{"id":20964,"date":"2009-09-16T05:16:47","date_gmt":"2009-09-16T03:16:47","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/"},"modified":"2009-09-16T05:16:47","modified_gmt":"2009-09-16T03:16:47","slug":"europa-historia-mito-realidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/europa-historia-mito-realidad\/","title":{"rendered":"Europa: historia, mito, realidad"},"content":{"rendered":"<p>  <!--more-->  <br \/>Contenido de la conferencia impartida por Eric Hobsbawn en Par\u00eds el pasado 22 de septiembre       <\/p>\n<p>\u00abA pesar de ese proceso de homogeneizaci\u00f3n, los europeos no se identifican con su continente. Aun aquellos que llevan una vida realmente transnacional, la identificaci\u00f3n primaria sigue siendo nacional.\u00bb <\/p>\n<p>Como el Dios de la Biblia en el momento de la creaci\u00f3n, la cartograf\u00eda est\u00e1 obligada a poner un nombre a las cosas que describe: la toponimia, construcci\u00f3n humana, est\u00e1 en consecuencia cargada de motivaciones humanas. \u00bfPor qu\u00e9 clasificar como \u00abcontinente\u00bb al conjunto de pen\u00ednsulas, de monta\u00f1as y de planicies situadas en el extremo occidental del gran continente euroasi\u00e1tico? En el siglo XVIII, un historiador y ge\u00f3grafo ruso, V.N.Taichtchev, traz\u00f3 la l\u00ednea divisoria de Europa-Asia que todos nosotros conocemos: desde los Urales al mar Caspio y al C\u00e1ucaso. Para erradicar el estereotipo de una Rusia \u00abasi\u00e1tica\u00bb, por lo tanto atrasada, hac\u00eda falta subrayar la pertenencia de Rusia a Europa. Los continentes son tanto &#8211; \u00bfo m\u00e1s? &#8211; construcciones hist\u00f3ricas que entidades geogr\u00e1ficas. <\/p>\n<p>La Europa cartogr\u00e1fica es una construcci\u00f3n moderna. Ella no sale del limbo hasta el siglo XVII. La idea actual de una Uni\u00f3n Europea (UE) es m\u00e1s joven todav\u00eda y los proyectos pr\u00e1cticos para su unificaci\u00f3n nacieron reci\u00e9n en el siglo XX, hijos de las Guerras Mundiales. Pa\u00edses antes hostiles se unieron para formar una zona de paz, garante del inter\u00e9s com\u00fan. El \u00e9xito de nuestra Uni\u00f3n Europea es incuestionable, aunque por debajo de las expectativas de ciertos pioneros y pese a que la evoluci\u00f3n hacia la unidad del continente fue complicada, desviada incluso, en particular por las exigencias de la pol\u00edtica norteamericana. <\/p>\n<p>Se trata, as\u00ed, de una Europa hist\u00f3ricamente joven. La Europa ideol\u00f3gica es, sin embargo, mucho m\u00e1s vieja. Es la Europa tierra de civilizaci\u00f3n contra la no-Europa de los B\u00e1rbaros. La Europa como met\u00e1fora de exclusi\u00f3n existe desde Herodoto. Existi\u00f3 siempre. Es una regi\u00f3n de dimensiones variables, definida por la frontera (\u00e9tnica, social, cultural tanto como geogr\u00e1fica) con las regiones del \u00abOtro\u00bb, situadas a menudo en \u00abAsia\u00bb, a veces en \u00ab\u00c1frica\u00bb. La etiqueta \u00abAsia\u00bb como sin\u00f3nimo de un \u00abOtro\u00bb, que combina la amenaza y la inferioridad, ha colgado todo el tiempo sobre la espalda de Rusia. Recuerdan las palabras de Metternich \u00abAsien beginnt an der Landstrasse\u00bb, es decir, Asia comienza en la carretera nacional (de Viena). <\/p>\n<p>De la pol\u00edtica a los mitos no hay m\u00e1s que un paso. El mito europeo por excelencia es el de la identidad primordial. Lo que tenemos en com\u00fan es esencial, lo que nos diferencia, insignificante o secundario. Ahora bien, para Europa la presunci\u00f3n de unidad es tanto m\u00e1s absurda cuanto que lo que ha caracterizado a su historia es, precisamente, la divisi\u00f3n. <\/p>\n<p>Una historia de Europa es impensable antes del fin del Imperio romano occidental y, asimismo, antes de la ruptura permanente entre las dos orillas del Mediterr\u00e1neo, luego de