{"id":20755,"date":"2009-09-10T05:53:28","date_gmt":"2009-09-10T03:53:28","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-memoria-en-donde-ardia-estracto-del-libro-nabarraldecom-2\/"},"modified":"2009-09-10T05:53:28","modified_gmt":"2009-09-10T03:53:28","slug":"la-memoria-en-donde-ardia-estracto-del-libro-nabarraldecom-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-memoria-en-donde-ardia-estracto-del-libro-nabarraldecom-2\/","title":{"rendered":"La memoria en donde ard\u00eda, Estracto del libro Nabarralde.com 2"},"content":{"rendered":"<p>En el verano de 1923 la cuenca minera se inflamaba. \u00bfQu\u00e9 se puede contar sobre las condiciones de los trabajadores de La Arboleda, esclavos entonces de una de las clases econ\u00f3micas m\u00e1s pudientes de Europa? El jueves 23 de agosto de ese mismo a\u00f1o Bilbao amaneci\u00f3 regada de pasquines: \u201cMientras los trabajadores de las minas luchan, la burgues\u00eda se divierte\u201d. Diversos grupos de izquierda hab\u00edan convocado a una jornada de paro en la capital vizca\u00edna. <\/p>\n<p>Desde primeras horas de la ma\u00f1ana, la Guardia Civil, en parejas y a caballo, patrullaba la capital, disolviendo a tiros los piquetes que intentaban detener la actividad de los tranv\u00edas. En una de esas refriegas una bala traicionera hiri\u00f3 de muerte al ch\u00f3fer Feliciano Zugasti. Aunque luego fue desmentido, el gobernador se apresur\u00f3 a echar la culpa a los huelguistas.<\/p>\n<p>A primeras horas de la tarde, en medio de la huelga, los se\u00f1oritos se dirigieron a la plaza de toros, cuyo cartel se complet\u00f3 sin incidentes. Mientras los \u201col\u00e9s\u201d resonaban en las faldas del monte Uriza, la Guardia Civil se preparaba para detener a los cabecillas del paro, refugiados, seg\u00fan sus informantes, en la Casa del Pueblo. Dicho y hecho. En un santiam\u00e9n asaltaron la sede socialista, de forma expeditiva, a tiros. El resultado espantoso: dos muertos, Eduardo N\u00fa\u00f1ez y Lucio Garc\u00eda, 6 heridos graves de bala y m\u00e1s de 50 detenidos, entre ellos el muchacho Manuel Pradera, que s\u00f3lo contaba 15 a\u00f1os de edad. En los d\u00edas siguientes un juez militar se encargar\u00eda de procesar a los detenidos, tomar declaraci\u00f3n a los heridos y ordenar el registro de la Casa del Pueblo, donde, por cierto, apareci\u00f3 una cantidad nada desde\u00f1able de \u00e1cido sulf\u00farico (no confundir con \u00e1cido b\u00f3rico).<\/p>\n<p>Cuando Eli Gallastegi, cabeza visible del independentismo vasco, tuvo conocimiento de la desdicha, escribi\u00f3: \u201cLas balas que atravesaron sus pechos parece que quedaron clavadas en nuestro coraz\u00f3n. Hemos sentido la tragedia como si fuera nuestra. Comunistas, vuestros muertos han hecho brotar de nuestro pecho afectos firm\u00edsimos de respeto, de admiraci\u00f3n y de viva simpat\u00eda. Hoy, m\u00e1s junto a vuestro sufrir que ayer, os saludamos con esperanza\u201d. Engracio Aranzadi, otro de los dirigentes del PNV le contest\u00f3: \u201cpara nosotros, el comunismo es el mayor de los males. El art\u00edculo de Gallastegi es una mano tendida al proletariado espa\u00f1ol, enemigo racial del obrero vasco y de la riqueza y prosperidad de nuestra patria, Euzkadi\u201d.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, el 27 de mayo de 1931, el sector comunista de la UGT, en contra del sector socialista del mismo sindicato y de ELA, convocaba a una huelga general entre los arrantzales de Pasajes. La mayor\u00eda de trabajadores decidieron lanzarse sobre Donostia con el objetivo de tomar la capital y presionar a las autoridades para que accedieran a negociar unas condiciones laborales que se antojaban propias de la Edad Media. Casi 2000 manifestantes, sus mujeres y sus hijos se concentraron en Trintxerpe y dieron comienzo a la marcha tras una pancarta que dec\u00eda: \u201cQueremos pan para nuestros hijos\u201d.