{"id":20428,"date":"2009-08-31T08:59:39","date_gmt":"2009-08-31T06:59:39","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-irati-un-tren-para-llegar-y-sonar\/"},"modified":"2009-08-31T08:59:39","modified_gmt":"2009-08-31T06:59:39","slug":"el-irati-un-tren-para-llegar-y-sonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-irati-un-tren-para-llegar-y-sonar\/","title":{"rendered":"El Irati, un tren para llegar y so\u00f1ar"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<h3><em>A la memoria de mi querida amo\u00f1a, Petra Zunzarren<\/em>.<\/h3>\n<p>El Plazaola,, el tren txiki de Ir\u00fan a Elizondo, el de Estella a Gasteiz y particularmente el tren Irati. Son nostalgia y cultura, romanticismo y rentabilidad, ra\u00edces y la expresi\u00f3n del dinamismo socio-econ\u00f3mico de un pueblo. <\/p>\n<p>Una riqueza fagocitada por un falso desarrollismo. Unas estructuras que pudieron ser transformadas, actualizadas, nunca sacrificadas en aras de esp\u00fareos intereses o como m\u00ednimo -y como poco- de cortedad pol\u00edtica y de nula previsi\u00f3n. Porque, en concreto la empresa del Irati, se hab\u00eda planteado con una racionalidad que para hoy la quisi\u00e9ramos. <\/p>\n<p>Racionabilidad y sostenibilidad, eran las caracter\u00edsticas que aportaba la empresa, el Irati, a todo el ciclo de explotaci\u00f3n de la madera. <\/p>\n<p>Es lo que se puede decir de una empresa, que a trav\u00e9s de los peque\u00f1os saltos que pululaban en el cauce del r\u00edo, generaba la energ\u00eda suficiente para atender a sus propias necesidades, las de Pamplona y las de los pueblos de la regi\u00f3n. Y por supuesto el funcionamiento del tren. <\/p>\n<p>Una empresa perfectamente integrada. Domingo Elizondo la gest\u00f3, movido entre otros motivos por la obsesi\u00f3n de impedir que entrara madera del extranjero. Severiano Blanco, Eugenio Lizarraga, Vicente Diaz, Santiago Ortiz, Serapio Huici, fueron otros de los entusiastas dinamizadores. <\/p>\n<p>Los entes fascistas, tan cazurros como serviles, ayuntamientos y sobre todo una diputaci\u00f3n franquista, sometida a un centralismo -sine qua non- y omnipresente, una vez m\u00e1s, arrasaron nuestro patrimonio. T\u00e1ctica inmisericorde, del cari\u00f1o de la corte a nuestra tierra. <\/p>\n<p>Pude viajar entre el humo del oscuro y sinuoso Plazaola. Vi un amanecer a orillas de Monjard\u00edn, en \u00abel trenico \u00abde Lizarra-Gasteiz. Por circunstancias personales, fue el tren del Irati, \u00abel escachamatas\u00bb, el medio de locomoci\u00f3n protagonista de mi infancia. <\/p>\n<p>En mi primer recuerdo, mi abuela Petra, tan anhelada. Siempre era acontecimiento y sorpresa su llegada. Y si ven\u00eda en el tren y no en la Lumbierina, como dec\u00eda mi madre, era porque la carga de generosidad de los del pueblo, no deb\u00eda estar nada mal. <\/p>\n<p>La recuerdo en la estaci\u00f3n de la Taconera, descendiendo de aquel monstruo, cuyo pant\u00f3grafo me hab\u00eda asustado con su chisporroteo. <\/p>\n<p>En una mano -escena que repetir\u00eda hasta que le flaquearon las ansias- su profundo bols\u00f3n de cuarteada piel negra, donde resum\u00eda todo su equipaje. En la otra, su inevitable cesta de mimbre, la del presente de la matanza, o la de las uvas y melocotones\u2026 Era el don estacional para sus hijos de la ciudad. <\/p>\n<p>A partir de este mi primer recuerdo del tren, todo un amasijo de escenas. Su deambular en funciones de tranv\u00eda por las calles, alamedas y avenidas de Iru\u00f1a. Y las de la ripa de Beloso, su emerger sorpresivo del t\u00fanel de la azucarera para volar el Arga o su discurso por Miravalles \u2026 <\/p>\n<p>Nunca dejar\u00e9 de agradecer a mi abuela, el primer viaje que, tras convencer a mis aitas, -\u00a1no era temosa ni nada ella cuando se trataba de contentar a su nieto!