la conquista musulmana de \u00c1frica del Norte. Los griegos de la antig\u00fcedad se sit\u00faan en una civilizaci\u00f3n tricontinental, que engloba el Medio Oriente, Egipto y un modesto sector de la Europa del Mediterr\u00e1neo oriental. Durante los siglos IV y III antes de J.C., la iniciativa militar y pol\u00edtica pasa a los m\u00e1rgenes del sector europeo de este espacio. Alejandro el Grande cre\u00f3 un imperio ef\u00edmero que llegaba a Egipto y Afganist\u00e1n. La Rep\u00fablica romana construy\u00f3 uno m\u00e1s durable entre Siria y el estrecho de Gibraltar. <\/p>\n<p>Al fin de cuentas, el Imperio romano no logr\u00f3 jam\u00e1s establecerse s\u00f3lidamente m\u00e1s all\u00e1 del Rhin y del Danubio; Roma fue un Imperio pan-mediterr\u00e1neo, antes que europeo y lo que cuenta para el destino de Europa no es el imperio que triunfa sino aquel que desaparece. La historia de la Europa post-romana, es la de un continente fragmentado. Aqu\u00ed reside la raz\u00f3n de las divergencias entre Europa y las otras civilizaciones del Viejo Mundo. Entre el mar de la China y el Magreb, y hasta el siglo XIX, el dominio terrestre multi\u00e9tnico no sale de lo habitual para los grandes espacios geogr\u00e1ficos. Siempre bajo la amenaza, de tiempo en tiempo vencidos, desmembrados o conquistados por guerreros venidos de los desiertos del Sur, de las monta\u00f1as o de las grandes planicies del Norte, ellos siempre se recuperan. Ellos absorben o asimilan a los conquistadores, como la India asimil\u00f3 a los Mogol y China a los Mongoles. Nada semejante en Occidente despu\u00e9s de la ca\u00edda de Roma, nadie reemplaz\u00f3 al Imperio romano, aunque la Iglesia conserva la lengua y la estructura administrativa. <\/p>\n<p>Fragmentada durante por lo menos diez siglos, Europa fue constantemente presa de invasores. Los Unos, los \u00c1varos, los Magiares, los T\u00e1rtaros, los Mongoles y las tribus turcas, llegan del este, los Vikingos del norte, los conquistadores musulmanes del sur. Esta \u00e9poca no finaliza totalmente hasta 1683, cuando los turcos son derrotados en las puertas de Viena. <\/p>\n<p>Se ha sostenido que, durante esa lucha milenaria, Europa descubri\u00f3 su identidad. Esto es un anacronismo. Ninguna resistencia colectiva o coordinada, incluso en nombre del cristianismo, consolida el continente y la unidad cristiana desaparece en medio de las invasiones. Hubo en lo sucesivo una Europa cat\u00f3lica y otra, ortodoxa. Las cruzadas, que el papado lanza algunos a\u00f1os despu\u00e9s de esta escisi\u00f3n, no fueron iniciativas de defensa sino operaciones ofensivas tendientes a establecer la supremac\u00eda del Papa en el mundo cristiano. <\/p>\n<p>Entre la ca\u00edda de Bizancio, en 1453, y el sitio de Viena de 1683, los \u00faltimos conquistadores venidos del Oriente, los turcos otomanos, ocupan toda la Europa del Sur-Este. <\/p>\n<p>Pero otra parte de Europa hab\u00eda comenzado ya una carrera de conquista. Los \u00faltimos a\u00f1os de la Reconquista coinciden con el comienzo de la era de los conquistadores. Ellos descubren no solamente las Am\u00e9ricas sino Europa, porque es frente a los pueblos ind\u00edgenas del Nuevo Mundo que los espa\u00f1oles, los portugueses, los ingleses, los holandeses, los franceses, los italianos, que se precipitan sobre las Am\u00e9ricas, reconocen su europeidad. Ellos tienen la piel blanca, imposible de confundir con los \u00abIndios\u00bb. Una diferenciaci\u00f3n racial sale a luz que, en los siglos XIX y XX, devendr\u00e1 en la certeza de que los blancos poseen el monopolio de la civilizaci\u00f3n. <\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abEuropa\u00bb todav\u00eda no forma parte sin embargo del discurso pol\u00edtico. Para eso habr\u00e1 que esperar al siglo XVII, con el avance de Austria en los Balcanes, despu\u00e9s