{"id":20146,"date":"2009-08-20T15:23:28","date_gmt":"2009-08-20T13:23:28","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-ciega\/"},"modified":"2009-08-20T15:23:28","modified_gmt":"2009-08-20T13:23:28","slug":"la-ciega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-ciega\/","title":{"rendered":"La ciega"},"content":{"rendered":"<p>Hace ya muchos a\u00f1os, siglos casi eternos, cuando el conde de Ler\u00edn atac\u00f3 varias localidades defendidas por navarros fieles a su corona, un sacerdote de Mendavia se preocup\u00f3 por algunos de sus vecinos encerrados por el conde en una <em>ciega<\/em> del castillo de Tudela. La cita del cl\u00e9rigo nos dio cuenta de la dureza de la estancia: \u00abcuatro me requirieron les diera los Santos Sacramentos. Alg\u00fan otro, estando hablando con ellos, se cay\u00f3 sobre los otros y qued\u00f3 como amortecido\u00bb. La <em>ciega<\/em> era una especie de agujero subterr\u00e1neo, terrible, sin resquicios, de muros \u00e1speros. \u00abOscuro y fr\u00edo\u00bb como dir\u00eda Dostoievsky. El infierno. El euskara la adopt\u00f3 de inmediato y, as\u00ed, <em>ziega<\/em> es celda.       <\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de los vascos con la oscuridad de la <em>ciega<\/em>, es, dir\u00eda yo, perpetua. Ya s\u00e9 que el pasado apenas cuenta para los vivos que pronto seremos, tambi\u00e9n, pasado. Polvo. Me resisto, sin embargo, a dejarlo abandonado entre las letras de libros api\u00f1ados en estanter\u00edas con olor a tintura o a barniz especiado. Ese pasado, lleno de historias tristes api\u00f1adas, que guardamos en una cajita que acunamos cuando nos aborda de improviso la nostalgia. Es el vaiv\u00e9n de la vida y de la muerte, el de los tiempos de paz y de guerra. Y no voy a hablar de las irracionalidades judiciales y penitenciarias, que las hay en quintales, sino de los excesos. <\/p>\n<p>Esta noche, imprevistamente, me asalt\u00f3 la nostalgia de la <em>ciega<\/em>, la misma que me trasmitieron mis antepasados m\u00e1s queridos, mis amigos m\u00e1s preciados. Foucault, de quien admiro sus reflexiones, compar\u00f3 la escuela, el cuartel y el hospicio con la c\u00e1rcel y no puedo menos que rechazar su propuesta cuando, mecido por los recuerdos, me llega el aliento fugaz de Joxe Mari Sagardui. \u00bfQu\u00e9 hay peor? Detenido en julio de 1980, cuando otro cura, \u00e9ste no de Mendavia sino de Fruniz, tomaba el avi\u00f3n para visitar a sus misioneros en Zaire. En aquella \u00e9poca y, perm\u00edtanme la expresi\u00f3n, un poco m\u00e1s abajo del mapa (Zambia y Bostwana por medio), el preso por excelencia de nuestra generaci\u00f3n, el prisionero 466-64 Nelson Mandela, estaba a tres semanas de cumplir 18 a\u00f1os de encarcelamiento. Recientemente, el cura de Fruniz, Juan Mar\u00eda Uriarte obispo, ha presentado su dimisi\u00f3n en el Vaticano. Se jubila. Mandela abandon\u00f3 el presidio en 1990 y cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde fue presidente en Pretoria. Sagardui, de Zornotza, 28 a\u00f1os despu\u00e9s, sigue preso. Y no en la <em>ciega<\/em> de Tudela precisamente, sino en la de la tierra cantada por Miguel Hern\u00e1ndez, preso y poeta.       <\/p>\n<p>\u00abNo, no callen, porque la verg\u00fcenza estar\u00eda en el silencio\u00bb, escribi\u00f3 a su padre en 1920 Bartolom\u00e9 Vanzetti, condenado a muerte y ejecutado por un verdugo embozado. Casi me siento obligado a decirlo: jam\u00e1s un colectivo de vascos ha penado un castigo de semejantes proporciones al que est\u00e1n sufriendo en la actualidad cerca de 800 prisioneros. Sagardui es, desafortunadamente para \u00e9l y sus m\u00e1s cercanos, el m\u00e1s veterano de una batalla inacabada. \u00bfImaginan lo que son 10.300 noches en una celda \u00aboscura y fr\u00eda\u00bb? En su cautiverio Mandela escribi\u00f3: \u00abEn prisi\u00f3n uno est\u00e1 frente a frente con el paso del tiempo. No hay nada m\u00e1s aterrador\u00bb. Se