-, realic\u00e9 a su vera. Ilusi\u00f3n, misterio, nerviosismo\u2026 Todo un compendio de asombros y sobresaltos\u2026 Quiz\u00e1s si hubiera sospechado el viajecito que le endos\u00e9, se lo hubiera pensado dos veces\u2026 <\/p>\n<p>El tren pose\u00eda su propio olor, aquel tufillo, casi masticable, amalgamado con alquitr\u00e1n y aire de corral. Era un matiz propio, inapelable, adherido a su propia vida. Algo que se aceptaba como el olor definitorio de su personalidad. <\/p>\n<p>Era un tren hecho para llegar, o so\u00f1ar o aldraguear\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>El de aquellos a\u00f1os en que se almacenaba el tiempo. Se gastaba el tiempo en llegar, en conjeturar, en esperar, incluso en no hacer nada\u2026Hoy ya no guardamos tiempo. Tenemos un gui\u00f3n con horarios que nos espolean como negreros\u2026Incluso cuando viajamos por placer, el horario nos fustiga con rigidez. Hasta el holgaz\u00e1n se organiza su estr\u00e9s en su imparable gincana. <\/p>\n<p>Nada m\u00e1s parar en Huarte, ya le pregunt\u00e9 a mi buena y sufrida abuela, si hab\u00edamos llegado. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Ya falta poco. Estate quieto, porque si te portas mal aquel hombre te re\u00f1ir\u00e1\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Aquel hombre, era ni m\u00e1s ni menos, un tipo mal encarado con la txapela atrap\u00e1ndoles hasta las cejas. No me daba buena espina pero como estaba medio dormido\u2026 <\/p>\n<p>Subieron varias mujeres, unas emperifolladas, otras portando parejas de pollos en sus manos, mi abuela sonri\u00f3 a algunas con un ligero movimiento de cabeza\u2026 Gente que se saludaba con gestos estent\u00f3reos y luego unos se\u00f1ores con amplias blusas negras y varas en las manos\u2026 <\/p>\n<p>&#8211;\tAbuela, esos hombres\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;\tTratantes\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;\t\u00bfQu\u00e9 son tratantes? \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;   Los que compran y venden cerdos, vacas, ovejas\u2026 Ma\u00f1ana, como es v\u00edspera de San Isidro, ya los ver\u00e1s en las eras\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Por fin, arrancaba el \u00abescachamatas\u00bb y con \u00e9l, el bureo animadillo del personal del vag\u00f3n, casi repleto. \t\t\t<\/p>\n<p>Trepaba hacia Eg\u00fces, como sin \u00e1nimo de llegar, como refitoleando el verdor de los verdes trigales y altozanos y acunando el sopor de algunos viajeros. <\/p>\n<p>Mi abuela depart\u00eda con una aldeana de la otra fila. El tren inesperadamente fren\u00f3 y yo que estaba de rodillas encima de asiento, con el morro pegado al cristal, sal\u00ed despedido contra una joven pasajera de enfrente. Sus pechos ofrecieron generosa contenci\u00f3n a mis brazos desarmados por la gravedad. <\/p>\n<p>&#8211;\tAy como lo siento, no sabe usted como lo siento -insisti\u00f3 mi abuela- \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;   M\u00e1s lo siento yo -su rostro compungido por mi arremetida-. Esto se arreglaba con un par de azotes\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Se\u00f1orita, yo le aseguro que de esos ya va bien servido\u2026 que mi hija no se anda con melindres, porque con cuatro hijos\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>La gente, como habituada a estos trances, no parec\u00eda inmutarse por el incidente,  ni por la pausa inesperada.  \t\t\t<\/p>\n<p>\u00abEstar\u00e1n recomponiendo la v\u00eda\u2026\u00bb  \t\t\t<\/p>\n<p>Su fidelidad para con su tren y su fe en \u00e9l, eran absolutas. Y bien orgullosos que estaban del Irati\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>No pod\u00eda ser menos. Cuando el ingeniero Donostiarra Carlos Laffitte lo dise\u00f1\u00f3, por encima de ser un ferrocarril el\u00e9ctrico pionero en el estado, gozaba de un trayecto y de unos materiales de construcci\u00f3n mod\u00e9licos. <\/p>\n<p>Ces\u00f3 de latir la m\u00e1quina y con el su p\u00e1lpito. El murmullo de los viajeros se qued\u00f3 en un susurro que acentuaba a\u00fan m\u00e1s la quietud del convoy. No se lo que durar\u00eda aquella parada, pero me dio la impresi\u00f3n que ya no transcurr\u00eda el tiempo. Inesperadamente surgi\u00f3 el rum-rum de la m\u00e1quina y el ineludible temblor del vag\u00f3n. Enseguida un impulso, como derrengado y con cansino traqueteo fue espabilando la marcha\u2026 <\/p>\n<p>&#8211;\tVoy al pasillo, abuela\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;\t\u00a1Ven aqu\u00ed porretero! \t\t\t<\/p>\n<p>In\u00fatil. Para cuando quiso reaccionar ya correteaba por el pasillo. Bueno, mientras no molestara a la gente. Y sigui\u00f3 cotilleando, m\u00e1s o menos distendida con la paisana. <\/p>\n<p>Pues eso, que entre pitos y flautas, abr\u00ed la pesada portezuela que daba a la plataforma descubierta y me acomod\u00e9 la barbilla en la barandilla. No bien hab\u00eda comenzado a controlar la carrera de los postes y la acometida del viento, cuando apareci\u00f3 el hombre de la boina taz\u00f3n. No se anduvo con pamplinas. Me pinz\u00f3 la oreja, y de esa guisa, ante la risa de algunos viajeros, me deposit\u00f3 en los dominios de mi amo\u00f1a. <\/p>\n<p>&#8211; No te voy a traer m\u00e1s, y se lo voy a contar todo a tu madre, ah\u00ed no puedes salir solo. \t\t\t<\/p>\n<p>Le abr\u00ed unos ojos h\u00famedos, como cazuelas, d\u00e1ndole a entender que no entend\u00eda donde estaba mi pecado. La paciente abuela se apiad\u00f3 de m\u00ed\u2026 <\/p>\n<p>&#8211;\t\u00bfTe vas a portar bien\u2026? \t\t\t<\/p>\n<p>Mi captor, el \u00e1spero aldeano de la boina de casco, me miraba fijo, acribill\u00e1ndome con su ojo bizco. Me era imposible interpretar su verdadero talante. Por si acaso le ote\u00e9 como compungido y asent\u00ed con la cabeza. <\/p>\n<p>&#8211;\tAbuela, he visto salir chispas del techo del primer vag\u00f3n\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;\tEs el diablo, y si te portas mal vendr\u00e1 aqu\u00ed\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;\tPues yo, le tirar\u00e9 una pedrada con el tirabique que me ha hecho mi padre\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Y me qued\u00e9 fijo, mirando a la ni\u00f1a de coletas y cara de pepona que se sentaba con su amatxo al fondo del vag\u00f3n. \t\t\t<\/p>\n<p>Eran tiempos en que el control y la escasez de medios hac\u00edan hasta pecaminoso el deseo de ponerte al d\u00eda en noticias y acontecimientos. La radio y la prensa, controladas hasta aburrir, llegaban a cuatro prohombres y a las fuerzas vivas de los pueblos: cura, maestro, secretario y poco m\u00e1s. <\/p>\n<p>El tren se hab\u00eda convertido en el mentidero, la gacetilla y