de 1683, y la llegada al escenario internacional de Rusia, sedienta de modernidad occidental. Desde entonces hay coincidencia entre la geograf\u00eda y la historia. Europa forma parte de aqu\u00ed en m\u00e1s del discurso p\u00fablico, ella nace parad\u00f3jicamente de las rivalidades continentales. <\/p>\n<p>El nombre remite al juego militar y pol\u00edtico, un juego dominado por Francia, Gran Breta\u00f1a, el Imperio de los Habsburgo y Rusia, a los cuales se agrega m\u00e1s tarde una quinta \u00abgran potencia\u00bb, Prusia, transformada en Alemania unida. Pero tambi\u00e9n fueron las transformaciones del paisaje pol\u00edtico las que, en el siglo XVII, hicieron posible el nacimiento de esta Europa consciente de s\u00ed misma. La Paz de Westfalia, que puso fin a la guerra de los Treinta A\u00f1os, trajo dos innovaciones pol\u00edticas. <\/p>\n<p>En lo sucesivo, hubo tantos Estados territoriales como soberanos y esos Estados no reconocieron ninguna obligaci\u00f3n por encima de sus intereses, definidos seg\u00fan los criterios de la \u00abraz\u00f3n de Estado\u00bb -una racionalidad puramente pol\u00edtica y laica. Es el universo pol\u00edtico en el que a\u00fan vivimos. <\/p>\n<p>La Europa colectiva, que aparece entre los siglos XVII y XIX, asume, pues, dos primeras formas: la Europa que sale del reencuentro de un pueblo multinacional, pero exclusivamente europeo, con un \u00abOtro\u00bb ins\u00f3lito, los ind\u00edgenas del Nuevo Mundo, y la Europa conjunto de relaciones de Estados \u00abwestphalianos\u00bb situados entre los Urales y Gibraltar. <\/p>\n<p>Ambas Europas se afirman. Es el principio de la Rep\u00fablica de las letras que toma cuerpo a partir del siglo XVII. Para quienes forman esta Rep\u00fablica _es decir unos pocos cientos, es probable que algunos miles de personas, en el siglo XVIII, se comunicar\u00e1n en lat\u00edn y despu\u00e9s en franc\u00e9s- Europa existe. En cuanto a la \u00faltima Europa, se trata de la comunidad cosmopolita de los valores universales de la cultura del siglo XVIII, que se ampl\u00eda despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n Francesa. <\/p>\n<p>En el curso del siglo XIX, Europa deviene la cantera de un conjunto de instituciones educativas y culturales y de todas las ideolog\u00edas del mundo contempor\u00e1neo. El mapa de distribuci\u00f3n mundial, antes de 1914, de las \u00f3peras, las salas de concierto, los museos y las bibliotecas abiertas al p\u00fablico, habla por s\u00ed mismo. <\/p>\n<p>Este vistazo de la historia de la identidad europea nos permite apuntar con el dedo el anacronismo cometido cuando buscamos un conjunto coherente de pretendidos \u00abvalores europeos\u00bb. Es ileg\u00edtimo suponer que los \u00abvalores\u00bb en los que se inspiran la democracia liberal y la Uni\u00f3n Europea actualmente, hayan sido una corriente subyacente en la historia de nuestro continente. Los valores que fundaron los Estados modernos antes de la era de las revoluciones fueron aquellos de las monarqu\u00edas absolutas y monoideol\u00f3gicas. Los valores que dominaron la historia de Europa en el siglo XX &#8211; nacionalismos, fascismos, marxismo leninismos -son de matriz tan puramente europea como el liberalismo y el laissez-faire. A la inversa, otras civilizaciones han practicado algunos de los valores llamados \u00abeuropeos\u00bb antes que en Europa: los imperios chino y otomano practicaron la tolerancia religiosa &#8211; por suerte para los jud\u00edos expulsados de Espa\u00f1a. Reci\u00e9n a fines del siglo XX las instituciones y los valores en cuesti\u00f3n se difundieron, al menos te\u00f3ricamente, a trav\u00e9s de toda Europa. Los \u00abvalores europeos\u00bb son una consigna de la segunda mitad del siglo XX. <\/p>\n<p>Desde 1492 a 1914, Europa fue el coraz\u00f3n de la historia del mundo. En primer lugar