{"id":20151,"date":"2009-08-20T15:27:20","date_gmt":"2009-08-20T13:27:20","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/iinsuperable-violencia\/"},"modified":"2009-08-20T15:27:20","modified_gmt":"2009-08-20T13:27:20","slug":"iinsuperable-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/iinsuperable-violencia\/","title":{"rendered":"\u00bfInsuperable violencia?"},"content":{"rendered":"<p>La violencia constituye el factor que convulsiona de forma m\u00e1s contundente nuestra sensibilidad, especialmente cuando afecta a la integridad f\u00edsica y a la misma vida del ser humano. Es por esto, por lo que nos negamos a considerarla parte de nosotros mismos. No obstante, la soportamos, si no la aceptamos, como realidad inevitable, de la que tendemos a hacer responsables a nuestros opositores. Marx la calific\u00f3 de partera de la Historia, no \u00fanicamente por su presencia permanente en las relaciones humanas, sino por considerarla el instrumento -imponderable e insoslayable- en el marco de las transformaciones positivas a las que se encuentra vinculada la evoluci\u00f3n de la sociedad. <\/p>\n<p>Los movimientos fascistas en general la enaltecieron por su capacidad de destrucci\u00f3n de todo lo que consideraban pertenec\u00eda al viejo orden. Alababan la fuerza purificadora de la violencia, a veces de una manera abstracta, que pretend\u00eda ser al mismo tiempo reflexi\u00f3n filos\u00f3fica y pose art\u00edstica; lo mismo en la guerra que en la acci\u00f3n pol\u00edtica. Intentaban ocultar las miserias del campo de batalla y la inaceptable intolerancia del Fascismo hacia la libertad de los individuos y de los colectivos que rechazaban sus planteamientos. Los fascistas entusiasmados por el efecto purificador que atribu\u00edan a la violencia llegaron a la paranoia de considerarla un fin en s\u00ed mismo, por encima de los objetivos pol\u00edticos que declaraban perseguir. <\/p>\n<p>Los planteamientos pacifistas, por el contrario, han tenido menos partidarios, especialmente, cuando tales planteamientos extremados hasta las \u00faltimas consecuencias llevan a asumir cualquier desm\u00e1n que el violento est\u00e9 dispuesto a ejercer sobre el pacifista, incluso la misma p\u00e9rdida de la vida. Actitudes como las de Gandhi son universalmente admiradas, aunque menos imitadas. <\/p>\n<p>La actitud predominante en el conjunto de las culturas acepta la violencia como elemento insoslayable para el mantenimiento de la convivencia social y la misma supervivencia. Se justifica como \u00faltimo recurso, con la finalidad de defender a individuos y colectivos de agresiones. Se estima como medida no deseada, pero ineludible; r\u00e9plica id\u00f3nea contra el agresor, quien recibe en las consecuencias negativas que pueden derivar para \u00e9l mismo el castigo adecuado, como compensaci\u00f3n de su actitud agresora. Con esta argumentaci\u00f3n se termina por justificar un valor considerado, en principio, repudiable. La realidad cotidiana y la misma estructura de las sociedades, culminada en la organizaci\u00f3n de los Estados, tiene como elemento fundamental de los mismos la coacci\u00f3n y el uso de la violencia. <\/p>\n<p>La realidad se nos ofrece como aparente paradoja. La mayor parte de los individuos se consideran no violentos y hacen recaer la prueba de descargo sobre el oponente. Jam\u00e1s quise la guerra, afirmaba Hitler en su pat\u00e9tico -por mendaz- testamento, redactado, cuando la contundencia de la masacre por \u00e9l promovida se cern\u00eda sobre su cabeza. Si un individuo de tal cala\u00f1a buscaba justificar su obra, con unos argumentos en los que ni \u00e9l mismo cre\u00eda, por otra parte, en el momento en que hu\u00eda mediante su nada heroico suicidio de la responsabilidad que ten\u00eda en la muerte de millones de personas \u00bfqu\u00e9 no se podr\u00e1 esperar del individuo corriente, convencido de no recurrir a la violencia, sino en \u00faltima instancia? Reconozcamos en definitiva que la mayor\u00eda aceptamos la posibilidad de la violencia. Nuestra sensibilidad se resiste a imaginarnos la situaci\u00f3n concreta en la que har\u00edamos uso de la misma. No obstante, quienquiera que considere la legitimidad de la autodefensa, no est\u00e1 seguro de no llegar a utilizarla en alguna ocasi\u00f3n. <\/p>\n<p>La cruda realidad es la