{"id":20074,"date":"2009-08-19T13:29:30","date_gmt":"2009-08-19T11:29:30","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/d-beni\/"},"modified":"2009-08-19T13:29:30","modified_gmt":"2009-08-19T11:29:30","slug":"d-beni","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/d-beni\/","title":{"rendered":"D. Beni"},"content":{"rendered":"<p>D. Beni se fue sin grandes palabras, pr\u00e1cticamente sin flores ni campanas. Nunca lleg\u00f3 a h\u00e9roe, a gran orador, o a eximio apologeta, ni a c\u00e9lebre te\u00f3logo o moralista. Ni p\u00farpuras, ni canonj\u00edas. Alg\u00fan curato rural ante la agobiante escasez de pastores. Eso fue todo. <\/p>\n<p>Uno, pecador, o desencantado de la estirpe cural, o por inercia anticlerical, sin embargo, no puede menos que reivindicar la bonhom\u00eda, la sind\u00e9resis y el compromiso con los humildes y sin ruido de \u00e9ste sencillo cl\u00e9rigo. <\/p>\n<p>Mi primer contacto con \u00e9l fue muy liberador tras el traidor ataque que me infligi\u00f3 mi propia concupiscencia.       <\/p>\n<p>Con 11 a\u00f1os, la movida hormonal, la curiosidad, o el \u00ab\u00bfdeseo peaminoso?\u00bb, me empuj\u00f3 a perseguir a una mocetica del barrio. Ella doce a\u00f1os y para m\u00ed de buen ver. Llegu\u00e9 a su altura y cepill\u00e9 \u00bfsuavemente? sus gl\u00fateos. Como alma que lleva el diablo me fugu\u00e9, dej\u00e1ndola a ella sumida en lacrimosos sollozos. Las consecuencias no se hicieron esperar. La amatxo de la neska, brava hembra, se encar\u00f3 con la m\u00eda y en puro rom\u00e1n paladino le espet\u00f3 que si me pillaba me iba a matar por haberle tocado a su hija el \u00abculo\u00bb. <\/p>\n<p>Evidentemente mi ama la tranquiliz\u00f3. Ella me pondr\u00eda a mandamiento. Mi ama no me atiz\u00f3, ni la mujer. Evidentemente nunca me dej\u00e9 atrapar. Quien s\u00ed me cruz\u00f3 un guantazo, absolutamente solemne, fue mi aita. Pero all\u00ed no acab\u00f3 todo. Hab\u00eda de confesarme seg\u00fan mi ama, pues en caso contrario no deber\u00eda recibir la hostia, la sagrada, se supone. <\/p>\n<p>Y aqu\u00ed es donde se me revel\u00f3 D. Beni.       <\/p>\n<p>El peque\u00f1o convento pr\u00e1cticamente hac\u00eda de parroquia para el barrio. Contaba con ocho o nueve curas. Unos me parec\u00edan importantes, otros imponentes, otros cascarrabias; todos me daban miedo. <\/p>\n<p>Normalmente, de chaveas y mancebos se ocupaba el padre Tom\u00e1s, aut\u00e9ntico azote de la concupiscencia de la carne a tenor de sus pr\u00e9dicas. Este era de los imponentes. Luc\u00eda tal abdomen que seg\u00fan las malas lenguas era de esos que para materializar el \u00abmea culpa\u00bb en tan prominente \u00f3rgano, su reverencia ten\u00eda que dar un paso al frente. A m\u00ed me daba pavor por su verbo profundo y desabrido y por los desagradables efluvios de sus h\u00e1bitos conventuales. Aquellos d\u00edas baj\u00e9 a los infiernos, esperando el juicio de Dios. <\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 el Domingo. Mi ama detr\u00e1s, empuj\u00e1ndome. Yo rezong\u00f3n y totalmente ido. Lo cierto es que sin saber como, me encontr\u00e9 arrodillado ante el confesionario\u2026 <\/p>\n<p><em>&#8211; A\u2026a\u2026ve\u2026ave Mar\u00eda Pur\u00edsima\u2026<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; Sin pecado concebida\u2026<\/em> <\/p>\n<p>Imposible articular palabra.       <\/p>\n<p><em>-Venga muchachito, algo tendr\u00e1s que decir. Creo que a eso has venido. No ser\u00e1 tan malo lo que traes, venga ya te voy a ayudar, ver\u00e1s que sencillo.<\/em> <\/p>\n<p>\u00a1La madre de\u2026! \u00bfPero si no era el Padre Tom\u00e1s? Aquella voz tan suave, tan amigable, tan\u2026 Y se me solt\u00f3 el nudo; y sin darle opci\u00f3n le largu\u00e9 a trompicones todas las culebras de mi pecado. <\/p>\n<p><em>-O sea que en definitiva le has tocado el pompis , o como t\u00fa dices, le has dado un peque\u00f1o azote a una moceta, y claro, ella no quer\u00eda.<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; \u00a1No!<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; \u00bfY eso como te ha surgido?<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; Pues, no s\u00e9, en aquel momento me apeteci\u00f3 y no me pude aguantar\u2026<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; \u00bfQu\u00e9 pasa, que si te apetece el pastel de un escaparate, entras a la pasteler\u00eda y te lo trincas?<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; \u00a1No!<\/em> <\/p>\n<p>&#8211; Bueno; vamos a ver, eso no me parece tan grave, a no ser que andes por ah\u00ed dedic\u00e1ndote a azotar los pompis a las chicas.       <\/p>\n<p><em>&#8211; \u00a1No!<\/em> <\/p>\n<p><em>-\u00bfTienes algo m\u00e1s?<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; Pues ya no me acuerdo, porque\u2026<\/em> <\/p>\n<p><em>&#8211; Bueno, vete tranquilo, si no se repite es un pecadillo, menor que el de no obedecer a tu madre. Anda, reza un padre nuestro y tres avemar\u00edas. \u00abEgo te absolvo\u2026\u00bb<\/em> <\/p>\n<p>Era el cura, es decir, la voz de Dios quien me tranquilizaba. \u00a1Menor que no obedecer a la amatxo! O sea, nada. No pens\u00e9 que el tr\u00e1nsito del infierno a la gloria fuera tan simple. <\/p>\n<p>Fue mi primer contacto con D. Beni. Todav\u00eda ignoraba la fisonom\u00eda del hombre que me hab\u00eda salvado el alma y la vida. No me molest\u00f3 esperar cerca de media hora para verle desde lejos cuando emergiera de la \u00abgarita\u00bb. Mi ama, a mi lado, seguro que calculaba, a tenor de mi permanencia en el banco, que la penitencia impuesta ser\u00eda kilom\u00e9trica. <\/p>\n<p>D. Beni era muy joven, un biso\u00f1o comparado con el resto de las reverencias del convento. Era como un cura en pr\u00e1cticas, al que le endilgaban las labores y chapucillas \u00abpastorales\u00bb m\u00e1s fastidiosas e irrelevantes: horas de confesionario, misas tempraneras, rosarios, etc. Y adem\u00e1s a la clerec\u00eda veterana le ven\u00eda de perillas, porque como sab\u00eda vasco, pod\u00eda confesar a las caseras de Basaburua que ven\u00edan al mercado el S\u00e1bado y aprovechaban para confesarse en Iru\u00f1ea. <\/p>\n<p>Eran tiempos en que la efervescencia de asociaciones y cofrad\u00edas m\u00edsticas florec\u00edan con incontinencia. Cofrad\u00edas del Carmen, del sagrado coraz\u00f3n, de los Jueves eucar\u00edsticos, de la adoraci\u00f3n nocturna, etc, etc. <\/p>\n<p>Cada fraile mangoneaba una o dos, dependiendo de la especializaci\u00f3n. Estaban los expertos en Mariolog\u00eda, los eucar\u00edsticos, los predicadores\u2026 D. Beni no deb\u00eda ser experto en nada y le endosaron la cofrad\u00eda de los jueves eucar\u00edsticos ya