{"id":21016,"date":"2009-09-16T06:45:22","date_gmt":"2009-09-16T04:45:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/los-ultimos-de-bizancio\/"},"modified":"2009-09-16T06:45:22","modified_gmt":"2009-09-16T04:45:22","slug":"los-ultimos-de-bizancio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-ultimos-de-bizancio\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos de Bizancio"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p>  <!--more-->  <br \/><strong>Mistra se convirti\u00f3 en la sede espiritual del Imperio bizantino cuando Constantinopla cay\u00f3 en manos de los turcos, en 1453. Su gozo fue corto: solo ostent\u00f3 el t\u00edtulo siete a\u00f1os.<\/strong> <\/p>\n<p><em>\u2022 Mistra, la capital griega del Imperio bizantino, es una ciudad en ruinas que se yergue en un monte coronado por un castillo medieval y en la que se intuyen vestigios del pasado <\/em> <\/p>\n<p>Las velas de un candelabro iluminan los frescos de una de las iglesias que todav\u00eda no han sido devastadas por el paso del tiempo. <\/p>\n<p>El castillo de Mistra, con el monte Taigeto al fondo, preside los restos de la que fue una ciudad imperial. Foto: XAVIER MORET XAVIER MORET <\/p>\n<p><strong>MISTRA<\/strong> <\/p>\n<p>Escribe el brit\u00e1nico Steven Runciman, el historiador que mejor ha sabido narrar la ca\u00edda de Constantinopla y el final del Imperio bizantino, que \u00abla belleza de Grecia se basa sobre todo en el contraste entre promontorios pronunciados y golfos de aguas azules, entre montes pelados y valles f\u00e9rtiles\u00bb. Uno de los lugares donde mejor se aprecia este contraste es en la pen\u00ednsula del Peloponeso y, en especial, al llegar a Esparta, cuando despu\u00e9s de recorrer una carretera que zigzaguea por la monta\u00f1a, el viajero descubre un valle lleno de olivos, regado por el m\u00edtico r\u00edo Eurotas, que acoge en su centro la mancha blanca, no menos m\u00edtica, de la ciudad de Esparta. <\/p>\n<p>La verdad es que no queda casi nada en Esparta que permita sospechar aquellos tiempos lejanos en los que la ciudad compet\u00eda con Atenas por la supremac\u00eda de la regi\u00f3n, o en los que el rey Menelao estaba casado con la bella Elena, cuyo rapto dar\u00eda lugar a la famosa guerra de Troya y, de rebote, a obras tan maravillosas como La Il\u00edada y a La Odisea. Tan solo queda el nombre, ya que la antigua Esparta fue engullida por la historia y solo volvi\u00f3 a nacer, por decreto real, en 1834, poco despu\u00e9s de que Grecia consiguiera librarse de la dominaci\u00f3n turca. <\/p>\n<p>Nada queda en la cuadr\u00edcula de calles de la moderna Esparta de aquella sociedad en la que el adiestramiento militar era el centro de todo, en la que, como recuerda Robin Lane Fox en El mundo cl\u00e1sico (Cr\u00edtica), \u00aba la edad de 7 a\u00f1os, lo ni\u00f1os abandonaban a sus familias y ten\u00edan que aprender a caminar descalzos, a dormir a la intemperie o sobre duros jergones y a robar como si se tratara de una misi\u00f3n arriesgada\u00bb. <\/p>\n<p>Es cierto que apenas si queda nada de la antigua Esparta, ocupada por los romanos en el siglo II a. C., pero aun as\u00ed vale la pena viajar hasta all\u00ed para visitar, a tan solo ocho kil\u00f3metros de la ciudad, las ruinas de Mistra. Es esta una atractiva ciudad amurallada que se yergue en la ladera de un monte coronado por un castillo medieval, franqueado por un precipicio y con las espaldas bien protegidas por los m\u00e1s de 2.000 metros del monte Taigeto, desde donde se dice que los antiguos espartanos, obsesionados por la perfecci\u00f3n, arrojaban a los reci\u00e9n nacidos con defectos f\u00edsicos y a los delincuentes. <\/p>\n<p>Las ocho iglesias y nueve capillas que sobreviven en Mistra entre muros ca\u00eddos, montones de cascotes, caminos empedrados y cipreses mal crecidos, permiten evocar el esplendor perdido de Bizancio, ya que fue esta ciudad la que, tras la ca\u00edda de Constantinopla ante los turcos, en 1453, cogi\u00f3 el relevo de capital espiritual, aunque solo pudo ostentarlo durante siete a\u00f1os, hasta 1460. <\/p>\n<p>La historia de Mistra, heredera del esp\u00edritu de las cruzadas, empieza tarde, dura poco y termina mal. Steven Runciman lo resume con estas palabras: \u00abSe fund\u00f3 hace tan solo siete siglos y medio, y sus d\u00edas de gloria duraron menos de dos siglos. Y ha pasado un siglo y medio de su destrucci\u00f3n final\u00bb. A