por su conquista del hemisferio occidental del globo y, mucho m\u00e1s, a partir de 1750, por su superioridad militar, mar\u00edtima, econ\u00f3mica y tecnol\u00f3gica. Verdadera supremac\u00eda mundial, que se extiende desde el siglo XVIII hasta el apogeo del colonialismo europeo, entre 1918 y 1945. El \u00abmomento\u00bb europeo de la historia mundial se acaba con la segunda guerra mundial, si bien que continuamos aprovech\u00e1ndonos de la rica herencia econ\u00f3mica y, en menor medida, intelectual y cultural, de esa supremac\u00eda perdida. <\/p>\n<p>La hegemon\u00eda de esta regi\u00f3n provoca los problemas que contin\u00faan dividiendo a los historiadores. Se\u00f1alamos solamente que, luego de la ca\u00edda de Roma, Europa no tiene ning\u00fan cuadro com\u00fan de autoridad ni ning\u00fan centro de gravedad permanente. La transformaci\u00f3n de Europa y su dominaci\u00f3n nacen de la fragmentaci\u00f3n y la heterogeneidad de un continente desgarrado, durante quince siglos, por las guerras &#8211; exteriores e interiores. Se trata de una pluralidad contradictoria. De una parte, las fronteras de los Estados tienen s\u00f3lo poco que ver con respecto a las actividades econ\u00f3micas que forman un sistema transnacional compuesto de una red de unidades locales dispersas. De otra parte, la base de la revoluci\u00f3n econ\u00f3mica europea fue la consolidaci\u00f3n de un pu\u00f1ado de poderosos Estados militares y administrativos y la eficacia de sus pol\u00edticas de expansi\u00f3n imperial y econ\u00f3mica. <\/p>\n<p>Una Europa mosaico de modestos principados no habr\u00eda podido emerger como fuerza transformadora del mundo. La unidad de Europa es hija del acuerdo entre estos Estados; en \u00faltima instancia la Europa de las patrias tan cara al general de Gaulle. <\/p>\n<p>Pero esta heterogeneidad del continente esconde una divisi\u00f3n de funciones entre dos centros din\u00e1micos sucesivos y sus periferias. El primer centro fue el Mediterr\u00e1neo occidental, lugar de contacto con las civilizaciones de Oriente, pr\u00f3ximo y lejano, lugar de la civilizaci\u00f3n de las villas y de la sobrevivencia de la herencia romana. Entre los a\u00f1os 1000 y 1300, una zona de m\u00e1s en m\u00e1s orientada hacia el Atl\u00e1ntico toma el puesto como un eje central de la evoluci\u00f3n urbana, comercial y cultural del continente. <\/p>\n<p>Es una franja de territorios que se extiende desde el comienzo de Italia del Norte a los Pa\u00edses Bajos, v\u00eda los Alpes occidentales, Francia del Este y la baja Renania. Un franja que se prolong\u00f3 luego m\u00e1s all\u00e1 del canal de la Mancha y, por los mares el norte y del B\u00e1ltico, a los territorios de las ciudades hanse\u00e1ticas; despu\u00e9s, al comenzar el siglo XVI, a la Alemania central. Este eje no desapareci\u00f3: en 2005 podemos encontrar all\u00ed nueve de las diez regiones donde la renta por habitante es de las m\u00e1s elevadas. La comunidad original del Tratado de Roma coincide con este espacio. <\/p>\n<p>Alrededor de este eje, se articulan cuatro regiones perif\u00e9ricas: el Norte (Escandinavia y las partes norte y oeste de las islas Brit\u00e1nicas), el Sur-Este &#8211; entre el Adri\u00e1tico, el Egeo y el mar Negro &#8211; y el Este, eslavo, de grandes planicies. Perif\u00e9ricas tambi\u00e9n las partes del mundo mediterr\u00e1neo e ib\u00e9rico, marginadas por el ascenso del nuevo centro, aunque su papel en el redescubrimiento de la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica les permiti\u00f3 ofrecer una contribuci\u00f3n capital a la cultura europea. <\/p>\n<p>Esquematizando, la aproximaci\u00f3n del Norte (Irlanda exceptuada) con el centro se opera gracias a la penetraci\u00f3n de los Vikingos, gracias a los lazos comerciales con los mercaderes de la Liga Hanse\u00e1tica y, a partir del