{"id":21014,"date":"2009-09-16T06:43:42","date_gmt":"2009-09-16T04:43:42","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-ilusion-termina-aqui\/"},"modified":"2009-09-16T06:43:42","modified_gmt":"2009-09-16T04:43:42","slug":"la-ilusion-termina-aqui","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-ilusion-termina-aqui\/","title":{"rendered":"La ilusi\u00f3n termina aqu\u00ed"},"content":{"rendered":"<p>El aeropuerto, que hasta hace poco era antesala de la aventura, se ha convertido hoy en un espacio marcado por rutinas y protocolos que, en nombre de la seguridad, ponen a prueba nuestro orgullo, sentido com\u00fan y paciencia. Para arquitectos, agentes del orden y pol\u00edticos, los aeropuertos son el espacio alfa de la responsabilidad, una especie de ciudad-maqueta en la que practicar con figuritas en movimiento a las que hay que recibir, filtrar, conducir y expedir. Son, en cierto modo, lo que los grandes puentes fueron anta\u00f1o: la obra p\u00fablica que mejor ilustra el progreso y transforma nuestra vida cotidiana. Vamos, la haza\u00f1a arquitect\u00f3nica con la que promocionar cualquier gesti\u00f3n pol\u00edtica. <\/p>\n<p>De hecho, ninguna obra o espacio p\u00fablico posee hoy la capacidad que tiene el aeropuerto para reflejar y definir nuestra relaci\u00f3n con la autoridad. Aqu\u00ed rige la vanguardia del contrato social, pero ensayado a la baja. Este es un laboratorio en el que medir nuestro nivel de tolerancia. No faltan excusas: se buscan armas, g\u00e9rmenes o sin papeles.Y por ello aceptamos que nos palpen, descalcen y fuercen a ritos cuestionables destinados a infundir sensaci\u00f3n de seguridad. Los aeropuertos son ahora heridas abiertas sobre las que aplicar medidas desesperadas, cataplasmas que adoptan las formas m\u00e1s impensables: bolsitas de pl\u00e1stico para llevar a la vista nuestro neceser, esponjas h\u00famedas que debemos pisar para desinfectar nuestro calzado, mascarillas capaces de detener una gripe&#8230; Infinidad de medidas, en suma, que no hallar\u00e1n en estaciones de tren, autobuses ni en puertos tur\u00edsticos. Tampoco en esas estaciones se confunden, como en el aeropuerto, uniformes p\u00fablicos y privados. En este paisaje de logos, marcas y corporaciones aladas, se produce una siniestra fusi\u00f3n de la autoridad empresarial y la p\u00fablica. Una y otra lucen gorras, escudos, charretas y raya en los pantalones. A una y a otra acabamos obedeciendo sin distinci\u00f3n. <\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 del sentido simb\u00f3lico o psicol\u00f3gico que estas medidas puedan adquirir (siguen mostr\u00e1ndonos c\u00f3mo ponernos el salvavidas en viajes que no sobrevuelan el mar), el conjunto de estas instrucciones parece aspirar a que desistamos de usar el sentido com\u00fan en nuestras reclamaciones. La normativa responsable de tantas y sutiles humillaciones no resiste el filtro de la l\u00f3gica, pero no puede decirse que sea in\u00fatil: educa en la docilidad a una masa acostumbrada a confundir sus derechos con su idiosincrasia. Adem\u00e1s, ese espacio es s\u00f3lo una parte del tr\u00e1nsito. Sin el aclimatamiento al que nos somete el aeropuerto, <\/p>\n<p>\u00bfqui\u00e9n se resignar\u00eda al menguante espacio que nos espera en el avi\u00f3n? Es entonces cuando uno se percata de lo apropiado del aspecto del aeropuerto: nada en \u00e9l cultiva las emociones. <\/p>\n<p>Resulta curioso que en una sociedad fascinada por la tematizaci\u00f3n de espacios y actividades, los aeropuertos reh\u00fayan precisamente esa condici\u00f3n. Bien al contrario, est\u00e1n dise\u00f1ados para no saberanada.Ni nos informan escenogr\u00e1ficamente del destino al que llegamos ni, lo que es m\u00e1s curioso, enfatizan la idea de que el aeropuerto forma parte del viaje, de la aventura. En su brutal neutralidad, el aeropuerto no miente: la ilusi\u00f3n termina aqu\u00ed. No es hora de so\u00f1ar con nuestro destino ni lugar para ciudadanos de piel fina. <\/p>\n<p>Conc\u00e9ntrense en los tr\u00e1mites, desconf\u00ede de la gente y piense bien qu\u00e9 pasillo debe tomar. Y, sobre todo, no discuta ninguna petici\u00f3n ni decisi\u00f3n del agente uniformado. (Una funcionaria me retir\u00f3 una bolsa de compras en un aeropuerto de enlace. Cien euros en tequila que fueron directos, supongo, a su casa. Ante mi estupor, ya que realic\u00e9 la compra en el aeropuerto precedente, clav\u00f3 su mirada en m\u00ed y espet\u00f3: \u00abIs there any problem, sir?