me escapa a la comprensi\u00f3n y por eso intento remover esa peque\u00f1a caja de la historia para acceder a un resorte menos inc\u00f3modo. Porque, a veces, el aire se vuelve insoportable. <\/p>\n<p>Y en esa peque\u00f1a caja semiabierta percibo los sones de trompetas de la ciudadela de Pamplona, asediada y derrotada en 1512 por las tropas del duque de Alba. Huyeron a Ultrapuertos muchos de sus vecinos, y los detenidos fueron liberados poco m\u00e1s tarde por el primer virrey impuesto, el marqu\u00e9s de Comares y es que, entre los espa\u00f1oles, la nobleza parece que obliga. Para citarla, \u00fanicamente, casi nunca para ejercitarla. En 1521, el a\u00f1o de otro virrey, esta vez el conde de Miranda, el polvo se ti\u00f1\u00f3 de rojo en Noain. Poco despu\u00e9s el rey castellano aplicaba el perd\u00f3n real a todos los detenidos, con la excepci\u00f3n de 400 de ellos. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, la excepci\u00f3n descend\u00eda hasta 154 leales a Navarra. Murieron miles de navarros, pero lo supervivientes apenas sufrieron prisi\u00f3n. <\/p>\n<p>En el siglo XIX se produjeron las guerras carlistas, los enfrentamientos b\u00e9licos que dejaron centenares de muertos en nuestro pa\u00eds, aunque no tantos como la peste o el c\u00f3lera. Las carlistadas sirvieron para despoblar el pa\u00eds antes de la gran irrupci\u00f3n migratoria. Dicen que el exilio, el mal que congela seg\u00fan la expresi\u00f3n de Sarrionandia, fue m\u00e1s mort\u00edfero que el frente de batalla y, seguramente, sea cierto. Murieron m\u00e1s vascos en la guerra civil de 1936, muchos m\u00e1s, que en las dos guerras carlistas sumadas. Al exilio marcharon los que salvaron la vida. En la Primera Guerra, por ejemplo, entre 20.000 y 25.000 derrotados cruzaron la muga y fueron internados en 16 campos de refugiados que abrieron las autoridades francesas. Apenas hubo c\u00e1rcel. En la Segunda Guerra los vascos ser\u00edan ubicados en departamentos franceses lejanos a la frontera. Antonio C\u00e1novas, el que luego recordar\u00eda a la levedad del ser en el atentado de Angiolillo que concluy\u00f3 con su vida en Arrasate, en 1897, abri\u00f3 las c\u00e1rceles e invit\u00f3 a los exiliados a retornar a la Espa\u00f1a triunfante, la liberal. <\/p>\n<p>Sigue abri\u00e9ndose la cajita del pasado, enviando olores que me trasladan a la Primera Guerra mundial, drama incalculable y nunca merecidamente interpretado para pueblos, barrios y aldeas de nuestro pa\u00eds continental. Miles de compatriotas murieron por nada. Les negaron la vida que comenzaban a descifrar. Apenas la c\u00e1rcel. Impiedad. Durante la Segunda mundial la deportaci\u00f3n y los campos de extermino se llevaron a varios cientos de j\u00f3venes y adultos. La c\u00e1rcel para los colaboracionistas del r\u00e9gimen hitleraino tampoco destac\u00f3 por su rigor y cuando algunos sintieron la acumulaci\u00f3n del tiempo, De Gaulle promulg\u00f3 la amnist\u00eda. Los centenares de detenidos al sur durante la llamada Revoluci\u00f3n de Octubre de 1934 salieron en febrero de 1936 por las puertas grandes de los presidios, al son de la <em>Marsellesa<\/em> y la <em>Internacional<\/em>, interpretada por las orquestas de nuestros municipios. Hab\u00eda ganado las elecciones el Frente Popular.       <\/p>\n<p>A estas alturas, la reflexi\u00f3n nos transporta, precisamente, a esa guerra civil que comenz\u00f3 en julio de 1936 tras el golpe de Estado que dirigi\u00f3 el gobernador militar de Iru\u00f1ea. Unos 60.000 vascos fueron juzgados por su oposici\u00f3n a la derechona, aunque ni siquiera la mitad ingresar\u00eda en prisi\u00f3n de forma notoria. Bien es cierto que los batallones de trabajadores fueron m\u00e9todo de reclusi\u00f3n temporal y que la muerte, \u00abhermosa es ahora la sombra de esa muerte\u00bb escribi\u00f3 Lauaxeta, seg\u00f3 el futuro de 20.000 vascos, de ambos bandos. La c\u00e1rcel fue espectacular, pero