presencia habitual de la violencia en el seno de las relaciones humanas y de las organizaciones estatales en un grado que desmiente la conciencia pacifista que se atribuyen la mayor\u00eda de los individuos. Es \u00e9sta una evidencia, incluso en el mundo avanzado occidental, el que mayor \u00e9nfasis ha puesto en el rechazo de tal instrumento, como medio de resolver los conflictos. Los conflictos abiertos est\u00e1n a la orden del d\u00eda, iniciados por los mismos Estados que llevan proclamando durante casi un siglo que las diferencias interestatales deben ser resueltas a trav\u00e9s del acuerdo y arbitraje. Lo que en la percepci\u00f3n del individuo y consenso colectivo es una realidad marginal -el uso de la fuerza- constituye el paisaje cotidiano, lo mismo a nivel individual que comunitario. Este desajuste es resultado de la intolerancia mutua en presencia de intereses encontrados, que son vistos como vitales para el individuo o la colectividad. <\/p>\n<p>La virtud ideol\u00f3gica permite, sin embargo, liberar a la conciencia propia de la responsabilidad que hay en la generaci\u00f3n de violencia. Siempre actuamos en leg\u00edtima defensa de nuestros derechos. Cuando se ha llegado a este punto el oponente se presenta en agresor, decidido a impon\u00e9rsenos por la fuerza. Es un violento a quien no es posible detener, sino mediante una fuerza mayor que la ejercida por \u00e9l mismo, violencia que, por otra parte, comporta graves riesgos para nosotros. Estas situaciones pueden aparecer de igual manera cuando el conflicto que nos enfrenta afecta a bienes materiales o a la integridad f\u00edsica de las personas. Trasladada tal perspectiva a las relaciones entre las colectividades y de los Estados, convierte en agresor al conjunto de individuos que integran un colectivo determinado o a la totalidad de los s\u00fabditos de un Estado concreto. El aspecto que encierra mayor gravedad de hacer recaer la responsabilidad de una agresi\u00f3n sobre un colectivo en su conjunto, estriba en no diferenciar entre quien puede ser responsable objetivo y quien no lo es. Este es un hecho irrelevante para quien se cree en el derecho de la leg\u00edtima defensa, aunque su actitud implique consecuencias negativas para inocentes. <\/p>\n<p>La violencia sigue siendo el hecho m\u00e1s decisivo en el Mundo actual, justificada como leg\u00edtima defensa por los contrarios en presencia. Los oponentes alardean del rango universal de los valores que les mueven a la agresi\u00f3n. El enemigo es terrorista, sat\u00e1nico y blasfemo, o tirano y fascista. Nadie puede cuestionar que sea atacado y perseguido cuando todav\u00eda no ha hecho uso de su potencial agresividad y perseguido sin descanso <\/p>\n<p>Esta percepci\u00f3n es enga\u00f1osa y falaz. Es verdadera \u00fanicamente para quien se proclama agredido, en tanto su oponente tiene exactamente la perspectiva contraria del conflicto. Aqu\u00ed se sit\u00faa la ra\u00edz del problema. La violencia es resultado de la intransigencia en el momento de hacer frente a intereses encontrados. La cultura occidental pretende haber encontrado el medio para resolver los conflictos de intereses, mediante la negociaci\u00f3n y di\u00e1logo. La actitud negociadora y dialogante es consecuencia del reconocimiento de que los individuos y colectivos deben ser considerados todos en pie de igualdad y por tanto acreedores a los mismos derechos. De tenerse en cuenta siempre este criterio el conflicto desaparecer\u00eda, aunque los conflictos de todo orden que sacuden el Mundo muestran lo lejos que nos encontramos de tal ideal. <\/p>\n<p>La raz\u00f3n no es otra que la primac\u00eda concedida a los intereses propios frente a los ajenos y por eso el conflicto aparece inevitable. Esta es la evidencia que normalmente se oculta tras el disfraz de la leg\u00edtima defensa, hecho que pone de relieve la escasa disponibilidad a reconocer el derecho del oponente, si nos atenemos a la extensi\u00f3n de conflictos de \u00edndole individual y colectiva. Lo peor del caso es la intensidad de muchos de tales conflictos que se traducen en violencia contundente y permanente; violencia que convulsiona las relaciones entre los pueblos y ocasiona tantos perjuicios de car\u00e1cter material y moral, dif\u00edcil de superar posteriormente con paces mal dise\u00f1adas. <\/p>\n<p>La