siglo XVI, gracias a la conversi\u00f3n de sus pueblos al protestantismo &#8211; que acelera la alfabetizaci\u00f3n. Este Norte es la sola periferia que habr\u00eda logrado integrar Europa econ\u00f3micamente avanzada. <\/p>\n<p>Aunque las conquistas de los cruzados en el B\u00e1ltico, los intercambios y la colonizaci\u00f3n campesina alemana hubieran empujado la influencia del centro hacia el este, esta inmensa regi\u00f3n agraria qued\u00f3 ampliamente fuera del desarrollo occidental. Antes del siglo XX, salvo en Rusia, d\u00f3nde Pedro el Grande inicia la modernizaci\u00f3n a la occidental, encontramos all\u00ed s\u00f3lo elementos d\u00e9biles de dinamismo econ\u00f3mico aut\u00f3ctono. Finalmente, hasta el siglo XIX, evidentemente no hay m\u00e1s que una d\u00e9bil penetraci\u00f3n econ\u00f3mica y cultural del centro en las regiones sometidas al imperio Otomano. <\/p>\n<p>El auge de Europa habr\u00eda sido dif\u00edcil sin el concurso de \u00abperiferias\u00bb exportadoras de materias primas. La diferencia entre estas zonas, cuyas estructuras sociales divergen en funci\u00f3n de esta divisi\u00f3n de trabajo y de sus experiencias hist\u00f3ricas, fue profunda. <\/p>\n<p>Somos todav\u00eda conscientes de la l\u00ednea de fractura que existe, aunque aminorada, entre las dos Europas: Italia del Norte e Italia del Sur, Catalu\u00f1a y Castilla. Fue ineludible durante mucho tiempo hacia el este y el sudeste. La l\u00ednea Hamburgo-Trieste separa Europa de la libertad legal de los campesinos de la Europa de la servidumbre. Antes de 1914, esta l\u00ednea ten\u00eda poca importancia pol\u00edtica, gracias a la presencia, al este, de los Habsburgos y los Hohenzollern, esta l\u00ednea se transform\u00f3 en \u00abtel\u00f3n de hierro\u00bb. <\/p>\n<p>En el siglo XIX, una \u00e9lite limitada consigue remontar estas divisiones mientras que la masa de los europeos continuaba en el universo oral de los dialectos. El progreso de las lenguas de Estado perpetu\u00f3 esta pluralidad territorial que evidentemente perdur\u00f3 con la llegada de los Estados nacionales: el ciudadano se identificaba desde entonces con una \u00abpatria\u00bb contra los otros y, en 1914, ni los campesinos, ni los obreros, ni el grueso de las \u00e9lites cultivadas resistieron al llamado de la bandera. La Europa de las naciones se torn\u00f3 el continente de las guerras. Si Europa no sali\u00f3 totalmente de esta configuraci\u00f3n, los cincuenta a\u00f1os pasados fueron, sin embargo, una \u00e9poca de convergencias impresionantes: lo atestiguan la armonizaci\u00f3n institucional y jur\u00eddica o la disminuci\u00f3n de las desigualdades internacionales &#8211; econ\u00f3micas y sociales-, gracias a los notables \u00absaltos adelante\u00bb de pa\u00edses como Espa\u00f1a, Irlanda o Finlandia. <\/p>\n<p>Las revoluciones de los transportes y las comunicaciones facilitaron la homogeneizaci\u00f3n cultural, que progresa con la explosi\u00f3n de la educaci\u00f3n secundaria y universitaria, as\u00ed como la difusi\u00f3n, entre los j\u00f3venes particularmente, de un modo de vida y de consumo de origen transatl\u00e1ntico. En el mundo de la cultura, en las clases instruidas y pudientes, es la herencia europea que se globaliz\u00f3. <\/p>\n<p>Desde la desaparici\u00f3n de los reg\u00edmenes autoritarios y el fin de los reg\u00edmenes comunistas, las divisiones pol\u00edtico-ideol\u00f3gicas de Europa desaparecieron, pese a que los remanentes de la guerra fr\u00eda siguen abriendo fosas entre Rusia y sus vecinos. No se trata de negar que subsisten profundas diferencias entre los pa\u00edses -que tornaron mucho m\u00e1s desequilibrada de lo previsto la evoluci\u00f3n de la UE- sin embargo, en un marco globalizador, la Uni\u00f3n desempe\u00f1\u00f3 un papel mayor en el proceso de convergencia global en marcha desde hace