que no ten\u00eda gastos, ni aportes destacables, ni cofrades de importancia. Cuatro viejillas desquiaceradas\u2026 <\/p>\n<p>Pero, lo que son las cosas, a los pocos meses, D. Beni era el cura m\u00e1s solicitado de aquel cen\u00e1culo frailuno. Su confesionario rebosaba, su cofrad\u00eda era un hormiguero de cofrades, idas y venidas, cuotas, excursiones\u2026 <\/p>\n<p>Pero lo que realmente envenenaba el coraz\u00f3n de la comunidad era el reba\u00f1ito de treintea\u00f1eras y cuarentonas -y alg\u00fan vergonzoso var\u00f3n-, que pululaban por los locutorios del convento solicitando la atenci\u00f3n del Padre Beni. <\/p>\n<p>Nunca se hab\u00edan visto entre aquellas santas paredes tantas almas ansiosas de direcci\u00f3n espiritual.       <\/p>\n<p>El padre Tom\u00e1s, experto en los conflictos de la carne, le advirti\u00f3 con esp\u00edritu fraternal: \u00a1No se f\u00ede de tanta devota, que el demonio de la concupiscencia no descansa, y usted es joven e inexperto! <\/p>\n<p>D. Beni no parec\u00eda alterarse lo m\u00e1s m\u00ednimo. No era precisamente un adonis, dentro de la sotana, su menudo y escueto cuerpo parec\u00eda carecer de dimensiones. Todo su atractivo deb\u00eda consistir en aquella mirada azul y sosegada tras sus lentes redondos y su discurso reposado, con cierto deje ir\u00f3nico. Ciertamente su sonrisa era pura luz en aquel rostro de corte aguile\u00f1o. <\/p>\n<p>Hoy, los que le conocimos sabemos que D. Beni, antes que cura, fue un ser muy humano y muy intuitivo. Lo que realmente la gente buscaba en \u00e9l era su capacidad para sosegar las conciencias, tan acribilladas por las zozobras y remordimientos que aquella moral estrecha, mis\u00f3gina y opresora sembraba en las mentes. <\/p>\n<p>El padre Beni era puro b\u00e1lsamo. \u00bfQu\u00e9 al propio tiempo se pudieran fraguar en aquellas f\u00e9minas sentimientos muy cercanos a una pasi\u00f3n amorosa, m\u00e1s o menos plat\u00f3nica? Me parece bastante evidente. \u00abAmour courtois\u00bb, santa concupiscencia o cutre deseo carnal. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da? Como bien dec\u00eda nuestro buen Beni, si ves un apetitoso pastel expuesto, no lo apalancas sin m\u00e1s. <\/p>\n<p>Al final lo largaron \u00abin partibus infidelium\u00bb. Cuatro murmullos. \u00bfQuien ser\u00eda el aventador de bulos? Si hubo o no tales dulcineas poco importaba. El patio del convento estaba revuelto y era suficiente. La envidia -era bien sabido- acostumbraba a instalarse en aquellas instituciones como una dama, o si se quiere mujerzuela, da\u00f1ina y rencorosa. <\/p>\n<p>El padre provincial fustig\u00f3 su comportamiento mundano. Hab\u00eda puesto en entredicho la santidad y la honestidad de la comunidad, all\u00e1 en misiones podr\u00eda meditar y enderezar los entuertos por los que discurr\u00eda su alma. <\/p>\n<p>Ya habr\u00edan pasado unos cuatro lustros cuando me cruc\u00e9 con \u00e9l. Era uno de esos plomizos atardeceres veraniegos en los que hasta los tilos parec\u00edan asfixiarse. Ten\u00eda que ser forzosamente \u00e9l, claro que sin sotana parec\u00eda tan nimio, con su atuendo de pantal\u00f3n vaquero y polo blanco, tan poca cosa. Incluso se le hab\u00edan cargado notoriamente los hombros. <\/p>\n<p>Retroced\u00ed hasta llegar a su altura.       <\/p>\n<p><em>-P. Beni\u2026<\/em> <\/p>\n<p>Me mir\u00f3, ciertamente sorprendido y con cierta frialdad.       <\/p>\n<p><em>&#8211; Pues, la verdad, as\u00ed de momento no caigo\u2026<\/em> <\/p>\n<p>No necesit\u00e9 muchas palabras para presentarme. Ya no era padre Beni; se hab\u00eda secularizado; ahora era d. Beni &#8211; me apostill\u00f3 con cierta iron\u00eda-. <\/p>\n<p>En resumen, tras una buena docena de a\u00f1os con los ind\u00edgenas del Dari\u00e9n, primero el dengue y posteriormente la malaria le \u00abaveriaron\u00bb el cuerpo, que no el alma. Fueron los a\u00f1os m\u00e1s felices de su vida. Se trataba de una comunidad Ember\u00e1, perdida en lo m\u00e1s intrincado de la selva. Los frailes la atend\u00edan peri\u00f3dicamente con franca \u00abremoloner\u00eda\u00bb. D. Beni, con las oportunas licencias, opt\u00f3 por establecerse entre aquellos, \u00ablos m\u00e1s parias y desarrapados del mundo, pero la gente m\u00e1s noble, solidaria y feliz\u00bb. <\/p>\n<p>Hubiera preferido quedarse entre aquella su gente y morir entre ellos. La \u00absanta obediencia\u00bb le arranc\u00f3 de aquel, para la gente normal, infierno y lo devolvi\u00f3 a la madre patria. Con el cuerpo y el alma rotos, vag\u00f3 por aqu\u00ed y acull\u00e1. Abandon\u00f3 la orden religiosa a la que pertenec\u00eda: \u00abno quiero vivir entre gente hip\u00f3crita, comodona y acomodada, y muy egoc\u00e9ntrica, que pregona a Dios por deformidad profesional\u00bb. <\/p>\n<p>Intent\u00f3 colgar los h\u00e1bitos, pero bien o mal aconsejado \u00ab\u00bfde qu\u00e9 iba a vivir?\u00bb, acept\u00f3 recalar en la di\u00f3cesis de Iru\u00f1ea, poni\u00e9ndose con absoluto desencanto y desinter\u00e9s en manos del prelado Jos\u00e9 M\u00e9ndez. <\/p>\n<p>Para D. Beni, \u00ablo \u00fanico que daba sentido y validez a su vida fueron los a\u00f1os vividos en la selva, todo lo dem\u00e1s pura frustraci\u00f3n, y desencanto, paja\u00bb. <\/p>\n<p><em>-All\u00ed no ten\u00eda que preocuparme por defender a Dios. La mejor forma de decidir qu\u00e9 y quien era Dios era ayudar y sufrir con la gente. Pensar en \u00c9l me ahogaba. De andar por alg\u00fan lado deb\u00eda ser por aquella selva. All\u00ed cada persona era comunidad y sin comunidad dejaba de ser persona. Aqu\u00ed cada uno vive rodeado de miedos, s\u00f3lo ve su ombligo y mira a otro lado cuando se cruza con el que sufre, con un pobre. Somos millones de unos, sin referencia ni entrega a un todo. Este ego\u00edsmo nos desprotege de los grandes demonios que nos manejan.<\/em> <\/p>\n<p>Le plante\u00e9 vernos con cierta frecuencia. Aquel rostro verdaderamente p\u00e1lido y macilento no pareci\u00f3 alterarse. Sin embargo, aunque con cierta frialdad, me asegur\u00f3 que le encantar\u00eda. <\/p>\n<p>Anduvo de parroquia en parroquia. Atendi\u00f3 peque\u00f1os n\u00facleos rurales, incluso alguna capellan\u00eda. Me confes\u00f3 que en su ministerio hab\u00eda mucho de rutinario, poco de convicci\u00f3n y una baja estima sobre su propia labor. <\/p>\n<p>Har\u00e1 un par de lustros que coincid\u00ed con \u00e9l. Me sorprend\u00ed al verlo tan enteco, tan arrugado. El comprendi\u00f3 mi torpeza o mi sorpresa o quiz\u00e1s mi cortedad. R\u00e1pidamente apreci\u00e9 un cambio muy significativo en la tonalidad de su rostro. Ya no era aquel rictus entre amargo y c\u00ednico. Se mostraba m\u00e1s distendido, incomparablemente m\u00e1s