la agencia de noticias. All\u00ed concurr\u00edan tanto las noticias frescas capitalinas, como las de los propios pueblos. Lo que all\u00ed se o\u00eda, iba a misa. <\/p>\n<p>El traqueteo se ralentizaba. El tren, tras un lento y cansino culebreo se  detuvo en Eg\u00fc\u00e9s. \t\t\t<\/p>\n<p>En seguida el trasiego de los que se apeaban y de los que sub\u00edan. Los primeros que entraron vest\u00edan unos buzos con amplios \u00abgerrikos\u00bb extremadamente ce\u00f1idos. Tras ellos una denso hedor a ovino mechado de zotal. <\/p>\n<p>&#8211;\t\u00a1Que olor a \u00abchotina\u00bb -le solt\u00e9 a mi abuela apret\u00e1ndome la nariz-. \t\t\t<\/p>\n<p>Uno de ellos se volvi\u00f3 y me mir\u00f3 con una sonrisa tan mal\u00e9fica, que hizo enrojecer a mi abuela, algo muy habitual teniendo en cuenta la palidez de su dulce rostro. <\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Calla! \u00bfNo ves que son los esquiladores? \t\t\t<\/p>\n<p>Y tras los esquiladores, una monja cuya toca y h\u00e1bitos parec\u00edan invadir todo el vag\u00f3n. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Petra\u2026! \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Clarita\u2026! \t\t\t<\/p>\n<p>Y mi abuela se irgui\u00f3 para fundirse en un abrazo con aquella monja que todo lo llenaba. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Me imagino que este pillastre ser\u00e1 tu nieto\u2026 \u00a1Ya eres todo un mozo! \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Voy a hacer la primera comuni\u00f3n\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  \u00bfYa eres bueno? -advert\u00ed el gui\u00f1o a mi abuela-. \t\t\t<\/p>\n<p>Yo silencioso y expectante, clavaba la mirada  en mi amo\u00f1a. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  \u00a1Ay! Si supieras que trasto es\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Pero cuando haga la primera comuni\u00f3n -protest\u00e9-\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Mi espontaneidad debi\u00f3 causarles bastante hilaridad. Mi abuela me hizo estrecharme hasta adosarme contra la pared. La monja embuti\u00f3 e el resto del asiento su reverendo y exuberante trasero y se enzarzaron en sus cuitas. <\/p>\n<p>Breves instantes despu\u00e9s el vag\u00f3n, toda una caja de sorpresas, enmudeci\u00f3. Sin duda, aquel deb\u00eda ser, el silencio sepulcral, el que tan insistentemente nos recordaba la maestra. S\u00f3lo se oy\u00f3 el revoloteo de los pollos que portaban las aldeanas, quiz\u00e1s despertados por el rotundo e intempestivo silencio. <\/p>\n<p>La guardia civil. Entr\u00f3 un tricornio, Mauser en bandolera, y en pos de \u00e9l, dos gitanas, cuyo pa\u00f1uelo florido les embozaba hasta pr\u00e1cticamente la nariz. <\/p>\n<p>El picoleto, de rostro bronco y bigotudo, con gesto imperioso desaloj\u00f3 los asientos del fondo, justamente los correlativos al de de la ni\u00f1a con cara de pepona. All\u00ed dep\u00f3sito a las dos gitanas, las de las grandes enaguas negras e irisadas, con las manos esposadas. <\/p>\n<p>&#8211;  Contrabando\u2026-susurr\u00f3 ufana la sor\u2026 Las llevar\u00e1n al juez de Aoiz. \t\t\t<\/p>\n<p>Mi abuela asinti\u00f3 con gesto de indiferencia. \t\t\t<\/p>\n<p>Por entonces, yo no comprend\u00eda aquel concepto tan en boga\u2026 Caf\u00e9, harina, az\u00facar, aceite\u2026hasta el pan\u2026Todo, seg\u00fan o\u00eda a mi padre, se mov\u00eda en aquellos entresijos del contrabando\u2026 Eran los tiempos del racionamiento. <\/p>\n<p>La entrada de la