<\/p>\n<p>El nuevo Gobierno republicano, sin embargo, no estaba dispuesto a transigir. Los galones de mando suben como la espuma, demasiado r\u00e1pido. El tolosarra Ram\u00f3n Mar\u00eda Aldasoro, reci\u00e9n nombrado gobernador, llam\u00f3 a las fuerzas del orden. Dicho y hecho. El regimiento Sicilia, soldados de reemplazo, la mayor\u00eda donostiarras, se apost\u00f3 en el alto de Miracruz y cuando la cabeza de la marcha de arrantzales llegaba, el jefe de la tropa orden\u00f3 el ataque. Los soldados se miraron desconcertados. Las mujeres se les acercaron: no es vuestra guerra. Bajaron los fusiles y la manifestaci\u00f3n prosigui\u00f3. Un hito en la historia.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, sin embargo, en Ategorrieta, esperaba la Guardia Civil. Palabras mayores. Los txapelokerrak no dudaron ni por un instante. Abrieron fuego de inmediato. Resultado de la tragedia: siete muertos, 20 heridos de bala y decenas de detenidos, entre ellos el entonces secretario general del Sindicato de Pescadores de Pasajes (UGT), Juan Astigarrabia. Los muertos no ten\u00edan apellidos vascos, pero dejaron su sangre en nuestra tierra: Juli\u00e1n Zurro (19 a\u00f1os), Jes\u00fas Camposolo (23 a\u00f1os), Manuel P\u00e9rez (34 a\u00f1os), Jos\u00e9 Novo (25 a\u00f1os), Jos\u00e9 Carn\u00e9s (32 a\u00f1os), Antonio Barro (31 a\u00f1os) y Manuel L\u00f3pez (27 a\u00f1os), gallegos de origen en su mayor\u00eda. Aldasoro declar\u00f3 el estado de guerra en Gipuzkoa. Poco despu\u00e9s, los arrantzales en pleno dejaron la UGT y se afiliaron al sindicato anarquista de la CNT, y Astigarrabia fue elegido secretario del PCE vasco. Hace unos d\u00edas, su hijo, cubano, volvi\u00f3 por primera vez sobre los pasos de su padre y conoci\u00f3 emocionado nuestra patria.<\/p>\n<p>Durante la guerra civil, Aldasoro y Astigarrabia, paradojas de la vida, compartieron sill\u00f3n en el Gobierno vasco. Y m\u00e1s parad\u00f3jico a\u00fan fue el final de Aldasoro, que en 1952 viaj\u00f3 a La Habana desde Buenos Aires, donde resid\u00eda como delegado del Gobierno vasco. En la capital cubana, Aldasoro sufri\u00f3 un ataque al coraz\u00f3n. Fulminante. Muri\u00f3 y Astigarrabia, aquel dirigente comunista que el propio Aldasoro hab\u00eda enviado a prisi\u00f3n, se hizo cargo de sus restos que fueron enterrados en el Pante\u00f3n de los Vascos, en la propia Habana. Ninguno de los dos se consideraba abertzale, en el sentido pol\u00edtico que hoy le damos. Sin embargo, ambos pasaron a nuestra memoria colectiva.<\/p>\n<p>La memoria de un pueblo se compone precisamente de estos y otros retazos, de los nombres rescatados de la huelga de Bilbao, N\u00fa\u00f1ez y Garc\u00eda, de los de la de Pasajes (P\u00e9rez, Novo, Barro\u2026), de gentes como Aldasoro, Astigarrabia, Gallastegi, Kizkitza&#8230; de amigos, enemigos, adictos, contrarios, guapos y feos. Casas del Pueblo, batzokis, arranos, alkartetxes, eusko etxeas&#8230; Esta es nuestra riqueza, para bien y para mal, y mal que le pese a Ram\u00f3n J\u00e1uregui que, en un art\u00edculo reciente a prop\u00f3sito de la Ley de Memoria Hist\u00f3rica, escrib\u00eda: \u201cEl Gobierno ha decidido hacerlo mediante un proyecto de ley que, intencionadamente, rechaza implantar una determinada memoria hist\u00f3rica colectiva, que no corresponde a norma alguna y encarga al legislador la protecci\u00f3n del derecho a la memoria personal y familiar como expresi\u00f3n de plena ciudadan\u00eda democr\u00e1tica\u201d.<\/p>\n<p>Monumental error, aunque no de factura reciente. La memoria es colectiva. Y si la hacemos particular, algunos especuladores de la memoria reescribir\u00e1n a su antojo, borrar\u00e1n de un plumazo lo m\u00e1s negativo para sus tesis y nos mostrar\u00e1n el lado m\u00e1s notorio de la imbecilidad humana: la negaci\u00f3n del otro. Y he sufrido en carne propia esa experiencia.