelectuales org\u00e1nicos\u00bb de la clase dominante brit\u00e1nica. Sin embargo, nuestra memoria sugiere que Overy est\u00e1 en lo correcto al pensar que la reacci\u00f3n m\u00e1s extendida a los problemas de la econom\u00eda entre los s\u00fabditos del rey que no escrib\u00edan, fuera de las nuevas zonas deprimidas de las viejas regiones industriales, no era tanto el sentimiento de que \u00abel capitalismo no hab\u00eda funcionado, sino de que no deber\u00eda haberlo hecho del modo en que lo hizo.\u00bb Y en la medida en que el \u00absocialismo\u00bb fue m\u00e1s all\u00e1 de los activistas y hasta el 29% de los votantes brit\u00e1nicos que vot\u00f3 por el Partido Laborista en el pin\u00e1culo de su \u00e9xito durante el per\u00edodo de entreguerras, se debi\u00f3 m\u00e1s al resultado de un rechazo moral del capitalismo que a una imagen concreta de la sociedad futura. <\/p>\n<p>Pero tampoco la creencia en el socialismo o en un capitalismo planificado implica morbosidad, desesperaci\u00f3n o un sentimiento apocal\u00edptico. Ambos, de modos diferentes, asumieron que la crisis pod\u00eda y deb\u00eda ser superada, animados por lo que parec\u00eda ser una extraordinaria inmunidad a la Gran Depresi\u00f3n de los planes quinquenales sovi\u00e9ticos, los cuales, en la d\u00e9cada de los 30, observa apropiadamente Overy, convirtieron las palabras \u00abplan\u00bb y \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb en el \u00ab\u00e1brete S\u00e9samo\u00bb incluso de los pensadores no socialistas. No hay ninguna duda de que el grueso de los socialistas fue m\u00e1s ut\u00f3pico en sus creencias que los reformistas pragm\u00e1ticos, y m\u00e1s vagos en sus prescripciones, que no iban m\u00e1s lejos de la nacionalizaci\u00f3n de todas las industrias. Pero ambos miraron m\u00e1s lejos para un futuro mejor o al menos m\u00e1s viable. S\u00f3lo la recalcitrante retaguardia de tristes individualistas liberales anteriores a 1914 no ve\u00eda ninguna esperanza. Para el gran gur\u00fa de la London School of Economics, Friedrich von Hayek, quien no aparece en este libro, tanto las recetas socialistas y keynesianas para el futuro eran los adoquines de un predecible \u00abcamino a la servidumbre\u00bb. <\/p>\n<p>Esto no deber\u00eda de sorprendernos. Muchos europeos tuvieron la experiencia del Armagedd\u00f3n en la Gran Guerra. El miedo a otra y con toda probabilidad m\u00e1s terrible guerra fue a\u00fan m\u00e1s real ya que la Gran Guerra hab\u00eda dado a Europa una serie de s\u00edmbolos inductores de miedo que no ten\u00edan precedentes: los bombardeos a\u00e9reos, el tanque, la m\u00e1scara antig\u00e1s. All\u00ed donde el pasado o el presente no proporcionaban ninguna comparaci\u00f3n adecuada, muchas personas se vieron inclinadas a olvidar o subestimar los riesgos del futuro, no importa lo insistente que fuera la ret\u00f3rica que los rodeaba. Que muchos jud\u00edos que permanecieron en Alemania tras 1933 tomasen la precauci\u00f3n de enviar a sus hijos al extranjero muestra que no eran ciegos a los riesgos de vivir bajo el r\u00e9gimen de Hitler, pero lo que de hecho les esperaba era literalmente inconcebible a principios del siglo XX incluso para un pesimista del gueto. Por supuesto que hubo profetas en Pompeya que advirtieron de los peligros de vivir bajo volcanes, pero es dudoso si incluso los pesimistas que hab\u00eda entre ellos esperaban de hecho la devastaci\u00f3n total y definitiva de la ciudad. <\/p>\n<p>No hay una \u00fanica etiqueta para saber c\u00f3mo los colectivos sociales o incluso los individuos conciben o siente el futuro. En cualquier caso, \u00abapocalipsis\u00bb, \u00abcaos\u00bb o \u00abfin de la civilizaci\u00f3n\u00bb, estando m\u00e1s all\u00e1 de la experiencia cotidiana en la mayor\u00eda de la Europa de entreguerras, no