d\u00e9cadas. <\/p>\n<p>Surge aqu\u00ed una paradoja: a pesar de ese proceso de homogeneizaci\u00f3n, los europeos no se identifican con su continente. Aun aquellos que llevan una vida realmente transnacional, la identificaci\u00f3n primaria sigue siendo nacional. Europa est\u00e1 m\u00e1s presente en la vida pr\u00e1ctica de los europeos que en su vida afectiva. Ha logrado, pese a todo, encontrar un lugar permanente en el mundo en tanto colectividad. Permanente aunque incompleta, hasta tanto Rusia no encuentre su lugar en ella. <\/p>\n<p>Eric Hobsbawm es el decano de la historiograf\u00eda marxista brit\u00e1nica. Uno de sus \u00faltimos libros es un volumen de memorias autobiogr\u00e1ficas: A\u00f1os interesantes, Barcelona, Critica, 2003. <br \/>Traducci\u00f3n para www.sinpermiso.info: Carlos Abel su\u00e1rez       <br \/>Le Monde, 24 de septiembre de 2008<\/p>\n<p><strong>17.01.2005<\/strong><\/p>\n<h3>Publicado por <a title=\"www.sinpermiso.info\" href=\"http:\/\/www.sinpermiso.info\">www.sinpermiso.info<\/a> argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[97],"tags":[],"class_list":["post-20964","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-internacional"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2009-09-16T03:16:47+00:00\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Eric Hobsbawm\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"15 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Nabarralde\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"headline\":\"Europa: historia, mito, realidad\",\"datePublished\":\"2009-09-16T03:16:47+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/\"},\"wordCount\":3036,\"commentCount\":0,\"articleSection\":[\"Internacional\"],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/\",\"name\":\"Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2009-09-16T03:16:47+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/europa-historia-mito-realidad\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Europa: historia, mito, realidad\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/\",\"name\":\"Nabarralde\",\"description\":\"Kultur Ekimenak eta Sustapenak\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\",\"name\":\"Nabarralde\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Nabarralde\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/author\\\/nagusia\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde","og_url":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/","og_site_name":"Nabarralde","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa","article_published_time":"2009-09-16T03:16:47+00:00","author":"Nabarralde","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@Nabarralde","twitter_site":"@Nabarralde","twitter_misc":{"Escrito por":"Eric Hobsbawm","Tiempo de lectura":"15 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/"},"author":{"name":"Nabarralde","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"headline":"Europa: historia, mito, realidad","datePublished":"2009-09-16T03:16:47+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/"},"wordCount":3036,"commentCount":0,"articleSection":["Internacional"],"inLanguage":"es"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/","name":"Europa: historia, mito, realidad - Nabarralde","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website"},"datePublished":"2009-09-16T03:16:47+00:00","author":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/europa-historia-mito-realidad\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Europa: historia, mito, realidad"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20964","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20964"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20964\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}