<\/p>\n<p>Hace ya algunos a\u00f1os encontr\u00e9 en una biblioteca norteamericana el diario del lehendakari Agirre en su periplo por la Europa nazi. Ya que los norteamericanos lo pod\u00edan consultar no era descabellado pensar que los vascos pudieran acceder a su contenido. Prologu\u00e9 y coment\u00e9 una edici\u00f3n del mismo a este lado del Atl\u00e1ntico y, desde entonces, un grupo ultra (lo digo con el significado que atribuimos a los fan\u00e1ticos de un equipo de f\u00fatbol) no ha dejado de perseguirme aprovechando cualquier oportunidad para afearme aquella iniciativa. Creen que el patrimonio, como escribi\u00f3 Ram\u00f3n J\u00e1uregui, es particular y no colectivo. All\u00e1 ellos.<\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1n, sin desaprovechar ocasi\u00f3n. En la \u00faltima, la andanada ha superado con creces los l\u00edmites de la decencia. No por el uso de dinero p\u00fablico para expresar sus tonter\u00edas, ni por llamarme mal vasco por fijarme precisamente en los olvidados que menos l\u00edneas han tenido en otros foros ni por peque\u00f1eces por el estilo, sino por la capacidad del ser humano en ser desagradecido. Nunca dejar\u00e9 de sorprenderme. La historia particular tambi\u00e9n es una parte de la colectiva.<\/p>\n<p>Y es que resulta que al se\u00f1or que ha estampado su firma en esa persecuci\u00f3n y acoso a mi trayectoria le he dedicado much\u00edsimo tiempo, que obviamente hab\u00eda robado a mis amigos y a mis hijos, para seguir el rastro de su padre desaparecido y ejecutado en la guerra del 36. He pasado horas completas con sus hermanas, escuchando sus lloros y aportando mi granito de arena en la dignificaci\u00f3n de la memoria de su padre. Algo que su partido hab\u00eda olvidado en alguna habitaci\u00f3n del pasado. Triste, de veras.<\/p>\n<p>Hoy, desgraciadamente, desagradecidos, olvidadizos, tendenciosos y negadores de una memoria colectiva, son parte del establishment que no permite a nuestro pa\u00eds mirar hacia adelante y que convierte a la historia en una asignatura partidista. La primera vez que me tropec\u00e9 con ellos tuve la intenci\u00f3n de desenchufar. Pero sospechaba, desde siempre, que la pasta de quienes forjan el acero es otra. Y la encontr\u00e9 sin escarbar demasiado.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos d\u00edas, por ejemplo, a la vez que me he sorprendido con los exclusivistas de la historia, tambi\u00e9n he logrado emocionarme con los nuevamente olvidados y tambi\u00e9n con los silenciosos motores de nuestro pa\u00eds, de la recuperaci\u00f3n de nuestra memoria. He conocido a Balbino Garc\u00eda de Albizu que dedica su vida a rescatar las viejas notas del euskara en Ameskoa, o a Juanjo Hidalgo y F\u00e9lix Muguruza que ponen dinero de su bolsillo todos los meses para editar esa hermosa revista de historia que se llama Aunia. He sabido que otro de estos amigos, no tan an\u00f3nimo \u00e9ste, ha rechazado la posibilidad de una remuneraci\u00f3n de 60 millones de las antiguas pesetas si presentaba un trabajo hist\u00f3rico a un premio de solera. \u00bfCu\u00e1ntos har\u00edan lo mismo por dignidad? Con ellos, con otros y con los que vendr\u00e1n, recuperaremos los nombres de los que faltan, sin importarnos del color que fueran, e iremos construyendo esa memoria colectiva que unos extra\u00f1os no nos transmitieron.<\/p>\n<p><a title=\"Comprar \/ Erosi\" href=\"http:\/\/www.nabarralde.info\/denda\/index.php?page=shop.product_details&amp;flypage=shop.flypage&amp;product_id=26&amp;category_id=7&amp;manufacturer_id=0&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1\">Comprar \/ Erosi<\/a><\/p>\n<h3>Publicado por Nabarraldek argitaratua<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el verano de 1923 la cuenca minera se inflamaba. \u00bfQu\u00e9 se puede contar sobre las condiciones de los trabajadores de La Arboleda, esclavos entonces de una de las clases econ\u00f3micas m\u00e1s pudientes de Europa? 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