benem\u00e9rita, paraliz\u00f3 la vidilla del vag\u00f3n. Mi amo\u00f1a que me hab\u00eda conjurado para que me estuviera quieto como un mazo, debi\u00f3 descansar. Desde aquel recoveco contemplaba la variedad de tipos del coche. El fraile descalzo, que hab\u00eda cerrado su breviario sorprendido por el silencio y que hab\u00eda correspondido inclinando ligeramente la cabeza a la reverencia de la benem\u00e9rita. Abr\u00eda de nuevo su antifonario y con pose asc\u00e9tica volv\u00eda a mascar la m\u00edstica tabarra. En la plataforma exterior, justamente en la que antes, subrepticiamente me hab\u00eda colado, otro picoleto hac\u00eda su imaginaria. Todo el vag\u00f3n se disfraz\u00f3 de m\u00e1scaras est\u00fapidas, aburridas, inexpresivas o de circunstancias\u2026 <\/p>\n<p>&#8211; Abuela, \u00bfCu\u00e1ndo llegamos? -musit\u00e9 en los breves instantes en que el tren detuvo su marcha en el apeadero de Ibiricu- \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Qu\u00e9 corrompido  eres! Enseguida. Sigue formal, si no los guardias\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Entr\u00f3 el revisor, lo que motiv\u00f3 un ligero revoloteo en los viajeros en busca de sus billetes. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQue tal Sra. Petra? \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; Ya ve, de vuelta a casa. \t\t\t<\/p>\n<p>Mi amo\u00f1a le entreg\u00f3 los dos billetes. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 a\u00f1os tiene el ni\u00f1o\u2026? \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; Voy a hacer la primera comuni\u00f3n- me anticip\u00e9- \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211;  Ya no le vale el medio billete se\u00f1ora Petra\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>Otra vez el pleno rubor en la tenue piel de mi abuela. \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; Bueno no se preocupe, -le tranquiliz\u00f3 el propio revisor- la siguiente vez ya sabe\u2026 Que hay otros compa\u00f1eros bastante m\u00e1s intransigentes\u2026 <\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Muchas gracias Don Pedro, que a una ya se le pasan las cosas. No deje de pasarse por casa el d\u00eda de San Isidro a tomarse un piscolabis\u2026 <\/p>\n<p>&#8211; Ya veremos, ya veremos como est\u00e1 el servicio. \t\t\t<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 picando billetes. El ser\u00e1fico capuchino ni se inmut\u00f3, sigui\u00f3 en su m\u00edstica degluci\u00f3n. Don pedro el revisor, le ignor\u00f3. Lo propio hizo con el picoleto antes de abandonar el vag\u00f3n. <\/p>\n<p>Urroz. Ces\u00f3 el sordo resuello y la vibraci\u00f3n de la m\u00e1quina. El picoleto, se irgui\u00f3 y espole\u00f3 a las detenidas. Tan pronto descendieron del vag\u00f3n, algo que nadie preve\u00eda, los viajeros recuperaron su batiburrillo, el murmullo, el vocer\u00edo y sus risotadas. Aunque me sorprend\u00eda aquella reacci\u00f3n tan espont\u00e1nea, barruntaba una cierta relaci\u00f3n con la presencia de los civiles\u2026 <\/p>\n<p>El objetivo fundacional del tren en 1911 fue el transporte de los derivados de la madera, elaborados en el aserradero agoizko. La media anual facturada se calcula en unas 50.000 Tm., con un producto de unas 800.000 pts. La adaptaci\u00f3n al transporte de viajeros, supuso para la empresa un tr\u00e1nsito anual medio de 245.000 viajeros que supon\u00eda un montante de 600.000 pts. <\/p>\n<p>Si en aquella \u00e9poca, no era ninguna bagatela aquella