\u00bb Que traducido quiere decir: \u00bfDesea perder una hora sentado en un despacho?) <\/p>\n<p>A pesar de todo, el aeropuerto se resiste a la banalizaci\u00f3n. Seguimos consider\u00e1ndolo un lugar especial, para el que incluso solemos cuidar el atuendo. \u00bfNostalgia? Ni el avi\u00f3n, ni el aeropuerto, ni el mismo hecho de viajar pueden tener hoy el glamur de un tiempo en el que todo ello estaba reservado a unos pocos. Pero la inercia est\u00e1 ah\u00ed, a pesar de todo lo que ha cambiado. En sus primeras representaciones, el aeropuerto se mostraba como el lugar desde el que despegaban y aterrizaban los aviones. As\u00ed aparece en folletos, ilustraciones escolares y fotograf\u00edas en las que se da la bienvenida a estrellas y presidentes. <\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la torre de control, lo que caracterizaba su fisonom\u00eda era el mirador desde el que despedir o dar la bienvenida. Ning\u00fan gran aeropuerto ofrece hoy esa oportunidad. Es m\u00e1s, la pista parece un lugar proscrito a nuestra mirada. Un aeropuerto es hoy un espacio interior, desde el que no es posible ver claramente cuanto le rodea y cuya est\u00e9tica procura una continuidad con el interior del avi\u00f3n y, por supuesto, con el aeropuerto de destino. Ya s\u00f3lo falta que, en nombre del ahorro energ\u00e9tico, los aviones prescindan de ventanas para que la m\u00edmesis sea total. <\/p>\n<p>El viaje a\u00e9reo ya no se entiende pues como un placer, sino como un tr\u00e1mite. Y para que este pase r\u00e1pido y sin huella, hemos aprendido a viajar en estado de hipnosis, entumecidos, aletargando al quejoso que llevamos dentro. La suspensi\u00f3n empieza antes de que el avi\u00f3n despegue. <\/p>\n<p>El aeropuerto, como modelo de gesti\u00f3n, ha vendido as\u00ed su efectividad tambi\u00e9n como I+ D en ingenier\u00eda social. Basta pensar en la plaza del Forum, en Barcelona, para darse cuenta de c\u00f3mo un gran espacio p\u00fablico es dise\u00f1ado hoy. El aeropuerto ya no es un ap\u00e9ndice de la ciudad, sino su modelo. Sostiene Paul Virilio: \u00abNos dirigimos hacia la ultraciudad, la ciudad que no llegamos a conocer, una ciudad que no genera pertenencia <\/p>\n<p>&#8211; de centro y periferia-,sino movimiento. De ah\u00ed la importancia de las estaciones, que ya no son tan s\u00f3lo estaciones sino centros urbanos que ocupan grandes superficies con sus contenedores y aeropuertos. En cierto modo se han convertido en n\u00facleos (hubs) de la globalizaci\u00f3n.\u00bb <\/p>\n<p>Es por ello que la imagen del aeropuerto como limbo, espacio de excepci\u00f3n y espera, ya no sirve. El aeropuerto se vende hoy como una r\u00e9plica agigantada del espacio m\u00e1s com\u00fan y rutinario: la oficina. Y en esta superoficina, ba\u00f1ada por un wi-fi bien promocionado, parece m\u00e1s adecuado abrir el port\u00e1til y vestir traje con corbata que ir luciendo una sonrisa vacacional. <\/p>\n<p>No es este, entonces, un lugar para transformaciones y distensi\u00f3n, sino un teatro de la normalidad en el que primero hay que pasar por taquilla. <\/p>\n<p>Como cada verano, la realidad discutir\u00e1 muchas de estas ideas: habr\u00e1 esperas eternas, las camisas floreadas superar\u00e1n a las corbatas, cundir\u00e1 la desinformaci\u00f3n y algunos ciudadanos cabreados hasta levantar\u00e1n la voz. <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las catedrales sufren a turistas, historiadores y estudiantes, impermeables por lo general a la fe, sin que el sentido original de su arquitectura quede mermado. <\/p>\n<h4>Publicado por <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.es\/\">La Vanguardia<\/a>-k argitaratua<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El aeropuerto, que hasta hace poco era antesala de la aventura, se ha convertido hoy en un espacio marcado por rutinas y protocolos que, en nombre de la seguridad, ponen a prueba nuestro orgullo, sentido com\u00fan y paciencia. 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