afable. <\/p>\n<p>El mismo se ve\u00eda cansado y envejecido, pero por fin hab\u00eda encontrado un sentido, un profundo sentido y una utilidad para su vida. Su dedicaci\u00f3n a drogadictos, enfermos, mendigos. <\/p>\n<p><em>&#8211; Ni se te ocurra, \u00a1eh! Ni siquiera lo mientes; no eres el \u00fanico que de broma o de veras me ha insinuado eso de madre Teresa. No tengo, ni quiero tener en absoluto nada que ver con ella. Me ayudan m\u00e1s ellos a m\u00ed que yo a ellos. Son ellos los que est\u00e1n dando sentido a mi vida y una satisfacci\u00f3n, as\u00ed es que, isilik!<\/em> <\/p>\n<p>Har\u00e1 unos tres a\u00f1os que lo vi por \u00faltima vez. El paseaba por la Medialuna con su cachavita, a cuestas con su galopante Parkinson. Tengo la certeza de que no me reconoci\u00f3. Sin embargo fue capaz de largarme todo un discurso en el que con encendido \u00e9nfasis pon\u00eda en solfa a todo t\u00edtere c\u00f3smico. Los curas no cre\u00edan en Dios porque ni saben qui\u00e9n ni c\u00f3mo es, ni d\u00f3nde ni con qui\u00e9n anda. Los hombres son unos perfectos son\u00e1mbulos descabezados y manejados por los sinverg\u00fcenzas de turno que son los pol\u00edticos. Los coches nos van a devorar el planeta. Los bancos son los mayores ladrones del mundo que se comen la sangre de los pobres. Los mayores terroristas, los due\u00f1os de las armas, de los misiles y de los ej\u00e9rcitos\u2026 <\/p>\n<p>Imposible transcribir una peque\u00f1a parte de aquel discurso que por su forma y contexto me pareci\u00f3 un desvar\u00edo del pobre D. Beni.       <\/p>\n<p>No hace mucho que parti\u00f3. Para los pocos que le recordamos, no fue un hombre de grandes audiencias. Pero mantuvo la gallard\u00eda, la honestidad, la dignidad de saber que el \u00fanico valor de su vida se med\u00eda por la capacidad de ayudar a sus semejantes. <\/p>\n<p>Ni siquiera me pregunto si fue su acendrado amor a Dios o pura filantrop\u00eda lo que motivaba su actitud. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da? Dentro de los que se mueven en los par\u00e1metros de la religi\u00f3n se han dado actuaciones nefastas, hip\u00f3critas, alienantes, al lado de otras actitudes m\u00e1s comprometidas, m\u00e1s humanas y liberadoras. No todo es vituperable o ejemplar. <\/p>\n<p>Estas l\u00edneas son en principio una obligaci\u00f3n que me impuse. Si se quiere, un pretexto, un simple intento para que la biograf\u00eda desdibujada y carente de relieve de un cura gris y desapercibido, encuentre el epitafio que posiblemente nadie le haya dedicado. <\/p>\n<p>El ilumin\u00f3 esta certeza que la expongo sin ning\u00fan tipo de beater\u00eda -tiempo ha que las ventil\u00e9-, complejo moralista o pavoneo filos\u00f3fico, que para eso est\u00e1n los profesionales. Si en nuestra penosa sociedad predominaran hombres como Beni, sin duda nuestro mundo ser\u00eda como m\u00ednimo m\u00e1s habitable y placentero. <\/p>\n<p>Agur, D.Beni.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D. Beni se fue sin grandes palabras, pr\u00e1cticamente sin flores ni campanas. Nunca lleg\u00f3 a h\u00e9roe, a gran orador, o a eximio apologeta, ni a c\u00e9lebre te\u00f3logo o moralista. Ni p\u00farpuras, ni canonj\u00edas. Alg\u00fan curato rural ante la agobiante escasez de pastores. Eso fue todo. 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