rentabilidad, la funci\u00f3n p\u00fablica y la contribuci\u00f3n al desarrollo socio-econ\u00f3mico incluso cultural, pienso que fueron excepcionales. Y hubieran sido incalculables de haber modernizado y desarrollado todas las estructuras del complejo. <\/p>\n<p>Ya se sab\u00eda que en Urroz no cab\u00eda desesperarse. Raro era el d\u00eda en que cereales para la harinera de Aoiz, bultos diversos -incluso alg\u00fan ganado, llegu\u00e9 a observar-, no se transvasara a los vagones de mercanc\u00edas. <\/p>\n<p>Rebasar\u00eda la media hora el tiempo de espera. Arranc\u00f3, se desliz\u00f3 unos diez segundos y se detuvo. Algo no marchaba.  \t\t\t<\/p>\n<p>Pues no. Simplemente se trataba de que al parecer, la hija del jefe de estaci\u00f3n se hab\u00eda confiado en exceso. All\u00ed ven\u00eda, sofocada, bandolera al viento, medio arrastrando no se que zacuto, mientra su padre con los brazos cruzados, se carcajeaba desde el umbral de la oficina. \u00bfD\u00f3nde un tren m\u00e1s paciente? <\/p>\n<p>Un paisano enteradillo lo explic\u00f3: \u00abLa Paula, la muy bruja no espabila nunca, pero claro, como su padre es el jefe\u2026 Si no, ya espabilar\u00eda, ya\u00bb <\/p>\n<p>Y el tren sac\u00f3 m\u00fasculo. Puso a tope sus 6.000 vatios de potencia y sent\u00ed por primera vez sensaci\u00f3n de velocidad. Los postes del tendido y el traqueteo se hab\u00edan entregado a una secuencia, que me parec\u00eda inaudita y excitante. <\/p>\n<p>Las c\u00e1rcavas de la sierra de Gongolaz, fueron en mi infancia un referente ineludible para mis vivencias en Aoiz. Hoy la colonizaci\u00f3n de bojes, robles y pino, las han fagocitado. <\/p>\n<p>La sierra de Gongolaz, era la de las brujas. Era el impacto que en nuestras mentes infantiles suscitaba las heridas de la erosi\u00f3n, aquellas entra\u00f1as de tufa\u2026 Asom\u00e1ndose por su cresta, el coloso de Izaga, portando sobre sus espaldas, la vieja ermita de San Miguel. <\/p>\n<p>Eran el tel\u00f3n que cerraba nuestras miradas hacia el sur. Al este el oscuro verdor de las estribaciones de Zariquieta, nos frunc\u00eda el coraz\u00f3n de miedo y misterio, sobre todo en los d\u00edas brumosos. <\/p>\n<p>La chimenea del aserradero, la torre de la iglesia esculpida en los pinares negros del fondo, y el, hoy al menos, rom\u00e1ntico \u00abtuto\u00bb, eran el alma del cuadro de Agoitz grabado en mi subconsciente. Los perfiles del NO., siempre permanecieron ins\u00edpidos, despersonalizados, sin entidad. <\/p>\n<p>Las primeras sensaciones que recib\u00ed del empalme de Villaveta, fueron la ya comentada de las heridas en las laderas de Gongolaz, y la vaharada de alcohol de metileno que exhalaba el aserradero. <\/p>\n<p>Por el meandro de Villaveta, asomaba el foco de la m\u00e1quina procedente de Zangotza. Nunca recorr\u00ed ese ramal del Irati. Ya adulto, atravesando los t\u00faneles de la foz de Lumbier, muchas veces so\u00f1\u00e9 con la espectacularidad de la traves\u00eda por aquellas fauces. <\/p>\n<p>Los que ten\u00edamos en Aoiz nuestro destino, bajamos al and\u00e9n del empalme. El tren se oxigen\u00f3 para los de Sanguesa. Aparecieron de los otros coches otra remesa de personajes para m\u00ed desconocidos que se saludaban o abrazaban. Curas, otras monjas, muchos paisanos y alg\u00fan soldado, chortas, les llam\u00e1bamos\u2026 <\/p>\n<p>La monja Clarita, la del monacal pandero y apabullantes tocas, dominaba perfectamente el cotarro\u2026 \t\t\t<\/p>\n<p>&#8211; Es el hijo de la Regina, debe venir con permiso, el capuchino