violencia como instrumento de resoluci\u00f3n de conflictos no tiene por qu\u00e9 dar la raz\u00f3n al que tiene mejor derecho, sino al m\u00e1s fuerte. Es igual, \u00e9ste se presentar\u00e1 como agredido y se considerar\u00e1 con fuerza moral para imponer al vencido la justicia -la suya- sin que, probablemente, tenga problemas de otros espectadores a quienes afectan situaciones similares. No tiene importancia. La sociedad internacional es un agrupamiento de vencedores, no siempre de quienes tienen mejor derecho. <\/p>\n<p>En esta Europa de libertad y consenso persisten los conflictos hist\u00f3ricos que enfrentan a tantos Pueblos y Estados. La imposici\u00f3n sigue vigente para quienes se resisten a formar parte de proyectos pol\u00edticos y nacionales que no son los suyos. \u00danicamente el pudor y el convencimiento de que no es posible imponerse permanentemente a colectividades de gran raigambre hist\u00f3rica mueve a ciertos Estados a buscar soluciones negociadas, como puede ser el caso de Inglaterra, B\u00e9lgica y otros\u2026; conscientes, adem\u00e1s, de que es posible la convivencia y el progreso sin mantener la opresi\u00f3n. Por desgracia no es este el caso de Espa\u00f1a, de mentalidad numantina. Su prepotencia le lleva a mantener la imposici\u00f3n. Que el subconsciente colectivo permita a los espa\u00f1oles reconocerse opresores, no les lleva a recapacitar y modificar su actitud, sino, por el contrario, a reaccionar con mayor virulencia en contra de quienes oprimen. En esta direcci\u00f3n sus leyes, tribunales y poderes en general, apoyados en una sociedad e intelectualidad de paranoia sicofante, se\u00f1alan la culpabilidad de los oprimidos, reclaman la intransigencia frente a la pretensi\u00f3n de la Naci\u00f3n Navarra de recuperar la perdida soberan\u00eda y hacen recaer castigos contundentes y arbitrarios sobre quien se rebela contra un sistema jur\u00eddico que constituye un Estado de excepci\u00f3n permanente. <\/p>\n<p>Clamar contra la violencia en tal situaci\u00f3n, representa otro medio m\u00e1s de querer ocultar la mala conciencia que se oculta en los opresores. Como dec\u00eda Martin Villa en el fragor de los acontecimientos de Julio de1978 en Iru\u00f1a\u2026<em>\u00ablo nuestro son errores, lo suyo cr\u00edmenes\u00bb<\/em>\u2026, todo ello en un momento en el que a las fuerzas represoras espa\u00f1olas que masacraban a la poblaci\u00f3n navarra se les dec\u00eda p\u00fablicamente\u2026<em>no os importe matar<\/em>\u2026, al igual que Fraga hacia recaer la responsabilidad de los acontecimientos de Montejurra en Mayo de 1976 sobre quienes fueron las v\u00edctimas de sus desmanes\u2026<em>\u00abya sab\u00edan ustedes a qu\u00e9 iban\u00bb<\/em>\u2026  \t\t\t<\/p>\n<p>A decir verdad, tenemos el derecho a dudar de la autenticidad de muchas condenas de la violencia, cuando \u00e9stas provienen de instancias implicadas en conflictos, que se revelan interesadas. No se puede aceptar la legitimidad de quienes las promueven, cuando queda en evidencia que \u00e9stos no pasan el filtro b\u00e1sico del reconocimiento del oponente como un sujeto igual en derechos. Espa\u00f1a no tiene derecho a considerarse agredida, porque es evidente que niega expl\u00edcitamente el derecho a la libre decisi\u00f3n a la Naci\u00f3n navarra. Constituye este un hecho cotidiano. Por muy reprobable que sea la violencia -con mucha frecuencia indiscriminada- que desarrolle una organizaci\u00f3n armada como E.T.A., Espa\u00f1a no puede erigirse en juez de las mismas, ya que los presupuestos jur\u00eddicos del actual Estado se basan en la imposici\u00f3n sobre una colectividad que discute su adscripci\u00f3n forzada a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola y el propio Estado espa\u00f1ol manifiesta su decisi\u00f3n de obligar a tal colectividad a ser espa\u00f1ola y ejerce permanentemente -y lo declara expl\u00edcitamente- su decisi\u00f3n de imponerse violentamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La violencia constituye el factor que convulsiona de forma m\u00e1s contundente nuestra sensibilidad, especialmente cuando afecta a la integridad f\u00edsica y a la misma vida del ser humano. Es por esto, por lo que nos negamos a considerarla parte de nosotros mismos. 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