pesar de todo, hoy resulta f\u00e1cil sentir el v\u00e9rtigo de la historia en Mistra, ciudad que en 1348 lleg\u00f3 a ser capital del despotado latino de Morea, establecido tras la conquista de Constantinopla durante la cuarta cruzada. <\/p>\n<p><strong>La \u00faltima dinast\u00eda<\/strong> <\/p>\n<p>Fue, de hecho, la llegada al Peloponeso de los caballeros francos participantes de las cruzadas lo que propici\u00f3 el nacimiento de Mistra; Guillermo de Villehardouin construy\u00f3 el castillo de la ciudad en 1249 para proteger su palacio, al pie de la monta\u00f1a, y solo 13 a\u00f1os despu\u00e9s lo conquistar\u00eda Miguel VIII, miembro de los Pale\u00f3logos, la \u00faltima dinast\u00eda reinante del Imperio bizantino. <\/p>\n<p>Un manto de silencio cubre hoy las ruinas de Mistra, un lugar de reyes que atrajo en el siglo XV a fil\u00f3sofos como Gemisto Plet\u00f3n y a numerosos artistas que decoraron sus iglesias. En ella es posible encontrar tambi\u00e9n el rastro de la curiosa dinast\u00eda de los Pale\u00f3logos, que se relacionaron con los Almog\u00e1vares y que seg\u00fan algunos historiadores usaron la diplomacia para que los catalanes atacasen Sicilia, en 1282, en las famosas Vespres Sicilianes. <\/p>\n<p>La ciudad de Mistra la fueron formando poco a poco, alrededor del palacio, gentes que buscaban la protecci\u00f3n de las murallas en unos tiempos convulsos. Todav\u00eda hoy es posible ver el trazado de sus calles en cuesta, imaginar c\u00f3mo eran las casas y admirar el palacio y las iglesias que a\u00fan se conservan. <\/p>\n<p>Solo en una de ellas, la de Pantanassa, construida en 1428, reconvertida en convento y decorada con bellos frescos, viven todav\u00eda unas pocas monjas, los \u00faltimos habitantes de Mistra. Desde la entrada pueden verse las ruinas de la ciudad y, a lo lejos, en el llano repleto de olivares, la mancha blanca de Esparta. <\/p>\n<p>En el peque\u00f1o museo de Mistra llama la atenci\u00f3n una placa de m\u00e1rmol que recrea el supuesto ascenso a los cielos de Alejandro el Grande, s\u00edmbolo de un esplendor de Grecia que queda ya muy lejos. El monasterio de Peribleptos, del siglo XIV y la iglesia de San Demetrio son tambi\u00e9n lugares que emocionan, en especial cuando se descubre labrada en el m\u00e1rmol el \u00e1guila bic\u00e9fala del Imperio bizantino. <\/p>\n<p>El \u00faltimo emperador de Bizancio, Constantino XI, fue d\u00e9spota de Mistra antes de acceder al trono de la que lleg\u00f3 a ser la segunda ciudad m\u00e1s importante del Imperio bizantino, despu\u00e9s, claro est\u00e1, de Constantinopla. En 1460 la ciudad cay\u00f3 en manos de los turcos, aunque posteriormente fue ocupada por los venecianos entre 1687 y 1715. Volvi\u00f3 a ser turca hasta 1832, y dos a\u00f1os despu\u00e9s, el rey Otto de Grecia decidi\u00f3 fundar Esparta y trasladar a esta nueva ciudad a los que todav\u00eda viv\u00edan en Mistra. Con todo, a\u00fan quedaron en Mistra unos pocos residentes, que se marcharon definitivamente en 1953, dejando las calles y muros de la ciudad en manos de una historia compleja y de sus espectros. En 1989, Mistra fue declarada por la Unesco patrimonio de la Humanidad y desde entonces han aumentado los trabajos de restauraci\u00f3n. <\/p>\n<p><strong>Mundo cl\u00e1sico y medieval<\/strong> <\/p>\n<p>Fue en Mistra, recuerda Steven Runciman, donde Goethe, que por cierto nunca visit\u00f3 Grecia, situ\u00f3, en la segunda parte de su Fausto, el encuentro de Fausto y Elena de Troya. \u00abNo pod\u00eda haber sitio mejor para el encuentro del mundo cl\u00e1sico con el medieval que esta ciudad construida tan cerca de Esparta\u00bb, concluye el historiador, \u00abesta ciudad en la que la cultura cl\u00e1sica tan bien se conserv\u00f3 y ense\u00f1\u00f3. De este encuentro surgi\u00f3 el Renacimiento\u00bb. <\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"Berria\" href=\"http:\/\/www.elperiodico.com\/\">El Peri\u00f3dico de Catalunya<\/a>-k argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[79],"tags":[],"class_list":["post-21016","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nabarmena"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Los \u00faltimos de Bizancio - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/los-ultimos-de-bizancio\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Los \u00faltimos de Bizancio - 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