es el predicador del triduo, debe ser un orador de campanillas, la de la pamela es la sobrina de la alcaldesa, es maestra\u2026 <\/p>\n<p>Hasta mi amo\u00f1a se cansaba de la gacetillera. Pero siempre tan reservada, tan hecha a callar y a soportar\u2026 Y por a\u00f1adidura, trat\u00e1ndose de una monja, de una sierva, por muy plomo que fuera, del se\u00f1or, una sonrisa ins\u00edpida bastaba. <\/p>\n<p>Ya en el nuevo vag\u00f3n, todo sab\u00eda a frescor y efluvios de alcohol. \t\t\t<\/p>\n<p>En un pisp\u00e1s est\u00e1bamos en el aserradero. All\u00ed las maniobras, los vaivenes, los cambios de v\u00edas. Pero yo no me aburr\u00eda dedicado a fisgonear todas las entretelas de la factor\u00eda. Aquel gigantesco y negro alambique con su laberinto de tubos, jadeando humos, las enormes pilas de madera y cairones, las monta\u00f1as de carb\u00f3n, las filas de bombonas de vidrio par almacenar los alcoholes. <\/p>\n<p>Recuerdo que casi sent\u00eda que el tren reiniciara su traqueteo, ya que el ajetreo y la amalgama de tan diversas esencias madereras, me produc\u00edan aquel imborrable y siempre tan acariciante sopor. <\/p>\n<p>Muchas cosas hemos enterrado los navarros en aras del centralismo invasor. Sin recurrir a la causa de todas nuestras desgracias, la p\u00e9rdida de nuestro patrimonio, cultura e instituciones, en un recuento m\u00e1s somero y actual, b\u00e1stenos con la dejaci\u00f3n m\u00e1s reciente de ciertas empresas paradigm\u00e1ticas. <\/p>\n<p>El Irati S.A. entre otras, era una de ellas, surgida de la creatividad y de la visi\u00f3n de futuro de unos eximios patriotas vasconavarros. Nuestro pueblo siempre la mentaba con un gran orgullo, tanto por su gesti\u00f3n, como por su visi\u00f3n de futuro. <\/p>\n<p>Y es un hecho que en un mundo como el espa\u00f1ol, donde la picaresca triunfa por encima de la laboriosidad, la creatividad y los proyectos con futuro, pueblos como el vasco, no acaban de pagar el tributo a la negaci\u00f3n de su soberan\u00eda. <\/p>\n<p>Aquel trenecillo, era algo demasiado serio como para haberlo descalificado tan simplonamente. Y no digamos que eran otros tiempos, hoy a tenor de la calidad de nuestros pol\u00edticos, hubiera sucedido otro tanto, y no quiero meterme en argumentaciones que se las lleva el viento. <\/p>\n<p>All\u00ed siguen mis primeras memorias. Todav\u00eda revivo la cara de mi t\u00eda al verme descender, ya en Aoiz, de la mano de mi amo\u00f1a. \u00a1Virgen sant\u00edsima, que Dios nos coja confesados! Esa y no otra era la expresi\u00f3n de su cara congestionada, mientras se estrujaba el ment\u00f3n. <\/p>\n<p>Raz\u00f3n no le faltaba, porque a los cinco minutos de haber arribado, ya estaba zurr\u00e1ndome con mis primos. Se ve que el estr\u00e9s del encierro en el tren, hab\u00edan avivado la parte felina de mis instintos. <\/p>\n<p>A ella, a mi dulce abuela Petra, le hubiera gustado hacer el su \u00faltimo viaje a Pamplona en el Irati. No pudo ser, ya para entonces las sirenas de las ambulancias se hab\u00edan adue\u00f1ado de todas las rutas, de todos puntos cardinales. <\/p>\n<p>A ella le hubiera gustado que el Irati la condujera a las sombras o a las luces. En cualquier caso la luz de su sabia sonrisa, siempre nos permanecer\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la memoria de mi querida amo\u00f1a, Petra Zunzarren. El Plazaola,, el tren txiki de Ir\u00fan a Elizondo, el de Estella a Gasteiz y particularmente el tren Irati. 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