era lo que la mayor\u00eda de gente esperaba, incluso cuando vivieron con la incertidumbre por el futuro, en las ruinas de un viejo orden social ya irrecuperable, como muchos lo hicieron despu\u00e9s de 1917. Estas cosas son m\u00e1s f\u00e1cilmente reconocibles retrospectivamente, pues durante los episodios genuinamente apocal\u00edpticos de la historia -como, pongamos por caso, Europa central en 1945-46- la mayor\u00eda de hombres y mujeres civiles est\u00e1n demasiado ocupados tratando de sostenerse como para clasificar sus aprietos. Esa es la raz\u00f3n, en contra de los ases del poder a\u00e9reo, por la que las poblaciones civiles de las grandes ciudades no se amedrentaron bajo las bombas y las tormentas de fuego de la Segunda Guerra Mundial. Fuesen cuales fuesen sus motivaciones, se \u00absostuvieron\u00bb a ellos mismos, y sus ciudades, en ruinas y en llamas, continuaron funcionando porque la vida no se detiene hasta la muerte. Perm\u00edtasenos no juzgar los indicios del desastre durante el per\u00edodo de entreguerras, incluso cuando terminaron por demostrarse correctos, por los est\u00e1ndares inimaginables de la destrucci\u00f3n y desolaci\u00f3n que le siguieron. <\/p>\n<p>El libro de Overy, no por agudo en su observaci\u00f3n, e innovador y monumental en su exploraci\u00f3n de los archivos, demuestra la necesidad de las sobresimplificaciones de una historia construida sobre sentimientos. Buscar un \u00absentir\u00bb general como t\u00f3nica de una \u00e9poca no nos lleva a estar m\u00e1s cerca de reconstruir el pasado que el \u00abcar\u00e1cter nacional\u00bb o \u00ablos valores cristianos \/ isl\u00e1micos \/ confucianos.\u00bb Nos cuentan demasiado poco demasiado vagamente. Los historiadores deber\u00edan tomarse estos conceptos seriamente, pero no como base para el an\u00e1lisis o la estructura narrativa. Para ser justo con el autor, nunca comete un error. Su objetivo ha sido claramente componer una muestra original de variaciones para competir con los ritmos de otros historiadores profesionales en lo que se asume que es un tema universalmente familiar: la historia del Reino Unido de entreguerras. Pero no es ya m\u00e1s que familiar para los ancianos. Las Variaciones Overy en clave C (de crisis) suponen un logro admirable, aunque se echa en falta cualquier otra comparaci\u00f3n seria con la situaci\u00f3n en otros pa\u00edses europeos. Puesto que escribe bien, su libro tambi\u00e9n se convierte justamente en lo que no pretend\u00eda: en una gu\u00eda tur\u00edstica a terra incognita para lectores a quienes el Reino Unido de Jorge V queda tan lejos y resulta tan desconocido como el de Jorge II. Deber\u00eda leerse con placer intelectual y provecho por su perspicacia y sus descubrimientos de muchas de las partes que permanec\u00edan sin explorar de la vida intelectual brit\u00e1nica, pero no como una introducci\u00f3n del Reino Unido de entreguerras para el viajero en el tiempo sin experiencia previa. <\/p>\n<p>Eric Hobsbawm es el decano de la historiograf\u00eda marxista brit\u00e1nica. Uno de sus \u00faltimos libros es un volumen de memorias autobiogr\u00e1ficas: A\u00f1os interesantes, Barcelona, Critica, 2003. <\/p>\n<p>Traducci\u00f3n parawww.sinpermiso.info: \u00c0ngel Ferrero  \t\t\t<\/p>\n<p>London Review of Books, 6 agosto 2009<\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"Sinpermiso\" href=\"http:\/\/www.sinpermiso.info\">Sinpermiso<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-21115","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-munduanbarna"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>C (de Crisis) - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/c-de-crisis\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"C (de Crisis) - 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