no tanto como la que aplican los administradores de hoy. Entre 1938 y 1958, es decir desde que se sistematiz\u00f3 el sistema penitenciario franquista y el nacimiento de ETA, siguiente etapa para la contabilidad, un total de 12.500 vascos pasaron por prisi\u00f3n. <\/p>\n<p>Jacinto Ochoa Marticorena (Uju\u00e9, 1917-1999) fue la excepci\u00f3n y el preso vasco que m\u00e1s tiempo estuvo encarcelado. Sali\u00f3 del presidio de Burgos en 1963, indultado por Franco tras la muerte del papa Juan XXIII. Llevaba 26 a\u00f1os encerrado. El resto, ni siquiera el maquis comunista Marcelo Usabiaga, que a\u00fan vive para contarlo, llegaron a los 20 a\u00f1os. La inmensa mayor\u00eda cumpli\u00f3 una pena inferior a los seis a\u00f1os, como Juan Ajuriaguerra, l\u00edder del PNV que negoci\u00f3 en Santo\u00f1a la rendici\u00f3n del Ej\u00e9rcito vasco y que sali\u00f3 de la prisi\u00f3n de Las Palmas de Gran Canaria el 20 de julio de 1943. Falta de mano de obra e indultos (1940, 1961 y 1963) abrieron las c\u00e1rceles. <\/p>\n<p>El nacimiento de ETA y de las nuevas generaciones pol\u00edticas y sindicales, desde CCOO hasta LAB, pasando por IASE, LAIA, EMK, LKI o cualquiera de los grupos cl\u00e1sicos tambi\u00e9n supuso c\u00e1rcel. No puedo escribir que era inevitable, porque pecar\u00eda de determinista, pero vista la situaci\u00f3n pol\u00edtica parece evidente que lo era. Cuando Franco muri\u00f3 (20 de noviembre de 1975) hab\u00eda en las c\u00e1rceles 731 presos pol\u00edticos vascos, de los que 104 eran mujeres. De ellos dos eran del PNV y uno del PSOE. Quien sea amigo de buscar rarezas que lo haga en Sestao, Sopela y Amurrio, respectivamente. El resto de presos ya se imaginan en qu\u00e9 siglas estaban integrados. Ni siquiera los del Proceso de Burgos, el paradigma de aquella \u00e9poca, llegaron a cumplir diez a\u00f1os de prisi\u00f3n. <\/p>\n<p>Las c\u00e1rceles volvieron a llenarse a partir de 1977. Hasta finales de 2007, es decir en 30 a\u00f1os, 4.700 ciudadanos vascos han sido encarcelados por razones pol\u00edticas. En esa misma fecha, el n\u00famero de prisioneros que ofrec\u00eda Etxerat, la asociaci\u00f3n de familiares de los presos, era de 728. Unos meses m\u00e1s tarde, la propia asociaci\u00f3n se\u00f1alaba que 44 presos vascos llevaban m\u00e1s de 20 a\u00f1os en prisi\u00f3n y que 22 segu\u00edan encarcelados a pesar de haber cumplido toda su condena. \u00abNo, no callen\u00bb, recuerdo a Vanzetti. Y la caja del pasado me vuelve a repetir que jam\u00e1s se hab\u00eda dado una situaci\u00f3n igual en la historia de nuestro pa\u00eds. <\/p>\n<p>Esta vez me adhiero a Foucault cuando afirma que, con el tiempo, los castigos se vuelven m\u00e1s refinados y extensos. Pero no me reconforta. Tampoco cuando intuyo que, con la excepci\u00f3n de la Rusia estalinista, tampoco ha conocido Europa semejante proporci\u00f3n durante el siglo XX. Los vascos somos, desgraciadamente, la excepci\u00f3n. Cierro la cajita de los efluvios del pasado mientras la tristeza convive con la desaz\u00f3n. Mientras esto escribo cientos de <em>ciegas<\/em>, \u00abfr\u00edas y oscuras\u00bb, servir\u00e1n de refugio a otros tantos compatriotas. \u00abLa ventana abierta deja paso entre los barrotes el aliento de la noche\u00bb, escrib\u00eda desde la prisi\u00f3n de M\u00e1laga el preso Josetxo Etxeberria. \u00bfQu\u00e9 ser humano es capaz de organizar semejante castigo? S\u00f3lo los monstruos habitan en el infierno, en este tercer planeta del sistema solar. El cura de Mendavia lo cont\u00f3 hace ya muchos a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace ya muchos a\u00f1os, siglos casi eternos, cuando el conde de Ler\u00edn atac\u00f3 varias localidades defendidas por navarros fieles a su corona, un sacerdote de Mendavia se preocup\u00f3 por algunos de sus vecinos encerrados por el conde en una ciega del castillo de Tudela. 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